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Full text of "Historia de la lengua y literatura castellana"

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University of Toronto 



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HISTORIA DE LA LENGUA . 



Literatura Castellana 



COMPRENDIDOS LOS AUTORES HISPANO-AMERICANOS 



SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA: 1870-1887^ 



POR 



D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA 

CATEDRÁTICO DE LENGUA Y LITERATURA LATINAS 
DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL 

TOMO IX 




MADRID 

TIP. DE LA «REVISTA DE ARCHIVOS, BIBL. Y MUSEOS» 

Oló\aga, I . — Teléfono S. 1.385. 
1918 






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AL 

ILUSTRE HISTORIADOR Y BIBLIÓGRAFO CHILENO 

DON JOSÉ lORIBIO MEDINA 

su afectísimo amigo, 

Julio Cejador. 



SEGUNDO PERIODO DE LA ÉPOCA REALISTA 
(después de la revolución) 

Las doctrinas sociales en la lírica, la novela y el drama. — 

El género chico. — La crítica contemporánea. 

(1870-1887) 

Regencia de Serrano.— Asesinato de Prim (1870).— Amadeo (No- 
viembre 1870-Febr. 1873).— República (1873-74).— Guerra civil (1872- 
76) .—Restauración: Alfonso XII (Dic. 1874- 1885) .—Constitución de 
1876. — Regencia de María Cristina (1885-1902). 

1. Estériles para la literatura fueron los años de la Re- 
volución de Setiembre. Siguió ella después tan realista como 
antes y cada vez más regional. Bmipero, dejadas las candidas 
y rloridas márgenes de los arroyuelos, á cuya vera cantaron 
antes pacificamente el tranquilo, doméstico y moral vivir, fue- 
ron poetas y novelistas emboscándose por las misteriosas sel- 
vas de los anhelos sociales, que había la Revolución despertado 
y se bebían con mayor libertad en libros extranjeros. Núñez 
de Arce sopló desaforadamente la trompa lírica de la duda y 
del batiburrillo de ideas que aborrascaban las almas de los es- 
pañoles que se iban formando con las nuevas doctrinas : es un 
lírico de la Revolución. El dramático de la Revolución fué 
José Echegaray, que con inesperado fragor renovó las tem- 
pestades románticas, bien que preñadas de problemas socioló- 
gicos. Bartrina y Pompeyo Gener declarábanse, mientras tanto, 
positivistas y traían á España doctrinas revolucionarias y des- 
catolizadoras. A Echegaray siguieron, llevando dramas doc- 
trinarios al teatro, Leopoldo Cano, Selles y otros. Por la no- 
vela pasaron, no menos, ráfagas naturalistas, venidas de Fran- 



2 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

cia, que hicieron algún tanto doctrinarios á sus autores : 
Galdós, Palacio Valdés, Pardo Bazán, Clarín, Coloma, Picón, 
Ortega M'unilla, Rizal, Sawa, Blasco Ibáñez. Las puertas de Eu- 
ropa habíalas abierto de par en par la Revolución y los vientos de 
doctrinas sociológicas y literarias iban llegando y soliviantando 
los ánimos. La crítica se acercaba más á examinar las obras mo- 
dernas con Clarín, Yxart, Pardo Bazán, Bonafoux. Por otra 
parte, para hacer frente al grito de los que, exclusivamente ad- 
miradores de lo extraño, por no avenirse con el espíritu cató- 
lico tradicional propio, proclamaban contra éste nuestra nulidad 
como pensadores y artistas en todo el curso de la historia, al- 
zábanse con nuevo empuje los investigadores del pasado espa- 
ñol, Costa, Rodríguez Marín, Leguina, Rodrigo Amador de 
los Ríos, Silvela, Uhagón, Bethencourt, Ramírez de Arellano, 
Juan Pérez de Guzmán, Guichot, Danvila, Mélida, Gestoso, 
Moraleda, Cotarelo, Pérez Pastor y tantos otros eruditos, á 
la cabeza de los cuales se presenta peleando con todo el ardor 
juvenil Menéndez y Pelayo, midiendo en particular sus armas 
con Azcárate, Revilla y Perojo. El tono arqueológico é ideal 
ó soñador del romanticismo había con el realismo desaparecido. 
Lo presente era lo que llenaba el pensamiento de los artistas. 
Y lo presente tras la Revolución eran las ideas más ó menos 
revolucionarias, las de extremados negros y rojos, las de en- 
treverados en todos grados de matices. Porque el arte refleja 
siempre el pensamiento político, filosófico y religioso de cada 
época y basta conocer la lírica de Núñez de Arce, el drama de 
Echegaray, la novela de Galdós y los Heterodoxos de M. Pe- 
layo para enterarse del pensar de la nueva sociedad amaman- 
tada á los pechos de la Revolución y echar de ver cuánto dista 
del pensar de la sociedad anterior, pintada por Fernán Caba- 
llero, Bécquer y Tamayo, en quienes reina todavía, sin rival 
apenas, el espíritu cristiano y ético de la antigua España. En 
«1 Ateneo, en la Universidad, en los periódicos es donde hier- 
ve lo más encarnizado de la lucha de ideas entre los nuevos y 
los viejos; al llegar al arte se contornan por lo general más 
suavemente líneas y esquinas. En el Ateneo se discutió de po- 
lítica y de literatura. La Revista de España, desde 1868, fué 
la más autorizada en literatura ; después brillaba La Ilustración 



ESPÍRITU POLÍTICO Y LITERARIO 3 

Española y Americana (1870), así ccxmío en la Revista Europea, 
d€ cuatro años adelante, y en la Contemporánea de Perojo, ha- 
llaban cabida traducciones de doctrinas extrañas, político-filo- 
sóficas, que divulgaban ideas, antes conocidas de pocos, y que 
hallaban dignos refutadores en La Defensa de la Sociedad, 
dirigida por E. Carlos Perier, en la Revista Agustiniana, des- 
pués La Ciudad de Dios, de los padres agustinos ; en la Revista 
Calasancia, de los escolapios; en La Ilustración Católica, en 
la Revista de Madrid, de la Unión Católica, y en La Ciencia 
Cristiana, fundada por Juan M. Ortí y Lara, etc., etc. Tres 
acontecimientos literarios principales señalan este período: el 
apogeo de la novela realista y medio regional, el género dra- 
mático regional ya del todo, llamado género chico, y la crítica 
literaria contemporánea. Porque la lírica de Núñez de Arce y 
el drama de Echegaray, como turbonadas de la Revolución, si 
atronaron unos días el espacio, pasaron presto sin dejar rastro 
de sí. 

2. De la Revolución del 68 más valiera no hablar. Obra de puro 
remedo de la gran Revolución francesa, hecha por hombres, algunos 
pocos más bien ingenios teóricos que prácticos, como Castelar y Pí 
Margall, los más de menguada alteza de pensamiento, no podía re- 
sultar sino como saínete, con sus ribetes trágicos, pero /puro sainete, 
plebeyo y avillanado. Ninguno de los hombres que la hicieron conocía 
el espíritu del pueblo español y sólo tenían una superficial tintura de 
política europea. A los más les sobraba, en cambio, ambición y ganas 
de medrar á río revuelto. La práctica del Evangelio daría una socie- 
dad democrática y rebosando libertad y justicia. La verdadera libertad 
no es más que el respeto á los demás. Por lo menos ese es el Evan- 
gelio... y la libertad, según la define Taine. La Revolución española, 
hija de la Revolución francesa y ésta de la Enciclopedia, enemiga del 
cristianismo, no lo entendía así. Todos los revolucionarios del 68 iban 
contra el cristianismo; el bando opuesto hubo de ser el católico, y tal 
era eil pensamiento de los más del campo carlista y de sus fautores. 
Dividíanse los revolucionarios, por una parte, en monárquicos consti- 
tucionales, y éstos, en varios partidos, según querían por rey á éste ó 
á aquél; por otra, en republicanos no menos divididos, según la oíase 
de República que anhelaban : unitaria ó federal, cuyas cabezas fueron 
sucesivamente señoreando el Poder: Figueras, Pí Margall, Salmerón 
y Castelar. Los republicanos eran los menos, y su furor anticatólico, el 
mJás señalado. Tuvo, pues, que vencer Ja Monarquía, de los más y 
más ó menos aceptadores del catolicismo. Carlos VII significaba el 
absolutismo: con él se fueron los católicos que creían cosas insepa- 



4 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (iSjO-lSS/) 

rabies absolutismo y catolicismo. El error era tan craso, que los más 
se quedaron con su rey constitucional, con la democracia y el catoli- 
cismo; con A'lfonso XII, el cual, por consiguiente, hubo de vencer. 
Pero ni los avanzados con Sagasta ni los conservadores con Cánovas 
entendieron jamás que ila democracia y el Evangelio eran una misma 
cosa. Exteriormente aceptaban el catolicismo por ser la religión de 
los más; interiorrrsente iban contra él, y para unos y otros libertad y 
progreso eran democracia y descatotlización de España á la par. Por- 
que tal significaba la voz liberalismo, democracia anticristiana. El 
pueblo español, los más de los españoles, querían democracia y liber- 
tad, pero dentro del cristianismo. De aquí la división entre los parti- 
dos de gobierno y el pueblo español. Como esa libertad anticristiana 
no era más que absolutismo disfrazado de libertad, las ideas fueron 
dejándose á un lado y sólo dividieron á los partidos las personas. 
Siendo éstas muchas, los partidos ó banderías personales fueron crecien- 
do en número al failtar los dos fuertes adalides que se imponían. Hoy 
ni hay ideas ni dos adalides, hay tantos partidos como caciquillos sur- 
gen, que son casi tantos como los que han pasado por la Presidencia. 
Los partidos se han subdivídido hasta pulverizarse. Acaso sea lo 
mejor que pudiera desear España para deshacerse de ellos. Es inútil 
ya pretender una democracia cristiana ; los políticos son anticristia- 
nos en ideas, y lo mejor que puede suceder es que sean indiferentes 
cuanto á la religión, que no se metan ni tengan que ver con ella, y 
ya que da política no pueda ser religiosa, que tampoco sea antirreli' 
giosa. Preténdase la pura democracia civil, el fenecimiento del caci' 
quismo ó personalismo de los partidos. La libertad de conciencia se- 
ría acaso ¡o más conveniente para la misma religión. Porque la de- 
mocracia y la libertad civil van creciendo, y en esta parte la Revolu- 
ción del 68 fué un gran paso, quedando aplastado eil absolutismo de la 
Monarquía; ahora falta que desaparezca el absolutismo de la oligar- 
quía gobernante. Eú día que llegue la verdadera democracia y liber- 
tad civil, progresará el catolicismo, como se ve en los Estados Unidos. 
El espíritu de la Revolución fué, en suima, democrático y liberal y, 
por esta parte, es digno de alabanza; pero por otra fué anticristiano, 
y de aquí los desafueros contra los católicos, contra da libertad y las 
barbaridades é injusticias que por doquier se cometieron. Hay que 
repetir con Núñez de Arce: "No eres la libertad; disfraces fuera; | 
licencia desgreñada, vil ramera | del motín, te conozco y te maldigo." 
Y El Motín, Las Dominicales, El Cencerro, fueron los periódicos que 
en plena Restauración siguieron descristianizando á España, cuanto 
á las gentes incultas, que, cuanto á las cultas, se encargaron de lo 
mismo los krausistas, encastillados en la Universidad, y los positi- 
vistas catalanes. Después la Institución Libre de Enseñanza, formada 
de los restos del krausismo y organizada por Giner de los Ríos, fué 
la que solapadamente y poco á poco continuó la tarea de descristia- 
nizar y desespañalizar á España. Las letras no les deben más que oscu- 



ESPÍRITU POLÍTICO Y LITERARIO 



ridad en fondo de doctrinas, que, como en el krausismo, no acaban nun- 
ca de definirse y clarearse, y mal gusto en la forma literaria. Ambas 
cosas tanto más de notar cuanto hacen profesión de enseñar método y 
pedagogía, por una parte, y por otra, ideas estéticas y artísticas JlNom- 
hc\^ Impresiones, t. III, pág. 457 : "Los revolucionarios se dividieron 
en dos bandos: optaban unos por la Monarquía democrática, otros por 
la República Los primeros duchaban, además, entre sí ; cada f raccioa 
apovaba á un candidato ad trono de su gusto y convemencia; los 
mismos republicanos, que aparecían unidos por la idea, se diferen- 
ciaban en el modo de querer darla forma. Triunfaron los monárqui- 
cos- costó el triunfo la vida a-1 general Prim; con el Rey italiano 
sur¿ió una nueva y no menos desastrosa interinidad; su abdicación 
instauró la República, en la que, como en un cinematógrafo, se su- 
cedieron los Gobiernos, sin que hombres de tanto valer como Pi 
Margan Figueras, Sadmerón, Ruiz Zorrilla y algunos otros mas pu- 
dieran i'mponerse á los ambiciosos que les roMeaban ni á las turbas 
famélicas ávidas de compensar sus privaciones con la satisfacción de 
sus apetitos." Acerca de la política, filosofía y literatura desde la 
Revolución, véase M. Pelayo, Heterodoxos (t. III, pag. 761...). M. Pe- 
layo Heterod III, 740: "La Universidad de Madrid y especialmente 
su Facultad de Letras... se iba convirtiendo, á todo andar, en un 
foco de enseñanza heterodoxa y malsana. La cátedra de^ Historia de 
Castelar era un verdadero club de propaganda democrática. La de 
Sanz del Río veíase favorecida por la asidua presencia de famosos 
personajes de la escuela economista. En otras aulas vecinas alterna- 
ban las extravagancias rabínicocabalísticas de García Blanco, con el 
refinado veneno de Has explicaciones históricas del clérigo aposta a 
don Fernando de Castro... Para conocer cómo se esta verificando la 
intoxicación en la juventud y hasta de la niñez en nuestra patria, no 
hay documenta) que dé más luz que el Catecismo délos textos vrvos 
que desde Agosto de 1879 viene publicando en La Ciencia Cristiana 
el señor Ortí Lara... La Institución Libre, último refugio y atrmche- 
ramiento de los pocos ortodoxos del armonismo (krausista) que aun 
quedan, entre los cuales á duras penas mantiene Gmer de los Ríos 
una sombra de disciplina, hace alarde de enseñar ciencia pura, con 
absoiluta exclusión de toda idea religiosa: empeño no menos absurdo 
ó ardid para deslumhrar á los incautos; pues, ¿que cuestión habrá en 
las ciencias especulativas que, de cerca ó de lejos, no se ilumine con 
la iluz de algún dogma cristiano?" Sanz del Río hizo dos viajes a 
Alemania (1844, 1847), trayendo el oscuro sistema filosófico de un 
desconocido llamado Krause (1781-1832), que tuvo en España suceso 
inexplicablemente maravilloso, si á las ideas puras _ se atiende, las 
cuales apenas si se pueden entender; pero harto explicable, si se aa- 
vierte que fué como banderín de enganche para cuantos deseaban a - 
guna fórmuila aparentemente científica que oponer a la filosofía cris- 
tiana y á la religión tradicional. Apiñáronse en torno de aquel ban- 



6 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

derín Salmerón, Giner de los Ríos, Federico de Castro, Ruiz de Que- 
vedo, Tapia, J. A. Eguilaz, Fernando de Castro y aun Cana>lejas y 
Castelar. La doctrina era tan enigmática é indigesta, que se les atra- 
gantó á Jos más, y presto quedó tan sólo entre los de la escuela 
el espíritu que los había congregado, que no era otro que el del 
odio á lia religión católica y al espíritu tradicional de la cultura es- 
pañola, radicalmente católica. Giner de los Ríos, hombre organizador, 
práctico y paternal pedagogo, fué el que supo recoger el fruto de 
aquella escuela, fundando ila Institución Libre de Enseñanza, que poco 
á poco ha ido señoreándose de la enseñanza oficial. Combatieron doc- 
trinalmente el krausismo los discípulos de Balmes y Donoso Cortés: 
Ortí y Lara, J. Rubio y Ors, el padre Miguel Mir. el padre Cámara, 
el padre Caminero, el padre Ceferino González, Laverde Ruiz. Y no 
menos tuvieron que combatir los católicos una famosa traducción del 
norteamericano Draper, que venía en apoyo de la escuela, con sus 
Conflictos entre la Ciencia y la Fe, dándoles armas sofísticas bastan- 
tes para encandilar á la ignorancia que aquí reinaba. Pero el adversa- 
rio más temible de la escuela vino con Menéndez Pelayo, que puso en 
ridículo ©1 sistema de Krause y su bárbara literatura en los Hetero- 
doxos y levantó bandera de españolismo y cultura tradicional contra 
la antiespañola cultura de la Institución Libre de Enseñanza. La 'lucha 
en el terreno literario sigT.ie todavía hoy más enconada entre los dis- 
cípulos de Giner de los Ríos y üos de Menéndez Pelayo. por contentar- 
se éstos con opugnar indirectamente á sus adversarios publicando 
obras que muestran el antiguo saber español y batallando aquéllos, 
ya que no con obras de valer doctrinario ó literario, con maña y 
cautelas increíbles en el terreno de la práctica, monopolizando toda 
la enseñanza oficial. La Institución Libre de Enseñanza, obra de Gi- 
ner de los Ríos, á quien llamaban el papa verde, semejase á ciertas 
sectas é institutos algo misteriosos, de férrea organización, que im- 
primen carácter en sus adeptos, pareciéndose todos en maneras y 
costumbres, tanto en la afabilidad y llaneza, condescendencia y son- 
risa en lio de fuera, como en la berroqueña dureza, intransigencia te- 
rrible y dogmatismo cerrado en lo de dentro. El que no está con ellos 
es para ellos enemigo. Coto cerrado dentro de la nación y de la cien- 
cia humana, pregonan los méritos de los suyos, calíanse respecto de 
los demás, formando una seria sociedad científica y á la par de bom- 
bos mutuos. Su ciencia principal, la pedagogía germánica, que con- 
vierte en rebañega la 'libertad individual, en pieza de tina maquinaria 
aíl individuo. El determinismo positivista y ateo ó panteísta es el 
fondo de la ciencia alemana como de la ciencia de la Institución. La 
libertad no es más que unidad del individuo con el todo, Einheit des 
Einzelnen mit dem Ganzen. Como Alemania proclamó en 1841 el 
DeutschlmuJ über alies, la Institución señala el suyo: Mi método; 
toda otra ciencia que no lo siga, no merece nombre de ciencia. Ade- 
más del método ó pedagogía, gloríase 'la Institución de haber traído 



espíritu político y literario 7 

á España el gusto de las bellas artes, de la pintura, sobre todo; pero 
ni ha dado un pintor ni siquiera un escritor artístico. Sobresalen en 
sus escritos por Ja oscuridad, por la sequedad, falta de sensibilidatd, 
de doblegadiza gracia y de jugos primaverales, según el método ger- 
mánico y según los krausistas, sus predecesores. Está por florecer 
entre ellos el primer artista de la palabra : son reacios á toda ex- 
presión estética, por más que hagan profesión de enseñar las be- 
llas artes. Y es que el arte es la sincera manifestación del espíritu 
y el espíritu de los de ila Institución es seco, egoísta, henchido de 
odios contra todo lo que no sea ellos mismos. En suma, la tal Insti- 
tución, libre (esto es, sin) enseñanza, ó de enseñanza libre (esto es, 
anticristiana), que hasta en su nombre lleva la enigmática oscuridad 
que distingue á sus seguidores, ha sido hasta hoy, en religión y es- 
piritu histórico, levadura anticristiana y antiespañola; en filosofía, 
levadura positivista, panteísta y atea; en método científico y litera- 
rio, levadura formulista y antiartística; en todo y por todo, levadura 
extranjera que ha desviado á la cultura española del propio cauce de 
su tradicional espíritu, dividiendo á los hambres de Jetras en dos 
bandos más definitiva y metódicamente de lo que en España los ha- 
bía ya dividido la Enciclopedia desde el siglo xviii. Graciano Martínez, 
Hacia lina España genuína, 1916, pág. 199 : "Esa famosa Institución 
es un organismo cuasi omnipotente que se ha infeudado en España 
todo el ramo de instrucción pública..., no es ni más ni menos que 
uno de tantos colegios particulares fundados al amparo del artículo 12 
de la Constitución... Es claro que ila enseñanza que se da en ese co- 
legio tiende á descristianizar y aun á deshispanizar, puesto que sus pro- 
fesores son todos de los que han roto abiertamente con la España 
tradicionailista y renegado de todas nuestras grandes y legítimas glo- 
rias... El señor Azcárate... se levantó... á combatirle (á Mella), ne- 
gándole en redondo que semejante centro docente percibiese ni un solo 
céntimo del Estado...; pero los hombres de la Institución Libre de 
Enseñanza, que saben muy bien que la astucia es más poderosa que 
la fortaleza y que son astutos y resabidos como raposas, se las inge- 
nian para chuparle al Estado un milloncejo y medio de pesetas con- 
tantes y sonantes, habiéndoselas arreglado á maravilla para hacer 
esa succión infame perfectamente legal, en virtud de un Real decreto 
dado... en 22 de Enero de 1910... A fuerza de filis y de risitas de 
azúcar, han sabido crear tres organismos independientes, que mane- 
jan ellos como les viene en talante, pero que paga opulentamente la 
nación: Museo Pedagógico Nacional, Junta de Ampliación de Estu- 
dios é Investigaciones científicas é Instituto de Material Científico, 
sin hablar de otros organismos más ó menos anexos y nada escasa^ 
mente chorreadores, como el Museo de Ciencias Naturales, que dirige 
Bolívar, y la Estación de Bidogía Marina, de Santander... El Museo 
Pedagógico Nacional, que no es más que un centro creado por el 
señor Cossío para dar en él algunas conferencias y tener allí una bi- 



8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

blioteca...; se le regailó una clase en la Universidad Central..., con 
más de 43.000 pesetas anuales. Respecto de la Junta de Ampliación 
de Estudios... percibe una dotación anual de 800.000 pesetas... Lo que 
no se va en dietas y remuneraciones (se emplea) en subvencionar 
otro organismo creado por la casa y que se llama ila Residencia de 
Estudiantes y en pensiones para ampliación de estudios en el extran- 
jero... En la constitución de esa Junta han sido, como siempre, muy 
agudos y muy hábiles los hombres de la Institución, que son los que 
la han creado y los que la manejan á su arbitrio ó, por mejor decir, 
al arbitrio del institucionista don José Castillejo, que es su secreta- 
rio... Lo ordinario es que los pensionados sean siempre del mismo 
pelaje que los que los envían... Instituto de Material Científico... tiene 
por objeto el suministrar material científico á Institutos y Universi- 
dades, según lo tengan por conveniente los proceres institucionistas, 
que han confiado todo el régimen de dicho Instituto al señor Rodrí- 
guez Mourelo...; llegaron á conseguir ese codiciado monopolio con la 
mansurrona aquiescencia del profesorado españoil...; 490.000 pesetas 
anuales tiene de dotación... Ese milloncejo y medio de pesetas para 
ponerlas en manos de los hombres institucionistas..., en virtud de 
Reales decretos..., concesiones ministeriales... convertirse en leyes... 
La adjudicación de todos los profesorados españoles es hoy un mo- 
nopolio que ejerce como bien le parece la Institución Libre de Ense- 
ñanza. Si le parece bien que haya oposiciones, las hay, y si no, se 
hace la adjudicación por una Reail orden que aparece en la Gaceta, 
como sucedió, bien poco ha, con... las cátedras del señor Cossío y del 
señor Altamira en plena Universidad Central. ¡ Hubieran sailido los 
agraciados tan lucidos de haber tenido que ir á unas oposiciones...! 
La Institución... tiene copado, casi en pleno, el Consejo de Instruc- 
ción pública, copo que explica perfectamente el que en los jurados 
para oposiciones á cátedras de Institutos y Universidades tengan 
siempre mayoría los fautores decididos de las tendencias institucio- 
nistas... Los diputados y senadores del reformismo son todos, sin ex- 
cepción de uno siquiera, entusiastas admiradores de la Institución... 
Los lerrouxistas son todos también fogosos paladines de la Insti- 
tución." 

3. Lírica y dramática. — En el tono realista es dificultosí- 
simo sobresalii" como lírico, porque en cualquiera otro tono 
exagerado, como el romántico, el simbolista, etc., la fantasía 
con sus floreos, el ritmo con su música, las idealidades y en- 
sueños, velos y vaguedades, dan ripio á mano á los medianos 
poetas para deslumbrar con adornos y arrequives ornamien- 
taks. En el tono realista parece aplanado el poeta, vese como 
en seco arenal; sólo el empuje del estro, la sinceridad en el 



lírica y dramática q 

sentir y la propiedad sencilla en el expresar esos hondos senti- 
mientos puede hacer grande á un poeta, que entonces lo es 
como ninguno. Tal fué Bécquer, desnudo de todo elemento or- 
namental ó accesorio, con la pura realidad de su sentir y el 
habla común y llana. En este segundo período no volverá á le- 
vantarse poeta semejante. Pero dentro del realismo caben el 
poeta revolucionario, brioso y exaltado por las ideas, como 
Núñez de Arce, ó el poeta jocoso, festivo, del real vivir, que 
en los más bajos estribos del Parnaso juguetea con chistes y 
palabras, con pinceladas satíricas y bromas que entretienen. 
Este género lírico, de bajo metal, es el que más sobresalió en 
este segundo período. Cuando el realismo llegue á ser regiona- 
lismo podrá alzarse algún poeta de primiera fuerza y vendrá 
Gabriel y Galán. Entre tanto, además de la pura y desinteresa- 
da lírica becqueriana, que sigue señoreando en España y AJmé- 
rica, tan sólo suena con fama universal el canto revolucionario 
de la duda de Núñez de Arce, que al llegar casi la época regio- 
nal dará los primeros sones del idilio del ternn"ío ó de la 
marina, anunciando á otro gran y sin par épico regional, al 
vate extremeño. Salvador Rueda (1883) es no menos poeta re- 
gional, andaluz, y pertenece ya á la época siguiente, aunque en 
ésta comience á cantar. 

El género chico nació en 1869 y feneció en 1910 á manos 
del género ínfimo. Tuvo su origen en la ocurrencia de haber 
remedado á los cafés-conciertos los teatros por horas, con el 
intento de abaratar precios y dar lugar á que todas las clases 
sociales pudiesen asistir al teatro, como iban á los cafés-con- 
ciertos. Hiciéronse piezas de un acto, breves, casi improvisa- 
das : saínetes, pasillos, parodias, juguetes, revistas, disparates, 
bocetos, con otro sinfín de caprichosos nombres. Creció el 
número de autores, comi'mmente festivos, creyéndose cualquie- 
ra capaz de endilgar cuatro escenas populares, á las cuales se 
añadía música no menos popular y callejera. Volvieron con esto 
al teatro las costumbres, dichos, trajes y cantares de la gente 
baja: chulos, flamencos, baturros, sobresaliendo, por el color, 
el chiste y lo típico, las costumbres andaluzas y madrileñas. 
Creció no menos el número de actores ; los músicos se inspira- 
ron en el arte popular ; abriéronse nuevos y nuevos teatros, se- 



10 SEGUXDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

ñalándose Apolo, que tomó el apodo de Catedral del género 
chico. La música, mayormente, contribuyó á despertar más y 
más el gusto de estos espectáculos y volvió á renacer el espíritu 
aquel del siglo xvii, cuando autores y público se compenetra- 
ban y entendían, dándose una nueva época de florecimiento 
teatral extraordinario. Los aires populares en que los músicos 
aprendían y se inspiraban volvían al pueblo, que giista oírlos 
en las tablas en boca de los personajes. Todo ello prueba la 
popular que en España es el teatro y los cantares y lo popular 
del género chico: por consiguiente, el alto valer estético de las 
piececillas de un género, al parecer tan baladí, y á pesar de los 
disparates con que las aderezaban autores realmente legos y 
nada leídos, pero que, á vueltas de su crasa ignorancia y de 
los despropósitos que estrujaban de su acartonado caletre, ha- 
bían dado con la veta del arte popular cuanto á varios de los 
elementos musicales y cómicos, que eran los que daban valer 
hasta á no pocos verdaderos esperpentos teatrales. El espíritu 
de tales piezas muestra mejor que todas las filosofías de nues- 
tros escritores cuál es el espíritu del pueblo español. Cansados- 
estamos de oírles proclamar lo de la tristeza española, lo de la 
parda y seca meseta castellana que la engendra, lo de la falta 
de sensibilidad de la raza. Todo ello es patarata de fracasados,^ 
de extranjerizados escritores que no conocen el alma española 
ni por el forro. Prueba al canto. Muchos de los asuntos del gé- 
nero chico serían fuentes de dolor y luto para el arte de fuera 
de España: el hambre, los cesantes, los apures caseros, la ca- 
nalleria política, el caciquismo, etc., etc. Y, sin embargo, los 
autores del género chico convierten todas esas fuentes amargas 
en chorros de alegría y de buen humor, merced á la broma é 
ironía con que las consideran, por observar que por ese lado 
las toma el pueblo. ¿No es ello filosofía popular y levantadí- 
simo arte? ¿No es lo más refinado del arte sacar placer del pe- 
sar, alegría del dolor, dulzura de míeles del acibarado cáliz de 
muchas flores ? ¿ No es ese el más alto timbre de gloria de Cer- 
vantes y de todo gran artista? El pueblo español se lo ha en- 
señado así á sus poco leídos pero populares escritores del gé- 
nero chico. De esta alegría, de este divertirse y pasar un buen 
rato, que busca el público español acudiendo á la representa- 



LÍRICA Y DRAMÁTICA I i 

ción de su propia vida y costumbres, nació cabalmente, por bas- 
tardeamiento, el principal defecto del género chico, la comezón 
por el chiste, que hace soltar el trapo de la risa á los oyentes, 
sin devanarse los sesos en tramar mejor la pieza. De los do- 
naires naturales del habla popular que el dialogado vivo de los 
buenos autores llevó á las tablas, pasóse al chiste artificioso y 
hasta sandio y frío. Los autores medianos, que no sabían ex- 
presar la vida tal como la veían en las calles, diéronse á colocar 
chistes en una trama cualquiera de burdo y grosero cañamazo. 
El chiste, la gracia, el buen dicho, es cosa harto dificultosa de 
hallar hasta para un ingenio tan despierto como el español, 
cuyo idioma está de ellos cuajado. No dando abasto el inmenso 
almacén de donaires que el idioma encierra y el río de ellos 
que por esas calles de Dios corre en labios de las gentes, tuvie- 
ron que forjárselos los autores : estrujaron su magín, retroca- 
ron y retorcieron el habla exprimiendo retruécanos, acudieron 
al arte de lo inesperado, del disparate mismo, de las andaluza- 
das ó exageraciones extremosas, de las comparaciones traídas 
por los cabellos. El caso era despertar la risa con un golpe 
nuevo, nada esperado. Las adivinanzas, los colmos, las compa- 
raciones, todo linaje de chistes, chistosos y no chistosos, inge- 
niosos y torpes, agudos y botos, se llevaron al e&cenario, pe- 
gándolos de cualquier m'anera al diálogo, supliendo con ellos lo 
cómico legítimo que brota de personajes y situaciones, porque 
lográndose antes y más fácilmente el intento de hacer reír, 
ahorraba á sus autores del arte de saber expresar la vida real, 
del cual carecían los más. Esta plaga del chiste ha pasado del 
género chico á la comedia, inficionándose hasta autores como 
Linares Rivas, Benavente y otros. De esta manera bastardeó 
el género chico, convirtiéndose hacia 1910 en el llamiado género 
ínfimo, cuando á esa comezón por el chiste se añadió la dema- 
sía en lo vistoso: los bailes, trajes y decoraciones, elementos 
venidos de Francia con el vaudeville y las varietés. 

*• Antes del género chico y ya él nacido, resucitó Echegaray en 
este período, á raíz de la Revolución, el drama romántico y hasta ul- 
trarromántico, qu-e, como extraño ya al gusto de ila sociedad, aun- 
que encandiló á la plebe por lo melodramático, que siempre la entre- 
tiene, y por lo caballeresco y fuerte, tan propio de los gustos españoles, 
tuvo que encarrilarse lluego hacia el teatro naturalista y el teatro 



12 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de ideas, siguiendo las modas francesas. De ideas y echegarayes- 
co en lia forma es el teatro de Cano y Selles, discípulos de Echega- 
ray. Este hecho, que rompe con la evolución teatral, la cual del rea- 
lismo iba al regionalismo, débese en parte á lias turbulencias de la 
Revolución y de las doctrinas sociales, que se reflejaron así en el 
arte de uno de sus adalides políticos, Echegaray, metido á dramático; 
en parte al principio de reacción, de vaivén, que se repite en la his- 
toria literaria, entre eruditos, que no siguen, como suole el pueblo seguir, 
la evolución natural, si'no que revolucionan contra ella, volviendo atrás 
de un salto por prurito de novedad, al igual que sucede con las modas. 
Por eso en la literatura francesa, erudita por naturaileza y tradición, he- 
mos visto que las mudanzas todas durante el siglo xix, y aun en los 
anteriores, obedecen al principio éste revolucionario de la reacción 
ó del vaivén. Por algo es Francia la tierra de las modas y de las 
Academias, esto es, de los literatos eruditos. Del idealismo romántico 
se saltó allí al naturalismo, de éste al simbolismo, que es tan ideail ó 
más que el romanticismo francés. La literatura francesa, como obra 
de eruditos que buscan ila novedad para atraer la atención, no menos 
que los modistos, anda siempre á saltos, atrás y adelante, arriba y 
abajo, por las nubes y por el fango. En España los autores suelen 
pecar por failta de estudio y cultura, son ingenios naturales, cerriles 
é incultos, y así la literatura es menos académica y erudita, anda más 
allegada al pueblo. Ahora bien, el pueblo anda por instinto, evolucio- 
na por sus pasos contados y no á brincos ni por reacciones, lo cual 
es propio de lo revolucionario. El camino que en España ha seguido 
la literatura es, por consiguiente, el natural evolutivo, brotando de las 
raíces realistas y folklóricas del romanticismo primero el realismo, 
luego lo folklórico ó regional. De aquí que el naturalismo de Zotla y 
€)1 simbolismo fueran en Francia literatura erudita, nada popular, 
mientras que en España fueron populares el realismo, el género 
chico y la novela regional. La literatura regional es, pues, un paso 
más allá de la literatura realista española, una evoilución natural, 
■una mayor popularización literaria y un verdadero adelanto ó pro- 
greso. El ultrarromanticismo de Echegaray fué hijo de su carácter: 
en política, revolucionario ; en educación, erudito y seguidor del arte 
francés. Con ilo cual se entenderá por qué pasó aquel ultrarromanti- 
cismo, que ya no encajaba en da sociedad aquella más que á medias, 
esto es, por las turbaciones revolucionarias y por lo melodramático, 
y se convirtió en teatro naturalista y de ideas, siguiendo la corriente 
de las modas francesas, como obra de autor erudito y á medias popular. 
Pero el género chico, por ser popular del todo, ahogó el teatro de Eche- 
garay y de sus discípulos, que hoy se nos antoja como algo de extem- 
poráneo y extravagante, como un peñasco que se alza aislado en me- 
dio de la corriente evolutiva del teatro español. Desde El Estómago 
(1871), del realista Enrique Gaspar, hasta El Libro talonario (1874), 
de Echegaray, van solos dos años y, sin embargo, hay un abismo es- 



LÍRICA Y DRAMÁTICA 1 3 

tético, un brinco hacia atrás espantoso. En él se detuvieron muchas 
aguas. El género chico, como tan popular, iba por lo hondo y nada 
tuvo que sufrir de aquel remolino; pero la alta comedia, la comedia 
realista quedó engullida en él. Echegaray, en vez de llevar nuevos 
alientos al gran teatro, lo que hizo fué matarlo. Solamente Galdós 
con su españolismo pudo resucitarlo en 1892 con su primera pieza, 
Realidad, y en 1893 con La Loca de la casa, y aun eso contaminado 
con tendencias del teatro de ideas. Después contados son los autores ; 
más raros aún los estrenos. Al teatro español le salvó, como siempre, 
el eterno saínete popular, en esta época llamado género chico. Qué 
sea el naturalismo en el teatro nos lo dijeron ya, Taine, en su estudio 
sobre Balzac, especie de prefacio de Cronuivell de la estética positiva, 
y el mismo Zola, en Naturalismo en el teatro. Era la aplicación al 
teatro de la doctrina novelesca. Los acartonados tipos dramáticos 
quisieron fuesen hombres vivos que pudiesen obrar cada cual confor- 
me á su propio temperamento y según los casos en que se hallasen, sa- 
cando de ellos el autor todo el jugo científico que pudiese mediante 
el aná'lisis, colocándolos experimentaln^ente en circunstancias varia- 
das, como hace el químico y el naturalista en sus experimentos. De 
aquí el describirlos minuciosamente en el reparto para que cada actor 
caracterice bien el suyo, y el cuidado puesto por el escenógrafo para 
que así lo interno y do externo ayuden al experimento. La acción ha 
de salir de los mismos caracteres, con todo determinismo objetivo, sin 
que el autor idee nada de su parte. "Basta de escamoteos y golpes de 
varilla mágica, decía Zoila ; hagamos punto á las historias inacepta- 
bles que echan á perder las más justas observaciones con incidentes 
romancescos." El desarrollo de la acción ha de salir lógicamente de 
do íntimo de los personajes, sin terciar accidentes exteriores, "lo mis- 
mo que los resultados de la experiencia en Física y en Química". El 
lenguaje ha de ser el vivido y el que naturadmente brota del carácter 
y la situación en que se halla. Según todo esto, Gaspar no fué dramá- 
tico naturalista ni lo ha sido ningún otro en España. Posteriormente 
se han notado en nuestro teatro algunos personajes que se desenvuefl- 
ven con cierto fatalismo ; pero eso ya lo habíamos visto en Don Al- 
varo. Aquí en España no se ha dado de cuanto Zola legisla más que 
Jo que cuadra al verdadero realismo. Algunos ensayos se han hecho 
de personajes enteramente perversos, como los prefiere el naturalis- 
mo; pero todos has fracasado. En el teatro no prosperan ni el natu- 
ralismo ni el idealismo ; del realismo es siempre el triunfo. El género 
chico nació en el café-teatro, que lo eran los más de los cafés, ha- 
ciendo en ellos un piquete ó una compañía entera todo género de pie- 
zas en estrecho escenario, pudiendo asistir todo el que hiciese no 
fuera más que 50 céntimos de consumo. Así es que en cuanto nació 
el género chico ó teatro por piezas, que se dijo, ó por horas, desapa- 
recieron líos cafés-teatros. Para el género chico se edificaron la Co- 
media, Apolo, la Princesa, Martín, Eslava y Lara. El género chico lo. 



14 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

comenzaron en el Teatro de Recreo ó de la Flor (calle de la Flor 
Baja), á fines del año 1869, los actores José Valles, Antonio Riquel- 
me y Juan José Lujan; de alli pasaron al Teatro de Variedades (calle 
de la Magdalena). Era por horas, á real la butaca. En el de la Flor 
se hacían piezas de repertorio, viejas. En el de Variedades comenza- 
ron á estrenar comedias Ramos Carrión, Matoses, Estremera, Vitail 
Aza, Flores García, Calixto Navarro, Javier de Burgos, Luceño, Ri- 
cardo de la Vega. De las comedias se pasó á las Revistas líricas, por 
estos mismos autores, y luego á ias zarzuelitas en uno y dos actos. El 
apogeo del género chico fué en Apolo, inaugurado en 1874, arrastran- 
do, sin embargo, vida miserable, hasta que en 1886-87 se hizo La Gran 
Vía, de Felipe Pérez, ya estrenada en el Teatro Felipe, y Cádiz, de 
Javier de Burgos. Acudió el público entonces y llegó á ser Apolo La 
Catedral del género chico, como se le llamó. Empezó á decaer el gé- 
nero por falta de nuevos autores y por extremar la parte vistosa or- 
namental y secundaria, hacia 1910. Vino entonces el género ínfimo, de 
varietés, cancionistas, cupletistas y operetas austríacas. Los interesa- 
dos en los teatros grandes, que eran todos los demás teatros, previendo 
se les iría el público con el género chico ó por horas, pusieron el grito 
en el cielo; la prensa clamó contra la desmoralización del arte dramá- 
tico. Los principales críticos, Manuel Revilla, Manuel Cañete y Pere- 
grín García Cadena, despreciaban el nuevo género, por atender á la 
cantidad más bien que á la calidad, y eso que Ricardo de la Vega es- 
trenaba saínetes tan lindos como Providencias judiciales y Los Baños 
del Manzanares. El primer crítico que concedió importancia al género 
fué Clarín; después, Valera. Por el mismo tiempo, en Novedades, 
José Valero atraía á las gentes de los barrios bajos con obras melo- 
<iramáticas, y cuando él faltaba, la comoañía de José Dordalla, con el 
género bandoleresco, como Diego Corrientes, José María, Los Siete 
.niños de Ecija, El Corazón de un bandido, Los Bandidos de Sierra 
Morena, etc. Alternaban con estas piezas otras del género andaluz y 
flamenco, de color harto parecido : El Parto de los montes, Los Celos 
del tío Macaco, La Flor de la, canela,. En todas partes cuecen habeos. 
La Feria de Mairena, etc. De aquí que el andalucismo privase tanto 
-en el género chico. Contribuyeron á la boga de este géhero todo linaje 
>de facilidades prácticas: la baratura, las horas cortas y bien acomo- 
dadas á las diversas clases de la sociedad madrileña. Dispuesto así el 
terreno, el ingenio español brotó, como suele, encaminándose hacia 
io popular, lo cómico, el saínete y el entremés, el juguete, el paso ó 
pasillo. Ricardo de la Vega, Javier de Burgos, Ramos Carrión, Vital 
Aza, Flores García, Luceño, Sinesio Delgado, Fiacro Yraizoz, Arni- 
-ches, Fernández Shaw, Miguel Echegaray, Jackson Veyan, Ensebio 
Blasco, Ceferino Falencia, Pérez Zúñiga, López Silva, Perrín y Pa- 
lacios, Estrennera, Manzano, son los principales dramáticos del gé- 
nero chico. Mesejo, Manuel Rodríguez, Romea, Pinedo, Carreras, 
Moncayo, Sigler, Riquelme, sus actores, para no citar más que algunos. 



LÍRICA Y DRAMÁTICA 1 5 

Los más famosos maestros que pusieron música á las obras del géne- 
ro chico son Manuel Fernández Caballero (1835-1906), Joaquín Valver. 
de (1844-1910), Tomás Bretón (n. 1850), Ruperto C^hapi (1851-1909), 
Federico Chueca (1846-1908) y Amadeo Vives. De todos ellos el más 
castizo fué Chueca; luego, Valverde, que hicieron música realmente 
española, pagándose menos de la sabia labor de la música alemana y 
en general europea, más técnica y complicada, que otros no sólo imi- 
taron, sino que plagiaron, copiando hasta trozos enteros. La música 
sabia es obra erudita que tiene su propio lugar, cuanto al teatro, en 
i-a. ópera. Lo que del teatro popular, el antiguo entremés, la zarzuela, 
el saínete y el génei^o chico, que abraza todas estas piezas, va al tea- 
tro nacional creado por Lope, esto es, á la comedia y al drama, va 
de lia música del mismo teatro popular á la ópera italiana ó espailola. 
Los maestros del género chico han de atenerse á las populares tona- 
das y á la sencillez de forma y hondura de expresión de la música 
popular, sin retorcenla ni oscurecerla, sin complicarla ni sutilizarla, 
sacrificando su celebridad entre músicos al aplauso popular, que les 
dará otra fama, por más nacional más duradera. Así Jo hicieron an- 
tes, sobre todo, Gaztambide y Barbieri. Por cima de todas ilas aprecia- 
ciones de los del oficio está la crítica estética universal. Cada género 
tiene su tonalidad y procedimientos. Beethoven mismo es grande por 
5u expresión, como lo es todo artista; no por su técnica, juego vano 
si á esa expresión no sirviera. El género chico pide expresión musical 
del alma del pueblo y toda técnica y esfuerzo que denote gran saber, 
pero que no dé la tonailidad musical española, está fuera de su lugar 
y es reprobable. El Catálogo de la Sociedad de Autores Españoles en- 
cierra un totail de treinta mil comedias, entre ellas diez mil zarzuelas. 
Ni en la época del romanticismo fué más popular el teatro. Al día si- 
guiente de cada estreno oíase en las cocinas tararear la canción tad 
ó la tonada cual de la pieza de anoche; á los pocos días cantábanlas 
los ciegos por las calles y las señoritas al piano ; antes de pasar la se- 
mana, corrían por toda España. Venía otra canción de otro estreno, 
que ponía en olvido la primera; otra tras ella, y así todos los meses, 
todas las semanas, casi todos los días. No se hablaba más que de tea- 
tros, como ahora no se habla más que de toros. BI teatro influía en 
las costumbres tanto más, acaso, que das costumbres en el teatro. Los 
•autores enseñaron chulaperías á los chulos, enseñaron á las chulaponas 
i. taconear, á contonearse, á terciarse el mantón más y mejor de lo 
que de unas y de otros ellos mismos Jo habían aprendido. Estas mu- 
tuas corrientes entre el público retratado en el teatro y el teatro que 
retrata al público, de mutua imitación é influjo, hicieron del género 
chico el género dramático más popular y más característico que jamás 
se vio en España. Hora es ya de reconocerlo y de aplaudinlo sin corta- 
pisas. El saínete moderno es el de Ramón de la Cruz, en los maestros, 
con más redondeo de acción y de pensamiento; en los adocenados, con 
pincel más aguado. El romance octosíJabo popular, el diálogo ordina- 



1 6 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

rio del pueblo, el habla familiar; en el fondo, la vida de las gentes- 
comunes y bajas. Lo acabado en el género está en retratar la vida tail 
cual es, sin artificios ni exageraciones, pero sí con selección, cernien- 
do y aprovechando lo más saliente y típico. La prueba de que el saínete 
moderno, que retrata, sobre todo, ilá chulapería madrileña, lo ha hecha 
divinamente, está eti que las gentes, viéndose en él tan ail vivo retra- 
tadas,, llegaron á tomar no poco de su propio retrato y ha influido no 
menos el teatro en las costumbres que las costumbres en el teatro, de 
arte que con dificultad se podría á veces averiguar en qué y hasta dónde 
chulos y chullas de las tablas se amoldan á los de la calle y en qué y has- 
ta dónde los de la calle remedan lo que ven en el teatro. No hay más 
clara señal de ser género popular el moderno- saínete. Ricardo de da 
Vega puede en esto hombrearse con Lope de Rueda, Quiñones de Be- 
navente y Ramón de. la Cruz. Pepa la frescachona es dechado admira- 
ble, y trozos tan buenos hay en Acompaño á V. en el sentimiento, La 
Viuda del interfecto, El Café de la libertad. La Canción de la Lola, 
A cacarse tocan, Luis el tumbón y, sobre todo, en La Verbena de la 
Paloma, verdadero cuadro de costumbres sociales. Sigúele Javier de 
B.urgos, con Los Valientes. El tropiezo en que cae el saínete en ma- 
nos de los que no son diestros es, como siempre, el artificio : en vez 
de que la conversación animada y la festiva naturalidad nazca de los 
personajes y de las situaciones, los saineteros de pacotilla sobreponen 
ios chistes y ocurrencias, los encajan en la conversación, resultando 
un verbalismo y una caricatura de dialogado y personajes que hacen 
reír, no por el cómico natural que brota de personajes y situaciones, 
sino por el cómico de las ideas y palabras, que do mismo moverían á. 
risa fuera de esas situaciones y dichas por cualquiera en una tertulia. 
Y peor es todavía, cuando el chiste se reduce al retruécano, á da an- 
daluzada, á cuanto hay de superficial en la palabra ó en la idea. Di- 
ríanse dos que allí dialogan verdaderos payasos que entretienen colo- 
cando chistes. Otras veces se acude á lo verde, que, por lo picaresco y 
lo obsceno, feo ó lujurioso entrevelado, halaga la sensuadidad ó cho- 
ca, pero que en sí no encierra gracia adguna. El dar golpe, lo confun- 
den algunos con la gracia, el retruécano con el donaire, lo grotesca 
con el gracejo. Y hasta se ha canonizado el género en nombre de da 
estética inventando los llamados Disparates cómicos, especie de saine- 
tes grotescos, caricaturescos, que podrían dar título á los más de los- 
sainetes modernos de pacotilla. Palacios y Taboada pusieron de moda 
esta insulsa chistografía en artículos de. periódicos, y los saineteros la 
llevaron al teatro. Yxart, poco amante de lo popular español, criticó 
demasiado duramente el género chico. Cuanto dice apliqúese á las pie- 
zas madas, que fueron muchas, porque la aparente facilidad del género 
convidó á tomar la péñola hasta á algunos menestrales. Los autores 
del género chico escribieron sendas autobiografías en verso en El 
Liberal (Marzo-Abrid 1894). De los 29 hay 23 que dicen el lugar de 
su nacimiento, y de los 23, la tercera parte son andaluces, sienupre li- 




AUTORES DEL GÉNERO CHICO 
I. Constantino Gil. — 2 Micmpl p^í,«, o r . 

5. Juan Pére. ZMiga."'!." Sin^tTe^^j;/- ■"'"" "' ^'^'<^'»- ^- V¡.al A.,.- 



lírica y dramática 17 

geritos de cascos, amigos de la bullanga y de la nota de color. Andalu- 
cía da por sí sola más poetas festivos y ligeros, casi improvisadores, 
que muchas regiones de España juntas. Podía suponerse, pero es dig- 
no de señalarse para conocer el carácter andaluz y del género chico. 
Después vienen madrileños y valencianos, hermanos menores de los 
andaluces en ligereza de fantasía, en ila presta agudeza, en poner mo- 
tes, en salir de cualquier trance con un chiste. En Madrid se injertó 
no poco del carácter andaluz, y así Jo flamenco es común á madrile- 
ños y andaluces. Solos dos ó tres aragoneses vienen tras ellos, uno ó 
dos castellanos viejos, un navarro, un asturiano, un filipino. Pero lo 
más notable en esta cofradía de chistosos, escritores degos, sin carre- 
ra y sin un cuarto, bohemios por carácter, es que las autobiografías 
todas se parecen, dan el tipo del autor por horas. Sobrepuestos los 
autorretratos, como dice Yxart, resaltan los rasgos más comunes de 
ese tipo, y son los siguientes. El más de bulto es el desenfado con que 
confiesan no haber servido para nada hasta que arremetieron á au- 
tores. Son bohemios que no supieron hacer carrera, lo mismo que los 
románticos. Como ellos pueden decir con Espronceda : "¡Yo, con 
erudición, cuánto sabría!" Hecho conocido de siempre: la vocación 
literaria parece reñida con cualquiera profesión seria. Ellos mismos 
se ríen de su propia ignorancia. Los más son ingenieros ó arquitectos 
frustrados. Todos declaran su ineptitud profesional. Puede apilicár- 
seles lo que de los románticos dijo M. Pelayo: "Generalmente se jac- 
taban de no saber nada, de no haber estudiado ni querido estudiar, ni 
saber cosa alguna, sobre todo, de las universales y abstractas." Es la 
espontaneidad del ingenio español y el odio español al trabajo. La 
mayor parte de nuestros autores fueron siempre cerrilmente espon- 
táneos y faltos de todo estudio, hasta del de las letras, á las cuales 
encomendaron el que les trajera el pa'n á casa. Los más de aque- 
llos autores del género chico pusiéronse, sin acabarla, á la carrera de 
Ingenieros ó de Arquitectos; algunos, á la de Leyes ó Medicina; 
uno solo á la de Filosofía y Letras. Casi todos acabaron siendo em- 
pleados, y en la oficina escribían sus versos. Así protege la lite- 
ratura indirectamente el Estado españoJ. Natural es que todos lle- 
garan á la Corte sin un cuarto en el bolsillo ; pero con muchos ver- 
sos en la chola; que aquí anduvieran trampeando y á puñetes con el 
hambre. Luego se meten á periodistas. Algunos suben por aquí á 
políticos de campanillas, á diputados, á tener cargos de cuenta y en- 
tonces abandonan ilas letras. Otros consiguen estrenos ruidosos y 
llegan á enriquecerse. Los adocenados siguen siendo pobres y abor- 
tando piezas teatrales hasta morir. Es un vicio. Engolosinados con 
la glorióla y los cuartos sonantes de algún estreno menos pateado, 
ya no saben saltar la pluma. Los más, casi todos, carecieron de ma- 
ciza cultura literaria. Muchos versificaban medianejamente, pedes- 
tremente, ripiosamente. El retruécano y el equívoco eran los granitos 
de sal, verdaderamente gorda y de cocina, que á puñados, á diestro 



1 8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

y siniestro, derramaban para mover la risa del público, el cual se 
reía más de la candidez estrafalaria con que candidamente creían 
mostrar su ingenio, que del verdadero ingenio de las sales y de sus 
autores. Pérez y González: "Escribe más que el Tostado... ! pues no 
veo la tostada.'" "Siendo Pérez, de que puedan | decir que soy Perez- 
oso." Pérez Zúñiga: "Y mi voz... | está velada, aunque estén | ce- 
rradas las velaciones." Esta echolalia de voces traídas por el sonso- 
nete de otras, síntoma de degeneración mental para los frenópatas, 
no era más que fruto del mail gusto en autores poco leídos que escri- 
bían mucho y aprisa. Un nihilista era habitante del Nilo; un opor- 
tuno, natural de O porto; un taciturno, partidario de Tácito. El rasgo 
festivo era comúnmente verdoso y feo: "Nota: también son mi fla- 
co I las criadas de servir" (Pérez Zúñiga). "Viéndome una criatura, | 
la tiple, guapa señora, | al terminar la lectura, [ me dio un beso... 
{¡Si es ahora!)" (Limendoux). Válgales su modestia, que soíían y 
aun suelen tenerla, despreciándose hasta en sus escritos. El retrué- 
cano, el equívoco, la andailuzada ó exageración, sobre todo en com- 
paraciones; el chiste desgraciado y boto, estrafalario y á deshora; 
que hace reír cabalmente á fuerza de no ser chistoso: todos recursos 
que huelen á la pega, ad café cantante, donde nació el género chico, 
á la tierra andaluza y los barrios bajos madrileños y á la menguada 
cuiltura y gusto de los autores. Pero estos son los defectos de los 
autores malos ó medianos; las virtudes de los buenos son la pintura 
sincera, espontánea, fresca, de las costumbres y del genio regional, y 
esto ya es algo y aun mucho. El género chico es para algunos críti- 
cos é historiadores cosa tan baja y grosera, que apenas entra en cuenta 
para nada en la literatura. Tenemos aquí la eterna cantilena de la crí- 
tica erudita, para la cual las obras populares nada valen. Pero el género 
chico es una de las manifestaciones más brillantes que de la afición 
al teatro popular y nacional se han dado en España. Sus asuntos son 
populares, la pintura de las costumbres; sus actores, poco eruditos y 
ni aun literatos; su estructura y forma, la ceñida, suelta y realista 
del antiguo entremés, anterior al gra'n teatro nacional. Es el arte tea- 
tral genuínamente español, que siempre vuelve á rebrotar de las en- 
trañas de da raza como únicamente castizo y eterno. Lo cual debiera 
bastar para ser admirado y estudiado; pero los eruditos se pirran 
más por la grandeza superficial del llamado gran teatro, por lo ex- 
traño y extranjero en asuntos y maneras, en fin, por lo extraordina- 
rio y poco común, criterio falso y detestable en el arte. 

Yxart, Arte escén., t. II, pág. 112: "Esta absoluta objetividad del 
■espectáculo escénico español sólo se encuentra hoy en el saínete. Ya 
se ha visto que das comedias urbanas no se inspiraban, ni con mucho. 
en el mismo espíritu de observación fiel. En otras piececillas en un 
acto, con exhibir los mismos tipos populares (artesanos, toreros y 
chulos), no hemos de hallar tampoco otra vez la misma vida y la 
rajisma preocupación de da verdad: son obras absolutamente artifi- 



LÍRICA Y DRAMÁTICA 



19 



ciosas, de otra calidad y otro género. El caso es raro. En ninguna 
parte reluce vivo el reflejo de costumbres conocidas sino en el sai- 
nete, la única producción cómica que aspira á desentenderse de todo 
artificio y se reailiza con una simplicidad, con una ingenuidad apa- 
rente de medios escénicos, que le dan un valor artístico excepcional. 
En esto, el sainete no desmiente su origen. Restaurado algunos años, 
en plena evolución realista y naturalista, pareció la exacta adopción 
de la explícita fórmula de don Ramón de la Cruz, el primer saine- 
tero del siglo pasado. A pesar de sus veleidades de escritor académi- 
co y de bufete, entretenido en componer pomposas tragedias á la 
francesa, conocidas son ya estas frases suyas, que, por lo absolutas 
y descarnadas, aventajan á cuanto pensaron y escribieron los natura- 
listas de nuestro siglo: "No hay ni hubo más invención en la dramá- 
"tica que copiar lo que se ve, esto es, retratar dos hombres, sus pala- 
"bras, sus acciones y sus costumbres." ^'Yo escribo y la verdad me 
''dicta." Estos principios son tan mezquinos como se quiera, como 
última y total forma de la estética dramática. Cierto que en el mun- 
do hay más. Pero para aquel género bajo cómico, á Cruz le sirvieron 
admirablemente, casi como á Goya su arte. Aunque éste tenia más 
genio, más personalidad y, sobre todo, más fantasía, hay algo aná- 
logo entre el sainetero y el pintor: hay cierto desgarro en la factura, 
una premura, una viveza, una inquietud y un maravilloso acierto en 
el toque, que dos hace únicos en la España de su tiempo. La manolería 
madrileña del reinado de 'Carlos IV se rebulle aún en aquellas obras 
tan vivas, en nuedio de una producción literaria, yerta y glacial. 
Aquel mundo de preciosas y petimetres que se descomponía á la vis- 
ta, resucita también en aquellas piezas volantes, aunque algunas 
— hay que decirio — proceden aún de Moliere ( !) ; tan afrancesados 
estaban aquellos literatos, incluso el más protestante y genial ! ! Del 
Beaumarchais satírico, como ya se comprende, nada podía impor- 
tarse á España por entonces. Los saineteros de hoy no han hecho 
más que imitar aquellas obras. Se han aplicado, por lo común, :\ 
traer á las tablas á dos nietos de aquellos mismos personajes: ver- 
duleras, cigarreras y castañeras, modistas y ribeteadoras, gente de 
toros y de taberna, chisperos y valentones, presidiarios y ratas, go- 
mosos y señoritas cursis. Dieron al diálogo la misma forma de don 
Ramón de da Cruz: el romance octosílabo, modesto, sencillo, prosaico 
y breve. Como él, han concedido mayor importancia que al asunto 
al movimiento y á la vida. Lo principal sigue siendo en tales piezas 
el espectáculo vivo, en una calle, en un zaguán, en una taberna, en un 
ventorrillo, visto, como quien dice, desde una ventana. A lo mejor, 
no hay protagonista; los personajes son numerosos y meten mucha 
bulla; la obra apenas tiene otro fin que el de ver cómo vive, cómo 
piensa, cómo siente cada cual. Y hasta en el modo de terminarla hubo 
como el prurito del calco más que de la imitación: una moraleja al 
final y los versos tradicionailes : "Aquí dio fin el sainete; | perdonad 



20 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

"sus muchas faltas.'' Esto fué en lo antiguo; esto ha sido en nues- 
tros tiempos y sigue siendo aún.'' Sobre el modo que muchas piezas 
del género chico tuvieron de popularizarse, véase el mismo Yxart, 
Art. escén-, t. II, págs. 128-136. Don Juan Valera, Cartas Ameri- 
canas, 1889: "Los españoles... elegantes. Se les ha metido en Ja ca- 
beza que en España todo es ma)lo ahora... Nada es bueno sino lo de 
París. Y entre todas las cosas buenas en París y malas en España, 
nada es allí mejor y aquí peor que el teatro... Concedamos que Fran- 
cia tiene también un gran teatro, pero no le sobrepongamos al nues- 
tro. No se ha agotado el filón de la dramática española. Todavía 
podemos contraponer los dramas de Echegaray á dos de Sardou, y 
los saínetes de Ricardo Vega y de otros á los más chistosos vandevil- 
les." J. Valera, Ecos Argentinos (en 1896), 1901, pág. 28: "En los 
pequeños teatros, y singularmente en Lara, siguen estrenándose muy 
bonitos saínetes ó piececitas en un acto. En ellas hay que celebrar 
siempre la pintura exacta y graciosísima de la clase media inferior, 
digámoslo así. Su 'lenguaje, sus lances de amor y fortuna y su modo 
de sentir y pensar, suelen estar siempre tomados de la naturaleza 
con acierto pasmoso. A veces estas pinturas de dicha clase media in- 
ferior están realzadas por una música ligera y popular, que suele ser 
dichosamente inspirada. Esto es lo que constituye la zarzuela. El 
teatro que lleva dicho nombre y los de Apolo, Eslava, Martín, Ro- 
mea, Parish y otros, prestan su escena á continuas representaciones 
del citado género cómicolírico. Para dar abasto al constante pedido 
de obras nuevas no se ha de negar que se estrena mucho ó mediano 
ó enteramente malo; pero también hay no poco que celebrar por lo 
jocoso y divertido..." (pág. 50): "E^ta (literatura, que sin el menor 
propósito de ofender á los que en ella se emplean, puede en ocasio- 
nes cedificarse de tabernaria, trasciende del teatro á la narración en 
prosa y verso, aspirando á competir y compitiendo con éxito con las 
antiguas novelas picarescas y con las jácaras y romances de germa- 
nía. El hampa, la vida rufianesca, las casas de tócame Roque y del 
Señor Monipodio, todo aparece hoy con nuevas formas y variacio- 
nes hasta en los chistes v frases de los barbianes, chulos y chulapos 
y de las demás personas que yo no sé por qué se llaman flamencas. 
En la misma buena sociedad, ó en la que de tal se jacta, han penetra- 
do no pocos giros de ila mencionada jerigonza. Y á veces, por más 
que disuene algo, se oyen en -los salones, hasta en boca de damas dis- 
tinguidas, palabras como éstas: dar una lata, hacer una plancha, to- 
mar el pelo, estar al pelo, dar la- hora, dar el opio, ser de mistó, tener 
la m^r de infundios, pitorrearse de alguien, tener poca lacha, etc., etc. 
No seré yo quien censure este género de literatura, que así enriquece 
con nuevas frases y floridos tropos nuestro idioma. Sólo diré que 
cada cosa conviene que se quede en su íugar; que no está bien que 
dicho lenguaje se use en los salones; pero que está bien y es muy 
gracioso en el mercado, en la taberna y en otros lugares de la misma 



lírica y dramática 2t 

úaya, así como en el saínete y en las narraciones donde se represen- 
tan tales sitios y figuran y hablan las personas que á ellos asisten. 
No son pocos los poetas épícopopulares de esta índole que hay ahora 
en España. Para ser severos con ellos sin inconsecuencia sería me- 
nester serlo también con el Arcipreste de Hita, Fernando de Rojas, 
Hurtado de Mendoza, Cervantes, Quevedo, Góngora, Mateo Alemán 
y muchos otros, condenando por innoble, sucia y grosera no escasa 
porción de nuestra antigua amena literatura. Aplaudamos, pues, sin 
escrúpulo á ilos que en el día se dedican á dicho género..." (Pág. 95): 
"Para mí no hay género chico ni género grande ; no hay más que 
género discreto y género tonto; de suerte que un sainete divertido y 
chistoso enriquece más el tesoro de la literatura patria que dos ó tres 
dramas y otras tantas tragedias que cansen y enojen, aunque tenga 
cada una de dichas producciones cinco actos, prólogo y epílogo, y 
propenda á dernostrar una tesis y encierre un caudal de profundos 
y filosóficos pensamientos." Además, véase J. Causse, Le género 
chico, 1906 (en La Revue, LX, 244-253). 

Líricos: Bartrina (1870). José Gualberto Padilla (portor., 1870). 
Patr. Biedma (1872). José Hernández (arg., 1872). Salv, Díaz Mirón 
(imej., 1873). Rafael Núñez (col., 1874). Man. Gutiérrez Nájera (me- 
jicano, 1876). Leopoldo Cano (1876). Lola Rodríguez de Tió (puer- 
íorriq., 1876). Esteban Borrero (cub., 1876). José P. Velarde (1876). 
Kieves Xenes (cub., 1877). Juan Zorrilla de S. Martín (urug., 1877). 
Ignacio Montes de Oca (mej., 1877). Man. Reina (1877). Domingo 
D. Martinto (arg., 1877). José de Siles (1879). Alberto Navarro Vio- 
la (arg., 1879). Juan de Dios Peza (mej., 1879). Cavestany (1880). 
Man. Curros (1880). Man. J. Othon (mej., 1880). Calixto Oyuela 
(arg., 1880). Juan A. Pérez Bonalde (venez., 1880). Juan Pérez Zú- 
ñiga (1880). Salomé Ureña (dom., i88o). Leopoldo Díaz (arg., 1882). 
Ramón Dom. Peres (cub., 1882). Salvador Rueda (1883). José López 
Silva (1S83). C. Fernández Shaw^ (1883). E. Ferrari (1884). Javier 
Lasso de la Vega (1884), Joaquín Castellanos (arg., 1884). Carlos 
Roxlo (urug., 1885). José Asunción Silva (mej., 1885). Enrique Me- 
néndez Pelayo (1885). Rafael Obligado (arg., 1885). Sinesio Delgado 
(1885). Ricardo Gil (1885). Sofía Casanova (1886). José Rodao (1886). 
Pedro Nolasco Préndez (chil, 1886). 

Teatro: Ricardo de da Vega (1870). Navarro Gonzalvo (1870). 
Luceño (1870). Madan (1872). Val. Gómez (1872). Felipe Pérez Gon- 
zález (1872). J. Jackson Veyan (1873). Matoses (1873). J. Echegaray 
(1874). Flores García (1874). Cal. Navarro (1874). Vital Aza (1374). 
Justo Sanjurjo (1875). Miguel Echegaray (1875). Ramón Marsal 
(1875). Leopoldo Cano (1876). Em. Sánchez Pastor (1877). Euge- 
nio Selles (1877). Ed. Escalante (1877). Ant. Espiñeira (chil., 1877). 
J. Estremera (1877). Pedro Novo y Colson (1878). José Feliú y 
Codina (1878). Eusebio Sierra (1878). Alberto del Solar (chil., 
1879). Ceferino Falencia (1879). Juan Pérez Zúñiga (1880), Ca- 



12 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

vestany (1880). Luis Cocat (1881). Ric. Monasterio (1882). Pedro 
Gorriz (1882). Man. Valcárcel (1882). José López Silva (1883). C. 
Fernández Shaw (1883). Julio Hernández (1884). Rob. Huneeus Gana 
(chil., 1884). Gabriel Merino (1884). José M. Ortega Morejón (1884). 
Carolina de Soto (1884). Félix Limendoux (1885). Fiacro Yrayzoz 
(1885). Sinesio Delgado (1885). Perrín y Palacios (1885). Enrique 
Prieto (1885). Adolfo Urzúa (chil., 1885). 

5. La novela y la crítica. — Es la novela el género que llega 
á entera míadiirez en este período, dando los principales auto- 
res del anterior sus más sazonados frutos : Alarcón, Valera, 
Pereda, Galdós, y dándose á conocer otros muchos nuevos, 
entre los cuales descuellan Palacio Valdés, Matheu, Rafael M.* 
Carrasquilla, Picón, Pardo Bazán, Clarín, Luis Coloma, Blasco 
Ibáñez. La novela naturalista francesa ó experimental salióse 
del terreno del arte puro, pasándose al de la ciencia : es un es- 
tudio social científico, expuesto novelescamente, fruto del espí- 
ritu crítico y metódico que Compte, Spencer y Claiudio Bernard 
llevaron á la ciencia y á la filosofía, Renán á la religión y Tai- 
na á la crítica literaria. La novela convirtióse por este camino 
en manos de Zola en una rama de la ciencia experimental mo- 
derna. Su pesimismo y determinismb positivista le hundieron 
en las heces humanas, aunque su espíritu de verdadero artista 
le puso entre los dedos admirable pincel para pintar con extra- 
ordinaria viveza esas horruras. En España sólo penetraron por 
ahora de esta escuela, y no sin fieras polémicas, algunas ten- 
dencias artísticas que afianzaron inás la mano de los novelado- 
res realistas; más tarde, con todo su furor, maleará, á princi- 
pios del siglo XX, las obras de algunos de nuestros jóvenes, in- 
cautos y atrasados, en las mismas modas, por las cuales se pi- 
rran más de lo debido, con pinturas de una sociedad extraña, 
que no es la nuestra, y de caracteres anormales y erotismos en- 
fermizos. La crítica literaria, fuera de algunos grandes litera- 
tos como Menéndez y Pelayo, Rodríguez Marín, Blanca de los 
Ríos, Emilio Cotarelo, que se ciñen á las obras del pasado, atré- 
vese ya á juzgar las obras presentes con más altos vuelos de lo 
que solían antes hacerlo los cronistas de periódicos. Yxart y 
Clarín son los más celebrados. El primero metió menos ruido 
y se prodigó menos ; pero por su perspicacia de observador y su 
criterio más m-etódico y universal, dejó obras de crítica teatral 



LA NOVELA Y LA CRÍTICA 23 

más acabadas, en su conjunto, de lo mejor que se ha hecho en 
España. Clarín derramóse demasiado, se aferró al naturalismo 
y se mostró á menudo parcial : fué el coco de muchos, hizo no 
poco bien en la república de las letras; pero su obra crítica no 
es tan duradera y seria como la del crítico catalán. Los erudi- 
tos é historiadores al menudeo crecen en númiero y adelantan 
en solidez de método. 

6. Tan encalabrinados anduvieron algunos años con el dichoso 
naturailismo zolesco el pontífice de la crítica Clarín y la sacerdotisa 
de las modas literarias doña Emilia Pardo Bazán, que anublaron las 
doctrinas estéticas más transparentes y envedijaron la crítica susci- 
tando polémicas inacabables. Hoy nos pasmamos de tanto derroche de 
palabras y de tanta confusión de ideas en tan claros ingenios. En des- 
lindar los dos términos de realismo y naturalismo está el punto de la 
dificultad, que casi no ila hay, puesto que ese deslinde es cosa bien ha- 
cedera. Aristóteles zanjó de una vez para siempre la doctrina de las 
bellas artes, con su no igualada perspicacia, en el principio de la imi- 
tación de la naturaleza, con la que se siente el hombre inclinado á so- 
lazarse por puro y desinteresado juego y ejercicio de sus más eleva- 
das facultades. El arte realista, que es el que más fielmente imita á ila 
naturaleza, es, según esto, el más acabado, y con tal que tenga por único 
fin el puro entretenimiento, que es lo que queremos dar á entender 
por aquella fórmula de El arte por el arte. Bl arte utilitario, docente, 
no es puro arte, es arte siervo, al servicio de otro fin; y cuanto más 
se aparta el arte de la pura imitación de la naturaleza, tanto desdice 
de su propio objeto y bastardea. Obras de entretenimiento llamaron 
los españoles á las obras literarias, cumpliendo puntualmente con lo 
primero; de haberse ceñido nuestra literatura á la pura imitación de 
la naturaleza es cumplida prueba su tradicional realismo. Los más 
excelsos novelistas del siglo xix fueron, por su tonalidad general, rea- 
listas : Balzac, Zola, Goncourt, Daudet, Tolstoi, Tourgueneff, Flaubert, 
Eqa de Queiroz, Galdós, Pereda, Palacio Valdés, para citar algunos. 
Pero Zola, y en su tanto los más de los novelistas franceses, desviá- 
ronse á veces de estos dos quicios del puro arte y del arte realista. 
Por centésima vez hay que recordar que la iliteratura tendió siempre 
en Francia á ser docente y científica y que Zola fué quien dio la más 
acabada fórmula, y quien más ceñidamente la practicó, de la novela 
científica y docente. Estudios llamó á sus propias novelas, por ser, de- 
cía, documentos y experimentos científicos. Y esta es la primera dife- 
rencia de la novela naturalista francesa respecto de la realista espa- 
ñola. La segunda toca á la imitación de la naturaleza. Stendhal com^- 
paró la novela á "un miroir qu'on proméne le long du chemin". El 
tal espejo ha de ser, naturalmente, plano. Tal es la novela realista espa- 
ñola. Si el espejo fuera cóncavo, convexo ó cóncavoconvexo no daría 



24 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

más que una caricatura de la naturaleza en él reflejada. Supongamos 
un novelista que no cree en el ilibre albedrio. Desposee al hombre de 
su ser de hombre, dejándole á par de los brutos y como á ellos le pin- 
tará. No admite la lucha entre el deber y las pasiones brutales, su- 
pone que el hombre no es más que una bestia humana, arrastrada en 
su obrar por puros instintos y tan ciegamente como las demás bestias, 
y aun como los seres inanimados, por Ja furia de las fuerzas físicas. 
Este positivismo materialista y este consiguiente determinismo en el 
obrar del hombre, fué la filosofía que había ido desenvolviéndose en 
el arte francés y que Zola llevó á la novela como doctrina sustancial. 
Tal criterio artístico es un espejo no plano, que pintará da bestia hu- 
mana, pero no al hombre entero. El naturalismo de Zola es este arte, 
docente y científico, como dijimos, y, por otra parte, materialista, 
bestial, nada humano. Los animales no gozan con la imitación ni con 
verse en un espejo. El gatito, á quien por primera vez se lo presen- 
táis, dará en él con da manita, luego la meterá por detrás y en cayendo 
en la cuenta de que no hay allí otro gato, dejará el espejo y no vol- 
verá á mirarse en él. No conoce ni goza del arte. El hombre, cuanto 
más contempla obras de arte más se encariña con este goce, verda- 
deramente humano, que es la obra más notable del ingenio, de la fa- 
cultad más preciada y que le hace más hombre. Hasta lo feo, dijo 
Aristóteles, nos parece hermoso al ser imitado por el arte. El arte 
períecto, el arte realista, es un espejo plano que refleja el ingenio del 
hombre, y como el ingenio es Ja prenda que más estimamos y no po- 
demos verlo más que por sus manifestaciones, la más real y alta de las 
cuales es el arte, el arte es lo que más nos hace gozar, y tanto más 
cuanto más realista y desinteresado. Para Hegel "el arte es superior 
á la naturaleza"; pero solamente do es para el hombre, debiera haber 
añadido, "porque ha recibido el bautismo del espíritu humano". Cier- 
to, y por lo mismo no es cierto lo que añadió, de que "da necesidad de 
lo bello en el arte nace de las imperfecciones de lo real". Lo real no 
tiene imperfecciones más que para los que no do calamos enteramente. 
Las que se nos antojan excepciones en la naturaleza y defectos son 
efectos tan sólo de otras causas ignoradas. Las llamadas imperfec- 
cionfes sonlo para nosotros por cotejarlas con las cosas- cuyas razones 
conocemos ; conociéramos todas das causas y no habría para nosotros 
excepciones ni imperfecciones. Así se nos antoja feo el mono, por- 
que sin querer lo cotejamos con el hombre; pero es más perfecto y 
hermoso que el gato y, si no, cotéjesele con él, viendo en uno y otro 
tan sólo cualidades animales. La necesidad de do bello en el arte nace, 
pues, del deseo que el hombre tiene de conocerse en lo más suyo, en 
el ingenio. Y no importa que Ja obra sea ajena; el contemplador de la 
obra de arte acaba prescindiendo del artista fulano y sólo ve la causa 
humana que la ejecutó, el ingenio humano, del cual él mismo par- 
ticipa, y si de él no participara ni interesaría en ella ni con ella 
se gozaría. En la obra artística el hombre ve su propia naturale- 



LA NOVELA Y LA CRÍTICA 25 

za, la fuerza de su propio espíritu, A medias discurrió, pues, la 
Pardo Bazán, al decir: "Claro está que no es el retrato, sino el 
artista, ilo que admirarnos; no el caldero ni el cacharro, sino á Te- 
niers." No es, digo yo, á Teniers, sino al hombre, á quien admiramos, 
y, por consiguiente, á nosotros mismos, en cuanto como hombres tene- 
mos ingenio, sustancialmente de la misma naturaleza que el de Te- 
niers. Sube de punto el goce, en el artista que contempla su propia 
obra, por ver en ella reflejado su propio ingenio, única manera que 
tiene de conocerlo, y por el ansia instintiva de verse reproducido en 
su parto como padre de obra espiritual ; que no es menos deseada ni 
gozada la paternidad espiritual que la física y puramente material. 
Resumamos, pues, con Dryden: "Aquella pintura y aquel poema que 
más se aproximan á la semejanza de la Naturaleza, es lo mejor." Y 
los que en la naturaleza nos parecen defectos, por no conocer sus 
causas, y nos desagradan como excepciones del orden cósmico, imi- 
tados por el arte dejan de serlo y quedan hermoseados, porque son tan 
hijos del ingenio humano, tan reflejos de nuestro ingenio creador 
como las que en la naturaleza vemos como perfecciones. Así &l arte 
hermosea toda la naturaleza, pero tan sólo para nosotros, que en el 
arte nos conocemos, viendo refilejado el poder creador de nuestro es- 
píritu. "Un rayo de luz es infinitamente más bello que todos los cua- 
dros de Claudio Lorena", dijo Sánchez de Castro; pero interesa- 
mos más y nos gozamos más contemplando el ingenio humano y, por 
consiguiente, el nuestro, en un cuadro de Claudio de Lorena que no 
en todo el esplendor del so] al mediodía. Santo Tomás cifró el princi- 
pio aristotélico en aquellas palabras : " Aliqua imago dicitur esse pul- 
chra, si perfecte repraesentet rem: quamvis turpem." He aquí incul- 
cado muchos siglos antes el principio realista que Flaubert inculcó con 
aquellas otras : "L'art est une représentation ; nous ne devons penser 
qu'á représenter." Pero mucho antes lo había inculcado Aristóteles, 
á quien Santo Tomás sigue, como principio de las artes todas, que las 
funda en ila imitación de la naturaleza. Ahora la causa ni la toca 
Santo Tomás ni la pone Aristóteles más que como problema por dis- 
cutir. Y esa causa no es, como hemos declarado, otra que la ence- 
rrada en la famosa frase terenciana, dicha á otro propósito : "Hom- 
bre soy, nada humano tengo por cosa á mí ajena.'' La novela, aunque 
por naturaleza pertenece al género épico ó narrativo, es de tanta am- 
plitud, que admite lo lírico y lo dramático en cuanto obras para lec- 
tura, prescindiendo del canto en la lírica y de la material representa- 
ción en la dramática. En la época del romanticismo la novela fué ro- 
mántica, casi pura Jeyenda, á lo más histórica á lo Walter Scott. Luego 
se hizo más humana, pero cerniéndose todavía por las nubes de lo 
fantástico, sin bajar todavía á tierra, como las de Julio Verne, Gus- 
tavo Aymard, Fennimore Cooper, Mayne Reíd. También fué senti- 
mental!, humorística, mística, parnasiana, simbólica, como las de 
Goethe, Juan Pablo Richter y Novalis, Foseólo y Manzoni, Musset, 



20 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA f 1 8/0- 1 887) 

Nodier, . Sainte-Beuve, Víctor Hugo. De repente cayó á tierra cual 
globo que arrebataron los vientos de da fantasía y se incendió con el 
mismo fuego que calentaba el aire que lo henchía, y se arrastró por el 
fango del naturalismo á ilo Zola. Sólo después de tanteados todos los 
extremos llegó la hora del verdadero realismo, del justo medio, de la 
verdad humana. Esto en Europa. En España revivió en la presente 
época lia novela realista y hasta regional, sin descaminarse á los ex- 
tremos idealista ni naturalista. El naturalismo parece ser y sonar como 
un culto de la literatura á la naturaleza. ¿Qiié cuilto será el que con- 
siste en copiar sólo lo feo y la escoria, lo degenerado y canijo, de- 
jando lio hermoso y sano? Eso más bien es echarle en rostro sus abor- 
tos. Lo que los naturalistas pintan es lo más antinatural de la natura- 
leza. Hasta ©1 romanticismo se había creído que el arte cribaba de la 
naturaleza lo típico para atisbar por ello la idea madre creadora que 
el autor de ella tuvo al crearila; los naturalistas dejan el limpio grano 
y recogen las granzas. Bonito artista hubiérase Dios mostrado si hu- 
biera llenado el universo de abortos teratológicos y monstruosos, es- 
caseando los seres sanos y normales. Tan bonitos artistas son los de 
la escueda naturalista que á lo monstruoso se atienen. El arte realis- 
ta ni se ciñe á lo típico é ideal de los clásicos ni á 'lo feo de la natura- 
leza, conforme á la escuela de Zola; abarca la realidad universal y 
tal cual es, con los que se nos antojan defectos no menos que con las 
que llamamos perfecciones. La comezón descriptiva naturailista ha lle- 
vado á muchos á confundir el arte literario con el pictórico, cansando 
á los lectores. La pintura es sola capaz de mostramos directamente 
tías cosas. Cuanto á describirlas mediante el lenguaje, más dice una 
científica reseña en prosa que todas las poesías del mundo, y aun esa 
reseña nos las muestra indirectamente, reconstruyendo poco á poco en 
la imaginación del lector lo que la pintura muestra de un golpe y de 
suyo, sin dejarlo á merced del engañoso poder de la fantasía de cada 
individuo. Lo que sí es propio de ila poesía y no de la pintura, es des- 
cribir, no el objeto, sino la impresión, el sentimiento, la idea que el 
objeto que se ve produce en el fondo del alma. Al cabo, el arte lite- 
rario sólo tiene por objeto propio de expresión, no Jo externo, sino 
lo interior del hombre, su pensar y sentir. El pensar y sentir del que 
contempla la naturaleza, eso es lo que la poesía puede expresar direc- 
tamente, no la misma naturaleza. Por eso los antiguos nunca se pro- 
pusieron pintar ilo exterior, sino que iban añadiendo algunos de sus 
rasgos, como fondo que el pintor añade, en el cual ponían el pensar 
y sentir humano, que es el propio objeto de la pailabra. Los modernos, 
que todo lo han vuelto del revés, detiénense á pintar la naturaileza por 
medio de la palabra y aun por medio de Ja música, y, en cambio, quie- 
ren expresar por la pintura los sentimientos y el pensar mediante sím- 
bolos. La poesía tiene por objeto el hombre, su pensar, sentir, ha- 
blar y obrar; todo lo demás que añada es ornamento que declara más 



LA NOVELA Y LA CRITICA 27 

este objeto propio. Cuando en una poesía se echa menos el hombre, 
puede decirse aquello de Lope: 

"En este valle y líquida ilaguna, 
Si he de decir verdad, como hombre honrado, 
Jamás me sucedió cosa ninguna." 

Es la más recia sátira que puede hacerse de cualquier arte que no sea 
realista. Fitzmaurice-Kelly, Hist. Liter., c. 13, p. 535 : "España posee 
un realismo indígena de su propia cosecha y es poco probable que la 
variedad francesa llegue á anularlo nunca." Alberto Savine puso entre 
los naturalistas á Pardo Bazán, Alias, Palacio Valdés, Pereda, Ortega 
Munilla, Picón y 011er; pero, como dijo Valera {Arte de hacer novel., 
página 17), "el francés es casi siempre materialista y pesimista; eil 
español es espiritualista, creyente y optimista; el francés va contra 
lo romántico; ed español gusta de lo romántico y gusta, además, de lo 
picaresco". La Pardo Bazán introdujo en Los Pazos (1887) y en La 
Madre Naturaleza (1887) las doctrinas de la herencia y del medio 
ambiente de Taine; pero nadie aceptó aquel naturaJlismo crudo del 
determinismo fatal ni del sucio fango como único asunto del arte, 
cosas propias del París gastado, decadente y nauseabundo, descreída 
y pesimista. El reailismo naturalista acerca el microscopio á las cosas 
con ansia de mayor verdad, y el microscopio sólo da las asperezas de 
las cosas, no da el conjunto, que eil pintor saca del objeto cabalmente 
alejándose de ellas. La lente, al acercarse demasiado, no forma ima- 
gen alguna, y el naturalismo no ha pintado tal cual es la realidad, sino 
menudencias descosidas y generalmente feas. De aquí los personajes 
raros, los casos teratológicos de psicopatía que se dan en la sociedad, 
pero que sólo son sus arrugas, no la sociedad en conjunto. Estas tenden- 
cias á lio menudo, á lo descosido de la acción y á lo psicopático vinie- 
ron más tarde á la literatura españoila, con la generación del desastre 
de i8p8, que llaman. Trigo pinta psicopáticos sexuales; Azorín dice 
que "no debe haber fábula... ; la vida no tiene fábula... es diversa, mul- 
tiforme, ondulante, contradictoria..., todo, míenos simétrica, geomé- 
trica, rígida". Martínez Sierra se pasma poéticamente mirando el me- 
neo de una hoja, oyendo el cricri del grillo. Confieso que no hallo 
entre las novelas españoilas del siglo xix ni una que pueda llamarse na- 
tura/lista. Novelas pornográficas, sí; pero, ¿es eso naturalismo? An- 
drés González Blanco, á quien hemos seguido y aun á veces refutado 
anteriormente, en su Historia de la novela, dice que "la Regenta 
es quizás la novela más detallista y en ese sentido la más natu- 
ralista que se escribió e'n España". Pero, ¿el describir menuden- 
cias es naturalismo? Entonces naturalistas serán las novelas his- 
tóricas á lo Scott, con sus dos ó cuatro tomos y sus pesadas des- 
cripciones. De la Pardo Bazán dice que se parece á "los Goncourt, 
por su calorismo abigarrado, por su trompetería de imág«nes fastuo- 
sas, por su derroche de léxico"; pero taimpoco es eso naturalismo. 



•28 ¿EGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Antes da á entender ser naturalista por describir el pueblo y hacerle 
hablar á su propio lenguaje en La Tribuna, y la misma autora pide per- 
dón por ello. Pero, ¿es eso naturalismo? Cervantes, Quevedo, los au- 
tores picarescos fueron, entonces, naturailistas. Lo cierto es que Gon- 
zález Blanco confunde en todo su libro el naturailismo con el realismo, 
aunque teóricamente los distinga muy bien. Otro tanto le sucede á la 
Pardo Bazán. "Sólo Clarín es el Zola puro, el documentado, el recar- 
gado, si queréis ; el que abruma á datos, á citas realistas, si se me per- 
mite expresarme así ; el que viene á ser en la novela lo que al psicólo- 
go experimental en su rama, el naturailista á palo seco." ¿ Qué citas 
realistas son esas ? En La Regenta hallo yo un realismo sano ; hay de 
ordinario alegría y buen humor, socarronería, tipos de todas clases y 
los más agradables. Dadas estas cosas, ¿puede llamarse naturalista La 
Regenta? ¿No hay más datos realistas en la descripción de la hechi- 
•cera que hizo Cervantes en el Coloquio de los perros, ó en ila del co- 
rral de Monipodio? Sobre Palacio Valdés escribe: ^''La Espwna y La 
Fe son las novdlas imás naturalistas, no sólo en el sentido de más pro- 
lijas en descripciones, más osadas en los procedimientos, sino espe- 
cialmente por su concepto de más afrancesadas." Lo de prolijas será 
2olesco, por lo tardo, mas no por lio naturalista ; lo de osadas es cosa 
viejísima en España; lo de afrancesadas no lo entiendo^ pues también 
lo seudoclásico es afrancesado sin ser naturalista. Y añade: "En es- 
tas novelas es donde más se ve también el esfuerzo tenaz que distin- 
gue al naturalista... Es de los que toman el trabajo literario con la 
constants et perpetua voluntas que querían los romanos para el dere- 
cho..." Trabajar mticho las novelas no es de naturalistas sino de no- 
velistas serios; mostrarse el esfuerzo en las obras es de poco maño- 
sos: ni uno ni otro tienen que ver con d estilo artístico, naturalista 
ó de otro jaez. El naturalismo que Pardo Bazán trajo á España no es 
más que un realismo algo afrancesado, quiero decir, algo descocado, 
propio de la sociedad decadente y podrida de París, que sólo podían 
pailadear aquí por lo mordiente de su pimienta los medio afrancesados, 
medio decadentes, medio podridos y medio aparisados, digamos. La 
sustancia del naturalismo se la dejó allá. "Lo que no puedo ocul- 
tar, dijo el mismo Zola á Rodrigo Soriano en una interzáezc, es 
mi extrañeza de que lia señora Pardo Bazán sea católica ferviente, 
militante, y á la vez naturalista, y me lo explico sólo por tto que oigo 
decir de que el naturalismo de esa señora es puramente formal, artís- 
tico y literario." Y con razón, pues el naturalismo era sensualista, de- 
terminista, además de someter el arte á la ciencia, y nada de esto, sus- 
tancia propia del naturalismo, trajo Pardo Bazán. Ella misma dice en 
La Cuestión palpitante (9, 146) : "Copista de la naturaleza exterior, 
á curjo infhíjo atribuye las determinaciones del albedrío, Zola pos- 
pone sistemáticamente ese orden de verdades, que no están á flor de 
realidad, sino incrustadas, digámoslo así, en das entrañas de lo real, y 
por lo mismo sólo pueden ser descubiertas por ojos perspicaces y es- 



LA NOVELA Y LA CRITICA 2 9 

calpelos finísimos. No es que Zola no sea psicólogo; pero lo es ó la 
Condillac, negando la espontaneidad psíquica; por eso el método inte- 
riorista de Stendhal (psicológico) no acaba de satisfacerle." Bien cla- 
ro se ve aquí el determinismo zolesco, el sensualismo á lo Condillac, 
la pura fisiología á lo Qaudio Bernard, el antiespiritualismo de la 
novela naturalista. Quitado todo esto al naturalismo, éste queda con- 
vertido en realismo francés, el cual no es más que el realismo espa- 
ñol de siempre, sino que pinta una sociedad decadente y encenagada 
en porquerías. Digo, otro elemento del naturalismo de Zola, debido 
á su "ciencia mal digerida'', á ser "científico de afición", como dice 
Pardo Bazán, consistió en asentar su sistema "puramente artístico^* 
sobre ía base de leyes "rigurosamente científicas", lo cual era natural 
consecuencia de sus doctrinas deterministas y fisiológicas. La ciencia 
moderna soplaba demasiado recio y arrolló el arte en la persona de 
Zola. No menos arrolló á Taine, que, arrastrado de ella y Uevándo'.e 
al mismo determinismo, quiso explicar el arte por la teoría del am- 
biente, esto es, que la época crea al artista y la obra artística es hija- 
de ella. En el fondo hay algo de verdad, la mitad de ila verdad; la 
otra mitad es exagerado engaño ó error. La obra artística es á medias 
hija de su autor y á medias hija de su tiempo, porque el autor debe 
su arte, á medías, parte á su ingenio propio y parte á la época que 
moldeó su ingenio y le encarriló según los gustos y doctrinas reinan- 
tes á la sazón. A buen seguro que si Quevedo hubiera escrito medio 
siglo antes no hubiera sido conceptista y hubiera valido doble, y que 
si Juan de Valdés, según era amante de lo actual hubiera escrito en 
tiempo de Quevedo, se hubiera visto arrastrado del mal gusto; pera 
siempre Valdés se hubiera diferenciado de Quevedo y Quevedo de 
Valdés. Eil naturalismo fué hijo de la ciencia y reacción del cientifi- 
cismo curioso contra la incuria del romanticismo. Ni Racine ni Boi- 
leau mostraron tanto despego por la ciencia como Lamartine. Hugo, 
Musset, Dumas y Gautier, Zorrilla y Espronceda, como ya lo notó- 
Brunetiére en su Manuel de l'histoire de la litterature framqaise (1. 3, 
pág. 450). El romanticismo era un objetivismo subjetivo, una épica 
lírica, contra la cual salió la psicológica novela, que era una lírica 
objetiva. Contra todo esto, más ó menos subjetivo y psicológico, se- 
ajlzó el naturalismo en alas de la ciencia objetiva y determinista : "El 
supuesto método psicológico es radicalmente nulo en principio, decía 
Augusto Compte {Cours de philosophie positive, lecc. i)... La obser- 
vación interior engendra casi tantas opiniones divergentes como in- 
dividuos hay que se entregan á ellas. Los verdaderos sabios aún andan 
pidiendo que se les cite un solo descubrimiento real debido á este mé- 
todo tan ensailzado." Y Zola : "Igual determinismo debe regir la piedra 
del camino que el cerebro humano." "Tenemos Química y Física ex- 
perimentales ; en pos viene la Fisiología, y después, la novela experi- 
mental." "Cuando se demuestre que el cuerpo del hombre es una má- 
quina... habrá que pasar á sus actos pasionales é intelectuales, y en- 



3o SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

tonces penetraremos en los dominios que hasta hoy día acapararon la 
poesía y las bellas letras." De aquí ed intento de Zola, más científico 
que artístico, de '"mostrar y poner de relieve la bestia humana". Y así 
"en las novelas naturalistas apenas se estudia más que á la mujer se- 
xual, y sexual por imperiosos mandatos del organismo", dice A. Gon- 
zález Blanco. La hete humaine, Fecundidad, los mismos títulos de las 
novelas de Zola proclaman sus principios, más científicos que artísti- 
<:os. Sino que Zola era un artista y con esos principios dio vida al rea- 
lismo en Francia, cosa allí rara y contra el espíritu de raza; pero los 
mismos le llevaron á no pintar más que la realidad fea, las heces so- 
ciales, y así eil naturalismo exageró el lado feo de la vida, destruyendo 
la antigua concepción romántica. Por lo que el naturalismo tenía de 
realismo sano vivió, por él fué grande Daudet, y ese realismo es el 
que ha quedado, pasado Zola y la racha naturalista. En España él vino 
-á acicalar los aceros del realismo tradicionajl. Claudio Bernard : "En 
las artes y en las letras la personalidad lo domina todo. Allí se trata 
de una creación espcmtánea del espíritu, y eso nada tiene que ver con 
la comprobación de «los fenómenos naturales, en los cuales nuestro 
•espíritu nada debe crear." Zola: "Nosotros, los novelistas naturalistas, 
sometemos cada hecho á la observación y á la experiencia. El nove- 
lista se compone de un observador y un experimentador. En él, el ob- 
servador suministra los hechos tales como los ha observado, fija el 
putito de partida, establece el terreno sólido en que han de caminar 
los personajes. Después aparece el experimentador é instituye el ex- 
perimento; quiere decir, pone en movimiento á los personajes en una 
historia particular, para mostrar en ella que la sucesión de los hechos 
será tal como lo exige el determinismo de dos fenómenos sometidos 
á su estudio." Por supuesto, que eso no es experimento científico ; pero 
al imponer así al arte el método analítico, al estrechar dos dominios 
■de la imaginación en nombre de la verdad, cuyos límites desconoce, se 
muestra tan imail enterado de lo que es el arte como la ciencia. En 
•cambio, Claudio Bernard no sólo se m/uestra enterado de lo suyo, de la 
•ciencia, sino también del arte. Pardo Bazán, La Tribuna, pról. : "Tal vez 
no falte quien me acuse de haber pintado al pueblo con crudeza natura- 
dista. Responderé que si nuestro pueblo fuese igual ai que describen 
Goncourt y Zola, 3-0 podría meditar profundamente en la conveniencia ó 
inconveniencia de retratarlo; pero resuelta á ello, nunca seguiría la 
■escuela idealista ( !) de Trueba y de la insigne Fernán, que riñe con 
mis principios artísticos. Lícito es callar, pero no fingir. Afortunada- 
■mente, el pueblo que copiamos los que vivimos del lado de acá del Pi- 
xineo no se parece todavía, en buen hora lo digamos, al del dado de allá. 
Sin adolecer de optimista, puedo afirmar que la parte de pueblo que 
vi cerca cuando tracé estos estudios me sorprendió gratamente con las 
cualidades y virtudes que, á manera de agrestes renuevos de inculta 
planta, brotaban de él ante mis ojos. El método de análisis implacable 
que nos impone el arte moderno me ayudó á comprobar d. dolor del 



LA NOVELA Y LA CRÍTICA 3 1 

corazón, la generosidad sincera, el recto sentir que abiinda en nues- 
tro pueblo, mezclado con mil flaquezas, miserias y preocupaciones que 
á primera vista lo obscurecen. Ojaílá pudiese yo, siía caer en falso 
idealismo, patentizar esta belleza recóndita. No; los tipos dal pueblo 
español en general, y de la costa cantábrica en particular, no son aún, 
salvas fenomenales excepciones, los que se describen con terrible ver- 
dad en L'Assomnwir^ Genninie Lacertenx y otras obras, donde pare- 
ce que el novelista nos describe las abominaciones monstruosas de 
la Roma pagana, que, unidas á la barbarie más grosera, retoñan en el 
corazón de la Europa cristiana y civilizada. Y ya que, por dicha nues- 
tra, las faltas del pueblo que conocemos no rebasan de aquel límite á 
que raras veces deja de llegar da flaca decaída condición del hombre, 
pintémosle, si podemos, tal cual es, huyendo del patriarcalismo de 
Trueba como del socialismo humanitario de Sué y del método de 
cuantos, trocando dos frenos, atribuyen á Galiban las seductoras gra- 
cias de Ariel." M, Pelayo, Id. estét., t. V, pág. 479: "Del romanticis- 
mo salió Balzac, que fué contemporáneo de todos los escritores hasta 
aquí citados, y pasó de esta vida antes que la mayor parte de ellos. 
Pero así como el ilirismo romántico propiamente dicho termina en Al- 
fredo de Musset y en Th. Gautier, que inician caminos divergentes; 
asi como el teatro romántico termina propiamente en el fracaso de 
los Burgraves, para abrir puerta primero á la reacción clásica y luego 
á la comedia reailista, asi también con Balzac, romántico hasta la me- 
dula de los huesos en sus procedimientos y en su estilo, pero, al mismo 
tiempo, observador irr^lacable y anatómico feroz de la bestia hu- 
mana, levanta la cabeza la hovela realista, para sobreponerse en breve 
plazo á la noveila romántica." M. Pelayo, Id. estét., t. V, pág. 253: 
"Xunca he podido comprender la razón que pueden tener Zola y sus 
discípulos para decir que "las obras de Stendhal han determinado, 
"juntamente con las de Balzac, la evdución naturalista actual." Ra- 
zón literaria, quiero decir, pues de otro género ya sé que la tienen y 
está bien á la vista. Stendhal, en cuanto escritor brutal y cínico, se 
asemeja á los naturalistas por da predilección con que busca, estudia 
y representa toda fealdad moral, y también porque en fidosofía pro- 
fesa como ellos el mecanismo y el determinismo más groseros; porque 
excluye del alma humana todo afecto limpio y generoso. Esa será, 
sin duda, "la nota verdadera y nueva que Stendhal encontró en la 
"uovela", según expresión de Zola. El cual no tiene razón en añadir 
que Stendhail haya sido el primiero que ha visto al hombre "desnudo 
"del oropel de la Retórica y fuera de las conveniencias literarias y 
"sociales", porque Stendhal tiene su retórica propia, bastante fasti- 
diosa y monótona por cierto y no pueden darse personajes más con- 
vencionales, ó, por mejor decir, más imposibles, literaria y social- 
mente, que los suyos. El mismo Zola confiesa que son "curiosidades 
"cerebrales", y no otra cosa. Por otra parte, Stendhail, en sus novelas 
(no tanto en sus viajes) carece, no solamente de abundancia pinto- 



3a SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

resca, sino hasta de sentido de la realidad exterior. Y aunque no crea 
en Dios, ni en la espiritualidad del alma, ni en el deber moral, ni en 
otra cosa algxina, sino en el placer físico, procede en sus análisis, no 
como fisiólogo, sino como ideólogo; no como materialista de ahora, 
sino como materialista del siglo pasado, extraño á ilas ciencias experi- 
mentales y, por el contrario, muy familiarizado con los procedimien- 
tos de las matemáticas y de lo que llamaban "gramática general". La 
novela de Stendhal es, pues, un mundo aparte, tan lejano de la novela 
naturalista como puede serlo el Adolfo de Benjamín Constant. Tam- 
poco se encuentra en Stendhal el desprecio de la fábula complicada, 
que ha llegado á ser dogma entre <los naturalistas. Sus novelas tienen 
mucha acción y acción interesante ; sobre todo La Cartuja de Parma 
es una novela de aventuras, un verdadero embrollo, lleno de lances 
inesperados y sorprendentes, como los de un cuento de Bandello. Re- 
sulta, pues, que Stendhal, por cualquier lado que se le mire, no es rea- 
lista, en el moderno sentido de la pailabra, sino romúntico materialista, 
combinación rara, pero no única, puesto que se dio también en Méri- 
mée y algún otro." M. Pelayo, Obras de Pereda, t. I, pról. : "A decir 
verdad, eil calificativo de naturalista aplicado á la mayor parte de es- 
tos escritores (después de haber nombrado á Goncourt, Zola y Flau- 
bert), no tiene explicación plausible, sobre todo si se los estudia en el 
conjunto de sus obras. Por otra parte, muchos de ellos, aun aplicando 
los procedimientos naturalistas, eran casi idealistas en teoría, apare- 
ciendo sus principios y aficiones estéticas en abierta contradicción coa 
sus obras. Puede llamarse novela naturalista á Madame Bovary, pero 
no cabe duda de que Flaubert vivió y murió romántico impenitente, y 
nadie negará, por de contado, que La Tentación de San Antonio es 
obra de un desenfrenado idealismo y que Salambó pinta un mundo tan 
convencional y tan falso como el de cualquiera otra de las novelas 
con pretensión de históricas. De ila misma manera, sin negar que 
Germinie Lacerteux caiga bajo la jurisdicción de la escuela realista, 
puede dudarse y aun negarse que la supersticiosa y enfermiza adora- 
ción que los Goncourt profesan al calor (la cual idolatría, ya por sí 
sola, constituye un verdadero elemento idealista), encaje plenamente 
en la ortodoxia dte dos principios sostenidos con tanto aparato por 
Zola en sus libros de crítica. En cuanto á Daudet, los mismos natura- 
listas no le cuentan entre los suyos sino con muchas atenuaciones y 
distingos, teniéndole más bien por un aliado útil que por un parti- 
dario fervoroso. Y realmente, en los libros de Daudet no faltan figu- 
ras de convención ni deja de respirarse cierta atmósfera poética que 
los intransigentes de la escuela condenan con ios nombres de roman- 
ticismo y lirismo. De todo lo cual resulta que el único naturalista acé- 
rrimo y consecuente es Emilio Zola, puesto que sus discípulos apenas 
merecen nombrarse. Todo naturalista es realista si se mantiene fiel á 
los preceptos de su escuela; pero no todo realista es naturalista. Y 
así, V. gr., tratando de Pereda, todos dirán unánimes que es realista; 



LA NOVELA Y LA CRÍTICA 33 

pero muchos negarán, y yo con ellos, que deba contársele entre los Jia- 
turailistas por más que algunos de sus procedimientos de trabajo se 
asemejen á los que eraplea y preconiza la nueva escuela." J. Valera, 
Ecos argentinos: "Francamente, yo he creído siempre, y sigo cre- 
yendo, que una novela, corta ó larga, debe ser ilibro de pasatiempo 
y solaz... Yo estoy tan chapado á la antigua, que en dicho punto sigo 
siendo aristotélico, sin comprender por qué ha de llamar Goncourt 
obra de bajo entretenimiento á la que no exponga con su lectura, 
llena de negros horrores, á que mi digestión se turbe. Cosa endiablada 
me parece que se proponga un autor escribir novelas, no para darme 
buenos ratos, sino malos, y que la medida que yo tenga para estimar 
su talento esté en razón directa del mal rato ó del pesar que me da 
ail leerle. Tales cosas me parecen enormidades, y no sólo pugnan con 
toda la estética que yo había estudiado ó me había forjado, sino tam- 
bién con mi natural inclinación apacible, suave y algo inclinada al 
optimismo." 

Novelistas y cuentistas: Larmig (1873). Polo y Peyrolón (1873). 
José Martí (cub., 1875). José de Navarrete (1875). Vicente Arana 
(1876). Arturo Campión (1876). Enseñat (1876). Palacio Valdés (1876). 
Manuel Sanguily (cub., 1877). Miguel Cáné (arg., 1877). Federico La- 
fuente (1877). Ed. López Bago (1877). José Ortega Munilla (1878). 
José M. Matheu (1878). Waldo Insúa (1878). Teodoro Baró (1878). 
Rafael M." Carrasquilla (col., 1878). J. Octavio Picón (1878). Blanca 
de los Ríos (1878). Enr. Sepúlveda (1878). Ed. Wilde (arg., 1878). 
José de Siles (1879). E. Pardo Bazán (1879). Clarín (1879). Julia Aseti- 
si (1879). Lucio Vicente López (arg., 1879). José M. Manrique (venez., 
1879). Juan Menéndez Pidal (1880). José Zahonero (1881), Marco 
Fidel Suárez (1881). Pedro Jesús Solas (1881). Manuel Cubas (1881). 
Carlos Monsalve (arg., 1881). Gustavo Morales (i88i). Romualdo No- 
gués (1881). Man. Martínez Barrionuevo (1882). Nicolás Heredia 
(dom., 1882). Manuel Galván (dom., 1882). José Felipe del Pan (1882). 
Manuel Valcárcal (1882). Femando Soldevilla (1883). José Nakens 
(1883). Marqués de Figueroa (1883). Silverio Lanza (1883). Man. 
Díaz Rodríguez (venez., 1883). Vicente Grez (chil., 1883). Vic. García 
Valero (1883). Pompeyo Gener (1884). Juan A. Argerich (arg., 1884). 
Man. Díaz Martín (1884). P. Luis Coloma (1884). Ed. Acevedo Díaz 
(urug., 1884). Alvaro de da Iglesia (1884). Alf. Pérez Nieva (1885). 
Alejandro Sawa (1885). Luis Taboada (1885). Federico Urrecha (1885). 
Manuel Bernárdez (urug., 1885). Raimundo Cabrera (cub., 1885). Cla- 
ravana (1885). Conde de las Navas (1886). Ramón Meza (1886). Sofía 
Casanova (1886). José Rizal (filip., 1887). Cavia (18S7). Blasco Ibá- 
ñez (1887). 

Consúltense: David-Sauvageol, Le Réalisme et le natnralisnve dans 
la litt. et dans l'art, 1889. Gustave Reynier, Les origines du Román 
réáliste, París, 1913. F. Vézinet, Les maitres du rofinan espagnol con- 
temporain, París, 1907. Alberto Savine, El Naturalismo en España. 



34 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

J. Valera, Nuevo arte de escribir novelas (t. XXV de Obr. conupl.). 
José Alcázar, Del naturalismo en nuestra novela contemporánea, 
1882 (en Rev. Esp-, t. LXXXIV) ; ídem, Del naturalismo en nuestro 
teatro moderno (ibid., t. LXXX). Luis J. Vidart, La Novela en la 
edad moderna, 1871 (en Rev. Esp.) ; ídem, Recuerdos de una polémica 
acerca de la novela de D. J. Valera, 1876 (ibid.) ; ídem, La Literatura 
docente, 1879 (ibid.) ; ídem, El Naturalismo en el arte, 1882 (ibid.) ; 
ídem, Una teoría y un ejemplo, de do mismo, 1884 (ibid.). 

Hablando de ila crítica literaria describióla Rodó {El Mirador de 
Próspero, 1913, pág. 325) por estas palabras: "Del modo como la crí- 
tica es hoy muy lejos de limitarse á una descarnada manifestación del 
juicio, es el más vasto y complejo de los géneros literarios; rico mu- 
seo de la inteligencia y de la sensibilidad, donde, á favor de la am- 
plitud ilimitada de que no disponen dos géneros sujetos á una arqui- 
tectura retórica, se confunden el arte del historiador, ila observación 
del psicólogo, la doctrina del sabio, la imaginación del novelista, el 
subjetivismo del poeta... se hermanan la fecundidad y la gracia, ense- 
ñoreándose, cada día más, de los instrumentos que para ello son preci- 
sos : el criterio, reacio á todo yugo, lo mismo tradicional que nuevo ; 
la tolerancia, no sólo la que es luz espiritual, sino la que es cailor de 
sentimiento, penetrante fuerza de amor ; el interés fácil y vario, siem- 
pre pronto á acudir dondequiera que un alma piense, sienta ú obre ; 
la virtud de la expresión, inseparable de los matices del pensamiento 
y por tanto auxiliar eficaz de ila investigación y el análisis." Y Ana- 
tolio France : "La crítica es la última en orden cronológico de todas 
las formas literarias; acabará quizá por absorberúas á todas. Con- 
viene admirableiraente á una sociedad muy civilizada, cuyos recuerdos 
son ricos y cuyas tradiciones son ya viejas. Es idónea particularmente 
á una humanidad curiosa, sabia y culta. Para prosperar supone más 
cultura que da que exigen todas las demás formas literarias. Tuvo 
por creadores á Montaigne, á Saint Evremond, Bayle y Montesquieu. 
Procede á la vez de la Filosofía y de la Historia. Ha necesitado 
para desarrollarse tina época de absoluta áibertad intelectual. Reem- 
plaza á la Teología, y si se busca al doctor universal, al Santo Tomás 
de Aquino del siglo xix, ¿no hay que pensar en Sainte-Beuve?" £1 
crítico no ha de ser ni dogmático ni impresionista ; ha de ser filósofo 
forrado de historiador. Imparcial, sofocando sus propias preferencias, 
no tratando de hacer obra de arte cuanto á comunicar á otro perso- 
nales impresiones, ha de elevarse por la filosofía á dos principios eter- 
nos del arte y ha de aquilatar las obras ail contraste de la historia del 
mismo arte. Al través de mis nervios intitula Fray Candil algunas de 
sus críticas. ¡ Cuailquiera diría que habla Apolo, cuyos nervios deben 
ser la norma de lo estético! ¿Y qué con que crispe alguna poesía los 
nervios de Fray Candil ó que se los bañe en deleite ? De Azorín dicen 
muchos que des ha dado á conocer los clásicos antiguos, cuando el 
mismo Azorín sabe muy bien que lo que sobre ellos ha escrito han sido 



LA NOVELA Y LA CRÍTICA 35 

fantasías ó narraciones como sobre un tema, tomando á veces para 
hacerlas más subjetivas é impresionistas el rábano por las hojas. 
¿Cómo vamos á tomar en veras lo de que no hemos tenido clásicos y 
lo de que el teatro español no vale nada? De los críticos amargos y 
viboreznos que sólo saben morder hasta á los maestros, sin gozar de 
lo bueno que tienen, baste decir que hacen lo que aquel que menos- 
preciaba la catedral! de Toledo porque no veía más que las esquinas 
descantilladas junto al suelo de algunas de sus columnas. El crítico 
es el que sabe gozar Ja obra de arte y sabe comunicar su goce á los 
demás. Otros juzgan las obras antiguas con ojos modernos, sin caer 
en la cuenta de que sus propias obras modernas, entre ellas sus cri- 
ticas, han de ser antiguas también pronto, y cuanto más subjetivas ó 
conformes á la moda actual, lo han de ser más presto. La objetividad 
lleva consigo algo de eterno; efímero es lio que sólo gusta por estar 
de moda. Mal patrón la moda para juzgar lo viejo y aun para juzgar 
lo nuevo. El afán de alabar á dos que conocemos por no disgustarles, 
nos hace prorrumpir otras veces en los mayores disparates, menos- 
preciando todo principio estético admitido siempre por los que entien- 
den de arte y convirtiendo la libertad íiteraria en libertinaje y la j»usta 
y discreta alabanza en bombo retumbante. No es posible, según los 
principios eternos de la estética, alabar sino muy relativamente ciertas 
escuelas de hoy, que llevan por lema común el de modernismo ; eso 
sería alabar hoy las oscuridades, logogrifos y extravagancias que todo 
el mUndo ha vituperado siempre en los autores de la decadencia ale- 
jandrina, romana y española del siglo xvii. Si aquello fué malo, malo 
es esto, y fea es la nota modernista, si fea fué la culterana. Se moles- 
tarán los modernistas, pero la crítica no se atiene á lias modas, aunque 
vengan de París. La crítica de los autores vivos es dificultosa, peli- 
grosa y aventurada. Al critico le toca decir ilo que decir debieran los 
autores con autocríticas verídicas; como generalmente los autores se 
callan, contentándose con darnos su obra, tiene que haber críticos 
que les sustituyan, que hagan sus veces, y estudiando su obra, su vida 
y la historia literaria de su tiempo y del pasado, desentrañen hasta 
sus raíces la obra artística. Si los autores hablaran y escribieran su 
autocrítica verídica no hacían falta los críticos. Ahora que una verí- 
dica autocrítica es todavía más dificultosa de hacer que una crítica 
ajena. Mal conocemos al prójimo, pero peor nos conocemos á nos- 
otros mismos. Aun en lo que el autor se conoce, de temer es que se 
calle lo que no le cumple, si no es un San Agustín ó una Santa Te- 
resa. Eso que no ile cumple al autor y que no diría en su autocrítica 
es cabalmente lo más digno de saberse y lo que más particularmente 
ha de descubrir el crítico; y en descubriéndolo el crítico, ¿con qué 
ojos de saña y malquerencia no le mirará el autor menos pagado de 
sí, viendo que le saca los trapillos todos á la colada? Empresa peli- 
grosa si acierta; dificultosa y aventurada de acertar. 



36 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Críticos: Pablo Groussac (1872). M. Menéndez Pelayo (1876), Luis 
Carmena (1878). José de Laserna (1878). Clarín (1879). E. Pardo Ba- 
zán (1879). Martín García Mérou (arg., 1880). Francos Rodríguez 
(1881). Ángel Caamaño (1881). Ant. Peña y Goñi (1881), Luis Bona- 
foux (1882). Ant. Cortón (1883). Ant. Valbuena (1883). Em. Bobadi- 
Ua (cub., 1884). Aurelio Mitjans (1884). P. Conrado Kluíños (1885). 
José Yxart (1886). Ant. Gómez Restrepo (col., 1886). Fernán Flor 
(1886). 

Historiadores y eruditos: F.co Rodríguez Marín (1875). Enrique 
de Leguina (1875). Rodrigo Amador de dos Ríos (1875). Ríe. Beltrán 
y Róspide (1876). F.co de BofaruU (1876). Joaquín Costa (1876). M. 
Menéndez y Pelayo (1876). José Montero y Vidal (1876). F.co Silvela 
(1876). F.co R. Uhagón (1876). Joaquín Rubio y Ors (1877). Andrés 
Baquero (1877). F.co Barado (1878). F.co Fernández Bethencourt 
(1878). José -Toribio Medina (chil, 1878). Lorenzo Montufar (gua- 
tem., 1878). Juan Ortega y Rubio (1878). Rafael Ramírez de Arellano 
(1878). Blanca de ilos Ríos (1878). Ed. Saavedra (1878). Salvador Sam- 
pere Miquel (1878). Alberto del Solar (chil, 1879). Ant. Rubio y Lluch 
(1879). Benigno T. Martínez (urug., 1879). Ríe. Monner y iSans (1879). 
F.co Baraibar (1880). Bernardo Barreiro (1880). D. Figarala Caneda 
(cub., 1880). Est. Jaime Labairu (1880). Juan Pérez de Guzmán y 
Boza (1880). Juan Menéndez Pidal (1880). Miguel Mir (1880). Rafael 
Ureña (1880). Wenc. Ramírez de Víllaurrutia (1881). Ant. Machado 
y Alvarez (1881). Ant. Blázquez (1881). Man. Danvila (i88i). Alej. 
Guichot (1882). J. Fernández Montaña (1882). José Ramón Mélida 
(1882). Conde de la Vinaza (1882). José Sanchís Sivera (1882). Julio 
Somoza (1883). Emiliano Isaza (col., 1883). Arturo Masriera (1883). 
Juan Moraleda (1883). José Gestoso (1883). Ángel del Arco (1884). 
José de Armas (cub., 1884). Ant. Paz y Melia (1884). P. Eugenio 
Uriarte (1885). Canlos Roxlo (urug., 1885). José A. Rodríguez Gar- 
cía (cub., 1885). Miguel Luis Amunáteguí (chil., 1885). Ricardo Cappa 
(1885). Conde de Cedillo (1886). Em. Cotarelo (1886). Eug. Escobar 
(1886). F.co p. Valladar (1886). Marcelo Maclas (1887). Jorge Hu- 
neeus Gana (chil,, 1887). Cristóbal Pérez Pastor (1887). Estelrich 
(1887). 

7. Año i8yo. Ricardo de la Vega (1839-1910), madrile- 
ño, hijo del poeta y autor dramático Ventura y padre de ocho 
hijos, tres varones y cinco niñas; de ellos, Enrique, autor dra- 
mático. Fué auxiliar del Ministerio de Fomento á los veinticin- 
co años y falleció jubilado como jefe de la sección de Bellas 
Artes en el de Instrucción Pública. Después de Ramón de la 
Cruz no se habia visto mejor sainetero, aventajándole en que, 
en vez de presentar tipos específicos, á la manera de Moliere, 




AUTORES DEL GENERO CHICO 

I. Eusebio Blasco. — 2. José López Silva. — j. Carlos Fernández Shaw. — 4. Ricardo 
de la Vega. — 5. Tomás Luceño. — 6. Miguel Ramos Carrión. 



S. XIX, 1870. RICARDO DE LA VEGA 3y 

como la castañera, que siempre es la misma dondequiera que 
Ramón de la Cruz la saque, Ricardo de la Vega presenta per- 
sonajes particulares, cada uno con su propio carácter, según 
lo hacían nuestros antiguos entremesistas, y todos copiados 
del pueblo madrileño. Sus libretos de zarzuela y juguetes líri- 
cos, salados y retozones; sus comedias ligeras, chispeantes, de 
socarronería zumbona, de picante regocijado, contrastaban con 
el trágico serio y espeluznante, carilargo y mohíno del teatro 
át Echegaray, á quien satirizó en La Abuela, y con lo empa- 
cado y académico del teatro de su padre. Ricardo ni vivió entre 
la aristocracia, ni bebió en fuentes francesas, ni escribió para un 
solo intérprete consumado, como le sucedió á su padre don 
Ventura. Fué Ricardo enteramente castizo y madrileño puro, 
retrató al pueblo en sus costumbres, maneras y lenguaje. Como 
este género de teatro es el verdaderamente nacional y eterno, 
es Ricardo de la Vega uno de los miejores dramaturgos nacio- 
nales de todos los tiempos. Comenzó su carrera teatral con una 
piececilla en 1859; pero su gran nombradla viene desde 1870, 
habiendo triunfado en las tablas durante treinta años, ya que 
en 1909 celebró sus bodas de oro con el teatro. Famosos fueron 
los Cuatro sacristanes, revista bufopolitica (1875), y la come- 
dia chistosa El Perro del capitán fué aplaudidísima ; pero lo 
que le hizo incomparable fué el saínete, que era su género pro- 
pio. Todo Madrid fué á Variedades á ver el primero: Provi- 
dencias judiciales (1875); pero todavía subió más alta su fama 
con Los Baños del Manzanares (1875) y A la puerta de la igle- 
sia (1876), refundido después con música y titulado A casarse 
tocan (1889); La Función de mi pueblo, En busca del diputado, 
Acompaño á usted en el sentimiento, Vega, peluquero y La 
Canción de la Lola (1880), obra maestra. El saínete de Ricardo 
de la Vega es un solo acto, un solo cuadro y en verso, que siem- 
pre en él es castizo, gracioso y fluido. Después de 1880 los es- 
cribió en dos actos, complicando más la acción, según pedía el 
gusto de la época. Así De Getafe al Paraíso ó la Familia del 
Tío Maroma (1883), Bonitas están las leyes ó la viuda del in- 
terfecto (1890), El Barón de Tronco-Verde (1890). Pero toda- 
vía en esta segunda época hízolos de un acto, como Pepa la fres- 
cachona ó el colegial desenvuelto (1886), La Verbena de la 



38 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Paloma (1894), acaso el mejor de los suyos, la cima de su arte 
y de la música que le puso Bretón. 

Tomás Luceño y Becerra (n. 1884-), de Madrid, cuando 
había ya veinte años que nadie escribía saínetes, menospre- 
ciados como obra de menor cuantía, escribió uno: Cuadros al 
fresco, que estrenó en 1870 la compañía de Emilio Mario, con 
tan buen suceso, que se alentó á proseguir. Fué secretario par- 
ticular, hasta su muerte, de Adelardo López de Avala, y de 
siete ministros de Ultramar, taquígrafo del Senado cuaren'.a 
años y se jubiló en 191 1. Publicó Memorias... á la familia 
(1905), Romances y otros excesos. Buen literato, de correcto 
estilo y castizo lenguaje; estudió é imitó demasiado á Ramón 
de la Cruz, ya que hizo sus saínetes como él los hacía, y no fué 
poco para su tieniípo. Son, pues, pasillos cómicos sin intriga ó 
pensamiento ingenioso que trabe y dé armazón á tipos y diálo- 
gos, que presenta con gracia y vida. Cayó, con todo eso, á ve- 
ces, en el defecto común del género chico, empedrando de chis- 
tes y chocarrerías hasta algunas de sus más celebradas obras, 
como Amén ó el ilustre enfermo. 

Eduardo Navarro Gkdnzalvo (t 1902), valenciano, direc- 
tor de La Careta (1872) y Los Madriles, había en su mocedad 
pertenecido al periodismo radical en La Igualdad y El Com- 
bate, ideas que llevó m,ás tarde al teatro en revistas políticas, 
verdaderos trabajos periodísticos dialogados, género en que so- 
bresalió, cultivando la parodia y la caricatura política. Fueron 
muy aplaudidas sus revistas, sobre todo Los Bandos de Villa- 
frita, El Puesto de las castañas y La Tertulia de Mateo. Pre^ 
tendió hacer comedias y juguetes, pero jamás atinó. Su prime- 
ra obra, Macarronini /, se hizo poco antes de llegar Amadeo 
(Dic. 1870) en el teatro de Calderón, y fué muy bien recibida, 
hasta que una noche entró la partida de la porra, que la em- 
prendió contra bastidores y cómicos, los cuales se refugiaron 
con el autor en la redacción de El Combate. 



8. Ric. de lia Vega, El Liberal, abril 1894: "Entré en Fomento ! y 
me dejó cesante Ruiz Zorrilla." Benot : "Para el saínete moderno, es- 
I>ecialmente como lo entiende y maneja don Ricardo de la Vega, lo 
principal es la fábutla; lo secundario, aunque importantísimo (impor- 
tantísimo, sí, aunque no de esencia), es el espectáculo... Goya nos re- 



S. XIX, 1870. RICARDO DE LA VEGA Sq 

trata inmóviles los tipos populares que ile plugo inmortalizar. Cruz 
nos los presenta con movimiento y con habla y lenguaje propio. Vega, 
en el saínete moderno, nos revela, además, con qué fin se mueven y 
por qué razones hablan. Los saínetes de este ingenio felicísimo son 
fábulas de potente inventiva, sobre espléndidos hechos de la vida real. 
Lo principail es en todos ellos la invención, sin la que serían imposibles 
las situaciones ni el desarrollo de las fábulas. Lo secundario, aunque 
importantísimo, es el fondo escénico del cuadro." Yxart, Arte escén., 
pág. 107: "Todo en él me parece vivo y reail; todo fresco, agradable 
y sentido. El género en aquella forma es la única muestra íntegra y 
aceptable del género cómico castellano en la actualidad..." Y hablando 
de La Verbena de la Paloma (pág. 112): "Para el espectador atento 
queda ajl final el recuerdo vivo de tres tipos magistralmente apunta- 
dos : la tía deslenguada, el holgazán sentencioso y el galán enamorado, 
impetuoso é inquieto de veras, como no le hay en muchos dramas. Y 
en torno de ilos tres, ¡ el bullicio y la vida de un pueblo altivo y señoril, 
ni contaminado ni puilido por la industria contemporánea con sus fie- 
bres, que gastan, pero que también ref inan ! La Verbena de la Paloma, 
sin chistes de autor, con su ambiente de vida real y popular, con su 
espontaneidad y ligereza, es un verdadero saínete tradicional: lo que 
diez años atrás llamaban los naturalistas franceses une tranche de vie, 
llevada al teatro." R. de la Vega: Frasquito, zarz., 1859. El Paciente 
Job, zarz., mus. de Trist. Oudrid, 1870. Una noche en el Retiro, zarz. 
fantásticoinfantil, mus. de Reparaz, 1873. Providencias judiciales, 1875. 
Los Baños de Manzanares, 1875. Cuatro sacristanes, revista bufopolíti- 
ca, 1875. La Muerte de los cuatro sacristanes, 1876. Una jaula de locos, 
rev. políticoperiódica, mus. Caballero, 1876. A las puertas de la iglesia, 
1876. Café de la libertad, 1876. Vega, peluquero, 1877. A los toros, 
rev. taurina, mus. Chueca y Vajlverde, 1877. La Función de mi pue- 
blo, mus. de Chueca, 1878. Acompaño á V. en el sentim,iento, 1878. 
La Quinta de la Esperanza, ópera semibufopolíticoseria, 1879. La 
Canción de la Lola, imús. de Valverde y Chueca, 1880, 1889, 1892. De 
Getafe al Paraíso ó la Familia del Tío Maroma, mus. de Barbieri, 
1883. Sanguijuelas del Estado, 1883. La Abuela, mus. de Chueca y Val- 
verde, 1884. Novillos en Polvoranca ó las hijas de Paco Ternero, mus. 
de Barbieri, 1885, 1901. Pepa la frescachona ó el colegial desenvuelto, 
1886, 1888. A casarse tocan ó la misa á grande orquesta, mus. de Cha- 
pí, 1889. El Año pasado por agua, rev., imús. de Chueca y Valverde, 
1890. Bonitas están las leyes ó l-a viuda del interfecto, 1890. El Señor 
Luis el Tumbón ó despacho de huevos frescos, mus. de Barbieri, 1891, 
1894. El Tercer aniversario ó la viuda de Napoleón, 1892. La Verbena 
de la Paloma ó el boticario y las chidapas y celos mal reprimidos, mus. 
de T. Bretón, 1894, 1898. Al fin se casa la Nieves ó vamonos á la ven- 
ia del Grajo, mlús. de Bretón, 1895. Aquí va haber algo gordo ó la casa 
de los escándalos, nnús. de Jer. Giménez, 1897. Amor engendra desdi- 
chas ó el guapo y el feo y verduleras honradas, mus. de J. Giménez, 



40 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

1899; refundida, 1909. El Barón de Tronco^Vcrde, 1890, 1900. La Pre- 
sidenta del Supremo ó siempre de buen humor (arreglo del fr.), 1903. 
El Domingo gordo ó las tres dantas curiosas, mus. de Chapí, El Galán 
incógnito, zarz. El Señor Matías el barbero ó la corrida de beneficen- 
cia. El Rosicler. Sociedad de baile. El Perro del capitán. Ricardo de 
la Vega, Teatro moderno, t. III, Madrid, 1894, con prólogo de Eduar- 
do Benot. 

Luceño, El Liberal, 16 Marzo 1894: "Estudié para ingeniero | con 
resultados brillantes, | pero no me examiné | porque no iba nunca á 
clase, I y porque las Matemáticas | nunca lograron entrarme; | a)l lle- 
gar á los quebrados | sentía un horror mtuy grande. | Después para di- 
plomático, I para abogado más tarde, | para Estado Mayor luego, ¡ y 
luego... el demonio lo sabe... | No debo nada, y si debo, | que esperen 
á que lo pague, | porque á mí también me deben | y no lo reclamo á 
nadie." Luceño, ciego por Ramón de la Cruz, á pesar de su vasta cul- 
tura, no ha comprendido por qué gustando sus obras á (los literatos no 
han tenido resonancia en el público, el cual, ciertamente, se ríe y 
goza durante ila representación, viendo tipos vivos que entablan gra- 
ciosos diálogos ; pero al ver que cae el telón sin hnber pasado nada, 
patea, defraudado en lo que esperaba y no llegó. Tal le pasó en Un 
domingo en el Rastro, hecho que él anismo vio por sus propios ojos. 
Ricardo de la Vega lo entendió mejor haciendo obras con asunto de 
comedia y tipos de saínete. No bastan Jindas escenas llenas de vida y 
donaire; menester es algún fondo que interese, menester es que pase 
algo. P. Blanco : "En el efecto cómico, el chiste inesperado y la nota 
patriótica y popular, sin vailerse, por lo común, de recursos ilícitos y 
groseros." Yxart, Arte escén., t. II, pág. 119: "El diálogo de El Ilus^ 
tre enfermo no es la penosa ó fácil ilabor del artista que aspira á la 
mayor ingenuidad y á la festiva naturalidad de una conversación ani- 
mada y que acaba por desternillar de risa, no con chistes sobrepuestos, 
sino con la gracia natural que se traen consigo las situaciones ó los 
personajes. Nada de esto. El saínete de Luceño consiste, desde que 
empieza hasta que acaba, en una serie de ocurrencias del autor, que 
las va colgando donde puede sin congruencia ailguna ; en unos cuantos 
disparates gramaticales ó de sentido (el desdichado recurso común) 
y una retahila de frases para que el público se ría, quieras que no, 
aimque no se entere de lo que pasa. Es la manera de entender lo có- 
mico que usa hoy la inmensa mayoría de esos señores: el verbalismo 
aplicado á 'la risa ; la caricatura del diálogo, sin semblante alguno de 
vida, dislocado, contorsionado, degradado hasta recordar el de los 
clowns en circo ecuestre." 

Cuadros al fresco, 1870. El Teatro moderno, 1870. El Arte por las 
nubes, 1870. Enfermedades reinantes, 1872. Juicio de exenciones, 1879. 
/A perro chico!, 1880. Un domingo en el Rastro, 1881. Fiesta nacional, 
1882. ¡Hoy sale, hoy!, 1884. ¡Bateo, bateo! Pavo y turrón. El Corral 
de las comedias, 1885. Ultramarinos, 1886. Los Portales de la plaza. 



S. XIX, 1870. JOSÉ GUALBERTO PADILLA 4 1 

¡Amén! ó el ilustre enfermo, 1890. Las Recomendaciones, 1892. Ca- 
rranca y Compañía, 1893. Los Lunes de "El Imparcial" , 1895. La 
Noche de "El Trovador", 1896. La Niña del estanquero, 1896, 1897. Un 
tío vivo. La Comedianta fanwsa, 1908. El Rival de si mismo (con Fed. 
Reparaz), 1909. ¿Cuántas, calentitas, cuántas?, 1910. Fraile fingido 
(música de Bretón). "El Progreso evolutivo", tienda de comestibles. 
¡Viva el difunto!, sain., 1916 Libros: Memorias... á la familia. Ro- 
mances y otros excesos. 

Navarro y Gonzalvo, El Liberal, 5 Marzo 1894: "Siendo mi fortuna 
escasa, | su&Io no tener dinero ¡ ni en el bolsillo ni en casa; ¡ pero esto 
en Madrid le pasa | á cualquiera caballero." Véase, sobre Macarroni- 
ni I, una polémica en F. Flores García, Recuerdos de la Revolución, 
1913, pág. 140. E, Nav. Gonzalvo: Macarronini I, 1870. Por un des- 
cuido, jug., 1873. Llegar á tiempo, 1873. Juan de Leyden, 1874. El que 
espera, desespera, 1874. Con V y con S, 1874. Sombras chinescas, 
1874. Cuestión de ochavos, 1875. La Frase fatal, 1875. Dudas y som- 
bras, 1875. Un lío, 1876. Un joven simpático, 1878. Dos horas de an- 
gustia, jug., 1879. Diamantes americanos, id. (con Man. Arenas), 1885. 
Tannhauser estanquero y Tannhauser cesante, zarzuelas, 1890. Casa 
de huéspedes, sain., 1891. Los Kurdones, jug., 1891. La Deseada, 189T. 
Salú y suerte (con C Navarro), 1892. El Ramillete (con A. Ramos), 
1893. El Guirigay, 1894. La Avaricia rompe el saco, 1894. La Merien- 
da, 1894. Figuritas de barro, 1895. A perra chica, 1895. De doce á 
dos, 1897. Aún hay patria, Veremundo, 1898. Los Monigotes del chico, 
1901. La Maestra, rev., 1901 (con Pío Silven). 



9. Año 1 8 y o. José Gualberto Padilla (i 829- i 896), de 
San Juan de Puerto Rico, por seud. El Caribe, estudió en 
Santiago de Galicia (1844) y Barcelona (1846), hasta doctorar- 
se en Medicina, profesión que ejerció en su tierra desde que á 
ella volvió (1858), con abnegación y sabiduría, escribiendo en 
sus viajes, sobre la cabalgadura, poesías de variada entonación 
y metros, sobresaliendo en la sátira benigna, según su natural 
ahidalgado y generoso, bien que pulverizando á los atrevidos 
soberbiosos, con su chispeante ingenio ; y no menos en la fábula 
y en la elegía. Tuvo maravillosa afluencia versificadora, natu- 
ralidad, elegancia, vis cómicosatírica y maneja el tesoro del 
idioma con soltura, despilfarro y donaire. Acaso le gane en lo 
humorístico Batres Jáuregui ; pero véncele en riqueza de voca- 
bulario castizo. Fué de los más sobresalientes satíricos ameri- 
canos y tiene trozos que pueden parearse con los mejores que 
en España se escribieron durante el siglo xix. 



42 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Joaquín ]\I.* Bartrina y de Aixemús (1850-1880), de 
Reus, poeta materialista y misantrópico, reflejó las ideas y la 
dolorosa conciencia moral de la época revolucionaria en sus 
cantos amargos, de cínico humorismo, sardónica risotada. Can- 
tó los descubrimientos científicos y explicó á lo materialista 
hasta lo espiritual. Leyéndole como si hablase en broma para 
burlarse de lo que en serio afirma, cae en gracia y se parece 
á Núñez de Arce; pero la gracia entonces está en la ironía que 
acaso ponemos nosotros donde él no la pensaba poner. 

Eloy Perillán Buxó (1848-1889), de Valladolid, hijo de 
médico militar, aventurero desde los veinte de su edad, re- 
corrió las Repúblicas hispanoamericanas, tuvo cátedra de Li- 
teratura en Montevideo (1874), fundó tres años después en 
Lima La Broma; fué fecundo dramático y firmó con los seu- 
dónimos Pedro Illán, El Bachiller Juan de Lima, Lucrecio 
M están y aun con el de Eva Canel, nomfbre de su esposa. Vuel- 
to á Madrid, fundó el periódico satírico La Broma, donde de- 
rrochó ingenio, y otra vez partióse á América, falleciendo en 
la Habana. 

Alfonso M.^ Maldonado (n. 1849), mejicano, escribió 
cuentos, leyendas y la novela histórica sobre la época del Im- 
perio (1862-67) Nobles y Plebeyos. 

Joaquín Arcadio Pagaza (n. 1839-), mejicano, obispo de 
Veracruz, poeta delicado, bucólico, tradujo admirablemente el 
poema latino de Landivar Rusticatio mexicana y á Horacio, 
conservando todo su sabor. Compuso muchos sonetos y publicó 
Murmurios de la selva, ensayos poéticos, Méjico, 1887. Ultimas 
trovas. 

Martín Coronado (n. 1850-), de Buenos Aires, discípulo, 
como R. Obligado, de Echeverría, y admirador de La Cautiva; 
romántico, por consiguiente, pero más violento, verboso, de- 
clamatorio, de fulgurante lirismo, cualidades tan contrarias á 
la suavidad y penumbrosa luz de Obligado, escribió también 
epigramas y poesías jocosas, como poeta de circunstancias. 
Pero brilló más por la pintura dramática de acaecimientos con- 
temporáneos, como Los Hijos de la Pampa y Angela, obras lle- 
nas de pasión, muy semejantes en la manera á las de Ricardo 
Gutiérrez. Hizo después algunos de los mejores dramas criollos 



S. XIX, 1870. ELOY PERILLÁN BUXÓ 43 

de su tierra, La Rosa blanca (1877), Luz de luna y luz de in- 
cendio (1878), obras de fuerte realismo. Pasan de 15 sus> 
dramas. 

10. Entre las obras satíricas de El Caribe son notables las que 
el amor á su patria le llevó á escribir, saliendo por ella en singular po- 
lémica con Manuel del Palacio, el cuail, después de agasajado extre- 
madamente en su destierro de Puerto Rico, vuelto á Madrid, se deja 
decir chistes de mal gusto contra ila isla. Padilla llevaba la razón de 
su parte, y no sólo por ella, sino por su vis cómica, dejó maltrecho á 
su contrincante, haciendo poesías mucho mejores que las de él. En 
El Duende había rebatido á otro andaluz que en Puerto Rico hacía 
de matón literario. Las mejores elegías las escribió en memoria de su 
madre. Dejó comenzado un hermoso poema descriptivo sobre la isla. 
Recogió sus poesías La Hija del Caribe, única que sobrevivió de la 
familia, y es persona muy culta y poetisa excelente, en dos tomos edi- 
tados sin fecha en París, á poco de morir el autor: Poesías completas: 
En el Combate, con prólogo de M. F. Juncos, y Rosas de Pasión^ 
M. F. Juncos : "Aunque las aficiones y las aptitudes especiales del 
doctor Padilla le llevaban con frecuencia ail género festivo, en el que 
su vis cómica y su ingenio fluían jugueteando en versos magistrales,, 
de tal precisión y naturalidad, que parecía difícil expresar bien la 
misma idea con otras pa/labras, dominaba perfectamente todos los de- 
más tonos de la lírica... En el apólogo llegó á una grande perfección." 

J. M. Bartrina, Páginas de amor. Algo, poesías, 1876, 1892 (5." ed.). 
De omni re scibili Epístola. La Danza de las camelias, zarz. El Nuevcp 
Tenorio (con Rosendo Arderíus), 1885. Obras en prosa y verso, póst., 
Barcelona, 1881. Versos y prosa, ibid. (1900). Perpetuines, 1909. M. 
Pelayo: "Bartrina tenía verdadero ingenio (mucho más que juicio y 
gusto), pero versificaba mal y escribía incorrectamente." 

Perillán Buxó, obras dramáticas en un acto : El Ultimo figurín, 
comedia en verso. Parientes y trastos viejos, id. La Sortija de pelo, id.,. 

1870. / Y todo por un simón !, id., 1870. Un millón y dos estrellas, id., 

1871. ¡Esto se complica!, id. El Do de pecho, id. Las tres D D D, id. 
La Berlina del doctor, en prosa. El Loco en sti casa, id. Un viejo 
verde, id. La Guía de forasteros, id. El Melón del diputado, caricat. 
escén., 1881. Roma y Cartago, id. Eclipse de luna, id. El Ramo de 
hlas^ id. ¡Papá!, id. El Tren correo, id. La Lista grande, en prosa. 
La Huelga de los maridos, id. El Cisco de Retama, id. El Amor y el 
cornetín, en verso. Un secreto entre mujeres, id. El Cometa en el 
Retiro, id. Boda y media, id. Una crisis conyugal, id. El Ideal de la 
niña, id., arreglo. Las Llaves de San Pedro, en prosa. Armonías con- 
yugales, en verso. La Antesala del ministro, id. Un tnadero con ojos,. 
ídem. La Ciega del Escorial^ drama en verso. ¿Qué será, qué no será?, 
comedia en verso. Pico de oro, id. Apuros de un candidato, en prosa. 



44 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

Las Macetas^ monólogo en verso, 18S4. De Miraflorcs y á prueba, diá- 
logo en verso. Naranjas y limones, comedia en verso. En más de un 
acto: El Sitio de París, drama en cuatro actos, en colaboración con 
don Pedro Marquina, 1871. El Espejo del alma, comedia en tres actos. 
Don Robustiano, id. en dos actos y en prosa. Las Hijas de la noche, 
ídem de magia, .en tres actos y en verso. Los Diamantes falsos, id. en 
tres actos y en verso. Colón, Cortes y Pizarra, 1871. León Manso, ídem 
en dos actos y en verso. Zarzuelas: El Chispero, en tres actos y en 
verso. El Bautizo de mi hijo, en tres actos y en verso, música de los 
maestros Arche y Bretón. La Copa de plata, en dos actos y en verso, 
en colaboración con los señores Pina Domínguez y Pastorfido, música 
del maestro Levasseur, 1873. La Huérfana, en un acto y en ver- 
so, música del maestro Vilamala, 1873. ¡Bruto!, en id. id., música 
del maestro Rogel. Apolo y Apeles, en id. id., música del maestro 
Vilamala, 1873. Una cana al aire, en id. id., música ded maestro 
Rogel. Hatchis, revista políticosocial en dos actos y en verso, mú- 
sica de los maestros Rubio y Espina, 1884?. Los Matadores^ pro- 
grama políticotaurino en un acto y en verso, en colaboración con don 
José Jackson V.eyán, música del maestro Rubio, 1884. Obras no dra- 
máticas: Retratos de cuerpo entero. Biografías de hombres políticos. 
La Guerra francoprusiana. Dramas sangrientos. Las emociones de un 
chino, traducido de M. L. Gozlan. Mentiras y verdades. La Campani- 
lla del diablo. Cartas á Elena. Los Bohemios de Madrid. Pecados ve- 
niales. Cachivaches de hogaño. La Boda del niño, cuento en verso. La 
Democracia, traducido de monseñor Guilbert, prólogo de don Emilio 
Castelar. La Política del hambre, 1882. Almanaque de la Broma, 1883. 
Pelos y señales, crítica del poema de Núñez de Arce Maruja, 1886. Un 
año en Bolivia. ¡ Cásate, Pancho .', novela humorística. Bengalas, co- 
lección de novelas, 1887, 1912. El Maldito ó un río de oro, melodrama, 
1887. Obras dramáticas en América: La caja de Pandora, revista del 
Perú en 1877. El Gran pleito. José Olaya. Los Compadres. ¡Muerto en 
vida!, drama en un acto y en verso. José Miguel Carrera, drama en 
tres actos y en verso. Patriotas y Talaveras, id. en cuatro actos. El 
Sitio de Chillan, id. en tres actos. Bernardo O'Higgins^ id. id. La De- 
fensa de Talca, id. id. La Zamacueca, zarzuela en un acto y en verso. 
El Bajá de Mclipilla, juguete en un acto y en verso. Rosita la Chilla- 
neja, semizarzuela en un acto y en verso. 

Obras de Maldonado, t. I : Cuentos y narraciones, México, 1908 
(t. LXII de la Bibl. Aittor. Mexic); t. II: Nobles y plebeyos, nov. 
hist., ibid., 1910 (t. LXIV de- la Bibl. Autor. Mexic); t. III, Cuentos 
y narraciones, ibid., 1910 (t. LXX de la misma). 

Martín García Mérou, Recuerdos Liter., 1915, pág. 271: "Coro- 
nado es más violento, apasionado, más mezclado á la lucha de las 
ideas y dos sentimientos modernos. Su estilo verboso, elocuente, lleno 
de lirismo y de fulguraciones, se presta para los cantos de alto vuelo 
y de corte majestuoso... Los ensayos dramáticos de Coronado, á pesar 



S. XIX, 1870. ENRIQUE PIÑEYRO ^5 

de sus deficiencias, son los más importantes que en su género posee 
nuestra literatura, sin exceptuar el Cruzado y el Poeta, de Mármol... 
Sin embargo, ellos adolecen del pecado de lirismo, tan frecuente en. 
los dramaturgos españoles modernos... Todos los personajes hablan 
con el estilo fulgurante del poeta... Pero abundan los rasgos felices, 
ios arranques soberbios, los toques de llamada estridentes como el cla- 
rín guerrero, las imprecaciones tremendas, que truenan como la pa- 
labra de un profeta, presagio de destrucción. Y toda la poesía de Co- 
ronado tiene el mismo carácter de fuerza contenida, de exaltación- 
íntima, de ardor enfermizo... Los frutos más sazonados de su lira se 
hallan dispersos en diarios y revistas... Coronado, después de Ricardo 
Gutiérrez, quedará entre nosotros como el poeta del amor, con todos 
sus arranques y desvelos, con todos sus sueños de felicidad y sus ho- 
ras de tristeza, con todas sus ingenuidades infantiles y todos esos 
sedimentos amargos que envenenan el corazón con la ingratitud y el 
olvido... El estilo de Coronado tiene una plasticidad admirable. Su 
frase tiñe con una suavidad tan ardiente y tan carnal los contornos 
de la verdad, que la imaginación se exalta delante de sus cuadros amo- 
rosos." Enrique E. Rivarola, Pról. á La Ciudad heroica, de Rosario- 
Puebla: "Martin Coronado, poeta de vuelo y de riquísimas formas^ 
reanuda su obra draimática, alcanzando merecidos triunfos." Sólo co- 
leccionó Coronado los cantos de su primera mocedad en un tomo ro- 
tulado Poesías, 1904. También escribió La Bandera, nov. hist., 1903. 
La Piedra de escándalo, dr., y su continuación La Chacra de D. Lo- 
renzo {igiy). 

11. Año iSjo. Enrique Piñeyro (1839-1911), de la Ha- 
bana, estuvo en los Estados Unidos y desde 1880 en París,, 
donde falleció. Fué de los más fogosos trabajadores de la in- 
surrección cubana, odiador sistemático de la España antigua y 
menospreciador, por ende, de nuestra literatura de antaño. Fue- 
ra de este -pecadillo, que no pudo menos, sin eaiibargo, de amen- 
guar su criterio, en sus biografías y semiblanzas de autores del 
siglo XIX españoles y americanos, que, sobre todo, escribió, dio 
gallardas muestras Piñeyro de ser de los críticos más consuma- 
dos de América, por la sagacidad y tino en la observación, el vi- 
gor de los rasgos expresivos y la corrección y elegancia de estilo 
y lenguaje, á pesar de lo poco castizo en el decir y de lo muy 
afrancesado que fué en el pensar. Su obra más sobresaliente. 
El Roíiianticismo en España, es una hermosa colección de sem- 
blanzas y estudios críticos de los principales románticos. Echase 
menos alguna idea de conjunto, el estudio de los orígenes y na- 
turaleza del movimiento romántico, su valor estético entre las 



46 SEGUNDO PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

•demás manifestaciones artisticas que nos ofrece la historia li- 
teraria. 

Luis Melián Lafinur (n. 1850-), montevideano, diputado, 
jurisconsulto y diplomático, orador y versificador, pero, sobre 
iodo, critico muy independiente, descubridor de las malas artes 
de los políticos y sincero escritor. Es de los hombres de ideas 
tan avanzadas, como dicen, y profesadas con tanto convenci- 
miento y valentía, que merecen toda clase de consideración y 
respeto; pero lo exclusivo de esas ideas políticorreligiosas le 
hace errar hasta en lo que, al parecer, nada tiene que ver con 
la religión ni la política. 

12. Ant. Gómez Restrepo, El Literario, Bogotá, 1916 (Mayo): 
"*'E. Piñeyro, tan docto en letras castellanas como en literaturas ex- 
tranjeras, escritor elegantísimo, orador diserto y elocuente, que hizo 
activa propaganda en favor de la independencia de su país y difundió 
siempre con espontáneo calor las glorias de la América latina... Es 
de los que con más fortuna han escrito en castellano sobre temas de 
literatura comparada... No fué Piñeyro un modelo de casticismo, pero 
-guardó la corrección del estilo; y aun cuando su pensamiento era fran- 
cés, sabía manejar con desembarazo y gentileza poco comunes los 
.pliegues de la prosa castellana." Pardo Bazán, A'", teatr. crít., Nov. 

1891, pág. 89: "El libro del señor Piñeyro (sobre Quintana) es útil 
y no carece de puntos de vista críticos : lástima grande que el estilo 
-adolezca de un sabor galicano tan pronunciado, que á veces hace du- 
dar si el ensayo biográfico y crítico sobre Quintana es un libro fran- 
cés incorrectarmente traducido á nuestro idioma." Enr. Piñeyro: Bio- 
^grafía del Gen. San Martin, conf., N. York, 1870. Bolívar^ conf., ibid., 

1870. Morales Lemus y la Revolución de Cuba, ibid., 1871. Los Esta- 
dos Unidos en 1875, conf. Mad. Rolwid, conf., Guanabacoa, 1879. Dan- 
te y la Div. Conuedia, conf., 1879. Estudios y confer. de hist. y liter., 
JN. York, 1880. Poetas famosos del s. xix, París, 1883. Quintana, ibid., 

1892. V\ida y escritos de J. Cl. Zenea, ibid., 1901. Larra, ibid., 1903 
'{BulL Hisp.). Hombres y glorias de América, ibid., 1903 {Conflicto 
entre la esclazñtud y la libertad en los E. U., Biografía de J. de la 
Luz, Heredia, Bello). Espronceda, ibid., 1903 {Bull. Hisp.). El Ro- 
m.anticisr)M en España, ibid., 1904. La Avellaneda, ibid., 1904 (Bull. 
Hisp.). Olmedo, ibid., 1905 (ibid.). Ayacucho y Santiago, conferen- 
cia, ibid., 1905. Plácido, Habana (1906). Biografías americanas, Pa- 

TÍs (1906) (son varias anteriormente publicadas). /. M. Heredia, 
ibid., 1907 (Bull. Hisp.). Cómo acabó la domirvación de España en 
^América, ibid., 1908 (Cánovas y su política, Ayacucho y Santiago, 
Heredia). Alvares Cienfuegos, ibid., 1909 (Bull. Hisp.). Blanco White, 
úbid., 1910. Bosquejos, retratos, recuerdos, ibid., 1912, póst. (Cienfue. 



S, XIX, 1870. LUIS MELIÁN LAFINUR 47 

gos, Hugo, Gusmán Blanco, Heredia, Bla7tco Whiie, etc.). Autobio- 
grafía (inédita). José Francisco Heredia (1776-1820), dominicano, pa- 
dre del cantor del Niágara y tío de José M." Heredia, no menos famo- 
so poeta en francés, decano de la Audiencia de Caracas, Jeal á la 
causa española, escribió en la Habana, de 18 18 á 1820, Memorias so- 
bre las revoluciones de Venezuela,, las cuales Seguidas de documentos 
hist. inéditos y precedidas de un estudio biográfico publicó Enrique 
Piñeyro, París, 1895. 

Melián Lafinur, Los Grandes y los pequeños: "Algunas de las 
composiciones que sigi:en han sido escritas recientemente y otras hace 
algunos años; pero tienen todas, en conjunto, la unidad que les da el 
amor á la libertad y el odio al crimen, á la tiranía y á los prejuicios 
sociales y políticos. Esos sentimientos caracterizaron mi adolescencia 
y, lejos de debilitarse, se han robustecido en mi corazón con los años, 
el estudio y la observación del mundo. El Autor.'" No pueden ser más 
nobles las ideas. Lástima que entre los objetos de su odio ponga Lafi- 
nur la religión cristiana y por consiguiente á España, que la profesó. 
Discúlpale, sin duda, ila ignorancia que debe de tener de entrambas; 
bien que son cosas puestas tan á la vista, que todo el mundo puede 
enterarse cuando procede con la libertad y grandeza de espíritu que 
muestra tener Melián Lafinur. Juzga á los poetas en Ecos del pa- 
sado, no por su poesía, sino por sus ideas religiososociales, así re- 
baja á Quintana porque "prostituyó su lira en versos de adulación á 
Fernando VH", y á Núñez de Arce, porque "maildijo á Voltaire y á 
Darwin". Adulando al más vil y maldiciendo al más noble y sabio, se 
puede, sin embargo, ser poeta. Para él ni Gabriel y Galán, ni Zorrilla 
ni Bécquer, ni Campoamor ni Espronceda merecen siquiera mencio- 
narse; ni en España ni en América pueden darse poetas, "al menos 
mientras tenga el apego que todavía mantiene por 'las torpezas que de- 
gradan los pueblos''. España en el siglo xix sólo ha dado dos poetas: 
Quintana y Núñez de Arce, "inferiores á sus contemporáneos de otras 
nacioríes". "Poeta de sacristía", llama al segundo y juntamente á Ar- 
boleda, en cuyo Gonzalo de Oyón "hacen el gasto unos indios con los 
sentimientos más delicados y cristianos". La deúicadeza en el sentir 
y el cristianismo en el creer no pueden, según esto, llegar á ser poe- 
sía. Cuanto á su sentir acerca de España dice: "Un amigo... me con- 
taba que una vez Alfonso XHI le decía muy seriamente: "Únanse las 
"naciones americanas, que España las ayudará." Tan cómica como 
pueda ser esta fanfarronada del joven biznieto de Fernando Vil es 
■un indicio de esperanzas en influencias definitivamente perdidas, pero 
que flotan en la atmósfera de la tierra de Cervantes." "Arrumacos de 
lia madre patria... en todo esto hay un propósito político disimulado." 
El señor Melián se pasa de listo; pero no está bien insulte á un joven 
príncipe, lleno de los imejores deseos, ni podemos pasar por ello los 
españoles, que, por de contado, no hemos soñado jamás en tales in- 
fluencias políticas : dos días de estancia acá le desengañarían al señor 



48 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Lafinur. J. A. Zubillaga, Nosotros, 1915, pág. 30: "Es evidente que ia 
atención y la sinceridad que merece la copiosa información con que el 
doctor Melián ilustra los tres temas de que trata (en /. C. Gómez) y 
las lógicas conclusiones á que por ella llega en cada uno, obligan á 
reconocer la .luz que una excepcional erudición y un inflexible espíritu 
de justicia proyectan, desde las páginas de su libro, sobre épocas, 
acontecimientos y personajes de capital importancia en el primitivo 
desarrollo de la vida y de la civilización de áas sociedades del Plata." 
L. Melián Lafinur: Estudio sobre la neut^-alidad, B. Aires, 1870. Las 
Mujeres de Shakespeare, 1884. Los Treinta y tres y Las Charreteras 
de Oribe, ambas obras de crítica histórica. El Problema nacional. 
Exégcsis de banderías, 1893. Ecos del pasado, versos, Montevideo, 
1909. Los Grandes y los pequeños, versos, 1910. Charlu menuda. So- 
netería. La Historia y la leyenda. Juan Carlos Gómez, Montevideoy 
1915. Consúltese Juan Ant. Zubillaga, La Obra del Dr. L. M. Lafinur, 
1915 (en Nosotros, Oct.). 

13. Año i8yo. Eduardo de Lustonó, madrileño, nacido en 1849 
y fallecido á fines de siglo, por seud. Albillo, fué escritor alegre y 
chistoso, cultivó la sátira mordaz, el panflet y el género chico ; tuvo 
procesos de imprenta y destierro. Fué redactor, de 1865 á 1866, de El 
Fígaro^ Doña Manuela, Las Disciplinas; de La Iberia poco antes de 
1868; de Las Novedades (1869-70), La Suavidad, El Buñuelo, La 
Filoxera, La Viña (1878-80), Los Madrilcs, Madrid Cómico, La Co- 
rrespondencia Literaria, Heraldo, Gente Vieja, La Ilustr. Esp., Blan- 
co y Negro. Publicó El Quitapesares, colecc. de cuentos, anécdotas, 
etcétera, Madrid, 1870. El Hazmerreír, 2.*^ pte. del Quitapesares, 1871. 
Cancionero de obras de burlas provocantes á risa, 1872. Semanario 
Bibliográfico Popular (que dirigió), 1872. El Libro verde, 1875. La 
Capa del estudiante, cuentos y artículos, 1880. Cuentos de lo mejor de 
nuestro Parnaso contemporáneo, 1881. Santiago y... á ellas, jug., 1888. 
£1Z Ciudadano Simón^ melodr. (con A. Palomero), 1900. Cancionero de 
amores, 1903. En la Rev. España: Madrid en verano (1877, t. LVI). 
Id. en otoño (1877, t. LVIII). Id. en invierno (1878, t. LXII). El Hos- 
telero (1878, t. LX). Boceto del natural (1887, t. XOV). 

Carlos Coello de Portugal y Pacheco (1850-1888), madrileño, 
dramaturgo no despreciable, colaborador de El Mundo Ilustrado (Bar- 
celona), Don Diego de Noche (1868), La Ilustr. Esp.^ Blanco y Ne- 
gro, estrenó De Madrid á Biarritz, zarz. (con Ramos Carrión, 1870). 
La Mujer propia (1874). Roque Guinart (1875). La Monja alférez 
(1875). El Paño de lágrimas (1875). La Pena negra (1877). Antaño y 
ogaño (1881). La Vida es soplo (1881). Las Mujeres que matan (1887). 
La Mujer del César (1888). El Maestro Fstokati. El Siglo que viene. 
La Magia nueva. El Cetro de caña. Siemprevivas. Publicó El Café, 
fantasía moral, 1872 (en Rev. Esp., t. XXVIII). El Príncipe Hamlet, 
1872. El otro mundo, cuento fantástico, 1874 (en Rev. Esp., to- 



S. XIX, 1870. FRANCISCO CODERA 49 

mos XXXVIII-XXXIX). Cuentos inverosímiles, Madrid, 1878, 1887, 
1890. Con seud. de Pedro Ponce y colaborando Juan Carranza (esto 
es, José Campo Arana), estrenó la comedia A pluma y á pelo, 1870. 
Además, con el seudónimo dicho, El Alma en un hilo, 1874. 

Marcos Jiménez de la Espada (f 1898), catedrático de la Univer- 
sidad Central, célebre naturalista y geógrafo y entendidísimo en co- 
sas americanas, viajó por América, fué director, con Fernández Duro 
y Justo Zaragoza, de una Biblioteca de americanistas, colaborador 
del Bolet. de la Socied. Geogr., Rev. Archivos (1897-99) é Ilustr. Esp.; 
firmó á veces Fray Marcos de Cartagena, y publicó muchas obras an- 
tiguas con grande erudición. Fué de los fundadores de la Sociedad 
Geográfica Española. Algunos datos nuevos y curiosos acerca de la 
fama del alto Amazonas, Madrid, 1870. Andangas é viajes de Pero 
Tafur, dos vols., 1874. España en Indias {un boliche de frailes en el 
siglo XVI i), 1875 (en Rev. Esp.^ t. VI). Libro del conoscimiento de 
todos los reynos y señoríos que son por el mundo... escrito por ttm 
franciscano español á mediados del siglo xiv..., 1877. Cartas de In- 
dias (como colaborador), 1877. Tres relaciones de antigüedades pe- 
ruanas (de Fernando de Santillán, Juan de S. Cruz, del siglo xv), 
1879. El Iza ó Putumayu^ 1880. Tercera parte de las guerras civiles 
del Perú, de Cieza, 1880. Relaciones geográficas de Indias, cuatro 
vols., 1881-97. El Suceso ó novel-a de D. Juan de Peralta, caballero 
indiano, contado por él mismo, 1883. Yaravíes, cachúas..., tonos y 
bailes quiteños y peruanos, 1884. Tres cartas... de Fr. Juan de Zuma- 
rraga, 1885. El Hombre blanco y signo de la cruz precolombianos en 
el Pertl, Bruselas, 1887. Viaje del capitán Pedro Texeira, 1889. Algur- 
nos datos nuevos y curiosos acerca de D. Juan Castellanos y su his- 
toria, 1889. El Código ovandino, 1891. Las Islas de los Galápagos, 
1892. Noticias auténticas del famoso Río Marañan, escritas por los 
años de 173^, 1892. Menudencias historiales que iba apuntando, 1892. 
Memorias antiguas del Perú (t. XVII de Colecc. de libros raros y cu- 
riosos). Historia del Nuevo Mundo, del P. Bernabé Cobo, 1895. Una 
ascensión al Pichincha en 1582. De un curioso percance que tuvo en 
Anveres el presbítero López de Gófuara, Madrid (s. a.). La Guerra 
del m.oro á fines del siglo xv. Consúltense: J. Pérez de Guzmán, 
Ilustr. Esp., Oct., 1898; Ces. Fernández Duro, M. J. de la E., necro- 
logía, Madrid, 1898. 

Francisco Codera y Zaidin (1836-1917), de Fonz (Huesca), catedrá- 
tico de Árabe en la Central (1874-1902), estudioso arabista, entre otras 
obras, publicó Importancia del estudio del árabe, Zaragoza, 1870 (disc. 
Universidad). Cecas árábigoespañolas, 1874 {Rev. Archiv.). Títulos 
en las monedas árábigoespañolas^ Madrid, 1878. Discurso, de la Aca- 
demia de la Historia, 1879. Tratado de numismática arábigoespañola, 
1879. Monedas árabes de Tortosa, Gerona, 1881 {Rev. Cieñe. Hisi.). 
Biblioteca arábigohispana, Madrid, 1882-95, 10 vols. Decadencia y des- 
aparición de los almorávides en España, 1899. Estudios críticos de 

TOMO I.X. — 4 



5o SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

historia árabe españoUi^ Zaragoza, 1903. Los Benimeruan en Mérida 
y Badajoz, ibid., 1904. Homenaje á D. F.co Codera en su jubilación, 
con Introd. y bibliografía completa, Zaragoza, 1904. Estudios críticos 
de historia árabe española, 2." serie, 1917. 

14. Año 18/0. Victorino Asente, poeta español muy fecundo, 
vivió en el Paraguay, cuyas desgracias y glorias cantó (Antol. parag., 
de José Rodríguez Alcalá). — Tirso Aguimana de Vaca publicó Una 
temporada en el más bello de los planetas, nov. (Rev. Esp., 18701-71, 
ts. XIII-XVIII). — Álbum de la prensa^ colección de artículos, poe- 
sías, cuentos, epigramas, Madrid, 1870. — Fernando de Antón (1828- 
1894), de Barcelona, publicó obras de economía política y Flores del 
Pensamiento, Huelva, 1870. Memoria contra las corridas de toros, 
Cádiz, 1876. Luchas del siglo, nov., Barcelona. La Cuestión social, 
Sevilla, 1891 (2.* ed.). — 'Emilio Arjona y Lainez publicó Carlos VII 
y D. Ramón Cabrera, París, 1875. En la Rev. España: Observaciones 
histór.-legales sobre algunos hechos de Fernando I (1870, t. XVI). 
Guerra de la Independencia (1879, t. LXXI). — El Ateneo, de Vitoria, 
rev., 1870-72, tres vols. — José R.\m6n Baranica, chileno, estrenó / Viva 
Chile.', dr., Santiago, 1870. — ^José María Benítez Caballero, redactor 
de El Diario Español y La Legitimidad, director del periódico carlista 
La Fidelidad (1869-70), emigró á París y publicó Escoda y los carlis- 
tas; apuntes, consideraciones y documentos, Madrid, 1870. — Francis- 
co Caballero Infante y Zuazo (n. 1847), habanero, arqueólogo y bi- 
bliófilo, escribió en la Rev. de Valencia, etc.. Lucernas cristianas, 
Monedas árabes de Valencia, Monedas árabes de Denia, S. Grego- 
rio VII. Publicó S. Teresa de lesús y sus obras. Habana, 1870. Sófo- 
cles, 1870. Aristófanes, Sevilla, 1872. El Sentimiento en Homero y 
Virgilio, ibid., 1872. — Gonzalo Calvo Asensio y Posadas (f 1880), 
hijo del periodista Pedro, fundó La Iberia en 1880 y publicó Los Ce- 
lo^ del bardo, 1870, trad. del portugués. Lisboa en i8yo. Los Conserva- 
dores en la barra, 1872. Reina y adúltera, 1873. El Teatro hispanolusi- 
tano en el siglo xix, 1875. Estudios críticos. El Teatro de la rúa dos 
Condes {Rev. España, 1871, t. XIX), Enrico, nov. de Herculano (1870, 
ibid., t. XVI). El Gladiador de Rávena, de Fed. Halm. trad. por 
Coelho (ibid., 1871, t. XIX), Causas de Za decadencia de la Península en 
los tres líltimos siglos, por Antera de Quental (ibid., 1871, t. XXII), — 
Manuel Calvo, español, estrenó Por justicia y por las armas, dr., 
Habana, 1870. La Creación del mundo, dr. bíbl., 1872. — 'Antonio Cam- 
POAMOR estrenó El Hombre Dios^ drama bíblico, 1870. Un ensayo ds 
baile, 1871. La Cabra tira al monte. Mangiar con tutti, iSy2. El Rigor 
de las desdichas. El Entrometido. — Abelardo de Carlos (1822^1884), 
de Cádiz, donde fundó La Moda Elegante, aprovechando el cese de 
El Museo Universal fundó en Madrid La Ilustración Española y Ame- 
ricana (1870). — León Carrillo de Albornoz, colaborador de La Ilustr. 
Esp., hizo para el teatro La Prensa española, 1870. Entre vecinos. 



S. XIX, 1870. AGUSTÍN F. CUENCA 5 1 

1871. Don Celedonio^ 1876. Un argumento, 1876. — ^JosÉ de Carvajal 
Y HuÉ (1834-1899), malagueño, publicó Estudios críticos sobre el 
teatro de Shakespeare, 1870. España y Marruecos, 1884. — Clodomiíío 
Gastilla (n. 1840), poeta de Medellín (Colombia), publicó sus poesías 
en periódicos (1870-82). — Federico de Castro y Fernández (1834- 
1903), de Almería, catedrático de la Universidad de Sevilla, el más 
fiel discípulo krausista de Sanz del Río, entre otras obras, publicó 
Estudio crítico de Cervantes y la Filosofía española, Sevilla, 1870, ti- 
rando á demostrar que el autor del Quijote planteó en sus dos persona- 
jes principales y resolvió con solución armónica en el Persiles el pro^ 
blema del ontopsicologismo , ó séase de la conciliación entre Platón y 
Aristóteles (!). Flores de invierno, cuentos, leyendas y costumbres 
populares, Sevilla, 1873. R. Dozy, Historia de los musulmanes espcb- 
ñoUs, trad., Sevilla, 1878, cuatro vols. — Pedro Fermín Cevallos (1812- 
1893), de Ambato (Ecuador), racionalista que al fin abjuró, erudito his- 
toriador, publicó Resumen de la Historia del Ecuador, cinco vols., Lima, 
1870; Guayaquil, 1886-89, seis vols. Breve catálogo de errores en orden 
á la lengua y al lenguaje castellano, Ambato, 1880 (5.* ed.). Ecuatoria- 
nos ilustres y cartas inéditas honrosas para el autor, Quito, 1912. — La 
Ciudad de Dios, rev. catól., muy erudita, de los padres Agustinos de 
El Escorial, Madrid, desde 1870. — 'Francisco Javier Cobos y Rodrí- 
guez, catedrático, director en Granada de La Familia y El Profeso- 
rado, publicó obras dramáticas : Deudas pagadas, Justicia de Dios, 
Odio de rasa, Fausto, La Redención de la culpa, drama, 1890. — José 
CoLL Y Britapaja (n. 1840), de Puerto Rico, estrenó Los Voluntarios 
de Cuba, Barcelona, 1870. — 'Clemente Cortejón y Lucas (1842-1911;, 
de Meco, catedrático de Retórica en di Instituto de Barcelona (1877) 
y su director (1895), canónigo de la misma ciudad (1910), publicó El 
Dios de Moisés, Barcelona, 1870. Compendio de Poética, ibid., 1879. 
La Iglesia católica es la protectora y mejor amiga de la agricultura, 
sermón, 1880. Algunos secretos sobre el lenguaje y estilo de D. Qui- 
jote, 1889. Retórica y Poética, 1890. Arte de componer en lengua cas- 
tellana, 1895. Estudio sobre Piferrer, 1898. Discurso de recep. en la 
Acad. B. Letras, sobre autores catalanes en castellano, 1899. Historia 
crítica de la epístola de Horacio á los Pisones, 1902. Elementos de 
histor. gral. de literatura, 1902. La Coartada ó demostración de que el 
Quijote no se engendró en la cárcel de Arganuasilla, 1903, 1909. Pri- 
mera edición crítica del Quijote, seis vols., Madrid, 1905-13. Fué con- 
tinuada por Juan Givanel y Mas y Juan Suñé Benajes, t. VI, Barcelo- 
"^> 1913- ^'ío superchería tipográfica, Barcelona, 1907. ¿Corrigió Cer- 
vantes alguna de las ediciones del Quijote itn<presas por Juan de la 
Cuesta?, 1907. Duelos y quebrantos, 1907. Examen del texto de la edi- 
ción príncipe del Quijote, 1909. Gramática de la lengua castellana, 
1911. Ediciones del Quijote...^ con varios trabajos, 1916. — Agustín 
F. Cuenca (1850-1884), mejicano, escribió varias obras teatrales, en- 
tre ellas La Cadena de Hierro, y en cada una trata un problema socio- 



52 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

lógico; además, poesías como A orillas del Atoyac. Madrid, poesía 
(en Esp. Mod., 1891 Ag.). — Diario de las sesiones de las Cortes Cons- 
tituyentes (1869-71), Madrid, 1870-71, 15 tomos. — Efemérides Colom- 
bianas sobre Venezuela, Colombia, Ecuador, que formaron... una 
sola República, París, 1870. La segunda parte es el Diario de Bu- 
caramanga, ibid., 1869. — Ensayos poéticos por un aragonés, Zara- 
goza, 1870. — José Estrañi (n. 1840), de Albacete, fundó La Murga 
(1865) en Valladolid, y otros periódicos satíricos, y escribió hojas 
sueltas sobre corridas de toros (1871), con seudónimo de El Tío Ca- 
lores; estrenó juguetes como El Riso de doña Marta (1870), La Bo- 
tica de Mercurio (1873), El Retrato del muerto (1874), Carambola por 
chiripa (1875), El Rábano por las hojas, saínete (1875), Santan- 
der por dentro, zarzuela; Yo soy así, monólogo; Una cita en el 
teatro, Pepe y Telesforo. Desde 1876 vive en Santander, donde ha 
dirigido La Voz Montañesa, y luego (1895), El Cantábrico, distin- 
guiéndose por la sección festiva Pacotilla y Cartas infernales en 
verso y prosa, coleccionadas en Madrid, 1891. Autobiografía hu- 
morística, 1916. — Juan de Fastenrath (1839-1908), poeta alemanes- 
pañol, nacido en Remscheid (Prusia renana), hijo adoptivo de Sevilla 
(1869), tradujo al alemán muchas obras españolas, dejó en la Acade- 
mia capital para un premio anual literario y compuso en castellano 
El Libro de mis amigos en España, 1870. Los Héroes alemanes de 
1870, 1870. Pasionarias de un alemánespañol, 1872. Un ramillete de 
romances españoles. Ecos de Andalucía. Maravillas hispalenses. Siem- 
previvas de Toledo. La Walhalla y las glorias de Alemania, 1874-86, 
siete vols. ; 1910-11, 10 vols. Escribió en La Ilustr. Esp. y Rev. Con- 
temporánea. En Rev. España: Correspondencia de Alemania (1876, 
t. Lili). El Cuarto centenario de Liitero (1883, t. XIV). Id. de Zuin- 
glio (1884, t. CXVIII). La Walhalla (1872-81). Erasmo (1884, t. XCVI). 
Juan de Dalenberg y Bertoldo de Henneber (1884, t. XLVIII). Lavater 
(1884, t. CI). Luis II de Baviera (1886, t. CX). La Catedral de Stras- 
burgo (1877, t. LVI). Los Malogrados poetas de Alemania... (1884, 
t. CI). La Poetisa María Antonia de Toscana (1885, t. CII). Carmen 
Sylva y la literatura en Rumania (1S85, t. CIII). Un literato suebo y 
dos poetas sirios (1887, t. XIV). Consúltese Fast., en Ilustr. Esp. y 
Amer., LXXXV, págs. 183-184 (con retrato, pág. 181). — E. Fer- 
nández Iturralde publicó Cuentos agridulces, Madrid, 1870. — Ma- 
nuel Fernández Herrero, escritor demócrata, director de La Rev. 
Federal (1870), publicó Historia de las Gemianías de Valencia..., 
Madrid, 1870. — Fray Juan Ferrando compuso Historia de los PP. Do- 
minicos en las islas Filipinas y en sus misiones del Japón, China, Tung- 
Kin y Formosa... hasta el año 1840. Obra orig. é inédita de... y'sjcí 
Juan Ferrando..., corregida, variada y refundida... por fray Joa- 
quín Fonseca, Madrid, 1870-72, nueve vols., de las mejores obras 
filipinas y bien escrita. — Francisco E. Galindo (n. 1850) fué de 
los mejores poetas salvadoreños y compuso la pieza teatral patrió- 



S. XIX, 1870. MANUEL DE JESÚS RODRÍGUEZ 53 

tica Dos flores — Pablo Gómez Jalón (n, 1848), de Gumiel de Izan, 
publicó Sueño del cielo, cuento fantástico, Madrid, 1870. — Ramón 
González Tablas publicó Historia de la dominación y última guerra 
de España en S. Domingo, Madrid, 1870. — Juan Bautista Grau y 
Vallespinós (1832-1893), obispo de Astorga, colaborador, con el 
seud. de Silvio, en El Movimiento Católico, etc., publicó El Proceso 
del siglo ó los grandes criminales, nov. crít. -filos.- social, Madrid, 
1892-98, dos vols. — José Guillen Buzaran publicó en la Rev. de Es- 
paña: La Hechicera de Burgos (1871, t. XVIII). Canto fúnebre á la 
muerte de la Reina Mercedes (1879, t. LXIX). Historia de la isla de 
Cuba por Jacobo de la Pezuela (1870, ts. XIII-XIV). — Juan José He- 
RRANZ (n. 1839), conde de Reparaz, murciano, fué periodista en su 
juventud y colaboró después en La Familia (1875), Los Niños (1877), 
La Ilustr. Esp., El Día, Pluma y Lápiz (1902). Es académico desde 
1902, nadie sabe por qué, y fué censor de teatros con Campo-Arana 
hacia 1880. Quiso estrenar El Grito en el cielo (con Santiago Liniers), 
pieza política reaccionaria (1870) ; pero temiendo no le sucediera lo 
que á La Carmañola, después de ensayada, contentóse con imprimirla. 
La Virgen de la Lorena, dr., hacia 1874. La Superficie del mar. El 
Alma y el cuerpo. El Capitán Centellas, zarz., 1883. Las Tres cruces, 
1889. — Luis Segundo Huidobro (1829-1866), de Sevilla, catedrático 
de aquella Universidad, escribió poesías y otros trabajos, que publicó 
postumos la Academia de Buenas Letras: Obras escogidas, Sevilla, 
1870. José Fernández Espino: "Sobrio de palabras, pero siempre ame- 
no y digno partidario de la Escuela Sevillana, es tan castizo en las 
formas como ingenioso y profundo en las ideas.'' — Mercedes Hurta- 
do DE Alvarez (f 1890), de Popayan, publicó Alfonso, novela de cos- 
tumbres, Bogotá, 1870. — Juan Iturralde y Suit, navarro, vicepresi- 
dente de la Comisión de Monumentos de Navarra, correspondiente de 
la Acad. de Ja Historia, colaborador de Euskalerria, La Ilustr. Catól. 
(1877...), etc., buen escritor, publicó Memorias sobre las ruinas del 
Palacio Real de Olite, Pamplona, 1870. La Prehistoria en Navarra, 
ibid., 191 i. Cuentos, Leyendas y descripciones eúskaras ibid., 19/2. 
Tradiciones y leyendas navarras, un tomo en dos vols., con pról. de 
Carmelo Echegaray, ibid., 1916. Las Grandes ruinas monásticas, ibid., 
1916. Miscelánea histórica y arqueológica, ibid., 1917. — Augusto Jerez 
Perchet ("j- 1903), malagueño, redactor jefe de El Defensor de Gra- 
nada, director en Málaga de El Correo de Andalucía, La Lealtad, El 
Avisador Malagueño, colaborador en La Ilustr. Cat. (1877...), Los 
Niños (1883-86), El Mundo de los Niños (1891), La Ilustr. Artística 
(1897...), publicó Proverbios bíblicos, Málaga, 1870. Málaga contem>- 
poránea, ibid., 1884. Granada pintoresca. Málaga, 1885. El Laurel de 
la reina, monólogo, 1888. — Manuel de Jesús Rodríguez (n. 1847), de 
Santo Domingo, compuso las zarzuelas La Promesa cumplida, 1870; 
Amores de dos Zagales, 1871 ; y el drama Tilema, 1873. Con los seu- 
dónimos de Orpilio y Lico publicó en periódicos poesías líricas. — Do- 



54 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

MINGO Larrad y Langa, aragonés, publicó Romance históricorreligioso 
en obsequio de la Sma. Virgen del Pilar, Zaragoza, 1870. — Antonio 
Lasauca Ibieta, capitán de Caballería en Cuba, publicó Poesías, Ha- 
bana, 1870. — Francisco de Leiva y Muñoz publicó Los Comuneros de 
Córdoba ante Carlos I, Córdoba, 1870. La Batalla de Alcolea, memo- 
rias íntimas, políticas y militares (1868), ibid., 1879, 2." ed., tres vols. 
— José Ramón Luanco, asturiano, publicó Raimundo Lidio considerado 
como alquimista, Barcelona, 1870. Los Metalúrgicos españoles en el nue- 
vo mundo, ibid., 1888. La Alquiíma en España, ibid., 1889, dos vols. — 
RÓMULO Mandiola (1848-1881), periodista, político y crítico chileno, por 
seud. Roque Roco, acerado polemista católico, que no siempre se contie- 
ne en los términos de la realidad, pero siempre es amante de la pulcritud 
de las formas y castizo: colaborador de El Estandarte Católico, El 
Independiente, fundador de La Noche (1874). Publicó los folletos El 
Reformador del Gólgota y Papado; y 'las cartas políticas El Puente 
sobre el abismo. La Tiinica de Hércules y El Radicalismo y su histo- 
ria. — Octavio Marticorena publicó en la Rev. de España: Filósofos 
españoles, Diego M. Alvares, Juan Huarte, Luis Vives (18701-72, 
ts. XIV-XXV). — Marcos Martínez, asturiano, estrenó Los Volunta- 
rios asturianos, Cárdenas (Cuba), 1870. — Rosendo Meló publicó El 
Destino, nov., Valparaíso, 1870. — Memorias de la R. Academia Espa- 
ñola, desde 1870, lo vols. — José Ignacio Miró publicó Estudio de 
las piedras preciosas, su historia..., Madrid, 1870. Catálogo de manus- 
critos españoles, Anvers, 1886. — Ramón Isidro Montes, venezolano, 
publicó Arte de hablar, Ciudad de Bolívar, 1870. Obras completas, un. 
vol. — Edmundo Nocl publicó Las Márgenes del Guadalquivir, Sevilla, 
1870. — El País, diario republicano, Madrid, desde 1870. — Agustín 
Pascual publicó Palabras españolas de índole germánica, 1870-71 (en 
Rev. Esp., ts. XVIII-XXII). Recuerdos de Rusia, Madrid, 1873. In- 
fluencia del germanismo en nuestro idioma, 1876 (disc. de recepción 
en la Academia Española, adonde no sé quién le llevó). — Pedro Nés- 
tor Pequeño, cubano, residente en Pinar del Río en 1913, estrenó El 
Negro Cheche y otras piezas de teatro. Músico, poeta y loco, jug. 
1870. Un cuadro de los ocho en que está dividida la obra cómicolírico- 
dramática Locura y sueño, escrita en 1891, 1908. — Juan Bautista Pe- 
rales Y BoLUDA (n, 1837), de Moixent, redactor de La Gaceta Popu- 
lar (1873), El Noticiero Universal de Barcelona; colaborador de La 
Ilustr. Cat. (1877...), La Niñez (1879-83), Barcelona Cómica (1894- 
96), El Gato Negro (1897-98), Pluma y Lápiz (1902), Hojas Selectas 
(1903), publicó Francia y Prusia, crónica de la guerra de i8yo, Ma- 
drid, 1870-71, tres vols. Los Caballeros de Játiva, memorias de un 
convento, 1878. Los Héroes de Mantesa, ley., 1878. Décadas de la his- 
toria de Valencia, por Gaspar Escalono, continuada, Valencia, 1879. 
Tradiciones españolas, Valencia y su provincia, 1882. Mariola ó es- 
pañoles y romanos, nov., 1884. — Obdiilio Perea (1836-1870), de Vi- 
toria, escribió Poesías, Vitoria, 1870. Poesías postumas, con biografía. 



S. XIX, 1870. JOSEFA UGARTE 55 

ibicl., 1872. — Rafaf.l Pérez Álamo publicó Las Barricadas republi- 
canas, Madrid, 1870. Apuntes histór. sobre dos revoluciones, Sevilla, 
1872. — Poesías de la América Meridional, coleccionadas por Anita J. 
de Wittstein, con noticias biográficas de los autores, Leipzig, 1870. — 
Bernardo Ponce y Pont (n. 1848), mejicano, escribió en la Rev. de 
Mérida y en la Razón Católica, y compuso Poesías escogidas, Recreos 
literarios, Leyendas y tradiciones. Estas últimas están en el t. XLVIII 
de la Bibl. Autor. Mexic, México, 1903, juntamente con Ensayos líri- 
cos y Discursos y artíctdos sueltos. — Bruno Portillo y Portillo 
(n. 1855), de Almería, escribió poesías desde 1870 y los dramas Elvina, 
El Duelo, Lo que está de Dios (1875), D. Ramón Berenguer (1882), No 
siempre el refrán acierta. Los Vándalos del día. Lleva publicados seis 
tomos de cuentos y novelas cortas. Además, Preludios de una lira, poe- 
sías, Huáscar, 1883. Entretenimientos, leyendas y poemas, 1890. Obras 
dramáticas. Huesear, 1906. Obras poéticas, ibid., 1908. Rumorosas, poe- 
sías, 19 12. Antología de poetas andaluces (con Enrique Vázquez de Al- 
dana), ibid., 1914. Relámpagos, Madrid, 1916. Centelleos, ibid., 1917. — 
Arguedas Prada (y 1873), poeta peruano, publicó en 1870 un tomo de 
poesías. — Enrique Prúgent y Lobera (n. 1847), madrileño, por seud. 
Adolfo Glats, publicó Viaje cómico á Manila, sátira graciosa, 1873 (en 
El Independiente). Los Grandes misterios, poema (ibidem). Escribió en 
El Moro Muza, de la Habana; y con seudónimo de El Señor Pepe fin- 
gió haber traducido directamente del alemán el folleto Doce lecciones de 
cancán ó sea la parte bailable de los conocimientos humanos, 1870. — Ri- 
cardo Puga publicó Mis recuerdos, Manila, 1870. — El Pulpito español, 
sermones... por una Sociedad de eclesiásticos, Madrid, 1870, 18 tomos. — 
José M.^ Quijano Wallis (n. 1847), de Popayán (Colombia), senador, 
catedrático de la Universidad y diplomático, hizo poesías sinceras y 
bien versificadas, que traen las coleccionas. Homenaje á España, Bo- 
gotá, 1895. — Lorenzo Rojo publicó Poesías líricas, Sevilla, 1870. — 
Isaac Ruiz Araujo (1850-1881), de la República del Saívador, fué de 
los mejores poetas de su tierra y cantó el amor, el patriotismo y la 
naturaleza. — Francisco Salmerón y Alonso, jurisconsulto y po'lítico, 
redactor ó director de Rev. Jurídica (1847), Acad. de Instr. Primaria 
(1851), La Reforma (1852), La Themis (1857-58), La Democracia 
(1864), publicó Historia de... Espartero, Madrid, 1870. — Julián Sán- 
chez Ruano (1842-1871), de Moriñigo (Salamanca), por seud. El Dó- 
mine Batuecas, orador en las Cortes de 1869, periodista en Adelante 
(Salamanca, 1861), etc., publicó Fuero de Salamanca, ibid., 1870. An- 
lonio Agustín {Rev. España, 1870, t. XHI). — Narciso Buenaventura 
Selva publicó El Libro de mis hijos, historia de todos los pueblos, dos 
vals,, Madrid, 1870. — Enrique de Sierra Valenzuela (f 1881), de 
Adra (Almería), publicó Colección de poesías, Madrid, 1870. El Lazo 
roto, dr. Abem-Abóo, dr. — Josefa Ugarte y Cas.'Vuz (1854-1891), de 
Málaga, condesa de Parcent, colaboradora de El Museo, El Ateneo, 
Málaga, El Mediodía, Rev. Malacitana y La Ilustr. Cat., «strenó Mar- 



56 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

garita, dr., Málaga, 1870. El Cautivo, dr. Publicó Recuerdos de Anda- 
lucía, poesías, Málaga, 1874. Recuerdos de Andalucía, leyendas trat- 
dicionales é históricas, ibid., 1875, 1877. Páginas en verso, ibid., 1882. 
La Estatua yacente, poema, 1889. Intimas, coplas viejas. Poesías selec- 
tas, 1905. — HÉCTOR F. Várela publicó Elisa Lynch, precedida de una 
semblanza del autor, por Emilio Castelar, B. Aires, 1870. — Moisés 
Vargas, chileno, novelista apasionado y colorista, publicó, entre otras 
obras. Un drama íntimo, iSyo.— Vidas de algunos claros varones gui- 
puzcoanos de la Compañía de Jesús (de 32), Tolosa, 1870. — Faustino 
ViLLAFRANCA, presbítero y tagalo, publicó Correspondencias de un 
viaje desde Filipinas á Europa, Manila, 1870. — Ramón Vinader y 
NuBAU (1833-1896), de Vich, político tradicionalista y abogado, publicó 
Arqueología cristiana española, Madrid, 1870. — José María Zepedano 
V Carnero publicó Historia y descripción arqueológica de la Basílica 
Compostelana, Lugo, 1S70. 

15. Aíío 1871. Armando Palacio Valdés (n. 1853-) de 
Eiitralgo (Asturias), pasó la niñez en Aviles, estudió el bachi- 
llerato en Oviedo y Leyes en Madrid. Fué en el Ateneo presi- 
dente de la sección de Ciencias políticas y sociales, estudios á 
los que pensaba darse. Dirigió la Revista Europea (1872), don- 
de escribió semblanzas humorísticas de novelistas, poetas y 
oradores. Publicó (1878-79) tres tomos de crítica, con cierto 
humorismo y aun tufillo metafísico sabroso y la primera mi- 
tad de La Literatura en 1881, cuya segunda mitad redactó 
Clarín. Dejada la revista, lanzóse á escribir la primera novela 
en 1879: El Señorito Octavio, que publicó en 1881. No encie- 
rra pensamiento trascendental y es algo endeble, pero apunta 
en ella el humorismo. En Marta y María (1883) la fábula está 
ya bien desenvuelta, hay personajes vivos y estilo propio; tra- 
dújose al inglés, ruso, bohemio y sueco. Luego decayó en El 
Idilio de un enfermo (1883) por falta de desarrollo y sobra de 
pinturas de la naturaleza; tradújose al francés, al inglés y al 
bohemio. Aguas fuertes (1884), colección de cuentos y novelas 
cortas, más á lo Dickens que á lo Maupassant: terroríficohu- 
morista es entre ellas El Hombre de los patíbulos; frivola y 
encantadora. Seducción; sentimental, Los Puritanos. Soltóse 
enteramente en la novela de costumbres marineras José (1885), 
que es una Sotileza más en pequeño, sin sufrir desdoro en el 
cotejo. Riverita (1886) es sentimental, y no menos Maximina 
(1887), novela delicada para doncellas. Volvió al humorismo 



S. XIX. 187I. ARMANDO PALACIO VALDÉS Sy 

y socarronería, que siemipre es en él seria y grave, en El Cuar- 
to poder (1888) y en El Origen del pensamiento (1894), sin 
dejar el estudio mujeril, que campea siempre en el autor. So- 
bresalió en pintar la desenfadada, pizpireta, vivaracha y bar- 
biana hembra española, en su mejor novela, La Hermana 
San Sidpicio (1889), donde copió del natural figura, alma, 
lenguaje, hasta meneos y gestos. La Espuma (1890) y La Fe 
(1892) son de mayor estudio y observación, pero de menor in- 
genio y espontaneidad, como que tienen más de imitación de 
lo francés que ninguna de sus demás obras. Melodramática y de 
amena narración es Los Majos de Cádiz (1896), pintura andalu- 
za. Lo doctrinario de la novela francesa influyó en La Alegría 
del Capitán Ribot (1899), de tendencia espiritualista cristiana y 
evangélica, y no menos en La Aldea perdida (1903), canto á 
su tierra asturiana, del artista que envejece y vuelve los ojos 
á sus niñeces; y en Tristón ó el pesinñsmo (1906), himno apa- 
cible á la vida cristiana, alegre y sana, condenación de la en- 
revesada y ponzoñosa filosofía del siglo. Papeles del Doctor 
Angélico (1911), escritos en tiempos varios, recuerdos, notas 
de pensador, en suma, pedazos de autobiografía indirectamente 
expuesta y de filósofo que sabe extraer el jugo de la vida al 
llegar á los sosegados años de la vejez. Su continuación fueron 
los Años de juventud del Doctor Angélico (1917). Palacio Val- 
dés puso su empeño en la sinceridad y en huir de toda la afec- 
tación, que n^ • es más que el envés, el oropel del verdadero 
sentimiento. Como no se pagaba mucho del aura popular, los 
periódicos no le bombeaban mayormente ni anunciaban la sa- 
lida de cada novela. No hacía alarde de letrado: leía poco pe- 
riódicos ni libros, no callejeaba ni tertuliaba, porque sin huir 
del trato común, no buscaba aplausos ni muecas de los litera- 
tos. No admiraba la prensa y tenía por más dañosa que útil la 
crítica literaria. Pero en ocho años triunfó de la crítica y del 
popular desdén y en España y fuera de España fué leído y te- 
nido por uno de los mejores novelistas modernos. Cada vez se 
retiró más del mundo literario y en sus obras se trasparentar! 
algunas amarguras que con entereza y dignidad tuvo que be- 
berse á sus solas, al advertir cómo se aplaude más que el mérito 
callado la vanidad bullanguera é interesada (Origen del Pen- 



í>8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Sarniento). Su pensar acerca del arte y la novela puede verse 
en los prólogos de La Hermana San Sulpicio y Los Majos de 
Cádiz. Profesó el realismo castellano, tan diferente del fran- 
cés é inglés y lo razonó harto más macizamente que Pardo Ba- 
zán en la Cuestión palpitante, como que esta escritora era todo 
lo más opuesto, por su comezón de la moda y del bombo perio- 
dístico, de lo que ha sido siempre Palacio Valdés. Los algO' 
fantasistas Alarcón y Campoamor, que entonces decían se man- 
chaba el arte con el realismo, creían incompatibles los tér- 
minos de realismo y de belleza. Palacio repuso que no solamen- 
te es hermosa la naturaleza, sino que fuera de ella no hay her- 
mosura, y quiere que el artista no busque más que la verdad, 
no la novedad, ni la moda, ni la manera, ni el efecto, ni la va- 
nidad literaria, que es lo que realmente buscaban Pardo Bazán 
en España y Zola en Francia. Amar la naturaleza por sí y tal 
cual es, sin empeñarse en hermosearla con floripondios anti- 
naturales, postizos y afeites que siempre son pura afectación 
y embuste; pintar la vida en su mayor transcendencia, sobre 
todo en los sentimientos, que es lo que nos llega al alma y lo 
que llamamos vida, y no sólo de los hombres, sino hasta de los 
animales y de lo inanimado, porque todo es vida para el 
poeta : snnt lacrimae rerimi : tal era su intento. Y, sobre todo, 
paró mientes en las lágrimas y en el dolor, que es lo más huma- 
no, porque es lo que más vida tiene y sale más del alma. Des- 
echa el determinismo materialista del francés naturalismo, y 
que no es más que la mitad de la verdad, el mundo de la nece- 
sidad, faltando la otra mitad, el nilmdo de la libertad. El na- 
turalismo francés es, por consiguiente, el realismo español, 
pero parado á m/itad de camino. La novela experimental y la 
novela de tesis encierran siempre mucho de falso. La tesis- 
supone un arreglo de caracteres y casos para que resulte el 
efecto apetecido como conclusión. Esa lógica la pone el nove- 
lista sin hallarla en la realidad. Valdés respeta la naturaleza 
y teme falsearla con tales disposiciones teatrales y lógicos pre- 
parativos de premisas que den tal ó cual conclusión. El expe- 
rimento psicológico no es menos falso, por artificial. Como 
acontece al químico, que no junta los elementos tal como se 
juntan en la naturaleza, apurándolos, así el novelista pone en 



S. XIX, 187I. MARCOS ZAPATA b^ 

los caracteres una unidad y sencillez que no se halla en la vida. 
Por eso son abstractos los caracteres de la literatura clásica 
francesa, y aun por eso los clásicos españoles no se empeñaban 
en pintar un carácter, sino cuando lo hallaban presentábanla 
y con la mezcla en que lo hallaban. Lo mismo pasa con los 
afectos y pasiones, tan matizadas en la realidad, tan únicas en 
el arte francés. Todo pende del pretender dar golpe, del bus- 
car lo extraordinario y nuevo, vicioso principio de toda la 
moderna literatura francesa, desconocido entre nuestros clási- 
cos. Se requiere más ingenio para sacar una novela de la vida 
común, penetrando en el alma, que no se parece á los vulgares 
espectadores. Y tal hizo Valdés, hallando vida novelable, si no 
melodramática ó románticamente novelesca, en la vida de la 
cláse media é ínfima de las aldeas asturianas, poniendo de re- 
salte caracteres y pasiones que parecen escapar á la común mi- 
rada. Nos pinta las gentes como novelista de costumbres, de- 
dicando á este marco del asunto principal casi la mitad de cada 
novela, y nos las pinta como son, logrando que nos aficione- 
mos á ellas. El asunto suele ser muy sencillo, un caso psicoló- 
gico ó un carácter presentado en variados sucesos; pero siem- 
pre hace hincapié en la pintura verdadera de los caracteres y 
no disertando, sino haciendo que hablen los hechos. Siente 
simpatía por todos sus personajes, como la sentía Cervantes, y 
el mismo estilo es humorísticamente dulce y amable. Antójan- 
selc les hombres niños sencillos y caprichosos y como tal los 
trata, como vistos humorísticamente por una persona mayor, 
pensadora, seria y compasiva que está muy por cima de las ni- 
ñerías de los hombres y se lastima de los malos efectos de sus 
pasiones y caracteres, que son, al cabo, caprichos de niños mal 
educados. Raras veces se le nota la hincha contra los soberbios, 
les políticos intolerantes, los duros de entrañas ; es su ironía 
de tan fino cómico, que por esta cualidad se distingue de los 
demás novelistas españoles, casándola admirablemente con el 
fondo dramático. Por todas estas cualidades es Palacio Valdés, 
sacados Galdós y Pereda, uno de los príncipes de la novela es- 
pañola. 

Marcos Zapata (1844-1913), de Ainzón (Zaragoza), tan 
pobre de cuartos cuan rico de buen humor, ocurrente y fino 



€0 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

amigo, vivió varios años en la Argentina, hasta 1899; fué re- 
dactor de La Disensión, El Orden y Gente Vieja (1903), y fa- 
lleció con el destinillo de interventor en la Casa de la Moneda, 
por no rebajarse para medrar, como otros suelen. Fué excelen- 
te poeta lírico y dramático de altos vuelos y hermosa versifica- 
ción ; bien que de sobrado lirismo, poco color local y haría ten- 
dencia doctrinaria y política. Su mejor obra fué la primera con 
que se estrenó y que metió mucho ruido, haciéndose por ella 
famoso y no menos Vico que él, La Capilla de Lanuza (1871). 
Medardo Rivas (1825-1901), de Bogotá (Colombia), mi- 
litar desde 1854, hasta llegar á general; doctor, abogado, cate- 
drático, diplomático y político, de carácter vehemente y lucha- 
dor, hizo versos sobre la familia y la amistad, bien sentidos; 
pero distinguióse como esforzado orador y adalid filántropo 
progresista del feminismo. Fué buen observador de las cos- 
tumbres, que pintó con naturalidad y gracia, con color y habi- 
lidad para corregirlas sin herir á las personas. Redactor de El 
Liberal (1869-70) y El Siglo, pero, sobre todo, de la Rev. de 
Colombia (1868-74), donde salieron muchas de sus obras, á 
veces con seudónimo de Emilio Souvestre, nombre tomado del 
famoso novelista, del cual fué muy aficionado. 

16. Describió Palacio Valdés 'la aldea de Entralgo en El Seño- 
rito Octavio y en El Idilio de un enfermo. Recuerda su niñez en Avi- 
les con Nieva de Marta y María, y sus estudios de segfunda enseñanza 
con Lancia de El Maestrante. Fué redactor de El Cronista y Rev. 
Europea, colaborador de Rev. Asturiana (1903), Nuestro Tiempo 
(1903), Pluma y Lápiz (1903), Rev. Unión Iberoamericana (1904), El 
Imparcial (1916) y Rev. Quincenal (Barcelona, 1917). Su admirable 
teoría literaria y novelística expúsola en el prólogo de La Hermana 
San Sulpicio. Es Palacio Valdés el novelista español más traducido y 
leído en Norte América: de la traducción de Maximina se vendieron 
más de 200.000 ejemplares. Muchos le ponen allí sobre el mismo 
Galdós. Ramón D. Peres, A dos vientos, 1892: "P. Valdés es un 
escritor inclasificable, un realista independiente..., no cree en escuelas, 
no cree más que en su temperamento personalisimo, original e indo- 
mable... Coge una figura para una semblanza y se divierte con ella 
como si tuviera un curioso bibelot en la mano ; toma Iviego un perso- 
naje para alguna de sus novelas y se divierte también con él como con 
un hombre de carne y hueso a quien estuviera retratando en posiciones 
cómicas. Las que mejor libradas salen de sus manos son las mujeres: 
con aquéllas no se atreve tanto. Las resí>eta, sabe enaltecerlas y, ¡ay!. 



S. XIX, 187I. ARMANDO PALACIO VALDÉS 6 1 

las ama hasta en sus defectos, como seres delicados, grandes y viriles- 
a veces, pequeños otras y á menudo poco menos que incomprensi- 
bles... .0 es P. V. de los que sermonean á cada paso en la novela y 
hablan siempre en primera persona y dan continuamente su parecer 
sobre cosas respecto de las cuales nadie piensa en pedírselo. No. Sabe 
ocultarse antes de mover sobre las tablas las figurillas, como si fueran 
hombres de verdad. Pero se oculta de tal modo, que á cada movimiento 
de las figuras vemos algo de la mano que las mueve, y de cuando en 
cuando, ante una serie de actitudes, de sucesos ó de palabras, nos 
decimos sin poderlo remediar: P. V. se está divirtiendo con sus pobres 
muñecos. Sobre todo cuando las situaciones no son dramáticas, sino 
cómicas. Y es que ello está en su naturaleza ; es que al autor le rebosa 
el humorismo en el cuerpo y tiene que gastarlo en lo que escribe, en 
la novela... Como de esta tendencia, que es justificada y buena en él,. 
déjase llevar también á veces de otra quo no lo es tanto: la abundan- 
cia de episodios inútiles y algo diluidos... Después de leido El diario 
poder... pregúntase uno, como sucede con las obras de algunos humo- 
ristas, ¿es un libro cómico f ¿Es un libro dramático f Nos hemos reído 
tantas veces con él, que dudamos si tal era el objeto principal del au- 
tor, Pero, por otra parte, y á pesar de esto, hay, aun en varios de los 
mismos hechos cómicos, un fondo de cierta ternura y anda de tal 
modo enlazada á ellos una accción en extremo dramática, que bastan 
ambas cosas para imprimir carácter diverso al libro. Es, pues, como 
una especie de drama en el que abundaran mucho y casi predominaran 
las escenas cómicas. Son éstas en extremo graciosas, más graciosas 
que verdaderas á veces, y tienen, a mi modo de ver, un solo defecto: 
el de insistir demasiado en ciertos detalles... se encariña con un hecho, 
lo repite para prolongar el efecto cómico... P. V. es, ante todo, un 
humorista... El papel que representa P. V. en la novela española, que 
no es el de un naturalista á la francesa, sino mejor el de un realista, 
independiente, que yo calificaría más bien de realista á la inglesa. 
Tiene P. de los novelistas ingleses el procedimiento reposado, pacien- 
te y vasto ; lo que podríamos llamar inspiración detallista ; cierta falta 
de impaciencia para llegar al final; el desprecio de los refinamientos 
artísticos de los novelistas franceses para hacer de cada capítulo una 
obra de habilidad y clarividencia neuróticas... cierto humorismo á lo. 
Dickens ; pero con la diafanidad y el franco buen humor de un espí- 
ritu español." Showerman : "Por su agudeza en la observación, por 
su instinto de artista en la selección, por su realismo y verdad y su 
alejamiento sistemático de lo improbable, por su justa mesura en to- 
dos y en cada uno de los aspectos literarios, no será mucho decir que 
ningún novelista español ni extranjero compuso media docena de 
novelas que aventajen á las seis mejores que han salido de su pluma." 
"El humorismo de Palacio Valdés, dice Andrés González Blanco 
(Historia de la novela, pág. 512), es más trascendental, más grave, 
más imponente; el de Alas, más risueño, más jovial, más francOv 



62 SEGUXDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

inás arlequinesco... Este parece un humorismo en Carnaval; aquél 
en miércoles de Ceniza. Palacio Valdés dice sus burlerías con tan 
refinado tono de encopetada seriedad dogmática, que á veces llega 
á parecer que habla en serio... En camibio Clarín, hasta cuando su 
humor se pone más fúnebre, siempre se le escapa la risa retozona. 
Por la ley del contraste, á fuerza de seriedad humorística, llega á 
perturbarnos más Palacio Valdés y nos deja más honda huella. La 
sátira de Clarín, en ocasiones, sólo roza el espíritu. Aquél es más sa- 
jón, y éste más latino." Arm. Palacio Valdés : Los Novelistas españo- 
les, semblanzas literarias, Madrid, 187 1. Los Oradores del Ateneo, 
1878. Crotahis horridus, 1879. Nuevo viaje al Parnaso, 1879. El Se- 
ñorito Octavio, 1881. La Literatura en 188 1 (con Clarín), 1882. Marta 
y María, 1883. El Idilio de un enfermo, 1883. Aguas fuertes, 1884. 
José, 1885. Riverita, dos vols,. 1886. El Pájaro de la nieve, 1886. Ma- 
ximina, dos vols., 1887. El Cuarto poder, dos vols., 1888. La Hermana 
San Sulpicio, dos vols., 1889. La Espuma, dos vols., 1890. La Fe, 
1892. El Macstrante, 1893. El Origen del pensamiento, 1894. Los Ma- 
jos de Cádiz, 1896. La Alegría del Capitán Ribot, 1899. ¡Solo!, 1899. 
Seducción, 1900. Los Am<ores de Clotilde, 1900. La Aldea perdida, 
1903. Tristón ó el pesimismo, 1906. Papeles del Doctor Angélico, 
191 1. La Gncrra injusta, Barcelona, 1917. Años de juventud del Doc- 
tor Angélico, igiy (en Rev. Quincenal y aparte). En Esp. Mod.: Se- 
ducción (1889, Jun.). Niñerías, por Tolosa Latour (1889, Set.). Oradores 
políticos, por M. Moya (1890, Jun.). Estética del carácter (1890, Set.). 
Obras completas, Madrid, 1894-1908, 11 vols. Consúltense: José M. 
Matheu, Armando Palacio Valdés, en Ateneo, I, págs. 150-155; An- 
drés Gonz. Blanco, Hist. novel, en Esp., 1909; L. Bordes, Aryn. P. 
VaMés, en Bullet. Hisp., t. I (1899), págs. 45-76; Silvester Baxter, 
A. Great Modern Spaniard, 1900 (en Atlantic Monthly): prologó, ade- 
más, la versión de La Alegría del capitán Ribot, de Smith ; G. Sho- 
werman, Palacio Valdés, 1914 (en Sewance Reviezv, t. XXII, pági- 
nas, 398-403); Gonzalo Picón Pebres, en Revoltillo, Curazao, 1890. 

El mismo Zapata decía de sí : "Dábame un perro calor | y un banco 
del Prado cama : | ¡ Y ahora sienta usted la llama | de la patria y del 
amor i'' Queriéndole echar el guante un guardia que le halló dormido 
en el Prado, díjole Zapata: "¿No conoce usted la Constitución?" 
"Y ¿qué dice la Constitución?" "Que el domicilio de los ciudadanos es- 
pañoles es inviolable. Con que, déjeme en paz y vayase." Y fuese, en 
efecto, á consultar lo de da Constitución. Por 19 reales se había com- 
prado en el Rastro un chaquetón largo y con él iba calle del Carmen 
colgándole un pingajo del forro. "Caballero, mire lo que lleva", le ad- 
virtió un transeúnte, "Lo llevo, repuso, para llamar la atención." Siem- 
pre fué, según su propio dicho, una fiera para el descanso. Trabajaba, 
de hecho, lentamente, y solía decir que "hay años en que no se le 
ocurre á uno nada". Concurría á la antesala del Saladero, ó sea a! 
<afé Imperial, esquina á la Puerta del Sol y Carrera de San Jerónimo, 



S. XIX, 187 1. LUCIANO RIVERA GARRIDO 63 

nombre que le habían dado porque de aquellas tertulias salían para 
el Saladero ó la cárcel vieja todos los periodistas; que en la época de 
la Revolución se tenía á desdoro no haber sido llevado á ella. La Ca- 
pilla de Lanuza, dr., 1871. El Castillo de Simancas, dr., 1873. La Co- 
rona de abrojos, dr., 1875. El Solitario de Yuste, 1877. El Anillo de 
hierro, zarz., 1878. El Compromiso de Caspe, leyenda histórica, Ma- 
drid, 1878. Camoens, zarz., 1879. La Abadía del Rosario, dr. lír., 1880. 
La Piedad de una Reina, episodio histórico, 1887. Colección de obras 
dramáticas, 1887. La Campana milagrosa, dr. lír., 1888. Covadonga, 
zarz. (con Eus. Sierra, mus. Bretón), 1901. Poesías, Madrid, 1902. 
María Teresa, boceto dram., 1902, Ei Reloj de Lucerna, zarz. Un 
caudillo de la Cruz. 

Med. Rivas: Conferencias sobre educación de la mujer, Bogotá, 
1871. La Pola, dr. hist., 1871. Conversaciones sobre filosofía, 1873. 
•Obras (píe. i.% novelas, artículos de costumbres, variedades, poesías), 
1883. En truemoria de Gabriel Reyes Patria, 1884. Obras (pte. 2.% Via- 
jes por Colombia, Francia, Inglaterra y Alemania) , 1885. Los traba- 
jadores de tierra caliente, Bogotá, 1899. Faltan en sus Obras las co- 
medias La Falta de orden. El Socialista y La Lección de una novia, 
piezas más ligeras, pero también más naturales y felices que el empin- 
gorotado drama La Pola. Historia de una rosa, nov., Madrid (1912 
y en Obras, 1883). Consúltese Isid. Laverde Amaya, Fisonomías lite- 
rarias. Curazao, 1890. 

17. Año 1871. Constantino Gil y Luengo, poeta regocijado y 
Tjuen autor del género chico, que dijo de sí en El Liberal (4 Marzo 
1894) : "Al fin vine á la Corte con pocos cuartos | y la cabeza llena 
■de redondillas." ¡Para usted!, Madrid, 1871. El Fin del mundo, nov., 
Madrid, 1872. La Llave del paraíso, 1875. Todo empieza y todo acaba, 
parodia, 1876. La Perla de mi mujer, 1877. ^^ Demonio que lo en- 
tienda, 1878. En la calle de la Pasa, 1878. Derecho cómicoconyugal, 
1881. Belén, i^, jug., 1882. Cantos de un mudo, Madrid, 1882, 1895, 
1910. Los Postergados, manual de crisis política, ibid., 1883. El Moni- 
gote, 1885, Niña Pancha, jug., 1886. El Canario, id., 1886. Juanita la 
cacharrera, 1887. El Crimen de anoche, 1887. El Teniente cura (con 
Julián Romea), 1888. Los Domingueros, saín., 1888. La Segunda ti- 
ple, 1890. El Primer bailarín, 1891. Los Tortolitos, 1891. La Ministra, 
1892. La Boda de Serafín, 1893. Madrid riendo, artículos, 1896. 

Luciano Rivera Garrido (n. 1846), de Buga, en el valle del Cauca 
•(Colombia), por seud. Rivas Gallardo, escritor galano y risueño, que 
sobresalió en lo descriptivo, publicó artículos en periódicos, novelitas 
como de salón y relaciones de viaje. Ensayos literarios, Bogotá, 1871. 
De América á Europa, recuerdos de viaje, Palmira, 1875. Algo sobre 
H Valle del Cauca, Buga, 1886. Dónde empieza y cómo acaba, Pa:lmira, 
1888. Consúltese Isid. Laverde Amaya, Fisonopiias literarias, Cura- 
zao, 1890. 



04 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Carlos Peñaranda y Escudero (1848-1908), sevillano, que tuvo 
cargos administrativos en Puerto Rico, Filipinas y Madrid, imitó á 
Quintana en todo y por todo. Publicó Presentimientos, Sevilla, 1871. 
Notas de una lira, ibid., 1872. Indecisiones, poesías y cantares, ibid., 
1873. Brisas de Otoño, ibid., 1873. Cantos del pueblo, Madrid, 1875. 
Odas, poesías varias, ibid., 1877. La Conversión de un segrí, ibid., 
1880, 1901. Cervantes y sus obras, ibid., 1880. El Obrero de Maguncia, 
dr.. Puerto Rico, 1883. Post nubila, 1884. Artículos varios, discursos, 
Madrid, 1885. Cartas puertorriqueñas, ibid., 1885. Nuevas poesías, 
i] -ú., iB8¡. La Alhambra, poesía, Coruña, 18S9. Prosa (Madrid-Ma- 
nila, 1886-92), Manila, 1893. Poesías selectas, ibid., 1893, 1894. El 
Tirano de sí mismo, ibid., 1894. Por la patria, artículos, ibid., 1897, 
1898. Más prosa, artículos literarios, críticos y biográficos (1895-97), 
ibid., 1898. El Almirante Montojo, ibid., 1900. La Realidad de un siie^ 
ño, poema, Madrid, 1905, 1908. Sonetos, ibid., 1908. 

Antonio San Martín (1841-1887), de La Coruña, el peor y más 
fecundo de los novelistas por entregas, publicó 257 volúmenes de es- 
perpentos borrajeados al volar de la pluma. Lo único que sabía hacer 
admirablemente era el pote gallego y otras cocinerías. Literatura bas- 
ta, á puntada larga, como de jergón, no merecía siquiera se le nombra- 
se. Los Misterios de la calle de Panaderos (1880) se vendieron, sin em- 
bargo, como pan bendito, por la curiosidad de saber lo que encerraba 
aquella calle, la de peor fama entonces, por las sílfides que la habita- 
ban. Horrores del feudalismo, la torre de los vampiros, 1871. La Vir- 
gen de Covadonga, 1873. El Enano de la venta, 1873. La Ciudad del 
sueño, viaje al interior de Marruecos, 1873. Historia de un renegado, 
1873. La Edad de hierro, 1874. La Sacerdotisa de Vesta, 1874. Pom- 
p'ya, 1S74. El Infierno de la vida, 1874. El Fratricida, 1874. Quevedo 
y el Conde-Duque, 1875. El Rigor de las desdichas, 1875. ^^ Ronda de 
pan y huevo ó el rosario de la aurora, 1875. Nerón, cinco vols., 1875. 
Vírgenes y mártires, 1876. Heliogábalo, 1876. El Real de Santa Fe, 

1876. La Esposa enterrada en vida, 1876. Los Hidalgos de la muerte, 

1877. Aventuras de un empleado español, 1877, 1888. Los Amores de 
un teniente, 1878. La Ciudad maldita, 1878. Dramas de la antigüedad, 
1879. Huyendo de una mujer, 1879. Un viaje al Vesubio, 1880. Miste- 
rios de la calle de Panaderos, 1880. Desde la timba al timo, 1880. Las 
Mujeres que pegan y las mujeres que pagan, 1881. Los Malcasados, 
1881. Las Bendiciones de Quevedo, 1881. Las Almas impuras, historia 
de un malvado, 1882. La Venus del Manzanares, 1882. La Reina im^ 
pura y el paje maldito, I082-83. Las Traviatas de Madrid, 1883. El 
Suicidio de Perico, 1883. Glorias de la marina española, episodios 
históricos, 1883. Aventuras de don Francisco de Quevedo, narrac. 
hist., cuatro vols., 1883-84. El Casamiento de Quevedo, 1886. Un ma- 
rido como hay muchos, 1887. La Raza impura, 1889. Ambigú literario, 
1897. 



S. XIX, 187 1. CARLOS CAMBRONERO Ó3 

18. Año 18/1. Adolfo de Aguirre, santanderino, publicó Excur- 
siones V recuerdos, Bilbao, 1871. De Pagazarri al Nervión, ibid., 1903 
(póst.). — E. Alvarez y Pertierra publicó Mi tributo á Galicia, poema, 
Santiago, 1871. — Ricardo Becerro de Bengoa (1845-1902), de Vitoria, 
redactor de La Ihistr. Esp., director de La Naturaleza desde 1890, co- 
laborador de otros muchos periódicos, publicó Apuntes arqueológicos 
de Álava, Vitoria, 1871. El Libro de Falencia, 1874. El Libro de Álava, 
1877, Antigüedades históricas y literarias de Álava, San Sebastián, 
1882. De Palencia á la Coruña, 18S3. De Falencia á Oviedo. Papeles 
de un estudiante, poesías. El General Álava, 1884. Romancero Alavés, 
1885. En honor de Prueba, Bilbao, 1896. El Recién nacido, 1900. En 
Esp. Mod.: Ant. de Prueba (1889, Marzo). El Monasterio de Carrión 
(1889, Jul.). La Literatura vasconavarra en i88g (1890, Febr.). Buen 
tiempo fijo (1891, Jul., Ag.). El Congreso de los Diputados (1894, Ag.). 
Un ladrillazo (1895, Nov.). Consúltese Víctor de Velasco, Ricardo Be- 
cerro de Bengoa, Vitoria, 1889. — Samuel Benham, chileno, publicó 
Brochazos de historia contempor. (1871-83), Santiago, 1871. — Felipe 
Benicio Navarro y Reig (f 1881), brigadier, redactor de El Contem- 
poráneo (1860-65), copropietario de la Gaceta del Sport, muy erudito, 
publicó El Libro de la Montería es el Pratado de venación de D. Alfon- 
so el Sabio, Madrid, 1878. Arte cisoria, de E. Villena, ibid., 1879. For- 
talezas y castillos en la Edad Media, 1895. En la región de las noches 
blancas, viaje á Escandinavia, 1901. En la Rev. España: Bautizos 
reales de la dinastía austríaca (1880, t. LXXV). El pavón, el faisán 
y el pavo (1871, t. XXIII). Artículos de artes (1871-85) y crónicas 
bibliográficas (1877-79). La Biblioteca del Escorial (1883, t. XCI). — 
Ricardo Blanco Asenjo (1847- 1897), borgalés, publicó Peatro portu- 
gués del s. .vvi (en Rev. Esp., 1871, t. XXIII). La Pela de araña, nov., 
1874. Pared por medio, poema lírico, 1879. Penumbra, poesías, 1881. 
Cuentos y novelas, 1882. La Verja cerrada, dr., 1890. Para vencer 
á amor, querer vencerle, dr., 1893. — Brasseur de Bourbourg publicó 
Bibliothéque Mexico-Gnatemaliennc , París, 1871. — Liborio Brieba, chi- 
leno, novelista por entregas é imitador de Fernández y González, pu- 
blicó, con soltura de estilo y narración fantástica, El Capitán San 
Bruno y Los Palaveras (1871-77). — Pascual la Calle y Felíu (nació 
1846), barcelonés, publicó De la cuna á la fosa, poema (1871). Leyen- 
da religiosa (1872). Hojas caídas (1876). Estrellarse en las estrellas, 
cuento en verso (1887). El Magisterio español, drama. — ^Carlos Cam- 
BRONERO y Martínez (n. 1849), madrileño, bibliotecario del Ayunta- 
miento de Madrid, coleccionó los saínetes de don Ramón de la Cruz, 
hizo un estudio de Comella, fué redactor de La Revolución de Se- 
tiembre, El Constitucional, La Península, Madrid Literario (1876), 
Rev. Contempor. (1897-99), El Correo (1902). Usó los seud. Francisco 
López y López y Don Junípero. Arregló Un capricho, 1871. Publicó 
Isabel II, íntima, Barcelona, 1908. El Rey intruso, 1909. Las Cortes 
de la Revolución, 1912. Crónicas del tiempo de Isabel II, Madrid, 



66 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

1914. En Esp. Mod.: Malasaña y su hija (1891, Ag.). Estado financiero 
de Madrid en i^Jo, etc. (1894, Abr.). El Genero chico á fines del si- 
glo XVIII (1908, Mayo). La Cruz de Madrid (1908, Mayo). Apuntes 
para la historia del teatro, los asombros (1909, Jul.). Cosas de Madrid 
(1909, Nov.). Madrid in illo tempore (1910, Febr.). Las Cortes de 
Isabel II (1910). Bailarinas (1910, Abr.). La Reina Gobernadora (1914), 
— Colección de documentos originales y curiosos que se custodian en 
el Archivo de la villa de Madrid, ibid., 1871. — Hermógenes Con'CHa 
Marín, chileno, novelista por entregas, publicó La Felicidad es una 
quimera, 1871. — Dámaso Delgado López publicó Canto filial, Córdo- 
ba, 1871. María, historia poética, ibid., 1873. La Batalla de Munda, 
canto histórico, ibid., 1873. Don Gonzalo, tradición, ibid., 1885. ¡Tie- 
rra!, poema, ibid., 1888. — Eleuterio Derkes, poeta portorriqueño, pu- 
blicó sus Poesías, P. Rico, 1871, y estrenó Ernesto Léfevre, dr., Gua- 
yanio, 1871. — Rafael Egaña (n. 1851), periodista, el más popular, cas- 
tizo y variado de Chile, escribió en estilo ameno y fisgón sobre cos- 
tumbres, las Revistas y Semanas de Santiago, en La Lectura. Además, 
Biografía de Domingo A. Alemparte y Estudio críticofilosófico sobre 
Manuel Montt, obras muy bien escritas; Los Mártires del Rancho, 
Leona. María, El Secreto de la felicidad y Nostalgia. La Vida ardien- 
te, Santiago, 1887. — Pedro Elera (n. 1822), poeta ciego de Huanca- 
bamba (Perú), publicó Poesías, Lima, 1871. Plegarias, ibid., 1873. — 
Lorenzo Flores, de Regla (Cuba), fallecido á fines del siglo xix, pu- 
blicó Ensayos poéticos. Habana, 1871. — Juan Bautista Fuentes, poeta 
peruano, publicó Beatriz, poema, Lima, 1871, dos vols. — Ángel García 
DE LAS Heras publicó Rccucrdos de una familia católica, nov., Valen- 
cia, 1871. — Francisco García Ayuso, excelente indianista, publicó 
El Estudio de la filología en su relación con el Sanskrit, Madrid. 
1871. Gramática árabe, 1871. Los Pueblos iranios y Zoroastro, 1874. 
El Afghanistan, 1878. Ensayo crít. de gram-. comparada de los idio- 
mas indoeuropeos (sólo el t. I), 1886. Irán ó del Indo al Tigris. — Pe- 
dro García de San Juan publicó Glorias de la Iglesia Española; Bio- 
grafías de sus ilustres y Santos Varones, Madrid, 1871, tres vols. — 
Juan González Cos (1846-1878), de Silao (Méjico), poeta mediano, 
publicó Voces del alma, México, 1871. — Eusebio Hernández Torres, 
colombiano, estrenó Pecado y penitencia ó Un sargento del Libertador, 
dr., 'Cartagena, 1871. — Leandro A'ngel Herrero, por seud. Luis Fi- 
dancia, redactor de El Siglo Futuro y El Correo Español, director de 
Rigoletto (1869-70), publicó la hermosa novela histórica El Monje 
del monasterio de Yuste, leyenda, Madrid, 1871, 1883, 1911. Cabrera 
y los carlistas, 1872. Enseñar al que no sabe, com., 1877. — Víctor 
Iranzo y Simón (1850-1890), de Fortanle (Teruel), colaborador en 
El Juguete, El Recreo de las Familias, La Ilustr. Popular, Valencia 
Ilustrada, Rev. de Valencia, Lo Gay Saber, Valencia, La Ilustr. Cata- 
lana, publicó Flores sin aroma, poesías, Valencia, 1871. — Adolfo La- 
31ARQUE, poeta argentino, publicó de muy joven Ensayos poéticos 



S. XIX, 187I. ADOLFO RIBADENEYRA 67 

(1871), después se dedicó á la abogacía y por una desgracia íntima se 
suicidó. — Lorenzo Lleo y Abad, español, estrenó El Ángel tutelar. 
Habana, 1871. — Eugenio Maffey y R. Rúa Figueroa, ingenieros, 
publicaron Apuntes para una biblioteca española de libros... relati- 
vos ó... las riquecas minerales..., Madrid, 1871-73, dos vols. — José de 
Maxterola (1849-1884), de San Sebastián, amantísimo de su tierra 
vascongada, publicó Guía tnanual... de la provincia de Guipúzcoa, San 
Sebastián, 1871. Cancionero basco, ibid., 1877-80, tres vols. Can- 
tos históricos de los Bascos, ibid., 1878. Fundó y dirigió, desde 
1880, la revista vascongada Euskal-Erria. Manterolari Donostian, 
corona fúnebre en varias lenguas, San Sebastián, 1885. — Gregorio 
Martínez Gómez (1834-1887), burgalés, publicó Breve historia de los 
periódicos publicados en Valladolid en el siglo actual, 1871. — ^Juan de 
Meló (n. 1825), canario, catedrático del Instituto de Matanzas (1865), 
publicó Poesías, Matanzas, 1871. — El Milagro, novela, Madrid, 1871, 
dos vols. — Jorge Mitre, malogrado poeta argentino, que falleció á los 
diez y siete de su edad, publicó un canto á Méjico y estrenó La Polí- 
tica. Poesías, 1871. — J. P. Montero, montevideano, publicó Los Mis- 
terios del pillaje, nov. policíaca, 1871. — Vicente Ortiz de la Puebla 
publicó Historia de Suiza, Barcelona, 1871. El Coran..., primera ver- 
sión española, ibid., 1872. Historia de Francia, cuatro vols., ibid., 1873. 
Historia de Alemania, tres vols., ibid., 1877. Historia tiniversal de la 
mujer, ibid., 1880, dos vols. — Ireneo Paz estrenó La Manzana de la 
discordia, com., México, 1871. La Bolsa ó la vida, dr., ibid., 1875. Es- 
tar para fiestas, comedia. Leyendas histór. de la Independencia, 1891. 
— ^Carlos María Ramírez (1848-1898), nacido en Río Grande (BrasiJ), 
catedrático (1871), diplomático en el Uruguay, donde vivió y fundó 
La Bandera Radical (1871), fustigando á los partidos políticos tradi- 
cionales y á la Revolución, escribió brillantes artículos en La Razón; 
fué senador, diputado, ministro y catedrático, gran periodista, recio 
historiador muy autorizado, novelista, tribuno y rimador apasionado 
en sus mocedades. Publicó Los Amores de Marta, novelas locales, 
y Los Palmares (sin acabar). Juicio crítico de la Historia de Fran- 
cisco A. Berro (1882), Artigas, artículos. Discursos parlamentarios 
(1888-90). — Mariano Ramiro y Corrales publicó ¡Alza, Pilili!, co- 
lección de artículos de costumbres humorísticas^ Cárdenas, 1871. Ver- 
sos, Habana. 1880. Cándido, cuento, 1880. Amor fiambre, cuento, 
1880. Punto final, versos póst., 1887, 1909. — Revista de Archivos, Bi- 
bliotecas y Museos, Madrid, desde 1871, de las mejores en trabajos de 
investigación y documentos: i.' ép., 1871-78, ocho vols.; 2.« ép., 1883- 
96; 3.^ ép., 1897-1918. Catálogo de la Revista (1871-1910). Anuario del 
Cuerpo facultativo (1882-83), dos vols. — Revista del Río de la Plata. 
1871-77, importante para la historia, fundada por Andrés Lamas, Vi- 
cente Fidel López y Juan M.* Gutiérrez, continuación de la Rev. de 
Buenos Aires. — Adolfo Ribadeneyra publicó Viaje de Ceylán á Da- 
masco, Golfo Pérsico, Mesopotamia, etc., Madrid, 1871. Viaje al interior 



68 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de Persia, tres vols., 1880-81, — E. Rikr (seudónimo) publicó Diccionario 
Humorístico-Füipino, Manila, 1871, todo el texto en verso. — Ángel 
DE LOS Ríos Y Ríos (1819-1899), campurriano (Santander), colabora- 
dor de El Atlántico, etc., publicó Ensayo histór., etimol. y filológico 
sobre los apellidos castellanos, Madrid, 1871. Noticia histórica de las 
behetrías, primitivas libertades castellanas..., ibid., 1876. Exactitud 
histórica y geográfica del poema del Cid, 1879-80 (en Rev. Esp., to- 
mos LXXI-LXXIII). La Parte de los montañeses en el descubrimien- 
to de América, Santander, 1892 (2.^ ed.). Consúltese F. Bolado, Estu- 
dio biográfico del cronista D. A. de los Ríos y Ríos, Santander, 1905. 
— 'E. V. Rodríguez Dávila publicó Las Gemelas, dos obritas noveles- 
cas, Madrid, 1S71. — Fidel de Sagarminaga y Epalza (f 1894), últi- 
mo diputado general de Vizcaya, cronista del Señorío, fundador de 
la Sociedad Euskal-Erria, director de El Criterio (1856), fundador de 
La Unión Vasconavarra, publicó Reflexiones sobre el sentido político 
de los fueros de Vizcaya, Bilbao, 1871. Memorias históricas de Viz- 
caya, Bilbao, 1880. El Gobierno y régimen foral del señorío de Viz- 
caya, ibid., 1892, dos vols. — Juan José Salgueiro, poeta boliviano, pu- 
blicó Cantos de dolor en las márgenes del Titicaca, Puno, 1871. — Juan 
GuALBERTO Talegón pubücó Flora bíblicopoética ó historia de las 
principales plantas elogiadas en la Sagrada Escritura, Madrid, 1871. 
— jC. de Vasco Fiel publicó Dios, Patria y Rey, cancionero de D. Jai- 
me de Barbón, Sevilla, 1871. 

19. Año i8j2. Francisco Javier de Burgos y Sarra- 
GOiTi (1842-1902), natural del Puerto de Santa Alaría, exce- 
lente literato, poeta de cuenta, escritor castizo, siguió muy de 
cerca á Ricardo de la Vega y fué uno de nuestros mejores saine- 
teros, henchido de gracejo y de gran movimiento escénico. 
Compuso de 65 á 70 obras. Notables son sus melodramas Cá- 
óÁz, Trafalgar, etc. ; pero mucho aniás sus sainetes, como / Di- 
lettantij su primer estreno; Los Valientes, Las Mujeres, La 
Gente de pluma. Las Visitas, El Baile de Luis Alonso, Agua y 
caernos, La Boda de Luis Alonso, El Censo de población, Polí- 
tica y tauromaquia, Cómo está la sociedad. El Restaurant de 
las tres clases, Boda, tragedia y guateque. 

Felipe Pjírez y González (1854-1910), de Sevilla, donde 
publicó sus primeros trabajos, siendo niño, en el periódico satí- 
rico El Tío Clarín, luego en La Mariposa, Los Debates, El Ala- 
bardero, El Parlamento, El Constitucional, El Universal, El 
Baluarte y El Porvenir, donde firmó Urbano Cortés. Estudió 
Leyes y estuvo en el Archivo municipal de Sevilla (1878- 1884). 



S. XIX, 1872. F. JAVIER DE BURGOS 69 

Publicó SU primera obra, El Libro malo (1872), y á los quince 
días, su primera pieza teatral. Venido á Madrid (1884), escribió 
poesías en El Motín (1885) y en Madrid Político. Después de 
muchos juguetes, como El Oso y el centinela, Con luz y á oscu- 
ras. Recurso de casación. Casi... casi, estrenó La Gran Vía, 
con música de Chueca y Valverde, con tan buen suceso, que 
no ha alcanzado más representaciones obra alguna en España 
y América. Colaboró en Madrid Cómico, Iliistr. Esp., Lnpar- 
cial, Blanco y Negro, El Teatro, La Gran Vía, La Correspon- 
dencia y El Liberal, donde, durante diez y ocho años, insertó á 
diario inimitables Revistas cómicas. E'.ntre sus libros, los más 
celebrados son Vélez de Guevara, El Diablo Cojudo, Teatraír 
lerías, Fuegos artificiales. Tajos y reveses. El Sistema tétrico. 
Un año en sonetos y Un cuadro de historia. Saladísimo escri- 
tor en prosa y verso, poeta festivo de primera, bastante erudito, 
prosista ameno, versificador fácil. Aplaudiéronse no pocas de 
sus obras teatrales; pero luego se descaminó y las últimas no 
gustaron. Tuvo viva y chispeante fantasía, era amenísimo en 
la parla, agudo de ingenio, festivo y de buen humor. En El Año 
Profano y en las revistas cómicas en verso de El Liberal, hacia 
1900 y años anteriores, firmóse Tello Tcllez. 

Juan Rafael Ajllende (i 850- i 905), escritor crudamente 
satírico, nacido en Santiago de Chile, por seudónimos El Pe- 
quen, O. N. E., El Diablo Azul, fué el autor dramático popular 
más celebrado de su tierra. Con mayor literatura que Román 
Vidal, distinguióse por lo punzante y hasta grosero en sus ar- 
tículos periodísticos, en sus Poesías del Pequen, romancero na- 
cional y en otras diatribas personales. 

Agusto E. Madán y García (1853-1915), de Matanzas, 
estudió en Madrid, donde se formó como autor dramático, es- 
trenando muchas de sus piezas, que alcanzan á unas 80 Vi- 
vía en la Habana en 19 10. adonde pasó en 1878. Compuso y 
publicó también minchas poesías, apólogos y otras obrillas. 

20. Para que se vea lo que es el primer efecto de las piezas lle- 
nas de chiste, fueron leídas Las Amapolas, de Arniches, entre críticos 
y cómicos con una no interrumpida carcajada, y después. Las Muje- 
res, de Burgos, en frío. Llegada la representación. Las Amapolas no 
gustaron, y en cambio fueron aplaudidísimas Las Mujeres. Buen lite- 



7© SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (iS/O-lSS/) 

rato, aunque no tanto como Ricardo de la Vega, en el teatro empareja 
con él. Es un Juan del Castillo mejorado, no ciñéndose á pintar las 
costumbres gaditanas, tan bien ó mejor que él, sino igualmente las 
madrileñas. Labor fina. Siempre de buen humor y de maneras aristo- 
cráticas, hablaba en camelo con mucha gracia y sabía intercalar á 
tiempo saladísimos cuentos, poniendo en solfa las extravagancias y 
tonterías humanas.. Burgos, El Liberal, 14 Marzo 1894: "Con esposa 
y con chiquillos I y pasados mis abriles, ¡ y ligeros los bolsillos, ¡ ¿qué 
hacer? A la mar pelillos, i y me volví á los Madrües." Su primer es- 
treno fué en Cádiz, con Cádiz á zñsta de pájaro, muy aplaudido. Una 
vez en Madrid, logró que la insigne María Tubau y Mario le admitie- 
sen / dilettauti, obrita que fué primorosamente representada en la Co- 
media. Sus tres principales triunfos fueron Cádiz, Los Valientes y 
Las Mujeres. Cádiz, escrito en tres actos y representado en dos contra 
su deseo, el de Chueca y Valverde, se estrenó en Apolo. La marcha 
con que finaliza el primer acto, convertida después en himno nacional, 
era un número sin letra que Chueca había dado á conocer anterior- 
mente, sin llamar la atención de nadie. El arrinconado número fué 
aprovechado á instancias de Burgos, que tuvo que hacer sobre nw- 
nettno la letra, razón por la que los versos son tan desiguales y forza- 
dos. Los Valientes se estrenaron en el teatro Felipe, con suceso tan 
favorable, que el estruendo se creyó ser por algún motín, hasta el 
punto de tener que salir ds Gobernación fuerzas de Orden público 
para reprimir el supuesto alzamiento. Cuando Burgos leyó en Apolo 
Las Mujeres, como leía muy mal y la obra era toda de situaciones y 
carecía de chistes, no le hizo gracia á nadie. José Mesejo profetizó 
que el público rompería en el estreno las butacas. Aquella misma tarde 
había sido leída á la compañía Las Mal-as lenguas, de Amiches, con 
grandísimo aplauso. Y, con todo, no gustó en el estreno, y la obra de 
Burgos quedó como uno de los mejores saínetes líricos del siglo xix. 
La música era de Jerónimo Jiménez, que también músico con verda- 
dera fortuna, y contra la voluntad del autor, El Baile de Luis Alonso, 
otro saínete, estrenado sin música años atrás en el Español. Su segun- 
da parte es La Boda de Luis Al-onso. Ambas fueron maravillosamente 
interpretadas por Julianito Romea. El Novio de doña Inés es parodia 
de Don Juan Tenorio. En familia y entre amigos fué Burgos famoso 
por sus chistes, por sus camelos, por su buen humor irremediable y, 
ante todo y sobre todo, por el salero peculiar con que recitaba sus 
preciosísimos cuentos. 

J. de Burgos: Cádiz á vista de pájaro, Cádiz, 1866. Zampillaeros- 
tación, ibid. Mientras viene mi marido, ibid., 1872. La Niña boba, 1873. 
Un nozño campanólogo, 1873. Oro, amor y chocolate, 1874. Juan Pitón 
ó el rey de los mataores, 1874. La Vuelta á Cádiz en sesenta minutos^ 
1874. Tres z'isitas oportunas, 1875. A Sei-illa por todo. La Futura de 
mi tío, 1876. Una aventura en Sictm, 1876. El Censo de población, 1878. 
De Cádiz á Sezilla, 1S78. En la prevención civil. La Conquista de un 



S. XIX, 1872. FELIPE PÉREZ Y GONZÁLEZ 7I 

papá, 1878. Pavo y turrón. Los Cursis. I dilettanü, primer estreno en 
Madrid, 1880. Las Cursis burladas, 1881, Una noche de verbena, 1881. 
Fiesta nacional, 1882. El Mundo al revés. El Bergantín adelante, 1883, 
Política y tauromaquia, 1883. ¡Cómo está la sociedad! (música de Ru- 
bio), 1883 (antes en Cádiz, con título de En la Comisaría). Los Có- 
micos de mi pueblo, 1884. Manolita. Hoy sale, hoy (con Luceño), 1884, 
Ellos y nosotros. Agua y cuernos. Caramelo, 1884. El Novio de doña 
Inés, 1884. Los Gatos pardos. Nuestro prólogo, 1884. Aguas minera- 
les. La del principal, 1885. De verbena, 1885. Una madre buena. Los 
Valientes, 1886. La Magia blanca, 1886. Cádic (mus. Chueca y Val' 
verde), 18S6 (trad. al alemán). La Llama errante. Las Visitas, 1887. 
Cuidadito con los hombres ó el merendero de la Pepa, 1888. Restau- 
rant de las tres clases, 1889. El Mundo comedia es ó el baile de Luis 
Alonso, mus. de J. Jiménez, 1889. Las Grandes potencias, 1890. Co- 
rrer el caballo. La Gente de plum-a-^ 1890. Trafalgar, mus. de Jimé- 
nez, 1890. La Tragedia en el mesón, 1891. Candidita, 1893. El Vil 
metal, 1893. Boda, tragedia y guateque ó el difunto de Chuchita, 
1894. La Boronda, 1894. Las Mujeres, 1896. La Boda de Luis Alonso 
ó la noche del encierro, 2.' pte. de El Baile de L. Alonso, 1897. La 
Familia de Sicar, 1899. Uti viaje de mil demonios. Los Homrbres pú- 
blicos. Algunas fueron compuestas con Luceño, Fernández Shaw, Pina 
Domínguez y X^avarro. Colección de cuentos, Barcelona, 1896, con 
pról. de J. O. Picón. 

Libros de Fel. Pérez y González : El Libro malo, Sevilla, 1872. 
Tajos y reveses, ibid., 1875. El Fruto prohibido, ibid., 1876. El Sis- 
tema tétrico, ibid., 1881. Pompas de jabón, cuentos, Madrid, 1895, 
1896. Fuegos artificiales. 1896. Peccata minuta, ibid., 1897. ¿Quieres 
que te cuente un cuento?, ibid., 1897. Salud y pesetas, ibid., 1897. 
Chucherías, fruslerías históricas y chascarrillos de la historia, ibid., 
1898. Embusterías y yankees al hombro, 1898. El Diablo Cojuelo, 
ibid., 1903. Teatralerías, casos y cosas teatrales de antaño y hogaño, 
ibid., 1904. Abecés poéticos, 1905 (en Ilustr. Esp.). Tiples negras, 
1905 (ibid.). Vestir al soldado, 1905 (ibid.). Un año en sonetos, póst,, 
1910. Un cuadro de... historia, póst., 1910. Obras completas, Madrid, 
1915. Obras cómicas (en un acto) : Recurso de casación, com., 1882. 
El Oso y el centinela, jug., 1883. Un cambio de situación, id., 1883. 
Con luz y á oscuras, com^, 1883. Casi... casi..., jug., 1883. La Man- 
zana, com., 1884. El Amigo frito, parodia, 1884. El Conde de Cabra, 
jug., 1885. Felices Pascuas, aprop., 1885. La Villa del oso, aprop., 
1885. Bonito soy yo, jug., 1885. Un simón por horas, id., 1885. El 
Niño Jesús, com., 1885. El Barbián de la Persia, humorada cóm.-lír., 
1885. El Viaje al Suizo, parod. polít., 1886. Pasar la raya, jug., 1886. 
La Gran Vía, rev. madrileña, 1886. Champagne, manzanilla y peleón, 
humor, cóm.-lír., 1887. La Menegilda, 1887. Tío... yo no he sido, ju- 
guete, 1888. Oro, plata, cobre y... nada, zarz., 1888, Lo pasado, pa- 
sado, zarz., 1889, París de Francia, zarz., 1889. Doña Inés del alma 



72 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

mía, jug., 1890. La Restauración, zarz., 1890. Las Mentiras, jug., 1890. 
Los Cortos de genio, jug., 1891. Pelillos á la mar, jug., 1891. El Mar- 
quesito, zarz., 1892. Las Oscuras golondrinas, com. (en dos actos), 
1892. Los Vecinos del 2°, jug., 1893. ^<'' Jaula, jug., 1893. La de Va- 
monos, parodia, 1894. De P. P. y W., zarz., 1895. Mujer y ruina ó 
Mariquita Stoi-qne-ardo, memo-drama de magia, parodia, 1895. Guá- 
Guá, 1897. Diciembre, 2^, ó El Día de la Victoria, 1897. Carrasquilla, 
1900. Un cuadro... de historia, alegoría de la villa de Madrid, por 
Goya, 1910. En Ilnstr. Esp.: Chocolate y mojicón (LXXXI), El En- 
tremés y la tonadilla (LXXXI), El Gallinero de "El Diablo Cojuelo" 
(LXXXII), Que nos entierren juntos (ibid.), Títulos de comedias 
(ibid.). Cartero, cafetero y rey (LXXXIII), Cháteaux en Espagne y 
pueblos en Francia (ibid.), Cuatro saínetes anón, de D. Ramón de la 
Crua (LXXXIV) y otros nittchos en la misma revista. Consúltese Re- 
vista de Archivos, 1910 (Marzo). 

J. R. Allende escribió el año 1869 Y siguientes en La Libertad, La 
República, El Independiente, Los Tiempos; de 1879-84, en El Padre Co- 
bos; de 1884-88, en El Padre Padilla, La Democracia; el 1890, en Don 
Cristóbal, Pedro Urdemalas; el 1891, en El Recluta; el 1895, en El 
Pondo Pilotos, D. Mariano, El Arzobispo, El General Pilillo. Publicó: 
¿Qué dirán? ^ com., 1872. Los Entierros, 1^,72. El General Daza, jug., 
1879. La Comedia en Lima, com., 1881. Moro viejo, jug., 1881. José 
Romero, dr., 1882. Memorias de un clérigo, Ancud, 1885. Eleodora ó 
los misterios de un convento, Santiago, 1886. Cuentos colorados, ibid., 
1886. Las Mujeres de la India, dr. Víctima de su propia lengua, com. 
De entre bastidores ó la beata Magdalena, escencts de actualidad, Co- 
piapó, 1889. La República de Jauja, tragicom., Santiago, 1889. Huér- 
fano, dr., ibid., 1890. El Partido democrático, ibid., 1891. La Aristo- 
cracia revolucionaria retratada de cuerpo entero. ¡Para quién pelé la 
pava!, com., 1891. Un drama sin desenlace, dr., 1892. Rimas de un 
proscrito, Santiago, 1893. Memorias de un perro escritas por su pro- 
pia pata, ibid., 1893. Almanaque del "Pondo Pilatos" para 1894. El 
Cabo Ponce^ dr., 1898. De la taberna al cadalso, dr., 1901. Obras com- 
pletas, poesías populares del Pequen, t. I, ibid., 1903; 5.' ed., 1883; 
4 II, 3.^ ed., 18S1; t. III, I." ed., 1881 ; t. IV, i.» ed., 1881 ; t. V, 
I.' ed., 1881; t. VI, I." ed., 1882; t. VII, i.^ ed., 1882; t. VIII, i.» ed., 
1883. El Cuento del tío, jug., 1904. Obreros y patrones, 1904. 

A. E. Madán: La Piel del tigre, com., Madrid, 1872, 1877. Colec- 
ción de ensayos poéticos, Sta. Cruz de Tenerife, 1872. La Lucha de la 
codicia, dr. (1873). Galilea, dr. (1873). Ecos del alma, poesías, Ma- 
tanzas, 1873. Inspiraciones tropicales, poesías, ibid., 1873. Primeras 
armonías, ibid., 1874. Cantos de la selva. Habana. 1874. Bermudo, dr., 
Madrid. 1875. Este coche se vende, ibid., 1875. Colección de 50 apó- 
logos, ibid., 1875. Los Cómicos en camisa, ibid., 1875. Las Redes de 
amor, zarz. (1875). Horas de solaz, calece, de ensayos y juguetes 
poéticos, Madrid, 1875. Suspiros y lágrimas, poes., ibid., 1875. Ge- 



S. XIX, 1872. JOSÉ HERN-ÁNDEZ yS 

nio y figura, zarz., 1875. Asdrúbal, trag., 1875. Rosa, zarz., 1876. 
Matrimonios al vapor, com., 1876. Percances matrimoniales, jitg.. 

1876. El Talismán conyugal, id., 1876. Tito Lucrecio Caro, disc, 1876. 
Robar con honra, dr., 1877. Viaje en globo, sátira, 1877. Un sueño 
dr., 1877. El Delito y la itnprudencia, disc, 1877. El Rival de un rey, 
dr,, 1877. Cuidado con los estudiantes, jug., 1877. Novio, padre y sue- 
gro, jug., 1877. Deber y afecto en contienda, dr., 1877. Estudiantes y 
alguaciles, zarz., 1877. El Anillo de Fernando IV, dr., 1877. El Puñal 
de los celos, dr., 1877. La Esposa de Putifar, jug., 1877. Llueven hués- 
pedes^ j"g-. '^^77- Abnegación filial, com., 1877. A China, zarz., 1877. 
Agripina, dr., 1877. Al que escupe al cielo, 1877. La Hija mártir, dr., 

1877. Una romería afortunada, i8yy. Artistas para la Habana, jug. 
(con Liern), 1877. La Escala del crimen (con id.), 1877. Oliendo donde 
se guisa, zarzuela (con id.). El Maestre de Calxitrava, dr., 1877. 
Vuelto á Cuba : Fiebre de amor, zarz., Matanzas, 1878. Un besu- 
go cantante, zarz., ibid., 1878. Curarse sin botica, sain., ibid., 1878. 
Es pariente de^ 1879. Consecuencias de un matrimonio, com., 1879. 
Jugar al alza, 1879. El Capitán Amores, opereta, 1879. La Mujer 
del porvenir, jug., 1879. El Can can, 1879. Percances del periodis- 
mo, 1879. Quién engaña á quién, 1879. Dos torturas, dr., 1879. Todos 
hermanos, 1879. El Olim-po á l-a española, zarz., 1879. La Pimienta, 
com., 1879. Contratiempos de la noche de bodas, jug., 1879. ¡El!, jug., 
1879. El Capitán Centellas, melodr., 1879. El Calvario de la deshonra, 
dr., 1879. El Cáncer social, com.. Habana, 1879. El Lucero del alba, 
1879. Obras dramáticas, 1.^ ser., Habana, 1879. Obras completas, Ma- 
tanzas, 1880-81, dos vols. La Reina moda, jug.. Matanzas, 18S0. Un 
Amadis por fuerza, com., 1880. Peraltilla, com., 1880. Cuerpo y alma, 
1S80. El Calvario de los tontos, com., 1880. La Perla de Portugal, 
zarz., 1880. El Padrino universal, 1880. Colección de artículos, Ha- 
bana, 1880. Pablo y Virginia, dr. (con Triay), 1880. Cleopatra, zarz., 
1S81 (con id.). Poesías, Matanzas, 1882. La Granadina, jug. (con 
Liern), Madrid, 1890. El Rey mártir, 1894. El 20 de Mayo, oda. Ha- 
bana, 1902. Ilusiones y desengaños, ibid., 1903. El Calvario de la des- 
honra, cora. (2." ed., 1906). 



21. Año 1 8/2. José Hernández (i 834- i 886), nacido en 
San Martin (Argentina), militar y estanciero, periodista y po- 
lítico, redactor de La Reforma Pacífica y La Patria, director 
de El Río de la Plata, fué el mejor poeta lírico gauchesco, esto 
es, que supo expresar directamente las impresiones, los afectos, 
la fantasía, el pensar filosóficopopular de los gauchos ó habi- 
tantes de la Pampa argentina. Celebradísima fué su obra Mar- 
tín Fierro, en sextetos. B, Aires, 1872, 1897 (14." ed.), 1915. 



74 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887I 

La segunda parte intitulóla La yuelta de Martín Fierro, ibid... 
1897 (9-* ^^•)> 1915- Por la- objetividad serena, por el soplo re- 
ciamente épico, por la propiedad del lenguaje, parece, sin em- 
bargo, llevarle ventaja Ascasubi ; pero él es más lírico ó sub- 
jetivo. 

Antonio D. Lussich, poeta montevideano, de carácter 
gauchesco ó criollo, á veces algo pálido y otras prosaico, como 
algunos dicen en son de menosprecio, pero que equivale á 
decir popular, épico de buena ley, por consiguiente: otro tan- 
to puede decirse de Homero, que fué prosaico para muchos 
seudoclásicos académicos. Fué amigo de José Hernández, a 
quien inspiró la idea de escribir Martín Fierro, leyéndole algo 
de sus obras. Publicó Los Tres gauchos orientales, coloquio po- 
lítico, 1872, y su segunda parte, El Matrero Luciano Santos, 

1873- 

Rafael Obligado (n. 1851-), de Buenos Aires, halagado 
de la fortuna, independiente y aficionado á las letras, amante 
del retiro, desconocedor de las luchas de la vida y de las hon- 
das perturbaciones del alma, es el pintor plácido, inocente y 
sosegado, sin pujanza ni nervio, pero trasparente y puro de las 
delicias del hogar, de las visiones campestres y de la grandeza 
natural del suelo americano. Todo el concierto, magnificencia 
y hermosura del Nuevo Mundo se ha espejado en su alma tras- 
parente y placentera y ha vuelto á salir acrisolada y depurada 
en sus tersos, sencillos, armoniosos y tiernos versos. Tuvo 
cuanto á Echeverría, su maestro, faltó. La Pampa (1872), cua- 
dro de brillante colorido; La Flor del Ceibo, El Nido de Bo- 
yeros, El Hogar vacío. En la Ribera, América, Echeverría, 
Primavera, poesías son henchidas de humanidad, de hondo 
sentir y de sabor americano. La^ Tradiciones argentinas, sobre 
la leyenda de Santos Vega, menos realistas, más artísticas, 
son cuadros trazados de mano maestra por un gran poeta. Nada 
más criollo que las décimas de El Alma del payador. 

Patrocinio de Biedma y la Moneda de Rodríguez 
(n. 1 848-), de Begíjar (Jaén), casada á los quince de su edad con 
el marqués de San Miguel don José M." de Ouadros y Are- 
llano, de quien enviudó antes de los dos lustros; vuelta á casar 
con don José Rodríguez y Rodríguez, siendo padrino el Rey 



S, XIX, 1872. JOSÉ HERNÁNDEZ 'jb 

Alfonso XII ; alabada de Rada y Delgado por sus poesías an- 
daluzas, y del cardenal Zeferino González por la suave devo- 
ción y luz vificadora de su doctrina, dirigió en Cádiz la revista 
Cádiz (1877-81), cuatro vols., donde usó el seudónimo de Ti- 
ciano Imab. Fué escritora fecunda de estudios artísticos y no- 
velas de costumbres andaluzas, de moral intento y generoso 
espíritu y no sin gracia en las descripciones y pensamientos. 

22. Casi todos los críticos americanos dieron la palma á Her- 
nández, teniéndole por mejor poeta gauchesco que Ascasubi: José 
Manuel Estrada, Nicolás Avellaneda, Bartolomé Mitre, Miguel Cañé 
(padre), Ricardo Palma, José Tomás Guido, Adolfo Saldías, etcé- 
tera. Y es que la manera lírica de pintar los sentimientos del gau- 
cho, cuando es tan sentida como Ja de Hernández, con el realis- 
mo, desenfado, soltura, agudeza y derroche de metáforas y senten- 
cias filosóficopopulares, tan gallardamente remedado todo ello y en 
versos tan acabadamente redondeados, satisface al momento y llena 
las medidas del buen gusto. Pero es más dificultoso penetrar en el 
valer estético de Ascasubi, que para mí es de más subidos quilates. 
Basta hacer esta sencilla pregunta : ¿ Cantarían los gauchos esos can- 
tares de Hernández ú otros parecidos? Yo creo que Jos cantares ver- 
daderos de los gauchos eran bastante diferentes: los cantares popula- 
res son más objetivos y serenos, hasta los más líricos; el habla de 
Hernández y la perfección de Jos versos huelen no poco á poeta culto. 
Es más acertada manera de pintar á un pueblo cuando se hace indi- 
rectamente, por medio de la narración épica, aunque en ella entre el 
diálogo de las gentes de aquel mismío pueblo, que no expresar lírica- 
mente su sentir. La lírica no vale más que para expresar el sentir pro- 
pio; el sentir ajeno siempre queda más ó menos falseado en la lírica^ 
En cambio, la épica es el género propio para pintar lo extraño y obje- 
tivo al poeta. Ascasubi, por haber tomado el tono épico, está más cer- 
ca del pueblo que Hernández, en el lenguaje, en el verso, menos per- 
filado. El diálogo de los gauchos en Ascasubi creo es más propio que 
no el lírico cantar que Hernández Jes pone en los labios. Hay, además, 
en Ascasubi un soplo de épica añeja, verdaderamente popular, serena 
y sana, descuidada y sincera, que recuerda el Romancero y el decir de 
Homero. El gaucho pintado por Hernández es el gaucho perseguido'. 
"Atiendan Ja relación | que hace un gaucho perseguido." De hecho 
acomodó al caso la persona de un estanciero de Buenos Aires, amigo 
suyo, llamado Martín Colman, á quien llamaba él Martín Fierro. Su- 
pónele maltratado en el servicio militar fronterizo y que se decide á 
ser gaucho matrero ó malo, "un gaucho que hace alarde | de guapo y 
de peliador", hasta que ruega "á su Dios clemente | le perdonara el 
delito I de haber muerto tanta gente". Canta, pues, el coraje y braveza 



76 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de un gaucho perseguido, pareciéndose algo al guapo andaluz Francis- 
co Esteban y otros á quienes ensalzan las narraciones españolas, bien 
que éstos le llevan la ventaja de salir por la justicia y contra la des- 
igualdad social. "La influencia del predominio del valor en el gaucho, 
dice Emilio Alfonso Criado, fué nociva para la literatura criolla, pues 
explotada por autores sin nociones artísticas ni propósitos definidos, 
llegó á hacer de ella el único fin de una literatura malsana, dando á tipos 
vulgares ios contornos de una heroicidad perversa. Tal incremento 
tomó esta tendencia, cuya especialidad llegó á sintetizarse en los libros 
de Eduardo Gutiérrez, que, según Quesada, nada pudo contra ella el 
mismo José Hernández, quien, reparando que su Martín Fierro era 
utilizado para fomentar esa vena camorrista, quiso desviar la corrien- 
te con su Vuelta de Martín Fierro." Y es que acertó en crear el tipo 
del guapo, tan caro á la raza allende como aquende el mar, y apodera- 
do el pueblo de él, ya no le soltó ni á tres tirones. En España daba 
todavía más de sí ese tipo, cantado en novelas ; pero aunque algunos, 
como Reyes y Estébanez Calderón, pintaron rasgos sueltos, no hubo 
quien lo llevase á la poesía modelando toda su personalidad. Y, sin 
embargo, vive todavía ese tipo en Andalucía : el Pernales, el Vivillo 
son de ayer, y mañana saldrán otros al monte, de la misma laya, de 
liarta mayor nobleza de sentimientos que el gaucho matrero, cuya po- 
pularidad inmensa en la Argentina se debe á José Hernández ; en Es- 
paña sólo se la deben los guapos y bandidos andaluces á sí mismos, á ser 
ellos los héroes de unas cualidades que los demás españoles reconocen 
todos como propias, por serlo de la raza. El Martin Fierro encierra, 
además del habla popular gauchesca, tan parecida á la popular espa- 
ñola, un gran tesoro de refranes y sabiduría del pueblo. De este libro, 
sobre todo, brotó la literatura regional argentina, antes preparada por 
Juan Gualberto Godoy, Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi y Es- 
tanislao del 'Campo, que se ha corrido después á Ja novela y al teatro 
rioplatense. A pesar del elemento erudito, que entró en las obras de 
todos estos autores, consérvase en ellas no poco de popular, que cada 
vez irá estimando más la alta crítica. El mismo descuido en el verso 
semeja al de nuestros viejos romances. Véase este ejemplo: 



"Ya veo que somos los dos 
astillas del mesmo palo. 
Yo paso por gaucho malo 
y usted anda del mesmo modo, 
y yo, para acabarlo todo, 
á los indios me resfalo. 
Yo sé que allá los caciques 
amparan á los cristianos 
y que los llaman hermanos 
cuando se van por su gusto. 



A qué andar pasando' sustos. 
Alcemos el pancho y vamos.. 

Y pronto sin ser sentidos 
por la frontera pasaron. 

Y cuando la habían pasao, 
una madrugada clara 

le dijo Cruz que mirara 
las últimas poblaciones; 
y á Fierro dos lagrimones 
le rodaron por la cara." 



S. XIX, 1872. JOSÉ HERNÁNDEZ 77 

Porque, como dijo Pelliza (Carta á Hernández, 1873), Martín Fierra- 
es encarnación de la gente popular, "órgano reproductor del lamento 
de los gauchos sujetos al bárbaro servicio de fronteras, que, como 
una honda poderosa, viene á estrellarse ante la indiferencia granítica 
de los Gobiernos''. Por eso el autor acaba su relación diciendo que 
ha cantado "á su modo, | males que conocen todos, ] pero que naides 
cantó". En La Viuelta de Martín Fierro quiso pintar el "buen paisa- 
no''. Alais define bien el gaucho y el paisano: "Cuando se ve un 
hombre de campo montado en un buen caballo, bien vestido, con buen 
chiripá y buen poncho, que habla con cierta decencia en lenguaje 
claro, directo, exclamamos: Este es un paisano. Cuando vemos, en 
cambio, un hombre de campo desaliñado, con mal apero, que anda que- 
brándose y que habla groseramente ó con disfraces que ocultan una 
segunda intención, decimos: Este es un gandío. El primero inspira 
confianza, es noble y de alma sana, llena de generosos sentimientos, 
como se lee en su mirada tranquila y franca. El otro inspira más bien 
recelo, es siempre astuto, no conoce más moral que la de sus con- 
veniencias del momento y en sus ojos se lee algo así como un re- 
sentimiento atávico á la sociedad, en que se mezclara el rencor del nó- 
mada y los recelos del salvaje." Martín Fierro, ya paisano, cuenta su 
vida entre indios y pinta al indio, que "pasa la vida | robando ó- 
echao de panza; | la única ley es la lanza | á que se ha de someter; \ 
lo que le falta en saber | lo suple con desconfianza". Hernández, en 
carta á José Zoilo Miguens: "Es (Martín Fierro) un pobre gaucho, 
con todas las imperfecciones de form.a que el arte tiene todavía entre 
ellos y con toda la falta de enlace en sus ideas, en las que no existe 
siempre una sucesión lógica, descubriéndose frecuentemente entre 
ellas apenas una relación oculta y remota. Me he esforzado, sin pre- 
sumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personifica el 
carácter de nuestros gauchos, concentrando el modo de ser, de sentir, 
de pensar y de expresarse que les es peculiar ; dotándolo con todos los 
juegos de su imaginación, llena de imágenes y de colorido, con todos 
los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos 
los impulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educación no 
ha pulido ni suavizado... empeñándose en imitar ese estilo abundante 
en metáforas, que el gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su em- 
pleo constante de comparaciones, tan extrañas como frecuentes; en 
copiar sus reflexiones con el sello de la originalidad que las distingue 
y el tinte sombrío de que jamás carecen, revelándose en ellas esa es- 
pecie de filosofía propia que sin estudiar aprende en la misma Natura- 
leza; en respetar la superstición y sus preocupaciones, nacidas y fo- 
mentadas por su misma ignorancia; en dibujar bl orden de sus impre- 
siones y de sus afectos, que él encubre y disimula estudiosamente ; 
sus desencantos, producidos por su misma condición social y esa in- 
dolencia que le es habitual, hasta llegar á constituir una de Jas condi- 
ciones de su espíritu; en tratar, en fin, lo más fielmente que me fuera 



78 SEGUNDO PLRÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

posible, con todas sus especialidades propias, ese tipo originaJ de nues- 
tras Pampas, tan poco conocido por lo mismo que es difícil estudiarlo, 
tan erróneamente juzgado muchas veces..." Ernesto Quesada, El 
Criollismo : "La poesía gaucha realizó una evalución lógica : primera- 
mente con Hidalgo glorificó al gaucho patriota, valiente y cristiano, 
de la época de la Independencia; 'luego, con Ascasubi, al gaucho con- 
denado á guerrear perpetuamente, durante el período de las luchas 
civiles; después, con del Campo, se convierte en un pretexto para alu- 
dir á su vida pintoresca, haciéndola servir á críticas de que no era 
capaz y empleando su lenguaje como simple capricho literario. La 
vida de! gaucho con posterioridad á Caseros (1852), es decir, desde 
que se normaliza la existencia de la República, encontró, finalmente, 
su cantor en José Hernández." Unamuno : "En Martín Fierro se 
compenetran y como que se funden íntimamente cl elemento épico 
y el lírico; Martín Fierro es, de todo lo hispanoamericano que conoz- 
co, lo más hondamente español... Cuando el payador pampero, á la 
sombra del ombú, en la infinita calma de! desierto ó en la noche se- 
rena á la luz de las estrellas, entone, acompañado de la guitarra es- 
pañola, las monótonas décimas de Martín Fierro y oigan los gauchos, 
conmovidos, la poesía de sus pampas, sentirán sin saberlo ni poder 
de ello darse cuenta, que les brotan del Jecho inconsciente del espíritu 
ecos inextinguibles de la madre España, ecos que con la sangre y el 
alma Jes legaron sus padres... Martín Fierro es el canto del luchador 
español que, después de haber plantado la cruz en Granada, se fué 
á América á servir de avanzada á la civilización y á abrir el camino 
-del desierto. Por eso su canto está impregnado de españolismo, es 
española su lengua, españoles sus modismos^ españolas sus máximas y 
su sabiduría, española su alma. Es un poema que apenas tiene sentido 
alguno desglosado de nuestra literatura." M. Pelayo, Hist. pocs. 
hisp.-anter., t, H, pág. 473: "El soplo de la pampa argentina corre 
por sus desgreñados y pujantes versos, en que estallan todas las ener- 
gías de lia pasión indómita y primitiva, en lucha con el mecanismo 
social, que inútilmente comprime los ímpetus del protagonista y acaba 
por lanzarle á la vida libre del desierto." Consúltense: M. Unamuno, 
■en Rev. Española, Madrid, 1894 (núm, 1.°) y La Liter. gauchesca, con- 
ferencia, 1899; Oiro Bayo, Romancerillo del Plata, 1913; M. Pelayo, 
Antol. poet. hisp-amcr., 1895; Juan M. Torres, Aprecia-ciones sobre 
Martín Fierro, 1873; Mariano A. Pelliza y Adolfo Saldías, en sus 
cartas á Hernández (1873 y 1878) ; Miguel Navarro Viola, El Gaucho 
Martín Fierro, 1878; Santiago Estrada, El Gaucho Martín Fierro, 
1879 (en La América del Sud, anónimo), y en Miscelánea, 1880; 
Andrés Gon.^ález del ¡Solar, Juicio crítico sobre el Martín Fierro, 
1881; Juan Antonio Argerich, en La Liter. Argent., 1890; Mario 
Sáenz, La Poesía gauchesca, 1899; Ernesto Quesada, El Criollismo en 
la Liter. Argent., 1902; Martiniano Leguizamion, De cepa criolla, 1909, 
jy Páginas Argentinas, 191 1; Enrique García Velloso, Hist. de la Liter. 



S. XIX, 1872. RAFAEL OBLIGADO 79 

Arg., 1910; Carlos Octavio Bunge, El Derecho en la Liter. gauchesca; 
Emilio Alonso Criado, El ^'Martin Fierro", eshid. crít,, 1914. 

J. Valera, en carta á Obligado, Cartas Americanas, 1889, pág. 54: 
"Dejemos hablar al señor Oyuela, cuyas palabras hago mías: "Los 
"nobles sentimientos é ideas que usted expresa son tales como deben 
^'ser y son naturalmente imaginados y sentidos por un argentino de 
"raza española. La Jengua en que están es pura lengua española. Aun- 
"que usted conoce y estima, como toda persona de buen gusto, la lite- 
"ratura francesa, no se deja dominar por su influjo, Xi el más leve 
"soplo francés corre por Jas delicadas páginas de su libro. Tampoco 
"hay en él nada italiano, nada inglés ni nada alemán. En cambio, sin 
''que usted lo haya solicitado, quizá desconociéndolo y con sólo dar 
"rienda suelta á su naturaleza americana y á su carácter argentino, 
"tiene el libro de usted no poco de andaluz. De ahí que maneje usted 
"el castellano con tanta pureza, soltura y gallardía." El señor Oyuela, 
pues, comentando los versos de usted y usted escribiéndolos, renie- 
gan de ese cosmopolitismo estéril y procuran que brote de la raíz es- 
pañola, trasplantada á ese sue.lo, la originalidad nacional que anhelan 
y que ya tienen sin duda... Como él (Echeverría), posee usted la fa- 
■cultad de reflejar, á modo de claro y mágico espejo. Ja naturaleza 
circunstante, hermoseándola y depurándola en la imagen; pero usted 
posee, además, el arte y Ja forma adecuada para que esta imagen pase, 
sin disiparse ni afearse al pasar, desde la mente de usted á las mentes 
de los demás hombres, hiriéndolas y penetrándolas... En todos los 
versos de usted hay inspiración propia, por donde, sin buscar la ori- 
ginalidad, usted Ja tiene. Se conoce que ha leído usted los poetas es- 
pañoles, hasta los más recientes, como Canupoamor, Núñez de Arce 
y Velarde... En varias composiciones amorosas de usted hay también 
algo del modo de Béoquer. Siempre, no obstante, la imitación ó la 
coincidencia es tan vaga, que no está uno seguro de que no sea ilu- 
sión... A más de excelente poeta lírico, me parece usted buen poeta 
narrativo, según el testimonio brillante que de ello da en 1? leyenda 
de Santos Vega." Doctor González {Diario de Sesiones de B. Aires, 
1916, Set. 27) : "Rafael Obligado es el poeta del litoral, es el cantor 
^e Jos grandes ríos, es el trovador de las pampas y de las selvas ba- 
ñadas por estos ríos enormes, enormes como mares. Si no es tan in- 
tenso como Gutiérrez ni de vuelo tan potente como Andrade, en cam- 
bio es el pintor excelente de la naturaleza argentina. Nadie como él 
"ha sabido dar á la poesía del gaucho la expresión culta que conviene, 
sin duda, para incorporar este demiento psíquico á nuestra alta 
literatura como en sus poemas sobre Santos Vega." Martín García 
Mérou, Recuerdos Liter., 1915, pág. 271: "Rafael Obligado es el poe- 
ta de la suavidad y de la penumbra. Su frase trémula y tranquila 
brota impregnada de unción y de dulzura. La nota brillante de la epo- 
peya resuena raras veces en su lira. Un encanto íntimo y misterioso 
-Se desprende de la música de sus versos soñolientos. Es el poeta del 



8o SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

hogar, de ¡os paisajes tranquilos del Delta y del Paraná, en cuyos 
brazos sinuosos, sombreados por las ramas desfallecientes del sauce, 
resbala la canoa del isleño, en medio de la soledad y el silencio, que 
interrumpe apenas el golpe de los remos...'' Pág. 286: "Las luchas de 
la vida, las hondas turbaciones del alma le son desconocidas. Una se- 
renidad tranquila, una ponderación dulce y grata de pensamientos y 
sentimientos se refleja en toda su obra poética y le imprime un sello 
luminoso. Evita el estallido de las grandes exaltaciones líricas, la 
elevación del tono, Ja hinchazón de la imagen y la palabra. Es mesu- 
rado, correcto, delicado. Los afectos del hogar y de la familia, .las 
gracias pudorosas de la adolescencia, los recuerdos cariñosos de los 
primeros sueños de amor y de gloria: he ahí los temas que desarrollan 
sus trémulas elegías. Y su estilo se presta admirablemente para la ex- 
presión de sus ternezas... Se diría que todas las buenas hadas se re- 
unieron en su cuna para allanarle el áspero camino del mundo. Joven, 
dotado de fortuna, mimado en el hogar y querido por todos los que 
conocen sus nobles condiciones morales... Ha gozado desde el princi- 
pio de esa grata independencia... ha permanecido alejado, en el si- 
lencio de su retiro estudioso... Y es precisamente este carácter de 
placidez, este suave efluvio de pureza y de inocencia, lo que consti- 
tuye el encanto penetrante de los versos de Obligado." Poesías, Bue- 
nos Aires, 1885, 1902. Tradiciones argentinas, Barcelona, 1903. Tra- 
diciones y recuerdos, 7.^ serie, 1908. 

Patrocinio de Biedma : Guirnalda de pensamientos, poesías, 1872. Re- 
cuerdos de un áiigel^ elegías, Aíadrid, 1874, de lo más hermoso en cas- 
tellano por los dulces sentimientos maternales. El Héroe de Sta. En- 
gracia, poema hist., ibid., 1874, El Monumento de Semana Santa en 
la Catedral de Sevilla (en Rev. Esp., 1S74, t. XXXVII). El Testamen- 
to de un filósofo (ibid., 1874, ts. XXXIX-XL). El Odio de una mu- 
jer, noy,, Cádiz, 1876, 1882. Romances y poesías, ibid., 1881. La Muer- 
ta y la viva (en Rev. Esp., 1881, ts. LXXVIII-LXXX). Las Aparien- 
cias (ibid.,- 1882-83, ts. LXXXVIII-X'GI). El Mayor castigo, leyenda 
dramática (ibid., 1883, is. X^C-y^Cl). Las Princesas españolas (ibid., 
1883, t. XCIV). Dos hermanas, nov„ 'Cádiz, 1884 (2.^ ed.). Dramas 
íntimos, episodios en. verso. La Marquesita, Cádiz, 1892. Otras nove- 
las: Blanca, El Secreto de un crimen. El Capricho de un lord (dos 
vols.), Historia de una hora, Dos minutos. La Botella azul, Cadenas del 
corazón, Sensitiva, Las Almas gemelas, La Flor del cementerio. Frag- 
mento de un álbumi. De Cádiz á la Habana, La Boda de la niña. Estu- 
dios artísticos: El Alcázar de Sevilla, La procesión de Cádiz, La Ca- 
tedral de Sevilla, La Exposición de Cádiz, Bellezas de España, Glorias 
de Andalucía. Además: Problemas sociales, estudios filosóficos, Ho- 
jas sueltas. Una historia en el mar, episodio; La Nobleza española^ 
estudios heráldicos. Consúltese Patrocinio de Biedma, por A. de Bied- 
ma, 1917 (en Esp. y Amér., Cádiz). 




CRESCENTE ERRAZURIZ 



S. XIX, 1872. CRESCENTE ERRÁZURIZ Si 

23. A7I0 i8/2. Ricardo ]\/Lacías Picavea (1847-1899), 
de Santoña, catedrático en el Instituto de Valladolid, fundador 
con otros de La Libertad^, fué poeta filósofo en Kosmos, nove- 
lista regional en La Tierra de Campos, obra bien perfilada 
cuanto á los personajes y viva en la descrijxrión de la meseta 
castellana. Pero, sobre todo, mostróse escritor grave y profun- 
do pensador, conocedor como pocos y amante de la raza his- 
pana, en El Problema nacional (1899), donde, como Joaquín 
Costa, se presentó cual médico que conoce los males de la pa- 
tria y los remedios que le convienen. Fué á raíz del desastre de 
1898; pero su voz resonó en el vacío. Los pueblos aburridos y 
cansados de la farsa de la política personal y del falseado libe- 
ralismo de los caciques, que le tenían agarrotado no menos que 
antes los reyes absolutos, ó algo más y con mayor vilipendio, 
como que dio gracias á Dios al verse libre de las colonias, de 
donde nada supieron cosechar, si no eran las vergonzosas rapi- 
ñas de los mandarines allí enviados para ello, y adonde iban á 
perderse como en abismo sin fondo la sangre de los ciudadanos, 
los tesoros de la nación y la honra de la raza, vendida á vil 
precio por los fementidos gobernantes. 

Luis Montoto y Rautenstrauch (n. 185 1-), sevillano, re- 
dactor de El Español (1873-85), escritor modelo de casticismo, 
conocedor teórico y práctico de los tesoros del castellano, de 
sus refranes y dichos, compuso también poesías clásicas, cuen- 
tos y novelas cortas. La mayor alabanza que puede caber á un 
poeta, la de que sus coplas lleguen á ser del tesoro popular anó- 
nimo, cúpole á Montoto en algunas de las que compuso. 

Crescente Errázuriz (n. 1839-). de Santiago de Chile, 
hijo de Javier Errázuriz Aldunate y Rosario Valdivieso, estu- 
dió en el Seminario de aquella ciudad, ordenóse de presbítero 
en 1863, encargándose el mismo año de la Rev. Católica hasta 
1874, donde se mostró formidable periodista, no menos que en 
El Estandarte Católico (1874-84), siendo el brazo del arzobi.s- 
po señor Valdivieso; entró, en 1885, en la Recolección domini- 
cana con nombre de fray Raimundo Errásuric y salió más tarde 
de ella (1911). Ha sido fiscal eclesiástico y catedrático, perte- 
nece á la Universidad de Chile, es director de la Academia de 
Chile y fué premiado por la Sociedad Chilena de Historia y 

TOMO IX. — 6 



82 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Geografía (1912) con medalla de oro, concedida á la mejor 
obra histórica publicada aquel año. Si como periodista fué apa- 
sionado, como historiador es tranquilo en sus juicios y el más 
severo, imparcial y sobresaliente de cuantos en su tierra han 
escrito de historia, con ser tantos y tan notables. Su estilo e.^ 
correcto y elegante. 

Padlo Groussac (n. 1848-), de Toulouse (Francia), en Bue- 
nos Aires desde 186Ó, estuvo en Chicago en 1893; es biblioteca- 
rio de la Nacional en Buenos A'ires (1885), donde hizo críticas 
severas é iniparciales, agudas por lo puntuales y amenas por lo 
brioso, castizo, desenfadado, suelto y propio del estilo, sobre An- 
drade. Mármol, Rubén Darío y acerca de autores antiguos ; es 
también el más entendido literato de la Argentina, historiador 
notable y excelente novelista. Pocos escritores americanos le ga- 
nan ó se. le acercan en la manera briosa, ligera y castiza de escri. 
bir sobre crítica literaria. Por su carácter displicente y por huir 
del panegírico, como exigente crítico, ha tenido trifulcas y sigue 
teniendo no pocos adversarios en la república de las letras. 

Manuel de la Re villa y Moreno (i 846- i 88 i), madrile- 
ño, doctor (1870), orador y periodista revolucionario, catedrá- 
tico de Literatura española en la Central (1876); e'egante, ati- 
nado, sincero y descontentadizo en -la crítica, afable, sencillo 
é ingenuo ; en doctrinas intransigente ; fundó El Amigo del Pue- 
blo (1868), y con Peña y Goñi, La Crítica, la cual ejerció no 
menos en la Rezista Contemporánea. Fué despreciador de la 
ciencia y filosofía española ; en cambio, admirador de todo lo 
extranjero y aficionado á toda moda filosófica, amigo de dis- 
cutirlo todo; krausista, luego neokantiano, á la postre positi- 
vista ; espíritu voltario y volandero. 

.. '-^^v J. Valera, Ecos Argentinos^ 1901, pág. 194: "El señor Ma- 
cíás aparece en cierto modo como discípulo de Pereda, aunque am- 
pliando y completando la teoría del montañés acerca del arte nove- 
lesco. El señor Macías, á lo que parece, gusta, como T ereda, del re- 
gionalismo en este género de poemas en prosa. Supone que Pereda 
describe el Norte montañoso de Castilla; doña Emilia Pardo Bazán, 
la región gallega; Armando Palacio VaMés, las Asturias; Pérez Cal- 
dos, la sociedad madrileña, y Fernán Caballero, años ha, y yo más 
tarde, la vida y costumbres de los andaluces... El señor Macías... se 
decide á describir y describe la meseta central de España, la tierra 




PAUL GROUSSAC 



S. XIX, 1872. LUIS MONTOTO 83 

de Campos, la parte llana de Castilla la Vieja." Andrés González 
Blanco, Hisí. nov., pág. 701 : "Admirable y única novela La Tierra 
de Campos, verdadero himno, el solo cantado en España á la meseta 
de Castilla, á Ja tierra sana; novela en la que hay figuras tan admira- 
bles entre las principales como Maruja, y entre las accesorias como 
el tío Pi; novela de acre sabor castizo, que tonifica el espíritu." Nar- 
■ciso Alonso Cortés, Viejo y Nuevo, 1915, pág. 7: "Dejó impreso un 
poema, Kosmos, y otro inédito, Andrés y Alaría. Cuando escribió 
Kosmos, Maclas era muy joven... Poema cosmogónico..., la forma- 
ción de los mundos al golpe vital de la fuerza creadora, reaparece 
•entre quintillas, cuartetos, silvas, octavas reales... La concepción del 
poema es vasta y penetrante. El poderoso cerebro de Maclas incrusta 
■enérgicamente en la estrofa la trascendencia de sus ideas, con abun- 
dancia de imágenes vigorosas; mas sobre el poeta, debe decirse, se 
alza el filósofo crausista... De las dos partes que forman La Tierra 
de Campos, la primera me parece muy superior á la segunda. En sus 
páginas, hondo é íntimo, palpita un drama, drama de amor, de celos, 
de rivalidades políticas, por entre el cual se desliza, como reptil vis- 
coso, la intriga ruin y menuda... Las tonalidades negras y melancó- 
licas, acaso con exceso, que dominan en La T. de C, dejan lleno el 
ánimo de profundo desconsuelo." Kosmos, poema, Vallado'.id, 1872. 
Apuntes y estudios sobre la Instrucción pública en España y sus re- 
formas, 1882. La Mecánica del choque y El Derecho de la fuerza, 
novelitas en La Libertad. La Tierra de Campos, nov., dos vols., Ma- 
drid, 1897-98. El Problema nacional, Madrid, 1899. 

Luis Montoto, impresiones todas de Sevilla. En verso : Melancolía, 
1872 (cinco ediciones). Granos de arena, 1875. Poesías, 1876. Peque- 
ños poemas, 1877 (tres ediciones). Mercedes, 1877. El Negrero, 1878. 
A la lumbre del hogar, 1890. Historia de muchos Juanes, 1S91 (treí 
ediciones). N odies de luna, 1893 (dos ediciones). La Musa popular, 
1893 (dos edicioncj}. flcrcs del campo, 1894. Desde el cortijo, sone- 
tos, 1896 (dos ediciones). La Sevillana y Sevilla, 1915. En prosa: La 
Capa del estudiante, art. liter., 1889. Fruta seca, dos tomos (prólogos, 
artíc), 18S9. Los Cuatro ochavos (novela), 1891 (cuatro ediciones). 
El Duro del vecino (novela), 1893. Relación del caso famoso acaecido 
en esta ciudad de Sevilla á un Duque y á un Marques, bibliófilos re- 
calciiranies, por Lorenzo de Miranda, hijo del caballero del Verde 
Gabán, Sevilla, 1893. Un paquete de cartas, de modismos, locuciones, 
frases hechas..., 1882. Personajes, personas y personillas, etc. (tres 
tomos), 1911-1912. De "re" literaria, 1912. La Estafeta literaria, 
1913. Algo que se va, 1914. Cervantes y Sevilla, 1915. Para el teatro: 
La transniigraciÓ7i de las almas, com. (con Manuel Cano y Cueto). 
Crónica de l-a capital, com. (con id.). Torrigiano, dr. (con José de 
Velilla y Rodríguez). El Ultimo día, dr. (con id.). Apuesta de amor, 
dr. (con id.). Además varias poesías sueltas, discursos y memorias. 

C. Errázuriz: Carta (fechada en Oct. i.°, 1869, á bordo del vapor 



84 SEGUNÜO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Araucania) sobre su viaje á Europa. En Rev. Católica, t. XIV, pá- 
ginas 327-330. Nuestra Señora de Lourdes, por Enrique Lasserre. 
Trad. por los pbros. Mariano Casanova y Crescente Errázuriz, San- 
tiago, 1S71. El Periódico Católico, disc, 1872. Don Casimiro Vargas, 
disc. (en Anales de la Universidad de Chile), 1872. Los Orígenes de 
la Iglesia Chilena, 1540-1603, Santiago, 1873. Los Orígenes de la 
iglesia Chilena y el Sr. Miguel Luis Amunátegui (en La Estrella de 
Chile, 1872-1873, t. VI, págs. 743, 885 y sigts.). La Bula de Alejan- 
dro VI y el Sr. Amunátegui (en La Estrella de Chile^ 1873-1874, 
t. Vil., págs. 406, 417, 435, 449 y 469). La Ignorancia religiosa (ibid., 
1875-1876, pág. 6). Contesto una caria: I. La Novela histórica y la 
Historia nacional; II. Don Diego Cortés; III. Un personaje ■miste- 
rioso {El Gran Pecador) (ibid., 1875, t. IX, págs. 610-617). El Pro- 
yecto de la guerra defensiva (contra los indios araucanos en el si- 
glo xvi) (en El Estandarte Católico, 1876, núms. 716-717). El Padre 
Luis de Valdivia en la corte de España (ibid., 1876, núms. 729, 736, 
738, 742 y (1877), núm. 753). "La Crónica de 1810", por Miguel 
Luis Amunátegui, tomo II (art. crítico por el señor Crescente Errá- 
zuriz) (en Estandarte Católico, 1876, núms. 708, 714, 720, 726 y 732). 
Cómo llegó á creerse una fábula absurda (en La Estrella de Chile, 
1876-1877, t. XII, págs. 11-17) (el subtítulo es Los Terrores del año 
1000). Francisco Bilbao y sus panegiristas, por Rómulo Mandiola, 
precedido de una introducción, por Crescente Errázuriz, Santiago, 
1876. Aniversario CCLXII de la muerte de Miguel de Cervantes S(i- 
avedra. Libro compuesto para honrar la memoria del príncipe de los 
ingenios españoles por sus admiradores de 'CJiile, Santiago, 1878. En 
este libro es del señor Errázuriz un capítulo intitulado La Obra de 
Cervantes. Don Iñigo de Ayala y Rojas (en La Estrella de Chile, 
1878, t. XV, pág. 65). Un combate entre chilenos y argentinos en 
1623 (ibid., pág. 351). Un capítulo de historia. La Iglesia chilena en 
lóog y 16 1 o (ibid., t. XVI, pág. 181). Seis años de la historia de 
Chile (23 de Diciembre da 1598 á 9 de Abril de 1605), ¡Santiago, 1881- 
1882, dos vols., 1908. Compendio de Derecho Canónico, Santiago, 
1883; aumentada, Santiago, 1893. Mes de María del Rosario, por el 
padre fray Raimundo Errázuriz, de la Recolección Dominicana, San- 
tiago, 1885. Historia de Chile durante los Gobiernos de García Ra- 
món, Merlo de la Fuente y Jaraquemada (continuación de Jos Seis 
años de la Historia de Chile), Santiago, 1908, dos vols. Historia de 
Chile: Pedro de Valdizña, Santiago, 191 1; t. II, 1912. Historia de 
Chile: Chile sin Gobernador, 1 554-1 557, Santiago, 1912. Discusión 
histórica acerca de la condición en que Pero Sancho de la Hos 
habría venido á Chile, si hubiese cumplido sus compromisos (con- 
testación al señor don Joaquín Santa Cruz) (en Rev. Chilena de 
Historia y Geografía, 1912, t. III, págs. 103-122). Historia de Chile: 
Don García de Mendoza, ^557-^5<^^, Santiago, 1914. Fin de una an- 
tigua polémica : EL P. Luis de Valdivia y el proyecto de guerra de- 



S. XIX, 1872. M. DE LA REVILLA Y MORENO 83 

fensiva (en Rev. Chil. de Historia y Geografía, 1914, págs. 1 13-127), 
Historia de Chile: Francisco de Villagra, i^ói-j^ó^, Santiago, 1915. 
Historia de Chile: Pedro de Villagra, 1563-1565, Santiago, 1916. Ade- 
más: Mes de San José, Mes de Noviembre, Manual del Religioso 
Dominicano, Santiago, 1887. Manual del Tercero Dominicano. 

Nic. Avellaneda, Escrit. liter., 1915, pág. 153: "Escribía (Grous- 
sac) en una de nuestras revistas sobre Espronceda... y sobre Trueba... 
Quedamos sorprendidos. No habíamos leído en nuestro idioma apre- 
ciaciones más finas y de un vuelo tan elevado. El análisis se mezcla- 
ba al drama. Era un estudio literario y á la par un estudio humano. 
En el poeta se buscaba al hombre y á través de sus versos se divisa- 
ban las vicisitudes de su vida ó las palpitaciones de su corazón... Era 
la aplicación entre nosotros de los procedimientos de la crítica mo- 
derna como es practicada por Sainte-Beuve ó por Nissard. El señor 
Groussac siguió escribiendo sobre crítica literaria y aplicándola en 
ocasiones á escritores argentinos. Huía la detracción sistemática que 
conduce á la depresión moral ó intelectual, concillaba la equidad con 
el juicio exacto, pero evitando el elogio excesivo, que suena con voz 
estentórea en las alturas, que suprime los matices intermediarios ó 
que, excediéndose en blanduras, da tonos afeminados al discurso... 
Escribió biografías de hombres célebres para ligar con sus nombres 
largos períodos de la historia. Los temas fueron viejos, pero su des- 
empeño era verdaderamente nuevo. ¡ Cuánta novedad en ciertos cua- 
dros, al mismo tiempo que en cada página se descubría una observa- 
ción penetrante... ! Se consagraba con vocación creciente á la ense- 
ñanza, hasta que vino á absorberlo por entero. Se fundó la Escuela 
Xormal de Tucumán, célebre ya en nuestro mundo pedagógico, y fué 
su Rector... por seis años...; los estudios que hace diez años ocupan 
á su autor, para conocer la España, sus colonias y su idioma, que ha 
llegado á poseer en toda la riqueza de sus expresiones." Paúl Grous- 
sac: Memoria histórica y descriptiva de la Provincia de Tucumán, 
B. Aires, 1882. Fruto vedado, novela ya casi naturalista, que recuerda 
á Daudet, ibid., 1884. La Biblioteca {historia, ciencias y letras), ocho 
vo.!s., ibid., i8c;'6-98. Del Plata al Niágara, 1897, libro curiosísimo de 
viajes. Anales de la Biblioteca, ibid., 10 vols., 1900-1915. El Viaje in- 
telectual^ Madrid, 1904. Le commentateur du Laberinto, 1904 (en Rev. 
Hisp., t. XI). Le livre des Castigos e documentos, 1906 (ibid., t. XV). 
Santiago de Liniers (1753-1810), 1907. Historia del Paraguay, del pa- 
dre José Guevara, con noticia y estudio crítico, B. Aires, 1908. Roque 
Sáens Peña, ibid., 1909. Toponyrnie historique des cotes de la Patct- 
gonie, ibid., 1913. El Congreso de Tucumáti, 1916. Mendoza y Caray, 
1916. 

J. Valera, Poesía... s. xix, I, pág. 213: "El tomo de poesías de 
Revilla se titula Dudas y tristezas, y el título está harto justificado. 
Revilla no está triste, como Campoamor, sino que está triste de veras. 
No lleva con resignación sus dudas ni finge con ligereza caramillos 



86 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

metafísicos en que se resuelvan, sino que son dudas que persisten sin 
resolverse y que atormentan y amargan á quien contra ellas combate. 
Posible es que esta lucha, tan incesante como estéril, contribuyese á 
minar el poco robusto organismo de aquel hábil escritor y noble poeta, 
cuya vida terminó antes de cumplir treinta y cinco años. Sus versos 
no creo yo que nierezcan, por la tersura, firmeza y sobriedad da la 
expresión, ser calificados como producto del saber y del juicio, y no 
del sentimiento y de la fantasía. Creo, por el contrario, que Revilla 
sentía é imaginaba como poeta, ya que no deben tomarse por fruto 
de la imaginación las hojarascas sonoras ni por legítima sensibilidad 
los hiperbólicos y descompasados lamentos." M. Revilla: Principios 
generales de literatura (cuyo tomo II ó Historia de la Literatura 
española es de Pedro de Alcántara García), Madrid, 1872, 1877, 1884, 
1897. Dudas y tristezas, poesías, ibid., 1875, 1882. Obras, ibid., 18S3, 
con pról. de Cánovas y disc. de Urb. Gonz. Serrano. Críticas, Burgos,. 
1884-85, dos vols. Cánovas y las letras, Méjico, 1898. En la Rev. Es- 
pava: El naturalismo en el arte (1879, t. LXVIII). El Raniayana 
(1872, ts. XXVI-XXIX). El Arte y los artistas de la Península, por 
Tíibino (1871, t. XXIII). Cervantes y el Quijote, por id. (1872,. 
t. XXVI). El Neokantismo en España (1875, t. XLVII). 

25. Año i&'jz. La Academia Colombiana fundóse en 1872 por 
José M.^ Vergara (director), Miguel A. Caro y José Manuel Marro- 
quín (secretario). Fué la primera que hubo en América y la más lu- 
cida. Sus demás miembros : Pedro Fernández Madrid, José Joaquín 
Ortiz, José Caicedo Rojas, Santiago Pérez, Rufino J. Cuervo, Ma- 
nuel M.* Mallarino, Venancio González Manrique, Felipe Zapata y 
Joaquín Pardo Vergara. Sus frutos fueron el buen gusto, .la solidez 
del pensar, lo castizo en el escribir y la devoción á España y á la cas- 
tellana literatura, notas que brillan en .la literatura colombiana desde 
entonces. A la muerte de Vergara, apenas un año de la fundación, 
fué director interino Caro; luego, por tres años, Caicedo Rojas; des- 
pués Marroquín, hasta su muerte (1908). Amiario de la Academia 
Colombiana, Bogotá, t. I, 1874; t. II, 1911; t. III, 1914. 

Valentín Gómez (1844-1907), de Calatayud, excelente polemista 
católico, redactor ó director de El Pensamiento Español, El Espíritu, 
Altar y Trono, La Reconquista, El Cuartel Real^ La Gaceta de Fo- 
mento; director de La Ilustración Católica (1878) y El Movimiento Ca- 
tólico; dramático con algo de Echegaray, Tamayo y Calderón; publicó 
Los Liberales sin máscara, Madrid, 1872. La Dama del rey, dr. hist., 
1877. Felipe II, estudio hist. -crítico, 1879. La Novela del amor, dr., 1879. 
El Celoso de sí mismo, dr., 1882. Un alma de hielo, dr. La Flor del es- 
pino, dr., 1882. Arturo, dr., 1883. El Desheredado, com., 1884. El Solda- 
do de San Marcial, dr. (con Félix G. Lallana), 1885. La Hija del repro- 
bo, melodr., 1885. Los Inválidos, com. (con Ed. Lustonó, 1887). El Perro 
del hospicio, dr., 1888. El Mayordomo, dr., 1888. La Ley de la fuerza, 



S. XIX, 1872. ANTONIO RODRÍGUEZ VILLA 87 

dr. Harmonías cristianas, Madrid, i8S8. La Caaa de una orquídea, 
viaje al interior del Yemen, 1889. El Señor de Calcena, nov., 1890. 
La Mujer en l-os palacios reales, 1903. Lo Ttíigico, 1907 (disc. recep. 
Acad. Esp.). El Hijo del labriego, 191 1. 

Alfredo Calderón, excelente escritor, publicó Nonadas, Bilbao, 
i8g6. De mis campañas, Barcelona, 1899. A punta de pluma, ibid., 
1901. Treinta artículos. Valencia, 1502. Palabras, Barcelona, 1905. En 
Rev. España: El Origen del lenguaje (1884, t. CI). El Delirio de una 
santa (18S4, t. XCVI). Una idea (1872, t. XXIX). 

Benito Más y Prat (1S46-1892), de Ecija, que falleció loco, fun- 
dador de El ^¡labardero, director del Eco de Andalucía (Sevilla, 1879- 
90), poeta bastante becqueriano, bien que paisajista, en demasía des- 
criptivo, y excelente versificador. Brisas del Genil, Ecija. Hojas 
secas, Sevilla, 1872. Nocturnos, ibid., 1875; Madrid, 1891. Idea de 
Dios, poema, ibid., 1879. Costumbres andaluzas, 1879. La Redoma de 
Homunculus, hermosa novela, 18S0. La Tierra de María Santísima, 
de mucho color, 1S91. Agustina de Aragón, zarz., 1891. Además, para 
el teatro, La Linterna de Diógenes, Prusia y Francia, Espíritu y Ma- 
teria, La Primera tiple, zarzuelas. La Dama Blanca, nov. Fantasías 
del año. Estudios literarios. Fr. Juan Pérez de Marchcna, leyenda. 

Antonio Rodríguez Villa (1843-1912), madrileño, archivero; lla- 
mado por Gayangos, estuvo sirviendo en el Museo británico; vuelto 
á España fué catedrático de la Escuela de Diplomática y se dedicó á 
recoger documentos históricos y retratos, siendo de los más eruditos 
historiadores biógrafos de fines del siglo xix. Embajada extraordi- 
naria del Marqués de los Balbases á Portugal en 1/2/, Madrid, 1S72. 
Noticia biográfica y documentos históricos relativos á D. Diego Hur- 
tado de Mendoza..., del Consejo de Felipe IV, 1873. Bosquejo biográ- 
fico de la Reina doña Juana, 1874. Misión secreta del Embajador don 
Pedro Ronquillo en Polonia (1674), 1874. Memorias para la historia 
del asalto y saqueo de Roma en 152/^ 1875. Etiquetas de la Casa de 
Austria, 1875. Relación del viaje hecho por Felipe II en i¿8¿ á Zara- 
goza, etc., escrita por Enrique Cock, 1876 (con Morel-Fatio). Don 
Cenón de Soniodcvilla, marqués de la Ensenada, 1S78. Cartas poli- 
ticoeconómicas escritas por el conde de Campomanes, 1878. Jorna^ 
da de Tarazona hecha por Felipe II en 1592, recopilada por H. 
Cock, 1879 (con Morel-Fatio). Expedición del tnacstrc de canupo Ber- 
nardo de Aldana á Hungría en 1548, 1879. Bosquejo biográfico de 
D. Beltrán de la Cueva, 1881. Patino y Campillo, 18S2. Noticia bio- 
gráfica de D. Sebastián Fernández Medrano, 1882. Historia de la 
campaña de 1Ó4/ en Flandes, 18S4. Inventario del mobiliario... del 
Excmo. Sr. D. Beltrán de la Cueva (1560), 1883. Mantua carpctana, 
por E. Cock, 1883 (con Morel-Fatio). El Duque de Alburquerque en 
la batalla de Rocroy, 1884. Italia desde la batalla de Pazna hasta el 
Saco de Roma, 1885. Curiosidades de la historia de España, tres vols., 
1885-90. La Corte y Monarquía de España en los años de 1636 y j/. 



88 SEGU.VDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

i886. El Coronel Francisco Verdugo {1537-1595), 1890. La Reina doña 
Juana la loca, 1892, Ambrosio SpínoU, 1893 (^isc. rec. Acad. Hist.). 
D. Francisco de Rojas, embajador de los Reyes Católicos, 1896. Diego 
de Hermosilla, Diálogo de los pajes, 1901. ¿7 Emperador Carlos V y 
su Corte, segtin las cartas de D. Martín de Salinas, 1903-05. Corres- 
pondencia de la Inf... Isabel Clara, 1906. D. Diego Hurtado de Men- 
doza y Sandoval, 1907. Crónicas del Gran Capitán, 1908. D. Fablo 
Morillo, cuatro vols., 1908-10. Un cedulario del Rey Católico, 1909. 
Etiquetas de la Casa de Austria, 1913. Artículos históricos, 1913. Con- 
súltese Francisco Navarro y Santín, D. A. Rodríguez Villa, nota ne- 
crológica, 1912 (en Rev. Arch., XXV, 503-06). 

Justo Zaragoza y Cuc.vla (1853-1896), de Alcalá de Chisvert, co- 
laborador del Bolet. de la Soc. Geográfica y otros periódicos, director 
del Archivo de los Americanistas (1894), erudito escritor y editor be- 
nemérito de antiguas obras sobre América. Publicó, entre otras, Las 
Insurrecciones en Cuba, dos vols., Madrid, 1872-73. Pedro Fernández 
de Quirós, Historia del descubrimiento de las regiones australes, tres 
vols., ibid., 1876-82. Noticias históricas de la Nueva España, ibid., 
1878. Descubrimientos de los españoles en el Mar del Sur y en las 
Costas de Nueva Guinea, ibid., 1874. F. A. Fuentes de Gucmán, His- 
toria de Guatemala ó Recordación florida, escrita en el siglo xvii, 
dos vols., ibid., 1882. Piraterías y agresiones de los ingleses y de otros 
pueblos de Europa en la América Española desde el s. xvi al xviii, 
ibid., 1883. Geografía y descripción universal de las Indias, recopilada 
por el cosmógrafo cronista Juan López de Velasco (1571-1574), ibid., 
1894. 

Salvador Senpere y Miquel (f 191 5), director de La Rep. Ibéri- 
ca (1869), Rev. de Cieñe. Hist. (Barcelona, 1880-81), publicó Aplica- 
ciones del arte á la industria, 1872-73 (en Rev. Esp.). Barcelona, su 
pasado, presente y porvenir, 187S. Orígenes y Fuentes de la Nación 
Catalana. Las Costumbres catalanas en tiempo de Juan I, Gerona, 
187S; Madrid, 1879. Los Iberos, Barcelona, 1881 (en Rev. de Cieñe. 
Hist.). La Emancipación del hombre, 1882, cinco vols. Historia dei 
lujo, ibid., 1886, dos vols. Topografía antigua de Barcelona, 1890-92, 
dos vols. Cronicón de Idacio, texto y trad. por D. J . L. García del Co- 
rral (t. IV Rev. de Cieñe. Histór.). De l<i introducción y estableci- 
miento de la imprenta en las Coronas de Aragón y Castilla y de los 
impresores de los incunables catalanes, 1905 (en Rev, de Bibhogr. 
Catal., y, págs. 3S-284) ; Barcelona, 1908. Fin de la nación catalana. 
Barcelona, 1905. Los Cuatrocentistas catalanes, historia de la pintura 
en Cataluña en el s. xv, dos vols., 1906. Minoría de Jaime I, 1910. 

Concepción Gimeno, de Flaquer, casada con don Francisco, vivió 
en Méjico, donde dirigió El Álbum de la Mujer, que trajo á Madrid 
en 1889 con el título de Álbum Iberoamericano. Propagandista de los 
derechos femeninos, fundó ya de joven en Madrid La Ilustración de 
la Mujer (1872), y colaboró en Rev. de Aragón, etc. Publicó Victorina 



S. XrX, 1872. FR^\XCISCO JAVIER BRABO 89 

Ó heroísmo del corazón, nov., IMadrid, 1873, dos vals, (antes en La 
Época). La Mujer españole, estudio, Madrid, 1877. La Mujer juzgada 
por una mujer, Barcelona, 1S82 (3." ed.) ; Méjico, 1887. La Mujer ante 
el hombre, Zaragoza, 18S2. ¿Culpa ó expiación?, nov., Méjico. i8go 
(4." ed.). Civilización de los antiguos pueblos mexicanos, Madrid, 
1890. Mujeres de la Revolución francesa, ibid., 1891. Mujeres, vidas 
paf alelas, 1S93. Madres de hombres célebres, 1895. E.n el salón y en 
£l tocador, 1S98. Evangelios de la mujer, 1900. La Mujer intelectual, 
jQOí. Mujeres de raza latina, 1904. Mujeres de regia estirpe, igoy. La 
Virgen Madre, 1907. El Doctor alemán, nove'a. 

26. Año i8j2. Luis Alfonso y Casaxova (1845-1892), de Palma 
de Mallorca, crítico galano é independiente, cronista del mundo ele- 
gante, publicó Azul^ amarillo y verde, novela tricolor, Habana, 1874. 
La Exposición del centenario, 1878. Historias cortesanas (El Guante, 
Dos cartas. La Mujer del Tenorio, La Confesión, Dos nochesbuenas), 
1886. Cuentos raros, 1890, 'Críticas literarias de importancia para la 
historia literaria de su tiempo, en Rev. de España (1873-85) ; artísticas, 
ibidem (1872-S1). D. Luis Rosales (ibid., 1874, ts. XXXVI-XXXVIIT). 
— Juan .Alvarez Guerra, director ó redactor de La Caza (1865), El 
Siglo Ilustrado (1868), La Ilustr. Esp., publicó, en estilo novelesco de 
folletín y bien apadrinadas por el Ministerio de Ultramar, tres obras 
insignificantes: Un zñaje por Oriente, de Manila á Marianas, Madrid, 
1872, 1887. Viajes por Oriente, de Manila á Tayabos, Manila, 1877, 
1878. De Manila á Alhay, 1887. — Rafael Alvarez Sánchez Surga, 
Obras, Sevilla, 1873. — Francisco Arróniz y Thomas (n. 1852), de 
Cartagena, poeta lírico notable, compuso, sobre todo, ¡Tierra!, Lus de 
luna, poemas y leyendas, y el drama Doble hogar. Parece heredero de 
la lira de Monroy. — Vicente de B.\llivián y Roxas publicó Archivos 
bolivianos^ Colección de dccume7üos relativos á la Historia de Bolivia 
durante la época colonial, París, 1872. — Juan E. Barbero coleccionó 
La Lira de la juventud^ poesías mexicanas, México, 1872 (de 36 poe- 
tas). Flores del siglo, álbum de poesías selectas de las más distinguidas 
escritoras americanas y españolas, México, 1873. — Juan Becerra La- 
drón DE Guevara (n. 1842), natural de Cáceres, redactor de El Faro 
del Pueblo desde 1870, publicó Desahogos casi poéticos, Cáceres, 1872. 
— Miguel Antonio Benavides, de Arequipa, tenido por uno de los más 
desgraciados dramaturgos, á pesar del talento verdadero y de las con- 
diciones escénicas que poseía, estrenó La Voz del corazón, drama. 
Valparaíso, 1872. La mejor espuela, com., ibid., 1874. El Precio de la 
gloria^ ibid., 1875. — Antonio Bernal de O'Reilly publicó Bizarría 
guipuzccana y sitio de Fuenterrabía, San Sebastián, 1872. Leyenda del 
cristianismo, Tolosa, 1887. En Tierra Santa, ibid., 1896. — Francisco 
Javier Br.*\bo publicó Colección de documentos relativos á la expul- 
sión de los Jesuítas de la República Argentina y del Paraguay, Ma- 
drid, 1872. Inventarios de los bienes hallados á la expulsión de los 



gO SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RIL\LISTA (187O-1887) 

Jesuítas, ibid., 1872. — Manuel M." Caballero de Rodas (1815-1874), 
de Estepa, director de Las Indias, publicó Compendio dialogado de 
Historia de España, 1872. Las Islas Filipinas y más allá. El Libro de 
los deberes, 1876 (póst.)- — La Carcajada, periód. de caricaturas poli- 
ticas, Barcelona, 1872. — Francisco de Cárdenas (1816-1898) publicó 
Calidad y circunstancias de los bandos polít. de España desde el si- 
glo XIII hasta fines del xv, Madrid, 1872 (disc. rec. Acad. Hist.). 
Historia de la propiedad territorial en España, 1873, dos vols. Y obras 
jurídicas. — Los Códigos españoles, concordados y anotados, Madrid, 
1S72-73, 12 vols. — Composiciones premiadas en el certamen literario... 
de la Juventud Católica, Córdoba, 1872. — Eduardo Cort.\zar y Xi- 
MÉNEZ de Bagues, nacido en Madrid hacia 1842, por seud. Agosto, 
Fidelio y Julio, en La Época y El Diario Español; escribió en la Rev. 
de España, Obsenacioncs sobre versificación (1879-83, ts. LXXI- 
XCIV). Crítica estadísiicoteairal (1872-S7, ts. XXV-LVI). Un drama 
y un prólogo (1883, t. XCIII). El Teatro y ¡os teatros (1883, t. XCV). 
Costumbres populares, Asturias, Llanes (1874, t. XXXVI). Aranjues, 
soneto (1S83, t. XCI). Críticas de obras (1872-83). Revista bibliográ- 
fica de 1872 (1873, t. XXX). ídem de 1873 (1874, t. XXXVI). Ídem 
de 1874 (1875, t. XLII). — Carlos Luis de Cuenca (n. 1849), madri- 
leño, jefe del Cuerpo jurídico del Ejército, redactor de La Ilustr. 
Esp. y La Corresp. Militar, publicó Alegrías, versos, Madrid, 1900. 
Historia de la baronía y pabordato de Mur y cronología de los condes 
de P aliar s, Barcelona, 1906. Estrenó como autor del género chico, casi 
siempre en colaboración: Franceses y prusianos, zarz. (1872). Mani- 
brú, zarz. (1872). Fama inmortal, zarz. (1874). La Herencia de un 
rey, dr. (1874). La Tarjeta de Canuto, zarz. (1876). Entregar la car- 
ta (1877). Un nudo morrocotudo, zarz. (1879). La Divina zarzuela, 
zarz. (1S85). De Madrid á la Luna, zarz. (1886). Lysistrata, opereta. 
Cristóbal Colón, ópera (1892). — Julio Chaigneau, chileno, estrenó 
Astucia quieren las cosas (1872). Un viejo ridículo. Un dependiente 
de Aduanas. — 'José Devobe y G.a.rcía, mallorquín, catedrático de lite- 
ratura, por seud. SulUvan, tradujo La Mujer á los veinticinco años, 
estudios de Aubriet, 1872 (en La Tribuna). Obtuvo premios con sus 
poesías El Amor (1878), A la mujer. Oda á Calderón (1881), La Be- 
lleza (1883), A Elcano y, la mejor, A la Patria; además, Amor y 
muerte, leyenda romántica. Ha cantado la religión y la patria, es clá- 
sico y tradicionalista. Odas \ leyendas, en verso, Madrid, 1900. La 
Epopeya de Colón, poema, 1892. — Los Españoles de ogaño, colección 
de tipos..., Madrid, 1872, dos vols., por iSánchez Pérez, Frontaura, Al- 
calde Valladares, etc. — Javier Fuentes y Ponte (j- 1903), madrileño, 
publicó Murcia que se fué, Madrid, 1872. Ligeros apuntes relativos á 
una inmgen de la Sma. Virgen, Murcia, 1885. Memoria históricodes- 
criptiva del Santuario de N. S. de la Asunción de Elche, Lérida, 1887. 
Consúltese Rev. Archiv., 1903 (Febr.). — .Peregrín García Cadena 
(1823-1882), valenciano, crítico en El Diario Mercantil, que dirigió: 



S. XIX, 1872. EMILIO MARTÍN GONZÁLEZ 91 

en El Imparciai y en La Ilustración Española y Americana sobre 
obras teatrales (1872-18S2), publicó cuentos de idealismo vago y ne- 
buloso, de sensibilidad é independencia propia personal, de personajes, 
típicos, abstractos. Batalla de sabios (Rev. España, 1872, t. XXIV)^ 
Arte casero (ibid., 1872, ts. XXV-XXVII). Historias para todos (1873). 
Z-oí Víctintas del ideal. La Ronda de mi tío. Obras literarias. Valen- 
cia, 1883. — Ruperto S. Gómez (1837-1910), de Bogotá, padre de An- 
tonio Gómez Restrepo, dedicóse á la enseñanza, colaboró en El Mo- 
saico y La Caridad, fué poeta armonioso, robusto y de gusto delicado, 
laureado en los certámenes de Bello (18S1), Bolívar (1883) y Santa 
Rosa, en Lima (1S86) ; puso en verso obritas para niños é hizo come- 
dias infantiles. Siispiria, versos de hogar. Ejercicios para corregir 
palabras y frases mal usadas en Colombia, Bogotá, 1872. Las Cuaja- 
das (1882). Reseña histórica del convento de la Enseñan::a de Santafé, 
1883 (centén, de su fundación). Los Siete dolores de María, poe?., 
1884. Las Conferencias y la Noche de Navidad, comedias. Bolívar y 
Núñcs, 1894. Canto á S. José, 1907. Consúltese la biografía escrita por 
su hijo en Rafael M. Mesa Ortiz, Colombianos ilustres, t. II, Bogotá, 
1917. — Felipe L. Guerra publicó Notas á las antigüedades de Ex- 
tremadura de D, José Viu, Coria, 1872, 1883. — Fermín Herrán (na- 
cido 1852), de Salinas de Anana (Álava), director de El Porvenir 
Alavés, Revista Bibliográfica, Revista de las provincias eúskar'as^. 
(1878-79), autor de muchos trabajos históricos, políticos y de crí- 
tica literaria, publicó Estudios, artículos bibliogr. y crít., Vitoria, 1879. 
Echegaray, su tiem-po y su teatro, Madrid, 1880 (2.* ed.). Aplausos y 
censuras, Bilbao, 1898 {Bibl. base, tres tomos). Trueba, literato y 
vascongado, Bi.Ibao. Compendio de la hist. de Vizcaya del Dr. Est. J. 
de Labayru, 1898-99, dos vols. En Rev. Esp. : Las Siete Partidas (1875, 
t. XLV). Observaciones sobre la lengua castellana (1874, t. XXXIX). 
Florentino Sanz (1881, t. LXXXII). Críticas (1872-77). — Eduardo 
Jackson-Cortés, autor del género chico, estrenó Hijo por hijo, 1872. 
La Primera lágrima, dr., 1874. Ojo alerta, 1875. La Risa del conejo, 
jug., 1887. Por sacar la cara, jug., 1887. La Chiclanera, 1887. Las 
Playas de Madrid (con José Jackson Veyin), 1895. — Francisco Ja- 
vier Machado (n. 1852), de Santo Domingo, por seudónimo Tiilio, 
publicó poesías en periódicos y escribió la leyenda en verso no publi- 
cada Teresa ó la Virgen de Ozama. — ¡¡¡La Mar.'!', colección de ar- 
tículos humorísticos y de costumbres, de epigramas..., escrita y rccn- 
pilada por uno que no es rana, Madrid, 1872. — 'S. Marteli publicó 
Aránzazu, leyenda, Vitoria, 1872. — Emilio Martín González del Va- 
lle (f 191 i), marqués de la Vega de Anzó, por ?eud. Ricardo Cabanas 
y F.milio Martín, de la Habana, educado en Oviedo, diputado por As- 
turias (18S4), catedrático de la Universidad de la Habana, vivió des- 
pués en España y publicó Recuerdos de la juventud, ensayos literarios, 
1872. Un libro más, versos, Madrid, 1872; París, 1874; Oviedo, 1886, 
Asturianos ilustres, Habana, 1879. Renglones desiguales, 1882. La 



92 SEGITNDO PERÍODO DE I-A ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Poesía lírica en Ct<ba, Oviedo, 1882; Barcelona, 18S4; Oviedo, 1888; 
Barcelona, 1900. Páginas en prosa, Madrid, 1882. En Re:'. Esp.: Los 
Asturianos fu América, 1879 (t. LXVII). — Eugenio Mendoza, meji- 
cano, publicó Apuntes para un Catálogo ratonado de las palabras me- 
jicanas introducidas al castellano, Méjico, 1872, obra excelente. — An- 
tonio MiLEGO É Inglada, nacido 'cn 1857, de Alicante, dirigió en Ma- 
■drid La Velada (1872), donde escribieron Castelar, Campoamor, Hart- 
zenbusch, Trueba, y donde se trató de la originalidad del plagio; en 
Cádiz, El Progreso, El Manifiesto, El Liberal Reformista. — Las Mu- 
jeres españolas, portuguesas y aynericanas... por los primeros litera- 
tos, Madrid, 1872-76, tres vols. — Gerardo Mulle de la Cerda (f 1900), 
presbítero, auditor de la Rota, publicó El Templo del Pilar, Zaragoza, 
1872. Reseña histórica del tUtimo Cónclave y biografía de León XJlí, 
Madrid, 1878. Vida de S. Isidro Labrador, ibid., 1891. — Enrique Mu- 
í^oz GÓMEZ publicó Primer cíisayo poético, Córdoba, 1872. — Juan Net- 
ka Cancela (1849-1909), de Vigo, comandante de Infantería, director 
en Orense de Galicia Literaria (1883), Galicia en caricatura (1S89), 
publicó Rubia y Blanca^ Viigo, 1872. Caldo gallego, tipos y costumbres 
de la tierra, Coruña, 1889. El Programa de Angeles, monól., Orense, 
1890. Ramón Fernández Cid, ibid., 1903. Conferencia á la memoria del 
poeta J. M. Gabriel y Galán, Madrid, 1905. Montaña de Orense, pról. 
de Pardo Bazán, ibid., 1905. La Morriña, estudio literario, ibid., 1907. — 
Joaquín Nin y Tudó publicó Los Siete pecados capitales, Habana, 
1S72. Glorias de España, ibid., 1872, 1877 (5." ed.). Nociones de Historia 
de España, ibid., 1873, 1877, 1886. Bellezas de la Liter. españ., prosa y 
verso, ibid., 1879. La Mujer y el amor, álbum, ibid., 1880. Para la mu- 
jer, hermosa colección de pensamientos, máximas, sentencias y es- 
critos sobre la mujer y el amor, Barcelona, 1881. Caridad y resigna- 
ción, colecc. de poesías, pensamientos, etc., de varios, ibid., 1885. 
Cuba, bocetos hist., ibid., 1887. Bellezas literarias, 1889. — F. Ortega 
Y Frías publicó Dios, el hombre y su destino, ó la luz de la razón, 
poema filosóficomoral, Madrid, 1872. El Tesoro de la infancia, ibid,, 
1872. — Nicolás Pardo (1834-1881), de Fóraeque (Colombia), fiscal 
del tribunal del Estado y diplomático en Roma (1870), publicó Im- 
presiones de viaje de Italia á la Palestina y Egipto, París, 1872. Re- 
cuerdos de un viaje á Europa, Bogotá, 1873. Correría de Bogotá al 
Territorio de S. Martín, ibid., 1875. Acusación del Fiscal..., 1880. — 
Francisco Pareja y Artacho estrenó Caridad y patriotismo^ dr., 
Habana, 1872. La Política, dr. (1873). Las Ferias de Gnanabacoa 
{1874). Un asalto en la villa de Guanabacoa (1874). El Rico pobre, 
dr. (1874). — El Periódico para todos, semanario ilustrado, escrito por 
D. M. Fernández y González, D. R. Ortega y Frías y D. T. Tarrago 
y Mateo, i.^ época, 1872-76, cinco vals; 2.", 1877, un vol. — Benito M. 
Prado publicó Un desesperado, zarz., Toledo, 1872. — Enrique Prín- 
cipe Y Satorres (n. 1846), madrileño, hijo de Miguel Agustín, estre- 
nó con su cuñado Antonio Corzo y Barrera, y con el común seudó- 



S. XIX, 1872. EL CONDE DE SANTIAGO 93 

nimo de Enrique Gisbert, Tirios y Troyanos, Madrid, 1872. — Revista 
de Santiago (de Chik), por Fanor Velasco y Augusto O r regó Luco,. 
1872-73, tres vols. ; órgano de la Academia de Bellas Letras. — Manuel 
Rivera publicó Los Gobernantes de México, galería de biografías... 
de los Virreyes..., Méjico, 1872-73, dos vols. — Luis Roca publicó Fas- 
tos ll^rdenses, Lérida, 1872. — Arcadio Roda' Rivas, de Almería, pu- 
blicó Dcmóstenes, oraciones, Madrid, 1872. Los Oradores griegos, 
Madrid, 1874. Los Oradores romanos, ibid., 1883. En Rev. España: 
Mirabcaux (1880, t. LXXVII). Marco Antonio y otros oradores ro- 
manos (18S0, t. LXXII). Demóstenes como hombre de Gobierno 
(1880, t. LXXIII). — Tomás Rodríguez Pérez publicó Poesías, Ha- 
bana, 1872. — iAlvaro Romea publicó Cosas del mundo, versos, Madrid 
(s. a,)- Por buscar el remedio, jug. (con Constantino Gil), 1872. — 
Antonio Rosales (n. 1844), de Villaclara (Cuba), artesano, publicó 
Murmurios del Sagua, poesías, Sagua, 1872. Páginas literarias, en 
prosa y verso, ibid., 1882. El Pretendiente obstinado. Acordes de 
mi lira, 1883. — Andrés Ruigómez é Ibarra (1848-1879), abogado,, 
novelista y dramático, redactor de El Comercio Español y La Es- 
paña Radical (1871), publicó Silvestre del todo, novela festiva, Ma- 
drid, 1872. SaliviUa {el Guripa), novela, 1876. Viaje al fondo de mi 
tintero, cuentos, 1877. — Pedro Salva y Mallén (| 1870), hijo del 
bibliófilo y gramático Vicente, dispuso el Catálogo de la biblioteca 
de Salva, Valencia, 1872. dos vols.. dechado de obras bibliográficas. 
Cancionero de ia Academia de los Nocturnos de Valencia^ reimpreso 
con adiciones y notas de Francisco Martí Grajales, ibid., 1905-06, 
tres vols. — ^J. M. Sánchez de la Campa publicó Historia filosófica 
de la instrucción piiblica en España, Burgos, 1872, dos vols. — José 
Sánchez Arjona (n. 1854), de Villaf ranea de los Barros, pasó á Se- 
villa d<e ocho años y dirigió allí El Mundo Artístico, La Rev. de Sct 
villa, El Gran Mundo, El Liceo Sevillano, El Arte Andaluz (1891), y 
en Madrid, El Eco de Europa (iSy/). Fué poeta, buen imitador de 
Zorrilla en la lírica y la leyenda. Estrenó Padres, ante todo (1874), 
La Ciencia de las mujeres (1874), Ni en África (1876), Vivir murien- 
do (1879), Venganza cumplida, dr. (18S2), Pendiente de un alfiler 
(1883), ¡Pobrecito!, com. (1884), Bromas pesadas. La Primera prue- 
ba (1886). Imprimió Ensayos poéticos, 1S/2. Suspiros y lágrimas, 1873. 
Poesías líricas y la Virgen de h Servilleta, 1874. Pequeñas historias 
en verso, 1875. ¡Guerra!, poesías, 1875. Cantos y cuentos, 1877. El 
Teatro en Sevilla cu los siglos xvi y xvii, Madrid, 1887. Noticias 
referentes á los anales del teatro en Sevilla, desde Lope de Rueda 
hasta fines del s. xvii, Sevilla, 1898. — ^J. M. Sanjuán publicó Bos- 
quejos, poesías, Madrid, 1872. — Joaquín M, Sanromá. publicó La Es- 
clavitud en Cuba, disc, Madrid, 1872. Puerto Rico y su hacienda, 
T873. Política del taller, 1876. Mis memorias (1828-68), 1887-94, dos 
vols. — El Conde de Santiago publicó Fragmentos del libro inédito 
leyendas de la aldea (Rev. España, 1872, t. XXVIII).— (Hermógenes 



9^ SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Sakavia (n. 1826), de Leiva (Colombia), publicó folletos (1872-81) é 
h:zo poesías que traen los Parnasos. — Félix Sarda y Salvany, cata- 
lán, presbítero, popular apologista católico, publicó, entre otras obras, 
Lecciones de teología popular..., Barcelona, 1872. El Clero y el pue- 
blo, 1876. Los I'roilcs de vuelta, 1880. Propaganda católica, 188.^ looo, 
siete vols. ; 1907, 11 vols. El Liberalismo es pecado, 1884 (2.' ed.), 
1887 (7.^ ed.). Biblioteca ligera para vso de todos, 18SS. — Carlos Sf.- 
rANO Y Cruzat publicó Cuba, estudios políticos, Madrid, 1872. Cuba 
desde 1850 á j8/s, ibid., 1873. Un paseo á Viena {Rev. España, 1873, 
t. XXXIV). — Manuel Soler y Martorell, de Puerto Rico, publicó 
Nuevo Cancionero de Borinquen. Colección de poesías escogidas por, 
Puerto Rico, 1872. — José Bernardo Suárez publicó Rasgos biográficos 
de mujeres célebres de América^ París, 1872. — Juan Sureda publicó 
Estética de la belleza {Rev. España, 1872, t. XXIV). El Teatro en 
nuestros días (ibid., 1872, t. XXV). — Felipe Tournelles (f 1S98), co- 
ronel de Artillería, publicó Ejército permanente..., de L. Vidart^ i8yj 
(en Rev. Esp., t. XXVI). Coloquio de amor en la región de los astros, 
1874 (ibid., t. XL). Bajo el sol de Andalucía, poesías, Granada, 1890. — 
José M.* Tubino (f 1893) publicó en Rev. de España: Filosofía del 
arte en Andalucía (1872, ts. XXV-XXVIII). El Museo del Prado.. 
(1872, t. XXIX). La Reforma artística (1873, t. XXXI). El Arte en 
sus relaciones con la política y la administración (1874, t. XXXVI). 
— Diego Valdemar publicó Una cartera en público, Habana, 1872, 
con una novela, de mucha fantasía y filosofía trascendental soñadora. 
— La Vuelta por España, viaje hist.-geogr.-científ..., Barcelona, 1872, 
tres vois. — José Zapiola (1802-1S85), chileno, publicó Recuerdos de 
treinta años, 1872, memorias históricas importantes. 

27. Año 18/^. Salvador Díaz Mirón (n. 1853-), de Ve- 
racruz (Méjico), dióse de muy joven á conocer como orador 
elocuente y gran poeta; fué diputado del Congreso de la Unión, 
donde lució su elocuencia, y director de El hnparcial (1913-14) 
de Méjico. Es uno de los más ilustres vates americanos. "Ner- 
vioso, valiente, audaz, pulcro á la vez y reverente con el idioma, 
que conoce hondamente, ha acertado, dice Amado Ñervo, á 
dar una voz y una expresión adecuada á todos los ímpetus y 
nacientes heroísmos de la raza. Hay versos suyos, como la com" 
posición A Gloria, que son ya clásicos en el nuevo continente, 
donde dos generaciones los han aprendido de memoria." Fué 
primero impetuoso é imaginativo; después, mesurado y clásico, 
esmerado en estilo y rima, y sus poesías corren en antologías 
y revistas, por ejemplo, A lord Byron, El Czar de todas /o.? 
J^usias, ¿Qué es poesía F, Lo Eterno. Descuella por la fuerza 



S. XIX, 1873. JOSÉ JACKSON VEYAN 95 

imcera del decir y por las comparaciones y sentencias acabada- 
mente cinceladas: "£/ mérito es el náufrago del alma: | vivo, 
se hunde; pero muerto, flota." La poesía es "El heroísmo del 
pensamiento, | el heroísmo del sentimiento, | y el heroísmo de 
la expresión", y no conozco definición más clara. En suma, es 
el adalid de los parnasianos en Méjico, que todo lo sacrifica á 
la técnica del ritrrío; aunque le aventajan en Aimérica Rubén 
Darío y Chocano. 

Larmig, mitad enigma, mitad anagrama ó seudónimo de 
Luis A. Ramírez y Güertero (f 1874), diputado, director de 
El Siglo (1869), publicó en La Ilustración Española y Ameri- 
cana hermosas poesías religiosas, llenas de hondo sentir, esca- 
sas, pero suficientes para su fama de poeta. De cuando en cuan- 
do vertía en ellas una gota de la amargura que le llevó á suici- 
darse. Titulólas Mujeres del Evangelio, cantos religiosos, Ma- 
drid, 1873; aumentados, 1894. 

Manuel Polo y Peyrolón (1846-19 i 8), de Cañete (Cuen- 
ca), senador, fué discípulo aventajado, en la novela, de la Fer- 
nán Caballero; novelista popular y regional, sobre todo en Los 
Mayos, linda joya en este género. Es de los escritores miás cas- 
tizos y que mejor conocen y emplean nuestro romance. Su cla- 
ra profesión de católico, aunque sin intransigencias, bastó para 
qu€ la crítica boyante y los corros literarios, donde se profesan 
otras ideas, hablaran poco de este escritor modesto, pero mere- 
cedor de mayores encomios. 

José Jackson Veyan (n. 1852-), gaditano, hijo del actor y 
autor dramático Eduardo Jackson Cortés, comenzó á estrenar, 
desde 1873, tres, cuatro y hasta seis obras del género chico 
por año. Fué muy fecundo, de gran inventiva en discurrir asun- 
tos, en planear trazas y hallar gracias y donaires, y de no me- 
nor acierto, por el consiguiente, en agradar al público; pero se 
•ciñó á piezas cómicas y zarzuelas, unas y otras cortas, en un 
acto. El público común conténtase con que haya alguna intri- 
guilla ó pensamiento ingenioso, desenvuelto con el realismo de 
Ja vida y salpimentado de sales y chistes. A esto debe Jackson 
su gran aceptación, como la debió Rubí todavía más. Es un 
I^ubí chico. Con Arniches hizo Los Granujas, que gustaron mat- 
cho. Es poco literato, escribe medianamente y casi todas sus 



9(3 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

piezas están en medianejos versos, no porque no suenen, que 
si suenan á versos, sino ix>r lo vulgares y, sobre todo, por lo 
ripiosos. Es el padre de los ripios. 

Manuel M atuses (i 844- i 90 i), valenciano, por seud. An- 
drés Corsuelo, Leal y Ambrosio Lámela, fué buen periodista, 
colaborando en Gil Blas (1864), La Rep. Ibérica, El Mundo 
Cómico, La Libertad, El Perro Grande (1875), El Globo (1879- 
93), Blanco y Negro, El Resumen, La Ilustr. Esp. Coimpuso 
algunas buenas piezas teatrales, como A primera sangre. Des- 
cubrió el plagio de Javier de Burgos en Los Valientes, copia 
del saínete valenciano, de Escalante, Matasiete Espantaocho , y 
probólo traduciéndolo al castellano y estrenándolo en Varie- 
dades. 

José Toribiq AIedina (n. 1852-), de Santiago de Chile, es- 
tudió Humanidades en el Instituto .Nacional y Leyes en la Uni- 
\ ersidad de Chile, licencióse (1873) y abogó (1873 á 1874), fue 
secretario de la Legación en Lima (1874), visitó las bibliotecas 
de los Estados Unidos y Europa. (1876-78), miilitó en la guerra 
del Pacífico hasta 1880, fué juez de Letras de los territorios 
allegados, visitó la Aíraucaniá,. vino á España como secretario 
de la Legación (1884-18.87), desterróse á la Argentina, volvió 
á España á las fiestas.de Colón (1893), tornó á Chile (1S96), 
recorrió Aínérica y. Europa, visitando archivos y bibliotecas 
(1902-04)., Es M'edina uno de los más fecundos polígrafos que 
han escrito en lengua castellana, el primer bibliógrafo ameri- 
cano, habiendo .estudiado la imprenta de toda la América Espa- 
ñola y aun de Filipinas, y el que más ha contribuido á la histo- 
ria de su país. Sus obras bibliográficas hispanoamericanas, sus 
historias de la Inquisición en América, sus ediciones de libros 
raros antiguos, sus publicaciones de documentos históricos, fru- 
to son de su laboriosidad en los archivos y bibliotecas de Amé- 
rica y Europa, y de un valor inestimable para la Historia ame- 
ricana. Tan asombrosos frutos de investigación, de rudo traba- 
jo cotidiano, no le permitieron mirar tanto como acaso debiera 
por el arte del estilo. Tiene imprenta en su propia casa de San- 
tiago, donde han salido los más de sus libros. 

28. José Juan Tablada: "Victorias animadas parecen las estro- 
fas del poeta. Arrancó á la de Samotracia de su base rostral, le rein- 




JOSÉ TOR[BIO MEDINA 



S. XIX, 1873. LUIS A. RAMÍREZ 97 

tegró su testa soberana y animó su ímpetu; á la Ateniense, á la que 
desata su sandalia y que tiene la impaciencia del vuelo difundida en 
todos los pliegues de su túnica, le restituyó su divina celeridad; á la 
de Áptera le donó sus alas perdidas y sonoras, y á todas, á la Me- 
garense, á la de Peoinos, á la de Orcómenes, las suspendió redimidas 
y flotantes en el éter luminoso de su creación poética. La reniiemora- 
ción de Grecia luminosa se impone siempre al recorrer la obra de 
Díaz Mirón. Así los gestos heroicos, contenidos por grave armonía, se 
multiplican y cree el lector transitar por una avenida de Olimpia ó de 
Corinto, decorada por las estatuas de los púgiles célebres y de los 
aurigas victoriosos. Así el énfasis de una frase hace pensar en das 
inscripciones (lapidarias y un poema de sensual melancolía produce 
idéntica impresión que la Afrodita de Epidauros, velada por el hima- 
tión y con la frente llena de pensamientos. Ajsí el Boedromion evoca 
ini;periosamente Jas arengas de Tirteo en Lacedemonia y se antoja 
un resonante escudo de bronce, en cuyo nimbo un poeta romano, si- 
glos después, hubiera prendido un haz de rosas latinas. Así, en 
algunas de sus poesías se reproduce el fenómeno que hoy asombra 
á arqueólogos y estetas frente á ila máscara de la Medusa Biadelli, 
cuya marmórea serenidad se crispa en un gesto trágico, merced á 
cierta iluminación interior. Idéntico prodigio en la forma armoniosa 
y noble de una estrofa, cuya angustia revela sólo el recóndito fuego 
d'C una pasión. Después de la publicación de Lascas, de ese maravillo- 
so ilibro cuya perfección de forma no tiene en castellano precedente 
ni continuación, el poeta ha continuado por otros senderos su glo- 
riosa peregrinación. Tal libro no es popular, porque es una obra de 
arte intransigente, de altiva aristocracia y de honda sabiduría." El 
poeta desdeña todas sus poesías anteriores á Lascas. Díaz Mirón : 
Poesías, México, 1886, prólogo de Enrique Pérez Valencia; New 
York, 1900, impresión clandestina, plagada de errores grotescos, 
como dice el autor. Poesías, 1895. Lascas, versos, Xalapa, 1901, 1906; 
Madrid, 1917. Triunfos, 1910. ¿Qué es poesía? (en Esp. Mod., 1900, 
nov.). Consúltense: Acontecimiento Literario en la América Latina, 
en El Orden, Jalapa, 1901 ; Venta de Lascas, en Rev. Moderna, 1901 ; 
S. D. Mirón, en el Semcitario Liter. Il-ustr., 1903 ; Brunimel, Los 
Poetas Mexic. Conteni-por., México, 1888; El Correo de Jalisco, Gua- 
dalajara, 1906; Ant. Ca?tro, La Liter. Mexic. Contemp., México (en 
prensa) ; Manuel Quevedo, El Aguüa del Golfo, en Diario del Pací-* 
fico, Mazatlan, 1911; José Juan Tablada, S. D. Mirón, en Rev. Mod-, 
1906; Ant. Valbuena, Ripios Ultramarinos, 1902; J. J. López, S. D. 
Mirón, 1916 (en Ideales, Concepción), 

Núñez de Arce: "Las Mujeres del Evangelio son algo más que 
una obra literaria; algo más que la brillante expJosión de vma imagi- 
nación poética; son un libro de combate, una protesta, una queja con- 
tra ese viento tempestuoso que pasa sobre la tierra removida de Eu- 
ropa, derribando tronos, altares, tradiciones, sentimientos y creen- 

TOMO IX. — 7 



gS SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

cias." En Gente Vieja, dijo el mismo Núñez de Arce: "Repentinas 
mudanzas de la suerte torcieron el curso de la existencia de Larmig. 
De la noche á la mañana se encontró huérfano y pobre. Era una na- 
turaleza enérgica, y ante aquel inesperado golpe de la fortuna no 
desmayó un solo instante. Comprendiendo, con exacto sentido de la 
realidad, que el camino de la .literatura, donde ya había empezado á 
cosechar laureles, no era el más apropiado, sobre todo en España, 
para recuperar la riqueza perdida, abandonó sus estudios universita- 
rios, rompió sin vacilaciones su áurea p'luma de poeta y, sin despedirse 
de nadie, marchó á Londres, en donde, con su conocimiento del in- 
glés y algunas recomendaciones valiosas, no le fué dificil colocarse 
en una casa de Banca española. Desde entonces no volví á saber de 
él, no recibí ninguna carta suya, y perdí por completo su rastro, hasta 
que un día, después de muchos años de separación, di con él de manos 
á boca, cuando menos lo esperaba, en la Puerta del Sol. Nuestra ale- 
gría fué inmensa. Abrazámonos con efusión fraternal, y como si sólo 
hubiéramos dejado de vernos desde el día anterior, reanudamos nues- 
tras amistosas confidencias. Contóme parte de su historia; díjome 
que se había casado en La Coruña, y que á la sazón vivía en Madrid 
con una hija única, inteligente y hermosa, que era á la vez su pre- 
ocupación y su encanto. Un día se presentó muy de mañana y de im- 
proviso en mi casa. Arrellanóse en una butaca y con muchos rodeos 
y atenuaciones, como si se tratase de gravísima falta, me manifestó 
que en sus horas de ocio había compuesto un libro de versos, sobre 
cuya publicación quería consultarme. A instancias mías, comenzó a 
leer su manuscrito, y desde las primeras páginas me sentí subyugado 
por la magia de aquellas vibrantes estrofas, llenas de unción religio- 
sa y de magnificencia lírica, diáfanas conno la atmósfera de un sere- 
no día de estío y conmovedoras como algunos versículos de la Bi- 
blia. Varias veces intentó cerrar el cuaderno, diciéndome : "¡Basta! 
Ya habrás podido formar juicio de mis pobres tentativas." Y otras 
tantas le contuve, obligándole á continuar la lectura. Concluyóla, 
al fin, dejándome confuso ó, más bien, maravillado; dile mi cordial 
enhorabuena y, al oír los calurosos elogios que su obra arrancaba á 
mi admiración, preguntóme con cierta timidez si tendría inconvenien- 
te en escribir un prólogo para presentarle al público, de quien hacía 
tanto tiempo vivía apartado. Acepté con júbilo su proposición y, sin 
levantar mano, hice en pocas horas el trabajo que me había pedido, 
el cual, como escrito en época calamitosa y revuelta, se resiente del 
estado de mi ánimo, al mismo tiempo afJigido é indignado. Larmig 
me demostró su gratitud con apretado abrazo, recogió el prólogo y, 
al cabo de un mes, poco más ó menos, me trajo el primer ejemplar de 
las Mujeres del Evangelio, libro cuya fama, desde su aparición, ha 
ido creciendo de día en día. Transcurrido algún tiempo, Larmig^ que 
no menudeaba sus visitas, se presentó de nuevo en mi casa. Nunca 
le había visto tan animado y jovial. Acababa de escribir su hermoso 



S. XIX, 1873. JOSÉ JACKSON VEYAN 99 

poema Las Hijas de Milton, el primero de una colección que tenía 
proyectada, y con la candorosa alegría de autor satisfecho, venía á 
leerme algunos trozos de su última obra. Hablamos largo y tendido; 
me anunció que quería publicar su nuevo Jibro en edición de gran 
lujo, con láminas grabadas en Inglaterra; y luego, en el curso de la 
conversación, por su parte chispeante y entretenida, me expuso su 
proyecto de probar fortuna en el teatro. Aún resuenan en mis oídos 
las palabras con que, despidiéndose de mi, puso fin á nuestra entre- 
vista. "Adiós — me dijo — , voy á hacer un drama, y si tiene buen 
"éxito, lo celebraremos con una francachela como las que solíamos 
"tener en nuestra juventud. Echaremos una cana al aire." Y en 
efecto, cumplió su palabra é hizo un drama ; pero, ¡ cuan espantoso y 
horrible ! La mañana del día siguiente á aquel en que estuvo hablando 
conmigo, degollóse con una navaja de afeitar delante de un espejo, 
en su cuarto de dormir, sin que hasta ahora haya podido averiguarse 
la causa de resolución tan desesperada. Larmig se llevó su secreto á 
la tumba. AlVí yace con él. ¡Pobre amigo mío! ¡Descansa en paz!" 
En la Rev. de España: Magdalena, poesía (1871, t. XVIII). 

Pardo Bazán, A', teatro crít., Nov. 1891, pág. 92: "P0.I0 y Peyro- 
lón es un autor castizo y ameno, honesto y formal, católico sin in- 
transigencia y buen discípulo de Cecilia Bóhl, por lo que se refiere á 
pintar costumbres populares. Aquí no se Je nombra mucho; pero él 
tiene, como Trueba (siendo más espontáneo y sincero que Trueba), 
un público adicto y constante ; lo demuestra el hecho de haber reim- 
preso ahora por sexta vez su novelita rusticana Los Mayos, con al- 
gunas inéditas recientes. Una novela que consigue seis ediciones y 
que M. Pclayo llamó de oro, no puede ser de paja. Yo me he recreado 
con ella hoy como ayer. Hay allí un encanto apacible, algo anodino." 
Polo y Peyrolón : Realidad poética de mis montañas, cuadros de 
costumbres de la sierra de Albarracín, Valencia, 1873 ; Barcelona, 
1876 (3.° ed.). Los Mayos, novela de costumbres aragonesas, Madrid, 
1879. Borrones ejemplares, Valencia, 1883. Sacramento y concubinato, 
1884. Sólita ó amores archiplaiónicos, 18S6. Bocetos de brocha gorda, 
1886. Cabccita de ajo, 1887. Quien mal anda, ¿cómo acaba? (con bio- 
bibliografía), 1891. Pepinillos cn vinagre. Valencia, 1891. Seis nove- 
las cortas, Valencia, 1891. Hojas de mi cartera de viaje, ibid., 1892. 
Manojico de cuentos, fábulas, etc., 1895. Don Carlos, 1898, 1909. Alma 
y vida, serranas, costumbres populares de la sierra de Albarra-cín, 
1910. Mencndez Pelayo^ Valencia, 1912. 

Jackson Veyan, El Liberal, 9 Marzo 1894: "Senté plaza de tele- 
grafista I con veintidós duros de terrón al mes... | Si yo no tuviera 
más que mi destino | comió con la paga no hay para empezar, | me 
hubiera hace tiempo echado al camino, | pues, para los hijos, no es 
crimen robar... | Mi constancia es larga, si mi ciencia es corta; I yo 
soy una hormiga, no soy un autor. | ¡ Que el Arte se muere ! | ¿ A 
mí que me importa? ¡ Que luche el llamado á ser redentor." Su abuelo 



loo SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

paterno nació en Londres y el materno fué aragonés. Pescar en seco, 
zarz. Ojo alerta^ 1875. En la misma moneda, 1876. A les puertas del 
cielo, 1876. Primeros acordes, poesías, Vitoria, 1876. Nely, 1880 
Una limosna por Dios, 1880. Entre ricos^ 1880. Por un ángel, 1880. 
Mi libro de memorias, poesías, 1883. Juan González, com., 1885. La 
Jaula abierta, 1886. Laureles del arte, 1S86. Ensalada rusa, recortes 
en prosa y ribetes en verso ^ 1887. Soltero y mártir, 1888. Los Premios, 
i888. Detalles para la historia, 1888. ¡Zaragoza!, 1888. De Madrid á 
París, 1889. La Perla cubana, zarz., 1890. La Caza del oso, 1891. Los 
Trabajadores, 1891. Los Vecinos del segundo, 1892. La Indiana, zarz., 
1893. Alia va eso, versos, Madrid, 1894. Clases especiales, jug., 1894. 
Un punto filipino, id., 1894. Gustos que merecen palos, 1895. El Car- 
naval del amor, 1895. Primera medalla, 1895. La Tonta de capirote, 
1896. Prosa vil, Vailencia, 1896. Curro López, jug., 1896. La Niña de 
Villagorda, 1897. Guerra á las mujeres, 1898. La Chiquita de Najara, 
1898. La Florera sevillana, 1898. El Paraíso perdido, 1898. Xiña Rosa, 
1898. Los tres millones (con López Silva), 1898. La Mari-Juana, 1899, 
Los Arrastraos (con Lóp. Silva), 1899. Ea Cariñosa, 1899. La Señora 
Capitana, 1900. El Fondo del baúl, 1900. El Barquillero (con López 
Silva, niús. Chapí, 1900). El Capote de paseo (con López Silva, mus. 
Chueca, 1901, refundición de Los Arrastraos). El Tortolito, 1900. 
La Tía Cirila, 1901. La Tremenda (con Lóp. Silva), 1901. El Coco, 
1901. Lohengrin (con F. Roig Bataller), 1902. Los Nems, 1902. El 
Puesto de flores (con J. Lóp. Silva), 1903. La Ultima copla, 1904. 
La Borracha (con L. Silva), 1904. Los Zapatos de charol (con E. Pa- 
radas), 1904. El Dinero y el trabajo (con R. Rocabert), 1905. Pícara 
lengua, 1905. El Cakc'-lValk, 1905. La Marujilla, 1905. La Gatita 
blanca (con J. Capella), 1905. Los Quintos, 1905. Las Buenas formas, 
1906. El Recluta (con J. Capella), 1906. El Moscón, 1906. El Gallegui- 
to, 1906. El Guante amarillo (con J. Capella), 1906. El Palacio de 
cristal (con id.), 1907. Apaga y vamonos (con J. Lóp. Silva), 1907. El 
Susto gordo (con Ag. Sáinz), 1907. Ole con ole, 1908. El Género 
Grande, 1908. 5". M. el Botijo (con L. de Larra), 1908. Los Liberales, 
com. (con Ant. L. y Rosso), 1908. El Árbol de Bertoldo, 1909. Tropa 
ligera, zarz. (con Asensio Mas), 1909. La Corza blanca, zarz. (con 
Ant. L. Rosso), 1910. La Fresa, 1910. El Desmigue, entr., 191 1. La 
Alegría del abuelo, zarz., 191 1. El País de la machicha (con Martínez 
Viérgol), 1912. Amigo de la pipa (con Fernán González), 1913. Bu- 
ñuelos de viento, versos, Madrid, 1913. En aras de la moral, entr., 
1914. 

Matoses, El Liberal, 24 Marzo 1894: "Hallé sin solicitarlo j un 
destino en la estación, ¡ mezquinamente pagado. | Fui ascendiendo 
poco á poco, I nunca me recomlendaron, | así que lo que alcancé ! se lo 
debo á mi trabajo, | y á la bondad de mis jefes, | á quien respeto y 
acato... 1 Que no tengo una peseta, | que no debo á nadie un cuarto." 
Matoses: Sin cocinera, jug., 1874. A primera sangre, pasillo, 1875. 



S. XIX, 1873. JOSÉ TORIBIO MEDINA 10 1 

Una prueba, 1875. Ni tanto ni tan calvo, 1875. ^^ Ni'imero J07, 1876. 
Sin dolor, 1876. A diez reales con dos sopas (1876), El Frac nuevo 
(1876). Los Gorrones, jtig. (1882). La Fierecilla donvada, com. trad. de 
Shakespeare. Además puMicó Zaragata, fragmentos de la historia de 
un infelic, Madrid, 1873. Del montón, retratos de sujetos que se ven en 
todas partes. Loza ordinaria, apuntes de la vida cursi. Obras de An- 
drés Corzuelo, 1887. Danza de Monos, 1892. Aleluyas finas, 1895. 

J. T. Medina: María (en Sudamérica), Santiago, 1873, sobre la 
novela de Jorge Isaacs. Los Insectos enemigos en Chile (ibid.)., 1873. 
El Pinchen (ibid.), 1873. Motivos para la fundación de una Sociedad 
Entomológica chilena (en El Santa Lucía), 1874. H. W. Longfellow 
Evangelina, 1874, 1899. Fray Miguel de Aguirre (en El Correo del 
Perú), Lima, 1875. Hernando Alvarez de Toledo (ibid.), 1875. ^^ 
Amor en la Araucana (ibid.), 1875 ó 1876. La Astrología y los cro- 
nistas chilenos (ibid.), 1875. Memorias del Reyno de Chile y de don 
Francisco Meneses. Escribíalas el P. Fray Juan de Jesús María, Re- 
ligioso de la Observancia de N. P. San Francisco, 1875. Er cilla juz- 
gado por La Araucana (ibid.), 1876. Los Morenos y los Briceños. 
Un pleito de frailes en 1700 (en la Revista Chilena)^ Santiago, 1877. 
Historia de la literatura colonial de Chüe, Santiago, 1878, tres vols. 
El Capitán de fragata Arturo Prat (con Ramón Guerrero Verga- 
ra), 1879. Geografía antigua de Chile (en Revista de la Sociedad 
Arqueológica de Santiago), 1880. Chile. Sus aborígenes y origen de 
su nombre (en Anales de la Universidad de Chile) ^ 1880. Una excur- 
sión á Tara paca (en El Mercurio, de Valparaíso), 1880. Visita á los 
Juzgados de Tarapacá (en La Voz Chilena, de Iquique), 1881. Los 
Aborígenes de Chile, 1882. índice de los documentos existentes en d 
archivo del Ministerio de lo Interior, 1884. Documentos históricos 
sobre Chile hallados últimamente en España (en Anales de la Uni- 
versidad de Chile)^ 1885. Historia del Tribunal del Santo Oficio de 
la Inquisición de Lima (1569-1820), dos vols., 1887. Ediciones de l-a 
Araucana (en La Araucana de don Alonso de Ercilla y Zúñiga. Edi- 
ción A. Konig), Santiago, 1887. Catálogo breve de mi colección de 
libros relativos á la América latina, con un ensayo de bibliografía de 
Chile durante el período colonial, 1888. En busca de datos para la 
historia de Chile (en La Tribuna), 1888. Las Guerras de Chile. Poema 
histórico por el sargento mayor don Juan de Mendoza Monteagudo 
(1660), 1888. Histórica relación del Reyno de Chile y de las misio- 
nes y ministerios que ejercita en él la Compañía de Jesús, por Alon- 
so de Ovalle (Roma, D.DC.XLVI), 1888, dos vols. Colección de 
documentos inéditos para la historia de Chile desde el viaje de 
Magallanes hasta la batalla de Maipo (1518-1818), ts. I y II, 1888; 
ts. III, IV y V, 1889; ts. VI y VII, 1895; ts. Vlir, IX y X, 1896; 
ts. XI, XII y XMII, 1897; ts. XIV, XV y XVI, 1898; ts. XVII, 
XVIII y XIX, 1899; ts. XX, XXI, XXII, XXIII y XXIV, 1900; 
ts. XXV, XXVI, XXVII, XXVIII y XXIX, 1901; t. XXX, 1902. 



I02 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Historia geográfica, natural y civil del reino de Chile, por el jesuíta 
Felipe Gómez de Vidaurre, 1889, dos vals. Desengaño y reparo de la 
guerra de Chile por Alonso González de Nájera^ 1889. Cosas de la co- 
lonia, 1889, Ensayo acerca de una Mapoteca chilena, 1889. Catálogo de 
la colección de mapas, planos y vistas relativos á Chile de la biblioteca 
de J. T. Medina, 1889. Versos de José del P. Medina, 1889. La Imprenta 
en Lima (1584-1810), 1890. Historia del Tribunal del Santo Oficio de 
la Inquisición en Chile, dos vols., 1890. La Imprenta en América, Vi- 
rreinato del Río de la Plata (1705-1810), 1890. Bibliografía de la 
Imprenta en Santiago de Chile desde sus orígenes hasta Febrero de 
i8iy, 1891. Monedas y medallas hispanoaniericanas, 1891. Historia y 
bibliografía de la Imprenta en el antiguo Virreinato del Río de{ la 
Plata, Buenos Aires, París, 1892. Ensayo de una bibliografía de las 
obras de don José Miguel Carrera, La Plata, 1892. La Imprenta en 
México (1539-1810), Sevilla, 1893. Descubrimiento del río de las 
Amazonas segiín la relación hasta ahora inédita de Fr. Gaspar de 
Carvajal, con otros documentos referentes á Francisco de Orellana 
y sus compañeros^ Sevilla, 1894. Nota bibliográfica sobre un libro 
impreso en Macao en 1590, Sevilla, 1894. Doctrina cristiana y Cate- 
cismo con un confesonario, arte y vocabulario breves en lengua\ 
Allentiac^ por el padre Luis de Valdivia, Sevilla, 1894. El primer 
periódico publicado en Filipinas y sus orígenes, Madrid, 1895. Las 
Medallas de proclamación de los Reyes de España en el antiguo vi- 
rreinato del Río de la Plata (en La Nación), Buenos Aires, 1895.. 
Brevísimo epítome de la Imprenta en Manila {i^g^-iSio), Madrid,. 

1896. La Imprenta en Manila desde sus orígenes hasta 1810, Santia- 
go, 1896. Francisco de Aguirre en Tucumán. Un documento intere- 
sante para la Historia Argentina, 1896. Una expedición española a 
la tierra de los Bacallaos en 1541, 1896. Juan Núñez de Prado y 
Francisco de Villagrán en la ciudad del Barco, 1896. Juan Díaz de 
Solís, 1897, dos vols. Nueve sermones en lengua de Chile, por el pa- 
dre Luis de Valdivia. Descripción de las Indias Occidentales, pvr 
Martín Fernández de Enciso. Sacada de la Suma de Geografía de 
este autor, 1897. Relación diaria del viaje de Jacobo Le Maire y de 
Guillermo Cornelia Schouten en que descubrieron nuevo estrecho y 
pasaje del Mar del Norte al Mar del Sur, á la parte austral del Es^- 
trecho de Magallanes, 1897. D. José Mariano Beristaín de Souza, 

1897, Biblioteca hispanoamericana septentrional de D. José Mariano 
Beristaín de Souza. Tomo IV. Comprende los anónimos que dejó 
escritos el autor, las adiciones del Dr. Osares y otras añadidas poste- 
riormente por las personas que se expresan, 1897. Bibliografía de la 
Lengua Araucana^ 1897. Bibliografía española de las Islas Filipinas 
{152^-1820), 1897. Biblioteca hispanochilena {1522-1817), 1897-99, ^"^^^ 
vols. Colección de historiadores de Chile y de documentos relativos á 
la historia nacional, t. XVII, 1898, ó sea t. I de las Actas del Cabildo 
de Santiago (1558-77); de ellas el t. II, 1898; ts. III y IV, 1899- 



S. XIX, 1873. JOSÉ TORIBIO MEDINA IO3 

ts. V y VI, 1900; ts. VII y VIII, 1901 ; t. IX, 1902; ts. X y XI, 
1905; ts. XII, XIII y XIV, 1906; ts. XV y XVI, 1908; ts. XVII 
V XVIII, 1909; t. XIX, 1910; t. XX, 191 i; ts. XXI y XXII, 1913: 
t. XXIII, 1914. Los Conchales de las Cruces, 1898. Los Errázuriz, 
1898. Diario de un joven norteamericano detenido en Chile durante 
el período revolucionario de 1817 á iSig, del inglés, 1898. Bibliotecas 
hispanoamericana {i4C)s-i8io), t. I, 1898; ts. II y III, 1900; t. IV, 
1901; ts. V y VI, 1902; t. VII, 1907. El Tribunal del Santo Oficio 
de la Inquisición en las Islas Filipinas, 1899. Historia del Tribunal 
del Santo Oficio de la Inquisición en Cartagena de las Indias, 1899. 
El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las provincias del 
Plata, 1899. Relación en verso de un combate entre araucanos y es- 
pañoles ocurrido en Chile en 1739, por Fr. Pedro Merino de Here- 
dia (1767), 1899, La Crónica de 1810, por don Miguel Luis Amiiná- 
tegui. Tomo III, 1899. Historia de Chile, por don José Pérez Gar- 
cía, 1900, dos vols. El Positivismo en Chile (en El Pensamiento La- 
tino), Santiago, 1900. Medallas coloniales hispanoamericanas, 1900. 
Historia de Chile, por el P. Miguel de Olivares, compendio de la 
Historia de Chile ^ por don Juan Ignacio Molina, 1901. Relaciones 
de Chile sacadas de los antiguos cronistas de Indias y oíros auto- 
res, 1901-02, dos vols. Las Medallas Chilenas, 1901-02, dos vols. La- 
Imprenta en la Habana {lyoy-iSio), 1904. La Imprenta en Cartagena 
de las Indias (i8op-i82o), 1904. Notas bibliográficas referentes á las 
primeras producciones de la imprenta en algunas ciudades de la Amé- 
rica española {1734-182^), 1904. La Imprenta en Veracruz {1794- 
1821), 1904. La Imprenta en Mérida de Yucatán (181^-1821), 1904. 
La Imprenta en Oaxaca {1720-1820), 1904. La Imprenta en Caracas 
{1808-1821), 1904. La Imprenta en Bogotá (1739-1821), 1904. La Im- 
prenta en Quito (17Ó0-1818), 1904. La Imprenta en Arequipa, El Cuz- 
co, Trujillo y otros pueblos del Peri'i durante las campañas de la in- 
dependencia (1820-1823), 1904. La Imprenta en Guadalajara de Mé- 
xico (i79S'i82i), 1904. La Imprenta en Manila desde sus orígenes 
hasta 1810. Adiciones y amipliaciones, 1904. La Imprenta en Lima 
(1384-1824), cuatro vo'ls., 1904-05. La Instrucción piíblica en Chile 
desde sus orígenes hasta la fundación de la Universidad de San Feli- 
pe, 1905, dos vols. Doctrina cristiana en lengua guatemalteca, ordena- 
da por el reverendísimo señor don Francisco Marroquín, 1905. Histo- 
ria del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México, 1905. 
Diccionario Biográfico Colonial de Chile, 1906. Bibliografía de Santo 
Toribio Mogrovejo, 1907. La Imprenta en México (133Q-1821), t. IT, 
1907; t. III, 1908; t. IV, 1909; t. V, 1910; ts. VI, VII y VIII, 191 1 : 
t. I, 1912. Los Restos indígenas de Pichilemu, 1908. Los Viajes de 
Diego García de Maguer al Río de la Plata, 1908. El Portugués Gon- 
zalo de Acosta al servicio de España, 1908. El Portugués Esteban 
Gómez al servicio de España, 1908. Algunas noticias de León Pan- 
caldo y de su tentativa para ir desde Cádiz al Perú por el Estrecho de 



104 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Magallanes en los años de 1337-1538, 1908. El Veneciano Sebastián 
Cabalo al servicio de España^ dos vols., 1908. La Imprenta en la Pue- 
bla de los Angeles {1640-1821), 1908. El Temblor de Linm de lóop, 
por el licenciado Pedro de Oña. Edición facsimilar, 1909. El Descu- 
brimicnlo de Chile por los frisios en el siglo xi {Anales de l-a Univer- 
sidad de Chile), 1910. Las Monedas usadas por los indios de América 
al tiempo de su descubrimiento, según los antiguos documentos y cro- 
nistas españoles {Anales de la Universidad de Chile), 1910. Introduc- 
ción de la Imprenta en An^érica, 1910. La Cultura intelectual en Chilí^ 
durante el período colonial {Biblioteca Internacional de Obras Famo- 
sas, t. XV). Cosas de la colonia. Segunda serie, 1910. La Imprenta en 
Guatemala {1660-1821), 1910. La Araucana de D. Alonso de Ercilla 
y Zúñiga, Edición del Centenario, t. 1, texto, 1910; t. II, Docmnentos, 
1913; t. III, Vida de Ercilla, 1916; ts. IV y V, Ilustraciones, 1917-18. 
La Primera Casa de Moneda que hubo en A^miérica (en Revista Chile- 
na de Historia y Geografía), Santiago, 191 1. Un precursor chileno 
de la revolución de la independencia de América, 191 1. Carta á don 
Enrique Matta Vial, 191 1 {La Mañana). El Epítotne chileno de San- 
tiago de Tesillo. Reimpresión facsimilar, 191 1. Bibliografía numismá- 
tica colonial hispanoam-ericana, 1912. Monedas usadas por los indios 
de América al tiem-po del descubrimiento, según los antiguos docu- 
mentos y cronistas españoles, Buenos Aires, 1912. Fray Diego de Lan- 
do (1912). El Descubrimiento del Océano Pacífico: Vasco Núñez de 
Balboa, Hernando de Magallanes y sus compañeros, t. I, 1913; t. II, 
19 14. El Proceso de don Carlos de Mendoza {Revista Chilena de His- 
toria y Geografía), 1913. El Viaje de Ercilla al Estrecho de Magalla- 
nes (ibid.), 1913. Sesión general celebrada por la Sociedad Chilena de 
Historia y Geografía el 21 de Diciembre de 1913, con el objeto de 
hacer entrega al señor don José Toribio Medina de la medalla anual 
de oro de la Sociedad (ibid.), 1914. Sobre el valor histórico del cua- 
dro "Descubrimiento de Chile", del señor Pedro Subercaseaux (ibid.), 

1914. Biografía del general de brigada don José Rondizzoni, 1914- 
La Primitiva Inquisición Americana {14P3-156P), 1914, dos vols. No- 
ticias biobiblio gráficas de los Jesuítas expulsados de América en lyó^, 

1915. Dos Comedias Famosas y Un Auto Sacramental, basados prin- 
cipalmente en La Araucana..., 1915. La Primara muestra tipográfica 
salida de las prensas de la América del Sur^ reim^pres. fotolitográfica, 

1916. El Primer poema que trata del descubrimiento del Nuevo Mun- 
do, reimpresión de la parte corresp. del Cario Famoso, 1916. Juan 
Gómez de Almagro el que aprobó La Araucana, 1916. Un incunable 
limeño..., reimpreso á plana y renglón, 1916. Cartas... por Samuel B. 
Johnston, trad., 1917. Medallas de proclamaciones y juras de los Reyes 
üe España en Am)érica, 1917. Voces chilenas de los reinos animal y ve- 
getal..., 1917. Arauco domado, de Pedro de Oña, ed. crít. 1917. Con- 
súltense: Víctor M. Chiappa, Biblioteca Medina, Santiago, 1907; 
ídem, Epítome de las Publicaciones de D. J. T. Medina, ibid., 1914: 



S. XIX, 1873. WÁSHINGTOX P. BERMÚDEZ IO5 

Armando Donoso, Vida i viajes de un erudito : D. J. T. Medina, ibid., 
1915- 

29. Año iS/'S- José Campo Arana (1847-1884), madrileño, por 
seud. Juan Carranza, dramático y lírico malogrado, que falleció en lo 
florido de la edad en un manicomio, dirigió Don Diego de Noche 
(1868-69), y fué el último censor de teatros. Estrenó El Domador de 
fieras (con Ramos Carrión, 1873). Las Orejas del lobo, jug. (1874). 
Después de la boda (1876). Detrás del pavo (con Vital Aza, 1876). 
El Paño de lágrimas (1876). Casado y con hijos (1876). Impresiones, 
poesías, Madrid, 1876. Chitan (con Ramos Carrión). Las Penas del 
purgatorio (1878). Tierra (1879). María Stuardo (1879). Las Medias 
naranjas (1879). Jiian Pérez (con Cavestany, 1881). Madrid y sus 
afueras (1881). Los Trapos de cristianar (con Estremera). La Clave. 
Perro, 3, j.° izquierda (con Ramos Carrión). A pluma y á pelo, com. 
(con seud, de Juan Carranza y en colaboración con Carlos Coello, ó 
sea su seud. Pedro Ponce). Feuchterslebcn-Leopardi-Schumann (en 
Kev. Esp., 1883, t. XC). 

José Fernández Bremón (1839-1914), de Gerona, por seud. Víctor 
Delgado y Fernando Méndez Borjes, gacetillero de La España (1866), 
excelente y gracioso cronista de La Ilustr. Española desde 1876 hasta 
su fallecimiento, colaborador de La Gaceta Popular (1873), El Liberal, 
La Epoca^ Los Niños (1870-77), El Bazar (1874-75), La Niñez (1879- 
83), Barcelona Cómica (1894), Blanco y Negro (1891-92), La Gran 
Via (1893), El Día (1895-97), El Gato Negro (1897-98), Pluma y Lá- 
j>iz (1903), publicó Cuentos, Madrid, 1873, 1879, imitando á Dickens> 
más bien que á los alemanes, aunque de pura ficción. Fué buen crí- 
tico. Para el teatro compuso dramas sentimentales : Dos hijos. Lo 
que no ve la justicia. Pasión de viejo (1888). La Cruz Roja (1890). 
El Espantajo, com. (1894). El Elixir de la vida. Los Espíritus, saínete. 

(Agar) Eva (Infanzón) Canel, asturiana, esposa de Eloy Perillán 
Buxó, con quien redactó El Ferrocarril, de Bolivia, etc., quedando 
viuda en 1889, publicó Cosas del o-tro mundo, viajes, historias y cuen- 
tos americanos, Madrid, 1889. Trapitos al sol, nov. políticoperiodísti- 
ca, Madrid, 1891. Manolín, nov.. Habana, 1891. La Mulata, dr., 1803. 
Oremus, nov., 1893; Madrid, 1899. Magosto, tradic, nov. y confer- 
asturianas, Habana, 1894; Madrid, 1899. El Indiano, com., 1894. Ál- 
bum de la trocha, Habana, 1897. Por la Justicia y por España, B. Ai- 
res, 1909. La Conciencia española ante el Nuevo Mundo, revisiones 
históricas, 1916. Lo que vi en Cuba, 1916. Consúltese G. Picon-Febres 
Notas y opiniones, 1899. 

Washington P. Ber^iúdez (1845-1913), diputado, castizo rimador y 
satírico poeta montevideano, derrochó sales y hieles en el periódico 
El Negro Timoteo. Publicó Artigas, drama (1898). Composiciones 
como La Vida, Gloria á los bravos (1873) ; sátiras como Los Treinta 
dineros, Anatema (1876). Simplezas y picardías, epigramas y epita- 



106 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

fios (1S94). EL Baturrillo uruguayo. Los Oradores de lu Cámara, sem^ 
blanzas. 

Guillermo Belmonte Müller (n, 1853), cordobés, escribió en pe- 
riódicüs y revistas poesías melancólicas y soñadoras, que juntó des- 
pués en Acordes y disonancias, Aíadrid, 1888. Tradujo Las Noches^ 
de Musset, y algunos de Los Trofeos, de irleredia. Canarias, impresio- 
nes poéticas, Córdoba, 1901. Rola, 1892 (en Esp. Mod., jul.). Namuna^ 
1893 (ibid., nov.). Entre la Nochebuena y Carnaval, historias íntimas, 
Córdoba, 1904. 

Manuel Acuña (1849-1873), del Saltillo (México), estudiante de 
Medicina que se suicidó por amores, cantó el más desaforado mate- 
rialismo ateo á 'lo Büchner, Vogt y Moleschott con verdaderos acen- 
tos líricos, sobresaliendo en el Nocturno, que es amoroso, y Ante un 
cadáver, de materialismo dogmático, ambas compuestas el último año 
de su vida. Imitó á Espronceda, Campoamor y Heine. No tuvo tiem- 
po para apurar el gusto ni domeñar el lenguaje poético, plagado de 
feos neologismos. Compuso la comedia El Pasado. Véanse sus Poesías 
en da ed. París, 1SS5, 1S94, 6." ed. Obras, Barcelona, 1898. Poesías, 
París, 1911. 

Fermín Canella y Secades (n. 1849), de Oviedo, rector de aque- 
lla Universidad, erudito muy enterado y aficionado á las cosas astu- 
lianas, publicó Historia de la Universidad de Oviedo, 1873, 1903. EL 
Carbayón^ recuerdos liistóricos de Oviedo, Madrid, 1880. Sociedad eco- 
nómica asturiana de Amigos del País, sesión, 1886. Estudios asturia- 
nos, 1886. La Biblioteca asturiana, 1887. El Libro de Oviedo, 1888. 
Islas Filipinas, 1895. Historia de Llanes y su Concejo, Llanas, 1896. 
Oviedo, ipos-ipo4. Memorias asturianas del ano ocho, Oviedo, 1908. 
Historia bibliográfica de la literatura jurídica española, 191 1. Martí- 
nez Marina y sus obras, 1911. Consúltese: Rev. Arch.^ 1903 (Mayo). 

Antonio M." Fabié y Escudero (1832-1899), sevillano, ministro 
de Uiltramar (1890), académico de la Española, redactor de El Espe- 
cialista (1859-60), Anales de Medicina (1860-61), EL Contemporáneo,. 
La América, La Rev. de Esp., La Rev. Ibérica, Euskal-Erria, Bolet. 
Acad. Hist., muy erudito, publicó Examen del materialismo moderno, 
Madrid, 1873. Vida y escritos de Alfonso Fernández de Falencia,. 
1875 (disc. recep. Acad. Hist.). Recuerdos de Sevilla, 1878. Notas y 
apuntes de un viaje por el Pirineo y por la Tiirena, 1879. Vida y es- 
critos de Fr. Baltolomé de las Casas, dos vols., 1879. Viajes por Es- 
paña del famoso R. Navagiero^ trad. y coment., 1879. El Principado 
de Asturias, estud, hist.-lcgal, 1880. D. Rodrigo de Vülandrando (disc. 
Acad. Hist.)., 1882. Disertaciones jurídicas, 1885. Vida y escritos de 
Francisco López de Villalobos, 1886. Los Bronces de Lacusta, 1887, 
Diálogos del soldado, de Diego Núñez de Alba, 1890. Tomás Rodr. 
Rubí, 1891 (disc. recep. Acad. Esp., adonde no sé quién le llevó ni 
para qué), 1891. Estudio sobre la organización y costumbres del país 
vascongado, 1896. Ensayo histór. de la legislación españ. en sus esta- 



S. XIX, 1873. J'OSÉ DEL CASTILLO Y SORIANO IqJ 

dos de Ultramar, 1896. Biografía del Exctno. Sr. D. Pedro Salaverría^ 
dos vols., 1898. Mi gestión ministerial respecto á l-a isla de Cuba, 1898. 
Tratados de A. de Falencia. Sucesos de Sevilla desde 1592 á Jóii. 
En la Rev. España: Revista de política exterior (1868-69). Beryer 
(1881, t. LXXVIII). Fr. Juan de Zumárraga (1882, t. LXXXVIII). 
Los Bronces de Locusta, etc. (1887, t. CXVII). El Origen de las 
lenguas según los escritores españoles (1868-69, ts. III-V'I). D. J. D. 
Bécquer (1880, t. LXXIII). 

Juan Valero de Tornos (1842-1905), madrileño, abogado, funda- 
dor de El Año 61 y La Asociación Científica, redactor de La Minerva 
(1861), El Independiente (1864), Gaceta de los Tribunales (1867-68), 
La Ley, El Noticiero de España; director en París de El Telégrafo 
Autógrafo y en Madrid de El Porvenir, El Diario del Pueblo, La 
Suavidad (satírico), La Raza Latina (1873-86) ; fundador de Gente 
Vieja (1899). Usó los seudónimos Garci-Fernández, Un Portero del 
Obsírvatorio y Cagliostro. Escritor culto y gran trabajador, hizo 
mucho por 'd periodismo y la afición á la lectura. Publicó Viaje á 
Babia, novela política, Madrid, 1873. Leyes y Códigos de España (co- 
mentados) (tres tomos), 1877. Fiambres^ estudios sobre Madrid, ibid.,. 
1S82. Cuatro verdades, costumbres sociales y políticas, ibid., 1884, 
Barcelona tal cual es, Barcelona, 1888, Cuarenta cartas, ibid., 1888. 
América y España en la Exposición Universal de París, Madrid, 
1889. España en París, estudio sobre Exposiciones, Madrid, 1901. 
Crónicas Retrospectivas, por un Portero del Observatorio, ibid., 1901. 
Pláticas políticas {Política recreativa), ibid., 1902. Mil seiscientas car- 
tas de "Política Europea'''. Hoja de informaciones para la Prensa 
Hispanoamericana, que continúa su hija y se fundó en 1888. 

30. Año iS/j. Romualdo Acebedo y Ribero, por seud. y anagra- 
ma Amorodul. colaborador de La Idea Moderna (Lugo, 1890), publicó 
Leves ideas sobre asuntos graves {Rev. Esp-, 1873, t. XXXI). Breve 
estudio sobre filosofía de la historia (ibid., ts. XXXJ-XXXH). — Anales 
del Club Literario de Lima, 1873-76. — J. M. Arteaga y Pereira pu- 
blicó Obras poéticas, Barcelona, 1873. — Pedro María Barrera (y 1897) 
publicó Una orquesta, poesía {Rev. España, 1873, t. XXXHI). Don AL 
varo de Luna, leyenda (ibid., 1883, t. XCIV). El Arco Iris, cuentos y ar- 
tículos, Madrid, 1885. — Alfredo Becherini (n. 1847), ingeniero madri- 
leño, publicó con Cabiedes, Clark, Larraza, etc.. Romancero español, 
Madrid, 1873. — Emeterio Boluda y Reig (f 1886), sargento español en 
Cuba, director del Orden (Santa Clara, 1880), estrenó Tipos de moda, 
jug., Sancti Spiritus, 1873. — Pomiana Catviacho de Figueredo (1841- 
1889), de Vélez (Colombia), publicó Escenas de nuestra vida, nov.,. 
Bogotá, 1873. — El DOCTOR Joaquín Carrión, presbítero, publicó Dic- 
cionario de sinónimos, Madrid, 1873. Cadena de oro de predicadores^ 
1877. — José del Castillo y Soriano (n. 1849), madrileño, por seud. 
Sotillo, director á los diez y seis de su edad de El Arco Iris, después 



I08 SEGUNDO PERÍODO DE L.\ ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de El Eco de Burgos, El Cascabel (Madrid) ; redactor de otros mu- 
chos periódicos, inspector del Cuerpo de Archiveros, en el cual sirve 
desde 1879. Publicó Romances, 1873. Dos horas de Exposición. Apun^ 
tes de la de Pinturas, 1876. Versos, 1879. Memoria del Congreso In- 
ternacional de Venecia, 1888. Los Españoles de hoy, 1889. Congreso 
Literario Hispanoamericano, 1892. El Ahogado Consultor de la Mu- 
jer, 1899. Manual legislativo de la propiedad literaria y artística, 1901, 
Reseña histórica de la Asociación de Escritores y Artistas, 1903. 
Cuentos, 1904. Núñes de Arce (apuntes para su biografía), 1904, 
1907. Memorias de los actos y tareas de la Asociación de Escritores 
y Artistas, 1882 á 1915. Versos de antaño, 1916. Para el teatro: Doña 
María Pacheco, El Sombrero del Ministro, La Fiesta de San Isidro, 
¡De los toros!. Las Costumbres de Id Marquesa (con seud. de Julián 
S Otilio y colaborando Julio Nombela), 1878. Los Barrios bajos, zarz. 
(con J. Nombela, 1878). La Divina zarzuela y El Fonógrafo (1885). 
Contra soberbia, humildad (1878). La Conciencia (1879). — Mariano 
Catalina y Cobo (1842-1913), de Cuenca, archivero (1866), académico 
de la Lengua (1878) y secretario de ella, gran remora para que allí 
nadie trabajase, estrenó con mal suceso El Tasso, dr., 1873. Massanie- 
lo. No hay buen fifi para mal camino, dr., 1874. Ludias de amor, dr., 
1877. Alicia, 1878, Publicó Poesías, cantares y leyendas, 1879. Le- 
yendas histór. de artistas célebres. Leyendas piadosas de vidas de 
santos. La Poesía lírica en el teatro antiguo, trozos escogidos, 11 
vols. (en Escritores 'Castellanos). — 'Aureliano de Colmenares y Or- 
CAZ, conde de Polentinos, director, con el señor La Hidalga, de El 
Coleccionista de Tarjetas Postales (1901), publicó Selenia, viaje cien- 
tífico recreativo de descubrimientos en el cielo austral (1873), £/ 
Guante gris, viaje imaginario á las costas de Guinea (1877), El Dra- 
ma del Tchamonlari (1881). — Lorenzo Córdova y Lebrija (1846- 
1899), de Guanajay (Cuba), profesor en 1882, estrenó Dagoberto el 
herrero, dr.. Habana, 1873. Tanto le dan al buen manso, jug. (1874). 
La Voz del remordimiento, dr., 1884. Esperanza y Esperancita. Se 
alquila el cuarto bajo. — .Clemente Fernández Elias, catedrático de 
la Central, publicó Novís. tratado histór. filosóf. del Derecho civil 
español, Madrid, 1873, 1880, dos vols. Novís. trat. completo de Filo- 
sofía del Derecho, 1874. Historia del Derecho y de jíí desenvolvimien- 
to en España...^ Madrid, 1877. — José Fernández Nodal tradujo el 
Ollantay, 1873. — José de Fuentes (1845-1882), aragonés, colaborador 
de La Correspondencia, autor dramático, estrenó La Sota de bastos, 
juguete (con Aureliano Alarcón), 1873. ^^^ '^^^^' ¡i^9(^^ á tiempo 
(id.), 1873. La Señora de P. (id.) (1874). El Mejor partido (id.) 
(1875). Siempre amigo (id.) (1875). Los Tomadores del dos (id.) 
(1875). El Cuchillo de la cocina (1876). No contar con la huéspeda 
(1876). A cual más bravo (1876). El Reservado de señoras (1876). 
Entregar la carta (1877). Un nido de víboras (1877). Amor y amor 
propio (1877). Lo que no debe callarse (1878). Las Tres palmatorias 



S. XIX, 1873. SALVADOR LASTRA IO9 

(1878). Arte y corazón, com. (1879). Herencias del alma, dr. (1882). 
— Galería poética Centroamericana, Guatemala, 1873, dos vols. ; 1888,. 
tres vols., con los nuevos poetas posteriores. Es la mejor colección 
centroamericana. — ^Luciano García del Real (f 1902), asturiano, co- 
laborador en Los Niños, El Cascabel, La Ilustr. Esp., El Correo Mi~ 
litar. La Lectura, publicó Paloma y águila, nov., Madrid, 1873. Au- 
rora y Félix, id., 1876. La Maestra de Alboraya, hist. contemporá- 
nea, Barcelona, 1887. Tradiciones y leyendas españolas, ibid., 1898- 
99, cinco vols. En Rev. España: Ruinas del castillo de Tudela, 187a 
(t. XV) ; Recuerdos del castillo de Noreña, 1871 (t. XIX) ; Los Va- 
queros de Asturias, 1870 {t. XIII). — Cristóbal M. González de 
Soto publicó Noticia histórica de la República de Vfnezuela, Barcelo- 
na, 1873. — Julián González Parrado (1841-1916), madrileño, gene- 
ral en Ciuba, director del Semanario Militar, residente en Madrid en. 
1912, publicó A mis conciudadanos de todos colores. Habana, 1873. 
Darío Gil, hist, de un rebelde cubano, 1873. Divagaciones militares, 
artículos, Manilla, 1886; Habana, 1898, dos vols. Memoria de Min~ 
danao, Manila, 1893. En paz y en guerra, colecc. de artículos, Haba- 
na, 1898. — Carlos Gutiérrez publicó Breve reseña de los progresos 
del catolicismo en la Gran Bretaña, Londres, 1873. Fr. Bart. de las 
Casas, Madrid, 1878. — 'Esteban Hernández y Fernández publicó Un 
invierno en Noruega, aventuras, Madrid, 1873. Viaje á Mongolia, 
aventuras, dos vols., 1874. Los Cazadores de la Pradera, 1874. Las 
Galas de la creación, 1874. Los Secretos del Océano, 1874. Los Amio- 
res de una esclava, 1875. Las Maravillas del Nuevo Mundo, dos 
vols., 1875. Les Hijos del desierto, 1876. La Familia del diablo, 1876, 
Los Amores de Qucvedo, 1877. Historia gral. de España, dos vols., 
1879. Las Mujeres de la historia, cuadros de costufnbres contemporá- 
neas, 1880. Las Seh'as vírgenes, recuerdos de un viaje por la Amé- 
rica del Sud, 1881. — Hombres ilustres mexicanos, México, 1873-74,. 
cuatro vols. — Ildefonso Joaquín Infante publicó Obra predicable, 
Madrid, 1873-74, seis vols. — 'Balbino Jiménez y Alarcón publicó La 
Caza del pájaro, leyenda humorística en verso, Ciudad Real, 1873. — 
Fernando Jiménez publicó El Ultimo rey ó la república en España,. 
Crónica del reinado de Amadeo I, Barcelona, 1873. — ^JosÉ Jordana y 
Morera, inspector general del Cuerpo de Montes, colaborador de la 
Rev. Contemp. é Ilustr. Esp. y Rev. España, publicó Apuntes biblio- 
gráficoforestales, Madrid, 1873. Bosquejo geográfico é históricona^ 
tural del archipiélago filipino, Madrid, 1885. Algunas voces foresta- 
les..., Madrid, 1900, diccionario útilísimo. — .Salvador Lastra, autor 
del género chico, estrenó juguetes cortos: La Revancha, com., 1873. 
De vuelta del otro mundo, jug., 1873. La Primera y la última, 1874. 
El Hijo de mi amigo, 1875. Mi sobrino, 1875. Salvarse en una tabla,. 
1876. Hinestrosa^ 1876. En perpetua agonía, 1876. Tres ruinas artís- 
ticas, 1876. El 15 de Febrero, 1877. El Bandido, 1882. El Vecino de 
al lado, 1882. Luces y sombras (con Ruesga y Prieto), 1882. En quin- 



no SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

ce fiúnutos, 1882. La del número 7, 1885. — José Luis de León y 
Marín (•]■ 1882), colaborador de La Ilustr. Esp., publicó Poesías, Ma- 
drid, 1873. Poesías, ibid., 1878. — ^Carlos Américo Lera puliHcó La 
Escena, apuntes sobre el arte lír. y dr., Habana, 1873. — Bernardo 
MuNDíNA Milallave publicó Historia... de la prozñncia de Castellón, 
ibid., 1873. — ^Mariano Murillo, navarro, librero en Madrid desde 
1873, año en que fundó el útilísimo Boletín de la Librería, que llega 
hasta 1909 (36.709 obras nuevas y 2L074 obras antiguas), 36 vols. — 
Jaime Oliver .publicó Memorias sobre la agricultura y las artes, De- 
nia, 1873. — Fernando de Ormaeciiea, periodista español, publicó Los 
Primeros cantos, Cienfuegos, 1873. Poesías, Manzanillo, 1874. Boce- 
tos femeniles y semblanzas m-asculinas, Habana, 1876. Pot-pourri de 
aires puertorriqueños. Puerto Rico, 1884. — Melitón Ortiz (1850- 
1888), colombiano, publicó Los dos amigos, nov. de costumbres, Bo- 
gotá, 1873. — Francisco de Paula Pavía y Pavía (1812-1890), gadita- 
no, vicealmirante de la Armada, publicó Galería biográfica de los ge- 
nerales de Marina...^ desde ijoo á 18Ó8, Madrid, 1873, tres vols. Bio- 
grafía del Contraaltmirante D. Miguel Lobo {Rev. España, 1876, 
t. LI). — Francisco Pérez publicó Lo Mejor de lo mejor, recopilación 
de lo más selecto que se ha escrito por autores españoles y extranje- 
ros en cuentos, anécdotas, etc., Toledo, 1873. — La Perla, poética, poe- 
sías de españoles y americanos. Arequipa, 1873. — 'José Pleyan de 
Porta publicó Apuntes de historia de Lérida, ibid., 1873. Nociones de 
historia de Lérida, ibid., 1874. Guía-cicerone de Lérida, ibid., 1877. 
La Rtconquista de Lérida, ibid., 1883. — Jaime Porcar publicó 'm hi 
Revista España Las Tres dinastías (Trastornara, Austria y Barbón) 
{1873, t- XXX). Cuentos trascendentales (1875, ts. XLIV-XLV). No 
hay peor sordo... (1875, t. XiLVI). — Ramón Portillo y Roldan pu- 
blicó Sueños de la infancia, novela, Aranjuez, 1873. — Marcelo Pu- 
jol Y Camps, españoil, director de La Concordia (Madrid), publicó 
Mis pasatiempos, versos, Habana, 1873. Bocetos filosóficos, 1883. 
Apuntes para el presente y porz'enir de Cuba, 1885. — Juan Ramón 
Ramírez, presbítero chileno, por seudónimo S. del Campo, publicó 
La Virgen de Andacolla, La Serena, 1873. La Poesía popular d-c 
Colchagua, 1903 (en Rev. CatóL). El Presbítero D. Tomás Argome- 
do, Santiago, 1904. Chile durante el coloniaje, 1910 (en Rev. CatóL). 
Prehistoria de Arauco, 191 1. Vida del limo. Sr. D. José Manuel 
Orrego y Pizarra, 1911. — Reglas para torear y arte de todas soler- 
tes, Madrid, 1873. — Revista de Valparaíso, dos vols., 1873-74. — El 
doctor Juan Rivera Valenzuela Pizarro Eslava y Chavero, comi- 
sario del Santo Oficio, publicó Diálogos de memorias eruditas para 
la historia de... Ronda, Córdoba, 1766; Ronda, 1873 (véase en 1766 
Juan M." Rivera). — Juan Rodríguez Rubí estrenó La Pasión de áni- 
mo, drama, 1873. — Matías Rodríguez y Díez publicó Historia de... 
Astorga, ibid., 1873, 1909. — Romancero Español, por varios, Madrid, 
1873. — Romances moriscos y novelescos, Madrid, 1873. — Francisco 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAY I I I 

J^OMERO DE Castilla y Perosso publicó Apuntes histór. sobre el Ar- 
chivo gral. de Simancas, Madrid, 1873. — ¿Rafael Rubio y Góngora de 
Armenta publicó Poesías, Córdoba, 1873. — Andrés Sánchez del 
Real publicó Emilio Castelar, sii vida, su carácter, sus costumbres, 
sus obras, etc., Barcelona, 1873. Cuadros contemiporáneos: ¡A la hor- 
ca los negros!, Barcelona, 1879. — Antonio Sánchez Arce, canóni- 
co en Granada, publicó S<^rmones panegíricos apologéticomorales 
para el mes de Marta, Granada, 1873. Colección de serm^ones y ho- 
milías, cuatro vols., t. I, 1878; 1873, t. III, 2." ed. ; t. IV, 2.^ ed., 
1880. Lecciones de oratoria sagrada, ibid., 1879, 1889, 3.' ed. — 
Vicente Silveira (n. 1841), de Guanajay (Cuba), pardo y obre- 
ro, publicó Flores y espinas, poesías. Habana, 1873. Florescencias de 
invierno, versos, Guanajay, 1910, 191 1. — ^JosÉ Ignacio Trujillo, na- 
cido en Bogotá (1S33), publicó Las Horas de solas, poesías, París, 1873. 
— Francisco Tusquets La Forge (n. 1841), barcelonés, novelista po- 
pular, el primero que en castellano practicó eí naturalismo zolesco, 
-estrenó Ün rayo de sol, episodio conyugal (con Ricardo Moly de Ba- 
jíos), 1873. La Negra, nov., Madrid, 1890. La Hembra, nov., 1893. El 
Padre nuestro, historia mundana, Barcelona, 1895. El Justiciero de la 
■casa. La Serafina, relatos transcendentales, Madrid, 191 1. — Federico 
DE LA Vega (1831-1888), de Jerez, que se suicidó en Méjico, redactor 
tie La Revolución (1857) ; en París (1860) de El Americano y El Si- 
-glo, publicó La Política entre bastidores, galería satíricohumorística, 
París, 1873. Menudencias filosóficas. ¡¡Soy yo!!, zarzuela. Colección 
•de cuadros originales (croquis parisienses) , 1882. — Mercedes de Ve- 
LiLLA Y Rodríguez (n. 1852), sevillana, hermana de José, poetisa tier- 
jia y apasionadamente femenil, publicó Ráfagas, poesías, Sevilla, 
1873. Estrenó El Vencedor de sí mism,o, com. (1876), y ganó el pri- 
mer premio con su oda A Cervantes (1876). Publicó en revistas y 
periódicos poesías de hondo y exquisito sentimiento, como A la me- 
■nuoria de mi padre. Lágrimas^ Los dos crepúsculos, Confidencias, A 
la memoria de Fortuny, Cielo y Tierra. — Antonio Zambrana, cubano, 
de estilo enérgico y brillante, demasiado 'lírico, publicó La República 
de Cuba, New York, 1873. El Negro Francisco, nov., Santiago de 
-Chile, 1873. Ujia visita á la Metrópoli, Habana, 1888. Ideas de estética, 
literatura y elocuencia, San José, 1896. La Poesía de la historia, mis- 
celánea, ibid., 1900, 1908. El Secreto de oro, ibid., 1911. Prensa y tri- 
buna, Quito, 1912. Ignacio Agramante, disc. Habana, 1913. Voces de 
combate, ibid., 1916. 

31. //«o 1S/4. José Echf.garay y Etzaguitíre (1832- 
191 6), hijo de padre zaragozano y de madre azcoitiana, nació 
en Madrid, fué llevado de niño á Murcia, volvió á la corte á 
estudiar Matemáticas y la carrera de ingeniero de Caminos y 
■entró de profesor en la Escuela, donde hasta 1868 explicó 



112 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Cálculo diferencial, Mecánica, Estereotomía, etc. Dióse des- 
pués á los estudios de Economía política, afiliándose á la es- 
cuela librecambista. Diputado desde 1869, fué ministro de Fo- 
mento y de la Comisión que recibió en Cartagena á don Ama- 
deo; otra vez ministro de P'omento (1872) y de Hacienda, vol- 
viendo á serlo en 1874, siempre como radical. A'l reconocer 
Martos la Monarquía (1883), alejóse de la política activa. Ob- 
tuvo el premio Nobel juntamente con Mistral (1904), hacién- 
dose extraordinarias manifestaciones y fiestas en honor suyo 
en Madrid. Usó alguna vez del seudónimo de Jorge Hayeseca. 
Echegaray levantó el teatro de su postración, llevando á las ta- 
blas asuntos sociales con desusada valentía, grandeza dramá- 
tica, intensidad de afectos y nervio en el decir, cualidades que 
subyugan al público. Señorea en él portentosa inuaginación 
para descubrir con rica inventiva asuntos y recursos dramáti- 
cos , acompañada de gran robustez en el mover los más fieros 
afectos. Mal escritor en prosa y peor versificador, peca, so- 
bre todo, por la falsedad de todas sus obras, tramadas sobre 
flacos cimientos é inverisímiles situaciones, hasta en El Gran 
Galeota^ la mejor de todas. No son personajes humanos sus 
personajes, las situaciones no son humanas : han salido unos y 
otras de una fogosa fantasía, no de la realidad. El teatro de 
Echegaray es, en suma, tan falso y exagerado en todo como el 
teatro romántico, porque no es más que el mismo teatro ro- 
mántico aplicado á los problemas sociales de la época. Pero con 
todo ese falseamiento de la realidad, hay un fondo de realidad 
en sus dramas que subyuga y ata de pies y m^nos : la lucha en 
la conciencia del deber y la pasión, tan desmenuzada y fuerte- 
mente desenvuelta, que llega á todos, porque en todos arde esa 
lucha, más ó menos descmbozadamente, en mayor ó menor 
grado. Situaciones verdaderamente dramáticas, conmovedoras, 
las sabe exponer Echegaray como pocos, no reparando á veces 
en los medios, en lo verisímil, en lo exagerado, en lo extrava- 
gante. El drama entero está en el alma del principal personaje, 
y como todos participamos de su conciencia, de los principios 
éticos, de las creencias y dictámenes, aspiraciones y deseos que 
en aquella conciencia entablan la lucha, todos participamos 
igualmente de ella, nos la apropiamos y sentimos lo que él 




JOSÉ echegaray 



S. XIX, 1874. FRANCISCO FLORES GARCÍA Ii3 

siente. Y esto es lo dramático sustancialmente, y tanto, que á 
veces ni caemos en la cuenta de lo mal preparadas que fueron 
esas situaciones, de lo burdo de la urdimbre, cegados por el 
movimiento dramático de los afectos, que nos arrastra en pos 
del protagonista. Este es el triunfo de Echegaray, triunfo pa- 
sional, romántico, mediterráneo, muy de la raza, que llevó vi- 
gor, alteza y grandiosidad al postrado teatro anterior y que 
hoy choca con el afeminamiento y timidez de los gustos litera- 
rios. Fué atrevidísimo dramático y Audaces fortuna iuvat. 
Tuvo, en suma, temperamento dramático de primer orden ; 
sus obras son verdaderos dramas, de carácter y acción ; pero 
todo lo extremó en demasía. Pecó por exceso, pecado har- 
to miás disculpable en el arte que el de defecto. 

Vital Aza (1851-1912), de Pola de Lena (Asturias), mé- 
dico, comenzó á escribir en El Garbanzo^ dirigido por Ensebio 
Blasco, y colaboró en todos los periódicos literarios. Escritor 
festivo de asombrosa facilidad en prosa y verso; de vena tras- 
parente y clara, de exquisito gusto, sin afectación de ningún 
género, de sano buen humor, sátira delicada, gran corrección 
de estilo, pero, sobre todo, de espontánea y fina gracia. Estas 
mismas cualidades llevó al teatro en 63 piezas, siendo el mejor 
y más popular sainetero de su época, esto es, del género chico, 
con las cuales solazó al público, desarrugando al ceño al más 
cejijunto. Recogíase cuanto podía á su finca solariega de Mie- 
res del Camino, donde falleció. Sus mejores piezas. El Señor 
gobernador. El Señor cura. Aprobados y suspensos. La Pra- 
viana^ La Rebotica, El Sonvbrero de copa. 

Francisco Flores García (i 844- 191 7), de Málaga, donde 
fué herrero miecánico, luego en Burdeos (1864), y estrenó en 
Málaga FA 11 de Diciembre; después, en Madrid, en 1874, la 
Escuela de amor. En 1880, De Cádiz al Puerto, con 80 repre- 
sentaciones. Tenía, por entonces, acaparado el teatro, como de- 
cían. Fué redactor de muchos periódicos y firmábase con los 
seudónimos de Córcholis, Sansón Carrasco y Diego de la Fuen- 
te. Fundó El Nuevo Día (1868). Escritor modesto en su estilo, 
como en su persona, dijo lo que le dio la gana y como deben 
decirse las cosas, con la llaneza de un hombre de bien y con la 
gracia de un malagueño. Formó á muchos actores y autores de 



I 14 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

corri'edias. Fué largo tiempo el amo de entre bastidores, mejor 
dicho, el padre, porque no era hombre que tuviera autoridad en 
ninguna parte, que no la quería ; no tenía más que cariño y afi- 
ción á cuantos valían ó pudieran valer, á quienes enseñó con 
todo el interés y desinteresadamente con anécdotas, siempre 
históricas : fué su fuerte. Director del teatro de Lara, tuvo con 
don Cándido Lara serios disgustos, por querer el empresa- 
rio condimentar el teatro con cupletistas y otras variedades, 
oponiéndosele Flores, hasta dejar por ello la dirección. Gus- 
taron mucho Las Parrandas, Navegar á todos vientos, Los 
Vidrios rotos, Meterse en honduras. Tuvo habilidad para las 
parodias, como en Galeotito, que lo es del Gran Galeoto. So- 
bresalió, en suma, de la medianía, por la relativa inventiva, 
chistes cultos y algunos tipos de la clase media bien dibujados. 

32. La partida de bautismo de Echegaray dice que nació en 19 
de Abril de 1832, que fué bautizado en 'la parroquia de San Sebastián, 
que su padre fué José Exhegaray, zaragozano, hijo de Tomás, de 
Zaragoza, y Manuela Lacosta, de Belchite, y que su madre fué Ma- 
i>uela Eizaguirre, de Azcoitia, hija de José Gabriel, de Esguinoza, y 
María Javiera de Chaler, de San Sebastián. Echegaray, Memorias: 
"Los últimos años de mi carrera habían sido muy parecidos á los pri- 
meros en punto á ocupaciones y gustos. Leer obras de Matemáticas, 
todas las que podía comprar; leer novelas, cuantas encontraba en las 
librerías; asistir al teatro con toda 'la frecuencia posible y no perder 
ni un estreno. Recuerdo entre éstos el de Ricardo D'Arlingion, de 
Alejandro Dumas, padre... Triunfó el drama, triunfó el gran drama- 
turgo francés, triunfó el gran actor español y la obra quedó de re- 
pertorio y ha sido siempre uno de los mejores triunfos de Valero. 
Esta ©bra y otras tales han sido, sin duda, las que han desarrollado mis 
aficiones, de suyo inclinadas á lo trágico. Después, mucho tiempo 
después, yo también, por mi cuenta, he escrito atrocidades del mismo 
género, y casi siempre me han salido bien. Lo que en el teatro nunca 
triunfa, verdad €s que tampoco triunfa en la vida, es la cobardía ó 
es la timidez. La timidez y la cobardía son buenas para educandas de 
colegio ó para sacristanes de monjas." Cuando del romanticismo de la 
primera mitad del siglo xix no quedaba ya ni huella en el teatro, bri- 
llando tan sólo por su cursilería y tontas comedias autores como 
Retes y Echevarría, que trabajaban juntos, Juan Herranz (después 
Conde de Reparaz) y otros, preséntase nada menos que en 1874, 
Echegaray, con nuevos bríos románticos, levanta el teatro y señorea 
la escena hasta 1898. Este nuevo romanticismo venía con la misma 
valentía y desenfrenamiento que el primero, cosa que entusiasma 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAY 1(5 

siempre al pueblo español, aunque dejados por ya viejos aquellos ne- 
gros arambeles de calaveras y brujas, buhos y ruinas, noches oscuras 
y crueldades sangrientas. La Revolución de 1868 había hundido Ja 
escena y toda la literatura; Tamayo vio despreciados Los Hombres 
de bien; Ayala había arrinconado su lira; rara vez los antiguos maes- 
tros salían á 1^ tablas; los Bufos eran los únicos que triunfaban. 
La reacción había de venir, y vino, por miaño de uno de los adalides 
de la Revolución, con el mismo furor y tirantez de nervios que ella, 
por mano de Echegaray, que de alguna manera renovaba el roman- 
ticismo, para despertar el arte, dormido en la charca. Los asuntos que 
tomó, más que históricos ó legendarios, eran de la vida m\oderna, y 
no po<iía menos en la época realista ; sobre todo de los problemas so- 
ciales, por dos cuales hanse movido las modernas revoluciones, y de 
los hondos vicios y rutinas injustas, que corroen la manera de ser 
de nuestra tradicional civilización. Era aplicar la vaíentía del anti- 
guo romanticismo á cuestiones, ya no históricas, sino del presente 
vivir. Ambas cosas explican eil suceso extraordinario que logró Eche- 
garay, no sólo en España, sino en toda Europa, rayando la admi- 
ración en el deliriio, perdiendo los estribos hasta la más serena y 
asentada crítica. Como por entonces estaba en boga el naturalismo, 
por naturalista furioso le tuvieron todos. Sus adversarios, los neoca- 
tó'licos, espantados de la libertad con que socavaba hasta los cimien- 
tos de la sociedad y teniendo en cuenta sus doctrinas radicales en 
política, no hallaron en sus obras más que un montón de disparates y 
un amasijo de esperpentos fraguados por una fantasía calenturienta 
y revolucionaria. Pero cuanto más levantaron unos y otros de polvare- 
da y más atronador estruendo metieron, tanto más, de extrañar fué 
el silencio como de cementerio, que, á poco de dejar de ofrecer nue- 
vos dramas, se hizo en todas partes, como por arte de encantamiento. 
Luego comenzó la crítica, como quien despierta de un sueño de deli- 
rio, á echar abajo sin duelo cuanto ella misma, á par del público, ha- 
bía levantado como sublime pedestal del celebrado dramaturgo, y hoy 
puede decirse que, en España, sobre todo, él pedestal ha sido arrasado 
y que, igualado el terreno, no queda rastro de que allí tal hubiera ha- 
bido. Tuviéronle como un fenómeno de la naturaleza, como un co- 
meta de brillante cola, que trajo á todo el mundo, críticos y legos, 
boquiabiertos y embelesados. Y sigue teniéndosele como á fenómeno 
y cometa, sino que el cometa ya es ido para no volver, y el fenómeno 
ya no se parece ni ha dejado rastro de sí. Realmente, estos altibajos 
de la fortuna, este subir y caer, sonar y no oírse ya nada es propio de 
las obras teatrales, cuyo suceso cuelga del público variable y olvida- 
dizo, entusiasta é ingrato, segini los tiempos y la impresión del mo- 
mente. Hay bastante de inverisímil en los dramas de Echegaray, cosa 
en que el fervor romántico no repara; hay mucho de lentejuelas, de 
oropel, de efectismos momentáneamente deslumbradores, que, á la 
larga, se aherrumbran y más bien empuercan que no abrillantan; hay 



1 16 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.ALISTA (187O-1887) 

romántica exaí^ei ación en contrastes, en personajes, en posturas, en 
estilo y lenguaje; hay algo de rechinante en el demasiado apretar los 
tornillos á los vicios sociales y sociales injusticias. Todo ello fué 
como espuma romántica de la fogosa fantasía de Echegaray, soplada 
y burbujeada por el mismo aire popular que extraña no le sacara de 
sí y le envaneciera locamente. Pero hay en los dramas de Echegaray 
algo que hoy se menosprecia, porque, haciendo más falta que nunca, 
ni siquiera se echa menos: tal es nuestra postración. Y es la valentía, 
romántica, cierto, pero valentía al cabo, que ciega y atruena á la fla- 
queza presente; valentía que no puede ni comprender hoy el afemina- 
miento acanallado de ciertos componedores de cosas para el teatro, 
aflamencadas y de harto floja y hasta podrida hebra. Los modernis- 
tas son 'los que más se enconaron contra él, hasta el punto de haberle 
maltratado con motivo del homenaje que se le tributó el 19 de Marzo 
de 1905, por haber obtenido merecidamente el premio Nobel. Varo- 
res ahembrados, que con su plateada cornamusa dan bonitos pitidos, 
encerrados en su torre de marfil, por no entremieterse con el pueblo, 
que abajo ruge y demanda pan y justicia. Los vates de antaño mezclá- 
banse con el pueblo para enseñarle y dirigir'le; éstos vatecillos de ho- 
gaño temen enlodar sus zapatillas de seda y tienen á Echegaray por un 
animal. Hay, además, en los dramas de Echegaray el primar hachazo 
que su valentía asestó á los vicios fundamentales de la sociedad, sobre 
los cuales tendidas, cormo sobre blanda y perfumada pluma, estánse 
muy á sabor de su paladar muchas personas de las clases altas, no 
dándoseles un ardite que mil desgraciados, con un pingo atrás y otro 
adelante, una cebolla y un currusco de pan, rabien y pataleen de pre- 
sidio en presidio y de tasca en hospital. Los críticos que á las personas 
así tendidas á pierna suelta y regaladas á costa de las miserias y pil- 
trafas de la gente de presidio, hospital y tasca les mueven aire fresco 
y les hacen el son para que más regaladamente se adormezcan y apol- 
tronen, son los que suelen salimos con que los dramas esos de Echega- 
garay, y después, ya en plena fuga, 'los de Galdós y Dicenta, son dra- 
mas de tesis, malos, por el consiguiente, si es cierto el principio del 
arte por el arte. Pero de esto trataremos al hablar de Dicenta, que ha 
llevado á madurez \lo que en Echegaray apunta, y aun si se quiere, des- 
punta, que no es uno de sus menores merecimientos. Porque ¿qué 
otra cosa significa lo que esos mismos críticos y personas acomodadas 
y bien arrellanadas en su regalado acomodo suelen discantar, sobre 
que el teatro es escuela de virtudes y por lo menos picoía y padrón de 
ignominia de los vicios? Si el satirizar vicios fué, de hecho, obra del 
teatro en todos tiempos, ¿por qué no se han de colgar de esa picota 
los vicios más fundamentales de la sociedad, aunque ellos sean los que 
hagan la cama á los delicados y abran el presidio á los pobres? Fuera 
de esto, hay en Echegaray movimiento y vida, choque de pasiones, 
desmenuzamiento en lo psicológico del alma humana, gritos del gé- 
nero humano, todo entero, como en El Gran Galeota y El EstigfnC' 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAY Hy 

Venirnos, como algunos sesudos críticos nos vienen, con que "la fa- 
lange de suicidas, homicidas, vengativos, malos hijos, malas esposas, 
malos reyes, muchedumbres sedientas de cieno, de lágrimas, de san- 
gre: todo este pueblo moviéndose entre desafíos, envenenamientos, 
alevosías, pestes, felonías, hambres, suicidios, parricidios, muertes, 
oscuridades, 

Llamas, dolores, guerras, 

Muertes, asolamientos, fieros males..., 

y siempre bajo un cielo de plomo, de injusticia social, de desorden 
público, de olvido de los deberes, de venganzas por propia mano, dan 
al teatro echegarayesco, no el aspecto de un jardín español, sino el de 
Tin bosque primitivo habitado por salvajes, cuando no por fieras vene- 
nosas y sanguinarias", es suponer ó que el teatro no debe pintar la 
vida tal cual es, sino como debiera ser, ó creer que la vida ahora ni 
nunca ha sido, y menos que nunca ahora, un jardín, algo paradisíaco. 
Pero 'la vida es lucha y fieros males, y así la pintó Shakespeare con 
trocha mojada en sangre, y así la pintaron los trágicos griegos, y así 
la pintaron nuestros mejores dramáticos. A otros, el pintar lo blanco 
y candido de la vida, que también lo hay en ella ; á Echegaray le lle- 
vaba su humor á pintar lo negro, y á ello le empujaba, además, el 
naturalismo reinante á la sazón. Pero no se diga que es mal trágico 
porque pinta trágicamente lo trágico, que á eso se reduce el argumen- 
to, bien estrujado y reducido á escobajo. Lo que ha de decirse contra 
Echegaray toca al arte dramático, romántico y falso. El público co- 
mún se deja arrastrar por la emoción dramática, sin pararse á pensar 
en que los recursos están traídos por los cabellos, en que la trama es 
tan floja, por sus inverisímiles casos, que la obra resulta enteramente 
falsa. No hay drama de Echegaray que no se deshilache al punto, en 
tocándolo el crítico con el escalpelo de la naturalidad y verdad. La 
razón parece dejóla á un lado el autor, valiéndose solamente de su 
poderosa fantasía, que sa'Ita por todo. Las piezas que más han seguido 
representándose han sido Mariana, Mancha que limpia y las traduc- 
ciones de María Rosa y Tierra baja. En su estreno puede decirse que 
<:asi todas fueron bien recibidas, y catorce de ellas con entusiasmo ra- 
}ano en delirio. Hízose famoso en toda Europa y se tradujeron y re- 
presentaron varias en los principales idiomas. O locura o santidad 
liizo mucho ruido en Estocolmo ; Mariana, en Lisboa; El Gran Ga- 
leoto, en Atenas; Mancha que limpia, en Budapest. En Alemania se 
representaron y todavía se representan mucho. La admiración por su 
autor emborrachó aJl público, hasta no acertar nadie á criticarle, te- 
niéndole por un fenómeno extraordinario y creyéndole todos natu- 
ralista, que no \o es ni por semejas, y muchos por inmoral, siendo 
severo crítico de las flaquezas humanas. Poco antes de fallecer, Eche- 
garay había dicho á don Federico Olivar, emipresario del Español, 



Il8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

que le gustaría ver reestrenado su drama El Poder de la impotencia, 
que fracasó en su primer estreno. Escogiólo Oliver para el homenaje 
que dedicó á su memoria á poco de fallecido (1916). Sátira contra 
los impotentes, que sólo valen para impedir que triunfen los hom- 
bres de verdadero valer, es obra de fino espíritu cómico en los dos 
primeros actos y de hermosa fuerza dramática en el tercero, en el 
que triunfan los impotentes y sufren los desgraciados que debieran 
haber triunfado. Es de las pocas obras de Echegaray que pueden pre- 
sentarse como modelos acabados : lo cómico y lo dramático se entre- 
lazan naturalmente, nada repugna á la naturalidad ni á la realidad, 
el hondo pensamiento está admirablemente desenvuelto. Con todo 
eso, los más de los críticos de periódicos se ensañaron en la obra y 
en Oliver, y lo que más es, en Echegaray. ¿Por qué? Porque, senci- 
liamente y francamente hablando, los que llevan obras propias á las 
empresas teatrales y les son desechadas no debieran escribir críticas 
de teatros, ni sus amigos tampoco. Los enconos del crítico Fulánez 
contra toda obra que se estrene en el teatro tal, los desdenes del crí- 
tico Mengánez, por cuanto se estrena en el teatro cuál, responden 
nada más que á esto. Ni á Echegaray han perdonado las vengancillas 
del amor propio despechado. José Echegaray : 

"Escojo una pasión, tomo una idea, 
un problema, un carácter. Y lo infundo, 
cual densa dinamita, en lo profundo 
de un personaje que mi mente crea. 

La trama al personaje le rodea 
de unos cuantos muñecos que en el mundo 
ó se revuelcan en el cieno inmundo 
ó se calientan á la 'luz febea. 

La mecha enciendo. El fuego se propaga, 
el cartucho revienta sin remedio, 
y el astro principal es quien lo paga. 

Aunque á veces también en este asedio 
que pongo al arte y que al instinto halaga, 
me coge la explosión de medio á medio." 

Francisco Pí y Arsuaga, Echegaray, Selles y Cano, pág. 119: "Eche- 
garay tiene una imaginación calenturienta, concibe con rapidez extra- 
ordinaria y ejecuta con velocidad incomparable; siente más que pien- 
sa ; no da á luz, aborta. Aprovecha cuanto su fantasía examina y es- 
cribe, según se encuentra su ánimo : tras los sollozos del moribundo,, 
lanza la carcajada del libertino; tras el sentido arrullo del amor dulce, 
ideal y melancólico, deja escapar el sarcasmo y la burla del escéptico; 
la inspiración desbordada inunda su pecho cuando se prepara á llenar 
las cuartillas que han de constituir uno de sus dramas, y á su mente, 
vivamente impresionada por un ideal tan grande como indefinible,. 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAY i 19 

acuden torrentes de armonía, bellas imágenes, sublimes efectos, arran- 
ques inesperados, 'lagos de lágrimas y de sangre, el casto amor de la 
virgen, el venenoso halago del seductor, el puro encanto de la madre 
que arrulla el sueño de sus hijos, 'la romántica trova del doncel des- 
deñado, la fragilidad de unas almas, la grandeza de otras, el rugido 
de Satanás, que escucha gozoso los 'lastimeros ayes de las víctimas de 
sus hogueras y la grandeza de Dios enseñoreándose en lo alto de los 
cielos y vertiendo á torrentes el aroma en las flores^ ilas perla ■^ en el 
arroyo, la luz en los espacios. Siente, en fin, un mundo de ideas : unas, 
sublimes; otras, absurdas, y las aprovecha todas y todas lias entreteje 
y amalgama, repartiéndolas á manos llenas entre sus personajes, que 
ora salen gananciosos, ora lastimados en su fuerza y en su colorido. 
Cada personaje suyo, sin constituir un carácter, puede asegurarse que 
es emibrión de cuatro ó cinco. Nos presenta en üa primera escena de 
un drama una mujer extraordinariamente débil: ya la concebimos na- 
cida para la desgracia, nos vamos identificando con ella, damos so- 
lución al drama con arreglo al carácter de esa mujer ; pero en la se- 
gunda escena aparece otra con la palabra crimen en los 'labios, con la 
ira en los ojos, con el odio en el corazón; aquella miujer es distinta de 
la otra, es otro carácter y, sin embargo, Echegaray Ja llama lo mismo 
y se esfuerza en hacernos creer que es la que primero contemplamos, 
que es la que primero creímos indefensa y pobre de espíritu. Es pre- 
ciso que un asunto le impresione exageradamente, es preciso que un 
asunto le preocupe demasiado para que su imaginación pueda ceñirse 
al pilan que de antemano ha debido trazarse. Por un solo efecto, cam- 
bia todos los caracteres del mejor drama; por una escena que espante 
y horrorice, de todos los dramas del mundo. De aquí que sus dramas, 
que apreciados en detalle tienen tantas bellezas, apreciados en conjun- 
to son siempre imperfectos." Yxart, El Arte escénico, I, pág. 68 : "El 
hecho más culminante es el renacimiento romántico en las tablas, en 
manifiesta oposición con toda la literatura. Con el Echegaray de La 
Esposa del vengador (1874), En el puño de la espada (1875), En el 
pilar y en la cruz (1878), En el seno de la muerte (1879), vuelven de 
pronto á la escena el drama de acción y enredo inveíosímiles. con ca- 
rácter caballeresco y legendario; la casuística del honor y todas sus 
intransigencias violentas que llevan al homicidio y suicidio ; los caba- 
lleros de centelleante espada y de amores fulminantes, bravucones y 
temerarios hasta la insolencia; lias damas de melodramáticas pasiones, 
los adulterios atormentados y fúnebres, las violaciones inexplicables, 
los pensamientos gongorinos, los requiebros hiperbólicos. Una fatali- 
dad ceñuda y cruel se cierne sobre los personajes como en los mejores 
días de ios dramas de tumba y hachero; las situaciones dramáticas se 
sustituyen por una suerte de "visiones espectrales", que entran por los 
ojos con el fulgor de las luces de bengalas, y por los oídos con el día- 
dogo que para de nuevo en aquel lirismo desatado y sonoro y á gran- 
des brochazos, chillones, fosforescentes : una reaparición completísi- 



120 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE,\LISTA (187O-1887') 

ma, en una palabra, de un género, que si no muerto, antes persistente 
en España, vuelve á adquirir con toda franqueza y resolución, con 
inusitada energía, con relieve palpable é inconfundible, todos, abso- 
lutamente todos sus caracteres de antaño, sin modificación ni altera- 
ción alguna, y lo notable es que nadie se sustrae á 'la fascinación que 
causa. Como si los sentidos del público, en violenta tensión durante 
ciquellos últimos años, tuvieran necesidad de más terroríficas emo- 
ciones que hasta entonces, sólo aquellas obras alcanzan súbitamente 
(lo que ya no podían lograr ni los dramas de costumbres ni aquel mis- 
nno género cuando reprimía sus bríos. Todo estreno de Echegaray le- 
vanta cálida y sofocante polvareda y clamoreo atronador de polémi- 
cas interminables. Mientras el público se pone en pie para aplaudirle 
delirante, se alza contra el la crítica, así la de los anticuados como de 
los modernos; unos, con la eterna teoría de da verdad artística, de la 
naturaleza humana, embellecida y en buena sa/lud ; otros, aunque son 
todavía los menos, oponiéndole las primeras objeciones del "natura- 
"lismo en el teatro" ; éstos, en nombre de la moral ; aquéllos, más ó 
menos influidos por la pasión política. Pero, con todo eso, se diría 
que hay en aquellas oleras algo que coincide con el verdadero tempera- 
mento del público y de los mismos críticos; algo que satisface más á 
aquél de lo que le agradaron hasta entonces otros géneros más sóli- 
dos, cuando tan inusitado es el furor de las disputas y tan fácilmente 
se pone en moda llamar a'l autor genio..., aunque extraviado.-^ El mis- 
mo Revilla, su leal y resuelto adversario, y tan duro alguna vez en la 
forma de sus juicios, es víctima, al cabo, de la fascinación común, 
que acaso le sugiere más el público con su delirio que la misma obra 
con sus bellezas. Clarín, posteriormente, ha llegado á equiparar aque- 
llas emocione's teatrales á las de las corridas de toros (echando la 
comparación á buena parte), viendo en ellos semejanzas con los brus- 
cos sobresailtos y escalofríos de la visión de la muerte en la plaza y 
con la arrebatada pasión de los españoles por cuanto sea valor, arro- 
jo y gallardía en el acometer y desafiar el peligro: un género na- 
cional, en fin, niiás nacional y genuino que otro alguno, que se renue- 
va y persiste á despecho de todos los cambios... Con la trágica leyen- 
da ó las aventuras de capa y espada alternó desde los comienzos de 
Echegaray el que llamaron "drama psicológico y trascendental", y 
que se funda casi siempre en un caso de conciencia, "en un conflicto 
"interior más que en una colisión externa". Por este lado, el autor 
pretende ser de su tienupo; intenta llevar al teatro lo que otros á 'la 
novela; es el segundo Echegaray de Revilla: es el de La Ultima no- 
che (1878), Cómo empieza y cómo acaba (1876), O locíira ó santidad 
{l^yy), y para detenernos en tiempos que no sean muy próximos, el 
de El Gran Galeota (1881). Escenario, época, personajes, intento, 
todo ha cambiado, todo, menos la índole de la inspiración dramática ; 
todo, -menos los recursos teatrales, menos la forma. Aunque esta afir- 
mación no pueda ser absoluta, en d sentido de abarcar todas las 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAY 121 

obras por entero, ni cabe en la prosa de algunas de ellas la misma 
exuberancia de imágenes que en el diálogo poético ni el proceder á 
grandes rangos de la leyenda, todavía hay en todos aquellos dramas 
un modo de concebir, de ejecutar, de sentir el teatro, originaria y ra- 
dicalmente opuesto al fin del autor. Más que obras de verdadera inten- 
ción social y de corte moderno, siguen siendo otra renovación román- 
tica : la de la dramaturgia de Dumas padre (del que hay algún recuerdo 
en alguna obra) ; los mismos casos de conciencia son más para volver 
loco muchas veces á un personaje novelesco de Victor Hugo que á 
ninguno de los espectadores actuales. Son aquellas obras, en suma, 
un compuesto y amalgama, bastante acerbos al paladar, de un filo- 
sofismo intratable, enjuto y pesimista, de fecha realmente próxima, 
con las volcánicas y ficticias pasiones de otros tiempos y la estructu- 
ra escénica de todos, menos del actual. Aquellos hombres de hoy ad- 
quieren gigantescas proporciones, prontos al desafío, á la muerte, á 
la locura trágica, necesitados á cada instante de una daga al cinto. 
No por ser del día prescinden de cuanto se ha ido desechando en el 
teatro : citas intempestivas é inexplicables, desafíos al minuto, mori- 
bundos que revelan secretos, homicidios casuales y á oscuras, á cargo 
de una ciega fatalidad, simbólica á veces, desdichas excepcionales 
que mancillan á quien involuntariamente las padeció y le obligan á 
un silencio que tortura y mata... El lenguaje tampoco acierta con 'la 
artística verdad ni aspira á la simplicidad y concisión gráfica de al- 
gunos autores contemporáneos : á la fraseología poética sucede otra 
no menos exornada y de metálicos brillos, que saca de la ciencia sí- 
miles y metáforas, sustituyendo con ellas las antiguas comparaciones 
con el sol, las flores, los astros, etc., etc. ; estilo peculiar del autor, 
que recuerda directamente el de sus artículos científicos, donde figu- 
ran á un tiempo la fantasía del poeta y las abstracciones del ingeniero. 
Por otra parte, con ser mterno el caso, todo viene á depender de 
acontecimientos exteriores que no resisten á los vulgares cargos de 
inverosimilitud, oídos ya con soberbio desdén (por cierto muy cómo- 
do), puesto que se trata, no de persuadir y casi casi ni de conmover, 
sino de aterrar al espectador y sacudir sus nervios á toda costa." Fer- 
mín Herrán, Echegaray, 1880, pág. 359: "Eli genio de Echegaray es una 
mezcla de sublimidades y absurdos. Violento, impetuoso, indomable, 
tenaz, ama la independencia y aborrece 'las trabas ; desea ancho cam- 
po en que desarrollar sus concepciones y se rebela contra todo lo que 
pretende limitar su esfera de acción ; su carácter más distinto, el ser 
universal; su normia, la inflexibilidad; gusta de caminar en línea 
recta y derecho á su objeto, y una vez disparado, puesto en acción, 
no teme abandonarse á nuerced de la fantasía, se entrega con placer 
á la inspiración; convencido de su poder, le parece más conforme a 
su fuerza señalar nuevos derroteros al arte que marchar dócilmente 
por los antiguos; lo nuevo, lo original le entusiasma; ilo maravilloso 
Je anima ; lo excepcional le alimenta, y poniendo á contribución todos 



J22 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE,\LISTA (187O-1887) 

lüs elementos conocidos, los niezdla, los amasa, los confunde, los 
amolda á sus ideales y los presenta transformados, distintos, otros. 
Es un genio creador, profético, intuitivo, revolucionario y, al mismo 
tiempo, grande, poderoso, brillante y devorador. Con estos caracte- 
res el acierto es muy problemático; la irreflexión se echa de ver en 
todas sus obras, que no son el fruto de la meditación, sino del genio, 
y aunque llevan impreso su sello, abundan en errores, pareciendo que 
en su concepción, como en su ejecución, se ha procedido á saltos, 
acertando á veces, errando otras, desvariando Jas más, pero siempre 
llegando al fin, aunque después de una marcha dificultosa, y llena de 
obstáculos y peligros. El genio de Echegaray le arrastrará siempre 
tal vez adonde no quiera ser conducido, porque es más fuerte que él 
y más poderoso que la crítica que condena y censura sus desaciertos; 
pero si un día Echegaray halla en el estudio, en la observación y en 
la práctica un freno para sujetar sus demasías, ese día habrá conse- 
guido un triunfo, tanto mayor cuanto que su enemigo está dentro de 
sí mismo y hay que abatirlo sin humillarlo, hay que reducir sus fuer- 
zas sin agotarlas. Mientras esto no suceda, asombrará y cautivará 
con sus creaciones, pero estas no serán perfectas; mientras Echegaray 
se deje llevar de su genio, sin intentar refrenar sus ímpetus, su tea- 
tro tendrá una vida brillante, pero acaso efímera, y si es durable, la 
fama que acompañara á su nombre estará siempre empañada por es- 
tos excesos de su mismo genio." Ramón y Cajal: "...Como en todos 
los vigorosos talentos desbordantes de actividad, conviven en Echega- 
ray varias personalidades : el matemático, ei ingeniero, el orador, el 
poeta, el dramaturgo y eil vulgarizador científico ¿Quién no re- 
cuerda gratamente aquel admirable libro Sobre las teorías de la Físi- 
ca, en que, con estilo tan diáfano, tan sugestivo, tan simipático, expli- 
ca Echegaray el principio y fundamento de los grandes inventos mo- 
dernos; presenta la fase actual de nuestras teorías y conocimientos 
sobre la luz, el calor, la electricidad, la transformación de la energía; 
señala los rumbos y horizontes de la futura investigación y proclama, 
en fin, la soberana grandeza del método experimental ? ¿ Quién, por 
poco aficionado que sea á los grandes problemas de la ciencia aplica- 
da, no habrá saboreado con delicia las luminosas crónicas y artículos 
del maestro concernientes á la locomotora, bicicletas y automóviles, 
máquinas eléctricas, navegación aérea, transmisión de la energía á 
distancia y otros muchos temas á cual más actuales é interesantes? 
No menos relevantes y notorias son sus aptitudes de profesor y con- 
ferenciante de altos vuelos, y en los cursos de Algebra superior ex- 
plicados ante un auditorio de hombres ilustres, todo el mundo se hizo 
lenguas de la profundidad de sus análisis, de la elegancia y novedad 
de sus demostraciones, de la claridad y amenidad de su estilo didácti- 
co. En este simpático apostolado de la ciencia es superior al célebre 
físico y conferenciante inglés Tyndall, á quien aventaja Echegaray 
en gracia y soltura de dicción, potencia sintética y creadora y gusto 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAY 123 

acendrado de la forma..." Pérez Galdós: "...En Echegaray hemos de 
reconocer dos juventudes, como también dos vidas, desarrollándose 
al fin en curso paralelo y aplicadas á labores tan contrarias como la 
exactitud fria de la ciencia y el bello desorden de un arte todo fuego 
y pasión. ...En el teatro de Echegaray el sentimiento trágico atrae á 
sus abismos la vida pasional, representada en escenas de ardoroso in- 
terés, y en ese abismo caen todos los asuntos, así los de costumbres 
pasadas como los de modernas costumbres. Sin duda se ajusta este 
sistema al carácter castizo de la vida española, desordenada, impulsi- 
va y esencialmente teatral en los aspectos privado y público... Un 
pueblo gobernado por las pasiones ó por las ideas apasionadas, extre- 
mado en el amior y el odio, justiciero, sentimental en las dos formas 
enérgicas de castigo y venganza, poco sensible á la efusión de san- 
gre, asi propia como ajena, fiero, impaciente, batallador...; pródigo 
en alardes generosos, que con las manos ensangrentadas invoca al 
cielo y que en medio de las miserias de una realidad dolorosa lanza 
su espíritu tras los rosados ideales, tuvo, primero en Calderón, des- 
pués en Echegaray, su más acertado intérprete y su más fiel retra- 
tista..." Menéndez y Pelayo : "...El poderoso y sintético entendimien- 
to de Echegaray, que le hace descollar en cualquier materia á que se 
aplique, dándole á un tiempo ios lauros de economista, orador político 
y hacendista, ha realizado, juntamente con su voluntad de hierro, el 
prodigio de convertirle en poeta dramático tan perseverante y fecun- 
do, que su teatro llena una época de nuestros anales escénicos. Du- 
rante treinta años ha sido el dictador, el arbitro, el corifeo, el acla- 
mado por la multitud. Tal dominación no se alcanza sin una fuerza 
genial que triunfa en literatura como en todas partes, que se impone 
al espectador, que le subyuga y le hace entrar, de grado ó por violen- 
cia, en el mundo artificial de conflictos y catástrofes imaginado por 
el dramaturgo..." Cuando se estrenó en Buenos Aires La Princesa 
Bebé fué objeto Benavente de un homenaje por parte de !la colonia 
española en la Argentina. Benavente leyó unas cuartillas de salu- 
tación á todos los dramaturgos españoles y, fijándose principal- 
mente en Echegaray, dijo: "Para todos vaya vuestro aplauso con 
vuestra admiración, y limitándome sólo á cuantos el teatro cultivan, 
de todos permitidinle que en primer lugar recuerde al más glorioso, 
á don José Echegaray, á quien España y América juntas y el mundo 
entero rindieron poco ha justo homenaje. Y quiero para él ese pri- 
mer saludo, porque yo sé que alguna parte de la crítica contemporá- 
nea y algunos jóvenes escritores del día pretenden regatear y discu- 
tir sus merecimientos. Yo sé cómo es disculpable en la juventud ese 
afán de destruir en el afán de la lucha; pero al que pretende arrasar 
y demoler, do menos que puede preguntársele es qué siembra ó qué 
edifica en el lugar arrasado ó destruido. Don José Echegaray, cere- 
bro portentoso (de quien dijo don Emilio Castelar que sólo en aque- 
llos hombres del Renacimiento de tan varias aptitudes científicas y 



124 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-18S7') 

artísticas como Leonardo de Vinci y Miguel Ángel pueden tener 
equivalente), ha llenado con su nombre y con sus obras medio siglo 
de nuestro teatro; ha hecho pensar y sentir á multitudes compuestas 
de cerebros y corazones muy distintos, y su teatro, en suma, no tiene 
en la historia de medio siglo otro alguno que pueda comparársele ni 
en cantidad, ni en variedad, ni en fuerza creadora. ¿ Hay más hondos 
problemas en Dumas (hijo), Ibsen, Hauptman y Maeterlinck, que en 
muchas de sus obras? ¿Hay fantasía más vigorosa en autor dramá- 
tico alguno? No debemos fijarnos en los procedimientos del artista 
para juzgar de la obra de arte; del cerebro del artista al corazón del 
público hay muchos caminos: todos son buenos cuando el artista llega 
á producir la emoción artística. Con viejas fórmu'las de rigurosa pre- 
ceptiva se hizo Moliere ; por el genio cómico soberano del teatro 
francés supo Racine ser el poeta de todas las delicadezas sutMes de 
las almas; con las rudas formas del teatro inglés de su tiempo pudo 
Shakespeare ser... Shakespeare, el que abrió con poderío sobrehu- 
mano muchos cielos v abismos del mundo y de 'las almas; sobre los 
gongorismos y conceptuosidades de su época supo Calderón infundir 
vida de ensueño á Segismundo y viva realidad á Pedro Crespo. ;Qué 
importan las fórmulas? ¿Qué importa lo que pudiéramos llamar la 
mano de obra ? En arte, el poder creador del artista es todo ; base 
material del arte será siempre d que deja trasparentar el alma del 
artista á través de su obra. Y ante las obras de Echegaray, decidme : 
¿cómo dudar del genio creador y poderoso que palpita en ellas?" 

J. Echegaray: El Libro talonario, siendo ministro de Hacienda, 
se estrenó por Matilde Diez, Vico y Cepillo, como si fuera de Jorge 
Hayascca, 18 Febr. 1874. La Esposa del vengador, siendo ovacionado 
Echegaray, 14 Nov. 1874. La Ultima noche^ en Apolo, 2 Marzo 1875. 
En el puño de la espada, gran suceso, 12 Oct. 1875. Un sol que nace 
y un sol que muere. 9 Febr. 1876. Cómo empieza y cómo acaba, por 
Elisa Boldún, la Contreras, Vico y Cepillo; salió á escena seis veces, 
en el Español, 9 Nov. 1876. El Gladiador de Rávena, por la italiana 
Catalina Civili, en Novedades, 11 Nov. 1876. O locura ó santidad, 
triunfo resonante en el Español y apasionadas polémicas, 22 Enero 
1877. Iris de paz, 10 Febr. 1877. Para tal cidpa, tal pena, 27 Abr. 
1877. Lo que no puede decirse, suceso dudoso en el estreno, se repitió 
mucho, 14 Oct. 1877. Em, el pilar y en la cruz, 26 Febr. 1878. Correr en 
pos de un ideal, 1878. Algunas veces aquí, 15 Oct. 1878. Morir por no 
despertar, 10 Febr. 1879. En el seno de la muerte, gran suceso, 12 
Abr. 1879. Bodas trágicas, 24 Mayo 1879. Mar sin orillas, acogida 
fría, 20 Dic. 1879. La Muerte en los labios, 3 Nov. 1880. El Gran 
Galeota, triunfo colosal, fué llevado con antorchas á su casa, 19 
Marzo 1881. Los dos curiosos impertinentes, 8 Abr. 1881. Haroldo el 
norm-ando, 3 Dic. 1881. Conflicto entre dos deberes, 14 Dic. 1882. Un 
milagro en Egipto, 1884. Piensa mal ¿y acertarás? , 5 Febr. 1884. Ma- 
ría Rosa, traducción de Guimerá, 24 Nov. 1884. La Peste de Otranto, 



S. XIX, 1874. JOSÉ ECHEGARAV Ij5 

triunfo en el Español, 12 Dic. 1884, Fida alegre y muerte triste, 
triunfo del autor y de Ant. Vico, 7 Marzo 1885. De mala rasa, 7 Nov. 
1885. Los Dos fanatismos, por Calvo y Vico, suceso dudoso, Enero 
1887. La Realidad y el delirio, 1887. EL Hijo de cante y el hijo de hie- 
rro, por Guillen, la -Contreras, Calvo, \^ico y Donato, 14 Enero i888. 
Lo Sublime en lo vulgar^ en el teatro Calvo- Vico, de Barcelona, por 
los dos, 4 Jul. 1888, y en Madrid, Nov. 1888, por Ricardo Caivo, por 
fallecimiento, un mes antes en Cádiz, de Rafael Calvo. Manantial que 
no se agota, 9 Marzo 1889. Los Rígidos, 19 Nov. 1889; antes en Bar- 
celona, 1888. Siempre en ridiculo, Dic. 1890. El Prólogo de un dram^, 
Valladolid, 1890. Irene de Otranto, ópera, mus. de Serrano, 1891. Un 
crítico incipiente, 1891, Comedia sin desenlace, 1891. Mariana, gran 
triunfo de María Guerrero, premio de la Academia, 5 Dic. 1892. El 
Poder de la impotencia, 1893. A la orilla del m^r, com., 12 Dic. 1893. 
La Rencorosa, 1894. Mancha que limpia, franca victoria en el Espa- 
ñol, 9 Febr. 1895. El Estignva, 15 Nov. 1895. El Primer acto de un 
drama, 1895. Amor salvaje, 19 Mayo 1896, La Cantante callejera, 
1896. La Calumnia por castigo, 1897. Tierra baja, trad. de Guimerá, 
22 Enero 1897. El Hombre negro, 22 Abril 1898. La Duda, 1898. Si- 
lencio de muerte, 9 Dic. 1898 ; antes en Barcelona como de Gálvez. La 
escalinata de un trono, 1899. El Preferido y los Cenicientos. Los 
tres sueños de Colilla, 1903. La Desequilibrada, 1903. A fuerza de 
arrastrarse, farsa cómica, 1905. Muestras, 1906. Monólogos en verso, 
1906. Cuentos (con otros), 1912. Sin fecha: Del llano á la montaña. 
El Hijo de D. Juan. La Ultima noche. Sic vos non vobis. Semíramis 
ó la hija del aire. Notas al estudio trágico. El Bandido Lisandri. EL 
Conde Lotario. Algunas obras científicas: Elementos de Agricultura 
teóricopráctica..., Madrid, 1852. Cálculo de variaciones, 1858. El Tú- 
nel de los Alpes, 1863. Teorías modernas de la Física, unidad de las 
fuerzas materiales, cinco vols., i.* y 2.* ser., 1883; 3.* ser., 1889. Ob- 
servaciones y teorías sobre la afinidad química, 1901. Conferencias 
sobre Física matemática en la Universidad Central, 12 vols. Problemas 
de Geometría. Problemas de Analítica. Introd. á la Geometría supe- 
rior. Teoría de determinantes. Introd. á la teoría m<itemática de la 
luz. La Termodinámica. La Exposición de Electricidad. Ciencia po- 
pular, dos vols., 1905. Resolución de ecuaciones y teoría de Galvis. 
La Ciencia y la crítica. Recuerdos, desde 1917 (serán cinco tomos). 
Consúltense: Autores dramáticos contemporáneos, t. II, 1886; León 
Querinel. Revue Bleuc, Abril, 1885 y Junio, 1886; Manuel de la Re- 
villa, Obras, Madrid, 1883; id. Críticas, Burgos, 1884; L. Alas, Pali- 
que, págs. 5-16, Madrid, 1893; Luis A. del Olmet y A. García Ca- 
rrafa, Los Grandes españoles: Echegaray, Madrid, 1912; Gaceta Uni- 
versal de Munich, Octubre 1895; Fermín Herranz, Echegaray, su 
tiempo y su teatro, Madrid, 1880; Francisco Pí y Arsuaga, Echegaray, 
Selles y Cano, Madrid, 1884; J. Echegaray, Recuerdos, en La España 
Moderna (desde 1905); José Ramón Leal, Teatro nuevo, 1880; Cañe- 



126 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

te (en Rev. de Madrid^ 1881, sobre El Gran Gcdeoto) ; Henri Courzon, 
Le théátre de J. E., París (1913) ; Ángel Marvand, D. J. E., 1905 (en 
La Quinzaine, LXTII, 145-164) ; Boris de Tannenberg, en La Retíais- 
latine, IV^, 173-176; IV^, 171-174) ; C. Eguía Ruiz, Echegaray, 1917 
(en Razón y Fe) ; E. Merimée, /. Echegaray et son oeuvre dramatique, 
1916 (en Bull. Hisp.) ; F. Santander, E. y su teatro, 1917 (en Rev. 
Castellana) ; S. Zarante, /. E., 1916 (en Rev. Contentpor., Cartagena). 
Vital Aza, El Liberal, 18 Marzo 1894: "Halagándome una sdla | 
idea : la de ser cura. | Perdida la vocación, | dejé sermones y pláti- 
cas; I tiré ell Nebrija á un rincón | y empecé las Matemáticas. \ Como 
era buen dibujante, | obtuve, siendo un chiquillo, I mi plaza de deli- 
neante, I y fui después ayudante | del ingeniero Castillo. \ Cansado 
<le dibujar | y de tanto cubicar | en el campo y la oficina, | vine á 
Madrid á estudiar, | ¿qué diréis...? Pues, Medicina. | Seguí mi nueva 
carrera | con decisión verdadera. | Hoy soy todo un licenciado ¡ y 
juro que no he matado j un solo enfermo siquiera. | Entre Galeno y 
Talla, I Venció Talía á Galeno." Vital Aza: Todo en broma, versos, 
1891, 1913. Teatro moderno, 1894. Bagatelas, poesías, Barcelona, 
1896. Ni fu ni fa, versos, ibid., 1898. Pamplinas, versos, ibid., 1899. 
Plutarquillo, biografías festivas de personajes célebres, Madrid, 1901. 
Frivolidades, verso y prosa, 1909. Para el teatro: Basta de Matemá- 
ticas, jug., 1874. El Pariente de todos, jug., 1874. Desde el balcón, 
jug., 1875. La Viuda del zurrador, parodia (con M. Ramos Carrión). 
El Autor del critnen, jug., 1875. Aprobados y suspensos, pasillo, 1876. 
Horas de consulta, sain., 1876. Noticia fresca, jug., 1876 (con José 
Estremera). Tras del pavo, aprop. (con José Campo- Arana). Pacien- 
cia y barajar, com., 1877. Calvo y Compañía, com., 1877. Pérez y 
Quiñones, com., 1878. Con la música á otra parte, jug., 1878. Turrón 
ministerial, aprop. Llovido del cielo, com., 1879. Periquito, zarz. (con 
M. R. Carrión). La Ocasión la pintan calva, com. (con id.). Adiós, 
Madrid, boceto de costumbres madrileñas (con id.). De tiros largos, 
jug. (con id.). El Medallón de topacios, dr. (con José Estremera). La 
Primera cura, com. (con M. R. Carrión). La Calandria, jug. (con id. 
y mus. Chapí). El Hijo de la nieve, nov. cóm.-dr. Presión y Compa- 
ñía, sain. (con Eus. Blasco). Parientes lejanos, com., 1881. Carta 
canta, jug., 1882. Robo en despoblado, com. (con M. R. Carrión). Las 
Codornices, jug., 1882. De todo un poco, rev. (con M. Echegaray). 
Juego de prendas, jug., 1883. Tiquis-miquis, com., 1883. Un año más, 
rev. (con M. Echegaray). Pensión de demoiselles, humorada (con id.). 
San Sebastián, mártir, com., 1885. Parada y fonda, jug., 1885. Boda 
y bautizo, sain. (con M. Echegaray). El Viaje á Suiza, vaudeville 
(con id.). Perecith, jug. La Almoneda del 5.°, com. (con M. R. Ca- 
rrión). Coro de señoras, pas. (con id.). Los Tocayos, jug. El Padrón 
municipal, jug. Los Lobos tnarinos, zarz., 1887 (con M. R. Carrión). 
El Sombrero de copa, com., 1887. El Señor gobernador, com. (con 
M. Echegaray). El Sueño dorado, corrt, 1890. Su Excelencia, com., 



S. XIX, 1874. FRANCISCO FLORES GARCÍA 127 

1890. El S^ñor cura, com., 1890. El Rey que rabió, zarz., 1892 (con 
M. R. Carrión, mus. Chapí). El Oso muerto, com, (con id.), Villa- 
Tula, com., 1893. Militares y paisanos, 1893. Zaragüeta, com. (con 
M. R. 'Garrión), Chifladuras, jug., 1894. La Rebotica, sain., 1895. L<^ 
Praviana, com., 1896. Venta de Baños, sain. La Marquesita, com., 
1898. La Sala de armas, pasillo, 1899. El Afinador, jug., 1900. Cien- 
cias exactas, sain., 1902. La Clavellina, com. Francfort, jug., 1904. 
Chiquilladas, jug., 1905. El Prestidigitador, monól. (de Rusiñol). EL 
Matrimonio interino. En Esp. Mod.: Puntuación (1891, Mayo). 

Flores García, El Liberal, 15 Marzo 1894: "Ni perezoso ni apá- 
tico I ejercí de periodista, | de poeta, de novelista I y por fin de autor 
dramático. | En la primera jornada | llegué á brillar á mi modo, | ocu- 
pándome de todo I sin saber nada de nada... | Desde que me establecí ¡ 
«n esta gran capital, ¡ sin apoyo y sin un real, \ mi situación com- 
prendí." El II de Diciembre, comedia (1864). El 1° de Enero, dra- 
jna. La m^ás preciada riqueza, comedia. Llevar la corriente, juguete, 
1877. Un defecto, juguete. Doña Concordia, juguete. Receta contra el 
suicidio, juguete. Se desea un caballero, juguete. Vicente Peris, drama 
histórico. Quien piensa mal..., juguete, 1878. La Cnerda sensible, ju- 
_guete, 1878. Entre amigos, comedia, 1878. El Nacimiento de Tirso, dra- 
ma, 1879. La Madre de la criatura, comedia, 1880. Cuestión de táctica, 
■comedia. Los Vidrios rotos, comedia. Navegar á todos vientos, comedia 
t88o. De Cádiz al puerto, comedia (con J. Romea), 1880. Galeotito, 
juguete cómico, 1881. La Herencia del abuelo^ comedia. La Ultima 
carta, monólogo, 1881. Conflicto entre dos ingleses, juguete (con J. 
Romea). ¡En carne viva!, juguete. Meterse en honduras, juguete, 
1883. Mapa-Mundi, juguete. De Cádiz al puerto, zarzuela. Las Cartas 
de Leona, juguete cómico (con Anged Rubio). El Hombre de las ga- 
fas, juguete cómico en un acto y en prosa. Me pesca, comedia en un 
acto y en prosa. Una doncella de encargo, juguete cómicolírico en un 
acto y en prosa. Política interior, juguete cómico en un acto y en pro- 
.sa, 1884. Viruelas locas, humorada cómica (con J. Romea). Como 
barbero y como alcalde^ saínete en un acto y en verso. El Diablo har- 
to de carne..., juguete cómico 'en un acto y dos cuadros (parodia del 
drama Vida alegre y muerte triste), en verso, 1885. Ganar el pleito, 
juguete cómicolírico en un acto y en prosa. Por las ramas, comedia 
en un acto y en verso, original, 1885. El Hijo de su papá, juguete có- 
micolírico en un acto y en prosa, original. Guzmán el Malo, humora- 
da cómica en un acto y en prosa. El Segundo grupo, comedia (con 
L. Taboada). Trinidad, comedia en un acto y en verso. El Oro de la 
reacción, sátira cómicolírica en un acto y en verso, 1886. ¡El Coco', 
juguete cómico, 1886. Mixto de inglés y canario, juguete cómico en 
un acto y en verso, original. La Gente del bronce, saínete lírico, 1887. 
Lo Prohibido, comedia en un acto y en verso. Dos pasos al frente, 
juguete cómico en un acto y en prosa. Balta-sara la Pollera, saínete, 
j888. A cartas vistas, comedia en un acto y en verso, 1889. Juicio de 



128 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1870-1887) 

faltas, comedia en un acto y en verso. El Paraíso^ comedia en un 
acto y en verso. La Carta de una mujer, comedia en un acto y en 
verso. La Ley del embudo, comedia en un acto y en verso, 1890. La 
Pastora, juguete cómico en un acto y en prosa, origina]. El Primer 
actor, comedia en un acto y en verso, original. Detrás de la cortina, 
juguete cómico en un acto y en verso, original. El Rey de los anima- 
les, pasatiempo en un acto en prosa y verso, original. Ludovico y 
Ataúlfo ó la velada de los Angeles, pasatiempo cómícollíricobailable 
■en un acto, prosa y verso, original, 1893. ¡Fea!, monólogo en prosa, 
1894. Quisquillas, comedia (con J. Romea). Doña Juanita, come- 
dia (con J. Abati). Los Niños, comedia (con J. Abati), 1896. Ei 
Señor Tromboni^ comedia, 1896. Las Travesuras de Fígaro, co- 
media (con G. B'riones), 1897. Las Travesuras de Fígaro, zarzue- 
la (con G. Briones), 1897. Aguas buenas, pretexto, motivo ó cosa 
asi para una velada cómicolíricopoéticobailable, en un acto y dos 
cuadros, original, 1898. Rosario, comedia (con G. Briones), 1899. Los 
Amarillos, zarzuda cómica (con J. Abati), 1900. La Pajarita, zarzue- 
la, 1900. El Sustituto, zarzuela, 1900. Las Parrandas, zarzuela (con 
Gabriel Briones), 1901. María del Pilar, zarzuela (con el mismo), 
1902. Disponible, 1904. La Aguja de marear, 1909. El Escl-avo blanco^ 
poema, 1870. Galería de tipos (retratos y cuadros y costumbres), 1879. 
¡Cosas del m%indo!^ narraciones, 1880. La Cámara oscura, 1894. Me- 
morias íntimas del teatro, 1910. Recuerdos de la Revolución (con no- 
ticias biográficas del autor), 1913. El Teatro por dentro, 1914. La Cor- 
te del rey poeta, 1916. Novelas cortas, 1916. 



Z3. Año 1874. Rafael Núñez (1825-1894), de Cartage- 
na (Colombia), por send. Wencel y Dazid de Olmedo, hábil 
gobernante (1880), liberal avanzado en política y escéptico en 
filosofía durante su juventud^ lleváronle después su ansia de 
verdad y de bien y su larga estancia en Inglaterra á respetar 
y defender las ideas morales y religiosas, distando así infini- 
to su escéptica composición Que sais-je? de su bíblico Moisés. 
Es el más elevado y espiritual de los poetas de su tierra, 
siempre sondando los más hondos problemas de la providen- 
cia, de la vida y del más allá, distinguiéndose su poesía por lo 
filosófico y expresivo del fondo y por lo enérgico, conciso y 
á veces nuevo de la forma. 

Juan de Dios Peza (1852-1910), mejicano, seicretario de 
la Legación en Madrid (1878), poeta popular, de tanto valor, 
aunque algunos por motejarle le den el magnífico calificativa 



S. XIX, 1874. RAFAEL >rÚÑEZ 1 29 

de coplero, que no sólo se leyeron sus versos en España y 
América, sino que Sedorowitch los tradujo al ruso; Longe, 
al sueco; Lagarda, al italiano; Gilpatrick, al inglés; Vedra. 
al portugués, y hasta Imamura, al japonés, suerte qite no ha 
cabido á los modernistas que le miraron por encima del hom- 
bro. Tal es la fuerza de lo popular. Cierto que á veces impro- 
visa y no pasa de un Zorrilla chico, ó se le derriten las alas 
cuando pretende encumbrarse en hueras filosofías, como en 
su oda á Víctor Hugo; pero serán su perpetua gloria Fusiles y 
muñecas, Cesar en cosa, Mi hija M argot y las más de Hogar 
y Patria. 

Diego Vicente Tejera (i 848-1 903), de Santiago de 
Cuba, gran fautor de la insurrección, elegante prosista y deli- 
cado poeta que une al color el sentimiento suave, vago y hu- 
manitario ó amoroso de la balada y del lied, género que llevó á 
Cuba y cultivó con acierto. Hermosas obras descriptivas son 
En la hamaca y El Despertar de Cuba. 

José Joaquín Pérez (i 845- i 900), dominicano, el más lí- 
rico poeta de la isla y, fuera de Zorrilla San Martín, el que 
aicaso haya interpretado mejor el alma indiana. Volvió á la 
patria en 1874, después de haber andado desterrado por Ve- 
nezuela. De íntima visión de las cosas, con algo de desengaño 
á veces, de ordinario sinceramente esperanzado. La Vuelta al 
hogar (1874) es, tal vez, su mejor composición. Hízose mas 
tarde algo parnasiano en lo escultural de la forma, pero sin 
extravagancias. Hermosos poemas son Quisqneyana (1874), 
El Voto de Anacaona^ Guarioncx, El Junco verde, Himno al 
progreso del país. Fantasías indígenas, 1877. Contornos y re- 
lieves. Americanas^ 1S95. 

34. Fué Rafael Núñez juez del Circuito de Chiriquí, secretario 
de la Gobernación de la provincia de Cartagena (1849), catedrático y 
rector del Colegio de ila misma provincia (1852), diputado (1853), se- 
cretario de gobierno del general Obando, y, acabada la revolución 
del 54, secretario de Guerra, y Juego de Hacienda, con Manuel Ma- 
llarino encargado del Poder ejecutivo; director, por el general Mos- 
quera, del Crédito Público (i86i) y de la Secretaria del Tesoro. Es'*- 
tuvo mucho tiempo en Europa como cónsul de Colombia, en el Havre 
(1865), Liverpool y volvió en 1874 á su tierra. El presidente de Vene- 
zuela, general Guzmán Blanco, le nombró enviado extraordinario de 



1 3o SEGUN"DO PERÍODO DE LA ÉPOCA REL^LISTA (187O-1887) 

aquella República (1875) á Inglaterra y Francia; pero no aceptó el 
cargo. Fué proclamado en Panamá presidente de la República de Co- 
lombia (1875), y gobernóla en 1880 y desde 1884. J. Valera, Cartas 
Americ, 1889, pág. 180: "Las (poesías) que inserta el Parnaso (de 
Añez) son originalísimas por su fondo filosófico y por su forma 
concisa, enérgica y sentenciosa. La primera, que es la más encomiada 
y que merece serlo, deja pasmado á quien la lee, sobre todo al consi- 
derar que es el autor un hombre político, Presidente de la República, 
nada menos... Q^^e sais- je? donde el autor viene á declarar que no 
cree en nada y que no sabe nada." M. Pelayo, carta particular de 29 
de Abril de 1890 (en edic. Poesías, 1914) : "Las poesías, á pesar de 
cierta dureza de versificación, que acaso contribuye á darles origina- 
lidad y especial carácter, están llenas de pensamientos profundísimos 
y escritas con austera y viril energía, como cumple al elevado y ge- 
neroso espíritu de su autor." Ant. Rubio y Lluch, en otra de 15 de Ju- 
lio de 1890, ibidem : "Pasado mañana me voy al campo y allá me llevo 
las poesías, porque quiero 'leerlas todas, sin perder una, y con doble 6 
triple lectura algunas, antes de comunicar mis impresiones. Son com- 
posiciones que se han de meditar y estudiar detenidamente, porque en 
ellas no es el encanto de la armonía ni la riqueza de 'la forma, adusta, 
aescarnada y hasta descuidada, lo que seduce, sino el vigor, la nove« 
dad y la precisión del pensamiento." Daniel J. Reyes^ Pról. á Poesías 
de R. N., 1914: "Hombre de acción, es al propio tiempo hombre de 
letras y pensador vigoroso. Adivina más que comprende, porque lo 
extenso de los horizontes en que se espacia su espíritu no le p>ermite 
detenerse en la contemplación de los detalles, y prefiere visiblemente 
el libre vuelo de la idea al ordenado movimiento de la palabra... Can- 
tor de lo grande y lo sublime, se distingue por la severidad de i>en- 
samiento..., penetra resueltamente en el siempre desconocido campo 
del idealismo, para demostrar la falsedad de la omnipotencia humana 
y reconocer la providencial ley de la armonía, que todo lo refiere á 
Dios. ...Siendo él creyente, mal puede ser escéptico... El escepticis- 
mo del señor Xúñez en el Que sais-je? es más aparente que real... 
Inspira, además, respeto la franqueza del pensador honrado que dice 
lo que siente, tal como lo siente, con la delicadeza que imponen la pro- 
pia dignidad y el decoro social." Miguel Ant. Caro (en periódico bo- 
gotano) : "El señor Núñez, hombre de vastísima lectura, ha digerido 
el alimento que ofrecen los libros; ha leído, ha visto, ha meditado, y 
uniendo al caudal de los conocimientos así adquiridos los frutos de la 
experiencia, ha alcanzado aquel alto grado de madurez intelectual 
(raro aun en personas encanecidas en el estudio, pero egoístas ó des- 
orientadas) que permite al hombre, á manera de diestro jinete, poner 
freno á las teorías y regirlas con soberano imperio, en vez de dejarse 
arrastrar por ellas á lugares áridos y desiertos ó á fatales despeña- 
deros." José Rivas Groot, Parnaso Colom-h., 1886, pág. xxxiv: "Ex- 
traño rimador de extrañas filosofías, seduciendo á unos con su frase 



S. XIX, 1874. JUAN DE DIOS PEZA :3l 

loca y espantando á otros con su herejía condensada en estrofas que 
golpean, Núñez ha hecho impresión marcadísima en los ánimos y se 
nos presenta como quien levanta con mano segura, en presencia de 
soñadores que quisieran mirar al .lado azul de la vida, los pliegues 
de sudarios viejos, y enseña, en medio de una repugnancia que atrae, 
d vacío de cosas que se creían llenas y la plenitud de cosas que de- 
bieran estar vacías... Las poesías de Núñez, especialmente el Que 
sais-jef, que lo ha personificado, conmovieron al público siempre que 
aparecieron, á causa de los marcados caracteres que el autor les im- 
prime, tanto por los trascendentales y combatidos asuntos que rima 
como por la intensidad con que lo hace y por la singular y un tanto 
rígida forma en que los vacía... Qtie sais- je f... es un grito profundo, 
sincero (y éste es su positivo mérito como obra lírica), salido de una 
alma escéptica ; y no sólo concentra el alma del poeta su vida entera 
de meditaciones y actos consecuentes con ellas, lo que bastaría para 
hacerla interesante como estudio psicológico personal, sino que en- 
carna una serie de ideas que salen de una idea madre, idea madre que 
entre nosotros, por inmensa desgracia, ha amamantado generaciones 
enteras... La mano que trazó esas estrofas ¡las trazó con tan íntima 
convicción, que no hay en todas ellas ni una idea débilmente expre- 
sada; da suerte que aquéllas se muestran unidas por imágenes que 
brillan y se entrelazan con la elástica firmeza de las escamas de una 
cota." R. Núñez : Ensayos de crítica social, Ruán, 1874, 1876, en 
prosa. La Reforma política en Colombia., artículos publicadas en La 
Luz, de Bogotá, y Porvenir, de Cartagena (1881-84), Bogotá, 1885. 
Versos, Bogotá, 18S5, coleccionados por Rafael M.* Merchán. De esta 
edición salieron aumentadas las de Poesías, París, 1889, y Bogotá, 
1914, con todas las inéditas. Consúltese Isid. Laverde Amaya, Fiso- 
nomías literarias, Curazao, 1890. 

J. de Dios Peza, La Lira mexicana (de 58 poetas), Madrid, 1879. 
La Beneficencia en México, México, 1881. Poesías com<pletas, Cura- 
zao, 1888; París, 1891-92, tres vols. Cantos del hogar, Nueva York, 
1890. Los Trovadores de México, poesías, México-Barcelona, 1898 
(de 65 poetas); Barcelona, 1906 (de 72 poetas). En Esp. Mod-: En la 
lid (1899, J^il-)- Poesías escogidas, Barcelona, 1900. Recuerdos de mi 
vida, México, 1907. Poesías completas, única colección autorizada por 
el autor, París, que comprende los tomos siguientes: L El Arpa del 
amor, 1891. IL Hogar y patria, 1891. IIL Flores del alma y versos 
festivos, 1893. IV. Leyendas históricas, tradicionales y fantásticas de 
las calles de Méjico, 1898. V. Recuerdos y esperanzas, 1899. VI. Can- 
tos dd hogar, 1900. VIL De la gaveta intima, 1901. Las Glorias de 
México (s. a.). Poesías escogidas (s. a.). Varios monólogos editados 
en la Habana (s. a.) : En vísperas de lo. boda. Recuerdos de un vete- 
rano. Escribiendo un drama, Tirar la llave, Sola. Alfredo Torroella 
(Rev. Bimestre Cubana, 191 1). Devociotiario de mis nietos, póst., 



1 32 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Habana, 1915 (pról. de L. G. Urbina). Consúltese G. Picón-Febres, 
Páginas sueltas, Curazao, 1890. 

E. José Varona, Poetas Cubanos, 1879: "Es (Tejera) el poeta des- 
criptivo, el paisajista de los climas tropicales, en cuyos versos todo 
es relieve y colorido; como lo ha dicho él mismo, cuanto toca se le 
trueca en un pensamiento de luz y poesía... La preciosa dádiva que 
nos ha traído Tejera de sus viajes ha sido... la balada y el lied ale- 
mán... La unidad está en el sentimiento que la inspira, el cual, como 
en los Heder de Goethe, es el amor... Hay arte, mucho arte en este 
pequeño libro {Un ramo de violetas), que ha hecho sentir mucho al 
autor, que hace deleitar al ¡lector y que hará pensar al filósofo..." 
D, V. Tejera: Consonancias, Barcelona, 1874. La Muerte de Plácido,. 
cuadro dramático, N. York, 1875. Un ramo de violetas, poes., París,. 
1877. Poesías completas (1869-1879), Habana, 1879. Poesías (1871- 
1892), París, 1893. Un poco de prosa, crít., biograf-, cuentos, 1895. 

35. Año 18/4. Carlos Posada (1845-1887), de Cartagena de In- 
dias, hijo del general Joaquín Posada Gutiérrez, soldado en las gue- 
rras de 1876 y 1885 hasta tener el grado de coronel, director en San 
Salvador de El Pensamiento después de 1876, vivió dos años en Costa 
Rica y estuvo en España (1880). Escribió muchos versos medianos; 
pero á fuerza de estudio logró triunfar en Bogotá con el drama 
Cuerpo y alma (18S6), estrenado antes en Cartagena (1875). Publicó 
La Florera, com., Cartagena, 1874. Un cuaderno de versos, San José 
de C. R., 1880. 

Arístides Rojas (1826-1894), de Caracas, prosista animado y pin- 
toresco, publicó El Elemento vasco en la historia de Venezuela, Ca- 
racas, 1874. Un libro en prosa, miscelánea de literatura, Caracas, 
1876. Estudios indígenas, ibid., 1878. Ensayo de un Diccionario de vo- 
cablos indígenas de uso frecuente en Venezuela, ibid., 1881. Cien vo- 
cablos indígenas, ibid., 1882. Washington en el Centenario de Bolívar. 
Recuerdos de himnboldt. Orígenes de la revolución venezolana. Mi- 
randa en la Revolución francesa, Caracas, 1889. Leyendas históricas 
de Venezuela, 1890. Obras escogidas, París, 1907. 

Juan R. .Salas Errázuriz, chileno, presbítero y jefe de sección de 
la Biblioteca Nacional de Santiago, notable filólogo é ilustrado hu- 
manista, el más sabio y de gusto más delicado entre los autores chi- 
lenos contemporáneos, compuso muchas poesías y tradujo otras en 
verso, sobre todo á Esquilo. Usó á veces los seudónimos Julio Santa 
Cruz E., Jota Erre, J. de Saidcy. La Égloga JV de Virgilio, Valpa- 
raíso, 1884. La Égloga I de Virgilio, ibid., 1888. Esquilo, Prometeo, 
Santiago (1889). Hogar y patria, melodr., ibid., 1890. El Primer canto 
de la Divina Com-edia, ibid., 1902. Estudio sobre el P. Antonio de Es- 
cobar V su obra, ibid. (1904). Agamemnón, las Coéforas, las Euméni- 
des. Los Siete sobre Tebas, Prometeo, ibid., 1904. Escritos de D. Ma- 
nuel de Salas..., ibid., 1910 (pról. de J. S. Errázuriz). Bibliografía 



S. XIX, 1874. URBANO GONZÁLEZ SERRANO 1 33 

completa desde sus primeras poesías, en La Estrella de Chüe^ 1874, 
en Rev. Bibliogr. Chilena, Abril, 1916, pág. 249. 

Calixto Navarro, ya fallecido, fué fecundo autor cómico del gé- 
nero chico, muy malo, muy burdo, sin pizca de cultura y de peligrosa 
facilidad. Escribía una pieza en una noche y se la gritaban en otra. 
Firmó obras ajenas y fué, en cifra, un agente de colocación de obras 
teatrales. Sonó mucho el apropósito Salón Eslava, por haberlo hecho 
el gran cómico y sin par en su tiempo Ricardo Zamacois. Fuego en 
guerrillas, zarz. (con S. Granes), 1874. Los dos caminos, 1874. Se da 
dinero (con E. Nav. Gonzalvo), 1875. El Inválido, 1875. María, 1875. 
A España, 1876. A la puerta del Suizo, 1877. Maestro de amor, 1877. 
Frasquito Barbales, 1877. Bromas pesadas, 1878. Pobres madres, 1878. 
Sablazos á donúcilio, 1879. Fiestas de antaño, boceto cómicolíricobai- 
labletaurómaco, 1882. Sin conocerse, zarz., 1882. El Grito de guerra, 
dr. lir., 1883. EL Bergantín '^Adelante", viaje cómicolíricofantástico, 
1883. Viva tu madre, sain. lír., 1883. Fíame nco'nuxnía, jug. (con Ed. 
Sánchez de Castilla), 1883. La Salsa y los caracoles, id., 1884. Las de 
Villadiego, id., 1884. La Prirma donna, com,, 1884. Ida y vuelta, viaje 
cómicolírico (con José Usúa), 1884. Entrada por salida, jug., 1885. 
Nido de amor, entr. (con Nic. M. Rivero), 1885. Juan del pueblo, far- 
sa lírica (con Manue»! Arenas), 1886. Magia blanca, pasillo (con Javier 
•de Burgos), 1886. La Fin del mundo (con Pedro Gorriz), 1886. Ma- 
drid viejo y Madrid nuevo (con M. Arenas), 1885-86. El Basar H 
(con id.), 1887. Se Gisa deco Mer, pasillo, 1887. Balmasqué, opereta 
^con J. García Parra), 1888. Sala de armas, jug. (con M. Cuartero), 
1888. S^ñor de horca y cuchillo, 1891. Los Murciélagos, com. (con 
E. López Marín), 1891. Madrid Petit, viaje semifantástico, 1891. La 
una y la otra, jug., 1892. Ordeno y mando, id., 1892. Pasante de no- 
tario, opereta, 1892. Los Cuatro palos, jug., 1892. Maridos á peseta, 
1892. El Día del juicio, 1892. Guayabita, 1893. Los Vampiros, 1893. 
Calma chicha, 1894. De polo á polo, 1894. Cosas del pueblo, 1894. Gol- 
pe secreto, 1894. Nadar en seco, 1894. Cruz laureada, 1894. Futuro 
imperfecto, 1894. La Brasileña, 1895. Arrope manchego, zarz., 1895. 
Las Aguas buenas, 1898. La Coartada, 1898. Los Novicios, 1898. El 
Belén del abuelito, 1899. El Cuerno de oro (con G. Merino), 1900. 

Urbano González Serraíío (1848-1904), de Navalmoral de la 
Mata (Cáceres), catedrático del Instituto de San Isidro (1872), cola- 
borador en periódicos y revistas, filósofo y crítico literario, agudo 
pensador, algo oscuro de expresión, publicó Elementos de Lógica, 
Madrid, 1874. Elementos de Etica (con Manuel de la Revilla), Estu- 
dios de Moral y de Filosofía, 1875. Goethe, ensayos críticos, 1879, 
1892, 1900. Manual de Psicología, 1880. La Psicología contemporánea, 
1880. Estudio sobre los principios de la Moral con relación á la doc- 
trina positivista, 1881. Ensayos de crítica y de Filosofía, 1881. Cues- 
tiones contemporáneas, la crítica religiosa, el pesimisvto, el naturalis" 
wo artístico, 1883. La Asociación como ley general de educación, 1888. 



l34 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Psicología del amor, 1888, 1897. Estudios psicológicos, 1892. Estudios 
críticos, 1892. En pro y en contra, críticas, 1894. Pequeneces de los 
grandes, 1902. La Literatura del día (igoo>-o^), Barcelona, 1903. A''í- 
colás Salmerón, 1903. En la Rev. de España: El Naturalisnw contem- 
poráneo (1879, t. LXVII). El Arte naturalista (1885, t. CV). El Hu- 
morismo (1886, t. CIX), etc. En Esp. Mod.: La Filosofía alemana y 
la cultura filosófica moderna (1891, Febr., Abr.). Consúltese Concep- 
ción Saiz, (J. G, Serrano, Madrid, 1914. 

Francisco Guillen Robles, archivero, cronista de Málaga y muy 
entendido en cosas de su tierra, publicó Historia de Málaga y su pro- 
vincia, Málaga, 1874. Leyendas moriscas sacadas de varios manuscri- 
tos, tres vols., 1885-86 (de mss. de la Bibl. Nac, Bibl. Real y de Ga- 
yangos). El Monasterio de la Santa Espina, Madrid, 1887. Leyendas 
de José y de Alejandro Magno, sacadas de dos nitss. moriscos de la 
Bibl. Nac.^ Zaragoza, 1888. Málaga musulmana. Málaga, 1888. Catá- 
logo de los manuscritos árabes existentes en la Bibl, Nac, Madrid, 
1889. En Esp. Mod. : Estudio sobre la donúnación de los españoles en 
Berbería (1889, Mar.). Las Picardías de Dalila (1889, Jul.). Una em- 
bajada españoln en Marruecos en i^jg (1889, Oct.). 

Gabriel René-Moreno (f 1908), boliviano, en Chile desde 1865, 
director de la Biblioteca del Instituto Nacional (1888), insigne biblió- 
grafo, publicó en Santiago de Chile Proyecto de una estadística bi- 
bliográfica de la tipografía boliviana, 1874. Biblioteca Boliviana, li- 
bros y folletos, 1879. Anales de ¡a Prensa boliviana, 1886. Matanzas 
de Yáñez (1861-62), 1886. Biblioteca boliviana, catál. del Archivo de 
Mojos y Chiquitos, 1888. Biblioteca Peruana, dos vols., 1896-97. Adi- 
ciones á la Biblioteca Boliviana^ 1899. Primer suplemento de la Bi- 
blioteca Boliviana, 1900. Segundo suplemento, 1908. Bolivia y Ar- 
gentina, 1901. Bolivia y Peri'i, tres vols., 1905-07. Ensayo de una bi- 
bliografía gral. de los periódicos de Bolivia, 1905 ; Suplemento, 1908, 
Ayacucho en Buenos Aires y prevaricación de Rivadavia, Madrid, 
1918. 

Manuel de Foronda y Aguilera, marqués de Foronda, natural 
de Avila, gentilhombre de Cámara (1912), jefe superior de Adminis- 
tración, abogado consultor en varias Embajadas, de la Academia de 
la Historia (1904), de San Fernando (1904) y de la Sociedad Geo- 
gráfica desde su fundación (1876), distinguióse como gran erudito 
en los ramos de Geografía, Historia y viajes, sobre todo en lo tocante 
á Avila, de la que es cronista, y al reinado de Carlos V, que diriase 
tiene monopolizado. Memoria de la Expos. de 1872, Madrid, 1874. 
Cervantes, viajero, 1880 (en Bol. Soc. Geogr., Jun.). División territo- 
rial de España, 1880 (ibid., Jul.-Ag.). Cuestión de Marruecos, disc, 

1880 (en El Demócrata^ Nov.). Contestación á las cartas del Tim.cs 
sobre el Brasil, 1881 (en La América, Marzo). Cosas de la Diputación, 

1881 (en El Fígaro, 4 Abril). La Soc. Geogr. y el Dr. Lens, 1881 (en 
La América, Abr.). Los Habladores, refund., 1881. Dictamen sobre 



S. XIX, 1874. MANUEL DE FORONDA I35 

la obra del Sr. Cañamaque sobre las Islas Filip., 1881 {Gaceta^ Ag.). 
División terr. de Esp., 1881 (Ag., 'Set.). Cuarto Congreso de Ameri- 
canistas, conf., i8Si (en Bol. Soc. Geogr., Dic). Memoria al Empe- 
rador del Brasil, iSSi (en Diario Ofic. del Congr. Americanista, 
Nov.). Elogio del Marqués del Socorro, 1882 {Bol. Soc. Geogr., Jun.). 
Elogio de D. José Solano de la Mata Linares, 1882. Toreo antiguo, 
1884 (en El Burladero, Mayo). Corridas de toros en tiempo de Car- 
los V, 1885 (en Alman. Gac. Fomento, pág. 60). Cervantes y el padre 
Haedo, 1885 (en Gac. Fom-., Abr.). De Llanes á Covadonga, conf., 1885 
(en Bol. Soc. Geogr-, Marz.-Set.). Carlos V en Llanes, 1885 (en Oriente 
de Astur., Mayo). Una carta en Bable, 1886 (ibid., Febr.). Necrología 
de D. Vic. Lafuentc, 1890 (en Bol. Soc. Geogr.). De Llanes á Cova- 
donga, Madrid, 1893. Cervantes en la Expos. Hist. Etirop., 1894. Ex- 
cursión á Esquivias, 1894 (en Bol. Soc. Excurs., Ag.). Estancias y 
viajes de Carlos V , foll., 1895. Carlos V en Mallorca, 1895 (en La Li- 
mosna, Dic). El Dia de S. Matías y Carlos V, 1896 (en //. Esp., 
Febr.). Carlos V en Asturias, 1896. Carlos V en Alcalá, 1896 (en 
Bol. Soc. Exc, Abr.). Cervantes de Alcalá, 1897 (en //. Esp., Marzo). 
Una pregunta sobre la patria de Cervantes, 1897 (en Brisas del He- 
nares, Oct.). Excursión á Batres, 1898 (en Bol. Soc. Exc, Marzo). 
Carlos V en Avila, 1898 (en II. Esp., Juil.-Ag.). Necrol. de D. Fran- 
cisco Coello, 1898. El Cirano de Bergerac en el Teatro Esp., 1899 (en 
Rev. Contenvp., Febr.). Antigüedades de Avila, 1899 (en Diario de 
Avila, Oct.). Tomás Luis de Victoria, 1900 (ibid., Marzo). Preceden- 
tes de un glorioso reinado, 1901 (en Rev. Contemp., Marzo). Los Gi- 
tanos, 1901 (en Rev. Española, Abr.). Antigüedades de Avila, 1901 
(en Diar. de Avila, Nov.). Un toro de piedra en Avila, 1901 (Diar. 
Avila, Nov.). D. Alvaro de Luna..., 1902 {Bol. Acad. Hist.). La 
Fiesta del Toisón celebrada por Garios V en Utrcch en 154Ó, 1903 
{Rev. Contemp., Jun.). Carta misiva al Dr. Thebussem, 1903. El Con- 
vento de San Plácido, 1903 {II. Esp., Nov.-Dic). El Maestro Lobato, 
1904 {Diar. Avila, En.). Isabel la Cat., dónde nació, 1904 (ibid. y Eco 
de Cast., Oct.-Nov.). Cervantes y Alcalá, disc, 1905. La Emperatriz 
de Carlos V en Avila, 1531, 1905 {Diar. Avila, Ag.). D. Fernando de 
Baviera en Avila, 1905 (ibid., Oct.). Nomenclatura geogr. de España, 
1906. Aniversario de la R. Soc. Geogr., 1906 {Bol. id.). Bodas impe- 
riales en 1526, 1906 (en Rev. Contemp., Jun.). Historia de Avila, con- 
ferencia, 1906 (en Diar. Av., Nov.). La Santa de Avila, 1906 (en Rev. 
Cont., Dic). La Muralla de Avila, 1906 (en Rev. Av., Dic). La Santa 
de Avila, 1907. Viruelas de Carlos V, 1907 (en Rev. Medie, Jun.). La 
Fantasma en Toledo, 1907 (en Ilustr. Esp., Jun.). Las Murallas de 
Avila, 1907 (en ABC, Set.). El Convento de la Encarn. de Avila, 

1907 (en Diar. Av., Oct.). El Retrato de S. Teresa, 1907 (ibid., Oct.); 
La Plaza de la Santa, 1907 (ibid., Oct.). La Vida de S. Ter., escrita 
por ella misma, 1908 (ibid.. En.). El Dia de S. Matías y Carlos V, 

1908 (en La Época, Febr.). Covadonga en 1808, 1908 (ibid., Ag.). 



136 SKGLíNDO PERÍODO DK LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-I887) 

D. Cr. Pérez Pastor, 1908 (en Diar. Av., Ag.). El Monasterio de 
S. Ana de Avila, 1908 (en La Ep., Set.). El Tercer cent, de l^a Uni- 
versid. de Oviedo, 1908 (en Diar. Av.^ Set.). El Obispo D. Sancho 
Dávila, disc, 1909. Estancia en Avila de la Princesa Beatriz, 1909 (en 
Diar. Av., Jul). Isabel la Cat., disc, 1909. La Escalera del conv, de la 
Encarn., 1909 (en Diar. Av., Oct.). Inscripción Teresiana, 1910 (ibid., 
Oct.). Carta incd. de S. Teresa, 1910 (ibid., Nov.). La Alcoba donde 
nació S. Teresa, 1910 (en Bol. Acad. Hist.^ Nov.). Más sobre S. Te- 
resa, ?9io (en Diar. Av., Dic). La Bandera de los voluntarios de 
Avila, 1910-11 (ibid., Dic.-En.). El Día de S. Matías y Carlos V, 
1911 {La Ep.^ Febr.), La Abadía de S. Martín de Madrid, 191 1 (en 
//. Esp-, Abr.). Hallazgo interesante, 1911 {Diar. Av., Oct.).' Antece- 
dentes de la fund. del conv. de la Encarn., 191 1 (en El Pueblo Obrero, 
Oct.). Bibl. y Museo Teresian., 191 1 (en Diar. Av., Oct.). Necrol. de 
D. Ed, Saavcdra, 1912. Cosas de Avila, 1912 {Diar. Av., Oct.). Un libro 
del P. Mir sobre S. Teresa, 1912 (ibid., Dic). Sor Marcela de S. Fé- 
lix, 1913 (//. Esp., En.). Un códice, "Crónicas de Avila", 1913 (en 
Bol. Acad. Hist., Marzo). La Parroquia de S. Pedro de Avila, 1913 
(en Avila Art., Jul.). Crónica inéd. de Avila, 1913 {Bol. Acad. Hist-, 
Jul.-Ag.). Mosc7% Rubí de Bracamonte, 1913 (ibid., Set.-Oct.). Honras 
de Enrique IV..., 1913 (ibid., Nov.). Acinipo, 1914 (en Diar. Av., 
Abr.). La igl. de S. Pedro, 1914 (ibid., Jun.). El Retrato de Isabel 
la Cat-^ 1914 (ibid., Ag.). Estancias y viajes del Emperador Carlos V, 
715 págs. folio, Madrid, 191 5. La Lápida conmemor, del bautizo de 
S. Teresa, 1915 {Diar. Av., Abr.). Sobre Carlos V, 1915 {Bol. Acad- 
Hist.^ Jun.). Necrol. de D. Marcelo de Azcárraga, 1916. El Día de 
S. Matías, 1916 (en Blanco y Negro), Disc. rec. Acad. Hist., 1916. 
Nomenclat, geogr. de Esp., 1916 (en La Ep.^ Jul.). Sobre los relojes 
públicos de Avila, 1916 {Diar. Av.^ Ag.). La Puerta del Sol, 1917 {El 
Universo, En.). El Juego, pragmát. de Isabel la Cat., 1917 {Rev. Ca- 
lasanc. En.). En honor del Dr. Thebussem, 1917 {Diar. Av., Abr.). 
Las Ordenanzas de Az^la de 1481..., 1^)17 {Bol. Acad. Hist., Nov., 
Dic)., 1918 (En.-F€br.). 

3 6. Año 18/4. Francisco de Ahárzuza (n. 1838), habanero, pu- 
blicó Al mar, oda premiada en Gerona, 1872 {Rev. Esp-, 1874, 
t. XXXVII). A la creación, oda {Rev, Esp., 1874, ts. XXXVII- 
XXXVIII). Poesías, Madrid, 1881. El Ayer, dr. El Porvenir, dr. El 
Divorcio entre dos almas ^ poeraa, Madrid, 1882. Tradujo el Hamlet 
y escribió el poema lírico Fania. — ^Antonio Aguilar y Cano (1848- 
1916), de Puente Genil (Córdoba), literato é historiador, publicó Apun- 
tes históricos de la villa de Puente Genil (con Agustín Pérez Siles), 
Sevilla, 1874. Una limosna por Dios^ jug. dram., Córdoba, 1876. Sue- 
ños del alma-, bosqv.ejos y ensayos, Málaga, 1878. Memorial Ostipense 
(Estepa), Estepa, 1888. Apuntes históricos de la villa de Campillos, 
Puente Genil, 1891. Estepa, nueva colección de docum^entos, datos 



S. XIX,, 1874. JULIÁN APILMZ Y DEL BURGO 1 Sy 

históricos... referentes a la citada ciudad, 1891. El Libro de Fuente 
X^enil, ibid., 1894. Los Ingenios de las Flores de poetas ilustres de 
España. El Marqués del Aula, Sevilla, 1897. Consúltese F. de P. Ve- 
lasco Estepa, A. Aguilar y Cano, notic. biográf., Madrid, 191 5. — José 
Ahumada y Centurión, ministro de Ultramar, publicó Memoria his- 
tóricopoUtica de la Isla de Cuba, Habana, 1874. — Albtim poético es- 
pañol, Madrid, 1874: poesías del Marqués de Molins, Hartzenbusch, 
Campoamor, Palacio, C!a¡lcaño, Amao, Grilo, Ahilera, Núñez de Arce, 
Echevarría, Larmig, Alarcon, Trueba, Hurtado y Duque de Rivas. — 
Enrique Alvarez Bonilla (1848-1913), de Tunja (Cblombia), biblio- 
tecario nacional de la Academia Colombiana, compuso sobre la novela 
Un hijo natural, de Julio Nombda, el drama La Cuna y el genio; 
además, Zora, dr. (1885). Publicó Caracteres, crítica social, Chiquin- 
quirá, 1874. Tratado de Grant. Cast., 3.° ed., 1881, 1891. Horas de re- 
cogimiento, poemas, Bogotá, 1882. Arte de hablar, en prosa y verso 
ibid., 1883. Santafc Redimida, poema en doce cantos y octavas rea- 
les, ibid., 1885: generalmente bien versificado y en excelente (lenguaje 
poético ; pero como mera descripción al modo de las crónicas rima- 
das, sin acción propiamente ni caracteres que le den forma artística. 
El Macabco, poema, ibid., 1890. Escenas del hogar, novelas, 1892. 
Compendio de Historia Fatria, 2.' ed., 1893. Canto octavo de la Jeru- 
salén Libertada, en verso (en Anuar. Acad. Colomb., t. I (1874), pá- 
gina 97). El Paraíso perdido, trad, en ^/erso de Milton, Bogotá, 1897, 
dos vols. 'Consúltese. Colombianos ilustres, t. I, Bogotá, 1916. — El 
PADRE Pedro Alvarez, escolapio, tradujo en verso la Himnodia Sa- 
cra, ó sea los hinmos que usa la iglesia romana..., Madrid,;, 1874. — 
Pablo de Amallo y Manget publicó La Guerra, poema, Madrid, 
1874, Los Autómatas, segunda parte de La Guerra, 1874. La Zoo po- 
lis, semipoema extravagante, 1883. Ecos perdidos, poesías, 1888. His- 
toria crítica de Miguel Servet, 1888. Ackanghey, el sueño de la 
vida, 1892. Letario, leyenda, 1893. Obras pastueñas, 1910. — José P, 
Angelet, militar catalán, publicó La Iberiada, poema en 16 cantos, 
Habana, 1874, 1875. — Julián Apraiz y del Burgo (1848-1910), de 
Vitoria, en cuyo Instituto y últimamente en el de San Isidro de Ma- 
drid fué catedrático, escribió poesías en un periódico (1868) y publicó 
obras eruditas, sobre todo cervantinas. Apuntes para la Historia de 
los Estudios helénicos en España, Madrid, 1874. Cervantes, vascófilo, 
Vitoria, 1881, 1895, 1899. Algo sobre España en el siglo xvi, 1884 (en 
Rev. Esp., i. XCIX). Discursos y artículos, Vitoria, 1889, tres vols. 
Los Isunzas de Vitoria, Bilbao, 1897. Obras de Samaniego, ibid., 
1898. Estudio hist.-crít. sobre las Novelas ejemplares de Cervantes. 
Vitoria, 1901. D. Isidoro Fosarte, Bilbao, 1904. De "re'^ bibliográfica, 
1905 (en Euskal-Erria, Lili), Fedro de Isunza (ibid.). Modesto tri- 
buto eúskaro... á Cervantes, Vitoria, 1905. Discurso, sobre Cervantes, 
1905. Juicio de "La Tía fingida", Madrid, 1906. Buscapié de las lec- 
ciones de literatura de D, Francisco Navarro Ledesma, Vitoria, 1907. 



138 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Consúltese Rev. Arch., 1910 (t. XXII). — José M." Baraya publicó 
Biografías militares, Bogotá, 1874. — Rodolfo Beer, hispanista emi- 
nente, publicó Handschriftenschátze Spaniens, Viena, 1874. Noticias 
bibliográficas y catálogo de los códices de la S. Iglesia Catedral de 
León, León, 18S8 (con J. Eloy Díaz Jiménez). Die Handschriftcn des 
Klosters von S. María de Ripoll (en Anseíger der K. Akademie der 
Wissenschaften, 74-82). — Ema A. Berdier (n. 1854), de Buenos Ai- 
res, pintora, cantora y poetisa, publicó pocos, pero buenos versos. — 
Francisco Gregorio Billini (1844-1898), dominicano, presidente de 
la República, publicó Baní ó Engracia y Antoñita, novela de color lo- 
cal. — Edward Boehmer publicó Bibliotheca Wiffeniana, Spanish re- 
formcrs of two centuries from 1520, Strassburg, 1874-83, dos vols. — 
Salvador Brau, poeta de Puerto Rico, estrenó De la superficie al 
fondo (1874) y Héroe y mártir, dr. Escribió poesías, que se hallan en 
Poetas Puerto-Riqueños, 1879. Puerto Rico y su historia, investiga- 
ciones críticas, Valencia, 1894. — Acacio Cáceres y Prat (n. 1851), de 
Santa Cruz de la Palma, publicó Poesías, 1874. Recuerdos y sombras. 
1878. Colón, poema, 1881. El Vierso, su descripción é historia, tradic. 
y leyendas, 1883. La Madre abadesa, poema, 1887. El Estudiante de 
Oñate, novela, 1887. Covadonga, tradiciones, historias y leyendas, 1887, 
1890. Pozuelo de Alarcón, 1891. — Daniel Caldera (1855-1896), bohe- 
mio perezoso é incorregible, periodista, prematuramente fallecido, re- 
velóse' como observador puntual y de un temperamento afectivo. Es , 
acaso, el mejor dramático chileno. Estrenó Arbaces ó el liltimo Ramsés 
(1874) ; pero el único drama que le hizo famoso fué El Tribunal del 
honor (1877), la nxejor obra teatral chilena del siglo xix. — Manuel 
Campero, boliviano, publicó Leyendas bolivianas. Sucre, 1874. — José 
Canalejas y Méndez, malogrado político, publicó Apuntes para un 
curso de Literatura latina, dos vols., Madrid, 1874-76. Su vida, por 
Francos Rodríguez, en La Lectura, 191 7. — ^JosÉ Carbia estrenó Acción 
de Estella, dr., Habana, 1874. — iJosÉ Castellanos, dominicano, colec- 
cionó los poetas de su tierra en Lira Quisqueya, 1874, ,primiera antolo- 
gía de lia isla de Santo Domingo. Colecc. póst. de las Obras de, tres 
vols., Habana, 191 5-16. — ^Antonio Castilla y Gutiérrez publicó His- 
toria de un gato negro, Madrid, 1874. — Francisco Coello Quesada, 
gran geógrafo, autor del Atlas de España, publicó Antiguas vías de la 
península, Madrid, 1874. Noticia sobre las lAas, poblaciones y ruinas 
antiguas, especialmente de la época romana^ en la provincia de Ala:'a, 
Madrid, 1875. La Cuestión del río Muni, 1889 (confer.). — Colección de 
poesías españolas, antiguas y modernas, escogidas para uso de los pro- 
testantes, 2.^ parte, Londres, 1874-82. — 'Roque Chabás y Llorens 
(n. 1844), de Denia, canónigo de Valencia, publicó Historia de la ciu- 
dad de Denia, ibid., 1874. El Archivo, rev. liter., ibid., 1886-93, seis ts. 
Génesis del derecho feral de Valencia, Valencia, 1902. El Archivo me- 
tropolitano de Valencia, Barcelona, 1905. El Milagro de Luchente y les 
Corporales de Daroca, 1905. Episcopologio valentino. Valencia, 1909. 



S. XIX^ 1874. SIMÓN DE JUAN iSg 

Spill ó libre de les Dones por Mestrc Jacnie Roig, edic. (Bibliot. 
Hispánica). — Ángel R. 'Chaves, erudito escritor, publicó Cuentos de 
dos siglos ha^ Madrid, 1874. Caridad, novela, 1874. Recuerdos del 
Madrid viejo, ibid., 1879. Páginas en prosa, 1882. Leyendas naciona- 
les, 1885. El Motín de Aranjucz (con J. Torres Reyna), estrenado en 
1889. Cuentos nacionales, 1895. Cuentos de varias épocas, 1899. La 
Corte de los Felipes, 1902. Los Teatros en i8¿o y tantos, 1906 (en 
Ilustr, Esp-, LXXXII). — ^Manuel Daguino, venezolano, publicó En- 
sayos críticos, Genova, 1874. — Francisco Domínguez Muñoz estrenó 
Cada cual en su esfera, comedia, 1874. — 'Diego Estévanez publicó 
Poesías, Madrid, 1874. — Modesto Fernández y González (1838-1897), 
de Orense, coflaborador de La Correspondencia con seud. de Camilo 
de Celu, y en otros periódicos, publicó De Madrid á Oporto pasando 
por Lisboa, diario de un caminante, Madrid, 1874. Colección de retra- 
tos y semblanzas. — Agustín Fernando de la Serna, militar, estrenó 
El Bufón de Felipe IV, drama, 1874. El Primer año de un reinado^ 
crónica de la guerra, 1875. — iManuel de Jesús Flórez (n. 1842), de 
Chiquinquirá, hermano del poeta Julio Flórez, sobresalió por lo pic- 
tórico y filosóficosentimental, por lo claro, sencillo y dulce. Publicó 
artículos en Los Hechos (1894) y Los Preludios, poesías, Bogotá, 
1874. Rumores del Combeitua, poesías, ibid., 1882. Almas gemelas, 
poema, 1882. — A. G. Foster publicó Nuestros grandes días naciona- 
les ó Venezuela en 18/4..., Caracas, 1874. — Pascual Frígola y Ahis 
(1822-1893), del Maestrazgo, barón de Cortes, de Pallas, director de 
la Gaceta (1875), estrenó El Maestro de caló, 1874. Julianito, 1875. 
Una tiple de café, 1876. Quién lo hereda, 1876. Recuerdos de caza, 
apuntes de cartera, bosquejos, descripciones, chascarrillos, Madric^ 
1876. En la calle de Toledo, 1878. Los Dedos huéspedes, jug., Valen- 
cia, 1883. — Arcadio García publicó Religión, patria y rey, ecos es- 
pañoles. Salamanca, 1874. — ■Emilio García Montes y Municio pu- 
blicó El Diluvio de sangre, Madrid, 1874. — Luis García Pérez (1832- 
1893), de Santiago de Cuba, publicó El Grito de Yara, dr., New York, 
1874, 1879; Veracruz, 1900. Composiciones patrióticas, Veracruz, 1903. 
— Luis José Gil estrenó Amor v usura, pasat., Habana, 1874. — ■ 
Eduardo Gómez Sigura (f 1900), de Cazorla, diputado, escribió en 
El Globo, El Día, etc.; publicó El Taciturno, noveila, Madrid, 1886. 
La Valija rota, colección de cartas sobre política, historia y litera-i 
tura, ibid., 1874, 1885, 1894, dos vols. — J. y P. Gómez y Echeva- 
rría: Biblioteca militar, 1874. — Juan María J, P. Gómez de Arjona 
publicó Arte de cazar, en prosa y verso, Madrid, 1874. — Benito Gutié- 
rrez Fernández, catedrático de la Central, publicó Códigos y estudios 
fundamentales sobre el derecho civil español, siete vols., Madrid, 1874. 
— ^Juan B. Híjar y Haro publicó Ensayo histór. del ejército de Oc- 
cidente (con José M. Vigrl), Méjico, 1874. Sombras de ayer, poesías, 
Roma, 1888. — Rafael Jover, chileno, estrenó el proverbio Quien mu- 
cho abarca, 1874. — Simón de Juan (seud.?) publicó El Alma en pena. 



140 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

memorias de un poeta, Manila, 1874 (por el estilo, á veces, parece de 
Éntrala). — Valentín Lamas Carvajal (1849-1906), de Orense, por 
mote el Homero gallego^ por lo bien que cantó á su tierra ; á los diez 
y ocho de su edad hizo poesías como Cancionero del Niño, Flores de 
■ayer, Monja de S. Payo, Las Dos perpetuas; después, ya ciego, publi- 
có Desde la reja, cantos d-e un loco, Orense, 1878. Mostacillos, críticas 
políticas y poesías gallegas. Fundó Heraldo Gallego (1874), Marcos 
■d'a Portelcí (1878), El Eco de Orense (1879). — Luis Legorreta publi- 
có Ratos de ocio, cantares y agudezas, Habana, 1874. — Tomás Lejos 
Taseyar publicó El Libro Aimée, colecc. de artíc. jocoserios, lúgu- 
bres, científ., agridulces y de todo cuanto sirva para quitar el mal 
humor, engalanados con flores de "No meterse con nadie", Habana, 
1874. — ^Amalia de Llano y Dotres (f 1874), condesa de Vilches, pu- 
blicó Berta, nov., Madrid, 1874, dos vols. Ledia, nov. (en Rev. de Es- 
paña). — Ruperto Marchant Pereira, presbítero chileno, que hizo sus 
primeros ensayos literarios en el colegio de los PP. Franceses, para 
cuyas fiestas académicas tradujo y ?.daptó obras extranjeras, compu- 
so después dramas, no de gran valer, aunque correctos y atildados. 
La Conspiración de Milán^ Santiago, 1874. Scanderberg, ibid., 1874. 
El Ultimo día de Polonia, ibid., 1875. Publicó, con estilo correcto, 
sentimental y poético, algunas novelas en La Rev. de Chile, y aparte : 
Alfredo. El Libro de una madre. A Ui luz de m-i lamparilla. — José 
Martí y Monsó (n. 1840), de Valencia, pintor, publicó Catálogo pro- 
vincial del Museo de pintura y escultura de Valladolid, 1874. Estudios 
históricoartísticos relativos principalmente á Valladolid, ibid., 1898- 
1901. — Baltasar Martínez Duran (i 847- 1883), de Granada, funda- 
dor de El Guadalhorce, de Antequera (1865), redactor de El Genil, de 
Granada; La Convicción, de Antequera; El Madrileño; publicó N^oc- 
iurnos^ 1874-81. Delirium, 1879. Spleen, 1881. Poesías, 1883. Obras 
poéticas, inéditas, Granada, 1885. — ^Eusebio Martínez de Velasco 
(1836-1893), húrgales, redactor de La España (1868), La Ihistr. Esp. 
y La Moda Elegante por muchos años, ha.sta sn muerte ; publicó Noche 
■de venganzas, epis. hist. de la guerra de las Com'Unidades, Murcia, 
1874. Ecos de gloria, leyendas y tradiciones hist., en verso y prosa, 
Madrid, 1880. León y Castilla, 1880. Guadalete y Covadonga, 1882. 
La Corona de Aragón, 1882. Cardenal Cisneros, 1883. Isabel la Cató- 
lica, 1883. Comunidades, germanías y asonadas (1517-1522), 1884. — 
— 'Manuel Martínez Añíbarro (n. 1850), húrgales, archivero, cate- 
drático en los Institutos de Santander y San Sebastián, publicó Geo- 
grafía histórica de la Edad antigua, 1874. Monografía de la Abadía de 
S, Quirce, 1879. Resumen histórico crítico de lu literatura burgalesa de 
los siglos XII al xviii, 1881. Intento de un Diccionario biográfico 
y bibliográfico de autores de la provincia de Burgos, 1890. — Víctor 
José Martínez publicó Sinopsis histórica, filosóf. y política de las 
revoluciones mejicanas, Méjico, 1874. — Manuel de Mata y Maneja 
•(1850-1914), de Barcelona, abogado, discípulo de Zorrilla hasta no 



S. XIX, 1874. MANUEL ROMERO I4I 

distinguirse a veces la copia del original, concurrió á todos los certá- 
menes (1875-1890), siendo premiado más de 20 veces. Sus poesías 
líricas no se han coleccionado. La Gruta de los eitcantados, leyenda^ 
Barcelona, 1874. Mallorca, poema ép., 1880. Valencia, canto ép., 1882. 
Los Caballeros de la Cruz, 1884. El Capitán Gulliver, dr. (con Juan 
M. Casadeni'unt) y otros. — Manuel de Mendiburu (f 1885), peruano^ 
publicó Diccionario históricobiográfico del Perú, Lima, 1874-90, ocho 
vols. Crítica del Diccionario..., por José Toribio Polo, Lima, 1891. — 
Luis A. Mestre Hernández (n. 1848), habanero, residente en Vigo 
(1890), por seud. El Proscripto del Almendares, publicó Cartas abier- 
tas^ Madrid, 1874, en verso. Cantos revolucionarios y odas. — 'Modesto 
Molina (n. 1844), poeta limeño, publicó poesías en periódicos. — ^Agustín 
Moreno (f 1883), agustino exclaustrado, publicó Sermones, Córdoba, 
1874. — Fernando C. Moreno Solano (1849-1878), de Cárdenas, españo- 
lizado, publicó Álbum de los voluntarios, en verso, Cárdenas, 1874; 
Matanzas, 1875, dos vols. Pelayo en Covadonga, dr., 1877. La Espada 
del condestable, dr. El Hijo del pueblo, dr. Cuentos. — 'José Moreno 
Guijarro de Uzab.\l publicó La Paz de Europa, Barcelona, 1874. His- 
toria de la cél. y ant. imagen de N.^ S-" de las Vacas, extramuros de 
Avila, Barcelona, 1875. El Eco del Adaja, artículos, Avila, 1879. La 
Azucena del Adaja, Madrid, 1886. Historia de N." S." de la Portería 
de Avila, Avila, 1887. — ^J. Muruais Rodríguez publicó Cuentos sopo- 
ríferos, Pontevedra, 1874. — 'Barón de Ñervo publicó Dictons et pro- 
verbes espagnols, París, 1874. — Olla asturiana, por J. F. F-, prosa y 
verso, Madrid, 1874. — Ricardo Orgaz (-j- 1900), hijo de Francisco, 
fué traductor de los folletines de La Iberia y Las Novedades, y diri- 
gió periódicos en Zamora. Publicó Pequeños paew,as (con A. Chaves)^ 
Madrid, 1874. El Amor y el matrimonio , novela, Madrid, 1876. La 
Mosca bhnca, novela, ibid., 1892. — Jesús Pando y Valle (1849-1911), 
de Villaviciosa (Asturias), redactor de la Gaceta, La Época, La Ma- 
ñan-a, El Globo ^ Los Dos Mundos, 'etc.; fundador de la Unión Hispa- 
noamericana y su revista; publicó Poesías, Oviedo, 1874. Pequeños 
poemas, ibid., 1876. Hojas perdidas, más versos, Oviedo, 1878. Cuen- 
tos y leyendas, Barcelona, 1880. Galería de americanos ilustres, Ma- 
drid, 1883. El Centenario del descubrimiento de America, ibid., 1892. 
— Agustín Pérez de Siles publicó Apuntes históricos de la villa de 
Puente Genil (con Ant. Aguilar y Cano), Sevilla, 1874. — Antomio 
Raimondi publicó El Perú, dos vols., Lima, 1874-76. — Revista Chile- 
na, 1874, fundada por Amunátegui y Barros Arana. — Revista Euro- 
pea, Madrid, 1874-80. — Miguel Río Frío publicó Correcciones de de- 
fectos del lenguaje, Lima, 1874. — Víctor Rodríguez estrenó Amor de 
novela, comedia (1874). Un negocio (1874). — Fernando Romero pu- 
blicó Una noche en la eternidad (en verso, con influencia de El Dia- 
blo mundo, de Espronceda), Manila, 1874. Gotas de menta, colección 
de poesías ó cosa así (con C. Costi Lasso de la Vega), Madrid, 188S. 
— Manuel Romero (y B.'\talla) de Aquino, poeta que estuvo en Fili- 



142 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

pinas, por seud. Manengoy en Manila Alegre y otros periódicos fili- 
pinos, fallecido muy joven, de lenguaje castizo, publicó El Cristo del 
camino, ley., Manila, 1874. María, (10) cantos épicos, ^ibid., 1875. Chi- 
fladuras, poes., ibid., 1878. Un vals de IVeber, com., ibid., 1882. Al 
borde del abismo, monól., 1885. Romancero filipino, ibid., 1892. Ma- 
trimomo por poder. — ^Antonio del Rosal y Vázquez de Mondragón, 
corone*!, publicó Los Mambises, memorias de un prisionero, Madrid, 
1874, En la Manigua, drama de mi cautiverio, 1876, 1879. — Vicente 
Rubio Lorente estrenó El Amor de Cayetana, comedia (1874). El 
Turrón (1874).— Francisco Sagui publicó Los Últimos cuatro años 
de la dominacióti española en el antiguo virreinato del Rio de la Pla- 
ta (180Ó-1810), 1874. — A. Sánchez Román publicó Fantasías, 1874. — 
Francisco Sánchez Juárez, presbítero, publicó Sermones predicados 
en Villaf ranea de los Barros (18/0-^3), Badajoz, 1874. Sermones his- 
tóricoapologéticos, panegíricos y oraciones fúnebres, Madrid, 1892. 
Grandezas del catolicismo y glorias españolas, sermones histór.-apo- 
logcticos, 1892. Serm-ones y homilías, 1904. Sermones panegíricos sobre 
los misterios de la Sma. Virgen, 1905. Panegíricos..., 1909. — José 
Francisco Sanmartín y Aguirre (1848-1901), del Grao (Valencia), 
redactor en Valencia de El Universo y La Traca, fundador de El 
Recreo de las Familias (1871) ; en Tarragona director de El Orden; 
en Madrid colaborador de varios periódicos, publicó Trigo y paja, 
coplas de varios colores, Madrid, 1874. Las Mujeres en camisa, 1878. 
Camelias^ poesías de salón, 1880. Rubias y morenas, polémica en ver- 
so, 1880. Filosofía menuda, apuntes críticos sobre varias cosas, 1881. 
Filigranas, Intimas, poesías, 1897. — Luis de Santa Ana (1850-1882), 
madrileño, diplomático, director de La Correspondencia, hermano de 
Eduardo de Santa Ana, que la dirigió también, é hijo dol Marqués de 
Santa Ana, estrenó Morirse de risa, jug., 1873. La Batalla de Maratón, 
jug., 1874. Quien bien tiene^ 1874. Diabluras, historietas y cuentos, 
Madrid, 1880. — 'Carlos M." Sayago puMicó Historia de Copiapó, Co- 
piapó, 1874. — Smith : Bibliotheca Americana. A Catalogue of a Va- 
iMable Collection of Books..., London, 1874. — 'Félix C. y Sobrón 
publicó Plantas medicinales indígenas de la Rep. del Uruguay, Madrid, 
1874. Riojaneiro. Viaje de la corbeta "Isarra". Los Idiomas de la 
América Latina Estudios biográficobibliográficos, Santiago de iChile, 
1879; Madrid (s. a.). — 'Francisco Ulloa, novelista populachero, chi- 
leno, publicó El Bandido del Sur. 1874. El abismo. Memorias de un 
presidiario. Astucias de Pancho Fálcalo, 1884. — Antonio Vázquez de 
Aldana publicó María la lavandera, nov., Manila, 1874. España en 
la Oceanía, páginas de la guerra de Jola (con Valentín González Se- 
rrano), Manila (1876). Trastos zñejos, Manila, 1883-84, cuatro vols., 
descripciones, cuentos realistas, etc. — Miguel de la Vega Inclán pu- 
blicó Relación hist. de la última campaña del Marqués del Duero (con 
José de Castro y López y Manueil Astorga), Madrid, 1874. — Teodosio 
Vesteiro Torres (1848-1876), de Vigo, suicidado; publicó Versos, 



S. XIX, 1875. FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN I43 

Madrid, 1874. Galería de gallegos ilustres, Madrid, 1874-75, cinco 
vols. Recuerdos de Galicia, Coruña, 1896, dos vols. — 'Vicente Vig- 
NAU Y Ballester (n. 1834), valenciano, archivero, director de la 
Rev. de Archivos, catedrático de la Central, publicó Glosario y dic- 
cionario geográfico de voces sacadas de los documentos del Monaste- 
rio de Sahagiin, Madrid, 1874. Apuntes de gro'tnática hist.-comp. de 
las lenguas neolciinas^ 1888. El Archivo historie onacional, 1898. Indi- 
ce de pruebas de los caballeros que han vestido el hábito de Calatrava, 
Alcántara y Mantesa desde el s. xvi (con Francisco R. de Uhagón), 
1903. 

37. Año 1875. Francisco Rodríguez Marín (n. 1855-), 
por seud. El Bachiller de Osuna, donde nació y ejerció la abo- 
gacía, como después en Sevilla, donde se dio al propio tiempo 
á los estudios folklóricos con Machado, á rebuscar noticias li- 
terarias en el Archivo de Protocolos y á la poesía castiza y gra- 
cejante de la tierra andaluza; fué más tarde nombrado en 
Madrid director de la Biblioteca Nacional al fallecer Menén- 
dez y Pelayo. Poeta, folklorista andaluz, erudito, biógrafo, 
gran conocedor de la literatiu-a castellana de la edad de oro 
y comlentador de varios de sus escritores, prosista siempre 
í?.meno, es Rodríguez Marín uno de los aventajados discípu- 
los de Menéndez y Pelayo que con rríás glorioso empeño han 
trabajado en pro de la tradicional cultura española y de la 
historia de nuestras letras. Escritor castizo, suelto, elegante 
en prosa y verso, como pocos de nuestros días, distingüese, so- 
bre todo, por la sal andaluza que con fino gusto derrama has- 
ta en las obras de pura erudición. Conoce como nadie el folk- 
lore, tradiciones, dichos y lenguaje del pueblo andaluz. Sus 
investigaciones en el Archivo de Protocolos de Sevilla y de 
otras partes le han llevado á descubrir curiosas y raras noti- 
cias con que ha aclarado puntos importantes de nuestra histo- 
ria literaria. Frutos los más sazonados de tan afanosos traba- 
jos, de investigaciones tan continuas y de tan gallardo, casti- 
zo y ameno estilo, son sus magistrales ediciones críticas de la 
mayor parte de las obras de Cervantes, de Baltasar del Alcá- 
zar, de Pedro Espinosa y Luis Barahona de Soto, comenta- 
das con curiosas y amenas acotaciones y precedidas de estu- 
dios que forman una verdadera historia de la literatura cas- 
tellana de las escuelas andaluzas. 



144 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

José Martí (i 853- i 895), de la Habana, hijo de españo- 
les, fervoroso insurrecto, dirigió el i>eriódico El Diablo Co- 
judo y La Patria Libre, donde insertó su poen^ja A^bdala, de 
exaltado patriotismo; deportado á España, doctoróse en Za- 
ragoza y publicó los folletos El Presidio político en Cuba 
(1871), La República española ante la Kevohición cubana 
(1873); pasó á París. Londres y Méjico, donde dirigió La 
Rev. Universal; á Guatemala, donde estuvo de profesor, y, 
tras la paz de Zanjón, volvió á Cuba ; otra vez deportado í\ 
España (1879); luego conspiró desde Nueva York y publicó 
Ismaelillo y Versos sencillos; redactó Patria y entró en Cuba 
(1895), muriendo en la acción de Dos Ríos. Fué escritor de 
fantasía tropical, amigo del color, de bruscas salidas en con- 
ceptos y voces, algo enrevesado y oscuro, de temperamento 
lirico romántico. En suma, un rebelde en literatura, como en 
política, y enemigo, por tanto, de seguir sendero alguno trilla- 
do, cual si fuera imposición y yugo que por instinto desechara 
de sus hombros, antes codicioso de parecer original, confor- 
me á las ansias de los modernistas. Más que poeta fue orador 
persuasivo á golpes de lirismo: su raudal vehemente no sabía 
encerrarse en los cauces de la métrica. 

38. M. Pelayo, Disc. contest, en la Academia, 1907: ''El catálo- 
go de las obras publicadas por el señor Rodríguez M'arín es tan co- 
pioso y vario, que, para ser debidamente ilustrado, reclamaría un 
tomo entero de consideraciones críticas, imposibles de reducir á los 
límites de un discurso. Tres principales aspectos ofrece la inmensa 
labor literaria de nuestro amigo, y por cualquiera de ellos estaría jus- 
tificada su elección, puesto que el señor Rodríguez Marín, profundo 
conocedor teórico y práctico de la lengua castellana, se ha mostrado, 
no sucesiva, sino simultáneamente, poeta lírico de los más fecundos y 
elegantes, colector infatigable de todas las reliquias del saber popular 
y biógrafo é historiador literario, á quien la erudición debe hallazgos 
peregrinos y «1 ingenio español páginas que por su intrínseco valer 
aventajan á sus propios hallazgos... En prosa ha escrito el señor Ro- 
dríguez Marín deliciosas narraciones serias y jocosas, diálogos satí- 
ricos del género de Luciano, mil brillantes fantasías y caprichos de 
estilo que sirven como de entremés en su es^jléndido banquete litera- 
rio, que cualquiera príncipe de ingenio pudiera envidiar. Sería, si se 
lo propusiese, excelente novelador, y es, desde luego, uno de los más 
amenos cuentistas que poseemos. Pero en este género podía tener riva- 
les : no los tiene, ni es fácil que llegue á tenerlos, en la nueva forma 




FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN 



S. XIX,, 1875. FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN ]^b 

de historia literaria que cultiva, y que reúne todos los encantos y 
prestigios de la novela, con aquel grado de mayor interés que tiene 
lo real sobre lo soñado. Serie vastísima en el cuadro de las obras de 
R, M. forman los trabajos de saber popular, comenzados desde sti 
primera juventud y á los cuales debió su celebridad primera. Bajo 
este nombre... agrupo todas las publicaciones de nuestro académico 
sobre refranes, cantos populares, adivinanzas, supersticiones, meteo- 
rología y agricultura tradicional; vastísimo arsenal de datos para la 
historia de las ideas y costumbres del pueblo español, como no le ha 
recogido hasta el presente otro investigador alguno...; y otra por- 
ción de trabajos de mayor ó menor extensión, entre los cuales debe 
ocupar el primer puesto la opulenta colección de Cantos populares 
españoles, recogidos, ordenados y doctamente ilustrados por D. F. R. 
Marín (1882-83)..., esta obra, una de las más capitales que ha pro- 
ilucido el movimiento popularista en cualquier país de Europa... Al 
ilustrarla el señor R. M. parece que ha echado el resto de su erudi- 
ción amena é ingeniosa... La vasta labor cervantina... A este gran 
cervantista, sin superstición ni exclusivismo, deben la vida y las obras 
del mayor ingenio nacional, no frenéticos ditirambos ni interpreta- 
ciones simbólicas y mistagógicas, sino documentos nuevos, y lo que 
vale más: un arte nuevo para leerlos... Los dos hermosos libros en 
que R. M. ha puesto á dos de las mejores novelas de Cervantes un 
marco digno de ellas... La resurrección biográfica que ha hecho del 
gran novelista sevillano autor de la Atalaya de la Vida... Muertos 
Alarcón y Valera, él es hoy el más genuino representante del ingenio 
andaluz. En conocimiento del siglo xvi nadie le aventaja... Esta 
doble naturaleza de poeta y erudito es la que he procurado poner á 
vuestra vista con múltiples ej'emplos. Bien sé yo que hay cierto gé- 
nero de trabajo erudito, muy honrado y respetable á no dudar, que 
de ningún modo está vedado al más prosaico entendimiento cuando 
tenga la suficiente dosis de paciencia, de atención, de orden y, sobre 
todo, de probidad científica, sin la cual todo el saber del mundo vale 
muy poco. Aplaudo de todo corazón á los tales y procuro aprovechar- 
me de lo mucho que me enseñan; pero nunca me avendré á que sean 
tenidos por maestros eminentes, dignos de alternar con los sublimes 
metafísicos y los poetas excelsos y con los grandes historiadores y 
filólogos, los copistas de inscripciones, los amontonadores de varian- 
tes, los autores de catálogos y bibliografías, los gramáticos que estu- 
dian las formas de la conjugación en tal ó cual dialecto bárbaro é 
iliterario, y a este tenor otra infinidad de trabajadores útiles, labo- 
riosísimos, beneméritos en la república de las letras; pero que no 
pasan, ni pueden pasar, de la categoría de trabajadores, sin litera- 
tura, sin filosofía y sin estilo. La historia literaria, lo mismo que 
cualquier otro género de historia, tiene que ser una creación viva y 
orgánica. La ciencia es su punto de partida; pero el arte es su tér- 
mino, y sólo un espíritu magnánimo puede abarcar la amplitud de 

TOMO IX. — 10 



146 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1870-10^7) 

tal conjunto y hacer brotar de él la centella estética. Para enseño- 
rearse del reino de lo pasado, para lograr aquella segunda vista que 
pocos mortales alcanzan, es preciso que la inteligencia pida al amor 
sus alas, porque, como dijo profundamente Cariyle (y con sus pala- 
bras concluyo), "para conocer de veras una cosa hay que amarla an- 
^'tes, hay que simpatizar con ella". Tal aforismo se cumple en el 
gran enamorado de la tradición española, á quien tengo d honor de 
presentaros, varón ciertamnete privilegiado en el reparto de los do- 
nes intelectuales; pero todavía más envidiable por la generosa efu- 
sión de su alma y por la gracia insinuante de su estilo que por el rico 
y sólido caudal de su doctrina." Obras de Rodríguez Marín: 

StiSpiros, poesías, Sevilla, 1875. Auroras y nubes^ poesías, Sevilla, 
1878. Entre dos luc^s, artículos jocoserios y poesías agridulces (2.' 
edición), Sevilla, 1879. Basta de abusos: El pósito del doctor Navarro, 
su fundación y su estado actual, Osuna, 1880. Cinco cuentezuelos po- 
pular es andaluces (extracto de La Enciclopedia de Sezñlla, 1880). El 
Gobernador de Sevilla y ''''El Alabardero^' : proceso de un funcionario 
público, Sevilla, 1881. Tanto tienes, tanto vales, com., Sevilla, 1882. 
Juan del pueblo, historia amorosa popular, Sevilla, 1882. Historias z'ul- 
gares, narraciones en prosa, Sevilla, 1882, 1903. Cantos populares es- 
pañoles, ordenados é ilustrados, Sevilla, 1882-83, cinco tomos. Cien 
refranes andaluces de Meteorología, Cronología, Agricultura y Eco- 
nomía rural, anotados, Fregenál, 1883; Sevilla, 1894. Quinientas com- 
paraciones populares ayidaluzas. Osuna, 1884. El "Caiitar de los Can- 
taras" de Salomón^ traducido directa y casi literalmente del hebreo en 
verso castellano. Osuna, 1885. Reparos ai nuevo Diccionario de la 
Academia Española, Osuna, 1886, 1888. Apuntes y documentos para la 
historia de Osuna, Osuna, 1889. Ilusiones y recuerdos, poesías, Sevi- 
lla, 1891. Nueva premética del tiempo, fruslería literaria, Sevilla, 
1891, 1895. Flores y frutos, poesías, Sevilla, 1891. Sonetos y soneti- 
llos, Sevilla, 1893. De rebusco, sonetos, Sevilla, 1894. Ciento y un 
sonetos, Sevilla, 1895. Discurso de recep. Acad. Sevillana de Buenas 
Letras, Sevilla, 1895. Madrigales, Sevilla, 1896; Madrid, 1909, 1917 
Los Refranes del Almanaque, explicados y concordados con los de 
varios países románicos, Sevilla, 1896. Flores de poetas ilustres de 
España, colegidas por Pedro Espinosa (1605) y don Juan Antonio 
Calderón (161 1), anotadas, Sevilla, 1896, dos tomos. Una poesía de 
Pedro Espinosa, Sevilla, 1896. Comentarios en verso, escritos en i§gQ 
para un libro que se había de publicar en i8p6, Sevilla, 1897. Discur- 
so Acad. Sevill. de Buenas Letras, Sevilla, 1897. Fruslerías anecdóti- 
cas, Sevilla, 1908. La Onza de oro y la perra chica, Sevilla, 1898, 1899. 
Discurso Acad. Sevillana de Buenas Letras, Sevilla, 1899. Mil trescien-< 
tas comparaciones populares andaluzas, concordadas con las de algunos 
países románicos y anotadas, Sevilla, 1899. Cervantes y la Universi- 
dad de Osuna, estudio históricoliterario, Madrid, 1899. Cervantes estu- 
dió en Sevilla {1564-1565), Se^'illa, 1901, 1905. El Loaysa de ^^El Ce- 



S. XIX, 1875. FRANCISCO RODRÍGUEZ MARÍN I47 

loso extremeño", Sevilla, 1901. Discurso Acad. Sevill., Sevilla, 1902. 
Noticia biográfica de don Fernando Afán de Ribera Enrique::, VI 
marqués de Tarifa, Sevilla, 1903. Luis Barahona de Soto : estudio 
biográfico, bibliográfico y crítico, Madrid, 1903. Las Aguas potables 
de Osuna, Sevilla, 1903. En qué cárcel se engendró el "Quijote", Se- 
villa, 1905. Cervantes en Andalucía : estudio históricoliterario, Sevi- 
lla, 1905. Rinconete y Cortadillo, ed. crít., Sevilla, 1905. Chilindrinas: 
cuentos, artículos y otras bagatelas, Sevilla, 1906. Pedro Espinosa: 
estudio biográfico, bibliográfico y crítico, Madrid, 1907. Discurso de 
Tecep. Acad. Españ., Madrid, 1907; Sevilla, 1907. Una sátira sevillana 
del licenciado Francisco Pacheco, Madrid, 1908. Del oído á la pluma: 
narraciones anecdóticas, Madrid, 1908. La Segunda parte de la "Vida 
del Picaro", con algunas noticias de su autor, Madrid, 1908. Cinco 
poesías autobiográficas de Luis Vélec de Guevara, anotadas, Madrid, 

1908. Obras de Pedro Espinosa, coleccionadas y anotadas, Madrid, 

1909. Luis Vél-es de Guevara, Madrid, 1910. Azar, cuento, Madrid, 

1910. Quisicosillas: nuevas narraciones anecdóticas, Madrid, 1910. 
La Copla: bosquejo de un estudio folk-lórico, Madrid, 1910. Poesías 
de Baltasar del Alcázar, Madrid, 1910. El "divino" Herrera y la 
Condesa de Gelves, Madrid, 1911. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote 
de la Mancha, edic. de Clásicos Castellanos, Madrid, 1911-1913, ocho 
tomos. El "Quijote" y Don Quijote en América^ Madrid, 191 1. Nue- 
vos datos para la biografía de don Juan Ruis de Alarcón, Madridj, 
19x2. El Capítulo de los galeotes: apuntes para un estudio cen'antino, 

Madrid, 1912. El Pasajero, del doctor Cr. Suárez de Figueroa, Ma- 
drid, 1913. De Madrid al Bosque de Doña Ana: una jornada real 
{1624), Madrid, 1914. Burla burlando...: menudencias de varia, leve 
y entretenida erudición, Madrid, 1914. Cervantes y la ciudad de Cór- 
doba, Madrid, 1914. Discurso Acad. Españ., Madrid, 1914. Aportacio- 
ves para la historia del histrionismo español en los siglos .rvi y xvii, 
Madrid, 1914. Lope de Vega y Camila Lucinda, Madrid, 1914. Nuevos 
documentos cervantinos hasta ahora inéditos, Madrid, 1914. Novelas 
ejemplares de Cervantes, Madrid, 1914-1917, dos tomos. Una joyita 
de Cervantes^ Madrid, 1914. Discurso Acad. Españ.. Madrid, 191 5. 
Doce cartas de don Francisco de Quevedo, unas parcial y otras total- 
mente inéditas, Madrid, 1915. Glosa del discurso de las armas y las 
letras, del "Quijote", Madrid, 1915. El Caballero de la Triste Figura 
y el de los Espejos: dos notas para el "Quijote", Madrid, 1915. El 
Andalucismo y el cordobesismo de Cervantes, Madrid, 1915. El Doctor 
Juan Blanco de Paz, Madrid, 1916. El Yantar de Alonso Quijano el 
Bueno, Madrid, 1916. Los Modelos vivos del Don Quijote de la Man- 
cha: Martín de Quijano, Madrid, 1916. La Cárcel en que se engendró 
el "Quijote'', Madrid, 1916. ¿Se lee mucho á Cervantes f, Madrid, 
1916. El Apócrifo "secreto de Cervantes", Madrid, 1916. El Ingenio- 
so Hidalgo Don Quijote de le. Mancha, edición crítica y anotada, Ma- 
drid, 1916-1917, seis tomos. La Ilustre fregona, edición crítica, Ma- 



148 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

drid, 1917. Discurso leído en la inauguración de la estatua de don 
Marcelino Menéndez y Pelayo, Madrid, 1917, "Agua quisiera ser...", 
soneto, con sus traducciones en verso, Madrid, 1917. El Retrato de 
Miguel de Cervantes^ Madrid, 1917. El Ingenioso Hidalgo Don Qui- 
jote de la Mancha, edición miagna del Centenario de Cervantes, Ma- 
drid, 1916-1917, cuatro tomos. En prensa: El Diablo Cojudo, de Luis 
Vélez de Guevara, con prólogo y notas. El Casamiento engañoso y 
Coloquio de los perros, edición anotada. El Farmacólogo sevillano 
Nicolás Monardes. En preparación : Asar y otros cuentos. Noticias 
hasta ahora inéditas de muchos pintores y escultores españoles de los 
siglos XVI y xvii (en colaboración). Del agua que pasó, rimas esco- 
gidas, dos tomos. El Poeta Gutierre de Cetina en Méjico (1354) : ex- 
tracto y estudio de un notable proceso inédito. Cuentos anecdóticos, 
dos tomos. Mateo Alemán: su vida y sus obras. Cantos populares es- 
pañoles^ clasificados y anotados, 2.' ed., refundida y muy aumentada 
(20.000 rimas del pueblo), cuatro tomos en 4.° Refranero general es- 
pañol (20.000 refranes). 

No es para olvidar que Martí batalló por el separatismo cubano; 
pero para que Cuba fuese autónoma y al mismo tiempo con la mira 
de la unión moral de toda la raza hispanoamericana, emancipada de 
toda tutela y cúratela yanqui : "Yo estoy en peligro todos los días de 
dar mi vida por mi país, por mi deber, puesto que le entiendo y tengo 
ánimos con que realizarlo, de impedir á tiempo con la independencia 
de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y cai- 
gan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América. Cuanto 
hice hasta hoy y haré es eso." Así decía á Manuel Mercado en su 
última carta, horas antes de morir. Pero es peligroso .pedir apoyo al 
vecino fuerte, porque, al librarle éste de otras garras, le sujeta con las 
suyas. "La amenaza del yanqui, audaz y groseramente agresiva, gra- 
vita sobre nosotros, dice F. García Godoy. Ha creado para su parti- 
cular y provechoso uso una doctrina de huinanitarismo y curateJa de 
pueblos, que es vistoso disfraz con que encubre voraces apetitos." 
Los desafueros de los que gobiernan la patria no justifican el separa- 
tismo, que tiene por último término un simple trueque de señor, y en 
el caso presente, él paso de una mala administración de los propios 
al de un verdadero señorío de extraños, y de extraños cuyo "grosero 
mercantilismo riñe' abiertamente con muchas modalidades espiritua- 
les de la civilización latina", en frase deíl mismo García Godoy. 
F. García Godoy, Americanismo literario, 1917, pág. 42: "Revolu- 
cionario y rebelde toda su vida en lo político, Martí lo es también en lo 
literario, en su prosa, principalmente. Su intenso subjetivismo, su des- 
bordante espontaneidad, el lirismo peculiar de su sensibilidad, su per- 
manente gesto de rebeldía ante cuailesquiera convencionalismos coer- 
citivos, hacen de él un refractario de la frase hecha, de clisés muy 
usados, de giros vulgares, de lo rutinario y vulgarmente monótono. Su 
estilo, una que otra vez sutilmente oscuro, ambiguo, desaliiñado, especie 



S. XIX, 1875. JOSÉ MARTÍ I49 

de desgreñado caballero, de poeta romántico, ha dado margen á com- 
oaraciones inconsistentes... Se conoce que ha estudiado con reflexiva 
atención á Saavedra Fajardo, á Cervantes, á Quevedo, á casi todos... 
Accidentales descoyuntamientos sintáxicos; vocablos empleados en 
acepción algo distinta de la propia; simbolizaciones extrañas ó des- 
concertantes; construcciones enrevesadas y otras cosas de parecido 
jaez, hacen en ocasiones, las menos, algo difícil y penosa su lectura. 
Pero 'esto, lo repito, puede considerarse como excepcional. En su 
frase, generalmente clara y expresiva, hay concisión, energía, movi- 
miento apropiado y ritmo armonioso. Cierta oscuridad susceptible de 
interpretaciones diversas se debe, en primer término, á lo profundo 
del concepto ó del pensamiento... No hay en él genuino gongorismo..., 
ansia de perfección... Los procedimientos del escritor cubano se ins- 
piran mejor en un ansia consciente y reflexiva de originalidad... Las 
ideas generales, reuniéndose en una concatenación lógica, para dar 
de sí una más ó menos fundamental concepción filosófica, no se ad- 
vierten en ninguna parte de la obra de Martí... Es hombre de pensa- 
miento que no se aquieta y de acción que vibra y se intensifica á cada 
paso... Es, por encima de todo, escritor en que sie siente de continuo 
el relampagueo de las ideas. Su coruscante frase alberga siempre 
un pensamiento de cierta médula ó una idea de prolífica trascenden- 
cia... ¡Orador! Lo es en toda la plenitud del concepto. Su oratoria 
es cálida, conmovedora, cargada de ideas, poblada de imágenes... 
Martí sabe siempre colorear de vida sentimental sus más abstractos 
pensamientos... Su fantasía se desborda á menudo en un lirismo evo- 
cador y fulgurante... Hay más vibrante sentimiento poético, más re- 
verberación lírica en algunas de sus producciones en prosa, en su 
prosa plena de color y de imágenes, que en muchos de sus versos. En 
éstos vislúmbranse desmayos en la entonación, en la energía creadora 
y un si es no es de prosaísmo." José Martí estrenó Amor con amor se 
paga, México, 1875. Rasgos biográficos de Alfredo Torroella, disc, 
Guanabacoa, 1879. Conferencia sobre Echegaray, Guatemala, 1879. 
Guatemala, ibid., 1879, 1913. Ismaelillo, poema, N, York, 1882. Versos 
sencillos, ibid., 1891. Obras, ts. I y II : Cuba, dos vols. ; Washington- 
Habana, 1900-1901. Ts. III y IV: £« los Estados Unidos, dos vols., Ha- 
bana, 1902-05; Madrid, 1915. T. V: La Edad de oro, Roma, 1905. 
T. VI: Hombres, Habana, 1908; Camagüey, 191 1. Ts. VII y IX: Nues- 
tra América, Habana, 1909-10, dos vols. T. VIII: Norteamericanos^ 
Habana, 1909. T. X: Amistad funesta, nov., Berlín, 1911. T. XI: Is- 
maelillo, versos sencillos, Habana, 1913. T. XII: Versos, Abdala, 
Amor con amor se paga, Habana, 1913. T. XIII: Crítica y libros, 
ibid., 1914. Versos, San José, 1914. Ramona, nov.. Habana, 1915. En 
Cuba Libre, Habana, 1916. Los Estados Unidos, Madrid, 191 5. La Bi- 
bliografía completa de Martí, en Trelles {Bibl. s. xx, pág. 296) ; Nés- 
tor Carbonell, Martí, Habana, 1913; Roque E. Garrigó, /. Marti, Ha- 
bana, 191 1 ; Rcv. Bibl. Nac, Cuba, año l, t. I, 5-6. 



1 5o SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

39. Año i8/¿. Juan Agustín Barriga (n. 1853-), chile- 
no, orador atildado y elegante, escritor erudito de los de nías 
fama hoy en día, que representa en la literatura chilena el es- 
píritu clásico y el gusto del estilo castizo, publicó desde 1875 
en la Estrella de Chile (t. IX) y en la Rev. de Artes y Letras 
(1884-90), que fundó, poesías y críticas de grande autoridad. 
De la lengua castellana como instrumento del arte literario, 
disc.^ Santiago, 1887. Discursos literarios y notas críticas, ibid., 

PoMPEYO Gener (n. 1 848-), de Barcelona, doctor en Far- 
macia, Ciencias naturales y Medicina, espíritu rebelde, trajo 
el prim/ero á España y propagó en libros, con desenfado, va- 
lentía ó desvergüenza, según los criterios, las filosofías extran- 
jeras panteístas, anticristianas. Es librepensador, filósofo bi- 
lingüe, positivista, literato catalán, francés y castellano, hom- 
bre de bastante cultura, escritor suelto, ingenioso, que se sale 
de lo común y trillado, convencido de sus doctrinas y valiente 
y sincero en declararlas, muy afrancesado en ellas y lenguaje 
poco castizo, por consiguiente, aunque rico de estilo, elegante, 
natural y fácil. "Huyendo de los galicismos, escribe en fran- 
cés", dijo Clarín. 

Eduardo Ladislao Holmberg. argentino, médico y natu- 
ralista, es, además, escritor de tinte soñador, germánico; pero 
de estilo meridional, trasparente, ligero, variado. 

40- M. Pelayo, Heterod., III, pág. 810: "Pompeyo Gener, que ha 
escrito en francés un enorme libro sobre La Muerte y el Diablo, al 
cual puso un prólogo Littré. Gener, ni por su educación ni por sus 
gustos, ni siquiera por la lengua en que escribe, pertenece á Cataluña. 
Es uno de tantos materialistas franceses, que piensa como ellos y es- 
cribe como ellos, y que se mueve en un círculo de ideas enteramente 
distinto del de España. Su libro, feroz y fríamente inípío, corresponde 
á un estado de depravación intelectual mucho más adelantado que el 
nuestro y arguye á la vez conocimientos positivos y lecturas que aquí 
no son frecuentes. Escrito con erudición atropellada, poco segura y 
las más veces no directa, y con cierta falsa brillantez de estilo y pre- 
tensiones coloristas á lo Michelet, contiene, no obstante, caudal de 
información (digámoslo á la inglesa), de que, francamente, no creo 
capaz á ningún otro de los innovadores filosóficos, positivistas ó no 
positivistas, que andan por España." Pomp. Gener: El Origen del 
hombre (arreglo del alemán, del doctor Abendzoth), Barcelona, 1875. 
Justicia en la Revolución y en la Iglesia (de Proudhon, trad.), ibid,. 



S. XIX, 1875. MIGUEL ECHEGARAY l5l 

1877. Heregías, estudio de crítica inductiva sobre asuntos españoles, 
Madrid, 1880; Barcelona, 1887. Contribución al estudio de la evolución 
de las ideas, la muerte y el diablo, historia y filosofía de las dos ne- 
gaciones supremas, dos vols., Barcelona, 1884, 1907- ^^ Exposición 
de París ^n iSpj (ms. en el Archivo municipal de Barcelona). Del 
presente^ del pasado y del futuro, historias, cuentos, leyendas..., Pa- 
rís. El Caso Clarín, monomanía maliciosa de forma impulsiva, Gerona, 
1894. Literaturas malsanas, ibid., 1894; Barcelona, 1900. Amigos v 
maestros, contribución al estudio del espíritu humano á fines del si- 
glo xix^ Barcelona, 1897. Inducciones, ensayos de filosofía y de crí- 
tica con fragmentos de "El Evangelio de la vida^\ Barcelona, 1901. 
Leyendas de amor, ibid., 1902. Historia de la Literatura castellana, 
ibid., 1902. Cosas de España, h(^regías nacionales, el renacimiento en 
Cataluña^ ibid., 1903. Pasión y muerte de Miguel Servet, nov. hist., 
París, 1911. 

Martín García Mérou, Recuerdos Liter., 1915, pág. 303: "Holmberg 
es el producto extraño de un genio exótico en nuestra civilización. Por 
sus antecedentes hereditarios, la sangre que corre en sus venas es 
sangre de patriotas y de argentinos, aunque su abuelo, el Barón de 
Holmberg, que tomó una participación directa en las campañas de la 
independencia, fuera compatriota de Humboldt. En su espíritu se ob- 
serva esta curiosa dualidad: un alma de poeta, apasionada é imagina- 
tiva, y una educación severamente científica, en que predomina el es- 
tudio de las cienoias naturales. Es un médico distinguido, un obser- 
vador sagaz, un discípulo ardoroso de Darwin. Y, sin embargo, es- 
cribe con todas las delicadezas y el vivo sabor de un literato de raza, 
con toda la gracia ligera de un boulevardñer, en un estilo variado, 
rico, expresivo, fecundo, lleno de matices tenues y de fineza humo- 
rística. Los sueños engendrados en las brumas germánicas, las visio- 
nes de Jean Paul, de Uhland y de Hoffmann se' alumbran, en su cabe- 
za desgreñada de soñador, con un rayo luminoso de sol meridional. 
Sus creaciones tendrían un vago parecido con las de Julio Verne, si 
no hubiera en él más medula y preocupación artística y tai vez tam.- 
bién más conciencia científica. Invade todos los terrenos con éxito 
igual... Tiene el don de animar las abstracciones más secas y de cu- 
brir de flores los temas más áridos." Ed. L. Holmberg: Viaje maravi- 
lloso del señor Nic-nac^ fantasía espiritisia (1875). Dos partidos en 
lucha, fantasía científica (1875). El Tipo más original, nov. (en el Ál- 
bum del Hogar). Horacio Kalibango ó los autómatas (1879). Carlos 
Roberto Darwin (1882). La Noche clásica de Walpurgis (1885). Las 
Plagas de Egipto (1895). Nelly (1896). La Bolsa de huesos (1896). 
Apuntes sobre las fuerzas (1904). De siglo á siglo, confer. 

41. Año i8/¡. Miguel Echegaray y Eizaguirre (naci- 
do en 1 848-), de Quintanar de la Orden, hermano del dramático 



1 52 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

don José, estrenó su primera obra en 1866, Cara y criis; estu- 
dió Leyes y Filosofía y Letras; ejerció dos ó tres años la abo- 
gacía y volvió al teatro en 1875, escribiendo su segunda obra; 
Servir para algo. Después estrenó hasta 1 10 piezas, 33 come- 
dias en tres actos, 21 en dos, 32 en uno, 21 zarzuelas. Maneja 
bien algunas intrigas y personajes faranduleros, cómicos y ti- 
tiriteros, con gracia é ingenio. Algunas zarzuelas y comedias 
suyas se han hecho famosas, como El Octavo^ no mentir^ La 
Vieja ley, El Dúo de la Africana^ La Vicjecita, Gigantes y ca- 
bezudos, La Casta Susana, Caridad, Juegos vmlabares, etc. No 
es obra muy fina la suya ni de fino cómico; pero entretiene y 
gusta, generalmiente, y suele haber en el fondo de cada pieza 
algún pensamiento instructivo. 

José de Navarrete y Vela Hidalgo (i 836- i 90 i), de 
Rota, coronel de Artillería, gracioso como fino andaluz, es- 
piritista rabioso y, como suelen serlo los tales, j^ersona exce- 
lente en el trato, escribió, entre otras cosas, el importante libro 
político Las Llaves del Estrecho (1882), poesías y novelas; la 
más hermosa, María de los Angeles (1883). 

•42. Echegaray en carta al autor: "De mis comedias obtuvieron 
gran éxito Sin familia^ El Octavo, no mentir, Contra viento y marea, 
Inocencia, El Enemigo, Meterse á redentor y Caridad. Todas se han he- 
cho multitud de veces, y entre ellas El Octavo, no mentir, continúa con 
fuerza, después de treinta y seis años de vida. Como caso particular y 
curioso puedo citar el de Caridad: fué recibida con aplauso por el pu- 
co pero maltratada por toda la prensa con ensañamiento, parecía con- 
denada al olvido; ha llevado, sin embargo, una vida espléndida; se 
ha representado en Es,paña y América sin interrupción desde que fué 
estrenada ; se ha traducido al alemán ; se está traduciendo al anglés ; 
la han llevado en su repertorio las primeras actrices, y la han repre- 
sentado todas las compañías de aficionados. Mis com'edias Vivir en 
grande, En primera clase. La Vieja ley. Sin solución^ Enseñar al que 
no sabe y Abogar cofitra sí mismo alcanzaron éxito tan grande como 
las citadas anteriormente, pero su vida fué mucho más corta: La Vie- 
ja ley y Vivir en grande consiguieron el favor del público y el elogio 
unánime de la prensa: no han vuelto á representarse'. En cambio. En- 
señar ol que no sabc^ que sólo se dio diez noches en Madrid, se ha 
hecho durante muchos años en provincias, y aun hoy vienen represen- 
taciones. Sin solución es una de mis obras de menos resultado, y, sin 
embargo, una de mis favoritas: el éxito fué de los más grandes que 
he tenido; todo el mundo me aseguraba que' aJlcanzaría un número ex- 



S. XIX, 1875. MIGUEL ECHEGARAY 1 53 

traordinario de representaciones ; pero, desgracñadamente, se engaña- 
ron todos. No era una obra puramente cómica y de mero entre- 
tenimiento como otras tantas mías ; en ella defendía el divorcio, no 
con sermones ni disquisiciones filosóficas, sino presentando un caso 
j)articular, y aquel público meticuloso, que no admitía en escena á 
nadie que no fuera absolutamente; decente, no la quiso ver. A la 
cuarta representación, Mario, por un agujerito del telón, me hizo 
ver la sala: butacas y palcos estaban vacíos. "¿Qué es esto? — le 
''preginité — . ¿No se ha vendido ninguna localidad cara?" "Se han 
"'vendido todas." "¿Y esta soledad?" "El abono no ha querido ve- 
"nir." De mis obras en dos actos figuran en primera fila Los 
Hugonotes, Viajeros de Uitramar, La Seña Francisca, Mimo v 
La Monja descalza. Ninguna alcanzó el éxito de la primera. Los Hu- 
gonotes, en su segunda temporada, se hizo en todos los teatros de Ma- 
drid, y en el de Price, donde actuaba una compañía de zarzuela gran- 
de, suspendió su trabajo para representar algunas noches la obra. En 
un acto fueron las más aplaudidas Servir para algo y Los Demonios 
en el cuerpo. Mis zarzuelas El Dúo de la Africana, La Viejecita, Gi- 
gantes y cabezudos. La Rahalera y Juegos malabares continúan lle- 
nando los carteles; al éxito de El Dúo de la Africana no ha superado 
ninguna otra de su género, singularmente por la extraordinaria be- 
lleza de su música. Realizó, á poco de estrenarse, el milagro de sus- 
pender por algunos momentos una corrida de toros: mientras se arras- 
traba el toro y los caballos que habían m'uerto, la música tocó el gran 
dúo del gran maestro Caballero ; el arrastre había concluido ; pero el 
número, no. El presidente fué á hacer la señal para dar salida al toro, 
y el público se lo impidió; quería oír hasta el final la célebre jota: 
concluyó el número, resonó un aplauso formidable y sólo entonces 
pudo salir al redondel el bicho." Obras de M. Echegaray : 

Cara y cruz, jug., 1866. El Sexo débil, jug., 1875. El Único ejem- 
plar, com., 1876. Abogacía de pobres, jug., 1876. El Número tres, com., 
1876. Servir para algo, com., 1876. Vanitas vanitatum, com., 1877. 
Echar ¡a llave, com., 1877. Haz bien..., com., 1877. Para una coqueta, 
un viejo, com., 1878. Inocencia..., com., 1878. ¡Al Santo, al Santo', 
aprop., 1878. Contra viento y marea, com., 1878. Cómo se empieza, 
com., 1878. U-na comedia y un drama, com., 1879. Como las golondri- 
nas, com., 1879. Champagne frappc, jug., 1879. Ni la paciencia de Job, 
corn., 1879. El Octavo, no mentir, com., 1879. La Fuerza de un niño, 
com., 1880. Escurrir el bulto, com. 1880. Por fuera y por dentro, com., 
1880. La Buena raza, com., 1880. ¡Malditos números!, com., 1880. En- 
señar^ al que no sabe^ com., 1881. La Elocuencia del silencio, com., no 
impresa. Sin familia, com., 1882. De todo un poco, rev. (con Vital 
Aza)^ no im¡presa. El Otro, com., 1883. Un año más, rev. (con Vital 
Aza), no impresa. ¿Pérez ó López?, com., 1883. ¡Pobre Moría!, mon., 
1884. En plena luna de miel, com., 1884. Sin solución, com., 1884. Pen. 
sión de demoisclles, humor, (con Vital Aza), 1884. Caerse de un nido. 



1 54 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

com., 1885. Boda y bautizo, sain. (con V'ital Aza), 1885. En primera 
clase, com., 1886. Un viaje á Suiza, arreglo (con Vital Aza), no im- 
presa. La Mano derecha, jug., 1S86. Los Demonios en el cuerpo, 
com., 1886. Ffiíir en grande, com., 1887. La Lista grande, com., 1887.. 
El Día del sacrificio, jug., 1887. Meterse á redentor, com., 1887. Man- 
zanilla y dinamita, com., 1887. ¡Viva España!, sain., 1887. El Ene- 
migo, com., 1888. Los Hugonotes, com., 1889. Entre parientes, com., 
1889. La Sopa de almendra, aprop., no impresa. Viajeros de Ultra- 
mar, com., 1890. La Vieja ley, com., 1890. ¿Me conoces?, jug., 1890. 
El Tren del botijo, com., no impresa. En casa de la Modista, jug., 
1891. La Niña mimada, com., 1891. La Credencial, com. El Sereno de 
tnii calle, jug., 1891. La Seña Francisca, com., 1892. La Revista, zarz., 
música de Caballero, 1892. Los Hijos de Elena, jug,, 1892. Abogar con- 
tra sí mismo, com., 1893. El Dúo de la Africana, zarz., música de Caba- 
llero, 1893. ^^■^ Tres de la tarde, diálogo, 1894. ¡Al Santo, al Santo!,. 
aprop., 1894. La Mpnja descalza, com. El Domingo de Ramos, zarz., 
música de Bretón, 1895. Fe, esperanza y caridad, jug., 1895. Magda, 
jug., 1896. La Bicicleta, jug., 1896. El Ultimo drama, com., 1896^ 
La Monja descalza, com., 1896. La Viejecita, zarz., música de Caba- 
llero, 1897, Mimo, com., 1898. Gigantes y cabezudos, zarz., música de 
Oaballero. Continental exprés, monól., 1899. Baile de trajes, com., 1900. 
Los Estudiantes, zarz., música de Caballero, 1900. ¡Buen viaje!, 
com., 1901, La Düigencia, zarz., música de Oaballero, 1901. Una cana 
al aire, jug., 1902. El Sombrero de plumas, zarz., música de Chapí,. 
1902. La Casta Susana, jug., música de Valverde (hijo), 1902. La Elo- 
cuencia del silencio, jug., 1902. La Credencial^ com. Caridad, com., 1903. 
Las Alas, dial., 1903. La Sequía, zarz., música de Giménez, no impresa. 
Secreto de confesión, com.. no impresa. Los Tres gorriones, zarz., mú- 
sica de Valverde (hijo), 1905. El Cisne de Lohengrin, zarz., música de 
Chapí, 1905. Moría Luisa, zarz., música de Caballero, 1906. La Ra- 
balera^ zarz., música de Vives, 1907. El Castillo, zarz., música de Nie- 
to y Ortells, 1909. Juegos malabares, zarz., música de Amadeo Vives, 
1910. Mamá Úrsula, com., 1910. Agua de noria, zarz., música de Ama- 
deo Vives, 191 1. Lucha de clases, com., 191 1. El Pretendiente, zarz., 
música de Amadeo Vives, 1913. Balas perdidas, com., 1914. Colección 
de las obras teatrales, 99 obras, impresas de 1866 á 191 1, siete vals. El 
Buen ladrón, zarz., 1918. 

Fué José Navarrete colaborador de la R-cv. de España, La Ilustr. 
Esp., El Mundo Militar, El Globo. Daba tertulias y almuerzos en su 
casa á J. Valera, Ant. Alarcón, Ramón Rodríguez Correa, Ant. Grilo,_ 
Fernández Flórez, etc., todos los domingos. La Cesta de la Plaza, 
com. (1875). Desde W adras á Sevilla, acuarelas de la campaña de 
África, Madrid, 1876, 1880. En los montes de la Mancha, crónica de 
caza, el dram^a de Valle-Alegre, Madrid, 1879. Norte y Sur, recuerdos 
alegres de Vizcaya y mi tierra, 1882. Las Llaves del Estrecho, 1882. 
María de los Angeles, nov., 1883. Sonrisas y lágrimas, 1884. Las Fies- 



S. XIX, 1875. JUSTO SANJURJO 1 35 

tas de toros inupug nadas, 1886. Concepto de ¡a belleza (Rev. España,. 
1881, ts. LXXXII-LXXXilII). 

43. Año 18 j 5. Ramón Sotomayor Valdés, historiador chileno^ 
imparcial, serio y castizo, elegante y clásico, el mejor estilista de los 
historiadores chilenos, periodista político en El Conservador, diplomá- 
tico en Méjico y Bolivia, primer redactor de El Ferrocarril, El Diario 
de Valparaíso, El Mensajero; subsecretario de Hacienda, fundador y 
gerente de un Banco, .publicó Historia de Chile durante los cuarenta 
años desde i8ji á 18/1, Santiago, 1875. Estudio histórico de Bolivia. 
Formación del Diccionario hispanoamericano, Santiago, 1886. 

Enrique de Leguina y Vidal (n. 1842-), madrileño, Barón de la 
Vega de! Hoz, colaborador de La Época, Bolet. Soc, Geográfica, etc., 
de nuestros más entendidos y eruditos anticuarios é historiadores. 
Recuerdos de Cantabria, Madrid, 1875. Apuntes para la historia de 
S. Vicente de la Barquera, i." pte., 1875; 2.^ pte., 1905. Hijos ilustres 
de Santander, tres vols., i8j¡-yy. El P. Rávago, 1876. Juan de la Cosa, 
1877. La Espada, Sevilla, 1885; Madrid, 1887 (en Rev. Esp., t. LV). 
Estudios bibliográficos: La Caza (con F. de Uhagón), Madrid, 1888^ 
índice de libros de esgrimu, ibid., 1891. La Plata española, 1891, 1894.. 
Impresiones artísticas, 1895. Las Campanas de la Giralda, Sevilla, 
1896. Pedro de Villegas Marmolejo, ibid., 1896. La Giralda, ibid.^ 
1896. La Espada de S. Fernando, ibid., 1896. Los Maestros espaderos,. 
ibid., 1897. Espadas históricas, Madrid, 1898. Los Anticuarios en Se- 
villa, Sevilla, 1899. Torneos, Jineta, Rieptos y Desafíos, Madrid, 
1904. Bibliografía é historia de la esgrima española, Madrid, 1904. 
Obras de bronce, arte antiguo, ibid., 1907. Espadas de Carlos V , 1908. 
Las Armas de D. Quijote, 1908. Esmaltes españoles^ 1909. La Iglesia 
de Latas, 1910. Arquetas hispanoárabes, 1911. Glosario de voces de 
armería, 1912. La Espada española, disc. de entrada en la Acad. Hist., 
1914. Obras de hierro, 1914. En la Bibl. Nac. (premiado en 1875) : 
Diccionario bibliográfico de la provincia de Santander. 

Justo Sanjurjo y López de Gomara (n. 1859-). madrileño, que 
pasó á la Argentina (1880), donde fué redactor desde el primer día de 
El Correo Español, dirigió allí El Diario Español y tuvo importantes 
cargos. Publicó El Regreso del soldado, apropós., Madrid, 1875. Sen- 
timientos, poesías, ibid., 1875. En el crimen el castigo, dr., ibid., 1876^ 
Ideas, ibid., 1876. Religión racional. Gante, 1878. Luchas morales, dr., 
Hamburgo, 1879. Los Corazones, nov., Gante, 1879. Las Justicias de 
la tierra, dr., B. Aires, 1883. Gauchos y gringos, com., ibid., 1884. 
Guía gral. de los españoles en la Rcp. Arg., ibid., 1884-85. Locuras- 
humanas, ibid., 1886. El Submarino Peral, apr., ibid., 1888. De paseo 
en Buenos Aires, rev. teatr., 1888, Mar del Plata ilustrado, 1889. Amor 
y Patria, dr., 1890. Valor cívico, dr., 1890. Cartas íntimas, 1890-91.- 
El Baúl de la novia, jug., 1891. La Domadora, com., 1891. La Ciencia 
del bien y del mal, 1891. Curupayty, dr., 1892. Tetuán^ epis. dram.,. 



1 56 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

1892. Planchas y títeres, jug., 1893. La Nueva doctrina, 1893. El Le- 
cjado del iío^ 1893. Cuento de amor, 1894. Esbozos, novelas cortas, 
Mendoza, 1895. Renglones cortos, versos, ibid., 1896-1901. Cuentos 
abstractos, ibid., 1896. Cuentos realas, ibid., 1897. Prismas y nebulo- 
sas, ibid., 1898. En guerra, sonetos, ibid., 1898. Ceres, maestra, ibid., 
1898. El Municipio autónomo y productor, 1898. Educación democrá- 
tica^ ibid., 1899. Castelar, ibid.^ 1899, Influencia de la mujer en la 
■conquista de América, ibid., 1899. La Toga y el azadón, cor{\., ibid., 

1900, Comercio hispanoargentino ibid., 1900. Leyes de honra, ibid., 

1901. Savonarola, ibid., 1901. Orgullo de raza, monól., ibid., 1901. La 
Muñeca, jug., B. Aires, 1902. Melindres de enamorada, com., ibid,, 
1904. La Sombra del presidio, dr., ibid., 1908. Digesto municipal. 

Enrique Nercasseau y Moran (n. 1856-), de Santiago de Chile, 
profesor de Literatura en aquella Universidad, culto y erudito escri- 
tor, publicó Principios de ortografía castellana, 1875. El Hermano 
Cantalicio, hist. que parece novela, 1877. Tratado elemental de métri- 
ca castellana, 1878. Tratado de ortografía castellana, 1S88. Antología 
castellana arcaica, 1893, 1905. Discurso de la traslación de los restos 
de Bello, 1898. Conferencia sobre la Literatura argentina^ 191 1. Confer. 
sobre la Liter. cubana, 1912. Hist. de la Liter. Esp., de Ernesto Méri- 
mée, trad., 1912. Cervantes, su vida y sus obras, seis conferencias, 1912. 
Confer. sobre cómo se rehace la Hist. de la Liter. Esp., 1914. Disc. 
sobre El Diablo Coxuelo, al entrar en la Acad. «Chilena, 1915. Disc. 
á D. Ed. Marquina, en la misma Academia, 1916. 

Antonio Peña y Goñi (1846-1896), de San Sebastián, por seudó- 
nimos El Tío Gil^na, La Señé Pascuala, Caminante, La Seña Toribia, 
El de Córdoba, La Tía Jeroma, Don Jerónimo, Don Iñigo, P. Iñigo, 
critico musical y taurino, decidido wagneriano, trabajador y batalla- 
dor periodista, director con Revilla de La Crítica (1874), escritor en 
El Imparcial, El Liberal, La Lidia (1881), El Globo, La Época, La 
Correspondencia, publicó Barbieri, Madrid, 1875. Impresiones musi- 
cales, 1878. Gounod, 1879. La Opf^ra española y la música dramática 
en España en el s. xix, 1881. El Mefistófeles de A. Boito, 1883. Cuer- 
nos, revista de toros, 1883. Contra la ópera española, 1885. Lagartijo 
y Frascuelo y su tiempo, 1887. El Dr. Thebussem, 1887. Los Gnomos 
de la Alhar.ibra, 1891. Luis Mancin^lli y la Soc. de Conciertos, 1891. 
De buen humor, 1892. La Pelota y los pelotaris, dos ptes., 1892. Ca- 
jón de sastre, 1894. Guerrita, 1894. Cuatro cosas, 1895. Iparraguirre 
y el árbol de Guernica, Bilbao^ 1896. Río revuelto, 1899. 

José del Perojo (1853-1908), de Santiago de Cuba, dirigió desde' 
1875 la Revista Contemporánea, que trajo á España las doctrinay 
librepensadoras y filosóficas de Renán, Strauss, Compte, Lombroso 
y demás positivistas italianos y filósofos alemanes. Fundó La Opinión 
(1886), Nuevo Mundo (1894), El Teatro (1900-4). Fué Gobernador 
dé Manila (1889-90). Publicó Ensayo sobre el movimiento intelectual 
de Alemania, Madrid, 1876. Revista Contemporánea, 1876-1907, 134 



S. XIX, 1875. CARLOS AGUIRRE VARGAS :5j 

vols. Crítica de la razón pura, de Kant, tracl., 1883. Ensayos de polí- 
tica colonial, 1885. Ensayos sobre educación, 1907, 1908. La Educación 
española, 1908. M. Pelayo, Heterod-, III, pág. 809: "Tampoco se oye 
hablar ya del ne'okantismo, que importó de la Universidad de Hei- 
delberg el señor don José del Perojo, discípulo de Kuno Fischer, y 
autor de unos Ensayos sobre el movimiento intelectual de Alemania, 
incluidos en el índice romano. Perojo, con imprenta propia y con la 
Revista Contemporánea por órgano, inició una reacción desaforada 
contra el krausisin/o, congregó á todos los tránsfugas de la cscueía, en- 
tre los cuales se distinguía el malogrado é ingenioso critico iliterario 
don Manuel de la Revilla ; formó alianza estrecha con los positivistas 
catalanes y comenzó á inundar á España con todos los frutos de la im- 
piedad moderna y antigua, sin distinción de escuelas ni sistemas, desde 
Benito Espinosa y Voltaire hasta Herbert Spencer, Darwin, Draper, 
Bagehot y otros de toda Baya. En la Rev. Contonporánca y en las dis- 
cusiones del Ateneo sobre la actual dirección de las ciencias filosófi- 
cas (1875), dio por primera vez señales de vida en España la escuela 
de Compte y de' Littré, mucho más que la de Stuart-Mill ni la de Her- 
bert Spencer." 

Rodrigo Amador de los Ríos y Villalta (1843-1917), madrileño,, 
hijo de don José, abogado y catedrático de la Central, colaborador de 
Rev. Archiv., arqueólogo eminente, publicó Inscripciones árabes de 
Sevilla^ Madrid, 1875. Inscripciones árabes de Córdoba, ibid., 1879^ 
1898. Inéditas dejó las de Toledo y Almería. Museo Arqueológico 
Nacional, memoria acerca de algunas inscripciones, 1883. El Palacio 
encantado, leyenda histórica árabegranadina, 1885. La Leyenda del 
Key Bermejo, Barcelona, 1890. Las Pinturas de la Alhambra, 1891. 
Trofeos militares de la Reconquista, Madrid, 1893. Las Ruinas del 
Monasterio de S. Pedro de Arlanza, ibid., 1896. La Hermita del S.. 
Cristo de la Luz en Toledo, 1899. El Anfiteatro de Itálica, 1916. Pu- 
blicó los tomos de Murcia, Albacete, Huelva, Santander v Burgos de 
la colección España y sus morumientos ; el tomo Toledo de los monu- 
mentos arquitectónicos de España. En la Rev, España: Episodios mi- 
litares (1884-86). Apuntes acerca de las enseñas militares en Castilla 
durante la Edad Media (1885, t. CVII). El Libro verde de Aragón 
(1885, ts. OV-CVI). Episodios históricos de la (guerra de la Indepen- 
dencia (1886, t. CVIII). Crítica arqueológica (1876, t. XLVÍI). Apun- 
tes para la hist. monumental de Sevilla (1885, t. CIII). Id. de Córdo- 
ba (1885, t. CIV). Id. de Burgos (1887, t. CXVIII). Aixa, leyenda gra- 
nadina (1883). La Capilla de Villaviciosa en... Córdoba (1882,. 
t. LXXXVII). Poesías de José Velilla (1876, t. XLVIII). Los Ar- 
queólogos españoles... (1884^ t. XCIX). En Esp. Moderna unos 27 
trabajos (1898-1910), y otros muchos en otras revistas. 

44. Año i8/¿. Carlos Aguirre Vargas (1852-1886), jurista chi- 
leno, publicó en La Estrella de Chile algunos trabajos literarios .-^ 



158 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

Apreciaciones sobre la historia nacional (t. \^, pág. 737). Versifica- 
dores y no poetas (ibid., pág. 895). La Madona de Imbevera (t. XII, 
págs. 588 y 622), La Hija del molinero (t. XIII, pág. 503). La Poesía 
del coloniaje (t. XV, pág. 597). — Pelayo Alcalá Gall\no, capitán de 
Fragata, publicó Estudios sobre la vida y las obras dd célebre marino 
D. José Mendoza de los Ríos {Rev. Esp., 1875, t, XLII). Palacio del 
Marqués de S. Crus en el Viso, Madrid, 1888. — ^Esteban Alejandro 
publicó César el Pirata ó episodios del sitio de Chillan en 181^, nov. 
hist., Santiago de Chile. 1875. — Matilde Alonso Gaínz.\ publicó Leila 
ó pruebas de un espíritu, Barcelona, 1875, dos vols. Inspiraciones, 
poesías postumas, Barcelona, 1899. — José Alvarez Pérez publicó 
Aventuras de tres voluntarios, nov., Madrid (1875?). Un drama en el 
Áesierto, ibid., 1878. — R.-w^ión Alvarez de la Braña (1837-1906), de 
Nova, archivero, jubilado en 1903, escribió en muchos periódicos y 
publicó Catálogos de la Biblioteca provincial de León, ibid., 1875, 
1897, 1905. Gxiía del viajero en Santiago, León, 1876. Biblioteca pro- 
vincial Legionense, ibid., 1884. Galicia^ León y Asturias, 1894. Roland 
y D. Gutierre, novelitas hist., León, 1895-96. Siglas y abrezñaturas la- 
tinas, León. Consúltese Rcv. Archiv., 1903 (t. IX), y 1906 (t. XTV). — 
Calixto de Andrés Tomé publicó Edissa ó los israelitas de Segovia, 
novela histórícorreligiosa, Cuenca, 1875. — Antología Española, por 
C. M. de Vasconcellos, Leipzig, 1875. — Tomás de Asensi publicó Bo- 
cetos, poesías, Madrid, 1875. — José Valaki y Jovany (1844-1901), de 
Barcelona profesor de Taquigrafía y catedrático de griego en aquella 
Universidad, publicó Historia de la taquigrafía de los griegos y roma- 
nos, Barcelona, 1875. Historia de la R. Academia de Ciencias naturales 
y Artes de Barcelona, 1893. Historia de la Universidad de Barce- 
lona., 1896. Orígenes históricos de Cataluña, 1909. Consúltese Re- 
vista de Archivos, 1904 (Ag.). — 'Manuel Barros publicó Ocios de un 
peregrino, Buenos Aires, 1875. — Ramón Barros Sivelo publicó Anti- 
güedades de Galicia, Coruña, 1875. — Antonio Julián Bastinos (nacido 
en 1838-), de Barcelona, editor, fundador de El Monitor de Prim. Ense- 
ñanza (1859); director de Los Niños (1883-86), publicó Cuentos orien- 
tales, Barcelona, 1875. Geografía pintoresca, viajes alrededor del mim- 
do, ibid., 1887. Hojas secas, escritos, tres vols., 1894. Los Maestros can- 
tores, 1895. Siemprevivas y amapolas, 1895. Cuentos americanos, 1896. 
El Buen Misántropo, 1908. Invernada, nov. 1908. Oro, memorias de 
otros tiempos, 1908. Exóticas, narraciones ultramarinas, 1909. Mis me- 
morias^ 1912. Arfe dramático español contemporáneo, 1914. — José Be- 
cerra Armesto, político, redactor de La Nación (1864-66) y La Prensil 
(1880). director de La Discusión (1901), publicó El Verano en Galicia 
{Rcv. España, 1875, t. XLIV). Una excursión á Extremadura (ibid., 
1S79, t. LXVII). Las Torres de Altamira, leyenda compostelana, 
1880-81 (Rev. España) ; Madrid, 1883. — Enrique G. Bedmar estrenó 
Pedro Jiménez, jug., 1875. — José David Berrios publicó Recuerdos 
de Potosí, leyendas en verso. Potosí, 1875. Atahualpa y Pizarra, dr. 



S. XIX, 1875. ÁNGEL POLIBIO CHAVES 1 59 

liist., Potosí, 1879. — Biografía del Exctno. Sr. D. Manuel Pavía y 
Lacy, Marqués de Novaliches^ publicada en 186 1, continuad-a hasta 
186/ y aumentada basta 1875 P^^ diversos autores, Madrid, 1875. — 
José Félix Blanco y Ramón Azpurua publicaron Documentos para la- 
hist. de la vida pública del Libertador, 14 vols., Caracas, 1875-77. — 
Federico de Botella y de Hornos (f 1900), geólogo, publicó La Ciu- 
.dad encantada, Hoces^ Salegas y Torcas, de la provincia de Cuenca, 
Madrid, 1875. — ^Andrés Brieva publicó Ensayos poéticos, Soria, 
2875. — 'Ricardo Caballero y Martínez escribió para el teatro: Ecos 
lie noche buena. Para una modista..., un sastre, 1875. El Quinto moíi- 
■damicnto. Los Dos corazones, 1878. Fiestas de antaño. Los Cazadores, 
1879. El Tiem-po es oro. La Caridad en la guerra. La Familia de 
Agamenón. La Tía de mi mujer. Arte de birlibirloque ^ 1883. Además 
publicó Escenas populares, Cartagena, 1881. Cantos del pueblo, Ma- 
drid, 1884. — Francisco Calatrava, abogado, piiblicó Miscelánea, estu- 
dios poUticohistóricos, Madrid, 1875. La Abolición de los fueros vas- 
conavarros, 1876. Estudios filosóficos, histór. y políticos, 1904. — Luis 
Calvo y Revilla, hermano de los actores famosos, redactor de La 
República Ibérica (1869), escribió para el teatro, de 1875 á 1891, so- 
l)re todo, Quinto Sertorio (1875), Amar á ciegas, El Laso eterno. El 
Crédito del vicio (1890), La Balanza de la vida, drama, 1891 ; La Vida 
■eterna (1902). — Cancionero de Evora, M, S. publié d'aprcs le manus- 
cripte original... par Víctor Eugcne Hardung, Lisboa, 1875, con mu- 
<:has composiciones castellanas del s. xvi. Otro Cancionero M. S. del 
Vizconde de Juromciiha, con el título de Manuscripto antigo de Ca- 
■nioens, Sá de Miranda y otros... En Zeitchrift für ro'm, philologie, 
^.. VIII, págs. 598-632, publicó doña Ciar. Michaelis áe Vasconcellos el 
índice de este cancionero y un extracto de las poesías castellanas de poe- 
tas portugueses, y son 21 trovas, villancetes, cantigas, sonetos, octavas, 
pavanas y glosas. — Cancionero moderno de obras alegres, Londres, 1875^ 
— Cantares de Vuelta Abajo, recopilados por un Guajiro, 1875, 1876. 
— 'Agustín de B. Caravantes publicó La Lira de Apolo, Méjico, 1875. 
" — Valentín Cátala publicó Ejercicios poéticos en mis noches de in- 
somnio. Habana, 1875. La Dalia negra, 1875. ^^ Higiene de los lite- 
ratos, ibid., 1876. — Vicente Catalina, magistral de Alcalá, canónigo de 
Albarracín, deán de Huesca, publicó Álbum de Predicadores, Córdo- 
"ba, 1875; Alcalá, 1876; Huesca, 1893, tres vols. — Rafael Celedón 
"(^833-1902), de San Juan de César (Colombia), presbítero y perio- 
dista, misionero y después obispo de Santa Marta (1891), publicó Ro- 
sario poético, París, 1875, 1885. Gramática goagira, ibid., 1878. Pío IX 
y el Concilio Vaticano, poema clásico en 16 cantos, Bogotá, 1884. La 
Logia en Sudamérica, diálogos, París, 1885. Canto Cero del Infierno 
■de Dante y Égloga IV de Virgilio, ibid., 1885. Gramática castellana. 
Curazao, 1S89. — Felipe de la Corte y Ruano Calderón publicó Me- 
•moria descriptiva é histórica de las islas Marianas y otras, Madrid, 
1875; la m>ejor obra sobre este asunto. — La Cruz, rev. relig., Madrid. 



1 6o SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-18S7) 

1875-1901, 44 tomos. — Ángel Polibio Chaves (n. 1855-), de Guaranda 
en el Ecuador, publicó Prontuario militar, Ecos de la cárcel, Cantos 
del Proscrito, Versos, Artículos, Recortes. — Matilde Cherner, por 
seudónimo Rafael Luna, fallecida en 1880 de muerte lamentable, co- 
laboró en El Tiempo, La Ilustración de la Mujer (1875-80), La Ma- 
ñana (1878), y publicó Las Mujeres pintadas por sí mistnas, cartas á 
Sofía, 1875 (en La llustr. de la Mujer). Juicio crítico de las novelas 
ejemplares de Cervantes, Sevilla, 1878. Las Tres leyes, nov., 1878 (en 
Rev. Esp., ts. LXII-LXV). Ocaso y aurora, nov., Madrid, 1879. El 
Miserere de Doyagüe, 1880 (en Rev. Esp., t. LXXIV). María Magda- 
lena, estudio social, 1880. — Alirio Díaz Guerra (n. 1862-), de Tunja 
(Colombia), publicó sus primeros versos en 1875. Ensayos literarios, 
Bogotá, 1882. La Madre Cayetana, poema, ibid., 1883. Carta de desa- 
fío, ibid., 1883. Boyacá, ibid., 1884. La Inundación, poema, ibid., 1885. 
Alberto, poema., ibid., 1890. Poesías, ibid., 1893. — Manuel José Díaz 
Y Cruz (1855-1874), habanero: Poesías, Habana, 1875. — Diccionario 
pictórico, biografías, Sevilla, 1875. — La Dominación española en Mé- 
xico, Méjico, 1875, cuatro vols. — Felipe Ducazcal y Lasheras 
(1845-1891), madrileño, empresario teatral desde 1875 ^ impresor, 
fundó el Heraldo de Madrid, donde publicó artículos. — Joaquín M.* 
Enrile y Méndez de Sotomayor publicó Historia de la ciudad g> 
Medina Sidonia que dejó inédita el Dr. D. Francisco Martínez Del- 
gado, Cádiz, 1875. — Manuel M.* Escobar publicó Cerca del trono, 
episodio, México, 1875. — Enrique Escrig González publicó Ensayos 
poéticos, Valencia, 1875. — Francisco Fernández Soto, español: Olas 
y flores, poesías, Remjedios (Cuba), 1875. — Gaspar Fernández Bun- 
zÚNEGUi publicó El Apóstol Santiago..., su vida, su apostolado, su 
glor. martirio, Santiago, 1875. — José M.^ Fernández Sánchez publi- 
có Curso completo de Historia universal, Barcelona, 1875. Santiago, 
Jerusalén, Roma, Santiago, 1881-82-84, tres vols. (con Francisco Frei- 
ré Barreiro). Guía de Santiago y sus alrededores, 1885 (con id.). — 
Emilio Figueroa publicó Cantares, Madrid, 1875. — Emiliano de los 
Santos Fuentes y Betancourt, presbítero, publicó Frutos primave- 
rales, artíc. liter.. Habana, 1875. Aparición y desarrollo de la poesía 
en Cuba, tesis para la Univ. de Lima, Lima, 1877. La Poesía y sus 
géneros fundamentales, Madrid, 1877. Luisa Peres de Zambrana, San- 
tiago de Cuba, 1879. Páginas políticas, ibid., 1885. Los Grandes líricos 
españoles contemporáneos, México, 1885, 1887. — José Fuertes Alva- 
rez estrenó La Noche triste, 1875. — A. E. M. García publicó Colec- 
ción de cincuenta apólogos morales, satíricos y literarios, en verso^ 
Madrid, 1875. — José García Berenguer estrenó Martirio del corazón, 
drama, Sevilla, 1875. — Francisco Carvayo publicó Consideraciones 
generales sobre la guerra ciiñl en las Prozñncias Vascongadas y Na- 
varra, Madrid, 1875. — 'Francisco de Paula Gelabert (1834- 1894), ha- 
banero, publicó Cuadros de costumbres cubanas, Habana, 1875. Un 
secreto y un secretario, nov. — Arturo Gil de S.antibáñez estrenó Los 



S, XIX, 1875. MIGUEL LOBO Y MALAGAMBA 161 

dos Alarcones, comedia, 1875. La Herencia de un Rey, drama (con 
C L. Cuenca), 1875. Poesías inéditas, Madrid, 1885. — Lope Gisbert 
publicó Historias, escenas y costumbres murcianas {Rev. España, 1876, 
ts. LII-LIII). La Hazaña de los cuarenta, romance (ibid., 1875, 
t. XLIV). Luz, idilio de la huerta de Murcia, nov., Madrid (1908). — 
Celestino González Santos, catedrático de Granada, publicó La Al- 
hambra y el suspiro del moro, poema en dísticos latinos, Burgos, 1875. 
Ubaldo Ramón Guerra, nrontevideano, diputado, ha publicado poe- 
sías apasionadas y de fresca inspiración y correcta forma en todos los 
periódicos. — ■]. R. Gutiérrez, boliviano, publicó Datos para la biblio- 
grafía boliviana, La Paz, 1875. — Federico Hernández y Alejandro 
publicó La Unidad de cultos, Valladolid, 1875. Cervantes y Colón, 
ibid., 1876. El Archivo de Simancas, ibid., 1878. Juicio crítico de cua- 
tro obras de Calderón, 18S1. La Caridad y la beneficencia, ideas y ac- 
tos de S, Teresa. Estudio acerca de las Moradas, 1882. Por tierras de 
Flandes. Mis recuerdos de Pompeya. Pequeñas biografías de castella- 
nos ilustres. Lo que siento y lo que pienso, Madrid, 1913. — Manuel 
Herrero y Espinosa, de Mercedes (Urugaay), jurisconsulto, fundador 
con Salterain y otros de La Revista; con Jiménez de Arrechaga y Te- 
rra de La Rev. del Plata, publicó José Pedro Várela. Como político 
fundó El Nacional, fué diputado y ministro y del Consejo de Estado 
(1898), catedrático, y en sus mocedades, novelista, crítico, cuentista 
y versificador becqueriano. Publicó en Rev. del Plata (1882) un ensa- 
yo de novela, y antes había escrito un juicio crítico de Bécquer. — Ha- 
menaje poético á S. M. el Rey D. Alfonso XII en su feliz adveni- 
miento..., poesías de 55 ingenios, Madrid, 1875. — Horas alegres, poes. 
festivas, iMéjico, 1875. — Isabel ó las luchas del corazón, novela, Ma- 
drid, 1875, dos vols. — íSaturnino Jiménez Enrich, viajero mallor- 
quín, escritor en La Gaceta Popular (1873), en La Crónica de Cata- 
luña, La Academia y Bolet. Socied. Geográfica, por seud. Juan de 
Niza, publicó Historia de los Alfonsos de Castilla y Aragón..., Bar- 
celona (1875), dos vols. — Guillermo Ireland Knapp (1835-1908), pro- 
fesor de la Universidad de Chicago, excelente escritor en castellano 
y muy erudito, publicó Las Obras de Juan de Boscán, Madrid, 1875. 
Obras poéticas de Diego Hurtado de Mendoza, ibid., 1877. A Gram- 
mar of the Modern Spanish Language, Boston, 1882. Modcrn Spa- 
nish Readings, ibid., 1883. Concise BibUography of Spanish Gram- 
mars and Dictionaries (1490-1780), ibid., 1884. — Manuel Larrain- 
ZAR (1809-1884), mejicano, publicó, sobre todo. Estudios sobre la 
historia de América, sus ruinas v antigüedades, México, 1875-78, 
cinco vols. — Agustín Fernando de La Serna publicó La Restau- 
ración y el Rey en el ejército del Norte, 1875. El Primer año de 
«n reinado, 1878. Honor sin honra, dr., 1879. — Pedro Laso de los 
Vélkz publicó Colección de los mejores autores americanos, Barce- 
lona, 1875, dos vols. Puetas de Cuba y Puerto Rico, colecc, ibid., 1875. 
— -Miguel Lobo y Malagamba (1821-1876), de San Fernando, gene- 



102 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

ral de Marina, escribió elegantemente la Historia general de las anti- 
guas colonias hispanoamericanas, Madrid, 1875, tres vols. — Félix de 
León y Olalla publicó Oda al dos de Mayo, Madrid, 1875. — ^Fran'- 
cisco Macarro estrenó El S. Antonio de Mítrillo, 1875. Bernardo del 
Carpió, drama, 1876. Currito, jug., 1884. — Rafael Machado y Jáure- 
GUi (n. 1834-), de Guatemala, pasó á 'Costa Rica (1872), donde fué 
jurisconsulto, profesor, periodista y orador político; publicó Amor, 
esperanza y fe, versos, 1875. Poesías, San José de Costa Rica, 1887. — 
Enrique Manera publicó El Ramo de boda, novela, Sevilla, 1875. — 
Ramón Marsal, autor del género chico, estrenó De mal en peor, 1875. 
Errar el golpe, comedia, 1882. ¡Paso atrás!, comedia, 1883. De la 
quinta el sétimo, comedia, 1885. La Plaza Mayor el día de Noche- 
Buena, saínete, 1885. Agencia teatral, 1885. Se aguó la fiesta, jugue- 
te, 1885. Término medio, zarzuela, 1885. ¡Puf!, juguete, 1888. La Se- 
ñora no quiere comer sola, com. (con Miguel S. Román), 191 1. — 
Esteban Melón é Ibarra (n. 1852-), de Logroño, catedrático en la 
Universidad de Zaragoza, publicó Período clásico de la antigüe- 
dad, Logroño, 1875. E¿ Cristianismo y las Naciones germánicas, ibi- 
dem, 1877. El Feudalismo europeo, ibidem, 1880. Las Cruzadas, 
Zaragoza, 1901. Consideraciones sobre la filosofía de la histo- 
ria..., íbid., 1901. — iEl tadre Joaquín Monje publicó La Lira Paceña, 
versos de La Paz (Bolívía), íbid., 1875. — Federico Montolieu, fran- 
cés, gobernador del territorio venezolano del Amazonas (1878), publi- 
có en los periódicos de Caracas estudios curiosos desde 1875, que pue- 
den verse en la Bibliografía venczolanista, de Manuel S. Sánchez. — 
Rafael Montoro (n. 1852-), habanero diputado, secretario de Hacien- 
da (1898), ministro en Inglaterra (1903), secretario del Presidente 
(1913), publicó El Realismo en el arte dramático, Madrid, 1875. La 
Polémica sobre el panentheísnw, 1875. El Mo^ñmiento intelectual en 
Alemania {Rez\ Europ., 1875). Una defensa de María Tudor (Rev. 
Contemp., 1876). Otros estudios, en la misma revista. Discursos polí- 
ticos, Filadelfia, 1894. — ^JosÉ Moreno de Monroy, poeta cordobés, 
colaborador de El Bazar (1874-75), publicó Preludios, poesías líricas, 
Madrid, 1875. — 'Daniel Muñoz, montevideano, por seud. Sansón Ca- 
rrasco, director de La Razón, excelente articulista de costumbres, 
prosista español en el fraseo, elegante, pintoresco y vivo, humorista 
intencionado, escribió artículos de costumbres y Crispina, bosquejo 
de un romance de amor, Montevideo, 1885, novela elegante, de pun-- 
zante realismo, contra la clausura religiosa. — Gaspar Muro publicó 
Vida de la Princesa de Eboli, Madrid, 1877 (véase en Rcz'. España, 
1875, t. XLIII) ; en francés, París, 1878. — Juan Navarro Reverter, 
político y académico á fuerza de empujar, sin otros méritos que Del 
Turia al Danubio, memorias de la Exposición universal de Viena, Va- 
lencia, 1875. Discursos (1896), Madrid, 1896. El Renacimiento de la 
poesía provenzal en España, 1914 (recep. Acad.). Teodoro Llórente, 
su vida y sus obras. Barcelona (s. a.). — Mem-orias de Matías de No- 



S. XIX, 1875. ALEJANDRO PIDAL Y MON 163 

VOA, ayuda de Cántara de Felipe IV. Primera parte hasta ahora co- 
nocida bajo el título de Historia de Felipe III, Madrid, 1875, dos vols. 
— iSerafín Olave y Díez, diputado por Navarra, publicó Reseña hist. 
M análisis comparativo de las constituciones f orales de Navarra, Ara- 
gón, Cataluña y Valencia, Madrid, 1875. La Unión aragonesa y el pac- 
ió de Sobrarte, Pamplona, 1877. — José Olier Senra (n. 1840-). sevi- 
llano, director de El Tío Clarini (187...), autor de bastantes obras tea- 
trales, estrenó La Redención del pecado (2.* pte. de Los Pobres de 
Madrid), dr. (con Pedro J. Moreno), 1875. El Premio de la virtud, 
aprop., Madrid, 1877. Por cambiar de domicilio zarz., 1877. Celos, 
'Veneno y suegra, jug., 1878. Un modelo de suegras, jug., 1880. ¿Dón- 
de está mi hija?, jug., 1880. Trabajar con fruto, 1881. Errar la cura, 
com., 1882. ¡Firme, coronel!, com., 1882. Enredos y compromisos, 
jug., 1883. Un calamar y una trucha, jug., 1883. Viva Cuba española 
(con V. Marquina). — Ramón Pacheco, chileno, novelista por entre- 
gas, de fervor apostólico anticlerical y libertario, de fácil esltilo, co- 
menzó á publicar novelas históricas en 1875, y varias sobre la guerra 
del Perú. Aventuras de Enrique en la Exposición internacional, 1875. 
La Novia de un viejo. Las Revelaciones de ultrattumba. Cartas á mi 
esposa. El Subterráneo de los jesuítas, dos vols., 1878, 1899. Las Hijas 
de la noche. Generala Buendía. La Chilena mártir, dos vols., Iquique, 
1883. — I José Palles y Llordés publicó Año de María ó colección de 
noticias históricas, leyendas^ ejemplos..., Barcelona, 1875-77, ^^is vols. 
Los Dolores de María, descritos en forma episódica y dialogada, P>ar- 
celona, 1879, tres vols. La Cubica, novela, 1899. La Arrepentida, no- 
vela, 1905. — Diego Ignacio Parada y Barreto (1831-18S1), de Jerez 
de la Frontera, médico, publicó Hombres ilustres de la ciudad de Je- 
rez de la Frontera, ibid., 1875. Escritoras y eruditas españolas..., 
Madrid, 1881. — Amancio Peratoner publicó Historia del libertinaje, 
Barcelona, 1875, dos vols. Flores varias del parnaso (de varios), 
ibid., 1S76. Venus picaresca, nuevo ramillete de poesías festivas de- 
bidas á la juguetona musa de nuestros vates: Quevedo, Alcázar, Ga- 
llardo, Trillo, Iglesias, etc-, finalizando con la preciosa sátira de Var- 
gas Ponce: Proclama del solterón, ibid., 1881. Historia del amor des- 
de la creación, 1885, dos vols. Museo epigramático, Barcelona. — Ma- 
nuel Pérez Díaz publicó El Español en América, poema social, Mé- 
xico, 1875. -^^ Casa solariega, poesías. Puebla, 1891. — Manuel Pérez 
Villamil (-j- 1917), archivero, redactor de Altar y Trono y El Siglo 
Futuro, director de La Ihtstr. Cat. (1880-87), publicó Una visita al 
Monasterio de Huerta, Sigüenza, 1875. La Catedral de Sigüenza, 
Madrid, 1899. Artes é industrias del Buen Retiro, 190^. La Tradición 
indígena en la histor. de nuestras artes industriales, 1907 (disc. recep. 
Acad. Hist.). Relaciones topográficas de España, Guadalajara, Ma- 
drid, 1912-1915 {Memorial hist. esp.). — Alejandro Pidal y Mon 
(f ^9^3)» asturiano, de la Academia, no se sabe por qué y {¡horresco 
referens!) director de ella, pospuesto Menéndez y Pelayo; publicó San- 



164 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (iS/O-iSS/) 

to Tomás de Aqidno, vida, reliquias, obras, Madrid, 1875. El Triunfo 
de los jesuítas en Francia, 1880. Discursos y artículos literarios, 1887 
(Escrit. Cast.). Discurso en elogio de Tanwyo, 1899. Doña Isabel la 
Catól, y S. Teresa, 1906. Discurso en la Acad., 1908. El Retrato de 
Cervantes, conf., 1912. Las Navas de Tolosa, disc, 1913. Doña Isabel 
la Cat. y S. Teresa, disc, 1913. — A. Pissis publicó Geografía física 
de la Rep. de Chile, París, 1875. — Poetas de la América meridional, 
Madrid, 1875. — ^José Manuel Quintín (n. 1845-), conde de Campos ofi- 
cial carlista, publicó en París A los defensores de D. Carlos, 1875. 
El Sitio de Bilbao, 1876. A mis hijos y á la juventud en general, 1877. 
Los Vengadores de hoy, 1880. El León domado por el cordero, 1884. 
— Revista contemporánea, Madrid, 1875-1907, 134 ts., fundada por 
José del Perojo. — Revista Semanal ^'La Ondina del Plata", de litera- 
tura y modas, dirigida por Luis T. Pintos, B. Aires, 1875-79. — José 
R. Rodríguez, de Puerto Rico, publicó Datos para la Bibliografía Bo- 
liviana, La Paz, 1875 y 18S0. — Lucas Rodríguez: Romancero histo- 
riado con mucha variedad de glosas y sonetos, Madrid, 1875 (Libr. 
rar. y cur.). — José M." Rojas (n. 1828-), de Caracas, Marqués de Ro- 
jas, ministro de Venezuela en España, excelente literato, publicó 
Biblioteca de Escritores Venezolanos contemporáneos, París, 1875. 
El General Miranda, ibid., 1884. Las Fronteras de Venezuela, ibid., 
1891. D. M. Mcnéndez Pelayo y la Antología Hispanoamericana, ibid., 
1894. Tiempo perdido, colecc. de escritos sobre liter. y hacienda pií- 
hlica, ibid., 1905. — Romancero, Madrid, 1875, dos vols. — Pablo Ro- 
mero, canario, publicó Flores del alma, poesías. Las Palmas, 1858. 
Recuerdes y suspiros, poesías, 1875. — Adela Sánchez Cantos, colabo- 
radora en periódicos de Madrid y Barcelona (1875-96), publicó El 
Fruto de la envidia, nov., IMadrid, 1875. La Víctima de la ambición^ 
nov., 1875. Venganza y abnegación, nov., 1877. La Mártir de su honra, 
drama, Toledo, 1878. Para ellas, colección de novclitas y cuentos, 
Barcelona, 1896. — Eduardo Sánchez de Castilla (f 1899), que es- 
cribió en El Bazar (1875), La Ilustr. Esp. (1875-90), Blanco y Negro 
(1S91), La Edad Dichosa (1893), La Rcv. Moderna (1897), autor dei 
género chico, estrenó Ayudar á caer, 1875. -^^ Peor remedio, 1877. Un 
lance peliagudo, 1877. Caiga el que caiga, 1877. El Equilibrio europeo, 
1878. Sin atadero, aprop., 1880. Seguidillas, jug., 1S81. Los Verdero- 
nes, dispar, (con Manuel Gómez de Cádiz), 1881. Los Manguitos, 
jug., 1882. Oler donde guisan, 1882. La Estatura de papá, 1882. / Va- 
liente noche!, 18P.?. Ni á tres tirones, 1882. Doctor en Medicina, 1883. 
La Trucha de oro, 1884. ¡Sola!, com., 1884. Pirindola, nov., M,'adrid, 
1886. — ^Ricardo Solans estrenó La Jaula de oro, com., 1875. — Sofía 
Tartilán (f 1888), redactora de La Caza (1865-68), colaboradora de 
El Mediodía (de Málaga) y Rev. Contemp., directora de La Ilustrac. de 
la Mujer (1873-76), escribió literatura de educación popular. Historia 
de la crítica, Sevilla, 1875. Páginas para la educación popular, Madrid, 
1877. Colección de anécdotas y cuentos. Colección de estudios históri- 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉXDEZ Y PELAYO 1 65 

COS. La Ofrenda de las hadas, Madrid, 1877. La Caja de hierro, nov., 
Estudios sobre liter. árabe en España. Costumbres populares, 1880, 
con pról. de Mesonero Romanos. — Miguel Tejera, venezolano, pu- 
blicó Venezuela pintoresca é ilustrada, relación histórica, geográfica, 
estad., París, 1875, dos vols. — Margarita Van-Halex publicó Un conde 
condenado, nov., Madrid, 1875. — 'Carlos Vieyra de Abreu, fundador 
de La Lira, El Eco de Europa, La Correspondencia Religiosa y EL 
Sport (1888-92), publicó El Libro de los recuerdos, poesías líricas, 
Madrid, 1875. Pequeños poemas, iSyy. Dos pequeños poemas, 1879. 
Rafael Sandio, 1879. Poesías, leyendas y poemas, 1880. Doña María 
Coronel, 1883. Leyendas y tradiciones, 1901. — Eduardo María Vila- 
rrasa publicó Historia de la revolución de Setiembre, Barcelona, 1875, 
dos vols. — Mariano Yagüe y Fernández (n. 1843-), misionero y elo- 
cuente predicador murciano, publicó La Cátedra sagrada, obra predi- 
cable, Madrid, 1875-76, seis vols. 

45. 'Año 18/6. Marcelino Menéndez y Pelayo (1856- 
1912)^ de Santander, donde llegó á bachillerarse (1871), estu- 
dió Filosofía y Letras dos años en Barcelona y hasta doctorar- 
se (1875) en Aíadrid, habiéndose licenciado en Valladolid el 
año anterior, donde intimó con el profesor Gumersindo La- 
verde Ruiz. Carteóse con él (1874-90) y por su consejo publicó 
(1876) en la Revisto Europea siete Cartas, refutando á Azcá- 
rate y Revilla, que negaban hubiese habido filosofía en Espa- 
ña. Nuevas polémicas en La España Católica (1879) con su 
director, Alejandro Pidal y Mon, sobre la filosofía escolástica, 
y con Perojo, en defensa de la filosofía española, dieron ma- 
teria, con las siete cartas anteriores, para su obra La Ciencia 
Española, 1880. Pensionado por el Ayuntamiento y Diputación 
santanderina para hacer indagaciones bibliográficas en biblio- 
tecas extranjeras, estuvo en Portugal (1876), Italia, París y 
Bélgica (1877). Ganó por oposición la cátedra de Historia crí- 
tica de la Literatura Española en la Central (1878) y publicó 
los Heterodoxos españoles, ts. I y II, 1880; t. III, 1882. Fué 
elegido académico de la Lengua (1881) y de la Historia (1882) 
y publicó el primer tomo de las Ideas estéticas (1883-91). Con 
el Gabinete de Cánovas, siendo Alejandro Pidal ministro de 
Fomento (1884-85), y con el de Sagasta (1885-86) fué diputa- 
do por Palma de Mallorca. Comenzó en 1887 la impresión del 
Ensayo, de Gallardo; fué nombrado (1889) bibliotecario inte- 
rino de la Academia de la Historia v académico de Ciencias 



l6Ó SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

morales y políticas. Muerto Laverde (1890), M. Pdayo, hasta 
entonces humanista é historiador de la filosofía, dióse de lleno 
á la historia de la literatura castellana, publicando el tomo I 
de la Antología de poetas líricos (1890-1908) y el de las Obras 
de Lope (1890-1902). Fué diputado á Cortes por Zaragoza 
(1891-92) y senador por la Universidad de Oviedo (1893-95) 
y por la Academia Española (1899-1912), Nombrado defini- 
tivamente bibliotecario de la Academia de la Historia (1892), 
pasóse á vivir al desván de aquella casa, donde permaneció ei 
resto de sus días, aunque escapándose á Santander cuanto se lo 
permitían sus cargos oficiales. Publicó la Antología de poetas 
hispanoamericanos (1893-1895), y desde 1905 hasta su muerte 
ocupóse en los Orígenes de la Novela y en la edición de sus 
Obras completas. A la muerte de Tamayo fué nomlírado direc- 
tor de la Biblioteca Nacional (1898), dando nuevo impulso á 
la Revista de Archivos y comenzando la publicación de Catálo- 
gos especiales y los concursos de Memorias. Entró en la Aca- 
demia de San Fernando (1901) y obtuvo la cruz de Alfon- 
so XII (1902). Tras estos triunfos, sobre todo el de ser acatado 
dentro y fuera de España por maestro universal de la literatura 
española, vinieron los sinsabores. Quiso ser director de la 
Academia de San Fernando, y no lo consiguió; deseó serlo de 
la Española, y fué derrotado por su antiguo amigo Alejandro 
Pidal, negándole, además, el voto algunos de los que creía ser 
sus partidarios. Fué, en cambio, nombrado director de la Acade- 
mia de la Historia (1910); el pueblo de Santander le desagravió 
con una manifestación y el Ateneo publicó un Homenaje (1906). 
Mas no supo sobrellevar con entereza bastante pequeneces que 
le hirieron el amor propio. Redújose su tertulia, solos cuatro 
amigos le acompañaron á la estación al partir (191 1) para San- 
tander, donde falleció de una afección reumática, convertida en 
cirrosis atrófica, bien que con la cabeza despejada y trabajando 
hasta el último momento. Legó su magnífica biblioteca, de unos 
40.000 volúmenes, á la ciudad de Santander. 

46. Tuvo en Barcelona de profesor á Miíá y Fontanals, de quicTi 
aprendió el método moderno de investigación critica que había traído 
por primera vez á España, Trasladó á Valladolid la matrícula de Me- 
tafísica por no habérselas con el catedrático Nicolás Salmerón que en- 
señaba el krausismo con alguna intransigencia. En Portugal visitó las 




MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO 1 67 

Bibliotecas de Lisboa y Coímbra; en Italia, las de Roma, Ñapóles, Flo- 
rencia, Bolonia, Venecia, Milán; de París pasó á Bruselas, Bolonia, 
Amberes, La Haya, Leyden, Am/sterdam, haciéndose con libros impre- 
sos raros, castellanos y latinos, y con copias y notas de manuscritos 
para una Biblioteca de traductores españoles y la Historia de los He- 
terodoxos, que comenzó á escribir. La primera de estas obras fué afán 
de toda su vida, dejándola impresa tan sólo hasta 'Cicerón, en la Revis- 
ta de Archivos, los últimos años de su vida; lo demás mianuscrito debe- 
ría publicarse, porque es el trabajo de mayor empeño que hizo M. Pe- 
layo. Sus contrincantes á la cátedra, que dejó al miorir J. Amador de 
los Ríos, fueron A. Sánchez Moguel, patrocinado por Campoamor y 
Moreno Nieto; José Canalejas y Aléndez y Saturnino Milego. Como 
sus cortos años no le permitían ser opositor logró se rebajase la edad, 
apoyándole Alejandro Pidal, Cánovas, Alonso Martínez, Valera y Bar- 
zanallana. El tribunal de oposiciones, "mejor que cuanto yo podía 
desear", como dijo él ™smo, compusiéronlo \"alera, Milá, Fernán- 
dez Guerra, Cañete, Rodríguez Rubí, Rosell y Fernández y González. 
Ni Canalejas, ni Revilla, ni Bardón, ni Camús asistieron á su toma de 
posesión {22 Dic). En carta á Laverde (1877) : "He de confesar á 
usted, acá para ínter nos, que tengo ciertos deseos de que me hagan 
académico correspondiente de la Lengua, á pesar de lo desdichada- 
mente que la manejo. Alta petis, dirá usted." Valera le escribió (1S80) 
que podía considerarse como académico, porque ya tenía él arreglado 
el asunto con Cánovas, Nocedal, Fernández Guerra y demás amigos. 
En carta á Laverde (15 Julio 1882) dice de los Heterodoxos : "¿Cree- 
rás que á estas horas, ni en bien ni en mal ha escrito nadie una letra 
sobre tal libro, ni siquiera para decir que se ha publicado? Los krau- 
sístas, pediodistas y demás alimañas han recurrido á la estratagema 
del silencio, y todavía ninguno de ellos ha roto la consigna. Los ami- 
gos se callan también, quizá porque he dicho ó procurado decir la 
verdad á todos. Poco importa." En otra (1882) : "Pronto empezaré á 
dar á la imprenta el primer tomo de la Estética en España (la que fué 
Hñstor. de las ideas est.). Paréceme libro de gran novedad y que pue- 
de constituir una Introducción á la Historia de la Literatura española, 
que comenzaré á escribir después." Valera k había animado mucho á 
esto último y aún anduvo ya en tratos con editores en 1883, en que 
escribía á Laverde, al saber que un conocido escritor se le iba á ade- 
lantar: "Quizá diga la gente que yo, que por obligación Ha enseño, 
no la he escrito todavía, ó por pereza ó por no servir para el caso. 
Y Ja verdad es que no he puesto mano en ella por deseo de hacerla 
buena y completa y por los enormes trabajos é investigaciones preli- 
minares que exige. Quizá... no se ha hecho cargo de todas las dificuJ- 
tades de la empresa. La Historia de la literatura inglesa, de Taine, 
que es, sin duda, el modelo mejor en su línea, se ha edificado sobre 
una serie innumerable de monografías. En España no hay nada de 
esto, y aun muchos de los monumentos iliterarios son de difícil acceso. 



l68 SEGUN-DO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Mientras no estén analizados todos, es imposible el trabajo de sínte- 
sis y de conjunto. Yo creo, sin jactancia, haber visto tanto número 
de libros españoles raros que el que haya visto más en esta genera- 
ción, y asi y todo, tiemblo antes de escribir la historia, y, cuando lo 
haga, la haré á pedazos, á no ser que... se nos adelante, con gloria 
propia y utilidad de todos. Así y todo, debe irse con pies de plomo, 
porque no son solamente cosas de erudición las que faltan en nuestra 
historia literaria, sino cosas esenciales. La historia dtil Teatro ante- 
rior á Lope de Vega, pongo por caso, nadie la sabe sino Cañete, y 
está en libros inaccesibles. Y así otras cincuenta cosas." En 1886 te- 
nía el plan de los últimos tomos de las Ideas estéticas (s. xix), de ios 
que sólo llegó á publicar la Introducción, 

Bonilla, M. Pelayo, pág. 103 : "En Madrid solía levantarse tarde, 
aunque leía y corregía pruebas en lia cama desde muy temprano. Para 
desayunarse tomaba una taza de café; levantábase poco antes de me- 
diodía, arreglábase en pocos minutos y salía de casa, x^lmorzaba y 
comía casi siempre en restaurants : primero en Fornos ; después en el 
Italiano ó en Tournier. Gustábale una comida selecta; pero era muy 
parco, en especial para cenar. Muchas veces le vi contentarse para 
esto último con una ración de jamón en dulce y una copa de vino. 
Después de almorzar marchaba á la Biblioteca, de donde sajlía á las 
tres y media ó (las cuatro de la tarde, yendo luego á la cervecería 
Inglesa para tomar una ó dos copas de coñac con agua de seltz y re- 
tirarse á casa, en la cual solía hallarse á las cinco ó cinco y media de 
la tarde. Salía nuevamente para cenar, volviendo inmediatamente á 
casa, porque era poco amigo de trasnochar. Al teatro iba pocas veces; 
sin embargo, en su juventud frecuentaba el Español. Una de las úl- 
timas ocasiones en que asistió al teatro fué con motivo de la repre- 
sentación de Los Intereses creados, de don Jacinto Benavente, cuyas 
obras tenía en grandísimo aprecio, recomendando siempre su lectura 
á los que le interrogaban sobre la literatura contemporánea. Estaba 
muy bien enterado de esta última; pero casi siempre rehuyó escribir 
acerca de ella, porque tenía entre manos otras tareas que absorbían 
todo su tiempo. No solía recibir 'los días de trabajo; pero sí los do- 
mingos por la tarde... Cuando se aproximaba la época de su viajé á 
Santander dedicábase á empaquetar los libros que había ido adqui- 
riendo para meterlos en cajones y enviarlos por gran velocidad á 
aquel punto. En Santander se ¡levantaba algo más temprano que en 
Madrid; á las ocho, en la cama, tomaba una taza de café puro; á las 
diez, 'levantado ya, almorzaba y pasaba á la biblioteca (cuyos índices 
iba redactando su hermano don Enrique), y allí revolvía papeles y 
hablaba con las personas que iban á visitarle ó á consultar sus libros. 
El trabajo más intenso de producción lo realizaba de una á cinco de 
■Ja tarde. A las cinco comía y salía de paseo (ordinariamente en tran- 
vía) hacia el Sardinero, ó entraba un rato en el Círculo de Recreo. 
Cenaba entre nueve y diez de la noche, acostándose á las once. A su 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PEL-\YO 169 

muerte, su biblioteca de Santander pasaba de los 40.000 volúmienes, 
habiendo entre ellos libros y manuscritos rarísimos." 

47. Los estudios de Filosofía y Letras hicieron del jeven 
Menéiidez y Pelayo, recién salido de las aulas, un humanista 
•de los de la época del Renacimiento, amante, como ellos, á la 
vez de la filosofía y de las letras, entregado de lleno á la in- 
vestigación histórica de estas dos ramas de las Humanidades y 
al principio en lo tocante á su patria santanderina. Trazó ei 
plan de una publicación sobre escritores montañeses, mayor- 
mente filósofos y humanistas, é hizo particulares estudios acer- 
ca de Trueba y Cosío, Amos Escalante y Silió. A poco ensan- 
chó sus miras á la patria española toda entera y cuanto á las 
letras comenzó á recoger notas para la que había de ser obra 
de toda su vida y que sólo había de llegar á medio publicar en 
los últimos días de ella, la Biblioteca de Traductores españoles 
<ie obras clásicas, sus comentadores, editores, etc. ; esto es, la 
historia cabal de la cultura clásica grecorromana en nuestra 
patria; al mismo tiempo diseñó otro Plan para una Historia 
de la Estética en España^ germen de la futura Historia de las 
ideas estéticas. Cuanto á la filosofía, ideó la Historia de los 
Heterodoxos españoles. Todo esto bullía en la cabeza de aquel 
mozo, no llegado á los veinte de su edad. Logró una subvención 
con el fin de allegar en las bibliotecas extranjeras materiales 
de primera mano para llevar á cima tan grandes propósitos. 
Presto se ofreció ocasión propicia en que estrenar sus brioso^ 
aceros al nuevo soldado, que con tales hervores se presentaba 
á romper lanzas por el humanismo y por la clásica cultura es- 
pañola. Ya anteriormente le había dado en rostro el espíritu de^ 
r.uestros krausistas, adversario natural de estos sus amores 
á las humanidades y á la cultura humanista de la vieja Es- 
paña. Sobresaliente en todas las asignaturas de su carrera, 
premiado en todos los certámenes, tan sólo tropezó al llegar á 
la Metafísica krausista de la cátedra de Salmerón. Tuvo que 
trasladar la matrícula á Valladolid, lo que le valió dar con el 
mejor consejero que á sus aficiones ajustaban, con Gumersin- 
do Laverde. Este profesor de Filosofía fué quien le dio noticia 
de un párrafo de Azcárate, otro de los corifeos del krausismo, 
en el que negaba hubiese habido en España ningún género de 



170 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

filosofía. Publicó en defensa de ella M. Pelayo un artículo en 
la Revista Europea. Otro artículo de José del Perojo en la 
Revista Contemporánea contra la ciencia española volvió á re- 
crudecer la polémica. A sus diatribas contra la Inquisición y la 
Filosofía española contestó M(, Pelayo con tres cartas dirigidas 
á Pidal. Fué el primer encuentro con los adversarios de su que- 
rido humanismo español, origen de su obra de fiera, pero es- 
pontánea y valiente polémica, La Ciencia Española. El mismo 
espíritu, el amor á la cultura patria, á la religión é institucio- 
nes de nuestros mayores y el mismo empuje batallador, excesi- 
vo á veces, mostró en los Heterodoxos (1880), obra de un 
mozo de veinticuatro años, que pasmó á todos, aun á sus ene- 
migos, por lo vasto de la erudición, por la valentía del opinar, 
por lo sincero, recio, castizo y elegante del decir. Estas dos- 
obras principales de su primera épo'ca, de humanista filósofo, 
defensor de la cultura española, llevan en sí una crítica de lo 
presente, una reconstitución de lo pasado y una regeneración 
para lo porvenir, que en su segunda época, desde el fallecimien- 
to de su consejero y guía La verde (1890), hállanse no menos en 
sus trabajos de historia y crítica de la literatura española. 
Dejó desde entonces como en segundo término la filosofía y 
entregóse de lleno á la investigación literaria. Ecléptico y ar- 
mónico, como él demostró haber sido los más de los filósofos 
españoles y sobre todo Vives, fué en filosofía Menéndez y Pe- 
layo. Renacentista y helénico fué en literatura. Maestro de alta 
crítica, sin especialización alguna ni sistema cerrado, tanto en 
filosofía como en literatura ; ciudadano libre en la república de 
las letras, sólo tuvo metidos en su corazón dos amores : lo hu- 
'manístico y lo español. Si su desapoderada afición á las hu- 
manidades le hizo más apreciador de lo erudito y menos afi- 
cionado de lo popular, descaminando á veces su crítica literaria, 
por deficiencias en su educación filológica moderna, esta mis- 
ma afición le hizo soberano artista de la palabra, y tal, que en- 
tre los escritores castellanos del siglo xix tan sólo Valera pue- 
de disputarle la palma, aun cuando sobresalga cada uno de en- 
trambos en muy desemejantes cualidades : Valera, en el discur- 
sear sutil, ameno y humorístico de sus críticas ó en el narrar 
galana y socarronamente de sus novelas; Menéndez y Pelayo.» 



S. XIX. 1876. MARCELINO MENÉXDEZ Y PELAYO I7I 

en el resucitar con penetrante visión y vivo pincel las figuras 
de nuestra antigua cultura é historia. Valera crea, fantaseando, 
personajes novelescos ó deslinda valores literarios con sutil y 
picara critica; Menéndez y Pelayo resucita, viendo con ojo 
perspicaz en la historia, personajes que fueron ó desmenu- 
za doctrinas estéticas y obras literarias, con imparcialidad y 
con amor a todo lo bello, á todo lo noble y humano. Lo qae 
no pudo descaminarle, antes sirvióle como nada para esta vi- 
sión penetrante de los hombres y obras de la cultura española, 
fue su acendradísimo amor á España y á los nobles timbres de 
nuestros antepasados, que le encendió en incansables deseos de 
desmentir con hechos históricos las falsedades que los enemigos 
de Elspaña, no sólo extranjeros, más todavía de entre los mis- 
mos nacionales, hablan propalado, convirtiendo en leyenda la 
verdaderamicnte legendaria, pero no menos cierta grandeza, del 
ingenio español. Este amor á España, este espíritu español que 
bullía en él, es el alma de todos sus escritos. Y como ni dejo no 
más de patriotería huera cabía en varón de tan levantado pensar 
y de sabiduría tan maciza, y su temperamento filosófico daba 
grandeza á cuanto tocaba, su opinar sincero, franco y valiente; 
su amplia generosidad para abrazar hasta de los adversarios 
cuanto de bueno y hermoso hallara á su paso y su arrebatada 
y sustanciosa elocuencia, ataba de pies y manos y le rendía 
gustosos á los más contrarios lectores y hasta á los más en- 
emistados con las cosas de España. Tanto vale defender con 
lealtad y elocuencia una idea grande, siquiera no sea del gusto 
de todos. El mismo José del Perojo, decidido propagandista 
en España de la filosofía germánica y opugnador de la ciencia 
española, tuvo empeño (1878) en que Menéndez y Pelayo diri- 
giese la publicación de una Biblioteca de filósofos españoles y 
quiso editarle la Historia de los Heterodoxos. Salutcm ex ini- 
micis 7wstris^ pudo decir Menéndez y Pelayo al contárselo en 
carta á Laverde, añadiendo: "Sólo temo que Revilla y otros 
de Madrid se lo quiten de la cabeza." 

La obra literaria á que se entregó desde 1890 debía haber 
sido, seg-ún sus propósitos, una acabada Historia de la literatu- 
ra española. No llegó á escribirla, ni, según puede suponer-Sv?, 
hubiera podido escribirla jamás. No por falta de conocimientos 



172 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.M-ISTA (187O-1887) 

particulares, de ingenio filosófico y generalizador, de pluma de 
consumado artista; antes más bien por sobra de tan excelsas 
cualidades. Sabía demasiado y almacenaba en su privilegiada 
memoria hartas noticias para saberse ceñir á un cuadro más ó 
menos reducido como pide cualquier historia. La Historia de 
las Ideas Estéticas no era más que una Introducción, y al lle- 
gar al siglo xix^ la Introducción sobre la estética de fuera de 
España se extiende tanto como toda esa Introducción á la His- 
toria de nuestra literatura. Su visión de personajes y obras es 
tan recia, que en todos sus libros se alarga y entretiene, sin 
acabar de despedirse de cada asunto particular, enhebrando ca- 
pítulos tras capítulos sin término ni cabo. Seis páginas del pri- 
mer tomo de los Heterodoxos conviértense en grueso volumen 
al hacer la segunda edición. Las que debieron ser Introduccio- 
nes á cada uno de los tomos de la Antología de poetas líricos 
ó de los Orígenes de la novela, alárganse hasta llenar tomos 
y tomos. Esta incontinencia del erudito y del artista no le hu- 
biera permitido nunca ceñirse para abarcar en un cuadro de 
proporcionadas dimensiones la Historia de la literatura espa- 
ñola. Pero de hecho la hizo en gran parte á retazos en las obras 
mencionadas, en la Antología de poetas hispanoamericanos , 
en los Prólogos á las Obras de Lope y en los estudios particu- 
lares que juntó en las cinco series de Estudios de crítica lite- 
raria. 

48. Bonilla, M Pelayo, pág. 145: "Fué un espíritu sni inris, in- 
dependiente y libre dentro de su acendrado é inquebrantable catoli- 
cismo ; nunca escribió sino aquello en que firmemente creía, y cuando 
juzgó necesario rectificarse á sí propio, hízolo con leal y honrada 
franqueza ; tuvo á su patria un amor profundo y permanente, porque 
siempre entendió que, aim para elevamos sobre lo español, es requi- 
sito imprescindible conocer y amar á España; y tales fueron los dos 
fundamentales principios que él hizo arraigar, con la firmeza del ro- 
ble cántabro, en aquellos que fuimos sus discípulos : independencia de 
juicio y amor al conocimiento de las tradiciones españolase ídem, 
\¡)s.g. 134: "Cuando por los años de 1875 Menéndez y Pelayo comenzó 
á dar muestras de su prodigioso genio (que para algunos á quienes 
contrariaba su independencia se llamaba "erudición" ó "extraordina- 
ria laboriosidad"), la situación de la disciplina filosófica era entre 
nosotros lamentable: se ahogaba entre dos fanatismos, igualmente 
absurdos é igTiorantes: el fanatismo de los escolásticos, que no eran 



S. XIX. 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO lyS 

pensadores al modo de un Vitoria, de un Melchor Cano ó de un Suá- 
rez, de amplísima cuiltura y generoso razonar, sino atrabiliarios ar- 
gumentistas de sacristía, desprovistos de crítica, ayunos de toda noti- 
cia acerca del progreso de la filosofía y de las ciencias, y el fanatis- 
mo de los krausistas, no menos peligroso y absorbente que el anterior, 
y causa, juntamente con éste, del retraso y de la decadencia notoria, 
de nuestro pueblo, en la esfera filosófica, durante buena parte del si- 
o-lo XIX. Ambos coincidían (y siguen coincidiendo) en apocar la con- 
ciencia de nuestro vigor laacional, en menospreciar nuestra historia y 
nuestras tradiciones, en segar las espontaneidades individuales, en 
desconocer, con la tranquilidad de la insipiencia, 'lo que en España se 
ha hecho y lo que España ha servido al mundo, pugnando todos por 
aherrojarnos en las ergástulas de Santo Tomás de Aquino, de Krause, 
de Kant ó de Hegel, á la manera que los ciceronianos proscribían á 
todo aquel que ampliara el léxico de Marco Tulio; y sin tener presen- 
te que ningún filósofo ha esclavizado su pensamiento, sin perder por 
ello, ipso fado, él derecho de figurar en la historia. Ante tal situación, 
Menéndez y Pelayo creyó indispensable enderezar sus esfuerzos en 
el sentido de los siguientes fines: i.°, labor de crítica imparcial; pero, 
cuando fuese necesario, dura, violenta, agria y contundente, de los 
procedimientos seguidos por quienes representaban lia decadencia; 
2°, labor paciente y amplia de exposición de nuestra historia, para 
poner de relieve los hechos y las ideas que en ella deben conocerse;. 
3.", labor de inspiración de nuestro pensar en alguna dirección filosó- 
fica que no contrariase su naturaleza ni sofocara su tradicional ten- 
dencia: porque él entendía, como Taine, que "en cada instante puede 
''considerarse el carácter de un pueblo como el resumen de todas sus 
"acciones y sensaciones precedentes ; es decir, como una cantidad y 
''como un peso, no infinito (Espinosa: Etica, cuarta parte), puesto 
"que todas las cosas están limitadas en la naturaleza, sino despropor- 
''clonado al resto y casi imposible de ser levantado, porque cada mi- 
'"nuto de un pasado casi infinito ha contribuido á engrosarle y para 
"vencer la balanza sería preciso acumular en el otro platillo un nú- 
"niero de acciones y de sensaciones todavía más grande." A estos tres 
fines, de crítica de lo presente, de reconstitución del pasado y de re~ 
generación para el porvenir, responde, á mi parecer, toda la ingente 
obra del Maestro, incluso la literaria." ídem., pág. 137: "Este pensar 
histórico, relativo y condicionado, que en algunas ocasiones llama 
Menéndez y Pelayo vivistno, por la afinidad que guarda con ila filo- 
sofía del gran polígrafo valenciano, constituye el fondo del espíritu 
crítico del Maestro, y es, además, 3a única filosofía posible en los 
tiempos que corren. Por lo mismo que todo hombre es falible y que 
todo sistema cerrado es forzosamente anticientífico (porque contra- 
dice el natural y evidente progreso de que todas las disciplinas son- 
susceptibles), ningún pensador genial puede ser afiliado á la escuela 
de un filósofo de sistema, por grande y extraordinario que éste sea.. 



174 SEGUNDO PERÍODO DE r,A ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Levantar bandera por Santo Tomás de Aquino, por Kant ó por cual- 
quiera otra de las figuras representativas en la historia de la Filoso- 
fía, es en nuestros días una labor de decadencia, si eso significa que 
el tomista ó el kantiano han de evitar la contradicción con ilas doctri- 
ina<i ó con el tecnicismo del caudillo... Por ser su espíritu profundamen- 
te filosófico, y no especialista ni sistemático, fué Menéndez y Pelayo 
polígrafo y enciclopédico... En virtud de su condición filosófica pudo 
llegar Menéndez y Pelayo á aquella alta crítica, que ningún especia- 
lista alcanzará jamás. El que haga, por ejemplo, historia literaria, 
sin tener temperamento filosófico, producirá una obra imperfecta y 
poco duradera. ¿Qué especialista, no filósofo, explicará satisfactoria- 
mente, por lo que á España respecta, el carácter realista de sus poe- 
mas épicos nUedievales, el singular fenómeno de la íiteratura picaresca, 
el carácter dialéctico de nuestro teatro del sigüo xvii, la razón de ser 
del gongorismo y del conceptismo y el espíritu docente del sigilo xviii? 
Censurar á Menéndez y Pelayo porque prodigó su actividad en muy 
distintas direcciones con él propósito de fundirlas todas en el mara- 
villoso crisol de su crítica, sería lo mismo que ílam.:entarnos de que 
Lucrecio, en vez de escribir el poema De rerum natura, no se hubiese 
pasado la vida, como Zenodoto y Aristarco, poniendo comas, quitando 
puntos y proponiendo enmiendas á Hos versos de Homero." ídem, pá- 
gina 157: "Precisamente por sus aficiones a la filosofía de Vives 
(cuyas ideas fundam/entales expuso de un modo acabado en La Cien- 
cia española y en el discurso sobre los precursores españoles de Kant), 
Menéndez y Pelayo, como pensador, no es de los que admiten mote de 
sistema ni pueden ser afiliados á una comunión filosófica determina- 
da. Así es que él fué un "ciudadano (libre de la república de las le- 
"tras", y entendía que este título es él más hermoso y apetecible que 
puede darse, añadiendo: "Yo, por mí, no le trocaría por ningún otro; 
"ni siquiera por el de tomista, que, al cabo, indica adhesión á una es- 
"cuela determinada. Los principios y tendencias del vivismo dan, se- 
^''gna yo entiendo, ese (libérrimo derecho de ciudadanía." Dentro de 
esta libertad de espíritu, Menéndez y Pelayo, como Lope de Vega (á 
quien en tantos conceptos se asemeja), fué la encarnación de su pue- 
blo y de su raza. La tendencia sincrética y armónica, que él echaba de 
ver en la especullación filosófica hispana, caracteriza también la suya. 
Para él la filosofía nada enseña, si no enseña á ignorar á tiempo y á 
confesar razonadamente esta docta ignorancia. La Metafísica nada 
tiene de ciencia exacta, y, en su actual crisis, "todos somos más ó 
"menos escépticos" ; pero "sin Metafísica no se piensa, ni siquiera 
"para negar la Metafísica", porque "lias abstracciones tienen vida más 
"dura y resistente que las más duras reaÜidades", El ideal debe ser 
aquella libre síntesis del espíritu, de que habla Lange, obtenida por "el 
"ancho y triunfal camino del idealismo realista, idéntico en sustan- 
"cia all que recorrió el genio semidivino de Aristóteles." Clarín (en 
í886) : "En Menéndez y Pelayo lo primero no es la erudición, con ser 



S. XIX, 1876. MARCELINO MEXÉNDEZ Y PELAYO lyS 

ésta asombrosa; vale en él más todavía el buen gusto, el criterio 
fuerte y seguro y más amplio cada día, y siempre más de lo que pien- 
san muchos. Marcelino no se parece á ningún joven de su genera- 
ción • no se parece á »los que brillan en las filas liberales, porque res- 
peta y ama cosas distintas; no se parece á los que siguen el lábaro 
católico porque es superior á todos ellos con mucho, y es católico de 
otra manera y por otras causas. Hay en sus facultades un equiílibrio 
de tal belleza, que encanta el trato de este sabio, cuyo corazón nada 
ha perdido de la frescura entre el polvo de i!as bibliotecas: Menéndez 
va á los manuscritos, no a descubrir motivos para la vanidad dd 
bibliógrafo, sino á resucitar houibres y edades; en todo códice hay 
para él un palimpsesto, cuyos caracteres borrados renueva él con los 
reactivos de una imaginación poderosa y de un juicio perspicaz y se- 
guro. Tiene, conio decía Vallera, extraordinaria facilidad y felicidad 
para descubrir monumentos; es sagaz y es afortunado en esta tarea, 
que no es de ratones cuando los eruditos no son topos. Sí, dígase alto, 
para que lo oigan todos : Menéndez y Pelayo comprende y siente lo 
moderno con la misma perspicacia y grandeza que la anti'jücdad y la 
Edad Media; su espíritu es digno hermano de los grandes críticos y 
úe líos grandes historiadores modernos ; él sabe hacer lo que hacen los 
Sainte-Beuve y los Planche ; resucita tiempos como los resucitan los 
Mommsen y los Duncker, los Taine y líos Thierry, los Macaulay y los 
Tayior. Es posible que le quede á Marcelino aligo del Tostado y del 
Brócense; pero es seguro que en la visión del arte arqueológico, de la 
liistoria plástica, llega cerca de Flaubert, ej que vio en sueños á Car- 
tago y la catástrofe heroica de las Termopilas." M. Pelayo, Disc. 
Acad., 1907: "Bien sé yo que hay cierto género de trabajo erudito, 
muy honrado y respetable á no dudar, que de ningún modo está ve- 
dado al más prosaico entendimiento cuando tenga la suficiente dosis 
de paciencia, de atención, de orden y, sobre todo, de probidad cientí- 
fica, sin la cual todo el saber dal mimdo vale muy poco. Aplaudo de 
todo corazón á los tales y procuro aprovecharme de lo mucho que me 
enseñan; pero nunca me avendré á que sean tenidos por maestros 
eminentes, dignos de alternar con los sublimes m-etafísicos y los poetas 
excelsos, y con los grandes historiadores y filólogos, los copistas de 
inscripciones, los a<tnontonadores de variantes, los autores de catálogos 
y bibliografías, los gramáticos que estudian las formas de la conju- 
gación en tal ó cual dialecto bárbaro é iliterario, y á este tenor otra 
infinidad de trabajadores tUiles, laboriosísimos, beneméritos en In re- 
ptiblica de las tetras; pero que no pasan, ni pueden pasar, de la cate- 
goría de trabajadores, sin literatura, sin filosofía y sin estilo. La his- 
toria literaria, lo mismo que cualquier otro género de historia, tiene 
que ser una creación viva y orgánica. La ciencia es su punto de par- 
tida, pero el arte es su término, y sólo un espírittí mcignánimo puede 
abarcar la amplitud de tal conjunto y hacer brotar de él la centella 
estética. Para enseñorearse del reino de lo pasado, para lograr aquella 



176 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

segunda vista que pocos mortales ailcanzan, es preciso que la inteli- 
gencia pida al am,or sus alas, porque, como dijo profundamente Car- 
Jyle (y con sus palabras conoluyo), "para conocer de veras una cosa^ 
"hay que amanla antes, hay que simpatizar con ella." 

49. La fórmula en que puede cifrarse la obra de Menén- 
dez y Pelayo está, por consiguiente, en que fué un humanista 
español, en toda la fuerza de la palabra. Hondos conocimientos 
de la literatura grecolatina y de la literatura y filosofía espa- 
ñola, sobre todo de la época del Renacimiento; ingenio pode- 
roso, filosofador y sintético; levantados y patrióticos pensa- 
mientos; intuición vivaz de hechos y personajes históricos; 
sensibilidad y fantasía para comprender, sentir y expresar; 
maravillosa elocuencia ; estilo suelto, brioso y pintoresco ; len- 
guaje castizo sin melindres, rico y henchido de propiedad y de 
fuerza expresiva. 

Pero Menéndez y Pelayo ha hecho algo más que escribir 
libros: ha acabado de resucitar con empuje extraordinario la 
historia de la literatura y de la cultura hispana, empeño en que 
tantos ilustres varones le precedieron desde el siglo xviii^ 
aventajándoles á todos, no sólo por el método moderno de in- 
vestigación literaria, que aprendió de Milá y Fontanals, sino 
por el arte de expresión, que ha dado vida á las escuetas y secas 
investigaciones de la pura erudición y por la alteza de pensa- 
mient /, crítica y filosofía que ha comunicado á estos estudios. 
Y no sólo ha acabado de resucitarlos de por sí, sino que, atraí- 
dos por su ejemplo, hánsele agrupado un buen golpe de litera- 
tos, verdaderos discípulos, en quienes ha sabido infundir su mis- 
mo espíritu patriótico, humanístico y filosófico. Aquí donde tan 
dificultosamente llegan á formar escuela los más esclarecidos 
maestros, hay al presente una verdadera escuela de Menéndez y 
Pelayo. El deslindó los dos bandos en los Heterodoxos y des- 
lindados quedan. Krausistas se llamaron los del uno en el cam- 
po de la cultura española; hoy pertenecen á él los que, dejada 
teóricamente la filosofía krausista, todavía viven agrupados 
en la Institución Libre de Enseñanza, juntamente con sus nue- 
vos discípulos y neófitos. El otro bando está form.ado por los 
discípulos de Menéndez y Pelayo. Si éstos se distinguen por 
su amor á la España que fué, aquéllos siguen propalando la 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO I77 

llamada leyenda negra y reprobando, en nombre de un euro- 
peí smo que les ha hecho ser calificados con el mote de europei- 
zantes^ cuanto los de la escuela de Menéndez y Pelayo y el mis- 
mo maestro en ella ensalzaron. Niegan haya habido en España 
ciencia filosófica, renacimiento, hasta escritores clasicos. Verda- 
deros antiespañolistas, son no menos despegados de las huma- 
nidades. Ni el griego ni el latín florecen entre ellos ni se mues- 
tran muy ganosos de cultivar el estilo y buen gusto, pagados 
con haber traído á España los métodos germánicos, como ellos 
pregonan, sustituyendo la claridad y elocuencia de la exposi- 
ción con fórmulas enigmáticas y estilo enrevesado, que bien 
parece derivarse del de Sanz del Río. Los principales discípulos 
de la escuela de Menéndez y Pelayo son : Narciso Alonso Cor- 
tés, Miguel Asín, Adolfo Bonilla y San Al^rtín, Eloy Bullón, 
Julio Cejador, Emilio Cotarelo y Morí, Fonger de Haan, Joa- 
quín Hazañas y la Rúa, Eduardo Hinojosa, José Jordán de 
Urriés, Julián Juderías, José Ramón Lomba y Pedraja, Ga- 
briel Llabrés, Juan Menéndez Pidal, Ramón Menéndez Pidal 
(en vida del M'aestro; hoy de los más valiosos maestros de la 
Institución Libre de Enseñanza), Francisco Navarro Ledesma^ 
el Conde de las Navas, Cristóbal Pérez Pastor, Julio Puyol 
y Alonso, Blanca de los Ríos, Francisco Rodríguez ]\Iarín, 
Antonio Rubio y Lluch, Víctor Said de Alrmesto, Manuel 
Serrano y Sanz, Francisco R. Uhagón, con más no pocos 
jóvenes que á la sombra de estos escritores se van forman- 
do, señalándose entre ellos los estudiantes de la Facultad 
de Filosofía y Letras, que con este mismo título han fun- 
dado una revista (191 5), no sin tener que luchar con la opo- 
sición de los catedráticos del bando contrario. Gran acica- 
te es el amor á los asuntos que trata el que investiga y es- 
cribe y sin él desmáyanse los ánimos y apenas puede darse 
un paso. La época presente se distingue por el despertar de los 
estudios históricoliterarios entre los discípulos del que fué ver- 
dadero Maestro de ellos. En sus propios lugares se verán las 
obras publicadas por cada uno en particular. Los del bando 
contrario, tan poco amigos de la literatura española como de 
las humanidades, hanse acogido á las investigaciones sobre las 
bellas artes y á los estudios pedagógicos, que siempre tuvieron 

TOMO IX. — 12 



178 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-I887) 

la mala sombra de ir acompañados de la inseparable pedantería 
del dómine. Contados son entre ellos los que han hecho obra 
verdaderamente literaria, y suelen distinguirse por la sequedad 
de estilo y ninguna amenidad de exposición. Alzcárate, Cosío, 
Ramón Menéndez Pidal, Josó Ortega Gasset, Altaniira, Posa- 
da, Buy lia, pueden servir de ejemplo como los más renom- 
brados. 

5 0. El renacentismo de M. Pelayo es el más acrisolado helenis- 
mo; nada tiene de académico: esto le hizo ser tan artista de la paSa- 
bra como libre y sereno crítico. Para él es el helenismo puro "tan 
incompatible con el clasicismo académico, como cualquiera de las for- 
mas del romanticismo", porque "los griegos son escuela de libertad 
y no escuela de servidumbre" {Ideas estét., V, loo). Cuanto al lien- 
guaje literario, su elevado criterio se saca de aquellas sus palabras: 
"con rico caudal de expresiones francas, tomadas de la ¡lengua viva 
de los rústicos, á la cual hay que volver siempre que se quiere infun- 
dir nueva savia á una lengua empobrecida por Ja etiqueta académica 
y cortesana y por el abuso del espíritu de sociedad" {Ideas, V, 244). 
Su criterio sobre la historia literaria está en la Advertencia prelimi- 
nar de las Ideas estéticas (V, 1883) : "Detrás de cada hecho, ó, más 
bien, en el fondo del hecho mismo, hay una idea estética y á veces una 
teoría ó una doctrina completa, de la cubíI el artista se da cuenta ó no, 
pero que impera y rige en su concepción de un modo eficaz y realí- 
simo. Esta doctrina, aunque el poeta no la razone, puede y debe ra- 
zonarla y justificarla é\ crítico, buscando su raíz y fundamento, no 
sólo en el arranque espontáneo y en la intuición soberana del artista, 
sino en el ambiente intelectual que respira, en las ideas de cuya savia 
vive y en el influjo de las escuelas filosóficas de su tiempo." El he- 
llenismo de M. Pelayo se ve también en la serenidad objetiva de su 
estilo, que declara así Bonilla (M. Pelayo, pág. 130) : "Su inclinación 
á la teoría del Arte por el Arte, que continuamente se transparenta 
en sus diatribas contra ei Arte docente y contra la novela de tesis ; 
sus aficiones á la filosofía del sentido común, el psicologismo de su 
crítica, todo ello está enlazado estrechamente con su espíritu helénico. 
Valera también lo fué á su modo ; pero él autor de Morsamor parecía 
un descendiente de los sutiles Protágoras y de los retóricos Gorgias; 
miientras que Menéndez y Pelayo venía por línea derecha de aquellos 
que razonaban serenamente con Platón "á orillas del Iliso, á ¡la som- 
"bra del plátano frondoso, sobre la blanda hierba, lugar acomodado 
"para juegos de doncellas, santuario de las Ninfas y del Aquelóo." 
Porque su espíritu era profundamente artístico, su crítica fué tam- 
bién singularmente impersonal. Valera, á quien antes citaba, fué un 
gran crítico; otros lo han sido á su manera... Pero si leéis cuaJiquier 
estudio crítico de Valera, por mucho que os cautiven la agudeza de 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELA YO 1 79 

SUS apreciaciones y Ja ingeniosidad de sus pensamientos, no podréis 
olvidar nunca que se trata de un escrito de Valera, no os será posi- 
Wt jamás perder de vista el personal temperamento de quien proce- 
den aquellas líneas, de entre las cuales, como del jardin de Pepita 
Jiménez^ "Surgit atnari aliquid quod in ipsis floribus angit". Tratán- 
dose de un estudio de Menéndez y Pelayo, si emprendéis su lectura, 
llegará un instante en que la transparencia del estilo, la objetividad 
soberana de la expresión, os hagan olvidad aiT autor de la crítica y 
os sumerjan y embeban en el ambiente histórico que se describe, ha- 
ciéndoos vivir en los tiempos y con los personajes de que habla. Al 
que tiene 'la preparación suficiente, el estilo de Menéndez y Pelayo le 
produce la misma impresión á que alude Nietzsche, cuando dice que 
la música de Beethoven aparece á menudo "como una contemplación 
"profundamente provocada al escuchar un fragmento que se creía 
"perdido desde largo tiempo'\ Sus palabras son entonces recuerdos, 
corno, según Platón, lo es todo nuestro saber. Y si aquello os con- 
mueve y os arrebata, y os ensancha y fortalece el ánimo, no temáis 
admirar ni ahoguéis el impulso de aplaudir, porque podéis hacerlo 
con toda justicia. Aquello no es oratoria, porque detrás del orador 
hay un comediante, y sería una bilasfemia contra el Espíritu que pen- 
sarais semejante cosa de un hombre que fué todo sinceridad bravia y 
sencillez de corazón. El que intente cortar entonces vuestro entu- 
siasmo desempeñará el papel del eunuco, siempre atrabiliario y rega- 
ñón, que sólo es capaz de descubrir aspectos ridículos en el espasmo 
sano y engendrador del hombre viril, para él eternamente imposible." 
Como no hacemos el panegírico del Maestro, sino que nos atre- 
vemos, siguiendo sus enseñanzas, á juzgarle con el criterio, corto 
como nuestro, pero propio y asentado, señalaremos ahora los que nos 
parecen lunares de su criterio estético. El criterio estético de M. Pe- 
layo peca por renacentista, consiguientemente por libresco y erudito, 
quiero decir por aristocrático, por poco democrático : no alcanzó el 
valor de lo popular. Así, en (la lírica, su dechado es lo horaciano, lo 
más aristocrático y menos popular que en la flirica se concibe. En la 
épica, aunque desmenuzó como nadie los temas poéticos castellanos 
en su admirable Tratado de los ronmnces viejos (1903-06) v tuvo 
vislumbres perspicaces sobre el espíritu pdlítico de la democracia 
castellana, merced al suyo, tan castizamente español, no llegó á calar 
del todo el vaíor estético del elemento popular de nuestra epopeya. 
No acaba de distinguirla de la francesa ni de la erudita. "En cuanto 
á lia influencia francesa (dice Bonilla, M. Pelayo, pág. 125), no la en- 
contraba en el espíritu general de nuestra poesía (como no sea por 
antítesis y protesta), pues los temas de la epopeya castellana, con 
rara excepción, son de nuestra propia historia ; ni en la imiitación 
de los metros épicos, que no pasa de cierta semejanza, porque la ver- 
sificación de los poemas castellanos resulta extraordinariamente bár- 
bara é irregular si se la compara con el sistema de las gestas fran- 



l80 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

cesas, hallándose sostenido el ritmo por series ó grupos de asonancias 
muy diversos en extensión, y pareciendo inclinarse con preferencia 
á uno de dos tipos: o al alejandrino ó al verso d^ 16, cuyo hemistiquio 
es el pie de ronvance. En suma: que la epopeya francesa y la caste- 
llana parecen dos ramas del mismo tronco, aunque de muy desigual 
fuerza y lozanía, y que la más antigua hubo de influir en la más mo- 
derna, "pero que tail influencia tocó más á los pormenores que al es- 
píritu y no bastó á borrar el carácter genuinamente histórico que, 
como sello de raza, ostentan las gestas castellanas."' ...Cree verisímiil 
M. y Pelayo (prosigue diciendo Bonilla) el enlace de la poesía de ¡los 
visigodos con la nuestra. En su opinión, es absurdo imaginar que en 
tiempo alguno coexistiesen los romances y ios cantares de gesta como 
especies distintas, cultivadas la una por el pueblo y la otra por inge- 
nios más ó menos cultos. Una y otra eran cantadas por los juglares, 
y su materia épica lia misma. "¿ Quién va á admitir de ligero que los 
poetas artísticos tuviesen una métrica ruda, bárbara é inarmónica, 
y di vulgo, como por instinto divino, otra, tan refinada, perfecta y 
exquisita como los tiempos lo consentían ? ¿ No nos dice el Marqués 
de Santillana que todavía en su época los cantares y romances se 
hacían "sin ningún orden, regla ni concierto?" Tampoco creía necesa- 
ria la hipótesis de una poesía lírica popular para razonar lo que por 
sí mismo se explica sin salir del verso épico. "Si de una parte tuvié- 
ramos sólo el Poema dci Cid y de otra parte sólo los romances, no 
sería fácil el tránsito entre estos dos puntos extremaos de la serie; 
pero en di intervalo de una á otra poesía está el Rodrigo, están los 
fragmentos de la segunda Gesta de los Infantes, están las prosifiax* 
dones de las crónicas, y en todo ello, no hay que dudarlo, eíl tipo 
métrico de 8 -j- 8 es el que predomina. ¿ Se concibe que si en tiempo 
de la composición del Mió Cid hubiera existido un verso de tan agra- 
dable (movimiento trocaico, tan adecuado á la índole de nuestra ¡len- 
gua, tan musical, en suma, hubiera preferido su autor para un poema 
destinado al canto una forma tan irregular, tan bárbara y desconcer- 
tada como la que emplea?" En condusión: respecto del origen de 
nuestro octosílabo, entiende ML Pelayo que la formia de los roman- 
ces, por vieja que se la suponga, no puede considerarse como primitiva, 
sino como perfección de otra más ruda ; que el verso de diez y seis 
sílabas fué precedido por otro verso épico ó sistema de líneas largas, 
y que, para que este bárbaro mietro se convirtiese en octonario, fué 
menester un trabajo de selección que eliminó los alejandrinos y ilos 
endecasílabos de cesura en la quinta, siendo principal y misterioso 
agente en esta depuración el genio de la lengua, más inclinada que 
ninguna de sus hermanas á las combinaciones trocaicas." Hasta aquí 
Bonilla, que expone cuan claramente puede el batiburrillo de ideas 
que M. Pelayo llevaba en la cabeza por aquella tan falsa doctrina que 
le enseñó Mülá de que los romances salieron de las gestas y por falta 
de criterio filológico moderno en punto á apreciar lo popular en el 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PEL-WO 181 

arte distinguiéndolo de (lo erudito. No se ve en todo esto una idea 
clara ni una doctrina histórica bien cimentada. En la misma palabra 
romance hállase toda la dave de la epopeya castellana, como se halla 
en la palabra epos (hexámetro ó verso heroico griego) la de la epo- 
peya helénica. Epos vale habla y verso, el único primitivamente em- 
pleado en Grecia, como romance vale habla y verso, el único primiti- 
vamente empleado en España, esto es, efl pie de romance, el verso oc- 
tosílabo, trocaico. Los romances más ó menos largos son tan anti- 
guos como el castellano: lo está pregonando esta voz, romance, que 
significa uno y otro. Lo visigótico, como cosa extraña, no llegó al 
pueblo hispano, como no llegó á él después lo francés. Lo visigótico 
y lo francés quedáronse en la superficie erudita y aristocrática de la 
nación. Ahora bien; lo francés en la epopeya castellana es el afle- 
jandrino, en que el erudito autor ó mejor rapsoda y compilador del 
Poema del Cid, pretendió rehacer lia gesta del Cid, que andaba en ro- 
mances, para seguir el buen tono de la sociedad erudita y afrancesa- 
da de su tiempo. De ahi la mezcla del romance y del alejandrino en 
el Poema del Cid. Nada hay de bárbaro en su métrica, descartadas 
las métricas barbaridades de los copistas, que por aclarar el pensa- 
miento ingieren palabras que alargan algunos versos, haciendo que 
dejen de serlo, ó mezclan versos en uno, quitando palabras, etc., etc. 
Este cantar de gesta del Cid salió de antiguos romances, como salió la 
Iliada de rapsodias ó epos más añejos. En él hay un elemento popu- 
(lar antiguo y un elemento francés, erudito, moderno. Lo francés 
fué medrando desde entonces: el mester de c-erecía es un arte fran- 
cés, eclesiástico, erudito, que dista infinito del arte popular, jug'Ia- 
resco, que sólo llega á triunfar, primero y en parte, en el Arci- 
preste de Hita (en lia versificación es, generalmente, erudito) ; del 
todo, en los romances viejos, cuando, en el reinado de los Reyes 
Católicos, llegan á ser apreciados por ¡los eruditos renacentistas. Esta 
es, en suma (á mi parecer), la clave de la epopeya castellana, que 
M. Pélayo no pudo alcanzar por no apreciar lo folklórico y popu- 
lar como la filología moderna lo aprecia. Por To mismo, tuvo por 
dechado de la lírica española la horaciana, renacentista y que ja- 
más llegará á ser enteramente nacional ó popular, aunque sea en 
manos de fray Luis de León, como no lo fué ni para los mismos 
romanos. Es una lírica aristocrática, de eruditos, como de un erudito 
imitador en Roma de Plndaro, Safo y Alceo. ¿Cómo va á ser el de- 
chado de la lírica españolla nacional popular? La afición al renaci- 
miento descaminó aquí el criterio estético de M. Pelayo. La lírica po- 
pular en España es la de (los cantares populares, harto más sencilla 
en la forma y más ingenua y preñada de sentimientos humanos que 
la complicada, exquisita y algo fría de Horacio. Las rimas de Béc- 
<iuer se acercan tanto más al tono de (los cantares populares cuanto 
se alejan de los carmina de Horacio. Pocos han sabido coger tan ga- 
llardamente el espíritu horaciano en sus poesías como el mismo 



1 82 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

M. Pelayo. Ahora bien ; compárense las poesías de M. Pelayo con las 
de Bécquer y se notará la diferencia. Véase efll criterio lírico horacia- 
no de M. Pelayo: "El summum de la perfección artística, en punto á. 
lirismo, es Horacio." "Para mí, la primera forma lírica es ía hora- 
ciana; nuestro gran modelo debe ser fray Luis de León." Esta lírica 
"tiene por caracteres propios sobriedad de pensamiento, ligereza rit- 
mica, ausencia de postizos adornos, grande esmero de ejecución... y, 
generalmente, es muy breve. Cumpilidas éstas y las demás condiciones 
externas del estilo de Horacio (acertado uso de los epítetos, transi- 
ciones rápidas, etc.) la composición será horaciana, aunque exprese 
pensamientos españoles y cristianos, y hasta místicos". "No quiera 
poetas estoicos y de una sdla cuerda. Gusto de ingenios flexibles y 
que sepan recorrer todos los tonos y encantar en todos. Esto hizo- 
Horacio, y después lo han conseguido muy pocos." Ahora se com- 
prenderá cómo ilas poesías de M. Pelayo son horacianas y eruditas, 
Valera dijo de M. Pelayo como poeta: "El erudito tiene memoria y 
la memoria ahoga en él la fantasía y la supJlanta ; recuerda y no crea ; 
imita y no inventa; repite los sentimientos é ideas de los extraños y 
no siente ni piensa por sí." Yo supongo que M. Pelayo tenía por 
más poeta á fray Luis de León que á Bécquer y Gabriel y Galán, 
por ser clásico, platónico; yo tengo, sin embargo, para mí, que estos 
dos poetas modernos son imás poetas que fray Luis de León, precisa- 
mente por tener más de lo popular y menos de lo erudito y clásico. 
Cuanto all criterio dramático, aunque su devoción hacia Lope le lleve 
á apreciar más lo popular, sacado del romancero, todavía predomina 
en M. Pelayo en este punto el criterio renacentista, puesto que pre- 
fiere eil teatro del siglo xvii al entremés puramente popular de Lope 
de Rueda, de Cervantes, etc. Cuanto á castizo y brotado de Jas en- 
trañas del pueblo, el entremés tiene mayor valor estético para eü cri- 
terio filollógico moderno, es obra más humana y eterna. Mientras haya 
España se harán entremeses ; y al revés, las comedias del siglo xvn 
sólo se hicieron en eil siglo xvii. 

Ant. Gómez Restrepo (Anuario Acad, Colomb., t. HI, 1914, pág. 93: 
"En M. P. se unieron armoniosamente la España antigua, la de ilas 
grandes y venerandas tradiciones, y lia España moderna, en tod» 
cuanto ésta tiene de propio y original... En Menéndez fué encarnan- 
do, cada día con mayor amplitud y pujanza, el espíritu nacional, 
hasta llegar á ser el españoll más representativo de su estirpe; y gra- 
cias á él principalmente y á la acción decisiva que ejerció sobre la 
generación posterior, España tuvo, quizá por vez primera, íla revela- 
ción completa de su propio genio... Era un perfecto humanista; ma- 
nejaba como dueño y señor todos los tesoros de la lengua castellana; 
había sometido á crítica los grandes sistemas filosóficos y había tra- 
zado un rumbo original á su pensamiento; se había formado un con- 
cepto propio del arte y de da historia; había abarcado el vasto cuadro 
de ¡la literatura universal, desde Homero hasta las últimas manifesta- 



S. XIX, 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO I 83 

ciones de la poesía hispanoamericana, y había trazado las líneas fun- 
damentales de la historia de la civilización hispánica... Era un hom- 
bre del Renacimiento, extraviado en las postrimerías del sigJo decimo- 
nono... Acometió M. P. la triple tarea de restaurar el gusto clásico 
en España; de rehabilitar las olvidadas gllorias de la ciencia y la filo- 
sofía españolas; de renovar la historia de la literatura castellana... 
Su paganismo fué puramente literario, pues en filosofía de la histo- 
ria su criterio era providencialista... El ideal del arte consistía para él 
en infundir en las formas clásicas el espíritu cristiano ; por eso su poe- 
ta predilecto entre todos los líricos fué fray Luis de León, que pulsa 
la lira de Horacio para expresar anhelos místicos y parafrasea í!a es- 
tética de Platón para celebrar los efectos que produce en su alma la 
música religiosa de Sailinas. Menéndez creía que el velo de la belleza 
hacía menos peligrosas ciertas desnudeces morales del arte antiguo... 
Fué poeta en sus mocedades y guardó especial cariño á sus versos... 
Sus versos... son poesía sabia, manjar de extraño sabor para muchos 
paladares... Para el vulgo, íla erudición es una vieja, seca y adusta, 
de vista vacilante y de manto desteñido, cubierto con el polvo gris 
que brota de los libros olvidados; para un sabio como Menéndez, la 
erudición es una musa gentil, que con su antorcha ilumina los arcanos 
de la ciencia, permite descifrar los casi borrados renglones de los có- 
dices vetustos y hace surgir perfumadas floraciones de ese mismo pol- 
vo, que parecía árido é infecundo... Su vocación era la de prosista; 
y á la prosa llevó sus insignes cualidades poéticas de imaginación y 
sentimiento, creándose un estilo sin rival en su género entre los mo- 
dernos escritores castellanos... La prosa de M, P. es de corte moder- 
no, ni asiática ni cortada; de efecto rápido y directo. Se comprende 
que ha brotado sin esfuerzo de la pluma del autor, como manantial 
que salta y se derrama de una peña. El pensamiento encuentra sin 
vacilar la forma adecuada de expresión ; y los incisos se van agru- 
pando, por arte espontáneo, en torno de la frase principal, sin oscu- 
recerla ni entorpecer su paso, hasta que el período se cierra con una 
expresión vigorosa y rotunda, cuya música queda resonando en el 
oído. En ilos discursos tiene M. algo del número oratorio de Castelar, 
pero sin la redundancia que suele debilitar la elocuencia del céüebre 
tribuno. Porque la de M. P. fué siempre severa, castamente adornada 
y atenta á no emplear más palabras que las indispensables para la 
cabal expresión de su pensamiento. El calor de la convicción, la ener- 
gía vital que en todo ostentaba, encienden las frases, y la sangre 
fluye á través de los grandes períodos. Y cuando llega el momento 
culminante en que el artista de la palabra va á dar el toque final, efl^ 
que ha de subyugar al lector, el poeta interviene, y entonces la idea 
se transforma en imagen, y ésta se yergue, fresca y viva, como flo- 
ración que revienta para adornar con sus rojos pétalos la verde ca- 
bellera de un gigante del bosque. Si M. P. fué un bibliógrafo sapien- 
tísimo, digno émulo, con su Biblioteca de traductores, de Nicolás An- 



184 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (18701887) 

tonio y de Gallardo; si con sus polémicas renovó este género ili- 
terario... no son éstos sus principales títulos de gloria, pues sobre su 
labor de tal clase está la que realizó como historiador y como crítico 
artista... La crítica, así entendida, se enlaza con Oa psicología y entra 
en los dominios de la historia. Ella sondea los arcanos del alma, evo- 
ca los tiempos idos y resucita ¡las civilizaciones muertas. Hay un es- 
fuerzo creador en el crítico, como lo hay en el pintor de retratos, 
que sorprende los rasgos característicos de una fisonomía y los fija 
en el lienzo, dándonos la impresión simu;ltánea de un rostro y una 
alma. El crítico vuelve á vivir las obras de arte ; 'las penetra con su 
propio espíritu y coloca en el centro de ellas el fanail de su talento 
analítico, con el cual ilumina hasta las más recónditas profundidades 
y hace patentes bellezas que el mismo autor no entrevio sino de ma- 
nera confusa é implícita. Es, pues, la critica labor de ciencia y obra 
personail, pues el arte obedece á reglas, conforme á las cuales deben 
apreciarse sus producciones; pero hay en él algo inefable y sutil, que 
se escapa al análisis vulgar y sólo perciben esos profundos escrutado- 
res del mundo espiritual... M. P. trazó la serie de sus Estudios de crí- 
tica, á un tiempo artísticos y eruditos, que nos hacen recordar, por la 
dase de temas, por la manera elegante y filosófica de tratarlos, por 
el colorido de los retratos, por la extensión del cuadro histórico en 
que se mueven los personajes y hasta por el brillo del estilo, los tres 
tomos de Ensayos de crítica y de historia de Taine... M. fué un genio 
pródigo y despilfarrado, que, al corregir una obra, convertía una pá- 
gina en un nuevo volumen... Aunque incompleta la obra de M., de 
ella se desprende una idea general, que, en opinión de... Boris de 
Tannenber, "no le cede en imiportancia á la idea directora de Taine 
"en los Orígenes de la Francia contemporánea...^^ La campaña de 
M. no fué infructuosa, y una legión de sus amigos y discípulos, afilia- 
dos en distintas escuelas filosóficas, sigue con tesón en la tarea de res- 
taurar el genuino pensami-ento español y darnos el cuadro completo 
de su cultura." 

Obras principales (las demás en Bonilla, M. Pelayo) : Trucha y 
Cosío, Santander, 1876. Polémicas, Indicaciones y Proyectos sobre la 
Ciencia Española^ Madrid, 1876. La Cienciu Española, polémicas, In- 
dicaciones V Proyectos (la obra anterior, aumentada), ibid., 1880, 1887- 
88, tres vols. (aumentada). D. Evaristo Silió y Gutiérrez, Santander, 

1877 (en Rev. Cántahroastnriana) ^ 1897 (en Poesías de E. Silió). Ho- 
racio en España, traductores y comentadores, Madrid (1877), 1885. 
Estudios poéticos, ibid., 1878, 1883, 1906. Hermosilla y síi Iliada, ibid., 

1878 (en La Iliada, de Hermosilla). La Antoniana Margarita {Rev. 
España., 1878, ts. LX-LXI). Epístola á mis amigos de Santander, 
ibid., 1879. Los Cautivos, de Planto, ibid., 1879. Traductores españo- 
les de la Eneida, ibid., 1879 (y en La Eneida, de M. A. Caro). Traduc- 
tores de las Églogas y Geórgicas, ibid., 1879 (y en Egl, y Georg., 
Bibl. Clás.V Historia de los Heterodoxos españoles, ibid., ts. I y II, 



S. XIX. 1876. MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAVO I 85 

1880; t. III 1882; t. I (enteramente nuevo, ampiliación de seis pági- 
nas de la primera edición), ibid., 1911... Nada dejó escrito para pro- 
seguir Ja reimipresión de les Heterodoxos. Calderón y su teatro, ibid., 
1881, 1884 (dice 3.* ed., sin serlo), 1910. Dramas de G. Shakespeare. 
El Mercader de Venecia, Macbeth, Romeo y Julieta, Ótelo, Barce- 
lona, 1881, 1907 (los tomos II y III, 1883 y 1884, traduc. por José Ar- 
naldo Márquez). Obras completas de M. T. Cicerón^ Míidrid, I y II, 
188 1 (tratados de Retórica) ; III, 1883 {De la naturaleza de los Dioses 
y Del sumo bien y del si<mo mal) ; IV, 1883 (Oficios, De la vejez, De la 
nmistad, Paradojas) ; V, 1884 (Cuestiones Tusculanas^ De la adivina- 
ción. Del hado). Blanqucrna, de R. Lulio, pról. de M. Pelayo, dos vols., 
Madrid, 1883. Historia de las ideas estéticas en España, ibid., t. I 
{hasta fines del s. xv), 1883, refundido en dos vols., 1890-91, 1909-10. 
T. II (siglos XVI y xvii), dos vols., 1884, 1896-1901 (el t. I se titula 
t. III, el t. II se titula t. IV y abarca además, la Introducción del si- 
glo xviii). T. III (siglo xviii) dos vols., 1886, 1903-1904 (se titulan 
ts. V y VI). T, IV (s. XIX, de Alenvania, Inglaterra y Francia), dos 
vols., 1888 (la portada dice i887)-i889, 1907-08. T. V (Francia), 1891, 
1912 (titulo, t. IX). Así quedó incompleta la obra, con esta Introduc- 
ción, de las ideas estéticas en Europa. Estudios de crítica literaria, 
Madrid, 1884 (trabajos antes publicados: Poesía mística. De la histo- 
ria como obra artística, S. Isidoro, Rodrigo Caro Francisco Martínez 
de la Rosa, Núñez de Arce), 1893. Obras de Lope de Vega, 13 vols., 
1890-1902, con <!argas introducciones de M. Pelayo. Antología de Poe- 
tas líricos castellanos, 13 vols., 1890-1908 (los tomos VIII y IX con- 
tienen Primavera y flor de romances, de Wolf; el X, suplemento á 
la misma; el XI y XII, Tratado de los romances viejos; el XIII Juan 
Boscán). Historia de la Poesía castellana en la Edad Media (es la 
obra anterior, sin las poesías), 1911-16, tres vols. Ensayos de crítica 
filosófica, 1892 (Filosofía platónica en España, Orígenes del criticis- 
mo y escepticismo..., precursores esp. de Kant, Francisco de Vitoria). 
Juan Ginés de SepiUveda, Diálogo sobre las justas causas de la guerra, 
trad., 1892 (en Bolet. Acad. Hist.). Antología de poetas hispanoame- 
ricanos, cuatro vols., 1893-95. Historia de la poesía hispanoamericana 
(la obra anterior sin las poesías) dos vols., 1911-1913. Estudios de crí- 
tica literaria, 2.^ serie, 1895 (estudios antes publicados: Quadrado, La 
Celestina, El Alcalde de Zalamea, Tirso Historiadores de Colón, Lo- 
pe de Vega y Grillparzcr, Heine, Influencias semíticas en la lit. es- 
pañola), 1912. Historia de las literaturas castellana y portuguesa, por 
Fernando Wolf^ trad. del alemán por Miguel de Unamuno, con notas 
de M. Pelayo, Madrid (1894-1896), el original alemán salió en Berlín, 
1859. Estudios de crítica literaria, j.^ serie, 1900 (estudios antes pu- 
blicados: Torres Nahirro, Marchena). Bibliografía hispanolatina clá- 
sica, t. I, 1902 (hasta mediado Cicerón; el resto, ms., en que trabajó 
toda su vida, está en su biblioteca de Santander). La Epopeya caste- 
llana.... El Cid, confer., 1906. Orígenes de la novela, tres vols., 1905- 



1 86 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

07-10 (nada dejó para el t. IV que ha publicado Bonilla). Estudios de 
crítica literaria, 4." serie, 1907 (estudios antes publicados: Cultura lite- 
raria de M. de Cervantes y elaboración del Quijote, El Quijote de 
Avellaneda, Amos Escalante, Esplendor y decadencia de la cultura 
científica española^ Tratadistas de Bellas Artes en el Renacimiento 
español). Las Cien mejores poesías (líricas) de la lengua castellana,, 
escogidas por D. M. M. Pelayo, Londón, 1908. Estudios de crítica lite- 
raria, 5/ serie, 1908 (estudios antes publicados : MÜ4 y Fontanals, Pé- 
rez Caldos La Doncella Teodor, Interpretaciones del Quijote, Rodrí- 
guez Marín, José Quintana, Pereda, L. A. de Cueto). Discurso... en la 
inauguración del monumento á... Pereda, Santander, 191 1; Madrid,, 
191 1. Obras completas de Juan de Timoneda, t. I, Valencia, 191 1 (el 
estudio es de M. Pélayo). Discurso... del certamen eucaristico sobre 
los autos sacramentales, Madrid, 191 1. La nueva ed. de Los Jíetcrodo- 
xos, con adiciones, tendrá seis vols., de los que van impresos: 
I, 191 i; IÍ, 1917; ni, 1918. Cartas á Laverde, en poder del se- 
ñor Graiño. Consúltense : Homenaje á M. Pelayo en el año 20 
de su Profesorado, Madrid, 1899 dos vols.; Boris de Tannenberg, 
L'Espagne littéraire, Paris, 1903; Homenaje á M. P., en Ateneo, 1906- 
07; Juan José Soiza. Cien hombres célebres, Barcelona, 1909; A. Gó- 
mez Restrepo, Disc. en elogio de M. Pelayo, Bogotá, 1912; A, Gon- 
zález Blanco, M. M. Pelayo, Madrid, 1912; Rev. Archivos, número 
dedicado á M. Pelayo, Julio-Agosto, 1912; E. Mérimée M. M. Pelayo, 
en Bull. Hisp., 1912; Francisco Javier Garriga, M. Pelayo, discurso 
necrológico, Madrid 1912; Estudios, rev. B. Aires, 1912; Junta pú- 
blica... R. Acad. Sev. de Buenas Letras, Sevilla, 1912 (zy Octubre)^ 
Gonzalo Cedrún de la Pedraja, La Niñez de M. Pelayo, disc, Madrid, 
1912; Polo y Peyrolón, M. Pelayo, Valencia, 1912; C. Parpal y Mar- 
qués M. Pelayo, Barceüona, 1912; El Peregrino, rev., Madrid, Junio 
15, 1912; José Gómez Ocaña, Elogio de D, Federico Oloriz..., M. Pe- 
layo..., Madrid, 1913; Eduardo de Oliver-Copons, Recuerdos de M. 
Pelayo, disc, Vitoria, 1913; John D. Fitz-Gerald, M. Ai. Pelayo (en 
Romanic Rezñew, 1913) ; Homenaje de la Biblioteca Nacional de 
Chile, Santiago, 1913; Discursos... en la velada necrológica... en el 
teatro de la Princesa, 9 Junio, 1912; Homenaje á M. Pelcyo, en el 
Círculo CatóNco de Murcia, 2 Junio 1912; Luis Antón del Olmet, 
M. Pelayo, Madrid, 1913 ; Gabriel Maura Gamazo Disc. recep. Acad^ 
Hist., Madrid, 1913; Armando Donoso, M. Pelayo, Santiago de Chi- 
le 1913; artículos en muchas revistas y periódicos á su fallecimiento; 
Arturo Farinelli, M. M. Pelayo, en Internationale Monatsschrift fiir 
IVisscnschaft..., Berlín (año 8, núm. 8); A. Bonilla y San Martín, 
M. M. y Pelayo, Madrid, 1914 (el mejor estudio biogr., crít. y biblio- 
gráfico) ; Rev, Archiv., 1878 (Dic), 1898 (t. II), 1903 (Febr. y Ag.)» 
1906 (Noviembre), 1910 (Enero y Setiembre) ; M. Rubio Borras, Los 
Cuatro primeros escritos de M. M. Pelayo y su primer discurso, Bar- 
celona 1913; A. Rubio y Lluch, Discurso en elogio de M. Pelayo, 



S. XIX, 1876. JOAQUÍN COSTA Y MARTÍNEZ 1 87 

1913; B. Sanvisenti, Necrología de M. M. Peluyo, 1913 (en 11 LibrO' 
e la Stampa, Milán ; C. M. Abad Puente, La Cultura grccolatina en 
la formación y en las obras de..., 1914 (en Razón y Fe^ XXXVIII^ 
33-41-413-427) ; A. Rubio y Lluch, En M. Pelayo i Catalunya, 1914 
(en Cataluña, Barceilona) ; Menéndez Pelayo i su obra, Santiago de 
Chile, 1913; L. Ruiz Contreras, Memorias de un desmemoriado, Ma- 
drid, 1917; E. de Huidobro, M. Pelayo como cervantista, Santander, 
1916; Reseña y discursos de la solemne velada con que el día 26 de 
Junio de 19 ly se inauguró en la Bibl. Nac. la estatua de D. M. M. Pe- 
layo, Madrid, 1917; Carmelo Echegaray, Elogio de M. Pelayo^ San- 
tander, 1918. 

51. 'Año 1816. Joaquín Costa y Martínez (1844-1911)^ 
de Monzón, el primero de once hijos que tuvieron don Joaquín 
y doña María, labradores, que en 1852 se fueron á Graus. Su 
tío, el sacerdote José Salamero, le facilitó el estudio de la se- 
gunda enseñanza en Huesca y los títulos de maestro superior, 
delineante y agrimensor. Entró en el bufete del arquitecto os- 
éense don Hilarión Rubio; fué á la Exposición de París de 
1867, pensionado por la Diputación provincial, y escribió Ideas 
apuntadas en la Exp. de París ^ Huesca, 1868. Dos años estuvo 
en Francia, hasta ser llamado al servicio militar. Ayudado por 
su tío, estudió Derecho y se doctoró (1872), así como en Letras 
(1873), consiguiendo por oposición la auxiliaría de la cátedra 
de Legislación comparada en la Central (1874), el número uno 
en las oposiciones á la notaría de Granada (1878), plaza de abo- 
gado del Estado por oposición en Guipúzcoa, Guadalajara y 
Huesca (1875- 1878) y la de catedrático supernumerario en la- 
Central (i 874-1 875). Fué vocal de la Comisión de Legislación 
extranjera en el Ministerio de Gracia y Justicia (1884) y pro- 
puesto en terna para las cátedras de Derecho político en Valen- 
cia y de Historia en Madrid (1878); pero no habiendo logrado 
ninguna de ellas, como lo merecía, agriósele el ánimo y tomó 
otro derrotero. Abrió bufete de abogado en Madrid, hasta que 
en 1890, por consejo de los médicos, se fué á Graus, cuya no- 
taría no pudo conseguir. Fundó, contra los atropellos de los re- 
caudadores de contribuciones, La Liga de los contribuyentes de 
Ribagorza, origen de la famosa campaña de la Liga Nacional, 
que k dio á conocer en toda Espat~ia. El sentimiento de la pérdi- 
da de las colonias sacándole de su retiro fué el que se la hiza 



1 88 SEGUNDO PRRÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

fundar, presidiendo en Zaragoza la Asamblea de las federa- 
ciones agrícolas (1899), en que se aprobaron las bases de un 
programa político para la regeneración de la riqueza agrícola 
nacional. Declaróse republicano; pero viendo las miras egoístas 
de los directores de aquella tan pujante fuerza política, retiróse 
otra vez á Graus (1903), lanzando el anatema contra los diver- 
sos bandos que empobrecían á la nación y abandonando del 
todo la política. No quiso el acta de diputado por Madrid, Za- 
ragoza y Gerona, que le ofrecieron, y sólo en 1908 vino á in- 
formar contra la ley del terrorismo que quería promulgar Mau- 
ra. Su muerte, un duelo nacional, y por voluntad del pueblo 
enterróse su cadáver en la necrópolis de Torrero, en Zar 
ragoza. Ni fué incrédulo sectario ni creyente práctico, sino tibio 
é indiferente y recibió los últim'os Sacramentos. Nadie como él 
estudió la filosofía del Derecho y las fuentes jurídicas nacio- 
nales del derecho consuetudinario, hallándolas en la demosofía, 
en el alma del pueblo español. Abarcó después el problema na- 
cional en toda su extensión y lo expuso en Oligarquía y Caci- 
quismo^ conferencias dadas en el Ateneo. Su pensamiento fué 
siempre continuar la España histórica, podando las corruptelas 
y vicios de la moderna política, para que rebrotasen las raíces 
castizas, que, con sus hondos conocimientos históricos, veía 
ser admirables en las instituciones populares. Los extranjeri- 
zadores que tratan de regenerar á España desespañolizándola, 
interpretaron aviesamente sus frases de "cerrar con siete llaves 
el sepulcro del Cid", "í anear á España con aires de europeiza- 
ción", y le tuvieron por enemigo de las glorias nacionales. Har- 
to tiene declarado Costa en sus obras lo que entendía por tra- 
dición verdadera y popular y lo que la patriotería le había aña- 
dido. El criterio de Costa es el de ver en lo popular y castizo lo 
únicamente sano y grande, y en lo erudito é individual, lo mez- 
quino, egoísta y ficticio. Costa es uno de los más verdaderos 
oradores de su siglo, por la sinceridad, la hondura y perspica- 
cia de su pensamiento, la clara y ajustada manera de exponerlo, 
el fuego patriótico, que no sólo encendía á sus oyentes, sino 
que enardece no menos al que lee sus libros. La fuerza persua- 
siva de ellos pone bien de manifiesto que no deben lo más má- 
-nimo á la retórica ni á los afeites literarios, sino á la honda 




JOAQUÍN COSTA 



S. XIX, 1876. JOAQUÍN COSTA Y MARTÍNEZ 1 89 

conmoción que el autor sentía al escribirlos y al gran talento con. 
que supo expresar lo que sentía. En el conocimiento del alma 
española, hallada en los refranes, en el lenguaje, en las institu- 
ciones populares, no ha tenido en España quien le igualase. 
Costa es uno de los más elevados pensadores y más persuasivos 
escritores de la raza española : gran inteligencia, gran fantasía 
y gran corazón. 

52. Costa fundó y dirigió la Rev. de Geografía general (1885- 
87) colaboró en Rcv. de Legislac. y Jurisprudencia, Rev. Crítica de 
In Hist. y Liter., Boletín de la Soc. Geogr., Ilustr, Esp. y Amer. é 
Institución Libre de Enseñanza. Obras: Ideas apuntadas en la Expo- 
sición Universal de París de i86j, Huesca, 1868. La Vida del derecho^ 
Madrid, 1876 1914. Islas Líbicas, ibid., 1877. Teoría del hecho jurí- 
dico, individual y social, ibid., 1880, 1914. Poesía popular española y 
Mitología y Literatura celtohispanas^ 1881-1888. El Comercio español 
y la cuestión de África, 1882. Tranvías y ómnibus, 1883. La Libertad 
civil y el Congreso de los jurisconsultos aragoneses, 1883. Estudios ju- 
rídicos y políticos, 1884. Derecho municipal consuetudinario de Es- 
paña, 1885. Derecho consuetudinario del Alto Aragón, 1885. Revista 
de Geografía comercial, órg. de la Soc. Esp. de Geogr. Comercial^ 
1885-87, El Conflicto hispanoalemán sobre la Micronesia^ 1886. Plan 
de una historia del Derecho español en la antigüedad, 1889. Los Ayun-\ 
tamientos y las alineaciones de justicia, 1890-93. Reorganización del 
Notariado..., 1890-93. El Consejo de familia en España, 1890. Estu- 
dios ibéricos: la servidumbre entre los iberos. Litoral español del Me-i 
diterráneo en el siglo iv-v antes de J. C, 1891-95. Primrera campaña 
de la Cámara Agrícola del Alto Aragón (1892-93) 1893. Reforma de 
la fe pública, 1897. Colectivismo agrario en España, 1898. Revista 
Nacional, órgano de la Liga Nacional de Productores, 1899-1900. Re- 
constitución y europeización de España, programa para un partida 
nacional, 1900. Quiénes deben gobernar después de la catástrofe^ dis- 
curso, 1900. El Problema de la ignorancia del Derecho como culpa..., 
Barcelona, 1901. Oligarquía y caciquismo como la forma actual de 
Gobierno en España, Madrid, 1901-02. Derecho consuetudinario y 
económico popidar de España, t. I, Alto Aragón, 2.* ed., aumentada;, 
t. II, Zamora, Vizcaya, Asturias, Ciudad Real, Alicante, León^ Jaén, 
Burgos^ etc., en colaboración con otros, Barcdlona, 1902. El Juicio 
parcial y pericial y su procedimiento, Madrid, 1904. Los Fideicomisos- 
de confianza, 1904. Prólogo á Juan Corazón, de iSánchez Díaz, San- 
tander, 1906. La Fórnvula de la agricultura española^ dos vols., 191 1. 
Agricultura armónica, 191 1. Política hidráulica, 191 1. El Arbolado y 
la patria, 1912. La Tierra y la cuestión social-, 1912. Marina española,. 
1913. Los Siete criterios de gobierno 1914. Política quirúrgica, 191-Í- 
Crisis política de España, 1914. Colectivismo agrario en España, ipiS» 



igo SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Alemania contra España, 1915. Maestro, escuela y patria, 1916. La 
Enseñaíiza de la agricultura, 1916. Tutela de pueblos en la historia, 
i^iy. La Religión de los celtíberos, 1917. Ultimo día del paganismo 
y... primero de lo mismo (póst., sin acabar), 191 7. Reorganización del 
notariado^ igij. En la Revista España: Aílitología béticoextreme- 
ña, 1880 (t. LXXVI), Tratado de política racional é histórica^ sa- 
cada textualmente de los refranes, romanceros y gestas de la Pen- 
ínsula (1876-78, ts. LIII-LXV^). Organización política, civil y re- 
ligiosa de los celtíberos (1879, ts. LXVII-LXVIII). Poesía didác- 
tica y religiosa de los celtíberos (1880, ts. LXXV- LXXVI). Poesía 
religiosa en España durante la Edad Antigua (18S0, ts. LXXVII- 
LXXXVIII). Poesía heroica en id. (1881, t. LXXX.VIII). Poesía dra- 
mática hispanolatina y fonna de la poesía celtohispana (1881, 
t. LXXIX). Poesía líricodram. en España durante la Edad Antigua 
(1881, t. LXXIX). Crónica bibliográfica, la biología por Emilio Reus 
(1879, t. LXVIII). En Esp^ Mod.: Un regenerador español del si- 
glo XVII (1902, Dic). El Ultimo día del paganismo y el primero de... 
lo m,ismo (1910, Mayo-Jun.). Consúlkense : Marcelino Gambón y Plana, 
Biografía y bibliografía de don Joaqjiín Costa, Huesca 191 1; Antonio 
Puig Campillo, Joaquín Costa y sus doctrinas pedagógicas. Valencia, 
1911; A. Martínez Ruiz {Azorin), Sobre Costa, Barcelona {La Van- 
guardia^ 23 de Mayo de 191 1); Miguel S. Oli'ver, Las Enseñanzas de 
Costa, Barcelona {La Vanguardia, 21 de Abril de 191 1); Pedro Do- 
rado, Problemas de Derecho penal, t. I, Madrid, 1895; Rafael Alta- 
mira^ Historia de la Propiedad Comunal, Madrid, 1890; Manuel To- 
rres Campos, Bibliografía española contemporánea del derecho y de 
la política, i88o-i8p6, Madrid, 1883-98; Antonio Royo Villanova, La 
Regeneración y el problema político, Madrid^ 1899; Antonio Royo Vi- 
llanova, La Descentralización y el regionalismo, Zaragoza, 1900; To- 
más Carreras Artau, La Filosofía del Derecho en el Quijote, Barcelo- 
na 1904; R. Ailtamira. Psicología del pueblo español, Barcelona, 1902; 
Ramiro de Maeztu, Hacia otra España, Madrid, 1899; Miguel de Una- 
muno. Sobre la tumba de Costa {Nuestro tiempo), Marzo, 1911; Los 
Jurisconsultos españoles, articulo de Miguel Moya, t. I, págs. 237- 
242), Madrid, 191 1; Luis Moróte, La Moral de la derrota, Madrid, 
1900; Adolfo Posada, Literatura y problem-as de la sociología^ Barce- 
lona, 1902 ; Urbano González Serrano, La Literatura del día, ipoo 
á 190^, Barcelona, 1903; L. Stein Die Soziale Frage im Lichte der 
Philosophie (2." ed.), Stuttgart, 1903; Juan Guixé, Problemas de Es- 
paña, Madrid^ 1912; Bllas Infante Pérez, La Obra de Costa, Sevilla, 
1916; Luis Antón del Olmet, Costa, 1917. 

53. 'Año 18/Ó. Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), 
de Méjico, por seud. El Duque Job, Junius, El Cura de Jala- 
ilaco^ Puck, Recamier, escribió en El Federalista artículos ti- 



S. XIX, 1876. MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA I9I 

tulados Confidencias; después, en el Liceo Mexicano, Rer. 
Nacional, El Partido Liberal^ crónicas, cuentos y poemas. Fun- 
dó, con Carlos Díaz Dufóo, la Revista Azul (1892-93). Román- 
tico y sentimental por naturaleza, fué discípulo de M'usset y 
Bécquer, algo realista después y acaso un tantico modernista al 
fin ; el más tierno, hondo y sincero cantor americano del amor, 
del penar y del morir, en tono melancólico y endechero. Es el 
Bécquer americano, algo inferior á él, pero muy parecido; 
castizamente español por la métrica, el realismo y la clari- 
dad; clásico en la naturalidad, en la sencillez y en el esme- 
ro de cincelar los versos; moderno en la fuerza lírica subje- 
tiva y en la sentida amargura. Escribió desde 1876, y fué ce- 
lebrado, sobre todo después de su temprana muerte. Más afi- 
cionado que Bécquer á la gracia y delicado esmalte de la forma, 
por haber bebido en las modernas corrientes francesas que 
llevó á América, es menos hondo que él en el puro lirismo del 
alma, menos llano en la expresión, por consiguiente, y, en 
suma, no alcanza. á lo sublime de la pasión adonde se alza Béc- 
quer. Fué Gutiérrez Nájera el portaestandarte del modernismo 
en América, sin dejar de ser romántico y uno de los mejores 
poetas que han escrito en lengua castellana. 

José P. Velarde (1849-1892), de Conil (Cádiz), poeta 
del género andaluz, de viva imaginación, algo romántico y 
filosófico, cada vez más moralizador, de poca inventiva, un 
poco tirante en la parte musical y rítmica del verso, como si lo 
sacara á fuerza de puños, fué siempre un seguidor de maestros, 
de Zorrilla primero, luego de Núñez de Arce, después de Zola, 
aunque en teoría afirmase lo contrario; descolló en las descrip- 
ciones pintorescas y en la delicadeza de sentimientos. 

Esteban Burrero Echeverría (1849-1906), de Puerto 
Príncipe (Cuba), subsecretario de Instrucción pública (1901), 
catedrático de la Universidad de la Habana, fué poeta melan- 
cólicamente suave en su mocedad; después, tristemente desen- 
gañado, amargamente filosofador, de más hondura de senti- 
miento y pensar, brioso y apasionado, que esmerado y hala- 
güeño en la forma. 

5 4- Gutiérrez Nájera es el Bécquer americano; pero conviene 
<ieslindar bien las diferencias. Para muchos críticos de América vale 



192 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

más su Bécquer que el nuestro, como para los motlcrnistas de allá y de 
acá Rubén Darío es el más grande de los poetas que han escrito en 
castellano. Ni uno ni otro, ni mucho menos, ni miuchisiino menos. La 
critica americana peca, comúnmiente, por demasiado alabanciosa de 
sus co'sas. Hay que guardar más serenidad y tener más alto criterio, 
no metiéndose de golpe y porrazo en comparaciones, cuando no se po- 
see vastísima cultura. Por allá, ai punto comparan á sus poetas con 
los griegos: véase lo que citamos sobre Mirón y Xiájera. En cambio,^ 
tratándose de cosas de España todavía quedan resquemores que en- 
sombrecen las críticas, que no debieran. Blanco Fombona repite al 
hablar de Nájera lo que Nicolás Heredia dilató en su libro La Sen^ 
sibilidad en la poesía castellana, donde nos niega toda sensibilidad 
por sólo el fundamento, que es cierto, de que somos más varoniles 
'los españoles y más sensibles y aun afeminados los franceses y ameri- 
canos. "En España, dice Blanco Fombona, hasta los místicos carecen 
de ternura. La pasión de esta raza es combativa. En los propios colo- 
quios y deliquios místicos de Teresa la Santa hay una virilidad ceji- 
junta. Cree uno en ocasiones que la monja abulense va á exclamar, 
como en la coplla conocida : Si no me quieres, me mato." Llamar ceji- 
junta á Santa Teresa y traer esa capia, cosas son que fallarían sobre 
la incapacidad crítica de cualquiera, si por otro lado no conociésemos 
ia de Blanco Fombona. Parecida salida de tono se le escapó cuanda 
escribió, con más patrio- ería amtericana que serenidad crítica : "Aun- 
que don Miguel Antonio Caro, el enorme crítico clásico de Colom- 
bia..., aunque hombre de ese calibre, superior á todos los Menéndez 
Pelayo y á todos los Valera de España, y sólo comparable con An- 
drés Bello..."' 'Caro se taparía las orejas de vergüenza si tal hubiera 
oído y no menos se las hubiera tapado Bello, modestísimos ambos y 
sapientísimos varones; pero que muv á gusto confesarían de por sí que- 
dar por bajo de Valera como críticos y como escritores y por bajo de 
Menéndez Pelayo en todo. Con semejante criterio no es de extrañar 
se posponga Bécquer á Gutiérrez Nájera, cuando las mismas citas 
que veremos luego darán bien á entender lo contrario al discreto lec- 
tor. Por de contado, Bécquer, que no conoció la fiebre literaturesca 
modernista, hambrienta de gloria, cuyo lema ha sido llamar la aten- 
ción, aunque sea con extravagancias de todo calibre y que siempre 
olisca, cuando no hiede, á falso artificio, y siempre es más superfi- 
cial, logorrea y formalista que honda, sincera y humana, fué eso 
mismo, un poeta humano, sincero y hondo, que no llegó á saborear ni 
á pensar siquiera que la fama llevaría su nombre por España y Amé- 
rica y que allá y acá tendría infinidad de imitadores. De Gutiérrez Ná- 
jera hay que decir todo lo contrario de esto: fué aplaudido en vida; 
tomó del modernismo y participó de él, y, en cambio, fuera de su tie- 
rra, no sé qué escuela ni imitadores haya tenido ; en España nadie le 
conoce. Salta á la vista la diferencia. Bécquer endecha sus rimas por- 
que no puede menos, sin mira alguna literaria, por eso le salen del 




ESCRITORES MEXICANOS 

I. Justo Sierra. — 2. Manuel Gutiérrez Nájera. — 3. Rafael Delgado. — 4. José M. Bus-, 
tillos. — 5. Salvador Díaz Mirón. — 6. Manuel José Othon, 



S. XIX, 1876. MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA I93 

alma, sobrias, hondas y en llanísima expresión, frisando siempre por 
lo mismo en lo sublime de sentimiento; Nájera tiene puesta su mira 
sobre todo en acicalar sus versos, en acomodarlos á la moda, sin dejar 
por eso de ser sinceros y sentidos; pero por lo mismo es más fecun- 
do más superficial y á veces amanerado. El uno no mira más que al 
fondo; di otro, más á la forma. Bécquer es enteramente humano y po- 
pular: todos sus versos corren por doquier entendidos de todos, como 
voz del alma de todos; una sola estrofa, un solo verso se basta para 
herir el sentido de cualquier humano, por ser grito humano sin una 
palabra que huelgue ó que huela á literatura ó manera. Este arte está 
por encima de todo el modernismo, que tiene mucho de moda, y la 
moda pasa. Gutiérrez Nájera, más cercano que Rubén Darío á este 
arte humano y eterno, durará tras la moda, mientras de la obra de Ru- 
bén caerá no poco, á ella debido. El modernismo abunda en sensibi- 
lidad enfermiza y afeminada, por eso no prendió en Epsaña con fuer- 
tea raíces. Nuestra naturaleza no quiere esa sensibilidad, sin que pue- 
da negarse por eso la sensibilidad más varonil y más honda á la raza, 
de todos tenida por grandemente apasionada. ¿Cómo dudar de la pa- 
sión ddl carácter español y cómo concediéndoda negarle sensibilidad 
y ternura? Ahí están Bécquer, Espronceda y Gabriel y Galán, bien cerca 
de nosotros. Justo Sierra, Pról. á Poesías: "G. N., en su erotismo 
balbuciente é indistinto todavía, de imiitación con frecuencia, que era 
el acento genuino y daba el tono á sus composiciones, no se mostraba 
rebelde á la tradición cristiana... Lo inquietante era que en las estro- 
fas de G. N. resonaban á veces notas de pasión muy penetrante y 
dulce, si real y voluptuosa como ninguna, y no había en ella ni actitud 
clásica ni decoración mitológica. ¡Y el francesismo... ! Los diez ó doce 
primeros años de la vida literaria de G. N. (1876-88) fueron un viaje 
perpetuo por entre todas estas influencias, acereándose á todas, refle- 
jándolas todas, nadando en las aguas de los autores nuevos, encan- 
tado, admirado, sugerido... En aquel decenio se reveló prosista sin- 
gularísimo... por la fulguración perpetua, pero suavísima, como las 
noctilucas, de su frase, y por eH estilo, muy complicado, muy fino, 
saturado de poesía y de una inexpresable facultad de efusión íntima, 
familiar y acariciadora, que parecía tocar en lo amanerado, pero que 
sorteaba el escollo con un movimiento lleno de gracia y de gusto. En 
su prosa, comentario perpetuo de su alma lírica y amorosa..., fué en 
donde... formó su estilo, creó su personalidad literaria y llegó á la 
plena conciencia de su fuerza y de su arte. Entonces se hizo popular 
entre la sociedad inteligente y la sociedad de los salones el seudónimo 
de El Duque Job, que iba tan bien á su modestia y á su nobleza lite- 
raria... Sus versos, menos frecuentes que al principio, más artísti- 
cos..., emergen de su prosa periodística... ¿Y qué había en eí fondo 
de esa alma selecta, cuál era su facultad ingénita, la que sirve de ola- 
ve á su elegancia, á su ternura, á su amorosa y melancólica inspira- 
ción...? La gracia, especie de sonrisa del alma que comunica á toda 

TOMO IX. — 13 



194 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

producción no sé qué ritmo ligero y alado, que penetrando en ondula- 
ción impalpable, como la luz, por todas las ramificaciones nerviosas 
del estiilo, las presta cierta suerte de magia singular que produce en 
el espíritu una impresión parecida á la de la dificultad vencida sin 
esfuerzo, lo que se toma en delectación y encanto... O lúgubre ó se- 
rio, ó humorístico ó clásico, ó satírico ó tierno, todo trabajo suyo es, 
por efecto de la gracia, diáfano, aéreo, imponderable; su risa, sus lá- 
grimas, sus acentos patrióticos, su critica de arte, sus cuentos regoci- 
jados ó tristes hasta sus artículos políticos..., todo deja ver esa irra- 
diación particular de La personalidad del poeta... La distinción, el pri- 
mor, la elegancia del estilo, no son más que manifestaciones de la 
gracia nativa del hombre... El buen gusto del Duque era supremo; 
sus Odas breves, verdaderas ánforas del Cerámico, lo demuestran 
bien... La imaginación ponderada como la de un ateniense, la delica- 
deza del sentimiento, lia ternura del corazón... eran los signos distin- 
tivos del carácter de Manuel..." Blanco Fombona, Epílogo á Sus 
tncj. poesías, 1916: "Como el eucalipto..., él es joven, gracioso, me- 
lancólico, rítmico, bello... Ese eucalipto ci-mbreante, ¿qué es sino son- 
risa y regailo de Natura? Pues asimismo es regalo y sonrisa de Natu- 
ra, aunque avalorado por el arte, el temperamento de un sensitivo 
como G. N... Escucho una flébil y deliciosa música de estrofas... 
La elegancia literaria parece en él don de hada buena. Tuvo desde la 
cuna el sentido de lo gracioso, de lo delicado, de lo exquisito, tanto 
en el sentimiento como en la expresión. Como fué sentimental y apa- 
sionado de la forma en medio de su espontaneidad, á veces excesiva, 
da poesía de G. N., lo mismo que su prosa, es de constante elegancia 
arquitectónica y de sabor romántico. Pero el suyo es un romanticismo 
entreverado de realidades ó, por lo menos, no se aleja de cierto con- 
cepto postrealista del arte. También se empapará ese romanticismo 
fundamental en la corriente de novísimas estéticas... Trajo del ex- 
tranjero lio que en el extranjero encontró de bueno... Su romanticismo 
es postrealista, y en los últimos años del poeta, contemporáneo del 
simbolismo... A más de la gracia, de la morbidez formal y de la nota 
de quejumbre ó amargor sentimental, caracteriza á M. G. N., en cuan- 
to á poeta, la voluptuosidad, una casta voluptuosidad casi femenina 
por recatada y un suave misticismo persistente, ajeno á los dogmas, 
un doble sentimiento religioso... G. N., junto con J, Qemente Zenea 
y J. Antonio Pérez Bonalde, constituye trimurti de degistas muy deli- 
cados é intensos deíl romanticismo americano... G. N. aparece como el 
m^yor elegista del romanticismo en América... Mariposas, Ondas 
>¡nuertas, Pax animae... Elegista de amor ó elegista en el sentido res- 
tricto de poetas como Tibulo lo fué, supremo, en... Serenata... Aunque 
á veces nos parezca su sentimentalismo sin pasión, es decir, fingi'- 
m.iento; aunque á veces el sentim^entalismo fuera en él más bien há- 
bito, manera literaria, antes que frescura y candida emoción de in- 
genuidad, puede asegurarse que ningún poeta de México y pocos de 



S. XIX, 1876. MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA IQS 

América, escondieron semejantes californias de ternura en el cora- 
zón... G. N., que apareció en nuestro medio intelectual americano en 
momento de transición, de alboreo, de llegar á una encrucijada de es- 
cuelas, refleja en su obra ese instante de tanteo y de ensayos de vuelo 
que duró diez ó más años, los mejores de su vida literaria. No hubo 
tógica en su obra, ó hubo una lógica superior: la del momento, ó la 
de sus lecturas entreveradas, ó la de su temperamento impresionista. 
Sus primeros versos (1876-77) son románticos. Esa blanca Lápida rea- 
lista es de 1880. El óleo, d'oprcs nature, ó casi casi, titulado La Dii-' 
quesa de Job, es de 1884. En cambio. Tras los montes, una ebriedad 
romántica, es de 1884, y La Serenata de Schuhert, hito sentimental de 
este soñador, de 1888. Según se advierte, coexisten y alternan ambas 
manifestaciones de arte: la del sentimental y la del observador, la 
que lo coloca á dos pasos de Lamartine y la que lo distancia. Con las 
composiciones que, ajenas á las dos tendencias indicadas, revelan al 
G. N. nuevo, al G. N. contemporáneo del simbolismo francés; aquellas 
composiciones por ilas que puede considerársele, no vínicamente pre- 
cursor, sino columna del modernismo en América, ocurre lo propio: 
no obedecen á una orientación fija, sino alternan con las de otro ca- 
rácter. Las hay de 1890, como La Misa de las flores, maravilla de 
gracia; De blanco, especie de sinfonía en blanco mayor, apareció el 
año 1888, y en 1884 Nada es mío, de frescura y encanto inmarcesi- 
bles... En 1893 apareció su maravilloso Salmo de vida, mezcla de 
imaginación, de realidad, de simbolismo... Porque fué sentimental, 
siempre permaneció sentimentall eil fondo de su poesía... Sensitivo sin- 
cero, no pudo sustraerse á las varias solicitaciones de la naturaleza ó 
á las diversas sugerencias del arte de su tiempo..." Las mejores poe- 
sías de Gutiérrez Nájera son: Serenata de Schuber (1888), Mariposas, 
Carta abierta La Duquesa Job (1884), Non omnis moriar, Pax animae. 
Las almas huérfanas, Después, A un triste, A la Corregidora, Ondas 
muertas, Castigadas, Lápida (1880), La Misa de las flores (1890), De 
blanco (1888), A^ada es mío (1884), Salmo de vida (1893). En Esp. 
Mod; Cita, poes. (1900, En.). Cuentos frágiles, México, 1883. Poe- 
sías, ibid., 1896, con próil. de Justo Sierra. Obras, prosa dos vols., ibid., 
1898-1903: eíl t. I con pról. de Luis G. L^rbina, y el t. II con pról. de 
Amado Ñervo. T. I : Cuentos frágiles, Cuentos color de humo^ Cróni- 
cas y fantasías. Notas de viaje, Hiomoradas dominicales, Primera cua- 
resma del Duque Job, Segunda cuaresma. T. II: Intpresiones de teatro, 
Crítica literaria, Crítica social. Poesías, dos vol/s., París, 1909, con 
pról. de J. Sierra. Obras, prosa, artículos escogidos, Méjico, 1910 
(reimpresión del t. II de Obras en prosa). Hojas sueltas, artículos di- 
versos, ibid.. 1912, con pról. de Carlos Díaz Dufóo. Prosa, cuentos y 
crónicas, San José de Costa Rica, 1912 (Colee. Ariel). Amor y lágri- 
mas, poesías escogidas, ibid.^ 1912 (ídem). M. G. Nájera, sus mejores 
poesías, Madrid, 1916, con epílogo de R. Blanco-Eomíwna. Cuentos, 
Méjico, 1916. Cuentos de color de humo y Cuentos frágiles, Madrid, 



1 96 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

1917. Escribió di prólogo á Mirtos, de E. F. Granados, 1915. Consúl- 
tense: Ángel de Campo, Discurso ante la tumba de G. N., en Rev, 
Azul, 1895; Carlos Díaz Dufóo. Alrededor de un lecho, ibid., 1895, y 
otros varios artículos, ibídem; en lia misma revista hay otros muchos, 
y todos están citados en Genaro Estrada, Poetas nuevos, 1916. 

J. Valera, Poesía... s. xix, I, pág. 170: "El primero de los aludidos 
poetas fué don José Velarde. Crítica desapiadada y acerba se ensa- 
ñó contra este vate bondadoso y dulcísimo, y Je amargó la vida. Sin 
duda él incurrió en un error^ harto grave, pero inocente: en el error 
de creer ó, más bien, de soñar con la posibilidad de que pudiese al- 
guien entonces ser principal y casi exclusivamente poeta lírico y na- 
rrativo, como se puede ser abogado, médico, empleado en Hacienda, 
y ya^ á Dios gracias, hasta dramaturgo y novelista. Velarde se aven- 
turó, pues, en una empresa casi imposible, .y tuvo que ser cruel su des- 
engaño, Pero, prescindiendo de esto, debemos hoy hacerle justicia. 
Preciosos son sus versos é interesantes sus narraciones. El poema 
Alegría, lo mejor, en mi opinión, que nos ha dejado, es rico en delica- 
dos sentimientos, en colorido, para pintarnos la hermosura del suelo y 
del cielo de Andalucía y en talento de observación y artística flexibi- 
lidad de estilo para ver y representar ia vida en aquellos lugares y las 
faenas, regocijos y pasiones enérgicas de sus rústicos habitadores. A 
la verdad, yo no comprendo sino como manía de ensalzar ilo extran- 
jero y de denigrar lo propio, que no se estime Alegría y otros poemi- 
tas de sucesos campesinos de la edad presente, escritos por Velarde, 
tanto, ó casi tanto, aunque las comparaciones sean odiosas, como Her-\ 
man y Dorotea, de Goethe, y Evangelina, de Longfellow.'' J. Valera, 
Ecos Argentinos, 1891, pág. 105: "Tengo por cierto que José Velarde,. 
que murió no hace mucho, era elegantísimo poeta de viva imaginación, 
de tierno y delicado sentimiento y de expresión dichosa y fácil, sobre 
todo en La poesía descriptiva." José P. Velarde: Poesías, Sevilla, 1876, 
Nuevas poesías, ibid., 1878, 1881. Meditación ante unas ruinas, poema,. 
1879. Tcodomiro ó la cueva de Cristo, leyenda, Madrid, 1879. Fray 
Juan, poemc, 1880. La Niña de Gómez Arias, 1880. La Velada, 
poema, 1881. A orillas del mar, 1882. El Año campestre^ poema,. 
1882. Voces del alma, poesías, 1884. Mis amores^ poenta, 1884. El Ul- 
timo beso, ley., 1884. El Capitán García, poema, 1884. Fernando de 
Laredo^ poema. Toros y chimborazos, 1886. Obras poéticas, dos vo3s., 
Madrid, 1887. Alegría, poema, 1888. Pedro el Bastardo, dr. hist. (con 
Cavestany), 1888. 

Enr. J. Varona^ Poetas Cubanos, 1879: "En los versos de la ado- 
tescencia... (de Borrero) se transparenta aún el talento del padre^ con 
un matiz de melancolía soñadora... Volvió á cantar; pero esta vez 
sus cantos no eran quejumbrosos gemidos, eran gritos del combate, 
:m_precaciones, relámpagos de las tempestades de su alma. Cada una 
de sus nuevas composiciones responde á un choque, á una desilusión, 
á un pesar. Había ido en doílorosa odisea por entre los hombres; ha- 



S. XIX, 1876. LEOPOLDO CANO Y MASAS 1 97 

bía sondeado las profundidades de su espíritu, y había vuelto con esta 
sola fórmula...: la negación... Así es como Borrero ha venido á ser, 
si no el único, uno de los primaros poetas que han acordado «la lira cu- 
bana al diapasón de una sociedad lacerada y profundamente conmo- 
vida... La misma intensidad de su emoción lo embarga hasta el punto 
de no dejarlo dominar por compileto el instrumento que emplea, la 
palabra escrita. Por eso hay que buscarlo siempre en el fondo, en su 
pensar conciso y vigoroso, en sus imágenes netas y enérgicas, en sus 
cuadros llenos de pasión y contrastes." A la mujer, 1876. Poesías, Ha- 
bana, 1878. Aventuras de las hormigas, nov., 1888: es sátira cervanr 
tesca y la mejor obra del autor. Grupo de Familia, poesía (con Ma- 
nuel y Juana Borrero)^ 1895. Muerte y vida, 1895. Una carta íntima, 
1899. Lectura de Pascuas, cuentos, 1899. Alrededor del Quijote, 1905. 
Don Quijote, poeta, narrac. cervantesca, 1905. El Ciervo encantado, 
cuento, 1905. El Amigo del niño, libro primero de lectura, 1906. Auto-* 
biografía^ 1906. (Rev. Pac. Cieñe, y Letr.). La Instrucción pública en 
Cuba, 1906 (ibid.). Alma cubana, Habana, 1916. 

55. Año 18/6. Eugenio Selles y Ángel (n. 1844-). 
marqués de Gerona y vizconde de Castro y Orozco desde 1909, 
por seud. E. Ugen y O'Sesell, natural de Granada, publicó ver- 
sos desde 1862 y estrenó con aplauso el drama La Torre de 
Talavera (1877); después otros varios algo más medianos, me- 
lodramas y zarzuelas, entre las que se recuerda con goisto La 
Balada de la luz (1900). Puede decirse que el único drama de 
Selles, hermoso y muy aplaudido, fué El Nudo Gordiano 
(1878), inspirado en el librito Mátala^ de Dumas (hijo), así 
como su único libro acabado es La Política de capa y espada 
(1876). El teatro de Selles pertenece á la briosa y exaltada es- 
cuela dramática de Echegaray; pero siempre docente y de te- 
sis. Quiso su autor que fuese moral y realista; pero de hecho 
ni es realista ni moral sino á cierto viso. Es un continuado jue- 
go de ingenio por el cual, metido el autor en los más de sus 
personajes, que no tienen otra personal característica, hacen 
observaciones, sacando el jugo moral de la vida en sentencias 
brillantes y bien talladas, como él sabía escribirlas, á fuer de 
excelente literato. Faltan los caracteres y los choques dramáti- 
cos que de ellos naturalmente habían de resurtir y, por consi- 
guiente, falta la sustancia dramática. Fué Selles culto y bri- 
llante prosista. 

Leopoldo Cano y Masas (n. 1844-), vallisoletano, general 



igS SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-I887) 

de brigada (1900), escribió breves, intencionadas y agudas poe- 
sías satíricas, que llamó Saetas; pero hízose más célebre por 
sus dramas, siguiendo la escuela de Echegaray y Selles. Más 
joven que el maestro, no le fué en zaga cuanto al fuego de la 
vida, llena de pasiones y sentimientos, que llevó á las tablas, 
aunque las más veces falseada y de pura fantasía. Como Eche- 
garay, gustaba de efectos inesperados y de situaciones violen- 
tas; como Selles, sacrificaba algo el arte al trascendentalismo 
filosófico de lo real; gozábase, como el primero, en los arran- 
ques líricos ; como el segundo, en el delinear minuciosamente los 
caracteres. Pero distinguióse de entrambos en la constante 
amargura, en las frases aceradas y agudas invectivas, propias 
de su vena satírica, con que criticó á la sociedad. Sus Saetas 
llevólas, como quien dice, al teatro. Exageró algún tanto los 
caracteres perversos para que entre sus negruras resaltasen 
más los caracteres honrados. Traza bien el plan y todo corre 
con movimiento á su fin; hay calor y viveza; hábil manejo del 
diálogo, suelta y robusta versificación; pyero todo ello tejido 
primorosamente sobre un cañamazo de telas de araña, quiero 
decir, de pura fantasía, que no está tomado de la realidad. Fal- 
tando los fundamentos macizos, reales y vivos, todos son cas- 
tillos en el aire primorosamente trazados, sobresaliendo por el 
humorismo é ironía, el diálogo y las sentencias ; pero no menos 
por efectismos antinaturales y hasta pueriles. De entre sus 
obras, efectistas, exageradas, á lo Echegaray, hay dos algo^ 
más humanas, verisímiles, henchidas de verdad á ratos, de las 
mejores escritas en nuestra moderna literatura: La Mariposa 
(1879), llena de pensamientos delicados, y La Pasionaria 
(1883), uno de los dramas que más ruido han metido, tragedia 
al modo clásico, pero llena de fuego y de verdad humana, á la 
vez que de efectismos y tipos aéreos, en la que, como siempre, 
fustiga á la sociedad moderna con violentos fustazos y enér- 
gicos cauterios. Más de veinte veces tuvo que salir el autor al 
escenario, siendo harto más aplaudido su drama que Consuelo^ 
de Ayala, con valer bastante menos. Gustó mucho Trata de 
blancas (1887); pero encaramóse al arte simbólico en Gloria 
(1888) y ¡Velay! (1895), comedias estrenadas con siete años 
de intervalo. Otros seis tardó en presentar La Maya (1901), y 



S. XIX, 1876. EUGENIO SELLES I99 

aburrido de los críticos, á quienes nunca miró áe buenos ojos, 
y acaso no sin motivo, despidióse del público con Mater Dolo- 
rosa (1904). 

Arturo Campión y Jaime-Bou, navarro, laborioso cola- 
borador de Eiiskal-Erria, muy erudito en filología euskérica é 
historia vascongada, fervoroso y sano regionalista, publicó, so- 
bre todo, La Bella Easo, novela de costumbres donostiarras, de 
crítica social, hermosos caracteres, fuerte colorido y fiel pin- 
tura de costumbres. 

56- Estuvo Selles de redactor en La Iberia, El Universal, La 
Bandera Española, La Nueva Prensa, El Globo y La Corresponden- 
cia, y fué colaborador de otros muchos. Llevároníe á la Academia no 
se sabe por qué ni para qué, como á tantos otros. Maldades que son 
justicias es mal drama y fué mal recibido, sin que los actores tuviesen 
ia culpa que el autor les echó. Las Esculturas de carne (1883), á pe- 
sar del apoyo de todo el periodismo, que se empeñó en sacarlo á flote, 
hundióse, y bien hundido. Igual suerte cupo á ]os demás dramas, saSvo 
El Nudo Gordiano. Selles pretendió hacer teatro realista, teatro de 
ideas y teatro moral, y no consiguió ninguno de estos tres intentos. 
Con razón escribió Yxart: "Por empeñarse en ser revok:cionario y 
moral en una pieza, acaba por incurrir en el mismo defecto de los ad- 
versarios, el cual consiste en oívidar lia verdad y la belleza, que son 
arte y son teatro, por la morail escueta y puritana, que no es teatro ni 
es arte." Segi'm iSellcs, el arte realista es tan moral como el idealista, 
porque si no enseña corno el idealista, lo que debe hacerse, en cambio 
enseña lo que debe evitarse : aquél predica la virtud mostrando el bien ; 
éste, mostrando el vicio. Erígese, pues, Selles en predicador y mora- 
lista, á lo cual llama teatro de ideas, con lo que se olvida de que lo 
único que debiera hacer es ser dramaturgo. El estudio de una sociedad 
de mujerzuelas ahitas y sin alma; pero cubiertas de seda, como l!o hizo 
en Las Vengadoras (1884), cree que no sólo no es inmora/1, sino que re- 
sulta moralísimo como un sermón: sacar á tales mujeres á las tablas 
es sacarías á lo alto ded patíbulo. Esta pretensión de moralizar le llevó 
á falsear la realidad y á hacer una obra realmente inmoral, como 
toda obra falsa. Selles no nació para moraCista ni para moralistas nai- 
cieron los críticos de teatro; más les valiera hablar del arte y juzgar 
artísticamiente las obras teatrales. Sino que esto es algo dificultoso, y 
de moral barata todos entendemos. Las Vengadoras quiso fuese obra 
realista, esto es, que todo el mundo viese en él pintada la realidad en 
Madrid de esas queridas con títuík), entretenidas de alto vuelo, rameras 
finas, demimondaines, como las de París. Y resulta que el público no 
vio esa realidad, y Selles tuvo que ponerse á probarla. Tales cosas no 
se prueban, se ven, y nada más. Ahora, el año 1916, parece darse en 



200 c^L:GL•^'DO PERÍODO DI2 LA ÉPOCA REALISTA (187O-188/) 

Madrid algún atisbo de que con el tiempo pudiera haber aquí tales 
señoras. Atisbos no más; de la realidad, á Dios gracias, estamos toda- 
vía lejos. Y esa reallidad^ que no lo es, llevó Selles á las tablas el año 
1884. Dígase que eso es arte, no realista, sino de imitación de los dra- 
máticos realistas franceses, y acabáramos. Pero, ¿hay arte menos real 
que el de imitación? "Existen esas mujeres, se dijo; pero en formas 
peores^ con menos tono, menos filigranas y menos distinción, más 
bastas, con más arte de toreras que de amazonas y más sabor de cas- 
tañas que de trufas." Lo que se negó es que hubiese aún en Madrid 
"la Venus de mármol ó de marfil, estatua de salón, obra de museo"; 
no se había pasado de "la Venus de barro, obra de alfarería, estatua 
de plazuela^ artículo de comercio". Convino, al fin, en ello Selles, 
confesando que "refino, en efecto, el ejemplar común, pasándolo por 
un tamiz de seda", pues sus tipos "no son los corrientes por acá". "El 
arte, añade^ tiene sus artimañas necesarias, sus vehículos propios, 
como lias pildoras de quinina su capa plateada." Así es el realismo de 
Selles. El "tamiz de seda" es lo que todos llamamos veladuras de la 
realidad, más ó menos ideales. Las cuales rebajan el arte y lo hacen 
inmoral, digamos de paso. "Por el gusto de imitar en un teatro las 
formas de otro y hacer, en suma, un Demimonde castellano^ se in- 
ventan medios de a^cío que no hay, en vez de estudiar los naturailes, 
los que existen, sin duda. ¡Y á esto llaman realismo!" (Yxart), ¡Y 
ese inventar medios de vicios lo llama moralidad ! "Esto no es realis- 
mo, ni siquiera literatura. Esto es, simplemente, un artificio de la 
peor calidad: en literatura, la imitación de unas tesis sobadas, exó- 
ticas y fuera de lugar: en moral, la singullarísima tarea de atribuir á 
una sociedad formas de vicio muy refinadas que aún no alcanzó, sólo 
por el gusto de combatirlas aristocráticamente, como quien sigue la 
moda del figurín de la corrupción y el manual del perfecto disoluto. 
¿Se quiere falseamiento mayor de una teoría iliteraria y de una teo- 
ría moral?" (Yxart). Y luego los críticos atribuyen el fracaso del dra- 
ma á ser realista y se encarnizan en el realismo, atribuyéndole lo que 
no tiene y sólo le puso Selles. El cual, á su vez, clamará que el pú- 
bico españofl no gusta de realismo ni de arte perfecto, cuando preci- 
samente por gustarle no aplaudió á Selles ni aprecia ese realismo... 
de pega. Yxart, El Arte esén., I, pág. 181 : "Brilla también en Las 
Vengadoras, ante todo y por encima de todo, el díállogo... Pero el de- 
fecto se agrava hasta falsear de raíz toda la obra, gracias á la condi- 
ción especial que sallta á la vista desde las primeras escenas. En otro« 
dramas...^ si todo es diálogo, al menos son varios los interlocutores. 
En Las Vengadoras, nada de eso. No hay más que un interlocutor ha- 
blando por distintas bocas: el autor de la obra... Las frases... van 
cortadas del mismo modo; todas llevan la propia marca y salen de 
un solo molde. Pero hay otra cosa, además, y es que este molde es 
el de los axiomas, el de los apotegmas morales y sentencias y ras- 
gos de ingenio... No hace más que vaciar en una prosa de estruc- 



S. XrX, 1876. EUGENIO SELLES 201 

tura geométrica las mismas agudezas y rasgos de ingenio á que 
antes daba ¡la forma de acicaladas redondillas... Debajo de aquel ver- 
balismo no hay, realrruente^ drama y que, con tanto ingenio, falta pre- 
cisamente el talento dramático." Yxart, El Arte escénico, I, pág. 74: 
"Los personajes de Selles profieren sin parar sentencias, antítesis, 
pensamientos, observaciones morales, vaciados en troquel de gran re- 
lieve, de una concisión y originalidad de frases raras: son una espe- 
cie de mots d'auteur á (la española, que encajan en los dos últimos 
versos de toda redondilla, y que, en apartes simétricos, en réplicas al- 
ternadas, se disparan los personajes unos á otros revelando siempre 
con gran regocijo del público el mismo ingenio, el del autor, que escribe 
por su cuenta del mismo modo que hablan sus personajes... En El 
Nudo Gordiano, los espectadores recibían tal granizada de lacónicos 
pensamientos sublimes con los rumores de sorpresa de las multitu- 
des viendo estallar en el aire uno tras otro cohetes, petardos y estre- 
llas de calores. Esta ha sido una de tantas variantes de esa falsa for- 
ma tan encomiada, aparte en las gacetillas, y opuesta simpre á todo 
diálogo realmente bello, realmente dramático y adherido á ¡la situa- 
ción, como cuerpo flexible y vivo al espíritu que alienta y piensa. Ni 
aquel ingenio en pildoras, todas de la misma fábrica, es la fluida y 
animada gracia entre personajes bien distintos y con distinto talento, 
ni tiene nada que ver con las directas inspiraciones de la pasión dra- 
mática en cada instante en cada segundo de su desarrollo. Y, sin em- 
bargo, sin soltar de la mano aquel instrumento, el más impropio para 
dar voz á los caracteres contemporáneos, sin mudar toda la arma- 
zón de tales obras, pretendió Selles, francamente enamorado de la 
vida moderna traer á las tablas nuevas costumbres de 3a sociedad 
madrileña de tiempos más próximos en dramas como Las Vengadoras.'" 
Revilla : "La representación de El Cielo ó el suelo ha demostrado nue- 
vamente los graves peligros que entraña lo que llamamos drama do- 
cente, trascendenta.1 ó de tesis... En el caso presente, la tesis ha pre- 
ponderado sobre el drama y éste ha quedado suprimido desde el prin- 
cipio. Figuras sin realidad ni vida, personificaciones abstractas, enti- 
dades sin alma, han sustituido á ¡los personajes reales y verdaderos 
que deben moverse en la escena... La inverosimilitud lo ha invadido 
todo, la realidad se ha evaporado y el drama construido con ricos ma- 
teriales y revestido de admirables formas, falto de cimientos, ha que- 
dado en el aire, como edificio que Habrán los genios fantásticos del 
sueño." Ajiorín, Clás. y mod., pág. 297 : ^^La Política de capa y espada, 
libro escrito en un estilo conciso, rotundo, plástico; libro repleto de 
menudos hechos, de detalles, de particularidades; libro demoledor, di- 
sociador; libro en que se pulverizan viejos prejuicios, viejos tópicos, 
viejos puntos de vista." Eug. Selles: La Política de capa y espada, pu- 
blicada en El Globo y aparte, Madrid, 1876, 1914. La Torre de Tala- 
vera, dr., 1877. Maldades que son justicias, dr., 1878. El Nu¿o Gordia- 
no^ dr., 1878. Teatro, dos vols., Madrid, 1877-78. El Cielo ó el suelo. 



202 SF-C.UNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887I 

dr., 1880. Las Esculturas de carne, dr., 1883. Las Vengadoras, dr., 
1884^ 1892. La Vida pública, dr., 1885. Narraciones, Madrid, 1892. El 
Celoso de su imagen ó Hacer mal por querer bien dr., 1893. El Pe- 
riodismo (disc. rec. Acad.), 1895. La Mujer de Loth, 1896. Los Do- 
madores, dr., 1896. Cleopatra, dr., 1898. Los Caballos, sátira dialo- 
gada, 1899. La Balada de la luz, zarz. (mus. de Vives), 1900. La Bar^ 
carola, zarz. (mus. de Caballero y Lapuerta), 1901. La Nube, dr.,. 
1902. Las Serpientes^ 1904. Tragedia de celos, 1910. Icaro, nov. dram., 
1910. Consúltense: Nicolás Santa Olalla y José M. Tarrago, El Nudo 
Gordiano del Sr. Selles ante la ley y ante la moral, Madrid, 1879; 
Francisco Pí y Arsuaga, Echcgaray, Selles y Cano, Madrid, 1884; 
Romualdo Alvarez Espino, Ensayo de critica sobre el drama de Se- 
lles titulado El Niido Gordiano, Cádiz, 1879. 

Salió Cano de teniente en la Academia de Estado Mayor (i8ói;, 
llegó á capitán (1867), á comandante (1868) y fué profesor de la Aca- 
demia (1867-1871); peleó á las órdenes de Martínez Campos; volviá 
á la Academia, y, de teniente coronel, pasó á la Dirección general de 
Instrucción Militar; coronel en 1889, fué á Puerto Rico en 1890; á 
los tres años volvió y ascendió á general de brigada en 1900, y estuvo 
después de director en la Escuela Superior de Guerra ; fué general de 
división, fiscal del Consejo Supremo de Guerra y Marina y consejero 
hasta pasar á la reserva. Logró triunfos literarios en Madrid, y -¿n 
1910 entró en la Academia Española, no se sabe por qué. Yxart, Arte 
escénico en España, vol. I, pág. 74: "Cano nos lleva otra vez al me- 
lodrama más trasnochado con Los Laureles del poeta^ La Opinión pú- 
blica y La Pasionaria, caldeadas por una imaginación vivaz que acu- 
mula las extravagancias, las maldades y corrupciones de brocha gor- 
da, entre escritores de buhardilla, incluseros, mujeres sentimentales, 
etcétera como si no hubiese pasado un solo día de la invención del 
iolletín acá. La forma particular de aquellos dramas, con sus cuadros 
de electo, su urdimbre grosera, su diálogo seudofilosófico es ya de 
lo n.ás falso que se ha aplaudido. El diálogo, particularmente, toma 
en aquellas obras lo mismo que en las de Selles, una forma peculiar, 
que es, quizás, lo curioso, si no absolutamente nuevo, de aquella lite- 
ratura: una especie de conceptismo, más gráfico, breve, pintoresco y 
mordaz que la tirada lírica. Cano usa del apólogo, del cuento, la fra- 
se satírica y cáustica en fragmentos que pueden publicarse sueltos en 
cualquier periódico." Publicó Un filósofo en fiambre, juguete cómico, 
1876. El mus sagrado deber, dratna, 1877. Los Laureles de un poeta^ 
id., 1878. La Opinión pública, id., 1878. La Mariposa, id., 1879. El 
Código del honor id., 1881. La Moderna idolatría, 1882. La Pasiona- 
ria, 1883. La Muerte de Lucrecia, 1884. Saetas, poesías. Trata de 
blancas, comedia, 1887. Gloria, comedia, 1888. ¡Velay!, comedia, 1895. 
La Maya^ 1901. Mater dolorosa, drama, 1904. El Preceptismo y la poe- 
sía, en el teatro, 1910 (disc, rec. Acad.). Consúltese Francisco Pí y 
Arsuaga, Echegaray, Selles y Cario, Madrid, 1884. 



S. XIX, 1876. r.OLA RODRÍGUEZ DE Tló 203 

Francisco Gáscue, Pról, á La Bella Easo : "'Blancos v negros... 
novela excelente: ambiente y paisaje admirables, tomados del natu- 
ral de la Barranca de Navarra y descritos con talento artístico ; tipos 
perfectos de la pura raza eúskara, acción hábilmente conducida en 
interés creciente, hasta llegar al punto dramático culminante; des- 
enlace lógico y natural; realzado todo ello con un estilo fácil, claro y 
elegantemente sencillo... En La Bella Easo se admiran también, como 
en las anteriores producciones del autor, las galas de un estilo fluido, 
natural, sin amaneramientos de ningún género, elegante y castizo... 
No es él pintor convencionalista y académico de los que trabajan en 
su despacho, sino de aquellos que colocan el caballete en plena natu- 
raleza... Sus descripciones del paisaje son fotografías coloreadas por 
una imaginación de temple artístico, y sus retratos de personas per- 
tenecen á la escuela realista más perfeccionada... Los tipos de La 
Bella Easo son creaciones del autor_ tipos representativos de esa di- 
versidad de temperamentos, caracteres y opiniones, como pueden ob- 
servarse en reuniones amistosas de círculos ó en tertulias particulares. 
El mérito consiste precisamente en que esas creaciones encajan per- 
fectamente en el cuadro de Jayápolis... El amor intenso del autor 
al pueblo vasco se exterioriza en toda la novela... La Bella Easo, á 
sus cuadros, escenas y tipos admirablemente presentados, á su inte- 
resante acción, á su hermoso y sencillo estilo, une en alto grado la 
cualidad preciada de enseñar, por lo mismo que hace reflexionar y pen- 
sar, que induce á tratar problemas trascendentales de Jayápolis..." Se-^ 
gundo Arturo Campión: Consideraciones acerca de la cuestión forát 
y los carlistas en Nabarra, Madrid, 1876. Orreaga, balada escrita en 
dialecto guipuzkoano, con traducciones á los cuatro dialectos literarios 
de la Lengua eúskara y á dieciocho variedades dialectales de Nabarra, 
Pamplona, 1880. Ensayo acerca de las leyes fonéticas de la Lengua 
eúskara, San Sebastián, 1883. Gramática de los cuatro dialectos lite- 
rarios de la Lengua eúskara, Tolosa, 1884. Víctor Hugo (semblanza;, 
Tolosa, 1885. Don García Alnwrabid (crónica del siglo xiii), Tolosa, 
1880, Euskanana (historia 2 través de la leyen'ia), Bilbao. Euskariana 
(fantasía y realidad), Bilbao, Euskariana (algo de historia), Bilbao. 
Blancos y negros, novela, Pamplona, 1899. Euskariana (algo de his- 
toria, 2." volumen), P3.mplona, 1905. Discursos políticos y literarios. 
Pamplona^ 1907. Conferencia acerca del nacionalismo, dada en Ger- 
nika el /p de Abril de ipo8. La Bella Easo, novela, con prólogo de 
don Francisco Gáscue, dos tomos. Pamplona, 1909. Euskariana (algo 
de historia), vol. 3.°, ibid., 1915. En Esp. Mod.: Hist. del Ampurdá.i 
por José Pella (1889, Mayo). La Sucesión de Fernando VII en Na- 
varra (1890, Febr.). Contrastes (1890, Oct.). El Fausto en la música 
(1891, Jul.-Oct.). Pedro Mari (1895, ^S-, Set.). 

5 7. Año J8yó. Dolores (Lola) Rodríguez de Tió (1849-), La 
cantora de las lomas, nació en San Germán de Puerto Rico y publi- 



204 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

có M-is cantares, Mayagüez, 1876. Estuvo en Caracas dos años y com- 
puso La Vuelta del Pastor, El Arpa hebrea, A Planto, La Caridad. 
Juntas todas estas hermosas poesías publicólas con el título de Cla- 
ros y nieblas, Mayagüez, 1885. "En sus poesías resplandecen la co- 
rrección y el buen gusto y se respira un perfume que trae á la memo- 
ria las delicadas inspiraciones de fray Luis de León'' (Núñez de 
Arce), Después Mi libro de Cuba, poesías. Habana, 1893. 

Manuel Fombona Palacio (1857-1903), de Caracas (Venezuela), 
viajó por Europa (1881-83), fué bibliotecario.de la Academia Vene- 
zolana, ministro de Fomento (1890) ; discípulo de Nicasio Gallego 
y de los parnasianos, muy correcto y aun clásico por temperamento, 
como en sus odas A Andalucía, A la muerte de Alfonso XII, Pura- 
mente parnasiano es el poema Hannibal ante portas. Publicó Poetas 
españoles y americanos, composiciones coleccionadas, Caracas, 1876. 
Obras Literarias, Caracas, 1904. Gonz. Picón Pebres, La Liter, Venez., 
1906, pág. 313: ''Si de algún poeta venezolano puede decirse muy en 
alto que no tiene manchas ni defectos, es de M. Fombona Pa/lacio. Es 
difícil encontrarle prosaísmos, adjetivos desgarbados ó llanezas de len- 
guaje. Versadísimo en la lengua castellana y extensamente sabio en su 
literatura desde los más lueñes orígenes, trabajó sobre aquélla, tanto en 
verso como en prosa, con verdadera corrección, noble cultura y elegan- 
cia. Su destreza para versificar puede calificarse de completa. Sus es- 
trofas tienen alegría en la expresión, movimiento pintoresco y un bri- 
llo extraordinario. Fué maestro en la composición irreprochable de la 
décima, tanto como Núñez de Arce, y en el romance de ocho sílabas, 
hecho con todos los cánones del arte, nadie lo aventaja en Venezuela. 
Tiene mucha semejanza con Francisco Guaycaypuro Pardo, no sólo por 
el esplendor y música de la versificación sino también (y me refiero al 
conjunto de su poesía) porque expresa miejor lo que ve que lo que sien- 
te... Como poeta descriptivo es gallardísimo, aun cuando su admiración 
por ciertas locuciones clásicas, ya descoloridas le quite algo de la in- 
dependencia con que generalmente se produce. Sus composiciones 
Vivida imago, Andalucía y A la ciudad de Coro son admirablemente 
magistrales, y en la titulada Alfonso Doce la entonación es solemne, 
gráfico lo descriptivo, propia y riquísima la adjetivación y las estro- 
fas rebosan señorío, gentileza y egregia dignidad aristocrática... Las 
elegías que escribió sobre las tumbas de su padre y de su hijo son dos 
gritos del corazón hecho pedazos." 

Vicente Arana (i 846- i 890) de Abando (Guipúzcoa), fundador 
de La Rev. de Vizcaya, colaborador de El Bazar (1874-75), excelente 
narrador, publicó Oro y oropel, verso y prosa, Bilbao, 1876. Los Úl- 
timos iberos, leyendas de Euskaria, Madrid, 1880, 1882. Leyendas del 
Norte, poesías, Vitoria, 1890. 

Ros.\Rio Acuña y Villanueva de la Iglesia (n. 1851-), de Bezana 
(Santander) que dio buenas esperanzas con el estreno de su primer dra- 
ma, mudó de rumbo y diosa á filosofar con escasa suerte, menos por fal- 



S. XIX, 1876. FR.\NCISCO R. DE UHAGÓN 2o5 

ta de talento que de suficiente cultura, por lo cual sus ideas librepensa- 
doras la hicieron malquista para con casi todos. Un ramo de violetas, 
Bayona. Ricnzi, dr., 1876. Ecos del alma, poesías, Madrid^ 1876. Una 
limosna para Murcia, poesía {Rev. Esp., 1879^ t. LXXI). A la luz de 
la luna, id, (ibid., 1880, t. LXXV). Tribunales de venganza, dr., 1880. 
Morirse á tiempo, ensayo de un poema, imitación de Campoamor, Za- 
ragoza 1880. Tiempo perdido, narraciones, Madrid, 1881. La Siesta, 
artículos, ibid., 1882. Sentir y pensar, poema cómico, ibid., 1884. Con^ 
secuencias de la degeneración femenina, confer., 1888. Lecturas ins- 
tructivas para niños. Páginas de la naturaleza, la casa de 'muñecas, 
Madrid 1888. El Crimen de la calle de Fuencarral, 1888. El Padre 
Juan, dr., 1891. La Vos de la patria, 1893. 

Alfredo Morel-Fatio (1850-), francés, de los más señalados his- 
panistas, muy erudito, ultracritico á veces, publicó muchas obras y ar- 
tículos, sobre todo en el Bulletin Hispanique. Recordemos: Relación del 
viaje hecho por Felipe II en 1585 á Zaragoza, Barcelona y Valencia, 
escrita por Enrique Cock, Madrid, 1870. L'Espagne au xvi et au xvii 
siécle, Heilbronn, 1878. El Libro de ejem^plos por ABC, de Sánchez 
de Vercial, París, 1878. Jornada de Tarazona hecha por Felipe II... 
r;cop. por E. Cock, 1879. Catalogue des manuscrits espagnols de la Bi- 
blioth, Nalionalc, París, 18S1, 1892. La Comedia espagnole du xv^t" 
siécle, 1885. Libro de las fechas y conquistas del principado de Mo- 
rca... por Fr. Johan Fernández de Heredia, 1885. Eludes sur l'E.<;pagm,^ 
1888- 1 890- 1 904, tres V0I5. Libros extranjeros sobre cosas de España, 
1889 (en Esp. Mod., Ag.). El Traje de golilla y el traje militar, 1894 
(ibid., Set.). Ambrosio de Solazar et l'étude de l'espagnol en Francc 
sous Louis XIII, 1900. La Historia en el drama, Ruy Blas de Víctor 
Hugo, 1902 (ibid.. Marzo). Opiísculos (1875-1905), dos vols. Nouvelles 
études sur S. Thérese. El Libro de Alexandre, 1906-07. Une hist. inéd. 
de Charles-Quint par un fourrier de sa cour, París, 191 1. Cinq recueils 
de picces espagnoles de la Bibliothcque de l'Université de Paris et de 
la Bibl. Nationale, 191 1. Historiographie de Charlcs-quint, i.ere par-' 
fie, suivie des Mémoires de Charles-quint, texte port. et trad. franc, 
París, 1913. Le revoluti o nnaire espagnol D. Andrés M.^ de Guzmán,. 
dit D. Tocsinos, 1916. En Romanía: Notes sur la langue des "Farsas 
y Églogas'' de Lucas Fernández (t. X). Recherches sur le texte et les 
sourccs du "Libro de Alexandre" (t. IV). Textes castillans inédits 
du xiii' siécle (t. XVI). En Bidl, Hiíp.: La vie de D. Luis de Reque- 
scns (t. VI). £>, Bernardina de Mendoza (t. VIII). La "Farsa llamada 
Salmantina" de B. Palau (t. II). Arte nuevo de hacer comedias, de 
Lope (t. III), etc. 

Francisco R. de Uhagón, Mürqués de Laurencin, nacido en Bil- 
bao (1854), doctor en Derecho civil, canónico y administrativo aca- 
démico de número de la R. de la Historia y su director (1918), es uno 
de nuestros eruditos más sólidos y autorizados. Sus obras bastan 
para honrar una época literaria. Causas de la acumulación de la pro~ 



206 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.ALISTA (187O-1887) 

piedad territorial en España, Madrid, 1876. La Iglesia y los toros, an- 
tiguos documentos religiosotaurinos^ Madrid, 1888. Estudios bibliográ- 
ficos españoles. La Caza (con Enrique de Leguina) Madrid, 1888. 
Varias relaciones del viaje de S. M. (Felipe IV) desde su palacio de 
Sevilla al Bosque de Doña Ana del Duque de M^edinasidonia..., Ma- 
drid, 1888 y 1889. Un estudio sobre los libros de cetrería del canciller 
Pero López de Ayala, de Sant Fahagun y de D. Fadrique de Zúñiga, 
Madrid 1889. La Patria, de Colón según los documentos de las Orde- 
nes militares, Madrid, 1892. Recopilación de las casas de Vizcaya del 
Cronista Arévalo, Madrid 1893. Índice de documentos de la Orden 
militar de Calatrava existentes en el Archivo Histórico Nacion<il, 
Madrid, 1899. El Verjel de los Príncipes por Ruy Sánchez de Arévalo, 
Deán de Sevilla. Códice del siglo xv, Madrid, 1900. Un cancionero dd 
siglo XV con varias poesías inéditas, Madrid 1900. El Santo Cristo de 
M\aría Stuardo, que hoy pertenece á S. M. la Reina Regente, noticias 
jy documentos, Madrid, 1901. Ulna traducción castellana desconocida 
de la Divina Comedia, Madrid, 1901, índice de pruebas de los Cabai 
lleras que han vestido el hábito de las cuatro Ordenes militares d-e 
Santiago, Alcántara Calatrava y Mantesa, desde el año 1501 hasta 
la fecha, Madrid, 1901. Desafio de D. Rodrigo de Benavides hijo del 
Conde de Santisteban del Puerto, y Ricardo de M\erode, señor de 
Frentzen, por los amores de madama de Gramimont, en el año 1556, 
Madrid, 1902. Los Uhagon, señores de Hoditequi, datos y noticias, 
Madrid 1908. La Ovandina de D. Pedro Mexía de Ovando, informc\ 
Madrid, 1909. Enrique IV y la excelente señora llamada vulgarmente 
doña Juana la Beltraneja, informe, Madrid, 1913. Garcilaso de la Vega 
y su retrato, informe, Madrid 1914. Documentos inéditos referentes 
al poeta Garcilaso de la Vega, Madrid, 1915. Festines celebrados en 
el Vaticano con motivo de ias bodas de Lucrecia Borgia con D. Alon- 
so de Aragón, príncipe de Salerno y duque de Biseglia, hijo deí rey 
D, Alonso II de Ñapóles, Madrid, 1916. En la Sociedad de Biblió- 
filos españoles : Los Diálogos de la montería {manuscrito inédito de l'i 
R. A, de la Historia) Madrid, 1890. Dos novelas de Alonso Jerónimo 
de Salas Barbadillo, con un estudio biobiblio gráfico, Madrid, 1894. 
Relaciones históricas de los siglos xvi y xvii, Madrid, 1896. En la 
R. Academia de la Historia : Su Discurso de recepción (Maestrazgo 
de don Pedro Girón) y contestación á los discursos de los señores 
Bethencourt, Conde de Valencia de don Juan, don Juan Pérez de 
Guzmán y Barón de la Vega de Hoz y multitud de informes artícu- 
los y estudios publicados en boletines, revistas y periódicos. 

Ricardo Beltr.\n y Rózpide (n. 1852-), de Barcelona, gran geó- 
grafo, archivero de la Soc. Geogr. de Madrid, publicó, entre otras 
obras, Viajes y descubrimientos efectuados en la Edad MV-dia..., Ma- 
drid. 1876. La Polinesia, 1884. Bibliografía Colombifia, 1892. Desea-- 
brimiento de la Oceanía por los españoles, 1892. Repertorio de pu- 
blicacicnes y tanas de la Sociedad Geográfica (1876-1910), 1901-11, 



S. XIX, 1876. FRANCISCO DE BOFARULL 10"} 

dos vols, Isidoro de Antillóii, 1903. Los Piieblos hispanoamericanos cit 
el s. XIX, 1904, 1907. 1913- ^os Pueblos hispanoamericanos en el 
s. XX (1901-12), cuatro vols., 1904-13. La Mosquitia, 1910. Política 
geográfica, La expansión europea en África, 1910-12, dos vols. Es- 
critores daneses sobre la hist. de España en los últimos veinticinco 
años. 1910 (en Bol. Acad, Hist., LVII). Compendio de Historia de 
España, 191 1. La Acción europea y les revoluciones en Asia^ 1912. 
Fran-cisco de Bofarull y de Sartorio (n. 1843-), historiador y bi- 
bliófilo barcelonés, archivero de la Corona de Aragón, publicó mu- 
chas obras meritorias, de trabajosa investigación. Colección de cartas 
inéditas del Archivo de la Corona de Aragón. Juan I de Aragón con- 
siderado como bibliófilo {Revista Histórico-Latina, t. III, año 1876. 
ídem Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana, Palma, 1887-88). 
Felipe de Malla y el Concilio de Constanza. Estudio histórico. Docu- 
mentos justificativos y correspondencia de los Embajadores aragone- 
ses, Gerona, 1883. Breve reseña de la antigua cofradía de Maestros 
Sastres de Barcelona, bajo la advocación de Santa María Magdalena, 
Barcelona, 1884. Gilberto de Cruilles, Barcelona, 1885. Reseña histó- 
rica del carácter y desarrollo de los Municipios catalanes, desde la 
época de la reconquista hasta el reinado de Felipe V. (Memoria pre- 
miada en el certamen celebrado en Villanueva en 1886 y publicada en 
el volumen de dicho año.) Juan de Francia, duque de Berry, biogra- 
fía, autógrafos, descripción y noticias de sus libros de los iluminado- 
res (en la Revista de Ciencias Históricas, t. V, Enero, 1887). El Casti- 
llo de Santa Catalina en Torruella de Montgrí (en la Revista de Ge- 
rona, núms. 7 y 8 de 1900). Bibliología. Los códices^ diplomas é im- 
presos en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, Barcelona, 
1890. A la mefVMria del egregio Sr. Isidoro Carini, prefecto de la Bi-- 
blioteca Vaticana, Barcelona, 1895. Tres cartas autógrafas é inéditas 
de Antonio Tallander, Mossén Borra, Maestro de los Albardanes de 
D. Fernando el de Antequera {Memorias de la Academia de Buenas 
Letras, t. V, 1896). Orígenes del pueblo de San Martín de Provensals 
(en el t. V, pág-. 199 de las Memorias de la Real Academia de Buenas 
Letras, 1896). Predilección del Emperador Carlos V por los catalanes 
(t. V, pág. 315 de las Memorias de la Real Academia de Buenas Le- 
tras, 1896). El Testamento de Ranwn Lull y la Escuela Lulliana en 
Barcelona {Memorias de la Real Academia de Buenas Letras, 1896, 
t- V, pág. 435). Generación de Juan I de Aragón {Memorias, t. VI, 
1898). Documentos para escribir una monografía de la villa de Moni- 
bíanch {Memorias, t. VI, 1898). Alfonso V de Aragón en Ñapóles 
(Extracto del homenaje á Menéndez y Pelayo, 1899). índice alfabé- 
tico de los fabricantes de papel en Cataluña de 1700 á 1830, Barcelo- 
na, 1900. Antigua marina catalana. La Heráldica en la filigrana del 
papel^ 1901. El Papel y sus filigranas. Historia del Real y general 
Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona. Los Judíos en el te-, 
rritorio de Barcelona. 1910. Gremios y cofradías de la antigua Corona 



2o8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE,\LISTA (187O-1887) 

de Aragón, dos voJs., 1910. Los Animales en las marcas de papel, 
1910. 

58. Año 1876. ALbtitni de la mujer, colección de bellísimos trabajos 
de las principales escritoras españolas, Barcelona, 1876. — Álbum lite-, 
rario dedicado á la memoria del rey de los ingenios españoles, Ma- 
drid, ]{>76. — Timoteo Alfaro pubJicó La Lira riojana, poesías, Ma- 
drid, 1876. — Novísimo almacén de chistes ó el flamante libro de la 
risa. . . Recopilados por H. L J. K., individuos bromistas de profesión, 
Valencia, 1876. — Romualdo Alvarez Espino publicó Ensayo histórico- 
crítico del teatro español desde su origen hasta nuestros días, Cádiz, 
1876. Ensayo de crítica sobre el drama de Selles titulado El Nudo gor- 
diano, ibid., 1879. Lo Bello, principios de estética con aplicación á la 
literatura española^ ibid., 1880. Miscelánea literaria. Burgos, 1886. — 
Miguel Amat y Maestre (n. 1837-), valenciano, publicó D. Jaime el 
Conquistador, roniance histór., Alicante, 1876. Rimas, ibid. 1892. — 
Emilio Vicente Anchorena publicó Vibraciones armónicas, versos,^ 
Córdoba, 1876. — Raimundo Andueza Palacio, orador venezoJano, co- 
rrecto y sonoro, discurseó en elogio de Falcón (1876), sobre la misión 
de la mujer, sobre la enseñanza y educación, en él Senado (1881) y 
en la Cámara de Diputados (1890). — José M.* de Ángulo y de la 
Hormaza publicó Sucinta exposición de la historia, legislación..., de 
las Prov. Vascongadas, Bilbao, 1876. La Abolición de los Fueros, 
i886. — Justo Barbajero (f 1881), presbítero, catedrático de hebreo, 
director de El Espíritu Nacional, publicó Cronología de los Papas..., 
en verso, Madrid, 1876. — Eladia Bautista y Patier de Pantoja, co- 
laboradora en El Correo de la Mioda, etc., publicó Poesías, Madrid, 
1876. — ^Luciano Biart publicó La Tierra caliente, escenas de costunt-, 
bres mejicanas, Madrid, 1876. — Boletín d^ la Sociedad Geográfica de 
Madrid, desde 1876, más de 50 tomos. índice, 1887. — Juan Botella 
Carbonell publicó La Guerra cizñl en España de i8j2 á 1876, seguida 
de la insurrección de la Isla de Cuba, Barcelona, 1876. Histaria de un 
fusilado contada por él mismo, iSyj. El Drama de San Juan de las 
Abadesas novela, 1877. Memorias de un cantonal, nov., 1878, dos ptes. 
— ^Román José Brusola y Briau, archivero, publicó Observaciones 
históricas sobre la del reino de Valencia, desde los más remotos tiemr 
pos hasta su incorporación á Castilla, Madrid, 1876. — Eusebio Cacho 
Negrete habanero, estrenó Tiró el diablo de la ynant-i, jug., Habana, 
1876. — Carmelo C.\lvo y Rodríguez, secretario de la Diputación de 
Alicante, poeta laureado en muchos Juegos Fdorales, redactor de FA 
Eco del Progreso {1870), escribió Una aventura de Alficri, El Boceto 
de un cuadro (1876), episodio dramático; Episodio de la guerra civil, 
El Asunto de un drama (1885) y la novela Los Pobres de espíritu, 
1889. Im^portancia... de la música en la educación de los pueblos, Ali- 
cante, 1882. — 'Francisco de Paula Oañamaque (1851-1891), de Gau- 
cín (Málaga), buen satírico y escritor estimable, redactor de La Ter- 



S. XIX, 1876, ANTONIO CHACOMELI CODINA 209 

tulia^ El Volante de Madrid (1870), El Pueblo (1876) ; fundador de 
La España (1881), publicó Miscelánea histórica, polít, y literaria, 
Madrid, 187Ó. Recuerdos de Filipinas, ibid., 1877-79^ dos vols., obra 
que levantó en Filipinas gran polvareda por su manera satírica. El 
Prisionero de Estella, 1878. El Héroe de Puigcerdá, 1878. Los Orado- 
res de i8óp, ibid., 1879, 1887. Las Islas Filipinas, ibid., 1880. Artícu- 
¡los políticos, en Rev, España. — Francisco de Paula Capellá (1823.- 
1901), barcelonés, redactor de El Correo Catalán, periódico tradicio- 
nalista, colaborador de La Ilustr. Católica (1877...), Barcelona Có- 
mica (1896), El Gato Negro (1898), La Ilustr. Esp., La Correspon- 
dencia (1903), publicó Ormesinda (1876). Judith de Welph (1882). 
Novelas populares (18S6). Leyendas y tradiciones, 1887. La Gitana de 
los Pirineos, 1891. El Convite del diablo, 1891. — Casimiro Car-abias 
estrenó Nicolás Dunwntel, drama, Valladolid, 1876. Bocetos históri- 
cos, 1886. — Manuel Carboneres publicó Picaronas y alcahuetas ó la 
Mancebía en Valencia, ibid., 1876. — León M.'^ Carbonero y Sol (1812- 
1902) conde pontificio de Carbonero, catedrático, director de La 
Cruz desde 1852, publicó Crónica de la peregrinación española á 
Roma, Madrid, 1876. Homenaje á Calderón, 1881. Homenaje á San 
Francisco, 1882. Enrique V, rey de Francia^ 1883. Homenaje á San 
Agustín, 1887. Esfuerzos del ingenio literatrio, 1890. Homenaje á Co- 
lón, 1892. Cánticos orientales é imitaciones bíblicas, 1895. — Federico 
Casademunt estrenó Una página de gloria (con Regino Escalera), 
Manila, 1876. — Castellanos y vascongados, por Z., obra erudita, aun- 
que apasionada, Madrid, 1876. — Agustín de la Cavada Méndez üe 
ViGO publicó Historia geográfica^ geol. y estad, de Filipinas, Manila, 
1876, dos vols. — José Conde de S alazar y Soqleret publicó Cien pá- 
ginas en verso, Madrid, 1876. La Pendiente fatal (Rev. España, 1886, 
t. CX). La Espada de dos filos (ibid., 1887, t. GXV). — José Coroleu 
É Igualada (1839-1895), barcelonés, publicó Las Cortes Catalanas (con 
/. Pella), Barcelona, 1876. Los Fueros de Cataluña, 1878. Historia de 
Villanueva y Geltrú, V. y Geltrú, 1878. Las Supersticiones de la hu- 
manidad, dos vols., Barcelona, 1880-81. La Leyenda de los cielos, dos 
\ols. Prim. bosq. biográf., 1885. Barcelona y sus alrededores, 1887. 
América, historia de su colonización, dominación é independencia, 
1894-96, cuatro vols. (los dos últ. completados por Manuel Aranda 
y Sanjuán). En Esp. Mod.: La Sociedad catal, en tiempo de los Con-i 
des de Barcelona (1889, Febr.). Dice, biogr, y bibliogr. de Ant. Elias 
de Molins (1889, Abr.). El Quijotismo en el mundo gentílico y en la 
soc, cristiana (1889^ Mayo). — Corona literaria dedicada al Principe 
de los Ingenios Miguel de Cervantes, Manila, 187Ó. — El Marqués 
DE Cruelles publicó Guía urbana de Valencia antiguo y moderno, 
ibid., 1876, dos vols. — Manuel Cuartero y Pérez estrenó El Sargen- 
to boquerones^ zarzuela (1876). Ladrones, id. (1877). El Estudiante de 
Alcalá, id., 1887. — J. Cuveiro Pinol publicó Diccionario gallego, 
Barcelona, 1876. — Antonio Chacomeli Codina estrenó El Encubier- 

TOMO IX. — 14 



2IO .-KGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

to, drama, Valencia 1876, El Vengador, 1882. — Luis Díaz Cobeña, 
por seud. Lucio Viñas y Desa, crítico musical hacia 1880, estrenó 
Norma, tragedia (con Luis Bonafós) (1876). — Heriberto Ducoin*;, 
chileno estrenó Por amor y sin dinero, dr. (1876). Amores de un 
litigante, com. (1877). — Ramón Exiges Montes publicó Los Asturia- 
nos en el Norte y en Cuba, Oviedo, 1876; Habana, 1893. C^'-atro años 
en Méjico, memorias íntimas de un periodista español, Madrid 1885. 
— Ensayo para una colección de memorias de hombres célebres... de 
Guipúzcoa, Florencia, 1876. — Juan Bautista Enseñat, redactor de 
La Ultima Hora, de Palma (1895) colaborador de La Ilustr. Artís- 
tica, de Barcelona (1897-99), Pluma y lápiz (1903), estrenó Que no se 
entere el marido, com., Barcelona 1876, 1899. Publicó Bosquejos pa- 
risienses, narraciones, poesías, Palma, 1881. Por la honra^ nov., Pa- 
rís, 1902. Los Infiernos de París, 1903. Los Amores de Catalina de 
Mediéis^ 1903- Ea Pasión carnal, 1903. María Antonieta, su vida ín- 
tima, Barcelona, 1908. La Emperatriz Eugenia, íntima, 1909. El 
Emperador Guillerm.o II, íntimo^ 191 o. Las Sorpresas del matri- 
monio, novela, 1911. Napoleón I, íntimo, 191 1. Napoleón 11^ 1912. 
— Juan V. Escalera publicó Campaña de Cuba {iSóo-iSj^), recuer- 
dos de un soldado, Madrid, 1876. — Regino de la Escalera, redactor 
de El Diario de Manila (1876), estrenó en Manila Una página de 
gloria (1876). República... doméstica (1878) (con Federico Casade- 
munt). Viaje redondo, zarz. (con id., 1879). — Eusebio A. Escobar es- 
cribió poesías y la novela Amor y virtu4 (1876). — José M.^ Espe- 
ranza Y Sola, consejero de Estado y académico de la de Bellas Ar- 
tes, colaborador en la Revista Europea, Ilustr. Esp., Gaceta Musical, 
El Cronista, Crónica de la Música^ Ilustr. Católica : Treinta años de 
critica musical, colección postuma, Madrid, 1906, tres vols. — Ramón 
Espinosa de los Monteros, por seud. Nomar estrenó Revista carna- 
valesca de la Habana, ibid., 1876. Doloras de Campoamor, 1897. Ca- 
chorros viejos, apólogos, baladas, etc., 1905. — Manuel M.* Fernán^ 
DEZ (1830-1902), de Maracaibo (Venezuela), o El sordo Fernández, 
un pozo de bondad, nada literato, pero de bastante chispa, estrenó 
Zapatero, á tu zapato y otras obras cómicas, satíricoburlescas ; redac- 
tó veinte años El Diario de Avisos. — Eugenio Antonio Flores, es- 
pañol deportado á Cuba (1873) como carlista, publicó Recuerdos de 
mi pueblo, colección de artículos de costumbres. Habana, 1876. La 
Guerra de Cuba, Madrid, 1895. — Leónidas Flórez (1859-1887), poeta 
colombiano, escribió desde 1876 en periódicos fundó El Zaque (iSjy), 
El Debate (1878), fué senador, diplomático y compuso poesías. También 
las hizo su esposa Mercedes Flórez. Ambos nacieron en 1859, se qui- 
sieron y, siendo pobres, no llevaron otro regalo de bodas que amor 
y versos. Véase el Parnaso Col., de Añez. — Antonio Frates y Su- 
REDA, escritor de costumbres, colaborador de Rcv. Contemp. (1897- 
99), Mallorca (1898), etc., publicó Escenas baleares, Palma 1876. 
Géminis, novela, ibid., 1878. Impresiones, novela, ibid., 1880. — ^^Clemen- 



S. XIX, 1876. EUGENIO HARTZENBUSCH 211 

TE L, Fregeiro (n, 1853-), de Mercedes (Uruguay), publicó Campen-. 
dio de Historia Argentina, 1876. Vidas de argentinos ilustres, 1894. — 
Anselmo Fuentes publicó Cuarenta siglos, historia útil á la generación 
presente, Madrid, 1876. — iAna García del Espinar, esposa del general 
Sebastián de la Torre, publicó Los Esclavos del trabajo, Barcelona, 
1876. Cosas del mnyido, nov,, ibid., 1877. Los Esclavos del traban 
jo y La Asociación, dos vols.^ ibid., 1878. Por una lágrima, ibid., 
1878. La Asociación, ibid., 1879. Amor y vanidad, novela, Ma- 
nila, 1887. — Antonio García Maceira, ingeniero de Montes, colabo- 
rador en la Rev, Contemp. (1898) y Rev. de Montes (1898), publicó 
La Agricultura entre los árabes españoles (Rev. España, 1876, t. L) ; 
Zamora, 1876. Apuntes para una historia de la agricultura española 
(ibid., 1878, t. LXIII). La Labranza castellana y la poesía regional 
sahnantina, Salamanca, 1912. — Fundóse en 1876 la Real Sociedad 
Geográfica de Madrid^ por Herrera, Serrano Fatigati v el Conde de 
Cedillo, con su propio Boletín. — Rafael Ginard de la Rosa (-j- 1918), 
de Manila, educado en Cádiz, vuelto á su tierra en 1867 yá Espa- 
ña (1873), director de El Progreso (1886) y El País (1891), revolu- 
cionario y secretario de Ruiz Zorrilla, poeta algo lúgubre é hinchado, 
<iue, por ejemplo, llamó á la luna "la ceja de algún ojo misterioso", 
publicó Melodías de otros climas (poesías escritas en Manila), Ma- 
drid, 1876, 1899. Tragedias de mar y tierra, recuerdos y narraciones 
de Oriente, ibid., 1881. Hombres y obras, ibid., 1896. — Hermenegildo 
Giner ue los Ríos, hermano de don Francisco, catedrático en Bar- 
celona, diputado, redactor de La Discusión, La Justicia Social, La 
Democracia, La Nueva Prensa, El Demócrata, La Tribuna, El Pro- 
greso, La Justicia, publicó Teoría del Arte é Historia de las Artes 
Bellas en la antigüedad y Programa de Arte y su historia en Espa- 
ña^ 1873. Filosofía y Arte, 1878. Millón, dr., 1879. Amor, honor y 
venganza, 1881. Ctírso de Liter. Española (con J. G. Aldeguer), 1889. 
Artículos fiambres, 1889. Arie literario, 1891. Principios de Litera- 
tura, 1892. Manual de Estética é Histor. de las Artes principales 
hasia el Cristianismo, 1894. Cuentos y aventuras, 1897. Mosaico, 
i8';8. Artes industiales, 1904. Histor. de las Literaturas comparadas, 
trad. de Lolié, 1905. Histor. critíc. abrev. de la Liter. ^ 1910-12 (2.* 
ed.). Manual de Liter. Nacional y Extranjera, tres vols.. I, 1902 
(2." ed.) ; H, 1903 (i." ed.) ; HI, 1917 (id. id.). Carducci, trad. en ver- 
so de las Nuevas Rimas y de Odas bárbaras, Barcelona, 1916. En 
Rev. Esp.: Apuntes para la historia de la ópera en España, 1876 
(t. XL). Apuntes sobre el Colegio de los españoles en Roma (ibideni, 
t. LI). — Gaeino de Goicoechea publicó Ellos y nosotros, episodios de 
la guerra civil, Bilbao, 1 876.— Felipe González de la Corte y Rua- 
no (n. 1819), de Ecija, gobernador de las Marianas, escribió Memorias 
sobre las islas del Arzobispo ó de Bonin y Memoria descriptiva é 
Histor. sobre las Marianas y las Carolinas, 1876. — Eugenio Hart- 
ZENBUSCH, hijo de don Juan Eugenio, archivero, publicó Periódicos 



212 SEGUNDO PE-RÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de Madrid, tabla cronológica, Madrid, 1876. üuos cuantos pseudóni^ 
tnos españoles, Madrid, 1892, 1904 (con seud. de Maxiriarth). Apuntes 
para un catálogo de periódicos madrileños desde el año 1661 al 1870, 
ibid., 1894. Bibliografía de Hartzenbusch (su padre), ibid., 1900. — 
Historia de la Corona de Aragón, la más antigua de que se tiene no- 
ticia, conocida generalmente con el nombre de Crónica de S. Juan de 
la Peña, Zaragoza, 1876. — Los tres primeros historiadores de la isla 
de Cuba, reproducción de las historias de D, José Martin Félix de 
Arrale y D. Antonio José Valdcs y publicación de la inédita del doctor 
D. Ignacio Urrntia y Monioya..., Habana, 1876-78^ tres vols. — Hojas 
secas, poesías, Méjico, 1876. — Heliodoro M." Jalón (n. 1S44-), de Fa- 
lencia, colaborador de La Crónica Mercantil (Valladolid, 1866), Gil 
Blas, La Sanguijuela (Falencia 1868), Jeremías, Rev. Europea, pu- 
blicó El Remordimiento, pasillo, 1876. Magdalena, Maluenda, La Con- 
fesión de un suicida poemas, Madrid, 1882. Cien epigramas, ibid., 
1884. Sin título, poema, Albacete, 1892. Sonetos y sonsonetes, Bur- 
gos, 1903. — Tomás Jiménez de Embúm, de La Almunia de doña Godi- 
na (Aragón), abogado, publicó Ensayo histórico acerca de los oríge- 
nes de Aragón y Navarra, Zaragoza, 1878. Lengua española en el si- 
glo de oro, ibid., 1897. Descripción histór. de la antigua Zaragoza, 
ibid., 1901. Y los prólogos á la Crónica de S. Juan de la Peña, 1876, y 
á las Poesías de Fr. Jer. de S. José, 1876. — 'Matías Laviña publicó 
La Catedral de León, Madrid 1876. — Antonio Ledesma y Hernández 
(n. 1856-), poeta y abogado de Almería, director de La Democracia 
Monárquica, publicó La Nueva salida del valeroso caballero D, Qui^ 
jote de la Mancha (1905), Bienaventurados los que mueren y Los Dos 
materialistas, dramas en verso. El Primer Pleito, comedia. Sangre 
Azul, drama en prosa, 1910. Poemas. Poesías premiadas. Los Dos re- 
sucitados, poema. La Ciencia y el amor. Canuto Espárrago, novela, 
dos vols., 1903. Los Problemas de España. Mis confesiones, autobio- 
grafía, dos vols. Discursos académicos, dos vols. Cantos de la Pa- 
tria, De la Fe y del Amor, Versos de la juventud. Poesías frivolas y 
Poesías galantes. Obras completas, Almería, 1887. — Ricardo Ovidio 
LiMARDO (1825-1907), de El Tocuyo (Venezuela), colaboró en perió- 
dicos de París y Madrid, publicó la erudita obra Legislación comer- 
cial comparada. Diccionario de galicismos. Gramática castellana. — José 
LÓPEZ Domínguez, capitán general, publicó 5". Pedro de Abanto y Bil- 
bao, operaciones del ejército del Norte (1874), Madrid, 1876. Sitio d-* 
Cartagena, 1877. — Magín Lladós y Ríus (f 1886), ingeniero, estrenó 
Cuerdo y sin luna ó Selenomanía, Barcelona, 1876. — Constantino 
Llombart (1848-1893), valenciano, fundador de la sociedad Lo Rat Pe- 
nat (1876), director de El Pare Mulet, publicó Los filis de la morta 
viva, obra premiada en 1877, y es biobibliografía de los escritores va- 
lencianos del s. XIX, Valencia, 1878. Tradujo al castellano lo mejor del 
parnaso catalán y valenciano, las leyendas de Masriera, Perlas cata^ 
lanas, 1878; poesías gallegas de Curros Enríquez y publicó la pri- 



S. XIX, 1876. HERMILIO OLÓRIZ 2l3 

mera colección de epigramas valencianos con título de Niu d'abe- 
íies, 1880. Historia de una modista, Valencia, 1884. Pullitas y Cuchu- 
fletas, ramillete de ciento y un epigramas, ibid., 1892. — Fermín Mar- 
tín SuÁREZ Sacristán, por seud. Boabdil, Olivo y Prudencio Gardu- 
ño, colaborador de La Mañana (1876), La Niñez (1879-83), El Buen 
■Consejo (Escorial, 1904), etc., estrenó En el forro del sombrero, ju- 
guete (1876). Contra envidia, caridad, comedia, 18S1. Con José Gil 
Uranga publicó, en La Picota, revistas de toros de Sepúlveda (1890), 
con seudónimo, para entrambos, de Los Niitros. — Juan Antonio Ma- 
lEOs (f 1914), mejicano, periodista y diputado, literato de fácil plu- 
ma y buena imaginación, lírico y dramático, escribió, sobre todo, no- 
velas históricas, El Sol de Mayo, El Cerro de las Cam.panas, Sacerdo- 
te y Caudillo, Los Insurge::tes, etc. Fué el último romántico de los 
prosistas mejicanos. — Adolfo Mentaberry publicó Impresiones de un 
viaje á China (Rev. España, 1876-77, ts. XLIX-LIV) ; Madrid, 1877. 
La Juventud dorada (1880, t. LXXV). — José Nicasio Milá de la 
Roca (f 1883), director en Barcelona de El Papagayo, publicó De 
Godoy á Sagasta, novela histórica de la revolución española, Barce- 
lona, 1876. — José Montero y Vidal (n. 1851-), de Almena, que vivió 
mucho tiempo en Filipinas, colaborador de La Ilustr, Artística (1882), 
publicó Cuentos filipinos, Madrid, 1876, 1883. El Archipiélago Fili- 
pino y las islas Marianas, Carolinas y Palaos, su historia, geografía 
y estadística, ibid., 1886. Historia general de Filipinas, ibid., 1887-' 
95, tres vols. Historia de la piratería malayomahometana en Minda- 
nao, Joló y Borneo, ibid., 1888, das vols. Novelas cortas..., poesías, 
dbid., 1889. Granada y sus monumentos (Rev. España, 1887, t. CXVI). 
— La Mujer en el siglo xix, pról. de Cañete, Méjico, 1876. — Elías 
MújicA, canario, director de El Ensayo (Santa Cruz de Tenerife, 
1877), publicó Cantos del Teide, poesías. Habana, 1876. Poetas canaA 
rios, colección, Santa Cruz de Tenerife, 1878. — Joaquín Olmedilla y 
PuiG (1842-1914), madrileño, por seud. Amadeo Quillangil, en el Se- 
manario Farmacéutico (1875), catedrático de Farmacia en Madrid, 
colaborador de periódicos y conferenciador incansable, publicó Glorias 
de la ciencia, apuntes biográficos, Madrid, 1876. Andrés Laguna, 
1887 (en Rev. Esp., ts. CXIV-CXV). Estudio histór. de la vida y es-i 
criíGs... de Nic, Monardes, Madrid, 1897. Catorce artículos en Esp. 
Mod. (1897-1910), Bocetos de algunas celebridades de diversas épo- 
cas, Madrid, 1904. Cervantes en ciencias médicas, 1905. Pedro Ponce 
de León, 1912. Andrés Vesalio, 1913. — Hermilio Olóriz, buen poe- 
ta navarro, cronista y bibliotecario de Pamplona, donde dirigió El 
Arga, autor de obras didácticas, históricas y políticas, publicó El 
Romancero de Navarra, Pamplona 1876. Fundamento y defensa de 
los Fueros, ibid., 1%^. Resumen histórico del antiguo Reino de Na- 
•oarra, ibid., 1887. Laureles y siemprevivas, ibid. 1893. Aula de Dios, 
poema de fray Miguel Dicastillo, refundido, ibid., 1897. Ecos de mi 
patria, leyendas y poesías, ibid., 1900. Navarra en la guerra de la In-, 



214 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA ClS/O-lSS/) 

dependencia, biografía del guerrillero D. Francisco Espoz y Mina,^. 
ibid., 1910. — Felipe Ovilo y Canales (1851-1909), de Segura, por 
seud. El Doctor Sangredo, médico y periodista, escribió en el perió- 
dico satírico asimismo intitulado, con Luis Comenge (1884-85) ; estrenó 
Un sacrificio mus, Trinidad (Cuba), 1876. Al borde del abismo, mon., 
Matanzas, 1897. Así son todas, diálogos callejeros, 1897. — Eugenio 
Ramón Page publicó Pedantópolis, sueño sobre costumbres, moral y 
política de los Estados de la luna, Madrid, 1876. — Federico Pagé.-", 
catalán director de la Aurora del Yumturí (1876-79), publicó Ensa- 
yos poéticos, Matanzas, 1876. Lo que son las cosas, jug., 1876. — 
Eduardo Pascual y Cuéllar estrenó Dúo conyugal (con J, Sora vi- 
lla), 1876. Un novio de encargo (con id.), 1877. — Ricardo Pxssano 
(1856-1909) de Montevideo, por seud. Narciso Pedrosa y Casiano 
R. Pardo, poeta lírico, que cantó con igual fuerza y sinceridad, con 
fácil y suave vena, las mil niñerías del amor ó los ideales de la pa- 
tria y de la democracia, y dramático aplaudido en su tierra. Matices 
de aurora, poesías. — Fernando Paulsen publicó Reparos de reparos 
ó sea ligero examen de los reparos al diccionario de chilenismos de 
D. Zorababel Rodríguez por Z?. Fidel P. del Solar Santiago, 1876. — 
Juan Pérez Alarcón publicó El Barberillo del Lavapiés, novela, Bar- 
celona, 1876, 1880. — Luis Piñeyro del Campo (n. 1853-), poeta mon- 
tevideano, romántico, delicado y sentimental, algo melancólico, pu- 
blicó sus primeros versos en La Estrella de Chile, donde se educó , 
vuelto á su tierra (1876), ya periodista y abogado, fué catedrático de 
la Universidad (1886) y publicó El Ultimo gaucho, 1891, 1894, sobrio 
y hermosamente versificado poema campestre y heroico. — Poetas de 
Cuba y Puerto Rico, Habana, 1876. — Diego S. de Quiñones publicó- 
Tres hombres para íina mujer, novela festiva, Madrid, 1876, 1882. — 
Recuerdos, poesías, Méjico, 1876. — Teodoro Rodríguez de la Torre. 
publicó Poesías, Salamanca, 1876. Cien cantares á María, Madrid, 
1879. — Jaime Roig y Grau, catalán, cajista (1872), estrenó Los Hijos- 
del amor, dr., Habana, 1876. — Fray Miguel Rubín de Celis, agustino, 
publicó S. Agustín, leyenda religiosa, Manila, 1876, en variedad de 
metros, bien pensada y escrita, aunque con algunos ripios. — j^ndrés 
RuESGA estrenó El Mejor consejo, juguete (1876). Un maestro de 
obra prima (1877). — Pedro Ruiz Dana publicó Estudios sobre la gue- 
rra civil en el Norte, de 1872 á 1876, Madrid, 1876. — Juan Salcedo 
estrenó La Beata de Tafalla (1876). Redimida, drama, Gerona, 1894. 
Cuentos militares, Madrid, 1895, '^9'^S- — Marco Antonio Saluzzo 
(1834-1912), de Cumaná (Venezuela), ilustrado literato, buen prosista, 
que á fuerza de esmero llegó á amanerarse, publicó, sobre todo en re- 
vistas y discursos sobre el general Páez, la Poesía, la Verdad, las 
Víctimas de Andalucía, la Educación de la Mujer, Aristides Rojas, 
A. Michelena, Francisco de Sales Pérez. Los tres máximos oradores 
griegos. Historia abreviada de la literatura hebrea, ídem de la griega 
y latina. Leyenda de la tumba. A Cumaná. Ángel Félix Barberil. Es- 



S. XIX, 1876. GERMÁN TORRALBA 21 5 

tan. Rendan. Eduardo Calcaño (Mesenianas). — Ramón Sánchez Gu- 
tiérrez publicó Mis primeras armenias, versos, Madrid 1876. — María 
i3E Santa Cruz, de Matanzas (Cuba), publicó Historias campesinas, 
nov.. Habana, 1876, 1908. — Eduardo de Santiago Fuentes estrenó Una 
oveja perdida, comedia (1876). Entre el deber y el amor ([876). Una 
chica alemana (1878). — Domingo de Santoval, escritor festivo y bufo- 
nesco, publicó Siete semanas en burro, novela festiva, Madrid, 1876, 
1883, 1887. El Millón de solomo, id., 1876, 1892. Los Viejos Verdes, 
1877. Los Manchegos en el Polo Norte, 1888. Niñeras y soldados, nov. 
fest., 1891 (?). Palizas, trampas y amores, 1892. Ciruelas pasas, 1893. — 
Francisca Sarasate de Mena, directora de La Gaceta de París, publicó 
Un libro para las pollas, novela de costumbres, Madrid, 1876. Horizon- 
tes poéticos. Pamplona, 1881. Fulvia ó los primeros cristianos, nov,, 
Madrid, 1889. Cuentos vascongados, Barcelona, 1896. Poesías religiosas, 
1900. Pensamientos místicos, 1910. — Apolinar Serrano y Diez (1833- 
1876) palentino, obispo de la Habana, publicó allí La Voz del Pastor, 
extracto de sermones, 1876. — Francisco Silvela y de Le Vieilleuze 
(1843-1905), madrileño, político que tuvo por ingobernables á los es- 
pañoles, redactor de El Año 61, La Vos del Siglo (1868-69), orador 
de estilo primorosamente sencillo publicó Estudios sobre las bases 
del Código civil^ 1876 (en Rev. Esp., t. XLVHI). Felipe II y Sor M. 
de Agreda, 1880-81 (ibid., ts. LXXVH-LXXVHI). Cartas de la V. M. 
Sor María de Agreda y del Sr. Rey D. Felipe IV, dos vols., 1885- 
86. Orígenes, histor, y caracteres de la Prensa española (conf. en La 
España del s. xix, 1886), Discursos políticos (i88ygo), 1892. Discur- 
so de recep. Acad. Esp., 1893. Discurso de recep. Acad. S. Fernando, 
1904. Matrimonios de España y Francia, 1901 (disc. rec. Acad. Hist.). 
Consúltense: Andrés Mellado, Sobre la personalidad liter. y polít. de 
I>. Francisco Silvela, Madrid, 1912; Adolfo Pons y Félix Llanos, 
Necrologías de... Francisco Silvela y Raim. Fern. Villaverde, Madrid, 
1910. — Fidel P. del Solar chileno, publicó Reparos al diccionario 
de chilenismos del Sr. D. Zorobabel Rodríguez, Santiago, 1876. Vo- 
cabulario de la fraseología del verbo Echar, ibidem, 1889. — Conrado 
Solsona y Baselga (1851-1916), de Barbastro, abogado militar^ di- 
rector de La Correspondencia de España, diputado y senador, por 
seud. Viernes, publicó la novela Subir para caer, 1876. Notas humo- 
rísticas, 1882. Semblanzas políticas (1887), Ayala, estudio político, 
1891. Hojas marchitas, prosa y verso, 1909. En Rev. España: La No- 
vela contemporánea (1881, t. LXXXH). El Humorismo (1887, to- 
mo XCIV). El Ateneo de Madrid (1880 t. LXXV). Un cuerpo móvil 
(1882, t. LXXXVH). El Mal y el bien (1882, t. LXXXVHI). Moreno 
Nieto (1882, t. LXXXV).-MLa Tertulia, colección de artículos, pen- 
samientos poéticos, charadas..., por varios ingenios montañeses, San- 
tander, 1876. — Tiempo perdido, colee, de artículos polít., crít. y de 
polémica, Méjico, 1876. — Germán Torralba publicó Cuenca, episodio 
de la guerra civil del centro. Madrid, 1876. — Manuel Torres Cam- 



2l6 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

POS (n. 1850-), barcelonés, archivero, catedrático en la Universidad de 
Granada, autor de niiuchas obras y colaborador de revistas profesiona- 
les, publicó Estudios de bibliografía española y extranjera del Derecho 
y del Notariado, premiados en 1876. Bibliografía española contemporá- 
nea del Derecho y de la política (1800-1896), Madrid 1883-98, dos 
vols. — Trabajos inéditos de la Academia... de Córdoba, ibid., tres 
vols., 1876-79. — Antonio María Valdés (Aneroyde) estrenó La Sue- 
gra futura, y su segunda parte, En Tierra extraña, Habana, 1876. En- 
tre an.igos^ capr., 1915. El Llibriquín del señor cura (con José Martín 
Fernández, 1916). — Justino Valdés Castro publicó Apuntes para la 
historia de la cirugía en la Habana, ibid. 1876. Apuntes para la hist. 
de la prensa médica en Cuba, 1876. — Fray Pedro Armengol Valen- 
ZUELA (n. 1843-), de Coipué (Chile), maestro general (1880) de los Mer- 
cedarios, obispo de Ancud (1910), publicó Himnos y salmos de La 
Merced, con algunos cantos originales relativos á la misma orden, 
Roma 1876. El Mercedario instruido, ibid., 1899. Los Regulares en 
la Iglesia y en Chile, Roma, 1900. dos ptes. Vida de S. Pedro Pascual, 
ibid., 1901, — ^Joaquín Valverde estrenó El Primer desliz^ comedia 
(1876). Doña Josefa, juguete cómico, 1881. — Eva Verbel y Marea 
(n. 1856-), poetisa de Cartagena de Indias, por seud. Flora del Campo, 
publicó Ensayos poéticos, dos series, verso y prosa. — S. de Villarmi- 
NO publicó La Novela de Luis, Madrid 1876, 191 1. — Rafael Vir.^l- 
vens y Pastor publicó Crónica de... la ciudad de Alicante, ibid., 1876. 
— Rosario Zapatero de Otal publicó La Expiación^ nov., 1876. Profí^ 
tuario de lectura y música, Madrid, 1878. Madrid por dentro, nov., 
1886, cinco vols. — Julián de Zugasti y Sainz (-j- 1916) publicó El 
Bandolerismo^ estudio social y memorias históricas, Madrid, 1876, 10 
vols. En Rcv. España: Civilizaciones (1877, t. LVI). El Relio d^ pa- 
peles (1876, t. L). La Bohemia (1877, t. LVII). Estado moral de l-a 
sociedad española (1877, t. LVII I). 

59. ^Año 18//. Juan Zorrilla de San Martín (n. 1857-), 
de Montevideo, perdió, contando apenas año y medio, á su 
madre, Alejandrina del Pozo, cuya memoria, inculcada en el 
niño por su abuela materna y tías, que de él cuidaron, guardó 
toda su vida con veneración filial y como un culto religioso, 
fuente de los hondos sentimientos que en su soledad brotaron 
y cual misterioso aroma empaparon todas sus poesías. Estu- 
dió con los jesuítas de Santa Fe (1865-67 y 1872-73) y con 
los padres Bayoneses en Montevideo (1867-72). Huyendo de la 
enseñanza anticatólica de aquella época en la capital, envióle 
su padre á Chile, donde la lectura del Hamlet y de las Rimas 
de Bócquer, el místico recuerdo de su madre y el de la novia 
que en Montevideo dejaba, despertaron con la soledad de la 




JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN 



S. XIX, 1877. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN 2:7 

casa de la Compañía, donde vivía, su vocación poética, escri- 
biendo los primeros versos y leyendas en prosa, en La Estrella 
de Chile (1874-77), que redactaba y dirigía alternadamente 
con otros jóvenes católicos. Coleccionó sus poesías publicándo- 
las con el título de Notas de un himno, Santiago, 1877, y de- 
jando sin recoger las leyendas. Al padre Enrich debió el suce- 
dido que había de servir de fundamento al poema Tabaré, des- 
pués de vivirlo por sí mismo, por cuadrar al justo á su estada 
y sentimientos íntimos. Volvió al Uruguay, ya abogado (1878), 
fué nombrado juez en el Departamento de Montevideo, casó 
con Elvira Blanco y fundó el diario católico El Bien Público 
(1878). En el certamen de la Florida (1879) á la independencia 
leyó, fuera de concurso, La Leyenda Patria. Desde 1879 á 
1886 trabajó en el ¡xjema Tabaré, que todavía corrigió el año 
siguiente, publicándolo en París el año 1888. En 1879 había 
dado á la prensa el folleto ¡Jesuítas!, y el siguiente ganó por 
concurso la cátedra de Literatura de la Universidad, de la cual 
filé destituido, siendo, además, perseguido como conspirador 
por su campaña periodística durante el Gobierno del general 
Máximo Santos (1882-86), desterrándose á Buenos Aires. Vol- 
vió en 1887, perdiendo al mismo tiempo su esposa, que le dejó 
viudo con cinco hijos de corta edad. Fué diputado (1887-90) y 
ministro plenipotenciario en España y Portugal. Con la herma- 
na de su difunta esposa contrajo segundas nupcias en 1889. 
Pronunció en 1892 un discurso sobre el Descubrimiento y con- 
quista del Río de la Plata en el Ateneo de Madrid y El Mensa-- 
je de America en el convento de la Rábida con ocasión del Cen- 
tenario de Colón. Sobre los viajes de entonces por España, Ita- 
lia, Suiza y Francia publicó Resonancias del camino, París, 
1895. Pasó á Francia, encargado de aquella Legación, fundida 
con la de España, donde vivió hasta 1898. Vuelto á Mtontevideo 
dirigió El Bien, desempeñó la cátedra de Derecho internacio- 
nal y publicó Huerto Cerrado, Montevideo, 1900. Pasó des- 
pués á la Facultad de Matemáticas y fué jefe de la Sección de 
Emisión en el Banco (1903). Publicó, de orden del Gobierno, 
La Epopeya de Artigas (1910), epopeya en artística prosa, de 
los tiempos heroicos de la República del Uruguay. Falleció su 
segunda esp«>sa en 1907, quedándole trece hijos. 



2l8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Zorrilla San Martín es, cuanto á la cuerda lírica, el Béc- 
quer americano, el poeta más íntiniamente lírico; pura, sincera, 
y hondamente sentimental. Imitóle en sus primeras leyendas y 
en Notas de un himno; algo UTenos, merced al asunto, en La 
Leyenda Patria^ donde, sin embargo, la historia no es más que 
una serie de motivos líricos para desahogar el poeta los senti- 
máentos íntimos de su alma. Tabaré, su obra maestra, verdade- 
ra epopeya lírica, ó sentimental, digamos epopeya elegiaca ó 
hecqiieriana^ de Aanérica, donde no hay en su línea obra poética 
que le iguale, tiene por marco aquella naturaleza bravia, visto- 
sa y ricamente pintada; por fondo, salvajes de verdad, no comO' 
los de Átala, y en plena acción conmovedora ; por forma poéti- 
ca, la natural y sencilla de Bócquer, henchida más de melan- 
cólicos y hondos sentimientos que de palabras, figuras y otros 
adornos artísticos. Epopeya, por cantar el fin de una raza, de 
la raza charrúa y del mundo americano, con elevación verda- 
deramente épica, lírica y elegiaca, porque al indio Tabaré, pro- 
tagonista de la obra, se lo había el poeta consustanciado y he- 
cho uno con su propia alma por tan entrañable manera, que 
cuanto á los afectos que embeben el poema todo entero pu- 
diera bien decirse verdadera autobiografía del poeta. El desti- 
no de la raza charrúa, que lo llena de misterio trágico, no era 
en su alma cosa diferente del místico dolor que el recuerdo de 
su miadre; la soledad y la orfandad alentaban su perpetua me- 
lancolía. El mismo sentimiento indefinible y misterioso de in- 
timidad melancólica y dulce que derrama Tabaré en todo el 
poema había el poeta derramado, cual otro Bécquer enamorado^ 
de un imposible ideal, en todas sus obras. Por eso la nota par- 
ticular de esta nueva epopeya épicolírica consiste en que lo 
épico se funde por tal manera con lo lírico, que el poeta narra 
y casi no narra, que narra cantando, endechando con melan- 
cólico y tierno dejo. El poeta huérfano desde su niñez es Ta- 
baré, el indio de ojos azules, el hijo de la española y del caci- 
que Caracé, que asume en sí entrambas sangres y lleva en ella 
los atavi.smos salvajes y civilizados á la vez. La prosa de Zo- 
rrilla San Martín es del tono poético de la de Bécquer: pin- 
toresca, alumbrada de sol primaveral, redondeada, cuajada de 
filigranas y pedrería, como una catedral gótica, suntuosa, ada- 



S. XIX, 1877. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN 219 

mascada. Es prosista gótico, bordado de caprichosas decoracio- 
nes, bien que límpido y trasparente, sin que la galanura orna- 
mental, riquísima y vistosa, sombree la idea, que es cristiana y 
charrúa á la vez. La poesía de Zorrilla San Martín, no menos 
parecida á la de Bécquer, es espiritual y que brota del corazón 
más bien que de la vista de lo exterior ó de las ideas de la ca- 
beza; lírica por naturaleza, aun tratando argumentos épicos. 
El espíritu poético, que le comunica sentimiento adolorado, 
m>elancól¡co, vaporoso, tiernísimo y que sale de lo más hondo 
del alma, es el mismo espíritu de Bécquer, de quien Zorrilla 
San Martín fué el discípulo más aventajado, habiéndole bebido 
realmente el aliento y añadídole algo americano que de él apve- 
nas le distingue. En América es único en su género, y en el 
Uruguay, el primer poeta nacional. 

fifí- Raúl Montero Bustamante, El Uruguay á través de un siglo, 
pág. 428: "Con Z. de S. M..., la poesía nacional toma por primera 
\ez el carácter de las grandes literaturas, encauzándose en una co- 
rriente moderna, volviendo á la sinceridad, á la expresión ingenua de 
la emoción, á la fuente serena y única de todo arte, al subjetivismo 
intenso y personal, dándole el calor y la fuerza del temperamento 
propio... Buscó sus fuentes en Homero, Shakespeare, Ossian, Heine 
y Bécquer sobre todo..., fundidas en un molde único de belleza, ori- 
ginalidad, sencillez y sinceridad. El recogió todos los sentimientos dis- 
persos de su pueblo, los fundió en el crisol de un temperamento único 
y formuló una síntesis amplia y humana en una obra que es la ex- 
presión del alma de una raza." Lauxar, Motivos de crít. hisp.-atner. 
(donde se halla extensa biografía de Zorrilla), pág- 298: "Notas de 
■un hi-nuno... ostenta como epígrafe la primera estrofa de las Rimas de 
Bécquer... El parentesco de los dos poetas no necesitaba para revelar- 
se ese recuerdo del uno para el otro. Como Bécquer, su modelo, Z. de 
S. M. canta en versos que en vez de estar hechos con palabras quisie- 
ran ser lágrimas y suspiros, voces del corazón y ruidos de las cosas, 
lo que sale del alma ó llega á ella, de sentido claro y desnudo, sin que 
la razón trabaje para interpretarlo: una poesía de soledad y de silen- 
cio... La Leyenda Patria... es toda lírica, de ese lirismo colectivo y 
nacional, propio de todo un pueblo, como nacido de sus tradiciones y 
sus glorias... El poeta recorre, ó más bien abarca, en una mirada, nues- 
tra historia; y no cuenta lo que ve, no describe, no enumera; canta, se 
desborda en palabras de abatimiento, de esperanza, de triunfo, de paz, 
de trabajo á med'da que sus ojos se detienen en las épocas de opre- 
sión, de guerra, de victoria, de libertad y democracia... Z. de S. M. ve 
en Tabaré una epopeya, porque lo que mueve su acción é impone el 



220 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

desenlace es un agente superior al hombre, lo maravilloso. Ni los per- 
sonajes, ni los lugares, ni la forma exterior y literaria, ni, en una pa- 
labra, otra cosa que lo expuesto, influye en esta caracterización de la 
obra... Tabaré es epopeya... por la elevación y trascendencia de su 
espíritu, por la pintura de la raza charrúa y del mundo americano.,.; 
^es lírico por la calidad de las emociones intimas, por la resonancia in- 
aprensible con que el misterio responde siempre á su poesía en un eco 
vago y lejano, por la profundidad y transparencia de la expresión, des- 
nuda de adornos literarios. Lo que da á la obra su tono, el sentimiento 
de orfandad convertido en culto y transformado más tarde en amor 
casi religioso, fué en el poeta una verdad sentida con toda el alma á 
través de toda una vida... El indio niño, como el poeta, queda huér- 
fano y vive en el recuerdo de su madre muerta. Esta preocupación se 
-mezcla después á sus amores imposibles y pone en ellos una nota de 
pureza mística. Así, más bien que la imaginación, es la vida misma del 
poeta lo que en Tabaré crea el personaje principal y comipone la fá- 
bula." J. Valera Nuev. Cart. Amer., 1890, pág. loi : "Me parece Juan 
Zorrilla un excelente poeta, muy original, muy español y muy ameri- 
cano... En Tabaré se siente y se conoce que los salvajes son de verdad 
y no de convención y amañados ó contrahechos, como, por ejemplo, 
en Átala... No hay en Tabaré las reminiscencias clásicas que en las 
epopeyas El Uruguay y Caramurú, y todo está sentido con más origi- 
nalidad y hondura y más tomado del natural inmediatamente... El poe- 
ma de Juan Zorrilla no es descriptivo : es acción y muy interesante y 
conmovedora, por donde sus rápidas descripciones, que son el cuadro 
en que resaltan la^ figuras humanas, agradan y hieren más la imagi- 
nación, aunque sean esfumadas y vagas y queden en segundo término... 
En la forma poética, J- Z. es de la escuela de Bécquer... Las asonan- 
cias del romance aplicadas á versos endecasílabos y heptasílabos alter- 
nados; la acumulación de símiles para representar la misma idea por 
varios lados y aspectos; una sencillez graciosa que degenera á veces 
en prosaísmo y en desaliñado abandono, pero que da á la elegancia 
lírica el carácter popular del romance y aun de la copla ; el arte ó el 
acierto feliz de decir las cosas con tono sentencioso de revelación y 
misterio y cierta vaguedad aérea que no ata ni fija el pensamiento del 
lector en un punto concreto, sino que lo deja libre y le solevanta y es- 
polea para que busque lo inefable y aun se figure que lo columbra ó 
lo oye á lo lejos en el eco remoto de la misma poesía que lee: de todo 
esto hay en Bécquer y de todo esto hay en Juan Zorrilla de San Mar- 
tín también... Parece el poema bella serie de poesías líricas, en las 
cuales la acción se va desenvolviendo. Cuando los personajes hablan, 
queda en duda si son ellos los que hablan ó si habla el poeta, en cuyo 
espíritu se reflejan con nitidez los sentimientos y las ideas que tienen 
los personajes de modo confuso, como quien no vuelve sobre su espí- 
iritu y le examina y analiza... El poeta nos quiere pintar en su poema 
la desaparición irremediable de una raza, cuyo salvajismo enérgico, 



S. XIX, 1877. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN 221 

á par que la inhabilita para la vida civilizada, presta á su heroica lu- 
cha y á su final hundimiento el aspecto más trágico, excitando la ad-- 
niiración y la piedad. Esta raza es la de los charrúas, que combatieron 
fieramente contra los españoles hasta que no quedó un charrúa. Ta- 
baré es de esta raza, pero también es español... El valor estético de la 
creación es grande y el arte y el ingenio que se requieren para dar 
forma, vida y movimiento á esta creación tienen que ser poco comunes. 
J. Z. posee este arte y este ingenio... El lirismo de J. Z., como un en- 
salmo, como un conjuro mágico, evoca el espíritu de Tabaré y nos le 
deja ver claramente en su vida interior, en el móvil oculto de sus ac- 
ciones, en sus afectos, en su vago pensar y en su complicada naturale- 
za... La leyenda, cuya trascendencia y elevación merecen que de epo- 
peya la califiquemos... No hay una sola página del poema de J. Z. 
que no esté impregnada de tierna y piadosa melancolía. Sobre el ame- 
ricanismo del poeta están aquellos sentimientos fervorosos de caridad 
cristiana, de amor á todos los hombres, tan propios del alma española 
y Que resplandecían en los misioneros, en los legisladores de Indias 
V á veces, cuando la codicia ó la ambición no los cegaba, hasta en los 
mismos tremendos conquistadores." Rubén Darío, rev. Mundial: 
"...como vive de fe y respira esperanza, se diría que una inagotable 
juventud conserva firmes sus nervios, airoso su gesto, cálida y vivi- 
ficante su palabra, toda energía y ritmo... A su fama asentada de 
gran poeta unía el dominante prestigio de una elocuencia, si á veces 
harto fogosa, por lo mismo plenamente representativa de nuestros en- 
tusiasmos y vivacidades continentales... Se ha dicho que siempre en- 
el poeta aparece la amplitud, la exuberancia oratorias... Es una elo- 
cuencia llena de lirismo... El poema épicolírico del célebre uruguayo 
me impresionó por su belleza armoniosa y por el contagio entusiástico 
de la que antaño se calificaba con el nombre de inspiración. En Ta- 
baré... encontré, en días en que aún imperaban endémicas doctrinas, 
una novedad sana y un sentido de musicalidad honda y trascendente, 
que venían de la influencia de un poeta menor, pero de los más dig- 
nos de admiración y amor en la España del siglo pasado: Bécquer. 
"Mi Gustavo Bécquer, genio amable y querido, despertador de mi ado- 
"lescencia poética", dice Zorrilla de San Martín en una conferencia 
reciente publicada en Mundial. Había, en efecto, un eco del arpa de 
Bécquer, pero sinfonizado en un órgano, que se diría hecho de las 
más robustas y sonantes cañas y bambúes de nuestras selvas ameri- 
canas." Perdonemos á Rubén el que Bécquer, el poeta del alma y de 
la forma sencilla y popular sea sólo un poeta menor para el poeta de 
los tornasolados brillos de la superficie de las almas y de la forma re- 
pulida, rebuscada y aristocrática: ¡son dos instrumentos líricos tan 
desemejantes! J. Zorrilla San Martín: Notas de un himno, Santiago. 
1F77. La Leyenda Patria, canto nacional, 1879 (é innumerables edic). 
Jesuítas, 1879. Tabaré, París, 1888; Montevideo, 1889 (la mejor edic, 
con retrato); Madrid, 1893 (corregida por el autor); Barcelona (pro- 



222 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

logo de Valera) ; México (prefac. de Juan de Dios Peza) ; B. Aires, y 
otras muchas. Traducido al alemán por Juan Fastenrath, Berlín; al 
francés, por Jean-jacques Rethore, Montevideo, 1890; al it., por Luigí 
Morandi, Nictheroy, 1893; al inglés, próximamente; Tomás Bretón lo 
puso en ópera. Resonancias del camino, París, 1895; Valencia. Huerto 
Cerrado, Montevideo, 1900; Barcelona. Conferencias y Discursos, 
Montevideo, 1900; Barcelona. La Epopeya de Artigas, dos vols., Mon- 
tevideo, 1910; (corregida y aum-entada) Barcelona, 1918. Detalles de 
la Historia Río Piálense, Montevideo, 1917. Prepara el autor un libro 
que "condensará su espíritu", según me escribe: El Libro de Ruth, 
"porque será mi vendimia al través de la vida: filosofía, crítica, con- 
fiflencias, conversaciones conmigo mismo. Ensayos, como hoy ha dado 
en decirse". 

61. Año 18//. Manuel Reina y Montilla (1856-1905), 
•de Puente Genil (Córdoba), estudió el bachillerato con los Es- 
colapios de Archidona y Leyes en Sevilla, Granada y Madrid, 
donde después fundó La Diana (1882-83), revista literaria que 
Fernán flor llamó "La niña bonita de la Prensa"; fue diputa- 
do por Montilla (1886) y Lucena (1903) y senador por Huelva 
(1898) y no entró en la Academia por no saber lisonjear. Poeta 
poco fecundo, pero selecto y algo parnasiano por el esmero con 
-que cincelaba y repulía sus poesías antes de publicarlas, reflejó 
en ellas la clara luz de su tierra andaluza, haciéndolas diáfanas, 
tersas y brillantes, henchidas de color, de metáforas floridas y 
magnifico rimar. Con razón le llamaron El Fortuny de la poesía. 

Nieves Xenes (1859-1915), de Ouivicán (Cuba), que des- 
de los diez y nueve (1878) vivió en la Habana; poetisa de aca- 
bada hechura y de fondo apasionado y natural, aficionada á 
Bécquer y Campoamor, modesta y virtuosa, cantó con traspa- 
rente estilo, poca metáfora, pero hondo sentimiento, la patria 
y, sobre todo, el amor. Puede contarse entre los grandes poe- 
tas cubanos, junto, bien que algo más abajo, de la Avellaneda 
y Heredia; pero acaso por cima de Milanés y Luaces. Son no- 
tabilísimas las composiciones Ante una tumba y Una confe- 
sión. De 1877 es la más antigua de sus Poesías, Habana, 191 5. 

Ignacio Montes de Oca y ObreCxÓn (n. 1840-), de Gua- 
najuato (Méjico), educado en Inglaterra, ordenado en Roma, 
obispo de Tamaulipas (1871), obispo de Linares (Méjico) y de 
San Luis de Potosí, por nombre entre los Arcades de Roma 
mpandro Acalco^ fué buen traductor en verso de los bucóli- 



S. XIX, 1877. MANUEL REINA Y MONTILLA 223 

eos griegos y de Píndaro, esmerado sonetista y poeta clásico 
académico de refinado gusto. 

Juan Aírturo Pérez Bonalde (i 846- i 892), venezolano, 
sobresalió, más todavía que por sus propias poesías, por las que 
tradujo ó á lo menos por las que le inspiraron Bécquer, Poe 
{Raven, por ej.) y, sobre todo, Heine, á quien no sólo le belió 
el aliento y el tono musical, sino que hasta parece tradujo sus 
metros, acentos y rimas. Fué, sin embargo, en sus versos ori- 
ginales de los mejores poetas de Venezuela, descollando en ios 
delicados afectos, como en Vuelta á la patria, Flor, etc. 

Victoriano E. Montes, poeta montevideano, delicado, in- 
genioso y popular á lo Béranger, en su celebrado canto El 
Tambor de San Martín (1878) y en Mi ahijado Mauricio 
(1877) y La Tejedora de Ñandutí; dióse á la abogacía y la en- 
señanza en la Argentina y escribió poco, pero bueno. Tras la 
cuerda idílica de Teócrito, pulsó la bélica de Tirteo. Descuella 
por la originalidad de sus composiciones, la audacia de las figu- 
ras y lo atrevido de la rima. El Pintor de batallas (1893) es de 
otro más recio temple y tiene relampagueos y arrebatos de bue- 
na ley. 

Domingo D. Martinto (1859-1898), de Buenos Aires, 
educado en Europa, dedicóse en su tierra á la enseñanza y cul- 
tivó la poesía romántica por propio temperamento, bien que 
sin extravagancias ni furores, antes con suave y sufrida me- 
lancolía, que llega al descorazonamiento por los tintes grises 
de invierno y el íntimo sentimiento melancólico. Tiene sobria 
frase y cincel parnasiano, como se ve en El Hogar. 



62. El Fortuny de la poesía le llamaron Castillo Soriano, Cavia 
-y Rubén Darío. Dueño de cuantiosa fortuna, vivía en su finca de 
Camipo Real, junto á Puente Genil y generosamente gastaba sus ha- 
beres en libros de los principales autores modernos y pinturas; recogió 
cartas, fotografías y plumas de los mejores escritores de su tiempo. 
Como diputado liberal sagastino, luego maurista, ocupóse de hacien- 
da y enseñanza y siempre pedía para empresas nobles, para la clase 
obrera, en favor de los niños pobres, un homenaje oficial á Cervantes. 
La gratitud me hace recordar aquí la petición que hizo en el Congreso 
de que se me diera una cátedra de eúskera en la Universidad, donde 
explicase por aquella prehistórica lengua las raíces del castellano. 
Nadie se lo había insinuado, que yo sepa, ni Reina me conocía á nú 



224 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

más que por mis libros. Tras muchas alabanzas y promesas del mi- 
nistro la idea cayó en el vacio; pero no fué poco sonase oficialmente 
por primera vez en España el nombre del eúskera, antes tan vilipen- 
diado. Rehusó el cargo de gobernador y la Gran Cruz de Isabel la Ca- 
tólica. Núñez de Arce, Pról. á La Vida inquieta: "Quien, como usted, 
según observó atinadamente el malogrado Revilla al hacer la critica de 
su.- primeros ensayos, posee en grado sumo el don de reflejar en su 
poesía, á la manera con que el mar refleja la profunda claridad de los 
cielos, la luz de la espléndida tierra andaluza en que ha nacido, cuya 
diáfana transparencia todo lo anima, colora, hermosea y abrillanta..." 
Clarín {Ilustr. Ibérica^ Febr. 1895) : "Reina es moderno, modernísimo, 
en sus versos; pero sin ceñirse á ésta ó la otra manera colegiada... 
Esta ausencia de amaneramiento, de imitación servil, de exageración 
y afán de novedad y rareza, es en el conjunto de la obra de Reina 
como una idiosincrasia de noble serenidad... La Vida inquieta^ volumen 
pulquérrimo en cuerpo y en alma, en que se siguen las buenas tradi- 
ciones de la musa española sin llenarla de cascabeles pies y manos, para 
que produzca gran estrépito en cuanto se mueva. La dicción siempre 
€s noble; el lenguaje, poético, digno de su objeto; la sintaxis, correc- 
ta; las imágenes, propias y jamás se pone el estro en pugna con la 
lógica." Castillo Soriano : "Apenas se abre el libro, parece que se 
abren de par en par las ventanas del cerrado pabellón de hermosísim.o 
jardin andaluz, en espléndida mañana de sol: la vista se deslumhra en 
océanos de luz, se llena de armonías el oído, de perfumes el aire, el 
corazón de vida y el pensamiento de fantasías orientales." Rubén Da- 
río : "Manuel Reina ha logrado recientemente un triu^nfo con su Jar-^ 
din de los poetas. Lírico de penacho, en color un Fortuny. Ha llamad» 
la atención desde ha largo tiempo por su apartamiento del universal 
encasillado académico, hasta hace poco reinante en estas regiones^ 
Su adjetivación variada, su bizarría de rimador, su imaginativa de 
hábiles decoraciones, su pompa extraña entre los uniformes tradicio- 
nales, le dieron un puesto aparte, alto puesto nKerecido." J. Valera». 
Ecos Argentinos, 1901, pág. 42: "Manuel Reina, vate de Puente Ge- 
nil, á quien por su elegancia pudiéramos calificar de parnasiano y 
colocarle, prescindiendo de algunos descuidos suyos, al nivel de Emi- 
lio Ferrari," Man. Reina: Andantes y Alegras, Madrid, 1877, pról. de 
José Salvador de Salvador. Cromos y Acuarelas, 1878, pról. de Fer- 
nández Bremón. El Dedal de plata, monól., 1883. La Vida inquieta,. 

1894, pról. de Núñez de Arce. La Canción de las estrellas, poema, 

1895. Poemas paganos, 1896. Rayo de Sol, poema, 1897. El Jardín de 
los poetas, 1899, su mejor obra. Robles de la selva sagrada, 1906, póít., 
con retrato. Consúltese Eduardo de Ory, Man. Reina, estudio bio- 
gráfico, seguido de ntimerosas poesías... no coleccionadas, Cadoz-,. 
1916. 

J. Montes de Oca: Fiesco (á los quince de su edad), Méjico, 1859^ 
Poetas bucólicos griegos, Méjico, 1877; Madrid, 1880 (Bibl. Clás.),. 



S. XIX^ 1877. DOMINGO D. MARTINTO 225 

1910. Ocios poéticos, Méjico, 1878; Mjadrid, 1895. Obras pastorales y 
oratoriüs, ocho vols., Méjico, 1878-1914. Píndaro, Méjico, 1882; Ma- 
drid, 18S3 (Bibl. Clás.), 1883, 1909, 1914. Elogio fúnebre y otras piezas 
encomiásticas del Ilnw. Sr. Dr. D, Pelagio Antonio de Labastida y 
Dábalos, Méjico, 1891. Oraciones Fúnebres, Madrid, 1901, Últimos 
sonetos, A orillas de los ríos. Valencia, 1916, El Rapto de Elena, trad. 
de Coluto, Madrid, 1917. 

M. Pelayo, Hist. poes. hispramer., t. I (1911), pág^ 415: "Bonalde, 
un ingenio germánico por las ideas y la educación, aunque meridio- 
nal por lo impetuoso de los afectos^ víctima dolorosa de las contra- 
dicciones intelectuales de nuestro siglo, dio cuerpo y voz en su poe- 
sía elocuente y sincera al fervoroso anhelo del ideal y á la negación 
pesimista, que alternativamente invadían su alma atormentada y cali- 
ginosa. Y no sólo fué poeta original, sino profundamente versado en 
la lengua alemana : trasladó á nuestra lengua todo el Buch der Lieder, 
de Enrique Heine, invirtiendo muchos años en dar á su traducción 
el mayor grado de exactitud posible, llegando á remedar á veces el 
metro, la rima, la disposición de las estrofas y hasta la colocación de 
los acentos." Estrofas, 1877 (muchas traducidas de Heine). Ritmos, 
N. York., 1880. El Poema del Niágara (escrito en 1880), ibid., 1883 
(2.* ed., con prefacio de José Martí). Enrique Heine, El Cancionero, 
Madrid, 1917. 

■Martín García Mérou, Recuerdos Liter-, 1915, pág. 181: "Su céle- 
bre canto El Tambor de San Martín. Montes se reveló en él un ver- 
dadero poeta, ingenuo, popular á la manera de Béranger, en sus me- 
jores tiempos; y sus estrofas, reproducidas inmediatamente en toda 
la República y en el exterior, sirvieron de base para la sólida reputa- 
ción que de entonces le acompaña. La profunda originalidad de esa 
composición, la elegancia y sencillez de su estilo, ¡a emoción patrió- 
tica de que está impregnada... Y estas mismas cualidades resaltan en 
las obras posteriores de Montes, que son numerosas, pero que están 
fundidas en el mismo molde y caldeadas por el mismo soplo de ins- 
piración americana íntima y propia del autor, que busca siempre temas 
de nuestra vida, como sucede con Mi ahijado Mauricio y la graciosa 
canción La Tejedora de Ñanduti." Publicó Parónimos de la lengua 
castellana, B. Aires, 1893 (2.^ ed.). 

Martín García Mérou, Recuerdos Liter., 1915, pág. 235: "Poeta 
(Martinto) que se distingue por la sobriedad de la frase y el arte difí- 
cil de la cinceladura literaria que ha aprendido en los parnasianos 
franceses, durante su larga estadía en París. No es fecundo ni des- 
bordante en la expresión y la imagen; pero tiene elegancia, conci- 
sión y naturalidad. Sus versos son siempre agradables y cadencio- 
sos y no pocas veces interesan y cautivan. Parecen, á pesar de su 
corrección de idioma, más que versos argentinos, traducciones de al- 
gún joven literato de la pléiade, que, sin llegar á la altura de un iCop- 
pée ó un Banville, poseyera el encanto penetrante de Les nuits d'hiver 

TOMO TX. — IS 



226 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de Henri Murger... Las cualidades de Martinto brillan, sobre todo, 
en El Hogar, cuadro admirablemente dibujado, lleno de intención y 
de colorido, de gracia ligera y de penetrante melancolía. Esa composi- 
ción resume todas sus amables dotes de f>oeta, las condensa y las pre- 
senta en un conjunto encantador. Por lo demás, el pequeño libro en 
que Martinto ha coleccionado sus versos contiene más poesia íntima y 
seductora, más perfume de sentimiento que muchos grandes volú- 
menes... Todas las ternuras de una alma tierna se transparentan en 
él, expresadas en una forma que, en cada rasgo, revela la mano ven- 
cedora del artista. Las composiciones de Martinto, para emplear las 
palabras de García Velloso, abundan en "metáforas brillantes y ver- 
sos nobilísimos; pero que en vez de las alegrías de un cielo azul de 
primavera, en vez de las deslumbradoras luces del sol iluminando los 
anchos horizontes, sólo dejan caer sobre nuestra frente las brumas 
de la estación invernal ; de esa estación que sólo tiene rosales muer- 
tos, enredaderas caídas, arroyos congelados, macetas encharcadas, ni- 
dos sin ruiseñores y que envuelta en las vagas claridades del cre- 
púsculo, parece haber borrado de sus tintas para siempre la palabra 
¡esperanza!" Poesías líricas, 1877-81. Poesías, B. Aires, 1891. Oyuela, 
epístolas, ibid., 1891. Páginas literarias y páginas sueltas, 1892. 

63. Año iSyj. Federico Lafuente López (n. 1857-), ^^ 
Lodosa (Kavarra), redactor de La Prensa Moderna (1877-87), 
Agencia Express (1882). El Día (1883), El Cronista, El Norte; 
abogado en Toledo desde 1886, donde dirigió El Centro ^ Fray 
Gerundio^ El Heraldo y Heraldo Toledano; hoy juez en Don 
Benito; escribió leyendas, cuentos, dramas y poesías, sobre 
todo Cuentos de la Montaña, de los que se cuentan en los filan- 
deros por León, con el sabor y ambiente del terruño. Excelen- 
te escritor en prosa, narrador interesante y acabado versifi- 
cador. 

Manuel Sanguily y Garritt (n. 1849-), ^^ ^^ Habana, 
coronel insurrecto (1868), director del Instituto, senador, pre- 
sidente del Senado, secretario de Estado, redactor de la Rev. 
Cubana^ fundador y director de Hojas Literarias, cinco vols. 
1(1893-94), emigrado de 1895 á 1897; polemista nervioso y ace- 
rado, de estilo oratorio, siempre cuidadoso del arte en sus dis- 
cursos políticos, que es en los que sobresale. 

Miguel Cañé (i 85 i -1905), de Buenos Aires, diplomático 
.en Venezuela y Colombia (1881-82), en España (1886) y Pa- 
rís (1896), autor de seis ó siete colecciones de artículos y de un 



S. XIX, 1877. MANUEL SANGUILY Y GARRITT 227 

hermoso libro de recuerdos infantiles {Juvenilia), fué lector 
vasto y curioso; pero desordenado, algo como dilettante que 
en todo pica sin hondos conocimientos. Su prosa tiende á ser 
llana y aun familiar y pintoresca, bastante castiza y elegante, 
aunque con incorrecciones. 

64. Federico Lafuente López (en algunas obras añadió Elias, 
segundo apellido materno) : La Concepción de Murillo, nov., Madrid, 
1877. El Collar de fuego, nov., ibid., 1881. Mari-Micona, nov., 1882. 
Revuelta, jug. (con Jacinto Arecliavela), 1882. Deudas de honor, dr., 
1882. El Despertar de un condenado á muerte, poema, 1883. Cora^ 
zones pobres, nov., 1884. Mártir de honor, dr., 1886. La Vocación, 
poema, Toledo, 1886; Madrid, 1915. En Toledo desde 1887: cinco to- 
mitos de la Biblioteca amarilla y las leyendas: La Campana de la er* 
mita, Entre el amor y el deber. La Cueva de los misterios. Un amor 
del rey D. Pedro, La Campana de S. Plácido, Historia de cualquier 
tiempo. La Hija del lapidario, El Árbol de plata (todas en folletín). 
Unos 30 cuentos en Heraldo Toledano. Zayda, leyenda en verso. De 
hueso dulce, revista de costumbres toledanas, 1892. Ensayo d: una re- 
vista 1897. En el crimen el castigo, dr., 1898. Margarita, monól., 1900.- 
Cara ó cruz, dial., 1901. Tardes grises, 1914. Cuentos de la Montaña, 
1915. El Romancero del Quijote, 1916. 

Ant. Gómez Restrepo, El Literario, Bogotá, 1916 (Mayo) : "Ma- 
nuel Sanguily... es escritor insigne; pero su temperamento lo lleva 
á cultivar con predilección la oratoria; y aun escribiendo de literatu- 
ra y de crítica, el orador se descubre en el giro de la frase, en el ca- 
lor del estilo. Los discursos de Sanguily, como obra de quien en nin- 
gún momento se olvida del arte, llevan la ventaja á las arengas pro- 
nunciadas i-cr oradores que son exclusivamente políticos, de ostentar 
u.ia ejecución literaria irreprochable y de combinar el elemento esté- 
tico con el fin práctico que todo hombre público aspira á alcanzar con 
su palabra. No se ha consagrado Sanguily á lentos trabajos de erudi- 
ció ni á escribir libros de tan sabia composición como los de Piñeyro; 
pero de su elevación intelectual, de su dominio de las más varias ma- 
terias, de su rapidez de comprensión y finura de juicio, dan cabal 
testimonio los cinco volúmenes que llegaron á formar sus Hojas lite- 
rarias, publicación mensual análoga al Nuevo Teatro Crítico, de la 
señora Pardo Bazán...; en estudios que revelan su extraordinaria fa- 
cundia, la facilidad de expresarse en estilo suelto, rápido, propio de 
quien está habituado á la improvisación..." Man. Sanguily: Discur- 
sos á la emigración cubana, N. York, 1877. Los Caribes de las Islas, 
estud. crít.. Habana, 1884. Los Oradores de Cuba, 1886 (en Rev. Cub.). 
Un insurrecto cubano en la Corte, ibid., 1888. El Dualismo moral y 
político en Cuba, disc, 1889. José de la Luz y Caballero, est. crít., 
1890. El Descubrimiento de América, conf., 1892. Céspedes y Martí, 



228 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

disc, N, York, 1895. Cuba y la furia española, ibid., 1895. La Revo- 
lución de Cuba y las Repúblicas Americanas, ibid., 1896. José Martí y 
la Revolución cubana, disc, ibid., 1896. La Anarquía española y el sa- 
crificio de los cubanos, disc, ibid., 1896. Victoria de las Tunas (1897), 
ibid., 1897. José de lu Luz Caballero, disc, 1900. Antonio Zanibrana, 
disc. Habana, 1907. Discursos (con Philander C. Knox), 1912. Ora- 
ción fúnebhe, 1914. Frente al enemigo (cuatro discursos de la emigra- 
ción) 1916. 

Alvaro Melián Lafinur, Introd. á Escrit. liter., 1915: '"Hay en 
Cañé una gracia ligera de mariposa que revolotea por sobre los te- 
mas sin profundizar demasiado... Glisses, n'appuyez pas. Por lo de- 
más, describe con fidelidad y colorido." Cañé, Juvenilia: "Mientras 
procuraba alcanzar el estilo que me había propuesto, sonreía á veces 
al chocar con las enormes dificultades que se presentan al que quiere 
escribir con sencillez^ Martín García Mérou, Recuerdos Liter., 1915, 
pág. 347: "Leyendo los libros de Cañé, más de una vez me ha llamado 
la atención que ellos no reflejan en realidad la verdadera forma de 
su espíritu, tal como yo la concibo. Se ve en ellos un talento ligero, 
juguetón, alegre, capaz de comprenderlo todo y abarcarlo con igual 
facilidad, con tendencias artísticas decididas y un fondo de filosofía 
mundana propio del que ha vivido mucho en la sociedad y el contacto 
de los hombres... Pero hay otra faz de su intelecto que él nos ocultx 
por una especie de coquetería incrédula : la faz seria, pensadora, un 
poco ingrata, si se quiere; pero necesaria para penetrar en todo un 
orden de especulaciones morales y políticas, en el amplio sentido de 
la palabra..." Miguel Cañé: Ensayos, 1877. ^ distancia, 1882. Juveni- 
lia, 1882, 1884, 1901. En viaje, París, 1884; B. Aires, 1904. Charlas li- 
terarias, 1885. Enrique IV, trad. de Shakespeare, 1900. Notas é impre- 
siones, 1901. Prosa ligera, 1903. Notas de zñaje sobre Venezuela y 
Colombia, Bogotá, 1907. 

65. Año 1877. Eduardo Escalante (1834-1895), celebrado dra- 
mático valenciano, sucesor artísticamente de Ramón de la Cruz y pa- 
recido al gaditano González del Castillo. Sainetero regional de la me- 
jor estofa, fundador, puede decirse, del teatro valenciano, escribió 
poco en castellano. Los chiques del entresuelo, pieza bilingüe, Valen- 
cia, 1877. La Consoladora casa de empeños y préstamos, cuadro bilin- 
güe en verso, ibid., 1880. Un alcalde de barrio, jug., 1896. Mil duros 
y tartaneta, comedia bilingüe, 1897. Colección completa de las obras, 
Valencia (s. a.), tres vols. 

Emilio Sánchez Pastor (n. 1852-), madrileño, redactor de periódi- 
cos políticos, después autor del género chico, publicó Modista, tiple y 
patrona, nov., 1877. Los Maliciosos, sain., 1889. Vivir para ver, id., 
1889. Los Alojados, id., 1890. El Ciclón, id., 1891. Los Calaveras, com., 
1892. El Centinela, saín., 1892. La Procesión cívica, zarz., 1893. El 
Tctmbor de granaderos, zarz., 1894. El Primer reserva, 1897. La Va- 



S. XIX, 1877. JUAN ANTONIO CAVESTANY 229 

xante de Cañete, saín, (con S. Delgado), 1897. El Trabuco ó Pepet. 
Netct y Toret, 1899. EL Señorito Arturo, dr., 1900. España en Parts, 
zarz., 1900. Los Locos, zarz., 1901. Sánchez Pastor, El Liberal, 1894: 
"Pasé la vida siempre escribiendo, | salvo un período, breve por cier- 
to, I en que brillantes cargos me dieron | y, sin embargo, no los apre- 
cio, I ni por el brillo ni por el sueldo, | y es porque juzgo que vale un 
éxito I de una comedia más que mil puestos | de los que anhelan con 
ansia aquellos | que se desviven por ser Gobierno, | y si alguien tiene 
por inmodesto | este lenguaje, que es el que siento, | se lleva chasco; 
lo que hay en ello | es que mi oficio juzgo el más bueno; | si me equi- 
voco, ya no hay remedio, | yo en las comedias sigo creyendo; | con eso 
gozo, gano dinero, | vivo tranquilo y estoy contento." 

José Estremera (f 1895) fué literato distinguido y autor bastante 
aceptable de piececitas bonitas y zarzuelas. Hizo San Franco de Sena, 
música de Arrieta. Colaboró con Vital Aza en Noticia fresca. Escri- 
bió en Madrid Cómico, La Ilustración Española, La Niñez, Blanco 
y Negro, la Gran Vía. Hay entresuelo, 1877. Fuerza mayor, ju- 
guete, 1877. El Otro yo, 1878. A''t visto ni oído, juguete, 1879. 
Lo de anoche, 1879. Música clásica, 1880. De confianza, 1881. Perros 
r gatos, 1882. Co7no Pedro por su casa, 1883. Pares y nones, 1883. La 
Cruz de fuego melodr., 1883. Juan y Pedro^ 1884. Guldnara, ópera, 
1884. La Flor de lis, zarz., 1884. El Hermano Baltasar, id., 1884. El 
Ventanillo, sain., 1885. La Mujer de su casa, id., 1885. Mimí, com., 
1888. El Milano, jug., 1888. La Cascara am^arga, id., 1888. Las Hijas 
¿el Zebedeo, zarz., 1889. La Escandalosa, jug., 1889. La Flor del trigo, 
zarz., 1889, Los Nuestros, zarz., 1890. Fábulas y cuentos, Madrid, 
1890. Safo, jug., 1890. El Mesón del sevillano, zarz., 1891. Cariño, 
id., 1892. La Cuerda floja, jug., 1894. Fábulas, Madrid, 1896. 

Martiano Leguizamón (n. 1858), de Entre Rios (Argentina), pe- 
riodista, doctor (1885) y autor de obras jurídicas é históricas sobre 
Perera, Urquiza y Garay, es, sobre todo, un literato y escritor de lim- 
pio estilo, sano criterio y gran fuerza descriptiva, muy amante de lo 
criollo. La Bandera de los Andes, poesía (1877). Recuerdos de la tie-i 
rra (1896). Calandria, comedia de costumbres camperas (1898). Mon- 
taras, romance histórico (1900, 1914). Alma nativa (1906-1912). De 
cepa criolla (1908). Oración á la bandera (1909). Páginas argentinas, 
■crít. lit. é histor. (191 1). La Cinta colorada (1916). El Primer poeta 
criollo del Río de la Plata, 1917 (en Rev. Univ. B. Aires). 

Candelario Obeso (1849- i 884), de Mompox (Colombia), escribió 
La Familia de Pigmalyon, nov. Secundino el zapatero, com. (1880). 
Lucha de la vida, poema (1882). Robertson italiano, id. francés, id. in- 
glés. Pero su mejor obra son los Cantos populares de mi tierra, Bogo- 
tá, 1877, tan popular y naturalmente entonados como por quien bien 
los conocía y sentía, por haber sido humdlde su cuna y condición, de- 
biendo sus adelantos al propio estudio y trabajo. 

Juan Antonio Cavestany (n. 1861-), sevillano, comenzó bien la 



230 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA ( 1 8/0- 1 So/) 

carrera dramática, á los diez y seis de su edad, con El Esclavo de su 
culpa, que se ruje no fué obra únicamente suya; de hecho, después, 
como si solo hubiera quedado ó se hubiera cansado antes de tiempo^ 
hizo hasta más de cuarenta obras teatrales, amaneradas y efectistas, 
fiando el principal interés del aderezo teatral. Con razón, él mismo 
tiene en más sus libros de versos, que, por confesión propia, están 
inspirados en Zorrilla, Núñez de Arce y Velarde, no sin algo de per- 
sonal. Las poesías de circunstancias son de las mejores. J. A. Caves- 
tany: El Esclavo de su culpa (1^77), Grandezas humanas, Sobre quién 
viene el castigo. Salirse de su esfera. El Casino, Juan Pérez, La No- 
che antes, Despertar en la sombra. Que ustedes lo pasen bien, com. 
(con Moreno Gil, y bajo el anagrama de entrambos Golmerino y Gon- 
zález), i88o; todas antes de los veinte de su edad. Más tarde: Sofía 
(1894), La Duquesa de Valliere (1899), La Reina y la Comedianta 
(1900), Nerón (1900), El Leoncillo (1901), Los Tres galanes de Es- 
trella (1902). La Copla popular (^disc. recep. Acad. Esp.), 1902. Fari- 
nelli, ópera (1902). El Idilio de los viejos, 1909, etc. Poesías, 1883, 
1888, Versos viejos, 1907. Al pie de la Giralda, 1909. Mis versos, 
1913. La Guerra, apuntes para un poema, 1914. Tristes y alegres, 
poesías, 1916. Tras los mares, 1917. Cinela Cayí, 1918. Consúltese 
L. López Roselló, en Rev. Calasancia, 1917 (V, 212-221 540-551). 

Clorinda IVÍATTO DE TuRNER (n. 1854-), del Cuzco, casada con el 
inglés Turner (1871) y bien conocida en Madrid, dirigió El Perú 
ilustrado; llegó á Lima en 1877, donde publicó Tradiciones cuzqueñas 
á la manera de Ricardo Palma y se hizo popular cuando la guerra con 
Chile, abriendo una suscripción hasta equipar el regimiento de los 
libres de Cuzco y fallecido su esposo (1881), dióse enteramtente á las 
letras y escribió la pintoresca novela Aves sin nido, sobre los padeci- 
mientos de los indios. También compuso el drama HimaASumac, epi- 
sodio de los tiempos de la conquista. Clor. Matto : Tradiciones cuz- 
queñas, Arequipa, 1884. Aves sin nido, nov., Barcelona, 1907 (2.* ed.).. 
índole, nov. per., Lima, 1891. Boreales, miniattiras y porcelanas, 1902. 
Viaje de recreo. Valencia (1910). 

Jesús E. Valenzuela (1856-1911), de Guanaceví (Méjico), diputa- 
do, fundador de la Rev. Moderna, donde favoreció á la juventud y 
despilfarró su oro y su talento; poeta ó, mejor, "rimador elocuente"", 
como dijo Urbina; enemigo de modas poéticas. Publicó Almas y cár- 
menes, versos Méjico, 1904. Lira libre, id. id., 1906. Manojo de rimas, 
id., 1907. Mis memorias (inéd.). 

Maximiliano Iturbe (n. 1857-), de Coro (Venezuela), hijo del gcr 
neral del mismo nombre y apellido, médico, publicó escasas poesías; la 
primera, Al rayar 'la aurora, en La Opinión Nacional; después. Madre 
mía. En la tumba de Clemencia. Romántico por el sentimiento dolo- 
roso é íntimo; pero esperanzado como buen cristiano; llano y poco ex- 
quisito en la expresión. Consúltese G. Picón Febras, Páginas sueltas, 

Juan Catalina García López, catedrático^ redactor de El Fomen- 



S. XIX, 1877, MARIANO BARRANCO Y CARO 23 1 

to Literario (1863-64), colaborador de La Ilustr, Catól. (1877...), Rev. 
de Archivos (1897-99) y Bol. Acad. Hist., muy erudito en cosas de la 
Alcarria, publicó Datos bibliográficos sobre la Sociedad Económica 
Matritense, Madrid, 1877. La Edad de Piedra, 1878. El Hombre ter- 
ciario 1879. El Libro de la promncia de Guadalajara, Guadalajara, 
1881. El Madroñal de Auñón, bosquejo, Madrid, 1884. Rasgo histórico 
acerca de N.' 5"." de la Antigua de Guadalajara, Guadalajara, 1884» 
El Fuero de Brihuega, 1887. Ensayo de una tipografía complutense, 
1889. De la historia del arte en la Alcarria durante los dos primeros 
siglos de su reconquista (disc. recep. Acad. Hist.), 1894. Elogio del 
P. Sigüenza, 1897. Biblioteca de escritores de la provincia de Guada- 
lajara y bibliografía de la mdsma hasta el s. xix, Madrid, 1899. Cas- 
tilla y León durante los reinados de Pedro I, Enrique II, Juan I y 
Enrique III, 1900. La Capilla de los Urbinas en Guadalajara (en Bol. 
Acad. Hist., 1905, XLVI). Inventario de las medallas españolas que 
posee la R. Acad. Hist. (ibid., 1905, XLVII). Relaciones topográf. de 
España... (de Guadalajara) (en el Memorial Hist. Esp., ts. XLI- 
XLIII, tres vols., y postumos, ts. XLV-XLVII ; los dos últimos con 
notas de Manuel Pérez Villamil), Consúltese Conde de Doña Marina, 
D. J. Catalina García, 1911 (en Rev. Arch.; XXIV, 177-186). 

66. Año i8yy. Concepción Agüero (1847-1896), de Puerto Prín- 
cipe, estrenó La Huérfana, jug. dr., ibidem, 1877. — Anales de la Uni- 
versidad de Buenos Aires, desde 1877. — Antonio E. Aparicio publicó 
Corona Mariana, poesías, Madrid, 1877. — Pedro Arancibia Psado, 
chileno, novelista por entregas, publicó, con seud. de Sor Estival, Los 
Dramas de Santiago y Los Diamantes de una novia (1877). — Juan Ar- 
NAO (i 807- 1 901), de Matanzas (Cuba), publicó Páginas para la historia 
política de la Isla de Cuba, Brooklyn, 1877; 2.* pte., Habana, 1900. — 
Ramón Azpurúa publicó Anales de Venezuela, documentos... desde 
1830, Caracas, 1877. Biografías de hombres notables de Hispanoamérica, 
■ibid., 1877. — Tomás Baeza González, deán de Segovia, publicó Apun- 
tes biográficos de escritores segovianos, Segovia, 1877. Reseña histó- 
rica de la imprenta en Segovia, ibid., 1880. — Andrés Baquero y Al- 
mansa (1853-1916), murciano, por seud. Macías Coque en periódicos 
regionales, catedrático de Literatura y director del Instituto de Murcia, 
publicó La Literatura en Murcia desde Alfonso X á los Reyes Católi- 
cos, Madrid, 1877. Manuscritos inéditos referentes á Cartagena, Cehe^ 
gin. Muía y Murcia, Murcia, 1881. Cuentos y novelas de Alfredo Mus- 
set, Madrid, 1882. Visitas de confianza á la Exposición de Bellas 
Artes, Aíadrid, 1883. Hijos ilustres de la provincia de Albacete, ibid., 
1884. Rebuscos de cosas murcianas. Murcia, 1902. El Conde de Florida 
Blanca, biogr. y bibliografía, ibid., 1909. Los Profesores de las Bellas 
Artes murcianas, ibid., 1913. — Mariano Barranco y Caro (n. 1850), 
valenciano, redactor de la Gaceta (1876-80) ; del género chico, estrenó 
Rendirse para vencer, comedia {iSyy). La Receta, juguete, 1883. ¡Po- 



232 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

bres hombres!, 1883. Las Hormigas, comedia, 1883. Gabinetes particu- 
lares, juguete, 1883. Mariano Glacé, id., 1883. Los Pantalones, cuento 
en un acto, 1884. Los Postres de la cena, juguete, 1885. Los Martes 
de las de Gomes, 1885. La Valverde, apr o pósito cómico, 1887. Teatro 
de las de Gómez, 1887. De Matute, 1889. La Contaduría, 1889. — Ig- 
nacio Benítez del Cristo, de Matanzas (Cuba), estrenó Los Novios 
catedráticos, pared., Matanzas, 1877. — Francisco Bermejo y Caba- 
llero publicó Un viaje fclic y La Muerte del marqués de Poca, noi'c- 
las, Madrid, 1877. — Boletín de la R. Academia de la Historia, desde 
1877 á fines de 1916, 69 vols. — Boletín de la Institución Libre de En- 
señanza, Madrid, desde 1877. — Simón Camacho, venezolano, en Lima 
desde 1870, publicó A Lima, prosa y verso de buen humor, Lima, 
1877. — Ángel Justiniano Carranza y Mármol, argentino, publicó 
Calería biográfica argentina, Buenos Aires, 1877. Expedición al Cha- 
co Austral ibid., 1884. El Laurel naval de 1814, ibid., 1884. Campañas 
navales de la Rep. Argentina, ibid., 1914. El Paso de los Andes, ibid., 
1917. — Cartas de Indias, Madrid, 1877, obra que dirigieron Marcos 
Jiii.énez de la Espada y Justo Zaragoza, en algo Barrantes. — Cartas 
dt- los PP. de la Compañía de Jesús de la misión de Filipinas, Madrid, 
1877-95, 10 vols.; además, otro tomo, Barcelona, 1903. — J. Casan pu- 
blicó La Cruz de la expiación, leyenda histórica, Alcalá, 1877. — El 
Conde de Casa Valencia, académico por obra y gracia de don Juai 
Valera, publicó La Federación (disc. Acad. Cieñe. Mor.), 1877. ^(^^ 
Escritoras españolas de mayor mérito (disc. Acad. Esp.), 1879. Estu- 
dios históricos, 1895. Necrología de D. P. Madrazo, 1898. Recuerdos 
de la juventud, 1898. Varios discursos, 1899. De la libertad polít. en 
Inglaterra, 1900. En Inglaterra, Portugal y España de 1856 á 1860, 
1905. Interesantes recuerdos hist. polít. (iSóp^yi), 1908. Interesantes 
recuerdos hist. polít. (i8/i-y8), 1909. Id, 1878-81, 1910. — Manuel Ca- 
talina publicó El Teatro. Los Actores, Madrid, 1877. — Alfredo Ca- 
zaban Y Laguna (n. 1870-), de Ubeda, residente en Jaén desde 1889, 
director y colaborador de varios periódicos. La Unión (1903), etc.; 
laureado en varios certámenes, cronista de Jaén (1904), gran conoce- 
dor y divulgador de la historia de aquella provincia, publicó El Teatro 
como escuela y espejo de costumbres. Apuntes para la historia de 
Ubeda, ibid., 1877. Cosas de antaño. El Reino de Jaén y S. Fernando, 
1890. Política vieja, con pról. del Dr, Thebussem^. Notas é ilustraciones 
á una descripción de la batalla de Bailen, Cómo debe ser la pren- 
sa moderna. Jaén como base de la conquista de Granada. El Ma- 
trimonio, diálogo representable. La Cuestión social en Jaén en el 
siglo XIV. Los Huérfanos. Del corazón de mi tierra, prosa. Va 
soy viejo y Hundí el arte, monólogos. El Vengador. Pinicos, poe- 
sías. Los Tristes, poesías. Jaén, 1900. Rayos de luz, poesías. Florile- 
gio de poetas y poesías de Jaén y su provincia. La Aventura del hom^ 
bre muerto. Jaén, 1916. — Rafael Cebreros y Bueno, colaborador de 
El Bazar (1874-75), Blanco y Negro (1891), publicó Pensamientos, 



S, XIX, 1877. ANTONIO ESPIÑEIRA 233 

Madrid, 1877; Sevilla, 1894. — La Ciencia Cristiana, desde 1877, fun- 
dada por Juan M. Ortí y Lara, divulgó obras antiguas. — Pelayo Clai- 
RAC Y SÁENZ publicó el erudito Diccionario general de Arquitectura é 
Ingeniería, Madrid, 1877-91, cinco vols. — ^Claudio Compte y Altimi- 
RAS estrenó Un buen negocio, comedia (1877). — José Antonio Corti-í 
na, fundador de la Rev. de Cuba (1877), publicó Páginas en verso, 
Habana, 1881. — •Fernando Costa (f 1893), madrileño, por seud. El 
Impertinente, director de El Siglo Ilustrado (Madrid, 1867), El Im- 
pertinente (ibid., 1876) y La Aurora del Yumurí (Matanzas, 1880), 
estrenó Memorias íntimas, com., Habana, 1877. -^^ Mayor dolor, dr., 
1877. Confidencias, 1877. Fruta de verano, 1877. Un relámpago de ce- 
los, 1878. El Fondo del abismo, dr., 1879. El Polichinela, zarz., 1879. 
El Maladetto, zarz., 1880. ¡Mulata Santa!, 1880. Se suspendió la fun- 
ción, 1881. Recuerdos de la catástrofe de Payret, 1883. Los Hijos de la 
Habana, zarz., 1884. Blancas y de color. El Chiflado. Me cayó la lo- 
tería. — Dionisio J. Delicado publicó ¡ ¡ ¡Coplas! ! !, Ciudad Rodrigo, 

1877. El Casco del dragón, cuento fantástico, ibid., 1877. María Rosa, 
novela, 1878. Vivir muriendo, novela, 1878. Talis vita, finis ita, novela, 

1878. Los Amores de un poeta, novela, 1879. Brisas del mar, poesías, 
Gibraltar. — A. Díaz publicó Historia polít, y militar de las Repúbli- 
cas del Plata (1828-1866), Montevideo, 1877-79, 13 vols, (véase Anto- 
nio Díaz, 1857). — Documentos para la hist. de la guerra de la Inde- 
pendencia de México, ibid., 1877-82, seis vols. — José F, Dodero Váz- 
quez (n. 1 857-), gaditano, fundador de El Municipio y la Provincia 
(Madrid, 1902), publicó Virtud y Belleza, La Caridad, Poesías, Peda- 
zos de Prosa, Poesías y Cuentos, Recuerdos de Andalucía, Mi viaje 
á Filipinas, Las Ultimas Cortes de la Regencia, 1902. — Anacleto Du- 
fort y Alvarez (1855- 1902), de San Carlos (Uruguay), político desde 
1877, fundador de la Revista Científicoliteraria y La Razón, fué des- 
terrado, diputado, senador, ministro de Hacienda y poeta sentimen- 
tal y correcto. Publicó Invasión de Echagüe y Batalla de Cagancha. — 
Enrique Dupuy de Lome publicó De Madrid á Madrid, dando la vuel- 
ta al mundo, Madrid, 1877. — Emilio Antonio Escobar (1857-1885), 
poeta de Bogotá, publicó el drama ¿Justicia ó Fatalidad? (1884) y las 
novelas La Novia del Zipa y Aurelia. Escribió Rimas becquerianas 
con demasiado "olor de cementerio y cancamurria de gori-gori", que 
dijo J, Valera. Consúltese Isid. Laverde Amaya, Fisonomías Uter., 
Curazao, 1890. — Ramón Esparzo é Iturralde, redactor de La Perse- 
verancia, de Zaragoza, publicó El Ángel de Somorrostro, Barcelona, 
dos partes, 1877. Episodios de la Guerra civil, Madrid, 1913. — Anto- 
nio Espiñeira (1855-1907), chileno, tradujo para las fiestas acadé- 
micas de los Padres Franceses muchas comedias y después hizo bas- 
tantes originales, bien notorias en su tierra. Estrenó Cómo pasarán 
las cosas, 1877. Martirios de amor, 1877, 1882. Am^r de patria, i8Sr, 

1883. Mal por bien, 1885. Cervantes en Argel, 1886. En la puerta del 
.horno, 1887. El Castigo del malvado. Pena de la vida, 1889. Chincol 



234 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1870-1887) 

en sartén. Lo que no tiene sanción. Y otras publicadas en La Estrella 
de Chile y Rev, de Artes y Letras. Jorge Hunecus Gana, Cuadro hist.^ 
pág. 782: "Espiñeira fué un poeta de alma caballeresca, de espirita 
ro'iiántico, con verdadera vocación para escritor dramático, aunque vi- 
vió en un marco tal vez demasiado estrecho para la observación de 
la vida que requiere el estudio del teatro y el uso de sus resortes pria- 
cipales... Hay... un fondo de ingeniosidad casi infantil que á menudo 
le estorba el desenvolvimiento m,ás lógico y humano de los problemas 
planteados en sus dramas. Por lo demás, su versificación es copiosa, 
castiza y correcta." — Efemérides de la última guerra civil en el alto 
Maestrazgo, por Estanislao de Kostka, Morella, 1877 (no es el Est. de- 
Kostka Bayo, citado por Fuster). — José Esteban y Bravo publica- 
Garrapatos, Madrid, 1877. — 'Concepción de Estevarena y Gallardo 
(1854-1876), malograda poetisa sevillana de acentos delicados, en- 
vueltos en aéreas y sencillas formas, escribió dolorosos versos, que se 
impriraieron con el título de Ultimas flores, Sevilla, 1877. — Josefa 
Estévez de García del Canto, colaboradora de La Ilustr. Católica- 
(1877...), Los Niños (1883-86), El Correo de la Moda (1889), religio- 
sa salesa en Vitoria á la muerte de su esposo el coronel y novelista 
García del Canto (1889), con nombre de Sor María de Loyola; publi- 
có La Esposa, poema, ^Nladrid, 1877. Oda á la Transverberación de 
S. Teresa, 1882 (premiada). El Romancerillo de S. Isidro, 1886. MU 
recreos poéticos. Salamanca, 1888. Memorias de un náufrago, nov., 
ibid., 1888. Máximas y reglas de conducta... sacadas de las obras de 
S. Teresa, ibid., 1888. El Zapatito, nov. (en El Correo de la Moda, 
1889). — Fermín Fernández Minondo, español, publicó Elvira, ley. 
vascong., Habana, 1877. — Alberto Flangini (hijo) (1857-1902), de 
Montevideo, empleado público, poeta romántico, estimado de Maga- 
riños, publicó Páginas rotas, versos, 1877. Flores marchitas. Gorro de 
dormir. — Javier Freiré, montevideano, publicó Ensayos poéticos,. 
1877. — Benito García Arias publicó Recuerdos históricos de Avila... 
ó sea descripción geográf., hist. y monumental, Madrid, 1877. — Pablo 
Garriga (n. 1853-), chileno, colaborador de La Rev. Chilena, La Rev^ 
de Santiago, El Nuevo Ferrocarril, poeta de estro inspirado y de es- 
trofa castiza ; dulce y armonioso, empapado en un gusto clásico, cuyo 
amaneramiento de formas se compensa con el vuelo de las imágenes;, 
dramaturgo escaso, i>ero digno de tenerse en cuenta. Fué premiado por 
las odas Al Progreso (1877) y El Poeta (1888) y muy aplaudido por 
la oda A la Ciencia. La Huérfana, drama (1877). Poesías, Valparaíso, 
1882. — Alejandro Matías Gil publicó Las Siete centurias de la ciu- 
dad de Alfonso VIII, recuerdos históricos de... Plasencia, ibid., 1877, 
— Ernesto Gonmejo estrenó La Voz de la sangre, juguete (1877). — 
Alfredo González Pitt publicó El Espadín del guardia de corps^ 
cuento, Madrid, 1877. — Anselmo González Castillo, por anagrama 
Gonzalo Manzeles, publicó Cantos de S. Juan y el Yumurí, Matan- 
zas, 1877. — José González de Iribarren estrenó Por un anuncio, co- 



S. XIX, 1877. EDUARDO LÓPEZ BAGO 235 

media (1877), La Partida de ajedrez (1878). — Mario González de 
Segovia, médico, colaborador de El Solfeo, El Cascabel, La Epoca- 
(1902) ; director en Badajoz de La Unión Conservadora (1899), pu- 
blicó, con Liborio C. Porset, El Eco de los cantares, Madrid, 1877. — 
José Gutiérrez Abascal (n. 1850-), periodista madrileño, por seud. . 
K. Asabal, J. K. Asabal, J. de K'Asabal, La Kasab, dióse á conocer en 
Madrid Literario (1876), El Campo, rev. (1877). — Fortunato Her- 
nández publicó La Campaña carlista {iSjz-iSyó), París, 1877. En 
plena lucha. Transfiguración, Madrid, 1903. Un pueblo, un siglo y 
un hombre (1810-1910), México, 1909. — J, E. Hernández y Dávalos- 
publicó Colección de documentos para la historia de la guerra de in- 
dependencia, México, 1877-82, seis vols. — Francisco Hernando, es- 
critor tradicionalista, redactor de La Regeneración, El Correo Cata^ 
lán, colaborador de La Ilustr. Cat. (1877...), publicó Recuerdos de la- 
guerra civil (1872-76), París, 1877. Gracia ó la Cristiana del Japón, 
leyenda histórica, Barcelona, 1882. Los Conspiradores, ibid., 1885. — 
Florencio Illera estrenó Amor y libertad, drama (1877). — Gregorio 
Iribas, decano del Colegio Notarial de Tudela, autor de obras de Dere- 
cho foral, colaborador de la Rev. Contemp. (1897-99), publicó Viaje 
por Italia y Suiza, Madrid, 1897. — Francisco Lastres publicó La Cár- 
cel de Madrid {i^'/s-iSy'/), historia, Madrid, 1877. — Adolfo León 
GÓMEZ, de Bogotá, poeta variado, pero que conservó siempre el tono ■ 
soñador y melancólico becqueriano de sus primeros versos, fundó - 
Sur América, de Bogotá (1904) ; estrenó La Política exaltada, com., 
Bogotá, 1877. La Comedia política, jug., 1882. Globos ilustrados, 
com., 1882. El Soldado, dr. hist., 1892. Sin nombre, 1906. Diálogos y 
juguetes escénicos para las escuelas, Bogotá, 1909, El Tribuno d? 
1810 {Centenario de la Independencia), ibid., 1910. Hojas dispersas^ 
ibid., 19 1 3 (continuará). — iMaximino Lillo de Gracia, capitán de Ca- 
ballería, publicó Filipinas, Distrito de Lepanto (buena monografía)^ 
Manila, 1877. — Aureliano Linares Rivas publicó en la Rev. de Es- 
paña Las Primeras cámaras de la Restauración, retratos y semblan- 
zas (1877-78, ts. LVni-LXV). — Juan Loma y Corradi publicó Poe- 
ma de aldea en 41 cuadros, Alicante, 1877. Las Tres virtuosas ó los 
hombres pintados por una mujer, 1889. — Antonio Lópe:z Prieto 
(1847-1883), gaditano, en Cuba desde los once de su edad, fundador 
en Regla de La Fe, periódico literario ; colaborador de la Rev. Cubana; 
fundador de La Familia (1878), publicó Los Restos de Colón, Habana, 
1877, 1878. Parnaso Cubano, ibid., 1881. El Obispo Espada, 1881. S. Te- 
resa, 1882. Apuntes para la historia del teatro en Cuba, 1882 (en Pa- 
lenque Liter.). Vidal Morales, 1882 (en El Museo). — Eduardo Lope? 
Bago, fecundo fabricante de novelones, en los últimos veinte años del 
siglo XIX, que él llamó estudios médicosocialcs, en los que pretendió 
imitar á Zola, pero sólo en los defectos. Pasó á la Argentina en 1900. 
Los Amores (1877), El Periodista (1884), La Soltera (1886), Luis 
Martínez el espada (1886), La Mujer honrada (1886), Carne de no-- 



236 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

■tles (1887), El Preso (1888), La Señora de López, La Pálida, La Bus- 
. cona, La Prostituta, El Separatista, Habana, 1895 ; etc., etc., etc. — 
Rafael López del Río estrenó Don Martín, juguete (1877), Un cargo 
de confianza (1877), Jaula de oro (1877), Lo que no debe perderse 
(1878), El Dinero de la hucha (1877), La Jaqueca (1878), Próspero y 
Vicente (1878). — Rafael López de Villavicen'cio (n. 1838-), de Ca- 
racas (Venezuela), doctor en Medicina (186...), publicó Memoria para 
el Certamen Nacional de i8'j'¡ : Bolívar, Vargas, Cagigal. Conferencia 
en el Gabinete de Lectura Ponceño, Ponce (Puerto Rico), 1878. La 
República de Venezuela desde el punto de vista de la Geografía y 
Topografía médicas y de la Demografía, Caracas, 1886. La Evolu- 
ción, ibid., 1912, Las ciencias contemporáneas, ibid., 1914. Memoria 
sobre las ciencias naturales en Venezuela, en Primer Libro de Liier., 
cieñe, y artes. — Alvaro Luceño publicó Impresiones, Madrid, 1877. — 
Elisa de Luxán de García Dana estrenó Ethelgiva, drama, Madrid 
(1877), y tradujo La Belleza en la música, de Hauslik. — Joaquín de 
LA Llave y García, del Cuerpo de Ingenieros, colaborador de 
Nuestro Tiempo (1902), etc., publicó Apuntes sobre la última gue- 
rra de Cataluña (1872-1875), Madrid, 1877. El Sitio de Barcelo- 
na en iyi^-14, ibidem, 1903. — Matías F. Márquez, habanero, por 
.seudónimo Dánvaso Gil A dea, publicó Un día de emociones, no- 
vela, Madrid, 1877. Juan Pérez, nov,, 1877. Bosquejos, 1878. Margot, 
nov. — Bonifacio Martín Lázaro y Garzón, canónigo de Toledo, pu- 
blicó Homilías y sermones, Madrid, 1877-78, ocho vols. — Joaquín Mar- 
tín DE Olías publicó Políticos contemporáneos, Madrid, 1877, seis 
vols. — 'Carlos Molina publicó Diccionario biográfico nacional (argen- 
tino), Buenos Aires, 1877 (con otros, no pasó de la Ch). — Francisco 
Moreno, presbítero, publicó la importante Historia de la S. Iglesia nue-, 
trop, de Filipinas, Manila, 1877. Cuba y su gente, Madrid, 1887. El País 
del chocolate, 1887-88, dos vols. — Joaquín de Nestosa estrenó Por las 
nubes, juguete (con Eki. Sánchez de Castilla), 1877. — Antonio Oliver, 
general, publicó Dorregaray y la traición del Centro, Bayona, 1877. — 
Opúsculo sobre la historia de la villa de Astudillo, por M. C. M., Bur- 
gos, 1877. — Origen del plagio en México, Méjico, 1877. — José Paz Al- 
varez estrenó Una herencia inesperada, juguete (con M. C. Gayte), 
Sevilla, 1877. — Julián L. Peño Carrero publicó Cuadros y cuentos de 
aldea (con Jerón. Bécker), Madrid, 1877. — Estanislao Pérez Nieto, 
montevideano, publicó Albores y crepúsculos, versos, 1877. Mejores 
los hizo en periódicos, como Uyi Ángel más. Apariencias y realidades, 
drama miuy celebrado (1877). — Joaquín M.* Pérez, colombiano, pu- 
blicó El Moctezuma, epopeya ép. en tres actos, New^ York, 1877. — 
Eduardo Pondal, poeta gallego, publicó RumiOres de los pinos, poe-> 
sías, Santiago, 1877. — Guillermo de Puga publicó Ratos de ocio. Je- 
rez, 1877. — FÉLIX PuiG Y cárdenas (1835-1896), habanero, escribió 

■ novelas de folletín como Efectos del orgullo, 1877. Engañar con la 

■ zerdad, La Sortija del doctor. La Fuerza de la conciencia, La Rueda 



S. XIX, 1877. PEDRO SAÑUDO AUTRÁN 2 3/ 

de la fortuna, Mariana. Una conversión, 1883. Angela^ 1891. Carlota- 
Palmieri, nov., 1892. El Marqués de Girasol, 1892. El Marqués de Ver- 
demar, 1892. Leoncia de Nancis, nov., 1892. Historia de un crimen,. 
1894. Poder del oro, cuento, 1895. La Bella loca, nov., 1900. — iEmilio 

G. QuiNTANiLLA, peruano, publicó Escritos literarios, Lima, 1877. 

Revista de Cuba, Habana, 1877-84, 16 vols., dirigida por J. A. Cortina. 
— FÉLIX Rey, presbítero, publicó Sermones para todos los domingos 
y fiestas del año, Madrid, 1877, cuatro vols. — Francisco Javier G. Ro-» 
DRiGO publicó Historia verdadera de la Inquisición, Madrid, 1877, tres 
vols. — Luis Rodríguez Miguel publicó Manual del archivero, Toledo, 
1877. Guia del viajero en Toledo, Toledo, 1886. Recuerdo del aniv. de 
la muerte de Cervantes, Zamora, 1880. Apuntes de liter.. Salamanca, 

1890. Nociones de Estética, ibid., 1892, 1895. — Julián Romea y Parra 
(1848-1903), zaragozano, hijo de Mariano Romea (hermano del fa- 
moso actor Julián Romea), fué compositor musical é hizo la partitura 
de Niña Pancha, letra de Constantino Gil, y la de Rondó final, letri. 
de Rafael García Santisteban. Escribía bastante bien, tenía cultura 
literaria y estrenó Almuerzos y comidas, saínete (1877). ¡Ole Sevilla!, 
boceto, 1889. La Hija del barba, juguete, 1894. El Padrino de El Nene 
ó todo por el arte, 1896. El Señor Joaquín, comedia, 1898. La Tenu- 
pranica, xarzucla (mus. de Giménez), 1900. Himno al siglo xx, 1901.. 
La Gran noche, 1903. — Ricardo Rossel (1841-1909), peruano, poeca. 
filósofo, el último romántico en su tierra, publicó en prosa y verso le- 
yendas nacionales con soltura y color, como Him^i Sumac, premiada, 
en Lima (1877); y un tomo de versos. Catalina Tupac-Rosa, leyenda- 
tradicional peruana, Lima, 1879. El Kepi rojo, poesía, ibid., 1885.- 
Ventura García Calderón, La Liter. peruana, 1914, pág. 68: "Pocos 
han repetido con más patética unción que Rossel el antiguo ¿ adonde va- 
mos? Por eso prefiero en su tomo de versos, por la elegancia del pen- 
samiento y la firmeza de su forma bruñida, el perfecto poema En ei 
cementerio." — Antonio Sacristán y Martínez, abogado de Madrid,, 
publicó Municipalidades de Castilla y León, Madrid, 1877. — EusERia 
Sáenz y Sáenz, coronel español de la Guardia civil, publicó La Voz de- 
la conciencia, historia de un crimen. Habana, 1877; Cienfuegos, 1881. 
La Siboneya ó episodios de la guerra de Cuba, ibid., 1881 ; Santiago,, 
Í8S3; Madrid, 1891. — J. Salazar y Souleret publicó La Fe cristiana,, 
poema, Madrid, 1877. Los Mártires españoles del siglo xix. S. Vicen- 
te de Paúl, leyenda históricorr eligió sa, dos vols., Madrid. — José Sal- 
vado publicó El Episcopado español, Barcelona, 1877. — Juan Tomás 
Salvany publicó Poesías, Madrid, 1877. Concepción, nov., 1882. De 
tarde en tarde, cuentos y novelan, 1884, 1891. Emociones, nuevas poe- 
sías, 1889. Un buen partido, nov., 1890, 1892. España á fines del s. xix, 

1891. Colón, poema, 1892. — Pedro Sañudo Autrán (n. 1853-), barce- 
lonés, director en Ciudad Real de El Correo Literario (1876), en Ma- 
drid redactor de La Correspondencia (1890), director en Barcelona de- 
El Eco Artístico (1897) y redactor de La Vanguardia, publicó Neblí- 



238 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

■ ñas, Ciudad Real, 1877. Narraciones españoláis y americanas, Madrid, 
1886. Madrid, fin de siglo, ibid., 1893. -Pí^cr de Aragón, episodio dra- 
mático, 1895. — ^Rafael Sevilla, militar del Ejército español en Vene- 
zuela y Colombia (1815-21), escribió Memorias de Un Militar sacadas 
de un libro inédito y arregladas por D. José Pérez Morris, Puerto Rico, 
1877; Maracaibo, 19C3. — Jerónimo Soler y Gabarda estrenó El Bom- 
bero, dr., Habana, 1877. — ^Vicente Talayera, chileno, pub'.icó Dos ma- 
trimonios, nov., 1877. — José Joaquín Terrazas, mejicano, Poesías, Mé- 
xico, 1877. — Orestes Iv. Tornero publicó Historia general de América, 

, 3,* ed., Madrid, 1877. — Enrique de la Torre y Sola, de Sagua (Cuba), 
publicó Un taco del día, jug.. Matanzas, 1877. Cantos populares cuba- 
nos, 1894. — Juan de Ulía publicó Cartas íntimas, San Sebastián, 1877. 
— Gregoria Urbina y Miranda (n. 1857), de San Francisco de Cali- 
fornia, siguió la carrera del magisterio y publicó Septenario de melo- 
días divinas, en prosa. Habana, 1877. Novena á S. Elena, ibid., 1877. 
Una madre cristiana, Madrid, 1878. Cartas del solitario de las selvas 

.á una niña, 1879 (en Los Lunes de El Constitucional Español). Apun- 
tes histór. sobre el pueblo hebreo, Madrid, 1879. Historia de Gabriela, 
nov., 1880 (en El Eco de Madrid). La Mujer en sociedad. — Amenodo- 
RO Urdaneta publicó Cervantes y la crítica, Caracas, 1877, obra ex- 
celente. — Dio Amando Valdivieso y Prieto (n. 1853-), de Ponf erra- 
da, director ó redactor de La Unión Escolar, La Federación Española, 
Los Farsantes Políticos, La Caridad, etc., publicó Fantasía y rea- 
lidad, poema, Madrid, ' 1877. Juan Sebastián de Elcano, poema, 
1879. El Paria, poema social satírico, 1897. — To\l^ Valls y Rodrí- 

'Guez .publicó El Torneo de Huesca..., novela caballeresca, Madrid, 
1877. — Joaquín Velázquez Arenas publicó Dila ó la virtud negra, 
novela. Valencia, 1877. La Gran tribu, 1878. — Alfredo Vicenti 

' (■}■ 1916), gallego, político y periodista, publicó Recuerdos^ 1877. — 
José G. Villa publicó Zéfiros y flores, poesías de..., y José E. Ponce 
de León, Matanzas, 1877. La Condesa de Alba, cuento poético, 1880. 
Pucha Yumurina, poes., 1881. Predestinados ó Zoraida y Luis, poe- 
ma y poesías, 1901. Mi Musa, verso y prosa, 1901. Rachas, poesías, 
T903. Sonetos, 1906 (99 sonetos). Entre la vida y la muerte, monóJ., 

r.1912. 

67. !Año 1878. Blanca de los Ríos Nostench de Lam- 

■ PÉREZ, por seud. Carolina del Boss (n. 1862-), sevillana, hija 
de don Demetrio, arquitecto y letrado. En su ya larga ca- 
rrera de escritora ha cultivado la poesía, el cuento, la novela, 
la conferencia críticoliteraria, la erudición y la investigación 

-en el campo de nuestras letras del siglo de oro, mayormente 
: acerca de cuanto se relaciona con Tirso de Molina, que le debe 
-su biografía y no poca parte del alto' lugar que ha alcanzado en 




BLANCA DE LOS RÍOS 



S. XIX, 1878. JOSÉ MARÍA MATHEU Y AYBAR 239 

la crítica moderna. Si en la poesía y narraciones, donde sobre- 
sale por la fina sensibilidad femenina, el esmero y rotundidad 
armoniosa de lenguaje, finrveza y nervio en el concebir y el ex- 
presar, puede contarse entre nuestros mejores versificadores 
y prosistas, en la investigación literaria y en el arte de expo- 
ner sus hallazgos y juicios críticos es uno de los discípulos más 
aprovechados de Menéndez y Pelayo. Junta como él á la soli- 
dez de los estudios la elegancia y elocuencia de la expresión. 
Pocos manejan hoy tan gallardamente la lengua castellana 
•como ella y acaso nadie la aventaje en el hervor y brío, en lo 
fogoso y persuasivo de su decir, bizarro y rico de pompas y 
galas clásicas, que suenan á nuevas y remozadas por el soplo 
*de vida que la elocuente escritora les comunica. Si algún exceso 
en el alabar se nota á veces, abultando acaso más de lo justo lo 
'que encomiar pretende, acháquese á disculpables arrebatos de 
su sincera fogosidad y rica y andaluza fantasía. 

Rafael Delgado y Sainz (1853-1914), de Córdoba (Ve- 
racruz, Méjico), hizo poesías, sobre todo sonetos, dramas, 
ícuentos y novelas, sobresaliendo en las últimas, mayormente en 
La Calandria^ por su buen ingenio, observación puntual y por 
la viveza con que pinta la realidad en estilo suelto, elegante, 
castizo. Es de los mejores novelistas americanos y acaso el 
primero en Méjico. 

José M." Matheu y Aybar (n. 1855-), de Zaragoza, en 
•cuyas Escuelas Pías cursó la latinidad; acabó la carrera de 
Leyes en 1877; íundó en Zaragoza, con Baldomcro Mediano 
Ruiz, la primera Revista de Aragón (1878); después en Ma- 
>drid fué redactor del Liceo (1889), El Clamor d'c la Patria y 
El Día. Estrenó De compadre á compadre (1881). Con Juan 
Reina publicó la Revista Ibérica (1882) y recogida de revistas 
y periódicos la colección de novelas cortas, ya conmovedoras, 
7a picarescas, La Casa y la calle (1884). Fundó, con Luis Ruiz 
Contreras, la Reinsta nueva, donde se estrenaron Benavente, 
Baroja, Valle Inclán, Martínez Sierra y otros. Escribe la re- 
vista La Diana. Su primera novela larga fué La Ilustre figu- 
ranta, y la más amplia y movida Jaque á la reina (1889); pero 
su nota regional campea con vivos colores en El Pedroso y el 
Tenuplao (1905). Usó el seud. Roberto de Alvar en la revista 



240 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

El Filar de Zaragoza (1869). Es Matheu un novelista modesto* 
y sin entonos, pero sin afectaciones también y sin derro^ 
ches; discreto, sin grandes lloros ni grandes risas, de una to- 
nalidad media; muy amante de su tierra aragonesa y muy ara- 
gonés en todo, en lo bueno y en lo malo, y en que ni los arago- 
neses le ensalcen ni le conozcan y en que por entereza ahidal- 
gada no menee un pie porque ellos ni otros le conozcan ni en- 
salcen. Buen caballero, rudo, bronco, tenaz y sincero, en una 
palabra, sobremanera independiente, como Eusebio Blasco, 
Cuesta, Cavia, Dicenta. Es más observador que psicólogo; sen- 
cillo y llano; huye de todo modernismo, de toda extravagan- 
cia, de todo lo chillón; sereno, claro, espejado y limpio; dis- 
creto en el arte como en la vida. 

Jacinto Octavio Picón (n. 1852-), madrileño, castizo y 
atildado escritor, noveló la clase media de la Corte, hizo crí- 
tica de arte y escribió la biografía de Velázquez. Es tenido por 
novelista de segundo orden entre los de su tiempo y lo es de 
hecho, ya que, á pesar del buen gusto y del realismo castellano, 
que hace rnuy amenas y entretenidas sus novelas, su tempera- 
mjento comedido, académico y meticuloso en literatura le ha. 
refrenado y recortado las alas, faltándole empuje en fondo }■' 
forma. No cava bastante en las almas, contentándose con na- 
rrar como buen cuentista, que lo es más que fino novelador, la 
superficie de los acontecimientos; fáltale color y calor de pin- 
cel para colorir con rebultados toques la narración; y estilo y 
lenguaje, aunque castos y bien entonados, no brillan por las 
luces y original vigor de los novelistas de cuerpo entero. Se- 
ñorea en él la fría razón al corazón y á la fantasía, y como es- 
tas facultades parecen ser indispensables para componer verda- 
deras novelas, acaso Picón, escritor razonable, atildado y en- 
tretenido, haya de ponerse mejor entre los cuentistas. Verdad 
es que son cuentos largos sus llamadas novelas; pero también 
otros escribieron novelas cortas, aunque las llamaron cuentos. 
No está la diferencia entre cuento y novela en la largura, sino- 
en la tonalidad de la acción, lances y personajes, que en la no- 
vela es miás fundamental y patética, y más de sobrepeine y como 
ética en el cuento. Achácasele también el repetirse, de suerte 
que, leídas un par de sus novelas, las demás pueden darse por 



S. XIX, 1878. BLANCA DE LOS RÍOS 24! 

leídas, por no ser más que variaciones de idénticos personajes. 
Como crítico, fué imparcial, y, á veces, benévolo; atinado y de 
original perspicacia; suelto, castizo, ágil y brioso en el estilo. 

68. M. Pelayo, Pról, al Siglo de oro: "Sus probados méritos y 
Ja justa notoriedad de que goza como artista de noble ingenio lírico 
y narrativo y como afortunada exploradora de una de las provincias 
más ricas de nuestra historia literaria. La naturaleza se complació 
en reunir en ella dotes que rara vez se encuentran juntas, y puso en 
débil cuerpo femenino un alma de temple de acero, á quien no arre- 
dran los obstáculos, ni rinde la incesante labor, ni desalienta siquiera 
el no encontrar, al término de la investigación, todo lo que de ella 
se esperaba. Su viva y poética fantasía puede llevarla quizás á exa- 
gerar la importancia de algún dato ó á establecer alguna combinación 
arbitraria; pero su bien regido entendimiento y sólida cultura bas- 
tarán para alejarla del peligroso sendero y contenerla dentro de los 
limites de la prudencia crítica. Y, en cambio, jamás adolecerán sus pro- 
ducciones de aquella aridez de estilo y sequedad de alma que suele 
caracterizar á los simples eruditos... Por eso los estudios literarios 
de la señora doña B. de los R. se leen con especial deleite y levantan 
tempestades de aplausos cuando un público selecto... se congrega 
para oír alguno de ellos de labios de su inspirada autora, que pone 
en este género de oratoria escrita todo el brío de su alma. No siem- 
pre convence, ni pueden tomarse como sentencias inapelables algunos 
de sus fallos; pero su ardiente convicción, su entusiasmo generoso y 
sincero, desarrugan el ceño de los más prevenidos contra afirmacio- 
nes dogmáticas. No hay modo de resistir al encanto de su palabra 
fresca y jugosa, que parece que crea nueva poesía al interpretar los 
antiguos poemas... La primavera lírica que floreció en su alma no 
ha cesado de renovarse desde entonces en composiciones de más ín- 
timo y personal acento y en el arte de la narración poética descuella 
á grande altura..., sus relatos en prosa tan sobria, tan varonil, tan 
enérgica, alguno de los cuales, como el titulado La Rondcña, recuer- 
da el toque firme y preciso y la iirtpasible objetividad de Mérimée... 
Una tarea de erudición, continuada sin tregua durante más de veinte 
años..." Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 702: "Doña B. de 
los Ríos ha escrito novelas muy interesantes y, sobre todo, muy típi- 
camente españolas, con sentimiento de raza cantado en prosa rica y 
flexible, muy castiza y á la vez muy moderna, entre las cuales mere- 
cen citarse Sangre española y Melita Palma." El estudio sobre Tirso,. 
que le premió la Academia, tarda ya demasiado en publicarlo, no aca- 
bando nunca de allegar noticias: tal idea tiene de ia perfección, tanto 
en la doctrina como en el estilo, la insigne escritora. Obras de doña 
Blanca: Margarita, nov., Sevilla, 1878. Esperanzas y recuerdos, poe- 
sías, 1881. Romancero de D. Jaime el Conquistador, 1891. Melita Palmn^ 
nov., 1901. Sangre española, nov., 1902. La Rondeña, cuentos andalu- 



242 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1870-1887) 

ees, 1902. El Salvador, cuentos, 1902. La Niña de Sanahria, 1907. 
Del siglo de oro, estudios literarios, 1910. Madrid Goyesco, novelas, 
1912. El Tesoro de Sorbas, cuentos, 1914. Entre sus monografías ó 
conferencias: De la mtsüca y de la novela conlemforánea, 1909. 
Afirmación de la raza, 1910. M. Pelayo y la Dramática nacional, 1912. 
De Calderón y de su obra, 191 5. La Obra y la misión de M. Pelayo, 
:giS- Los Grandes mitos de la edad moderna, 1916. Seviila, cuna del 
(Juijote, 1916. Discurso en la inaugxiración de la estatua de M. Pe • 
layo en la Bibl. Nac, 1917. S. Teresa de J. y su Apostolado de amor. 
conf., 191 7 (en Basil. Teresiana). S. Francisco de A. y las fuerzas 
conservadoras del amor, disc, 1918. En Esp. Mod.: D. Juan (1889, 
Diic). Tradición, poes. (1891, Jul.). El Quijote de Avellaneda (1897- 
98, Mayo-Abril). De znielta de Salamanca (1897, Jun.). ¿Estudió 
Cervantes en Salamanca f (1899, Abr.-Mayo). Consúltese Ricardo 
Monner Sans, Doña Blanca de los Ríos, B. Aires, 1917. 

Raí. Delgado: Una taza de te, prov, en un acto, 1878. La Caja 
de dulces, dr., 1878. Un caso de conciencia (trad. de Feuillet), 1879. 
La Calandria, Orizaba, 1891; Méjico, 1916; Angelina, nov. ; Los Pc^- 
ricntes ricos: las tres publicadas en M«jico, 1903 (t. XLVII de la 
Bibl. Atit, Mexic). Cuentos y notas, ibid., 1902 (t. XLII de la misma). 
Fué Matheu colaborador de Barcelona Cómica (1894-96), El Gato 
Negro (1897-98), La Esp. Moderna, Helios (1904) y director de La 
Rev, de Aragón; firmó á veces Roberto de Alvar. En carta al autor 
(1916) : "Enamorado del arte de nuestros grandes pintores y esculto- 
res, mi aspiración como novelista sería escribir una obra con ele- 
mentos de la propia realidad y que, además de ser expresión ardiente 
y apasionada de nuestra vida, como imagen artística de lo real, su- 
giriera al lector un irresistible afán de mejorar su vida ó la idea de 
"hacer más cordial la cooperación de los intelectuales en favor de los 
desheredados, algo así, grande y hermoso, que le prestara esa no- 
ble y atractiva idealidad que necesita toda obra de arte para no pe- 
recer." "Matheu, ha dicho alguien, es un hombre dulce, discreto, 
tueno; tan poco ambicioso, que pas'ma; extraño á todo reclamo, á 
toda r-lianza, á todo medio audaz de alcanzar ruidosos éxitos. Es de los 
que el público inteligente distingue en seguida y de los que en los perió- 
dicos carecen de tornavoz. Desatendido del público, él sigue escri- 
biendo por el gusto de escribir, metido en su bien acomodada casita, 
dichoso con su áurea mediocritas." "Matheu, ha dicho otro crítico, 
¡huye en sus obras de los grandes y sublimes caracteres, y no quiere 
fijarse tampoco en los abominables engendros de la humanidad. En- 
cuentra, como Jorge Elliot, una fuente de más inagotable interés en 
esas fieles representaciones de una monótona existencia doméstica, 
<;.ue ha sido el lote de la mayor parte de los hombres" (Heraldo de 
Aragón). Rubén Darío, Esp. Contemporánea: "Al paso observo un 
pequeño huerto bien cultivado, lejos del parque inglés de Palacio Vái- 
das, de las granjas montañesas de Pereda y Galdós y de la rica quin- 



S. XIX, 1878. JOSÉ MARÍA MATHEU Y AYBAR 248 

ta gallega de doña Emilia. El huerto es de José M.* Matheu, cuyas 
excelentes cualidades de novelador son reales. Este es un modesto; 
se ruboriza de la a?udacia." J. Ruiz Castillo, en Helios, t. IV : "Yo 
reconozco todos los encantos que tiene el huir de lo común hacia lo 
raro, aunque lo raro no sea siempre exquisito y á las veces carezca 
^e otro atractivo que el de lo anormal; ese placer que hallamos eli- 
giendo para nuestro saboreo la irisación de imprevistos cambiantes 
con preferencia á la plena luz, el hecho complejo al suceso natural, 
«1 matiz pálido de un rostro á la belleza del conjunto de un cuerpo, 
los misterios de un alma laberíntica al claror de otra alma pura y 
sencilla. Hay en estas escapatorias, y claro está que hablo de las que 
son sinceras y rectas, un amor á lo selecto, que, aun incurriendo en 
extravíos, resulta ennoblecedor para el que lo siente, por lo que su 
satisfacción, á la vez que da contento á nuestro temperamento de ar- 
tistas, halaga nuestra vanidad. Pero á lo mejor nos coge en el dis- 
frute de estos altos deportes una ráfaga fresca, que aletea al propio 
tiempo en nuestra frente y nuestro ánimo, y por la sola virtud de 
este simple hecho, ocurre que vuelan, con volar rápido, sutilezas y 
quintaesencias; que en un instante quedamos reintegrados á la corriente 
poderosa y fecunda de las cosas ordinarias, y hasta que en medio de 
ella, si todavía no estamos espiritual é intelectualmente dejados de la 
mano de Dios, nos hallamos, si cabe, más dichosos que lo éramos en 
las regiones de que hemos descendido, porque al recuerdo de lo dis- 
frutado unimos en aquel momento las venturas de la confortación y 
el descanso, y á la convicción de que estamos capacitados para esas 
excursiones, siempre enervadoras, hacia lo extraño, la persuasión de 
que no hemos perdido la facultad de gozar todas las apacibles bienan- 
dar-zas de lo sencillo, que es para el espíritu lo que el aire libre para 
los pulmones. Tal, en gran parte, el efecto que á mí me producen 
las creaciones, hijas del más exacto equilibrio é informadas por el 
más sano pensar y sentir de Matheu, cuando, como ahora, llegan hasta 
mí, tras de otras lecturas, en que abundan las flores exóticas, las 
psicologías complicadas y las almas en perenne contradicción consi- 
go mismas. Diríase que para el autor de Aprendizaje había escrito 
Schopenhauer : "El cometido del novelista no es referir grandes 
' acontecimientos, sino hacer interesantes los pequeños." No hay, en 
efecto, nada en la obra de Matheu que no se ajuste á ese principio. 
La historia de sus personajes es la suma de acontecimientos vulga- 
res, que se van engarzando en el hilo de los días ordinarios; pero 
que adquieren movimiento y calor de vida merced al espíritu real- 
n^ente humano que por entre ellos corre... En cuanto al medio es- 
cogido, no puede ser más humilde... El asunto es patético por sen- 
cillo... No hay en ella esos relampagueos de estilo, ni esos ta- 
llados de frase, ni esos sorprendentes giros que constituyen, por 
regla general, la manera de los cultivadores de lo sutil y raro... 
Aí'atheu aspira á la belleza armónica del conjunto, y más que pa- 



'¿44 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

labras emplea trazos y colores de entonación aniplia, sencilla y 
serena. Su narración, siempre fluida, mansa y tersa, da la sensa- 
ción del arroyo que se desliza en silencio por entre juncos; pero 
copiando en los días claros la alegría azul del cielo, y en horas de 
dolor la mole parda y negra de las nubes. Y aun en algunas ocasio- 
nes, la forma es tan discreta, se desvanece tanto, que la novela pimu- 
la un lienzo, de donde surgen por su impulso propio la figuras, 
destacando de esta suerte con perfecto relieve sobre la lisura y dia- 
fanidad del fondo toda la pureza de sus lineas." J. Valera, Ecos Ar- 
gentinos, 1901, pág". 210: "Mayor aplauso, porque tiene también ma- 
yor vuelo y trascendencia, daría yo á la recién publicada novela del 
señor don José M. Malheu, cuyo título es Marrodán primero, si no 
fuera por la exactitud nimia con que copia ó procura copiar la reali- 
dad de la vid'i humana. Si tonxamios por asunto de nuestra narra- 
ción lo que durante cierto tiempo sucede á determinado número de 
personas ligadas entre sí por amistad, por parentesco ó por el aca- 
so, nuestro asunto será muy real, pero será muy poco artístico. La na- 
rración que escribamos, si está bien escrita, según sucede con la no- 
vela del señor Matheu, tendrá algún interés y podrá divertirnos y 
conmovernos; pero nos conmovería y divertiría más si no se hubiese 
prescindido casi por completo, y para ajustarse fielmente á la verdad 
de las reglas principales del arte antiguo : de que haya un protago- 
nista descollando en medio de los personajes secundarios que en tor- 
n(j de él se agrupen y de que haya perfecta unidad de acción, don- 
de todo se encadene y donde no entre episodio ni acción secun- 
daria que no valga y coopere al final y total desenlace. Me atrevo á 
recordar estos preceptos porque el señor Matheu tiene buenas con- 
diciones de novelista y es lástima que no los observe." Andrés Gon- 
zález Blanco, Hist. nov., pág. 951: "José M. Matheu... me parece un 
novelista que... puede ocupar muy desahogadamtente un puesto al 
lado de Ortega Munilla y Jacinto Octavio Picón. Al primero aven- 
taja en el conocimiento de la estructura de la novela; al segundo,. 
en el manejo del habla castellana, que corre limpia y pura por las- 
páginas de las novelas de Matheu, como arroyo claro entre guijas... 
Lo que caracteriza á Matheu como novelista es que, al estudiar la 
vida burguesa, la estudia en burgués..., se siente burgués él mismo..., 
participa de sus ideas y de sus gustos... En las novelas de M. todo es 
plácido, desde el diálogo hasta la fábula. Se aquieta en sus novelas 
la vida como el agua en un estanque. Y no es que haya en ellas au- 
sencia de vida, sino que ésta no irrumipe y se desborda como en 
las obras de otros novelistas, sino que está contenida y como filtrada. 
Se da la sensación de vida, pero á pequeñas dosis, sin gritos, sin re- 
beldías, sin furores trágicos. En su modo de hacer se revela la per- 
sonalidad de M. apaciguada y oscurecida ; personalidad de hombre 
tímido, que busca sólo á su alrededor la soledad, fecunda para el 
trabajo... El estilo es en M. una trama fina y delicada, sin sallen- 



S. XIX, 1878. JACINTO OCTAVIO PICÓN 245 

cías y sin aristas... Su cultura, no extensa, pero variada, resplan- 
dece en su estilo sereno y lúcido... Es tan discreto, que jamás cae 
en la sensiblería ni en la afectación. Tiene idea de un arte sobrio 
y contenido, mediante el cual no se entregue el autor demasiada 
al público. Nunca incurre en desmayos de principiante ni en te- 
meridades de audaz... Tiene escasa noción de la ironía... Rara vez 
se permite una chanzoneta burda ni una mordacidad picante. A lo 
sumo, un suave y tenue modo de decir las cosas al revés, para que se 
entiendan á derechas... Jamás cultiva la sátira... Y es porque tam- 
poco cultiva la elegía. El arte de M. no conoce los contrastes ni gc 
complace en los extremos. Gusta siempre del término medio... Sim- 
plemente relatar la vida con impasibilidad de espectador, pero de es- 
pectador un poco amargado por el doloroso aspecto que toman casi 
todos los asuntos humanos. Todos sus conflictos son de moral per- 
fectamente burguesa... Es... un novelista regional, un novelista ara- 
gonés. Siente un amor intenso por su tierra natal... Es aragonés ge- 
nuino y neto, con todas las cualidades y los defectos de los genuínos 
aragoneses..., perfecto caballero cristiano..., alma buena y dulce.'' 
Obras de J. M. Matheu: Primeros Acordes, poesías, Madrid, 1878. 
De compadre á compadre, com. (1881). La Casa y la calle, novelas 
cortas, ibid., 1884. La Ilustre Figuranta, nov., id., 1886. Un rincón del 
Paraíso, costumbres aragonesas, nov., ibid., 1887. Un santo varón, 
ibid., 1888. Jaque á la reina, dos vols., ibid., 1889. El Santo patrono, 
■costumbres políticas, ibid., 1890. La Gran nodriza, ibid., 1893. Rata- 
plán, cuentos, 1890 (en Esp, Mod., Mayo) ; Barcelona, 1895. Marro- 
dán Primero, costumbres políticas, Madrid, 1897. Carmela rediviva, 
ibid., 1899. Gentil Caballero, ibid., 1900, Aprendizaje, ibid., 1904. El 
Pedroso y el Templao, costumbres aragonesas, Zaragoza, 1905. La 
Herm,anita Comino, cuentos y novelas cortas, ibid., 1908. Un bonito 
negocio, Entre el oro y la sangre, Después de la caída, tres novelitas, 
en el Cuento Semanal, Madrid, 1911. Lo Inexplicable, ibid., 1912. 

Picón colaboró €n Rev. de Esp., El Correo, La Ilustr. Esp., Blan- 
co y Negro, La Lectura, La Ilustr, Artíst., La Gran Vía (1893), El 
Día (1895), L<^ Escuela Moderna (1897), Nuestro Tiempo (1902), 
ABC (1903), etc. En Rev. España: Una fiesta en el anfiteatro de 
Flavio (1875, t- XLIII). Apuntes para la historia de la caricatura 
(1877-78, ts. LV-LXV). J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 199: 
"Don Jacinto Octavio Picón, autor de varias novelas divertidas é in- 
teresantes y de muchos ingeniosos cuentos, prosista fácil, elocuente 
y castizo y crítico muy entendido y discreto en las artes del dibujo, 
de lo cual está (1897) dando ahora brillante prueba en los artículos 
que publica en El Imparcial sobre la Exposición bienal abierta desde 
25 de Mayo." ídem: "Yo me atrevo á sostener que las novelas y 
cuentos de Picón, sin ofender á Dios ni perjudicar al prójimo, de- 
leitan ó interesan con su lectura, y son, y deben ser, grato pasatiempo 
j solaz para todo sujeto culto. Los hay que á las novelas prefieren los 



246 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1870-1887) 

cuentos ingeniosos y ligeros, todos desenfadados, y alegres klgunos^ 
de ellos, aunque siempre velada la desenvoltura en los pliegues del 
más recatado aticismo. Lo que es yo reparto por igual el lauro entre 
cuentos y novela.s, sin acertar á decidir dónde brillan más la inventiva 
del autor y el primor y la facilidad de su estilo. Por tales dotes, apli- 
cadas á producir la amenidad y la belleza, sin que se rebajen ó des- 
lustren por ponerse al servicio de doctrinas que, con razón, pueda 
condenar nadie, el escritor que va á tomar ahora asiento entre nos- 
otros tendrá, á mi ver, muy distinguido lugar en la hiíitoria literaria 
de España durante el siglo xix." P. Blanco García, Hist. lit. esp., 
t. II: "Cada novela de Picón es como estrofa suelta de un himno y 
de una sátira: himno al amor sexual, libre, instintivo y desligado de 
las trabas que lo coartan y las instituciones que lo rigen y dignifican; 
sátira contra estas mismas instituciones, contra su carácter religioso 
y sobrenatural y su tendencia represiva y de sacrificio." Andrés Gon- 
zález Blanco, Hist. nov., pág. 697: "Es un escritor esencialmente co- 
rrecto, meticuloso, nítido como una pechera almidonada ; todo re- 
lieve, como en ésta, sin hondura psicológica, en sus obras, cuando 
nuestra época, según expresó muy bien Balzac, se distingue de las 
anteriores en que "ahora se trabaja ahondando", y antes "todo era 
relieve". Si hay algún escritor á quien con toda propiedad pueda 
aplicarse el adjetivo atildado..., es á J. O. Picón... Picón nació acadé- 
mico, como otros nacen linfáticos... Es de los escritores fríos, cere- 
brales, destilados... Nunca fué apasionado; siempre permaneció ra- 
zonable... Labor de adaptación del género novelesco á la mesocracia, 
gracias al estilo llano y ambiente burgués de que circundó sus nove- 
las." Apuntes para la historia de la caricatura, Madrid, 1878. Lázaro, 
casi novela, Madrid, 1882. Del teatro, lo que debe ser el drama, ibid., 
1884. La Hijastra del amor, novela, ibid., 1884. Ayala, estudio bio- 
gráfico, ibid., 1884. Juan Vulgar, novela, ibid., 1885. El Enemigo, 
ídem, ibid., 1887. La Honrada, ibid., Barcelona, 1890. Dulce y sabrosa, 
ibid., Madrid, 1891. Novelitas, ibid., 1892. Cuentos de mi tiempo, 
ibid., 1895. Tres mujeres, cuentos, ibid., 1896. Vida y obras de don 
Diego Velázquez, Madrid, 1899. Castelar, discurso de ingreso en la 
Academia Española, Madrid, 1900. Cuentos, colección Mignon, Ma- 
drid, 1900. Discurso leído en los Juegos Florales de Calatoyud, Ca- 
latayud, 1901. La Vistosa, cuentos, Madrid, 1901. El Desnudo en el 
Arte, discurso d'í ingreso en la Academia de Bellas Artes, Madrid, 
1902. Drama de familia, cuentos, Valencia, 1903. Discurso leído en la 
Academia de Bellas Artes para conmemorar el tercer Centenario de 
la publicación del Quijote, Madrid, 1905. Juanita Tenorio, novela, 
Madrid, 1910. Mujeres, Madrid, 191 1. Sacramento, novela, Madrid>. 
1914. Obras completas, Madrid, 1909-18, seis vols. Consúltese H. Pe- 
seaux-Richard, /. O. P., 1914 (en Rev, Hisp.). 

69. Año 1878. José Feliú y Codina (1845-1897). bar- 



S. XIX, 1878. JOSÉ FELró Y CODINA 247 

celonés, por seud. Josep Serra en Un Tros de Papel^ levantó 
el género chico á la altura de la verdadera tragedia, dando un 
modelo de lo qu€ debiera ser la verdadera ópera española, con 
su drama lirico regional La Dolores (1892), la mejor obra en 
su género del siglo xix en España. La música de Bretón y el 
marco de costumbres populares aragonesas, fielmente retrata- 
das, hacen de esta obra un dechado del género chico. Pero la 
realza sobre todas las demás el asunto trágico, de acción sen- 
cilla y apretada, desenvuelta con naturalidad, sin accesorios ni 
artificios, con la concisión y brío de nuestros mejores dramas 
antiguos y con toda la fuerza brutal y franca nobleza de pasio- 
nes que en la realidad se dan por tierras de Aragón. Obra etí- 
teramente española por lo pintoresco y fiel del escenario en 
que la acción se encuadra, por la música y por la fuerza de las 
pasiones, de elevada verdad poética y dramática, de vida pro- 
pia y nacional, de verdadera creación artística, es el mayor 
triunfo del realismo dramático regional, del arte popular, hen- 
chido de vida en el fondo, de color en el ambiente. 

Pedro de Novo y Colson (n. 1846-), gaditano, ilustre 
marino, dramático que fué miejorando desde los tanteos de 
aprendiz en La Manta del caballo (1878) hasta la excelente 
tragedia romántica Vasco Núñes de Balboa (1882), desde la 
comedia Un archimillonario (1886) hasta el hermoso drama 
La Bofetada (1890). Menos fino que Linares Rivas y mejor 
que Leopoldo Cano, es dramaturgo algo recio, sobresale en la 
firmeza del plan y en la pintura de caracteres, quicios funda- 
mentales de todo buen drama. 

70. Yxart, El Arte escén., hablando de La Dolores, 11, pág. 198: 
"Esto es un drama; quiero decir, una acción donde palpita una en- 
traña humana, viva, caliente, roja de la sangre que la hinche. Sin 
artificios, sin combinaciones escénicas, sin episodios auxiliares, em- 
pezando ó concluyendo donde y como ae antoje, dentro de aquellas 
líneas principales, la acción resultará siempre interesante, siempre 
dramática. Puede tocarse y cogerse la entraña de cualquier modo, y 
siempre palpitará y chorreará sangre de veras: un raudal de vida y 
de pasión. Pero el autor de tan simple y al par tan henchido argu- 
mento, ha tenido la fortuna de concebirlo y verlo con ojos de artista 
en el ambiente más natural y más propio para que se desenvolviera 
con todo su vigor. Concibió, vio, puso la acción entre gente rústica de 
una región española, famosa por la brutal nobleza de sus pasiones. 



248 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-I887) 

Y con esto la pasión y la vida, inmediatas y directas, del breve dra- 
ma, han podido mostrarse por entero, con toda su fuerza, con todo su 
ardor, sin los enfriamientos de una mayor cultura: todo músculo, 
todo nervio, no más que músculo y nervio, sin la carne fofa de las 
verisimilitudes de accidente. Esto, en cuanto al drama interno. Fn 
cuanto á lo exterior, poner tal acción entre gente baja es darle un 
escenario pintoresco : es fundir con un drama interesante un cuadro 
no menos interesante de costumbres... La escena es un pueblo de 
Aragón: Calatayud. El seductor es un barbero, un rufián, valiente, 
osado, buen guitarrista; su cartel de reto y afrenta, una copla. La 
seducida es Dolores, moza de posada, con fama de tal y un corazón 
soberbio, altivo y obstinado... La posada, abierta á toda juerga po- 
pular, á todo coloquio y chachara... Como siempre que se ahonda en 
el corazón del pueblo y se toman las formas literarias m4s cercanas á 
él, lo que resalta con inusitada fuerza en esa tragedia popular son los 
caracteres étnicos de la raza y la imitación de toda una tradición 
literaria muy conocida. La Dolores es obra genuínamente española, 
inconfundible con la de ningún otro teatro, por el modo de sentir y 
por el modo de hablar: por la pasión y por la decoración... En El 
Prólogo de un drama (de Exhegaray) vimos la imitación de una for- 
ma idealista y alta adulterada y corrompida en nuestros días. En La 
Dolores vemos la forma realista, la forma popular, específica y con- 
creta, con algo también literario, convenido, remedado : algo de lo 
que los italianos llaman un pasticcio. Esta otra vena, más ó menos 
pura, hay que buscarla en los romances primitivos heroicos y las no- 
velas picarescas y ejemplares; en una parte del teatro antiguo {El 
Alcalde de Zalamea, opuesto á La Vida es sueño, ^tc), y otra parte 
del teatro moderno, la única que hemos podido señalar como propia : 
los viejos saínetes de Cruz, el teatro de Bretón, las contemporáneas 
imitaciones del primero. De este antiguo vivero es la planta. En esta 
colección y estante hay que colocar la obra de Feliú y Codina. Sigue 
aquella tradición con el alma y con el gesto; en el espíritu y en la 
letra, con inspiración tal vez más íntima y concentrada, más sobria 
todavía, al lado de los decaimientos y falsedades de todo el que re- 
meda una forma anterior... La Dolores tiene en grado sumo dos 
condiciones: es obra de vida y obra de vida propia, nacional. Artís- 
ticamente, una verdadera creación; para los amantes de la tradición 
literaria castellana, una joya... La Academia Española no vaciló en 
preferir á La Dolores con su carácter nacional y su alta verdad poé- 
tica, una obra como Mariana (de Echegaray), de muy brillante y 
muy entretenido artificio escénico, pero artificio al fin. ¡Creamos 
ahora en los que aspiran á dirigir y conservar íntegro un pensamien- 
to nacional común, y consagremos á él nuestros esfuerzos pensadores, 
artistas y literatos!" José Feliú y Codina fué fundador de La Pubi-' 
lia. Lo Nunci, La Jornada y redactor de La América, La Revolución, 
La Democracia, La Iberia. Las Hadas del mar, cuentos de magia, 



S. XIX^ 1878. FELIPE TEJERA 249 

Barcelona, 1878, dos vols. Un libro viejo, comed, dramática, 1891. La 
Dolores, dram. lír. (en Aragón), 1892. Miel de la Alcarria, 1895. 
María del Carmen, com, (en Murcia, 1896; en Madrid, 1901). La Real 
moza, com. (en Andalucía), 1896. Boca de fraile, 1897. 

Fué Novo y Colson director de El Mundo Naval (1897) y Diario 
de la Marina (hasta 1901) ; colaborador de La llustr. Esp., La Gran 
Via (1893), Heraldo (1904). Publicó Ultima teoría sobre la Atlániída 
(1879). Sobre los viajes apócrifos de Juan de Fuca y de Lorenzo 
Ferrer Maldonado (1881). Historia de las exploraciones árticas he- 
chas en busca del paso del Nordeste (1880, 1881). Historia de la gne-^ 
■rra de España en el Pacífico (1882, reimpresa por Vicuña Macken- 
na). La Vuelta al mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida 
{178Q-1794) (1885). Estudio crítico de las escuadras europeas. Maga- 
llanes y Elcano, conferencia, 1892. Obras teatrales de Novo y Colson : 
La Manta del caballo, drama (1878). Vasco Núñez de Balboa, ídem 
(1882). Corazón de hombre, id. (1884). Hombre de corazón, comed. 
inéd. (ensayada en 1885). Un archimillonario, comed. (1886). La Bo- 
fetada, drama (1890). Todo por ella, zarz. (1890). El Pródigo, drama 
(1891). Estado y Marina, juguete (1895). Altezas del honor, drama 
(1896). Los Garrochistas, zarz. (1899). La Presa del león ó el espa- 
dachín, drama inéd. (escrit. 1903). Una hora en la terraza, sain. inéd. 
{esc. en 1904). Las Bodas de Camacho el rico, com. inéd. (esc. 1905). 

71. Año 1878. Estanislao S. Zeballos, argentino, escribió mu- 
cho y muy bien sobre la Pampa y sus indios, y sus obras principales 
son La Conquista de quince mil leguas, B. Aires, 1878. Descripción 
amena de la Rep. Argentina, tres vols.^ Buenos Aires, 1881-88. Cal- 
vucurá. Rei'iuú y Painé, descripción admirable de costumbres india- 
nas. Alegato de la Rep, Argentina sobre la cuestión de límites con el 
Brasil, Washington, 1894. 

Eduardo Wilde, argentino, de mucho espíritu y humorista ad- 
mirable, escribió El Diario del Tini, Lluvia, Meditaciones inopinadas, 
etcétera, y dejó cuatro ó cinco libros extrañamente escritos. Tiempo 
perdido, Buenos Aires, 1878, dos vols. Buenos Aires desde setenta 
años atrás, ibid., 1880. Aguas abajo, nov., 1914. Consúltese Martin 
García Mérou, Recuerdos Literarios, 1915, pág. 319. Alvaro Melián 
Lafinur, Introd. á Escrit. liter., de Avellaneda, 1915: "Wilde se ca- 
racteriza por el desarreglo de su prosa informe, casi hablada. Todo 
molde resulta incómodo para el desenfado de su humour origina- 
lísimo.'' 

Felipe Tejera (n. 1846-), de Caracas (Venezuela), por seud. Rey 
de Bastos, en La Tribuna Liberal, profesor de Literatura en la Uni- 
versidad (1887) hasta jubilarse; fué de los fundadores de la Academia 
Venezolana y de la Nacional de la Historia. Escritor de levantado 
pensar, crítico de fino gusto y perspicacia, sincero en todo, bien que 
su extremado criterio católico no le deja ver la belleza en obras que 



25o SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

se opongan á sus creencias; de estilo oratorio y poeta de brillante 
imaginación, aun en prosa. Publicó La Colombiada, poema en doce 
cantos, Caracas, 1878, 1883. La Boliviada, poema. Hojas del Paraíso, 
poema en seis cuadros (en La Ilustración). La Hortensiada, poema 
cpicoburlesco en seis cantos (en el Diario de Avisos, de M. M. Fer- 
nández y como apéndice, en la 2.^ ed. de los Perfiles Venezolanos). 
El Incendio, poema en seis cuadros (en La Opinión Nacional). Triun- 
far con la patria, dr. Poesías líricas (en periódicos). Perfiles Vene- 
zolanos, 1881. Apéndice á los mismos. Son excelentes biografías crítt- 
coliterarias. El Progreso en la historia. Hebdomadarias (cuadros de 
costumbres, con seud. de Rey de Bastos, en La Tribuna Liberal). La 
Expósita, leyenda mediana en prosa (en La Tertulia). Tradujo el 
Fingal, de Ossian. Manual de Historia de Venezuela, Caracas, 1913. 
Biografía del Ldo. Miguel José Sanz. Id. del Gral. José Rafael Pa- 
checo. Id. del General José Francisco Bermúdez. Id. de José Ang-^'i 
Lamas. Manual de literatura, Caracas, 1910. Historia de la Literatura 
Española, ibid., 1914. 

Arturo Perera (n. 1850-), madrileño, acabó la carrera de Leyes 
en 1869^ fué redactor jefe del Globo (1894?) y crítico teatral, luego 
de arte en Ejército y Armada. Entre sus obras teatrales m^etió mucho 
ruido y fama Flor del almiendro; publicó cuentos, en los cuales, asi 
como en el teatro, buscó más el efecto dramático final, <jue suele ser 
recio y conmovedor, que no la verisímil realidad de la trama en que se 
desenvuelve el asunto; va de prisa al desenlace, sin detenerse en per- 
filar caracteres ni en pintar costumbres; en estilo y lenguaje es co- 
rriente, sin toques artísticos. Son obras sentimentales y amenas para 
lectores poco exigentes. Un amor del infierno, nov., Madrid, 1878. 
La Salsa de los amores, monól., 1885. El Único remedio, dr., 1886. 
Volver á la razón, com., 1889. Amores y amoríos, historias y cuentos, 
Madrid, 1896, 1907. La Confesión de un confesor, nov., 1898, 1908. 
La Flor del almendro, dr., 1904. Mieles y hieles, boc. de com., 1909. 
Rafaela, dr. Lazos indisolubles, com. El Gordo, aprop. Miscelánea 
literaria (comedias, novelas versos), 1914, 1916. Más historias y cuen- 
tos {2.° vol. de Amores y amoríos), 1918. 

Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897), de Santo Domingo, por 
seud. Herminia, casada (i88o) con Francisco Henríquez y Carvajal, 
fué premiada por Los Amigos del País (1878), fundó una escuela de 
señoritas, que dirigió muchos años, y escribió robustas poesías á lo 
Quintana y Gallego. F. García Godoy, La Liter. domin., 1916, pág. 28: 
"La poesía en ella es como cosa consustancial de su espíritu. Su sen- 
timiento poético guarda á toda hora estrecha relación con su vida... 
Resulta su poesía viril y llena de grandeza, como elaborada al calor 
de las grandes ideas de innovación que incesantemente preconiza el 
espíritu moderno. Eso no quita que haya cantado admirablemente 
cosas de la Naturaleza {La Llegada del invierno) y que en ella suene, 
en ocasiones, la nota de la más íntima ternura {Padre mío, A mi es- 



S. XIX, 1878. GONZALO DE CASTRO Y VALDIVIA 25 I 

foso ausente, A nui hijo). Una joya de delicadísimos esmaltes es su, 
poesía El Ave y el nido. Pero la cuerda que más vibra en su lira de- 
oro es la de un intenso amor patrio... Es serenamente clásica. Su vi- 
bración poética tiene, en ocasiones, estremecimientos de cierto pecu- 
liar lirismo sano y potente, que tiende irresistiblemente á plasmarse 
en cosas de intensa actualidad social. Su oda La Gloria del progreso 
es de gran mérito." Poesías, S. Domingo, 1878, 1880. 

EusEBio Sierra, colaborador de El Solfeo, redactor de El Libe-\ 
ral, autor festivo santanderino del género chico, estrenó De incógni- 
to, 1878. Vencer por sorpresa, comedia, 1879. Herir en lo vivo, co- 
media, 1881. Crisis total, pasillo cómico, 1882. ¡Nicolás!, comedia,. 
1882. El de anoche, juguete, 1883. ¡Pobre gloria!, id., 1883. ¡Al bai- 
le!, id., 1884. Remedio heroico, id., 1884. La Primera consulta, ju-i- 
guete, 1888. Casa de novios, id., 1889. La Romería de Miera, 1890. 
Carambolas, id., 1891. La Estudiantina, zarzuela, 1893. La Señora de 
Rodríguez, juguete, 1893. La Noche de S. Juan, zarzuela, 1894. San. 
Antonio de la Florida, id., 1894. La Contradanza, comedia, 1899. 5¿a- 
sones y talegas, zarz. (mus. Chapí), 1901. El Señor de catorce, 1902.. 
Eus. Sierra, El Liberal, 13 Marzo 1894: "Cuando me hice bachiller j 
á Madrid vine á estudiar; ¡ el Derecho maldecido | quise aprender 
sin provecho; I mas resultó que el Derecho [ me salió un poco torci- 
do, I y perdiéndole de vista | y con odio á Justiniano | á mis coplas 
eché mano | y me metí á periodista... | En la vida he pretendido | de- 
ningún ministro nada. | Nunca en nómina firnxé | ni á ningún procer- 
serví, I y siempre que á votar fui | contra el Gobierno voté." 

Enrique Sepúlveda y Planter (f 1903), por seud. Ese y Alegrías, 
redactor de El Día y La Correspondencia, colaborador de bastantes- 
periódicos, donde dejó notables crónicas, como Crónica de la Música 
y El Cronista; excelente escritor de costumbres, publicó Desde Co- 
millas. El Tren de los maridos. Recuerdos y sombras de Acacio Cá-i- 
ceres (en Rev, Esp., 1878, t. XLIV). La Vida en Madrid en 1885, 
Madrid, 1886. La Vida en Madrid en 1886, ibid., 1887. La Vida en 
Madrid en 1887, ibid., 1888. La Vida... en 1888, ibid., 1889. El Teatro 
del Príncipe Alfonso, 1892. Madrid en i8pi á p2, artículos, cuentos,, 
criticas, semblanzas, 1893. Cuentos, 1894. El Madrid de los recuerdos, . 
1897. 

Gonzalo de Castro y Valdivia (1858-1905), ingeniero, geógrafo y 
poeta precoz madrileño, de exuberante fantasía, que á los seis años 
hizo una novela, á los diez y seis entró en el Cuerpo de Ingenieros 
Geógrafos, colaboró en revistas y murió casi desconocido. Escribió 
Mi alma, Dédalo (poesías, 1891), la novela Hacia abajo y el dra- 
ma El Reo santo. Poesías nuevas, á la muerte de su esposa. Cien- 
cia y fe, poesías, Madrid, 1894. Poesías póstutnas, Madrid, 1900, 
donde hay trozos de primer orden, como El Tiempo, El Día inolvida- 
ble. Fcd. Balart, Impresiones (1894), pág. 306: "El que asi piensa,, 
irnagina y escribe es un poeta. Entendámonos : no os lo vendo por un 



252 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOC.\ REALISTA (187O-1887) 

-.poeta definitivamente formado. No: es un poeta que aún no ha domi- 
nado todos los secretos de su arte; pero que, á juzgar por la muestra, 
tiene bríos para tomar puesto entre los mejores de ahora (la obra era 
Dédalo), cuando el tiempo y el estudio perfeccionen sus prendas na- 
turales... Dédalo... luce en alto grado... la imaginación. Ella imprime 
alto relieve y colorido brillante á las descripciones... No hay esa pro- 
digalidad de pormenores minuciosos que desluce ciertas descripcio- 
nes, hoy harto comunes... No es que el señor Castro rehuya, como 
algunos clásicos meticulosos, el rasgo característico ni el nombre téc- 
nico de cada cosa. Por el contrario, cuando la ocasión lo requiere, 
nadie se va miás derecho al objeto... La misma facilidad con que in- 
funde alma á los cuerpos inanimados tiene nuestro poeta para prestar 
cuerpo á las cosas inmateriales y á las ideas abstractas... Vocabulario, 
no siempre rigorosamente exacto; pero siempre rico de nombres con- 
cretos, de adjetivos pintorescos y, sobre todo, de verbos expresivos, 
que, unas veces en sentido propio y otras en sentido figurado, comu- 
nican al estilo vida, calor y movimiento. Los versos son vigorosos, ro- 
tundos, de una pieza; no artificiosa y mecánicamente compuestos a 
posteriori, sino congénitos de la idea, cuajados á la par del pensa- 
miento en la mente del poeta... ¿Qué falta...? ...Una cosa importantí- 
sima : pero, por fortuna, de las que se adquieren con el estudio : le 
falta el arte de componer. Muchas de sus poesías descarrilan ó des- 
mayan ó se desvanecen á nuestra vista cuando más cebados nos tie- 
nen en su lectura. Además, el autor encuentra más de una vez y más 
de dos un conflicto, que casi nunca resuelve entre sus ideas científicas 
y sus sentimientos poéticos." 

Luis Carmena y Millán (n. 1845-), madrileño, por seud. Andante, 
■ en La Monarquía; Minuto, Venablo, en La Lidia (1896-97) ; comisa- 
rio de Guerra, crítico musical y taurino, colaboró, además, en El 
Arte de la Lidia, Sol y Sombra, El Enano ^ El Tío Jindama, Heraldo, 
Toreo Cómico, El Gato Negro (1897-98). Publicó Crónica de la ópera 
italiana en Madrid desde el año ly^S..., Madrid, 1878. El Teatro 
Real de Madrid, 1879. Bibliografía de la Tauromaquia, ibid., 1883. 
Toros en 180^, ibid., 1883. Tauromaquia, apuntes bibliográficos, apén-- 
dice ó la Bibl. de la Taur., 1888. Lances de capa, artículos taurinos, 
1900. Estocadas y pinchazos, id., 1900. Catálogo de la biblioteca tau- 
rina de..., 1903. Cosas del pasado, música, literat. y tauro-maquia, 

1905- 

Teodoro Baró (n. 1842-), de Gerona, fecundo escritor, director de 
La Crónica de Cataluña, diputado y gobernador, redactor del Diario 
de Barcelona, escribió en La Niñez (1879-83), Los Niños (1883-86), 
La Ilustr. Esp., Barcelona Cómica (1895), La Ilustr. Artística (1897- 
99), Hispania (1903). Publicó La Aldea de S. Lorenzo, novela, Barce- 
lona, 1878, dos vols. Luz y tinieblas, Barcelona, 1878, dos vols. El 
Buen maestro, historia, cuentos y fábulas, 1885. Veladas de invier- 
no, historia, cuentos y fábulas, 1885. Cuentos y novelas, 1887. 



S. XIX, 1878. RAFAEL RAMÍREZ DE ARELLANO 253 

Aventuras de un ochavo^ 1888. Juan Alcarreño, 1889. Tesoros del 
corazón, cuentos para niños, 1892. Aventuras y coscorrones, Bar- 
celona, 1895. Flores y frutas, cuentos para niños, 1895. Cuentos del 
Ampurdán, 1896. Cuentos del hogar, 1897. La Tierra catalana, narra-- 
dones, fiestas (con Ram. Pomés), 1905. En la costa, novela, 1906. La 
Tramontana, 1907. Compendio de Hist. universal, 1907. 

Francisco Barado y Font (n. 1853-), de Badajoz, comandante del 
Ejército (1908), escritor militar muy erudito, castizo y elegante. Elo- 
cuencia militar, Barcelona, 1878. La Guerra y la civilización, Madrid,- 
3879. Museo multar: Historia del Ejército español, Barcelona, 1882- 
86, tres vols. Historia del peinado, ibid., 1887. La Vida militar en 
España, ibid., 1888. Literatura militar española en el s. xix, ibid., 
1889-90. La Pintura militar, Madrid, 1890. Sitio de Amberes, 1891- 
96. Historia militar de España, ibid., 1893. Ronda volante, episodios y 
estudios de la vida militar, 1896. En la brecha, cuentos y fantasías, 
1900. D. Antonio Franch y Estalella, héroe del Bruch, 1903. D. Luis 
de Requeséns y la política española en los Países Bajos, 1906 (disc. 
rec. Acad. Hist.). Nuestros soldados, narraciones y episodios, 1910. 
En Esp. Mod. : Consideraciones acerca de nuestro estado militar 
(1889, Mayo). Dominación y guerras de España en los Países Bajos 
(1900, Marzo, Jul., Nov.). Ambrosio Spínola (1905, Oct.). 

José de La Serna (n. 1856-) burgalés, por seud. Gilimón y Afi^ 
dones, redactor de El Día (1883), El Imparcial (1889), colaborador 
de La Ilustr. Esp., Madrid Cómico, A B C, El Teatro (1903) y últi- 
mamente de El Impardal. Fué revistero taurino y después crítico dra- 
mático, perspicaz y muy conocedor del teatro y de entre bastidores,, 
aunque á veces mostrábase personalmente algo parcial, de los que en 
unos lo ven todo bien y en otros todo mal. Figuras de teatro es her- 
moso libro, tan henchido de verdad, realismo y ligereza de pincel como- 
de quien lo ha vivido. Lo Mejor del mundo, poesías festivas. Burgos,. 
1878. Prosa ligera, Madrid, 1892. La Rebolledo, nov., ibid., 1909. Figu- 
ras de teatro, ibid., 1914. El Público y la crítica, confer., 1914. 

Rafael M." Carrasquilla (n. 1857-), de Bogotá, hijo del escritor- 
Ricardo, presbítero desde 1883, rector del Colegio del Rosario, aca- 
démico de la Colombiana (1890) y su director (1910) ; escritor de los 
más graves y castizos de su tierra, amigo de España, erudito y, sobre 
todo, el rtiás elocuente orador sagrado y académico. Publicó biogra-- 
fías y críticas en el Repertorio Colomibiano (t. II, 191 1, págs. 32, 132, 
170, 229, 288; t. III, 1914, págs. 55, 88, 213, 240, 279) y en el Papel 
Periódico Ilustrado. Vida de Pío IX, Bogotá, 1878. Apuntes sobre lite- 
ratura, ibid., 1894. Sermones y discursos escogidos, ibid., 1913. Cuen- 
tos para colegiales del Rosario, 191 5. Cuarto centenario de S. Teresa, 
disc. (en Rev. Col. Rosario, 1915, Nov.). Consúltese Luis M." Mora,. 
Esbozo biográfico del Dr, Rafael M. Carrasquilla, Bogotá, 1915. 

Rafael Ramírez de Arellano (n. 1854-), cordobés, excelente es- 
critor y macizo erudito, publicó Leyendas y narraciones populares, 



254 SKGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887I 

"Córdoba, 1878. La Cruz blanca, Jaén, 1881. Diccionario biográfico de 
artistas de l-a provincia de Córdoba. Estudio sobre la Historia de la 
Orfebrería cordobesa (ésta, con la anterior, forman el tomo CVII de 
la Colección de documentos inéditos para la Historia de España), 
Madrid, 1893. Ciudad Real artística, Ciudad Real, 1893. Paseo artís- 
tico por el campo de Calatrava, Ciudad Real, 1894. Cuentos y tradi- 
ciones, Sevilla, 1895. Guía artística de Córdoba, Sevilla, 1896. La 
Banda Real de Castilla, Córdoba, 1900. Romances históricos, tradicic-> 
nales de Córdoba, ibid., 1902. Memorias manchegas históricas y tra- 
dicionales, Ciudad Real, 191 1. Juan Rufo, jurado de Córdoba (obra 
premiada por la Real Academia Española y publicada á sus expen- 
-sas), Madrid, 1912. El Teatro en Córdoba, Ciudad Real, 1912. Córdo^ 
ba y el Greco (discurso en el Centenario del Greco), Toledo, 1914. 
Alderredor de la Virgen del Prado, Patraña de Ciudad Real, Ciudad 
Real, 1914. Estudio sobre la historia de la orfebrería toledana, Tole- 
do, 19 1 5. Historia de Córdoba hasta la muerte de Isabel la Católica, 
Ciudad Real, 1915, t. I. Nuevas tradiciones toledanas, ibid., 1917. Ca- 
tálogo tnontnnental de la provincia de Córdoba: está en la biblioteca 
del Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, que no lo publi- 
c.'irá. Ensayo de un diccionario biográficobibliográfico de escritores de 
la provincia de Córdoba (en la Bibl. Nac, premiado en 1916). 

Lorenzo Montufar y Rivera (1823-1898), guatemalteco, historia- 
dor, legislador, político, liberal exaltado, que hizo guerra sin cuartel á 
los conservadores en la prensa, en folletos y libros, anticlerical rabioso; 
-el más notable orador de su tierra que brilló en la Constituyente de 
1879. Publicó Reseña histórica de Centroamérica, siete vols., Guate- 
mala, 1878-1887, continuación del Bosquejo de Marure; pero la pa- 
-sión politica le quita algún mérito, valiendo mucho. Walker en Cen- 
troamérica, 1887. 

Francisco Fernández Bethencourt (1850-1916), de Arrecife de 
Lanzarote (Canarias), eruditisimo en materia genealógica, de la Aca- 
demia de la Historia (1900), en Madrid desde 1880, director de La 
Lealtad (1874), colaborador de La Época, El Día, etc., publicó libros 
de genealogías muy autorizados, entre ellos la Historia Genealógica 
y Heráldica de la M anarquía Española, obra monumental y nacional, 
la mejor en su género compuesta en España. Historia Genealógica y 
Heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de Es~ 
paña, nueve tomos ("el X interrumpido por mi enfermedad", según 
■escribió al autor), Madrid, 1897-1912. Anales de la Nobleza de Es- 
paña, i." serie, 1880 á 1890; 2.^ serie, 1908-1914. Nobiliario y Blasón 
de Canarias, Diccionario históricobiográficogenealógico y heráldico 
de la provincia, siete tomos, 1878 á 1886. La Corona y la Nobleza de 
España, 1903. Para cuatro amigos, muchos artículos, varios discursos 
y hasta algunos versos de F. F. de B., 1903. Discurso conmemorativo 
del ni Centenario... del Quijote, 1905 (disc. Acad. Hist.). Príncipes 
y Caballeros, ¿o artículos de F. F. de B., 1913. 



S. XIX, 1878. PASCUAL ALBA 255 

Juan Ortega y Rubio (n. 1845-), de Puebla de Muía (Murcia), ca- 
tedrático de Historia en la Universidad de Valladolid y en la Cen- 
tral, colaborador de la llustr. Cat. y Rev. Conternp. (1903), publicó 
Compendio de Historia Universal, tres tomos, 1878. Historia de Va- 
Uadolid dos tomos, 1881. Discursos académicos, un tomo, 1887. In- 
vestigaciones acerca de la, Historia de Valladolid, un tomo, 1887. Valli- 
soletanos ilustres, un tomo, 1893. Estudios críticos, un tomo, 1893. 
Los Pueblos de la provincia de Valladolid, dos tomos, 1895, Historia 
de la civilización de los judíos y musulmanes, un tomo, 1904. Historia 
de la Regencia de María Cristina Habsbourg-Lorena, cinco tomos, 
1906. Historia de España, ocho tomos, 1908, Historia de América, 
tres vols., 1917. Obras corregidas, anotadas y adicionadas: Noticia 
de casos particulares ocurridos en la ciudad de Valladolid, año 1808 y 
siguientes, por don Francisco Gallardo, un tomo, 1886. Historia de 
Valladolid, por don Juan Antolínez de Burgos, un tomo, 1887. Curso 
de Literatura latina, por don Félix Pérez Martín, catedrático que fué 
de esta asignatura en la Universidad de Valladolid, un tomo, 1882. 
Documentos curiosos acerca de Valladolid y su provincia, un tomo, 
1888. Historia de los Godos, escrita en inglés per H. Bradley. Tra- 
ducción corregida con advertencia y notas (obra publicada por El 
Progreso Editorial), un tomo, 1890. Historia de Holanda, escrita en 
inglés por Thorold Rogers. Traducción, etc., 1892. 

Antonio López Ferreiro (1837-1910), de Santiago, donde fué ca- 
nónigo y archivero, muy erudito en cosas de su patria, publicó Estu- 
dios hist.^crít. sobre el priscilianismo , Santiago, 1878. Monumentos an- 
tiguos de la iglesia compostelana (con el padre Fidel Fita), Madrid, 
1883. Galicia en el último tercio del s. xv, Santiago, 1883; Coruña, 
1886, 1896-97, dos vols. D. Alfonso VH Rey de Galicia y su ayo el 
Conde de Traba, Santiago, 1885. Lecciones de arqueología sagrada, 
ibid., 1889. El Pórtico de la Gloria, ibid., 1893 (2.' ed.). Fueros muni- 
cipales de Santiago, ibid., 1895, ^os vols. Historia de la S. A. M. Igle- 
sia de Santiago, ibid., 1898-1912, once vols. Y muchos trabajos suel- 
tos. Consúltese Antonio López y Carballeira, Esbozo biográf. del 
M /. Sr. D. A. López y Ferreiro. 

Alfredo Chavero (1841-1906), de Méjico, orador parlamentario, 
■gran arqueólogo y bibliófilo, profesor de Historia, escribió, además, 
comedias, dramas y óperas cómicas. Estrenó Quetzalcoatl, dr., Méji- 
co, 1878. Los Amores de Alarcón, dr., Méjico, 1879. Xóchitl, dr., etc. 
Publicó Apéndice á la Historia de Nueva España de Fr. Diego Du- 
ran, 1880. Obras históricas de Fernando Alva Ixtlilxochitl (cosas de 
Méjico), México, 1891, dos vols. Apuntes viejos de bibliografía me- 
xicana, 1903. Opúsculos varios, 1904 (t. LII de la Bibliot. Mexicana). 

7 2. Año 1878. F. C. Acosta estrenó La Expiación, dr.. Habana, 
1878. — Pascual Alba, autor y actor dramático, compuso Dos prófu- 
gos, 1877, Deiida de honor, 1878. Las Botellas explosibles, 1878. No- 



256 SIÍGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

ble2a toledana, 1879. Duende ó ladrón, 1879. Los Dominas verdes^ 
1880. Teatro de Madrid, 1880. Se necesita un marido, 1881. Buscando 
líH yerno, 1881. Los Timadores, 1882. Sitiado por hambre, 1882. Co- 
sas de España, 1882. Los Petardistas, 1882. Los Siete pecados capita^. 
les, 1883. — Juan Antonio Almela estrenó El Diablo en la Abadía^ 
zarzuela (1878). — Waldo Alvarez Insúa (n. 1858-), de Estrada (Pon- 
tevedra), abogado, fundador y director en la Habana del primer pe- 
riódico regional que salió en América, Eco de Galicia (1878-1902), 
25 vols. ; director de La Aurora del Yumurí, de Matanzas; redactor 
de La Nación, de la Habana; iniciador del Centro Gallego de aquella 
ciudad y su vicepresidente ; colaborador de La Ilustr. Gallega y As- 
turiana, La Esp. Regional, de Barcelona ; El Liberal, de Madrid ; pu- 
blicó Aires d'a miña térra, crítica, Habana, 1883. Galicia Contempo- 
ránea, histór.-sociall, ibid., 1889. Ecos de mi patria, id,, 'Coruña, 1891^ 
El Problema Cubano, id., Madrid, 1896. La Emigración, Madrid, 
1901. Últimos días de España en Cuba, nov. hist. ibid., 1901. Alma 
r.ueva, nov., 1907. Deseada, id., 1908. Vida truncada, id., 1910. La 
Boca de la Esfinge, filosóficosocial, 1910. Cinematógrafo provincial, 
id., 191 1. El Milagro, id., 1912. — Alfredo Andrés y Pastor estrenó 
El Jarro de agua, dram^ (1878). Un mártir por la patria, Eloy Gon- 
zález en Cascorro (1901). — José de Arnao publicó Martín Alvarez,. 
recuerdos de la nmrina española, Madrid, 1878. El Capitán Cadavedo, 
nov. hist. marít., Cádiz, 1882, dos vols. — Amparo Arnillas de FoNr 
escribió Pascual y los saboyanas, comedia, Barcelona, 1878. El Ejem- 
plo, com. 5. Dominguito del Val, dr. — Diógenes A. Arrieta (n. 1848-),. 
de San Juan Nepomuceno (Colombia), que vivió años en Venezuela, 
periodista, senador, profesor de la Universidad y poeta de rica fan- 
tasía y de Íntimos y plácidos afectos, publicó El Congreso Colombiano 
de 18/8. Poesías, Bogotá, 1880. Ensayos literarios, Caracas, 1883. Co- 
lombianos contemporáneos, ibid., 1883. Discursos, Bogotá, 1885. Dr^ 
.7. P. Rojas Paúl, Caracas, 1888. Hojas sueltas, ibid., 1888. Guzmán 
Blanco, orador, fiel semblanza de aquel hombre orgulloso y egoísta, 
violento y arbitrario; pero único civilizador de Venezuela, que supo- 
atar corto á los desmandados y llevó el arden á la República. Re- 
cuerdos de Venezuela, dos vols. (ms.). G. Picón Pebres, Páginas stiel- 
tas, 1890: "Ahí (en Ensayos liter.) está todo lo que puede cautivar á 
las almas soñadoras: lenguaje fácil y sonoro, pensamientos delicados, 
imágenes radiantes de hermosura, quejas ocultas, suspiros voluptuosos 
que se confunden en los aires con el concierto de la naturaleza. Ese 
libro es una urna de recuerdos queridos, de apreciaciones históricas, 
de momentos de dicha pasajeros, de deliquios inefables y de animadas 
descripciones... Mucho sentimiento, mucho brillo, mucha delicadeza de 
expresión... Se le conoce, por encima, que ha leído mucho la Biblia..., 
escritor idealista... se le ve siempre pisar, con paso firme, sobre las 
huellas de los escritores románticos de más valía... Imaginación pro- 
fundamente soñadora, corazón lleno de ternura, alma rica de pasiones 



S. XIX, 1878. FRANCISCO A. CONCHA CASTILLO 257 

nobles... El naturalismo no se ha hecho para Arrieta... Todo en su 
pluma es aéreo, vago, fantástico, indeciso, como el aspecto de las co- 
sas en una noche de luna." — Colección de autógrafos históricos, man- 
dada formar de R. Orden, 1878. — Joaquín Avendaño publicó Carlos y 
Sofía, nov., Madrid, 1878. — A. Balló publicó Violetas del Henares, 
Alcalá, 1878. — Maipina de la Barra y Lira de Cobo publicó Mis im- 
presiones y mis vicisitudes en mi viaje á Europa, B. Aires, 1878. — 
Gregorio Barragán publicó El Sargento Perales, novela, Barcelona, 
1878. — Manjel Becerra Donhiver, redactor de La Discusión (1903), 
publicó Influencias de la geografía en la civilización de los pueblos 
(Rev. España, 18S0, t. LXXV). Observaciones sobre la palabra escri- 
ta (ibid., 1878, ts. LX-LXI). El Imperio Ibérico, sus grandezas y de- 
cadencias..., Madrid, 1881-82, tres vols. (al mismo tiempo en la Rev. 
España). — Eduardo Bertrán Rubio publicó Croquis humanos, cuente- 
cillos y bocetos de costumbres, Madrid, 1878. El Dr. Storm,, novela, 
Barcelona, 1909. — 'Claudio Boutelou (n. 1825-), sevillano, director 
de aquella Escuela de Bellas Artes, arqueólogo, historiador y artista,, 
publicó La Pintura en el siglo xix, Estudios de los pueblos en la Ex- 
posición de París de i8y8. Estudio de S. Antonio de Murillo, mono- 
grafías, en El Museo Español de Antigüedades, etc. — Pedro Ignacio 
Cadena, colombiano, publicó Anales diplonmticos de Colombia, Bogo- 
tá, 1878. — Francisco Javier Caminero y Muñoz (-j- 1885), presbítero, 
presentado para Obispo de León el año que falleció, dirigió La Ilus- 
tración Católica (1878), excelente exégeta, sobre Daniel, autor de un 
prólogo á la traducción de Job, publicó, sobre todo. La Divinidad 
de Jesucristo ante las escuelas racionalistas, 1878. Estudios crí- 
ticos sobre el Nuevo Testamento, conferencias, Madrid, 1882. Ma- 
nuale Isagogicum. Estudios krausistas {Rev. Esp. y Defensa de la 
Sociedad). — .Manuel Carbonero y Sol y Meras, camarero secreto 
del Papn, hijo de León y tras él director de La Cruz, publicó Fin fu- 
nesto de los perseguidores y enemigos de la Iglesia, Madrid, 1878. 
Enrique V rey de Francia, ibid., 1883. — Rodolfo Carles Chibras 
(1847-1893), murciano, publicó Doce murcianos importantes. Murcia, 
1878. Cosas del otro jueves, ibid., 1892. — Fray Manuel Pablo Caste- 
llanos Hernansanz (1843- 191 i), franciscano y arabista nacido en Prie- 
go, publicó Reseña histórica del imperio de Marruecos y de sus di- 
nastías, Santiago, 1878; Orihuela, 1884; Tánger, 1898. Apostolado- 
seráfico en Marruecos, Madrid, 1896. — Pedro Pablo Cervantes, co- 
lombiano, publicó Recuerdos del Hospital Militar, Bogotá, 1878, no- 
vela corta. — Composiciones jocosas en prosa de los Sres. Hartsen- 
biisch, Ayguals de Izco y otros... de La Risa, Leipzig, 1878.— Fran- 
cisco Antonio Concha Castillo (n. 1855-), poeta chileno, atildado y 
aristocrático, fluido y gracioso, campeón de la religión, cantó la vir- 
tud, la fe y el heroísmo. Elegía á la palabra, de serena melancolía. 
Himno á la bandera, mUy popularizado. Al Dolor, canto. Apoteosis, 
fantasía en el aniversario de la muerte de Cervantes (1878). — María 



258 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Cristobalina Consuegra (f 1898), de Sancti Spiritus (Cuba), mestiza, 
publicó Rimwres (icL Yayabo, La Guirnalda gloriosa, poesías. Las 
Glorias de mi vida, 1878 (inéd.). — Ricardo Delmonte (1830-1909), di- 
rector de la Aurora, de Matanzas (1853), El Triunfo (1878), El Nue- 
vo País, de la Habana (1904), publicó El Efectismo lineo, Habana, 
1878 (en Rev. Cub-), uno de los mejores trabajos críticos hechos en 
Cuba. — Discursos políticos y parlamentarios, Filadelfia, 1894. — Des 
obras didácticas y dos leyendas sacadas de manuscritos de la Bi- 
blioteca del Escorial, Madrid, 1878 (Bibliófilos españoles). — R. Dozy, 
famoso arabista, escribió la Historia de los musidmartcs españoles 
(71 I-I 1 10), traduce, por F. de C'astro, Sevilla, 1878, cuatro vols. In- 
7 estigaciones acerca de la historia y de la Literaiura española durante 
la Edad Media, traduce, por A. Macho y Alvarez, Sevilla, 1878, dos 
vols. — Manuel Fernández y Rodríguez publicó Amores reales, me-* 
morías del reinado de Felipe IV, dos vols. La Vida color de rosa, 
Barcelona, 1878. Misterios de amor, novela, ibid. Ensayos poéticos, 
Matanzas, 1894. De muchacho á principal, sain., Matanzas, 1900. Rei- 
vindicación, Luarca, 1907. — Carolina Freiré de Jaime, peruana, es- 
cribió María de Belludo, dr. hist., Tacna, 1878. — Ángel Camayo y 
Catalán, militar, redactor de Juan Palotno (1870) y director de La 
Juventud Republicana, publicó La Flor de Lis, crónica histórica de 
los doce Alfonsos de Castilla y León y de las augustas reinas católi- 
cas, Madrid, 1878. El Poema del soldado, ibid., 1879. — Tomás M." 
Garnacho (f 1880), director de La Enseña. Bermeja, de Zamora, pu- 
blicó Breve noticia de algunas anÜgüedades de la ciudad y provincia 
de Zamora, ibid., 1878. — Dámaso Gil Aclea publicó Juan Pérez, no- 
vela, Madrid, 1878. — ^Nicolás de Goyri publicó Apuntes para las bio^ 
grafías de algunos burgaleses célebres. Burgos, 1878. Estudio crítico- 
analítico sobre las versiones españolas de Los Lusiadas, Lisboa, 1880. 
— Fmilio Grahit y Pafell, colaborador de la Rev. de la Asoc. Ar-< 
tíst.-Arqueol. de Barcelona (1902), publicó Fr. Nicolás Eymerich, 
írerona, 1878. Certamen poét. que con motivo de la canonización de 
S. Ignacio de Loyola... se celebró en Gerona en 1622, Gerona. El Ge-' 
neral D. Blas de Fournás y j« diario del sitio de Gerona en i8op. 
ñbid., 1890. El Sitio de Gerona ett 1684, ibid., 1893. Reseña histórica 
de los sitios de Gerona, ibid., 1894-95, dos vols. — Eduardo Guillen, 
colaborador de La Niñez, etc., estrenó Buen padre y mejor hijo, co- 
media (1878). Quedarse zapatero (1878). La Escalera, comedia, 1879. 
Venganza de un alma noble, cuadro dramático, 1883. Avisos del cielo, 
com-, 1910. La Escalera, com., 1910. — Francisco A. Gutiérrez (na<- 
ciüo en 1848-), de Bogotá (Colombia), político y hombre de negocios, 
escribió algunas poesías como Meditación. — Manuel Hazañas y la 
RvA publicó Poesías, Manila, 1878. — El padre Manuel Hernández 
puso el prólogo y tradujo del latín los Comentarios de las cosas de 
Aragón, de Jerón. de Blancas, Zaragoza, 1878. — Historia de la ciudad 
áe Daroca, dictada p.or un eclesiástico en el año 162^..., Madrid, 1878. 



S. XIX, 1878. MANUEL MILLAS Y CASANOVAS 269 

— Octavio Irio y Bausa (f 1887), de Remedios (Cuba), estrenó Dos 
inadres, dr., Habana, 1878. El Primer deber, 1879. Guirnalda Cubana, 
:S8i. El Puñal del asesino, dr., 1882. El Yerno de D, Cucufate, jug. 
Una velada literaria. La Cadena del destino, dr. El Carnaval en la 
Habana. — José M.^ de la Jara y Ureta, por seudónimo Gil Gue- 
rra y Gil Paz, peruano, publicó, no sin dotes de observación y narra- 
dor, la novela Grano de arena, dos vols., Callao-Lima, 1878 (con seud. 
de Gil Paz). Crítico literario, poeta festivo, cronista donairoso, des- 
perdiga su talento en charlas ligeras, versos humorísticos y artículos. 
— Juegos Florales de 18/8. poesías, 'Córdoba, 1878. — Ignacio César 
Jurado, cadete de Infantería, publicó El Triunfo de la inocencia, dr., 
Habana, 1878. — Agustín López publicó La Ermita de los suspiros, 
leyenda fantástica en verso, Valencia, 1878. — Jesús López Gómez, 
desde 1878, llevó al teatro muchos sucesos de la historia contempo- 
ránea de España, fué director de la Revista de Beneficencia (1903); 
publica Flores marchitas, novela de costumbres sociales, Madrid, 
1881, dos vols. — Benito Losada, redactor de periódicos de La Coru- 
fia, publicó Poesías, Coruña, 1878. — Antonio Luna publicó Compendio 
de la Historia de América, B. Aires, 1878 (2,* ed.). — Llacayo y San- 
ta María publicó Antiguos manuscritos de ciencia, historia y arte 
militar existentes en la Biblioteca del Escorial, Sevilla, 1878 (Soc. 
Biblióf. Andal.). Burgos, Catedral, Cartuja, Huelgas, etc., Burgos, 
1888. — Purificación Llobet de Ximénez (n. 1852-), valenciana, por 
seud. Camila Calderón, colaboradora en Las Mujeres Esp., Amer. y 
Lusitanas, estrenó El Marido y la mujer, jug., 1878. La Viuda y la niña, 
jug., 1879. A media noche^ jug., 1881, El Peor consejero, 1882. Me 
voy al cuartel, jug., 1889. La Papalina de la abuela, 1900. El Corazón 
de un hombre, novela. — Ezequiel Llorach (1846-1887), de Oimellóns 
(Lérida), fallecido en el manicomio de San Baudilio de Llobregat, 
publicó Vibraciones del sentimiento, poesías, Madrid, 1878. Luis Roca, 
poema, Lérida, 1883. Acteón, nov., ibid., 1885. — A. Macho y Alvarez 
tradujo de R. Dozy las Investigaciones acerca de la Historia y de la 
Liter, de España durante la Edad Media, Sevilla, 1878, dos ts. — José 
Martín y Santiago publicó Siemprevivas, poesías para la infancia, 
Madrid, 1878. — Mariano Martín, de Sancti Spiritus (Cuba), director 
de El Sagua, maestro, publicó Flores del alma, art. y poes., Sagua, 
1878. — 'Carlos Martínez Silva, colombiano, publicó Compendio de 
historia antigua, Bogotá, 1884, 1890. Biografía de D. José Fernández 
Madrid, ibid., 1889. Dirigió la famosa revista Repertorio Colombia- 
no (1878-1887), 13 vols., la más notable publicación americana para 
el estudio de la literatura moderna del país. — Gabino Martorell y 
Fivaller, marqués de Villel, publicó Un libro para los amigos, ver- 
sos, Madrid, 1878. — Manuel Martos Rubio estrenó La Brigadiera, 
juguete (1878). — Manuel Millas y Casanovas (n. 1845-), valencia- 
no, redactor del Diario Mercantil (1870...)^ estrenó ¡ ¡ ¡Apchi! ! !, Va- 
lencia, 1878. Don Policromo, juguete, ibid., 1885. Pampiroladas, cuentos, 



200 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

epigramas, cliascarrillos, etc. (1914). — Fpancisco Miralles, chileno, 
pintor, publicó, con seud. de Saint Paul, las novelas cientificoespiri- 
tistas Desde Júpiter, Curioso viaje de un santiaguino magnetizado 
(1878} y Avelina ó los secretos de la suerte. — Juan José Molina (na- 
cido en 1838-), de Medellín (Colombia), escritor, culto, discreto y ame- 
no y bibliófilo, magistrado en Antioquía y fundador y presidente de 
su Liceo, publicó Antioquía literaria, Medellín, 1878, con produccio- 
nes de 86 escritores antioqueños. Ensayos de literatura y de moral, 
con las novelas Los Entreactos de Lucía y El Final de un proceso. 
Páginas históricas de la Independencia americana, Medellin, 1883. 
— Joaquín Manuel Moner y de Siscar publicó Historia de Ribagorza, 
Ribagorza, Fonz, 1878-80, cinco vols. — J. Montes Gutiérrez publicó 
Pasatiempos literarios, París, 1878. — Alfonso Moreno Espinosa (1840- 
1905), de Cebreros (Avila), catedrático en el Instituto de Cádiz, publicó 
Miisa popular, ensayos poéticos, 'Cádiz, 1878. Artículos escogidos, ibid., 
ÍS79. Coplas callejeras, ibid., 1884. — José Vicente Ochoa (1858-1897), 
poeta boliviano, publicó Poesías, Hojas al viento, Tobías, poema; El 
Reo salvado por la mano de Dios, leyenda. En prosa, Paceños ilustres, 
Borrones y perfiles. Semblanzas de la Guerra del Pacífico, La Paz, 
1881. — Enrique Qlavarría y Ferrari publicó Poesías líricas mejicanas 
(de 28 poetas), Madrid, 1878, 1882. El Arle literario en México, noti- 
cias biográficas de sus más notables escritores, Málaga, 1879; Madrid, 
1879. Episodios nacionales mexicanos, México, 1880-81, seis vols. Re- 
seña histórica del teatro en México, ibid., 1892-94 (en El Nacional) •, 
México, 1895, cuatro vols. — Alfonso Enrique Ollero publicó fábu- 
las morales, Madrid, 1878. Sueños, poema, Alicante, 1887. — José Pa- 
lau y de Huguet publicó La Falsa historia, Barcelona. 1878. — Leo- 
poldo Parejo publicó Más versos, Madrid, 1878. — José M. Pellicer y 
Pagés publicó 5. María de Ripoll..., reseña histór., Gerona, 1878. Es- 
tudios hist.-^arqueol. sobre lluro, Mataró, 1887. — Aurora Pérez Abela 
publicó Mártires del corazón, nov., Madrid, 1878. Un amor para una 
vida, nov., 1884 (en El Correo de la Moda). — ^Juan Pérez Aznar, di- 
rector de El Constitucional Dinástico, de Alicante (1880-83), publicó 
La Flor del pensamiento, poesías, Barcelona, 1881. El Delirio, poema, 
Alicante, 1878. — Juan Bautista Pérez y Soto, colombiano, publicó 
Defensa de Bolívar, Lima, 1878 (sólo el t. I). La Curarina, antídoto 
contra el Montalvismo, Guayaquil, 1884-6. — ^Eugenio Picazo estrenó 
Los Matrimonios del día, juguete, Sevilla, 1878. — Demetrio Pola y 
Várela publicó Desengaños y quejas, versos, Madrid, 1878. — Progre- 
sos de la historia en Aragón, Zaragoza, 1878. — José Mauricio Quin- 
tero publicó Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba con rehción 
á la ciudad de Matanzas (lóps-^^TT), Matanzas, 1878, 1881. — Luis 
R. (ó A.) Ramos, cubano, profesor en Cienfuegos, publicó Cantos Cu- 
banos, Cienfuegos, 1878. La Almoneda de novios, jug., 1880. — La Ra- 
zón, fundada en Montevideo (1878) por Prudencio Vázquez y Vega, 
Anacleto Dufort, Manuel B. Otero y Daniel Muñoz, positivista y ro- 



S. XIX, 1878. JOAQUÍN DE SALTERAIN 26 1 

mántica á la vez, como la generación de la Sociedad universitaria 
/1P75) y á la que se opuso Zorrilla de San Martín con El Bien Público 
(1878). — FÉLIX Reig, presbítero, publicó Sertnones para todos los do- 
mingos y fiestas del año, cuatro vols., Madrid, 1878. — Repertorio Co- 
lombiano, rev. de Bogotá, dirigida la primera época (1878-87) por 
Carlos Martínez Silva y con la inspiración de Miguel Ant. Caro; y la 
segunda (1896-99) dirigida por Enrique Restrepo García; á tomo por 
año. Es la mejor publicación en su género de la América española. — 
Revista de las Provincias Eúskaras, Vitoria, 1878-79, tres vols., diri- 
gida por Fermín Herrán, importante. — Revista Eúskara, Pamplona, 
187S-83, seis vols. ; de mucha erudición regional. — José M.* de los 
Reyes (f 1879), andaluz, publicó La Vida del pobre, poema en terce- 
tos. Habana, 1878. — Baldomero Rivodó, excelente filólogo, venezola- 
no, gran trabajador y erudito, publicó Tratado de los compuestos cas-' 
iellanos, Caracas, 1878; París, 1883. Diccionario consultor, París, 
1888. Voces nuevas en la lengua castellana, París, 1889. Venesolanis- 
mos, ibid., 1889. Entretenimientos grani-aticales, París, 1890- 1902, ocho 
tomos. Entretenimientos filosóficos y literarios, Caracas, 1908 (3.^ ed.). 
Glosario de voces, frases y acepciones usuales y que no constan en el 
Diccionario de la Academia. Rectificaciones. Acentuación prosódica. 
— Ramón Roa y Garí (1844-1912), de Cifuentes (Cuba), redactor de 
La Voz de América (Nueva York, 1865-67), coronel insurrecto (1868), 
segundo jefe del Archivo Nacional (1907-10), publicó Convenio de 
Zanjón, carta á /• M. M acias, Nueva York, 1878. A pie y descalzo, 
de Trinidaa á Cuba (1870-71), Habana, 1890. Verdad sin ira, 1908. Ig- 
nacio Agramonte Loinaz, 1912. Calzado y Montado, 1912 (La Discu- 
sión). — El PADRE Rodríguez Sancho publicó Ayer y hoy ó recuerdos 
políticos para mañana, Madrid, 1878. Tratado de mundología y arte de 
ser algo feliz y de conocer este picaro mundo en un par de horas, Ma- 
drid, 1890. — Alberto M. Rojas, cubano, publicó Un ramo de azuce- 
nas, versos, Habana, 1878. — Novísimo romancero español, por varios, 
Madrid, 1878, tres vols. — El Conde de Roselly de Lorgnes publicó 
Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, Barcelona, 1878, tres 
vols. — Francisco Ruiz de Bustillo publicó Sueños, Sevilla, 1878, — 
Juan Antonio Saco y Arce (1836-1881), de Orense, publicó Poesías, 
Orense, 1878. Gramática gallega. — Adolfo Saldías, argentino, publi- 
có Ensayo sobre la historia de la Constitución Argentina, B. Aires, 
1878. La Decapitación de Buenos Aires, 1880. Historia de Rozas y de 
su época, tres vols., París-B. Aires, 1881-84. Juicio político del Pre- 
sidente Roca, 1886. Historia de la Confederación Argentina, B. Aires, 
1892, cinco vols.; Montevideo, 1896, cinco vols. Cervantes y el Quijo- 
*^, 1893. Discurso en la inauguración de la estatua de Juan B. Alber- 
di, La Plata, 1904. Papeles de Rozas, ibid., 1904. Páginas históricas, 
Polit, y literarias, tres vols., B. Aires, 1912. — Joaquín de Salterain 
(n. 1856-), uruguayo, médico, que se distinguió en París, diputado, 
senador, ministro de Estado; fué premiado en el certamen de la Fio- 



202 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

rida (1879J por La Lira rota. Manifestóse poeta romántico sentimental", 
hondo y tranquilo. El Desterrado (1878). Arcaica. Otoñal (1900). Puesta 
de sol. El Ritmo eterno. Intimidades, poesías. — Braulio Santa Ma- 
ría (j 1915), de Huelva, publicó Huelva y la Rábida, Huelva, 187S,. 
1882. La Mujer, ibid., 1879. — Hilario Sarasa publicó Roncesvalles, 
reseña histórica..., Pamplona, 1878. — Manuel Scheidnagel publicó 
Paseos por el mundo, Madrid, 1878, 1888. Filipinas, ibid., 1878. Las 
Colonias españolas de Asia, ibid., 1880. Fraternidad rmlitar y chifla- 
dura filipina, Manila, 1888. Catálogo de una colección de objetos fili^ 
pinos, 1889-90 (dos vols. mss. Bibl. Ultramar). El Archipiélago de 
Legazpi, Madrid, 1890. Aquende y Allende de Suez ó Un Pansit, ar- 
tículos (i 891). Colonización española, ibid.. 1893. Ejército colonial, 
1893. — Enrique Segovia Rccaberti (f 1890), cubano, fallecido muy 
joven, redactor de El País y El Cronista, estrenó La Comedia de 
Alarcón, com., Madrid, 1878. Cortarse la coleta, id., 1878. El Egoís- 
mo, 1879. Entre dos tíos, pasillo, Madrid, 1879. La Galantería, com.,. 
1880. Amnistía general, com., 1881, La Alondra y el gorrión, com., 
1882. Las Mejores armas, com., 1882. La Pareja de baile, jug., 1884. 
¡X!, com., 1884. Los Niños terribles, com., 1885. En la brecha, 
poesías, Madrid, 1884. La Baronesita, juguete, 1885. La Boda de 
mi criada, 1886. Causas criminales, juguete, 1886. La Tuna, 1886. 
La Giralda, iSSy. Catálogo humorístico en verso de la Exposición 
de Bellas Artes, 1887. El Instrumento, 1887. La Alcaldesa, saínete, 
1887. El Inicuo, conicdia, 1887. — Sejo Tacendi publicó La ReconA 
quista de Madrid por Alfonso VI, leyenda histórica, Madrid, 1878. — 
Sevilla histórica, monumental, artística..., por un hijo de la misma, 
Sevilla, 1878. — \iCASio Solís publicó Poesías, Salamanca, 1878. — Vi-t 
CENTE Tinajero Martínez publicó Los doce libros de Agricultura, de 
Columela, Madrid, 1879, dos vols. Lucio Junio Moderato Columela, 
sus viajes, su gobierno y sus obras, Madrid, 18S0, dos vols. Polystoria; 
1882. La Cerámica de las Indias, ibid., 1883. Los Moallakas, ibid., 1883. 
Estudios filológicos de la lengua española, ibid., 1886. La Diplomacia 
en el siglo xvii {Rev. España, 187S, t. LXII). La Batalla de Foreing 
Office (ibid., 1882, t. LXXXIX). La Cerámica de las Indias, ibid., 
t. CI). — Manuel Tolosa Latour (n. 1858-), médico madrileño, por 
seud. El Doctor Fausto, Lamparilla, Modesto Anuella, Tomás E, 
Anullo, Víctor Ferrer, Un Medico de esta Corte y Doctor Veritas, 
colaborador de muchos periódicos profesionales y literarios, como 
Crónica de la Música, El Im.parcial, El Liberal, La Madre y el Niño 
(1883-84), Anales de Cieñe, médicas (1878), El Constitucional (1877...), 
publicó obras profesionales y La Nochebuena de un médico, ni- 
ñerías, 1897. Hombradas, cuentos, 1901. Olas y brisas. 1908. — José 
de Torres Mena (f 1879), abogado, historiador, diputado á Cortes, 
publicó Noticias conquenses, Madrid, 1878. — Matilde Troncoso de 
Oíz (n. 1850-), de Sagua (Cuba), por seud. Raquel, publicó Eulalia ó 
la caridad crisiiana, nov.. Habana, 1878. Ariela, 1878. El Amor filial. 



S. XIX^ 1879. LEOPOLDO ALAS 263 

nov., 1879. Sin Dios, nov., Barcelona, 1891. Layeta, nov., 1892. Rl 
Triunfo de la gracia, nov., 1892. Luz del Sol, nov., Barcelona, 1900. 
El Deber por el deber, 1902. María Teresa, 1902. El Diario de la Ma- 
rina, 191 1. — M. Ubeda y Delgado publicó Isla de Puerto Ri^o, estu-* 
dio histór. geogr. y estadístico, P. Rico, 1878. — Javier Ugarte, ma- 
drileño, publicó La Posada de la vida, imitación de Alfonso Karr (con 
Fermín Sacristán), Madrid, 1878. Borradores y brochazos, ibid., 1889. 
Crónica política. España en Cuba. D. Rodrigo en la horca, narracio-' 
nes históricas, 1907. Ascéticas, poesías, 1910. Intimas, coplas viejas, 
1913. El Siiio de Fuenterrabía (1638), 1913. Amargas, verdades en. 
verso 1917. — Mariano Uriol y Altemir publicó Las Ruinas del cas- 
tillo ó el compromiso de Caspe, leyenda, Caspe, 1878, 1880. — Juan 
Utrilla publicó Los Dramas de la vida, novela, Madrid, 1878. — Ilde- 
fonso Valdivia publicó Camacho, com-edia, Sevilla. Jugar á la po- 
lítica (1878). — Arturo Vázquez Núñez (1853-1907), de Orense, poe- 
ta, arqueólogo y periodista, premiado por su romance Puente Sanu- 
payo (1880), empleado en su tierra, profesor de francés en el Institu- 
to de Orense (1887-1891) ; fué redactor del Diablo Mundo á los vein- 
tidós de su edad, colaborador de El Mundo Cómico, El Itnparcial y 
periódicos regionales. Publicó Venus y Momo, Vigo, 1878. Efeméri- 
des de Galicia, Orense, 1878. Guía del viajero en Orense, 1880. Gra- 
mática francesa, 1891. La Arquitectura cristiana en la provincia de 
Orense durante el periodo nuedioeval, 1894. Trabajó en el Boletín de 
la Comisión de Monumentos y dejó escrito un Dicción, geogr. hist. 
de la provincia de Orense. — Eduardo Vidal y Valenciano (f 1899), 
de Villaf ranea del Panadés, estrenó ¿Quién es Calleja?, juguete (1878), 
El Cuchillo de plata, drama (con J. Roca y Roca), 1895. — Desiderio 
ViELA Y Jiménez de Novallas, colaborador de la Revista Popular 
(Guadalajara, 1891), publicó Gotas de rocío, doloras, fábulas y poe- 
sías, Guadalajara, 1878. — A nombre de Bernabé de Vivanco se pu- 
blicaron Memorias de Matías de Novoa, ayuda de cámara de Feli- 
pe IV, Madrid, 1875, dos vols. ; Segunda parte, ibid., 1878-S6, cuatro 
vols. — El Tío Volandas publicó El Entreacto, semblanzas y recaditos 
al oído de los poetas y actores dramáticos, Madrid, 1878. 

73. Año iSyc). Leopoldo (García de las) Alas (185-2- 
1901), de Zamora, por seudónimo Zoilito, después y sobre 
todo. Clarín (tomado de los graciosos clásicos), catedrático de 
Economía política en la Universidad de Oviedo y luego de 
Derecho romano y Derecho natural, gran periodista, croni- 
quero, excelente novelador realista; por cima de todo, crítico 
literario, sagaz y ameno, brillante y erudito, temible para los 
más de sus contemporáneos por lo desenfadado y acérrimo, 
hasta frisar en violento, descompuesto y, á veces, apasionada 



264 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Fué muy combatido en vida, más de palabra que por escrito, á 
causa de los muchos enemigos que se creó con sus críticas y 
doctrinas contrarias á los católicos; siguió el silencio después 
de fallecido; pero comienza á brillar para la historia literaria 
entre los escritores sus coetáneos, como un segundo Larra del 
siglo XIX. De alma asturiana en lo bullicioso, inquieto y apa- 
sionado por toda novedad y ganoso de brillar en la república 
de las letras, y no menos por cierta ironia fina y burlona y un 
cierto espiritillo rebelde, por el que, apartándose del parecer de 
los demás, los critica con sorna, crudeza y aun pedantería, siguió 
en sus gustos literarios las corrientes estéticas que señorearon 
en su época y venían de Francia. Primero, el naturalismo zo- 
lesco, del cual fué decidido defensor, hallándolo, más de lo 
que debiera, en Galdós y practicándolo, hasta cierto punto, 
en sus primeras obras, con demasiado lujo descriptivo y atibo- 
rrante análisis de observación, como en los cuentos que tituló 
Pipa y en la novela La Regenta. Después siguió la reaccionadora 
corriente psicológica y luego la idealista, en El Gallo de Só- 
crates, los Morales y la novela Cuervo. Merced al propósito 
doctrinario y didácticosocial de estas varias corrientes de la 
literatura francesa y á sus propios estudios profesionales de 
Derecho romano y natural, fué siempre pensador filosófico 
literario y moralista á la francesa, ecléctico, en suma; pero 
pasando de las primeras rebeldías anticatólicas á un cierto res- 
peto por la religión tradicional en sus últimos días. En el es- 
tilo fué igualmente mejorando, desde la intemperancia y el 
despilfarro desleído de sus comienzos, hasta la condensación, 
.sencillez, armonía y templanza de sus últimos eschitos. Des- 
cuella Clarín por la soltura, la ligereza y la ironía fina, que 
amenizan todas su5j obras. En sus novelas nótase la gran in- 
fluencia de Zola y aun de Maupassant, y en sus últimos díaí; 
tradujo algunas del maestro del naturalismo. La Regenta 
es una de nuestras hermosas novelas, representativa por la 
ciudad, que él llama Vetusta (Oviedo), de las ciudades espa- 
f.iolas no renovadas apenas moralmente, con sus rutinas y sus 
costumbres clericales. Hay mucho color y da la sensación real 
de semejantes poblaciones. El estilo es vivo, natural y recio; 
el habla, castiza y moderna, á la vez. Pero dióle más fama la 




LEOPOLDO ALAS (Clarín) 



S- XIX, 1879. LEOPOLDO ALAS 265 

crítica literaria, que ejerció á manera de magisterio entre 
1879 y 1892, en El Solfeo^ El Cascabel ^ en la Rezista Euro- 
pea, Madrid Cómico y en El Imparcial. Recogió sus críticas 
en Solos de "Clarín", Madrid, 1898, cinco vols. El tono agre- 
sivo y particularizador, como cuando arremetió contra Cáno- 
vas, le hizo popular á los lectores y temible á los literatos. 
Destrozó los ensueños esperanzados de muchos mozalbetes que 
se arrojaban antes de tiempo á poetizar con harta presunción, 
y abajó los humos á no pocos que se creían poetas, cuando, se- 
gún él, bien que con extremada exageración, sólo había en Es- 
paña dos poetas y medio. Esta crítica exigente y descontenta- 
diza limpió nuestro Parnaso de no poca maleza y aquilató el 
verdadero valer, espoleando á la juventud para no contentars-e 
con cualquier cosa. Desde que dejó de sonar tal Clarín, la crí- 
tica hase arrastrado por el fango de la adulación y del interés, 
■convirtiéndose en lo que gráficamente se ha llamado sociedad 
de bombos mutuos. Se bombea á cualquiera, se encarecen me- 
dianías, se dispalfarran epítetos altisonantes, de manera que 
cuando hay que calificar á un escritor de valer, no se sabe 
adonde acudir, por hallarse agotado el léxico, y si alguien 
desea juzgar con imparcialidad, los elogios que no trompeteen 
•desaforadamente suenan á reproche y se toman cual si el crí- 
tico quisiera con ellos rebajar al autor que juzga. Las críticas 
de Clarín son amenas, regocijadas, humorísticas y chispeantes, 
y enseñan más que muchos tratados de preceptiva teórica, por- 
que son una preceptiva práctica y viviente. No poseía grandes 
conocimientos filosóficos ni Hterarios; pero leía mucho, sabía 
administrar su hacienda científica, y con la perspicacia de su 
talento y la finura de su buen gusto, salió siempre airoso en 
toda empresa literaria. Fué Clarín, más que nada, un desperta- 
dor de ideas y de imágenes artísticas, un dilettante de la lite- 
ratura y de la cultura ; su vida, un continuo mariposeo por to- 
dos los campos intelectuales. De suyo era intransigente y dog- 
jiiático, irresistible é inapelable en sus opiniones, amigo de pin- 
(har á los que no le entraban por el ojo derecho. Levantábase 
con facilidad á ideas filosóficas y sintéticas, tenía el humo- 
iismo, la volubilidad y el buen humor de los asturianos. 



266 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (l85O-l8f^.0) 

74. Clarín fué muy desigual en sus críticas y, por lo mismo, en 
el estilo que en ellas gastó. Y ello porque era apasionado sobremane- 
ra y nunca se alzó á la serenidad del humanista. Trató con harta lige- 
reza á buenos escritores, cuando, por lazones ajenas á la literatura,. 
se había puesto con ellos de mal humor. Mostrábase entonces punzan- 
te, agresivo, insidioso, hasta tocar en costumbres privadas, y esto con 
groserías plebeyas y de baja ley. Dejóse llevar demasiado del tona 
que daba la moda en Madrid Cómico. Fué parcial cuanto á las perso- 
nas. Aficionado al naturalismo de Zola y al eclecticismo ó, más bien, 
al determinismo filosófico, alma de aquella escuela, ha saboieado las 
obras que llevaban algo de éstas doctrinas y ha ensalzado á sus auto- 
res, justamente las más veces; pero sin notar los defectos debidos á 
ellas. Ejemplo: de Galdós acaso no haya habido quien mejor anali- 
zara las bellezas; en cambio, no vio falta alguna en su sectarismo an- 
ticlerical. Otro caso : Clarín no conoce ó no mienta á los autores cató- 
licos, si no son de los enteramente consagrados, como Pereda, y aun 
á éstos no les dedica la atención que á los del contrario bando. Tai 
conspiración del silencio, en la cual tuvo parte Clarín^ es manifiesta- 
mente injusta. "Juzgadrae, criticadme, atacadme, dice Edmundo About 
á este propósito {Ronux C ontemporánea) ; mostraos sin compasión, 
como en otro tiempo y en ocasiones parecidas, ¡ pero hablad ! ¡ Hablad 
algo!" El padre Blanco García le devolvió la pelota, tratándole des- 
piadada é injustamente, como quien dice: Donde las dan las toman. 
Escribió Clarín en El Cascabel y El Solfeo, con seudónimo de Zoilito; 
después, con el de Clarín, en casi todos los periódicos. J. Valera, Ecos 
Argentinos, 1901, pág. 14: "Leopoldo Alas. Para mi gusto es grande 
el mérito del último que cito, y si el aplauso y el provecho no corres- 
ponden, culpa debe ser de los muchos enemigos que Leopoldo Alas, 
militando como crítico con el seudónimo de Clarín, se ha suscitado 
por sus censuras y juicios, ya muy severos, ya excesivamente apasio- 
nados y rayando por su acritud en sátira y en burla." M. Pelayo,. 
Crít. Uter., pág. 286: "L. Alas, tan rico de felices intuiciones, tan ori- 
ginal y agudo en su pensar, tan varia y profundamente versado en la 
cultura de nuestros tiempos." Andrés González Blanco, Hist. nov., 
pág. 496: "Clarín se prodigó demasiado, y el mundo no es de los que 
se prodigan. Crítica al menudeo, alta crítica, que más bien era una 
estética dispersa y no encajada en cuerpo de doctrina, crítica de ojeo 
y de atisbo, crítica hasta cominera en ocasiones, crítica fustigante y 
satírica, crítica serena y lúcida; cuadros de costumbres, cuentos mo- 
rales, cuentos líricos, sin intención; novelas cortas, de narración viva, 
novelas por todo lo alto, hasta poesías en su primera época; todo lo 
cultivó aquella prodigiosa organización mental, que acaso dio al fin 
un estallido antes de tiempo, cansada de resistir tanto peso. Por aquí 
le vino su perdición. Por dilapidar demasiado su talento... Fué un li- 
bertino de las ideas... No fué un libertino en su vida...; pasó su ju- 
ventud estudiando, leyendo..., perorando... Todo lo que reservó en 



S- XIX, 1879. LEOPOLDO ALAS 267 

fuerza vital lo ha derrochado en fuerza moral... El mismo compren- 
dió que derrochaba con demasía sus dotes naturales y á veces las reba- 
jaba y prostituía á viles menesteres... Si en la critica hubo de hacer 
Clarín muchas veces obra de jornalero, no así en la novela... La Rc^ 
genta es quizás la novela más detallista y en ese sentido la más natu- 
ralista que se escribió en España. Sólo Clarín es el Zola puro, el do- 
cumentado, el recargado, si queréis, el que abruma a datos, a citas 
realistas..., el naturalista á palo seco..., la intensa poesía de muchas 
páginas, lo interesante de algunas escenas, lo acabado de ciertos ti- 
pos..., los primores de análisis que el autor ejecuta en la descripció» 
de la representación de Don Juan Tenorio en el teatro ; la minuciosi- 
dad de observador, junto con el cariño de artista que muestra en la. 
descripción del paseo de la ciudad; la brillantez y viveza con que es- 
tán transcritas las conversaciones en el Casino; la maestría con que 
están desarrollados los planes del magistral don Fermín de Pas... Las 
novelas cortas, en las que ha hecho preciosidades..., sus cuentos más 
galanos de ironía y más profundos de observación... Clarín fué, más.- 
que nada, un suscitador de ideas y de imágenes artísticas, fué un di- 
lettante, en el sentido amplio que al dilettantismo ha dado Paul Bour- 
get. Su vida fué un mariposeo continuo por todos los campos intelec- 
tuales... Las mejores páginas de Clarín son aquellas en que, en medio 
de doctrinales y serios estudios, tiene esas fugas hacia lo ideal, esas 
escapadas de humorismo, que son como las ventanas adonde se aso- 
maba su personalidad, incapaz de estar contenida dentro de límites 
reducidos y marcados." Andr. González Blanco, Escrit. repres. de- 
América, 1917, pág. 6: "Leopoldo Alas, el gran maestro, el que, á. 
pesar de sus destemplanzas, de sus injusticias, de sus desrazonamien- 
tos, había sostenido principescamente en sus manos el cetro de la crí- 
tica... Por encima de sus defectos sobrenadaba un espíritu critico, 
alerta, vivaz, inquieto, que sabía seguir paralelamente las inquietudes 
de Europa, que llevaba al día el movimiento cultural contemporáneo, 
que era rico en intuiciones felices y prodigiosas... Es cierto que á ve- 
ces fué injusto, acrimonioso y virulento, que tronchó en flor muchas 
ilusiones mozas, que apagó muchos juveniles entusiasmos, que extre- 
mó sus imposibilidades hasta la violencia, que prolongó demasiado in- 
justificadas detracciones, que violentó á ratos reglas de buen gusto y 
no pocas finezas de cortesía, que sembró discordia entre las gentes de 
letras, que respetó mucho á los consagrados por sacrificar mejor á los 
inéditos, que escribió muchas veces por lucro y jornalería... Pero 
¡ tan fervoroso enamorado del arte ! ¡ tan puro y docto amante de las 
normas clásicas, y, sin embargo, tan entusiasta idólatra del romanti- 
cismo, tan alentador de todas las novedades que surgiesen, tan pene- 
trante en sus juicios, tan deminador de todos los matices del humo- 
rismo, tan denso de ideas y de juicios definitivos...! Fué, como re- 
movedor de ideas, el superior espíritu español de su época: Campo- 
amor fué quien mejor le definió, cuando de él dijo que "desde su re- 



268 PRIMER PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (185O-1869) 

"tiro <Je Oviedo agitaba tantas ideas como el padre Feijóo en su 
"tiempo en su celda de San Vicente." Asorín, Clásicos y modernos, 
pág. 90: '^Clarín, en la primera parte de su obra..., La Regenta, Pipa, 
Nueva campaña y Mezclilla..., Paliques, ligeros, amenos, satíricos... 
la impresión que produce... es la de un escritor que ambiciona hacer 
cosas grandes y que confunde un poco, ó un mucho, la extensión con 
la trascendencia estética... Clarín, veinte años más tarde, pudo decir 
lo mismo en menos palabras ; más concretamente, más tenuemente. 
Pero en Alas influyó mucho el género de estudios profesionales... el 
Derecho, y, en particular, el árido y seco Derecho romano... Hay mu- 
cho de docente en el primitivo Clarín, Y á esta influencia hay que 
unir otra: la de la tendencia naturalista, que por aquel entonces 
predominaba, tendencia que revestía también un aspecto aparatoso, 
magistral, científico (tomando la ciencia como una cosa hierática y 
pontifical)... Todavía el artista no había llegado á ver la fórmula su- 
prema del arte: la sim<plificación... Esta trayectoria de lo complejo 
á lo sencillo..., el cotejo puede ser hecho entre cualquiera de los cuen- 
tos del volumen Pipa y los del libro El Gallo de Sócrates. Nada más 
fino, más delicado, más tenue, más etéreo que En el tren, La Médica 
ó Tirso de Molina..., cuentos de Clarín escritos en la última etapa del 
maestro. Los cuentos de El Señor, El Gallo de Sócrates y los Morales 
representan su postrer manera. Un cambio profundo, trascendental, 
se ha operado en el maestro. El realista de La Regenta ha desapare- 
cido; Clarín ya no pinta la realidad como un fin (al igual que hiciera 
en su época naturalista); la realidad es ahora en Alas un medio, un 
recurso. Se sirve de la realidad Alas para expresar una idea ; cuando 
la idea que tiene que expresar no encuentra una realidad adecuada, 
dócil, el autor fuerza la realidad, la violenta, la tuerce. Casi todos los 
cuentos de Clarín son inverosímiles, no en el sentido de que sean fan- 
tásticos, sino en el de que falta en ellos una coherencia, una con- 
gruencia real. En casi todos esos cuentos Alas expresa una idea : ob- 
servación moral, ironía filosófica, humorismo psicológico, algo, en 
fin, que es á manera de una enseñanza, de un proloquio ó corolario 
de la vida. A L Alas se le podría clasificar entre los escritores mora- 
listas, tomando este vocablo en su acepción corriente en el siglo xvii 
francés, ó sea el de un observador del espectáculo humano, un escri- 
tor analítico, que deduce de sus observaciones unos corolarios iróni- 
cos ó simplemente impasibles. En cuanto á la ideología..., naturalista 
convencido al principio, va convirtiéndose poco á poco en un idealis- 
ta fervoroso... En resumen, L. A. osciló entre la tradición (léase la 
crítica del libro de Ordóñez) y la novación. Fué un ecléctico sutil y 
delicado: le atraía lo nuevo; tenía un espíritu de rebeldía, de insumi- 
sión. Pero al propio tiempo sentía una tierna añoranza por el pasado, 
por la pretérita lejanía. Si entre las dos contrarias tendencias pudo 
haber desequilibrio al comienzo de su carrera, ya al final había lle- 
gado Alas a una fusión armónica y cordialísima llena de luz y amor." 



S- XIX, 1879. LEOPOLDO ALAS 269 

Asorín, El Paisaje en España, 1917, pág. 57: "Dio unas conferencias 
Clarín en el Ateneo. Hablaba con palabra incisiva, cortada, titubeante; 
ponia un inciso dentro de otro inciso, y luego éste dentro de uno más 
aniplio; hacía reservas^ distingos y salvedades. Su pensamiento, lleno 
de idealidad y de sabor, marchaba sesgo, deteniéndose aquí, ladeándo- 
se allá, volviendo después á la vereda recta. En resumen, no era un. 
orador; era un hombre que pensaba en voz alta. Cuando se lee á Cía-', 
rín el pensamiento del lector camina también lentamente. Dos gran- 
des críticos de cosas modernas ha habido en España en el siglo xix : 
Juan Valera y Leopoldo Alas. Una inmensa distancia los separa. Nada 
en Alas de la tersura, la limpieza, la elegancia, el aticismo de Valera. 
Nada en Valera de la idealidad, la profunda reflexión, la lejanía en 
la perspectiva de Alas. Alas entronca con Larra, y Valera tiene su 
linaje espiritual en ingenios que, como Ventura de la Vega, tan ma- 
gistralmente estudiado por Valera, siendo dechados de buen gusto y 
del sentido de la medida, no muestran afinidad ninguna con los g.-an- 
des espíritus rudos y selváticos cual Dante y Shakespeare... Lo que 
de Alas quedará incólume son sus novelas y sus cuentos. El cuento 
ha sido la forma natural de este espíritu. L. A , ante todo, principal- 
mente, casi exclusivamente, es un moralista. Todo cuento de Clarín 
se desenvuelve absurda, inverosímilmente. Pero Clarín salta por en- 
cima de tal absurdidad y tal inverosimilitud para llegar á su idea, á 
su lección moral ó psicológica. Lo de menos en el cuento es la ver- 
dad, el objetivo, la exteriorización en forma amena y pintoresca de 
una visión espiritual de las cosas." Leopoldo Alas • La Regenta, nov., 
dos vols., Barcelona, 1884-85; Madrid, 1901. Sermón perdido, crítica,, 
Madrid, 1885. Pipa, etc., cuentos, 1886. Nueva campaña (i88y86), 
1887. Folletos literarios, 1886-89, "5^^ comprende : L Un viaje á Ma- 
drid, 1886. IL Cánovas y su tiempo, 1887. IIL Apolo en Pafos, 1887. 
IV. Mis plagios, un discurso de Núñez de Arce, 1888. V. Benito Pé- 
yez Caldos, 1889. VL A 0,50, poeta, 1889, El Desdén con el desdén 
(Rev, Esp., 1887, t. CXV). Ensayos y revistas (i888-g2), 1892. Escri- 
bió en los periódicos Paliques, Mezclillas (1888-89), etc. Rafael Calvo- 
y el teatro español, 1889. Museum, 1890. Su único hijo, 1890, 1891. 
1913. Un discurso por "Clarín'", 1891. Doña Berta, Cuervo, Super- 
chería, 189:2. Ensayos y revistas (1888-92), 1892. El Señor y lo demás 
son cuentos, etc., 1893. Palique, 1893. Teresa, ensayo dramático, 1895. 
Cuentos morales, 1896. Solos de "Clarín^', 1898, cinco vols. Las dos- 
cajas, nov., 1899. Zurita, 1900. Siglo pasado, 1901. El Gallo de Sócra~ 
tes, cuentos, 1901. Poesías inéditas, 1907 (en La Lectura, VII, pági- 
na 162). Obras completas, Madrid, t. I, Caldos, 1912; t. II, Su Único 
hijo, 1913; t. III, Doctor Sutilis, 1916 (continuará). Páginas escogidas, 
Madrid, 1917. En Esp. Mod.: El Año pasado, por J. Yxart (1889, Jul.). 
Sinfonía de dos novelas (1889, Ag.). La Unidad cat., por Víctor Díaz 
Ordóñez (1889, Nov.). La poesie cast. contemp. por Boris (1889, Dic). 
La Crítica y lu poesía en España (1890, En.). Realidad, de Caldos 



ayo SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-I887) 

(1890, Marzo, Abril). Consúltense: Adolfo Posada, Escritos inéditos 
de "Clarín", en La Lectura (1906), págs. 211-216. Revista Popular 
^Oviedo, I." Julio looi), número que se le dedicó al fallecer. Azoríri, 
Clásicos y Modernos, 1913, págs. 85-96. 

75. Año 1829. Emilia Pardo Bazán de Quiroga (na- 
cida en 1850-), después condesa de Pardo Bazán, de La Co- 
xuña, la Marincda de sus novelas, casóse en 1868 y ha vivi- 
do lo más en Madrid, entregada de lleno á las letras, por las 
cuales siempre, y desde niña, sintió vocación irresistible. Mujer 
"de tan varoniles arrestos, que comenzó educándose literaria- 
mente á sí misma, con lecturas, viajes y trato de gentes, ha 
escrito comúnmente emulando las cualidades y manera de los 
hombres, mostrando tan sólo ser mujer en cierta comezón por 
seguir las modas literarias extranjeras, mayormente las de 
París, cosas entrambas que la han hecho no del todo bienquista 
•de los más y han maleado algún tanto el valer de su obra lite- 
raria. A los diez y seis de su edad presentó en certámenes de 
-Orense y Santiago tres opúsculos : Estudio crítico de las obras 
del P. Feijóo^ Poetas épicos cristianos: Dante ^ Milton y Taso, 
Ensayo crítico sobre el darwinisino. Temas tan hondos, más 
propios son de la madurez de varones doctos que de las terne- 
zas de una niña. Criticar el darvvinismo supone inmensos co- 
nocimientos de todas las ciencias naturales, ingenio profundo 
y juicio asentado y naachucho. Mostró, pues, la joven escritora 
en estos primeros ensayos empuje más que varonil, que raya 
en temeridad y aun pasa realmente de la raya. Sólo parece como 
mujer en la bizarría con que á ciegas, y sin duda con su tantico 
^de vanidad femenil, se lanza, pluma en mano, en tan insonda- 
ble despeñadero. Este mismo carácter de la autora, que se ve 
en sus primeros ensayos, se notará después en todos sus demás 
-escritos. No es en la poesía donde descuella, sino en la prosa; 
.al revés de lo que suele acontecer con la mayor parte de las es- 
critoras, que suelen ser poetisas. Doña Emilia hizo versos, y 
■buenos versos, del género culto; no con los sentimientos deli- 
-cados en que las poetisas suelen aventajarse : compuso Jaime, 
poema (1881). Sus trabajos eruditos sobre historia literaria no 
son de pura investigación hecha en bibliotecas y archivos, sino 
-de segunda mano. Es, más bien, una elegante divulgadora de 



S. XIX. 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 27 1 

noticias literarias y críticas de obras y autores, en el género de 
Academias y Ateneos. Más que sobre la literatura castellana^ 
versan sobre literaturas extranjeras, que hoy es de buen tono 
conocer ó mostrar que se conocen. Doña Emilia las conoce y 
ha seguido al día las modas literarias francesas. En La Cues- 
tión palpitante (1883) trató con este feo título el feo naturalismo 
de Zola. Respondióle Francisco Díaz Carmona en La Ciencia 
Cristiana (1884-85). En Polémicas y estudies literarios juzgó 
-á Pereda, Galdós, etc. Escribió Biografías y estudios del Padre 
Colonm^ Campoamor y Alarcón^ el Nuevo teatro crítico (1891- 
-93), 30 núms., Literatura francesa moderna y La Revolución 
-V la novela en Rusia (1887). Nótase cierto coqueteo femenino 
=<n seguir la moda al escribir sobre literaturas extranjeras y dar 
conferencias sobre ellas en París y otras partes ; pero, al mismo 
tiempo, se echa de ver la mucha y variada lectura de la autora, 
la gracia con que en todo pica y de todo sale airosa, y el ansia, 
en suma, de hombrearse con los más esclarecidos literatos es- 
pañoles y franceses. "Inde irae" : de aquí, en parte, cierta in- 
>quinilla que mostraron pronto hacia ella los eruditos y los que 
quisieran serlo, sobresaliendo jnás que todos Valera y... Zo- 
rrilla, que sólo fué poeta. Es lástima que se haya cuidado tan 
poco de la antigua literatura castellana, que si no tan de buen 
tono entre ciertas clases sociales francesas, es preferido estu- 
dio de los grandes críticos de todas las naciones y. sobre todo, 
de los míacizos y oscuros investigadores de la historia literaria. 
A este descuido en leer libros de antaño ó si los ha leído en no 
-cíprovecharse más de ellos y de su español realismo, y á este 
extremado empeño en enterarse de literaturas extrañas, han 
de achacarse los principales defectos de la insigne escritora. 
Hay demasía de ligereza extranjera, francesa, mejor diremos, 
y poco de la gravedad castiza española en la manera de tratar 
■ciertos asuntos novelescos, históricos y críticos. Hay alguna 
mayor liviandad y hasta regodeo en casos crueles de las pin- 
turas y escenas de sus novelas y cuentos, de aquella á que las 
•escritoras españolas nos tienen acostumbrados, si sacamos á la 
liviana novelista del siglo xvii doña María de Zayas. El estilo 
y lenguaje de doña Emilia, sobre todo, se resiente bastante de 
<"xtranj crismo : es poco castizo, tiene mucha fraseología de ca- 



272 SEGUXDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.ALISTA (187O-1887) 

jón, de esa jerga que hoy corre medio francesa, medio cientí- 
fica, plagada de galicismos, de francesas metáforas, de abstrac- 
tos, de tecnicismo culto. Pongamos juntos á Pereda, á Valera. 
V á Menéndez Pelayo, tres amantes de lo español, de la vieja 
literatura española, del habla castiza: nadie se atreverá á meter 
en ese corro á doña Emilia; diríase que forma rancho aparte. 
Si el exquisito gusto y el artístico lenguaje se alcanzaran estu- 
diando literaturas europeas y siguiendo las modas literarias de 
París, doña Emilia, con su talento y finura de sentido estético, 
ganaría en exquisito gusto y en artístico lenguaje á Pereda, á 
Pelayo y á Valera, que han preferido apacentarse en nuestros 
clásicos y en el habla popular. Doña Emilia entiende también, 
y mucho, de bellas artes, de pintura, escultura, arquitectura, 
según es hoy moda entender de estas cosas y poder escribir 
acerca de ellas todo publicista culto. No es menos conforme á 
los tiempos que corren el viajar y el escribir impresiones de 
viaje: Valera, que tanto corrió, no escribió de viajes y de ar- 
tes tanto como doña Emilia. Cuarenta días en la Exposición, Al 
píe de la torre Eiffel (1889), Por Francia y por Alemania (1890), 
Por la Europa católica (1902). En estas obras muestra la au- 
tora la fuerza de su viva impresionabilidad de mujer, vastos 
conocimientos de artes y artistas y finura crítica poco común. 
En ellas se han dado estrecho abrazo las cualidades femeniles 
y varoniles de la autora, y por lo mismo encierran cosas de las 
mejor sentidas y expresadas que ha publicado. Pero su tempe- 
ramento estético propio es el de la novela. Hasta en el libro de 
San Francisco de Asís (1882), que tanto dio que hablar en pro 
y en contra, no hay duda que hay mucho más de impresión no- 
velesca que de solidez histórica, y por ello gustó á muchos y 
disgustó á no menos lectores. De misticismo bien poco se le 
alcanza á la autora, como puede verse por la última novela que 
ha dado á luz, Dulce Dueño; pero nada tiene de extraño en 
una señora que frecuenta tan elegantemente el gran mundo. 
Como novelista, hay que distinguir en ella dos tendencias. La 
más antigua, que sin duda es la más sana y castiza, la que lleva 
más en el fondo de su alma, la que le dio y le dará más renom- 
bre, es la que la encaminó, sobre todo al principio, á expresar el 
alma gallega, sentimental y tierna, recóndita y misteriosa, comO' 



S. XIX, 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 278 

se ve en Pascual López (1879), Los Pa^os de Ulloa (1886), 
De mi tierra (1889), Historias y cuentos regionales, etc. Pero 
la otra tendencia, que arrancó á la autora del terruño, segó en 
flor á la novelista regional y la medio afrancesó en la mayor 
parte de sus obras. La inclinación de doña Emilia á seguir la 
moda extranjera y á hombrearse con los grandes novelistas 
cultos modernos, sacóla de Galicia y aun de España, para me- 
terla en Europa y hacerla terciar en cuestiones sociales, tal 
como las tratan los escritores cultos y sociólogos. Ella creerá, 
aicaso, haber subido; á otros se les antoja haber bajado con ello 
en valer artístico: La Piedra angular, novela celebrada por la 
escuela juridicoantropológica italiana; La Tribuna (1882), de 
asunto político; Doña Milagros, sobre el problema del matri- 
monio; Memorias de un solterón, segunda del mismio ciclo de 
Adán y Eva, etc. Cuanto á puro arte, quien lea sus prólogos y 
sus novelas advertirá que quiso seguir la moda francesa al día 
y á la hora. En Un zñaje de novios (1881), á pesar de cuanto 
habla contra el naturalismo en el prólogo y defiende el realis- 
mo francés, bien se ve que desearía introducirlo en España, 
sino que, no atreviéndose á hacerlo francamente, anda bai- 
lando en la cuerda floja, no acabando de decidirse, pero echan- 
do á volar la especie, para tantear la opinión del público y por 
si cuela. En el prólogo de La Dama joven (1884) propone un 
naturalismo á medias, por haber advertido que el horno no 
estaba para bollos. Después trajo lo que pudo de él, lo que po- 
día traer á España, donde ni el realismo ni el pintar con los 
más vivos colores el pueblo bajo, haciendo hablar á los perso- 
najes plebeyos su propio lenguaje, era una novedad, puesto 
que toda nuestra antigua novela picaresca y cen'antina no es 
otra cosa y lo mismo nuestro teatro anterior á Lope y á me- 
nudo después de él. Pero Pardo Bazán, que sabía todo esto, 
creyó traerlo de Francia, y se escudó al hacerlo con Pereda y 
Galdós. Otra cosa trajo del naturalismb, que tampoco tenía 
novedad alguna entre nuestros antiguos escritores, y es cierta 
libertad en tratar asuntos escabrosos, cosa algo nueva en el 
siglo XIX para los puritanos de por acá. El prurito de seguir 
la moda le hizo ser á doña Emilia la primera en traerlos y, na- 
turalmente, no cayó bien la cosa. Aunque doña María de Za- 

TOMO IX. — :8 



274 í'EGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

yas le gane en ello, los tiempos eran otros, y no le estaba 
bien á tan noble dama dar ciertas pinceladas ni levantar la 
polvareda del escándalo. De esto hay bastante en La Madre 
Naturaleza (1887), Insolación, historia amorosa (1889), Mo- 
rriña, historia amorosa (1889), La Quimera (1905), obra esta 
última algo simbólica y bien sentida por lo que dicen tiene de 
autobiografía. Pero la verdad es que la autora jamás se atre- 
vió á traer el naturalismo en crudo, la novela documental, de- 
terminista, de solas fealdades sociales y hediondas porquerías. 
de negrura pesimista y mal humor. Su españolismo la libró. 
como á los demás novelistas de por entonces, de tales exage- 
raciones ultrarrealistas. Además, que, como ella misma reco- 
noce, por más que se ahonde en la plebe española, nunca se 
hallan tan hediondas heces ni tan acanalladas gentes como ha- 
llaron los naturalistas franceses en su tierra. La sana alegría y 
buen humor que da el cielo castellano no se compaginan con 
las tristezas lóbregas de los escritores franceses, decadentes y 
gastados. En 191 1 publicó Dulce Dueño ^ su última novela. Par- 
do Bazán es, en suma, realista de cepa española con matices 
afrancesados, de pincel colorista y de fina sensibilidad. No so- 
bresale por la creación de caracteres ni por la fuerza dramá- 
tica de contrastes pasionales. Es, por lo mismb, una gran cuen- 
tista, que narra pintando y sintiendo. No hay duda que ha tra- 
bajado estilo y lenguaje; pero, por no haberlos buscado en 
nuestros clásicos y entre el pueblo y por haber leído tanto 
francés, no cabe compararla con otros muxrhos escritores de 
su tiemipo. 

7 6, La crítica de Pardo Bazán es poco honda y á veces algo par- 
cial; es obra de aficionada, que en todo pica, y tiene talento para sa- 
lir en todo airosamente. No hay en sus escritos de crítica literaria ni 
uno de esos relámpagos que permiten ver á un autor ó una obra de 
una manera nueva é inesperada; ninguna idea filosófica de conjunto 
que explique muchos casos particulares; el naturalismo, que fué su 
tema principal, no parece bien comprendido por la autora, y bien se 
lo dio á entender el mismo Zola; Pereda, Valera y M. Pelayo fueron 
en esto harto más perspicaces. La primera novela que publicó fué Pas- 
cual López, autobiografía de un estudiante de Medkina, Madrid, 1879, 
publicada antes en la Revista de España. Tiene bastantes inexperien- 
cias y candideces ; pero también apuntan en ella sus buenas cualida- 



S. XIX^ 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 2^5 

des, maestría en la composición, recursos descriptivos, rapidez, do- 
naire y tersura en el estilo. San Francisco fué obra de una tempora- 
da que se sintió devota ó mistica, según ella. Dios sabe lo que se nw- 
vio para que M, Pelayo se la prologase, como se ve por las cartas 
del Maestro. Poco después del 5. Francisco publicó Un viaje de fw- 
vios (1881), novela con atisbos teóricos naturalistas en el prólogo, no 
atreviéndose á abogar descubiertamente por el naturalismo francés; 
pero deseando nueva fórmula novelesca, con sangre francesa, que re- 
mozase la sangre española. La autora se engañaba. "España posee un 
realismo indígena de su propia cosecha, y es poco probable que la 
variedad francesa llegue á anularlo nunca." Así ha escrito un inglés, 
Fitzmaurice Kelly (Hist. lit, esp., 1898, c. 13) y así se ha cumplido. 
¡ Venirnos á traer realismo á la tierra realista por excelencia ! Lo que 
sobre nuestro realismo pudo venir del naturalismo francés, y ha ve- 
nido de hecho, es lo pornográfico, que ni es realismo ni naturalismo^ 
porque no es arte, sino porquería antiestética. La Pardo trajo poco 
de lo pornográfico, aunque sí cierta soltura y aun descoco en tratar 
asuntos escabrosos. Fuera de esto, creyó traer de Francia lo que aquí 
había siempre sobrado, realismo. "En el día, dice, no es lícito dudar- 
lo, la novela es traslado de la vida y lo único que el autor pone en 
ella es su modo peculiar de ver las cosas reales... Merced á este reco- 
nocimiento de los fueros de la verdad, el realismo puede entrar, alta 
la frente, en el campo de la literatura." Bien estaban estas palabras 
para dichas en Francia, donde el realisimo había sido siempre planta 
extraña y siguió siéndolo, pues el naturalismo es cosa diferente; 
pero decirlo en España y para España es desconocer nuestra vie- 
ja novela y aun la que acababa de nacer en manos de tantos no- 
velistas. Pero ella niisma da bien á entender en el prólogo cita- 
rlo todo esto y, sin embargo, desea realismo. ¿En qué quedamos? 
Yo creo sinceramente que lo que deseaba era el naturalismo francés 
ó mostrar, sencillamente, que estaba al tanto de las modas. Autora 
tan discutida, aun entre los mejores críticos y, sin embargo, según 
todos, excelente autora, pienso, por una parte, que debiéramos dejar al 
tiempo, gran cribador de famas, el encargo de ponerla en el lugar que 
le corresponda ; pero, por otra, el hacer con ella excepción, por corte- 
sía, atendiendo á que es mujer, fuera darle justo motivo de queja, ya 
que siemípre se presentó en sus obras como si olvidase su ser de mu- 
jer, sin aquel sello de feminidad que hallamos en las poetisas y demás 
escritoras castellanas, en las mismas paisanas suyas Rosalía de Cas- 
tro y Concepción Arenal, con escribir esta segunda de asuntos pro- 
pios de hombres de ciencia. Creo, pues, que debo juzgarla con toda 
imparcialidad, como si se tratase de autora que vivió en pasadas eda- 
des ó como si fuese autor de nuestro tiempo, quiero decir, como á los 
demás autores. Dos defectos se le achacan, y con razón : el haber es- 
crito cual si fuera hombre y el haber sido mujer tan solamente en 'o 
que no debiera, en el vicio propiamente mujeril, la vanidad. No soy 



276 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

de los que Tnenosprecian á la mujer; téngola por de más valer que al 
varón en muchas cualidades, en las cualidades femeninas. Pero si la 
soberbia y ansia de honores es el flaco del varón, el de la mujer es la 
vanidad. Ya dijo Nietzsche {Crepúsculo de los ídolos) que "la mujer 
perfecta comete literatura como comete un pecadillo: para probar, de 
paso, y para ver, al volver la cabeza, si alguien lo nota y á fin de que 
alguien lo note". Que es lo que Ovidio, gran conocedor y tratante en 
e! género, había dicho por otro estilo, cuando escribió que las mujeres 
van á los esi>ectáculos "á ver (como los hombres) y... á que las vean": 
esto segundo es lo propio de ellas. Lo que suele achacarse á la Con- 
desa no es su literatura, sino su vanidad de mujer y su literatura d* 
varón. "La mujer, escribió Angela Grassi, debe poner todo su empeño 
en no parecerse á los hombres." No hay cosa que más choque y dé 
en rostro á los honíbres en la mujer que lo que puedan tener ó se 
empeñen en tener de varones. La mujer perfecta es la perfecta mu- 
jer. Si la Condesa hubiera escrito tan sólo como mujer, nos hubiera 
dado obras admirables de psicología femenina, pues muestras hay har- 
ías en sus libros de perspicacia y de sensibilidad; sabríamos, por una 
mujer lo que es la mujer, el alma femenina, que apenas si la cono- 
cemos por lo que los hombres han escrito, por la mayor parte supone- 
mos que ignorándolo, ya que sólo pudieron conocerlo por lo que atis- 
baron en las mujeres que trataron, y la mujer tieije en su alma mu- 
chos recovecos y en su bolsillo muchas caretas. Si la Condesa se hu- 
biera portado al escribir tan sólo como varón, algo de falseado ha- 
bría en sus escritos; pero con su ingenio hubiera sido un buen autor. 
Quiso, sin embargo, mostrarse hembra en la vanidad, mala aconseja- 
dora, que, efectÍA^amente, le aconsejó siempre pirrarse por las modas 
literarias, como las demás mujeres se pirran por las modas en otras 
cosas. A esta vana comezón por ser la primera en traer las modas lite- 
rarias de París se deben todos sus defectos. Señalóse, sobre todo, con 
no j>equeño escándalo del público, letrado y no letrado, cuando trajo el 
feo naturalismo de Zola con los artículos que publicó en El Imparcial, 
con el no míenos feo título de La Cuestión palpitante (1883). Creo 
que para ella sigue si-endo este hecho su mayor título de gloria ; para 
los más fué el más vergonzoso baque que dio en toda su vida literaria. 
Sus deseos eran, digámoslo claramente, darse tono con aquella nove- 
dad; enseñarnos el naturalismo zolesco, y aun practicarlo en sus no- 
velas ; pero como vio que no estaba el horno para bollos, quiero decir, 
que la tal estética zolesca no había de encajar en la sociedad española, 
es de ver los pasos de danza y contradanza que da en aquellos artícu- 
los, ora atrás, ora adelante, ya desenfadada y desenvuelta, ya tímida 
y meticulosa, contradiciéndose á cada momento, para enseñarnos ai 
cabo y á la postre, como farsante en tablado, que "hay cosas que pa- 
recen bolsas; vueltas del revés, bolsas otra vez". Porque, por otra 
parte, dándose por buena cristiana, empeñóse en que el arte zolesco 
en nada iba contra la moral y doctrina del Evangelio, lo cual mués- 



S. XIX, 1879- EMILIA PARDO BAZÁN 277 

tra que su prurito de novedades la ofuscó hasta el punto de no ver lo 
que cualquier cristiano de mediano entendimiento ve al punto, que 
el determinismo y la exaltación sistemática de la bestia huniana, qui- 
cios del arte zolesco, son enteramente contrarios al libre albedrío y 
al señorío de la razón, que proclama el cristianismo como doctrinas 
fundamentales. Respondiéronle Francisco Díaz Carmona en La Cien- 
cia Cristiana (1884-85) y otros varios, entablándose singular contien- 
da entre varones graves, algunos de ellos doctos religiosos, otros, 
maestros en literatura, que salían por la moral cristiana y por el puro 
arte, y la arriscada hembra, que con todos ellos se las hubo varonil 
y desenvueltamente, empeñada contra teólogos en mantener que po- 
día ser discípula de Zola y á la vez fiel devota y cristiana. Toda esta 
polvareda levantó un capricho de vanidad ó gusto por la moda. Lo 
bueno es que ni en ello se mostraba buena cristiana ni Zola la reco- 
nocía por discípula, quedando sola entre dos fuegos, blanco de los 
tiros de unos y otros, de los teólogos, de los críticos españoles y del 
mismo mjaestro del naturalismo. Ella, sin embargo, no dio su brazo á 
torcer y continuó apretando las clavijas del naturalismo, predicándolo 
cada vez más paladinamente y poniéndolo en práctica cuanto se lo 
permitía el buen parecer. Oigamos lo que escribió Blanco García, 
Liter. esp., t. II (1903), pág. 615: "Uno de los temas que más privaron 
en nuestra crítica desde la aparición de UAssonimoir, dio pie á doña 
E. P. Bazán para tejer la serie de deliciosos sofismas bautizados con 
el epígrafe de La Cuestión palpitante (1883), sofismas que corren tra- 
ducidos en la lengua de Zola y que, si dejan entrever un armazón de 
palmarias contradicciones recubierto con hilos de oro, constituyen el 
más elocuente alegato que cabía presentar en pro de tan mala causa." 
Si se hubiera declarado discípula de Zola, determinista á secas, nadie 
tendría que oponérsele cuanto al arte, por más que quedase como mala 
cristiana. Pero véase cuanto al arte lo que de ella escribió J. Valera, 
Nuevo arte de escribir novelas : ^^La moda, más extravagante y absurda 
que, en mi sentir, se puede imaginar, es ésta del naturalisvf.o. Me afligí, 
me consterné, cuando vi que mujer de tan altas prendas como doña 
Emilia Pardo Bazán se había vuelto naturalista... En realidad, yo no 
puedo ni debo combatir contra doña Emilia. Las damas deben ir ves- 
tidas según la moda. ¿ Por qué he de tomar yo á mal que doña Emilia 
se vista de naturalista? Casi todo su naturalismo me parece tan sen- 
sato, tan ortodoxo en todos los sentidos y tan razonable, que yo tengo 
que aceptarle sin vacilar. Hasta cierta indulgencia, cierto panfilismo 
literario que en doña Emfllia resplandece, se ajusta á mi modo de ser 
como anillo al dedo... En lo que doña Emilia y yo discrepamos es en 
que ella entiende por naturalismo una cosa y yo entiendo otra... Las 
citas que voy á hacer de doña Emilia las tomo por mías: "Exigimos 
"que el arte se apoye sobre las firmes bases de la verdad; pero como 
"su fin principal no es descubrirla, pues este fin, al contrario, es el 
"de la ciencia, el artista que se propone otro fin que no sea el de la 



278 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

"realización de la belleza, verá, tarde ó temprano, con infalible segu- 
'Vidad, desmoronarse el monurruento que eleva." Infiérese de aquí que 
la pretensión del naturalismo de convertirse en ciencia experimental 
y de hacer que adelante la fisiología, la patología, la sociología y otras 
logias, ó en broma ó señuelo para atraer á los páparos y hacer que 
se lean ciertos libros, verdes á menudo, creyendo que los lectores se 
convierten al leerlos en patólogos, fisiólogos ó sociólogos, ó es una 
de las mayores simplezas que se ha podido sentar en la mollera de 
ningún ser humano... Discretamente llama doña Emilia híbridos á los 
libros que aspiran á corregir divirtiendo, y considera menos malo no 
hacer caso de la moral que falsificarla y halla funesta y perniciosa la 
lectura de casi todas las novelas que sostienen tesis ó teorías, dado 
que se tomen por lo serio... Después de afirmar tales cosas..., obsti- 
narse esta señora en decirnos que es naturalista, es como si, después 
de exponernos la doctrina cristiana tan católicamente como el padre 
Ripalda, nos dijese que era cuákera ó anabaptista... En España... se 
llaman naturalistas para seguir la que creen última moda de París, 
poniéndose candorosamente á la cola de la cola de Zola... Zola, cuan- 
do sabe que en España hay una católica militante que defiende su sis- 
tema, apenas lo cree y se queda turulato. "Iinagínese usted mi estu- 
"por", dice á Alberto Savine. En fin, para explicarse tan raro fenó- 
meno, Zola exclama : "Indudablemente el naturalismo de esa señora 
'"es mero naturalismo literario." Esto es, que no hay, ni puede haber. 
en doña Emilia tal naturalismo... Conste, pues, que el naturalismo 
español es otro y no el de Zola, por declaración del propio Zola... En 
balde se afana doña Emilia en reformar el naturalismo para que ella 
y otros autores de España quepan en él con holgura. Zola responde 
lo que respondieron los jesuítas á los que querían reformarlos: aut 
sint tit sunt, aut non sint. Zola dice terminantemente: "Yo no admito 
que nuestra literattira sea naturalista de otra suerte." ¿Y cuál es esta 
suerte? Esta suerte es aceptar ciertos hechos que Zola supone proba- 
dos : que el hombre es una máquina ; que la sociedad es otra máquina ; 
que ya no hay alma ni libre albedrío; que la metafísica no da sino 
explicaciones irracionales, de las que importa huir como la peste, y 
que debemos desechar toda creencia religiosa ó filosófica, inspirar- 
nos en el espíritu de las ciencias modernas é iniciarnos en sus ten- 
dencias y nociones." Hasta aquí don Juan. Extraño parece que una 
tan perspicaz señora como doña Emilia, que ha pretendido ser filó- 
sofa y explica cátedra de literatura francesa y se da por entendidí- 
sima en ella, no haya calado que el naturalismo, como los más de los 
géneros ó modas literarias, han sido siempre en Francia algo más que 
pura literatura ó arte por el arte, que han sido cosas didácticas, filo- 
sofía y enseñanza, y que el naturalismo lo es por manera particular, 
como fruto de toda la evolución del descreimiento, del positivismo y 
del materialismo, empollados allí desde el siglo xviii. Ya lo dijo Zola: 
el naturalismo no es novela; es ciencia, esto es, pintura exacta del de- 



S. XI X^ 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 279 

íerminismo de la naturaleza extendido al hombre. "Mi excelente ami- 
ga doña Emilia Pardo Bazán, dice J. Valera, sq hizo naturalista sin 
comprender bien lo que el naturalismo significaba" (pág. 292, Obr. 
conipL, t. XXVI). Verdad es que en la mayor parte de sus obras doña 
Emilia nada tiene de naturalista; pero cuando quiso serlo de veras, 
verdaderamente que hocicó, diremos, empleando la frase de su tierra. 
En El Impar cial (1893), nada menos que en Semana Santa, publicó 
una escena novelesca, en la cual pintaba á María Magdalena como 
una enamorada carnalmente de Jesús. Fué una de las muestras que 
dio del naturalismo que predicaba, bien que sólo lo fué de falsifica- 
ción histórica, y lo hubiera sido de desvergonzado atrevimiento y de 
fea herejía, en una escritora cristiana, si no lo atribuyéramos benig- 
namente á la comezón y vanidad con que alardeaba de naturalista. 
M. Pelayo, Crít. liter., 4." serie, pág. 286: "La señora Pardo Bazán, 
cuyo vivo y gracioso dilettantismo é ingeniosa curiosidad siempre des- 
pierta son capaces de amenizar el asunto más árido é interesar al es- 
píritu menos literario." J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 255 : 
"£Z Tesoro de Gastón... es obra de la infatigable y fecunda doña 
Emilia Pardo Bazán. Y es, á mi ver, una de sus mejores obras. La 
facilidad, la gracia y la ligereza impetuosa del estilo de doña Emilia 
son tales, que si ella adoptara el método de escribir de los clásicos an- 
tiguos, recelo yo que lo escrito por ella había de perder gran parte de 
su hechizo, consistente en lo espontáneo, natural y casi impremeditado 
de lo que escribe... Se diría que doña Emilia se siente más inspirada 
cuando habla de su tierra y nos la retrata... En mi sentir, lo que, ha- 
cia el fin, echa á perder un poquito todas estas excelencias, es la ma- 
nía de lo didáctico, algo dislocada en esta ocasión ó, como si dijéra- 
mos, fuera de su sitio." M. Romera Navarro, El Hispanismo en Nor- 
teamérica, 1917, pág. 389: "Cierto anónima escritor... celebra El Cism 
de Vilanwrta como la más perfecta expresión acaso de su credo artís- 
tico. Por su crudo realismo y despiadada lógica, por su concienzudo 
dibujo de tipos antipáticos, nadie creería que la novela en cuestión hu- 
biera salido de la mente de una mujer. Y como aquélla, en realismo y 
fidelidad á la naturaleza y la vida, todas sus demás novelas. Vémosla 
refrenar de continuo su poesía y latente romanticismo. Constantemen- 
te sacrifica su sexo á su arte. El resultado vale el sacrificio... Le re- 
conoce, además, como crítico, un gentil y apacible encanto que, por 
exces'ivo derroche de vigor, falta á veces en sus novelas." Martínez 
Sierra, La Feminidad de doña Emilia Pardo Bazán : "Hiombres pin- 
tan mujeres y mujeres hombres, no tanto como son cuanto como 
quisieran que fuesen. Y esta feminidad indudable es la que ha he- 
cho caer no pocas veces sobre el arte de doña Emilia el anatema de 
la inmoralidad; no porque sus revelaciones sean más atrevidas ó 
más picantes ó tengan más subido color que las de los noveladores rea- 
listas, sino porque son otras y desacostumbradas. ¿Es más atrevido 
hablar del bien formado musJo de un maestro de esgrima que de las 



i80 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

incitantes caderas de una modistilla? ¿O decir el gozo que da el 
cosquilleo de aquel bigote sobre la nuca de Asís Taboada, que la 
voluptuosidad de aquella manecita que, colocándose cuello abajo, va 
halagando la espalda de Pedro Sánchez? De carne somos hombres 
y mujeres, y el halago de la carne contraria eternamente nos ha de 
deleitar y rendir... ¿Y ha de sonarnos á inmoralidad q^ie una mujer 
exclame: ''Señor, ¿por qué no han de tener las mujeres derecho 
"para encontrar guapos á los hombres que lo sean, y por qué ha de 
"mirarse mal que lo manifiesten"?, y añada luego: "Si no lo deci- 
"mios, lo pensamíos." Cansinos Assens, Las Escucl. liter., 1914, pági- 
na 227: "La obra literaria de una Condesa de Pardo Bazán es una 
cosa seria y sólida como un monumento de esfuerzo masculino. Pero 
la nota íntima y confidente, la revelación personal, la voz femenina 
no canta en los libros de nuestras escritoras. Inútilmente buscaría- 
mos en nuestra literatura libros de confesión entrañable como cual- 
quiera de los de Margarita Andoux, de la Condesa de Noailles ó de 
Mme. Delarne Mardrus." Andr. González Blanco, Hist. nov., pá- 
gina 457: "En muchas ocasiones se le ha repetido que no está exen- 
ta de cierta frialdad que hasta ahora nunca nos pareció muy feme- 
nina. (Sin embargo... la escena nocturna del estudiante con la cria- 
da. Aquí hay más que ternura: hay lo que llamaran empalago...) 
¡Qué hermosa escena no se podría elaborar, por ejemplo, con la 
evocación de la iniciación de una virgen en el acto sexual ! ¡ Qué re- 
velaciones no se nos harían con la manifestación de sus más ínti- 
mos sentimientos en los instantes más terribles de la vida, que para 
la mujer está más llena de peligros y caídas! Algo de esto nos ha 
descubierto la doctora laica..., la maravillosa autora de La Piedra 
angular, en los capítulos más importantes de La Tribuna. En Espa- 
ña no tiene precedentes la revelación femenina antes de la autora de 
La Madre Naturaleza...; Insolación, para el estudio del alma feme- 
nina... "'Siempre me agradaron (dice la autora de Morriña en los 
"Apuntes autobiográficos que preceden á Los Pacos de Ulloa) los 
"escritos de carácter confidencial, en que un autor se revela y des- 
"cubre, dando al público algo de su propia vida..." Da á luz su pri- 
mer ensayo, Pascual López, que no se resiente de otro defecto que 
de cierta desorientación en el terreno de la novela moderna... Dis- 
traída algún tiempo de la novela por una racha de sedante misti- 
cismo, cuyas causas con tan 'encantadora é insuperable ingenuidad 
describe en sus Apuntes, da á luz su formidable San Francisco de 
Asís, que fué seguido casi inmediatamente por Un viaje de novios, 
novela que marca la introducción del naturalismo en España y que 
quedará como piedra miliaria... Cúpole á D." E. P. B. la honra ó el 
deshonor, que eso va en gustos estéticos, de ser la introductora del 
naturalismo en España, no tanto práctica como teóricamente. Y no 
os asombre por eso que pella de cieno amasada por tan gentil y 
blanca mano fuese convertida en perla de las más límpidas y re- 



S. XIX, 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 28 1 

fulgentes... Hubo titubeos y paréntesis de indecisión en sus prime- 
ras obras. Cuando escribió Un maje de nomos le antepuso un pró- 
logo lleno de distingos y circunloquios, abogando por una nueva 
fórmula novelesca; pero una fórmula que no fuese traducción lite- 
ral de la novela experimental reinante entonces en Francia... Hu- 
biera deseado más españolismo, más jugo natal (¡ Pues ahí tenía el 
realismo de Galdós y Pereda!)... Esta gentil dama se haya intere- 
sado por nuestra marcha política, y en periódicos, revistas, libros, 
haya dado su opinión, más ó menos equivocada, porque condición 
huníana es errar; pero sincera, sentida y con firmeza revelada, so- 
bre asuntos ;políticos, sobre todo lo que pudiera afectar á la vida 
nacional. Por estas admirables condiciones de ser generosa paladina 
de cuanta causa noble sostuvo, han llovido sobre doña Emilia dicha- 
rachos groseros y maledicendias del arroyo... No podía menos de 
sentirse condolida al observar el miserable estado en que se hallaba 
la novela española (¡en manos de Pereda y Galdós!), y como para 
galvanizar este inanimado cuerpo no se veía otro recurso que una 
fuerte impregnación francesa, de lo cual no podía menos de lamen- 
tarse esta española de pura sangre, que, por otra parte, era tan leída 
y diserta en todo lo que fuera cultura, no sólo exclusivamente 
francesa, sino europea y mundial. Por todo lo cual, en el bien pen- 
sado y bien escrito prólogo de Un zñaje de novios, protestó en for- 
ma vigorosa, aunque algo injusta, contra la intrusión del realismo 
francés en la novela española: "iCum^le añadir que el discutido gé- 
''iiero francés me parece una dirección realista ; pero errada y tor- 
"'cida en bastantes respectos. Hay realismos de realismos, y pienso 
"que á ése le falta, ó más bien le sobra, algo para alardear de género 
^'de buena ley y durable influjo en las letras. El gusto malsano del 
"público ha pervertido á los escritores con oro y aplauso, y ellos to- 
"man por acierto suyo lo que no es sino bellaquería é indelicadeza de 
"los lectores. No son las novelas naturalistas las que mayor venta y 
"boga alcanzaron, las más perfectas y reales, sino las que describen 
"costumbres más licenciosas, cuadros más libres y recargados de co- 
"lor. ¿Qué mucho que los autores repitan la dosis? Y es que antes se 
"llega á la celebridad con escándalo y talento que con talento solo; y 
"aun suple á veces al talento el escándalo. Zola mismo lo dice: "El 
"número de ediciones de un libro no arguye mérito, sino éxito..." No 
"censuro la observación paciente, minuciosa, exacta, que distingue á 
"la moderna escuela francesa, al contrario, la elogio; pero desaprue- 
"bo como yerros artísticos la elección sistemática y preferente de 
"asuntos repugnantes ó desvergonzados, la prolijidad nimia, y á ve- 
"ces cansada, de las descripciones, y, más que todo, un defecto en 
"que no sé si repararon los críticos : la perenne solemnidad y triste- 
"za, el ceño siempre torvo, la carencia de notas festivas y de grac'a 
"y soltura en el estilo y en la idea. Para mí es Zola, con su inmenso 
"talento, el nías hipocondríaco de los escritores habidos y por ha- 



282 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

'"ber; un Heráclito que no gasta pañuelo, un Jeremías que así llora 
"la pérdida de la nación por el golpe de Estado como la ruina de 
'"un almacén de ultramarinos. Y siendo la novela por excelencia 
•'trasunto de la vida humana, conviene que en ella turnen, como en 
"nuestro existir, lágrimas y risas, el fondo de la eterna tragicome- 
"dia del mundo. Estos realistas flamantes se dejaron entre bastido - 
"res el puñal y el veneno de la escuela romántica; pero, en cambio, 
"sacan á la escena una cara de viernes mil veces más indigesta y 
"vaporosa... ¡Oh, y cuan sano, verdadero y hermoso es nuestro rea- 
"lismo nacional, tradición gloriosísima del arte hispano ! ¡ Nuestro 
"realismo, el que ríe y llora en la Celestina- y en el Quijote, en los 
"cuadros de Velázquez y Goya, en la vena cómicodramática de Tir- 
ase y Ramón de la Cruz ! ¡ Realismo indirecto, inconsciente, y por 
''eso mismo acabado y lleno de inspiración ; no desdeñoso del idealis- 
"mo, y gracias á ello, legítima y profundamente humano, ya que, 
"como el hombre, reúne en sí materia y espíritu, tierra y cielo ! Si 
''considero que aun hoy, en nuestra decadencia, cuando la literatura 
"apenas produce á los que la cultivan un mendrugo de amargo pan, 
"cuando apenas hay público que lea y aplauda, todavía nos adornan 
"novelistas tales, que ni en estilo, ni en inventiva, ni acaso en pers- 
"picacia observadora, van en zaga á sus compañeros de Francia é 
"Inglaterra (países donde el escribir buenas novelas es profesión, á 
"más de honrosa, lucrativa), enorguUézcome de las ricas facultades 
"de nuestra raza, al par que me aflige el mezquino premio que lo- 
"gran los ingenios de España; me abochorna la preferencia vergon- 
"zosa que tal vez concede la multitud á rapsodias y versiones pési- 
"mas de Zola, habiendo en España á Galdós, Peredas, Aíarcones y 
"otros mlás que om/ito por no alargar la nomenclatura." (Después 
de leído este trozo de la Pardo Bazán, se pregunta uno: ¿Pues no 
dice González Blanco que ella trajo el naturalismjo á España y que 
creía que hacía mucha falta...? Sigue González Blanco:) "Esto 
era en el año de gracia de 1881. Tres más tarde, en 1884, podía 
renovar en el prólogo de su tomo de novelas cortas, titulado La Dama 
joven, su concepción del naturalismo, un naturalismo intermedio, tra- 
dicional... Muchos son los que creen á D." E. P. B. una simple engarza- 
dora de vocablos repulidos y rebuscadora de giros elegantes, que se da 
el gusto de escribir en los ocios que le prodiga su vida de señora bien 
acomodada, por mostrar hasta dónde puede retorcer su ingenio y fle- 
xibilizar sus mágicas facultades intelectuales, haciendo lo que quiere 
con el habla castellana. (Con perdón de González Blanco, ningún crí- 
tico de peso alabará nunca el casticismo y señorío del castellano de 
la Pardo Bazán...) D.*^ E. P. B, desenredó el idioma español de las 
tupidas zarzas y malezas que por mucho tiempo lo obstruyeron, aua 
en manos de los más expertos hablistas (Yo creo que de los buenos 
escritores es ella uno de los peores, cuanto al castellano.)... La Tri- 
buna entraba ya decididamente, por clasificación rigurosa, en el ca- 



S. XIX^ 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 283 

tálogo de obras naturalistas. (¿No acabamos de ver que un año an- 
tes, en Un viaje de novios, había abominado del naturalismo?)... Era 
naturalista por todos conceptos : por su modo de exposición, absolu- 
tanKente impersonal y objetivo; por la elección de un asunto, escabro- 
so, según el sentir común; humano, y, por lo tanto, digno del arte, al 
parecer de las personas juiciosas; por la introducción del lenguaje 
popular, aun siendo éste dialectal y bronco, de la miás baja extracción 
(i Como si Galdós y Pereda no se le hubiesen en ello adelantado!)... 
A La Tribuna siguió La Dama joven, colección de novelitas cortas y 
cuentos largos, donde alternan las crudezas naturalistas de Bucólica 
con las legendarias idealidades de La Borgoñona, y el cuento de te- 
sis, aunque sea no buscada por la autora, con el análisis de la pasión 
científica. Tras de la cual colección tenemos El Cisne de Vilamorta, 
que es profundamente naturalista por el análisis y por la observa- 
ción... Vienen luego Los Fazos de Ulloa y La Madre Naturaleza, 
dos novelas cíclicas, seriales, en las cuales, si el naturalismo de pro- 
cedimiento y de técnica florece en todo su esplendor, muéstrase tam- 
bién un exuberante panteísmo, muy común en los autores natura- 
listíis, con derroche de vegetación y de follaje esparcido en des- 
cripciones pomposas... Una reacción espiritualista se inicia en Una 
cristiana y La Prueban Por su autoridad, no puede pasarse en si- 
lencio el juicio de Fitzmaurice-Kelly, si se refiere á todos los auto- 
res de novelas, no sólo á las autoras: "La señora de Quirós... es, 
indudablemente, la mejor novelista que ha producido España en 
el siglo XIX." Para mí lo indudable es que Valera, Palacio Valdés 
y Blasco Ibáñez ganan á la Pardo Bazán y que ni comparación 
admite con Galdós y Pereda. El público español y la crítica en 
España son de la misma opinión. Cuanto al porvenir, me sospecho 
que como toda obra que debe mucho á la moda efímera de un día, 
las de la Condesa no habrán de resistir tanto como las de todos estos 
novelistas. "iSe la considera, añade el escritor inglés, y celebra coma 
escritora naturalista, y como la manía del naturalismo acabó ya, la 
mejor parte de sus creaciones le parece pasada de m^oda á !a nueva 
generación." Se empeñó la Condesa en tener estatua y la logró en 
La Coruña (1916). Pretendió por todos medios entrar en la Acade- 
mia y Valera se le rió en su barbineta con el chistoso folleto Las 
Mujeres y las Academias (1891). Dijo, y escribió, que sus sueños do- 
rados habían sido siempre ser catedrática {catedrático, según ella) y 
que no había de morir sin serlo. Efectivamente, lo fué por concur- 
so de Burell y por oposición del Claustro (1916). Julio Burell, mi- 
nistro de Instrucción pública, consultó al Consejo de la misma, y en 
sesión de poquísimos, y aun uno discrepante, se le respondió que con- 
sultase al Claustro; el Claustro respondió negándose á tal pretensión; 
la Academia dio largas por no dar su negativa. Pasando por todo, el 
Ministro la nombró para una nueva cátedra de Literaturas románi- 
cas, cuando se había quitado la de Lenguas románicas, que era su 



284 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

fundamento. Verdad sea que este mismo Ministro ha sido de lo más 
desgraciado para nuestra cultura que ha pasado por aquel cargo. 
Por no sé qué cuento de Cristo en Fornos, asunto que tomó de otro, 
los periódicos se empeñaron en mJeterle en la Academia y lo consi- 
guieron, porque su presidente, Antonio Maura, deseaba llevar allá 
periodistas, como llevó á Cavia. El mismo Ministro, siempre alabado 
por los periodistas, que le llaman El Maestro Burell, entre quienes y 
otros amigos, mostrábase generosísimo en su ministerio, dando colo- 
caciones en la enseñanza y otras prebendas, llegó hasta decretar la 
supresión de reválidas, Memorias doctorales y grados de doctor y 
licenciado, faltando á varios artículos de la ley y sin consultar al 
Consejo ni á la Universidad, la cual le expuso revocase tal decreto 
y la consultase en casos parecidos. El no había razonado la supresión ; 
pero creyó hacerlo en carta periodística, donde decía que se daban 
pocos suspensos. Al grado de doctor nadie se presenta sin que el tri- 
bunal haya visto la Memoria y aprobádola; los pocos suspensos en 
otros grados, si bien prueban demasiada lenidad en los tribunales, no 
menos muestran que se desechan, por lo menos, los más ignorantes 
y verdaderos asnos que mañana tendrían acreditada su falsa suficien- 
cia para ejercer. Suprimiendo los grados, el Ministro púsoles á esos 
asnos la borla de doctor corm) á los demás dándoles como aptos y 
con la fianza del Estado para embrollar pleitos ó matar dolientes. 
A tal extremo de bajezas hemos llegado. La Academia se llena de 
gentes desconocidas, de verdaderas ramplonerías. En los periódicos 
apenas hay hombres de entereza ni ilustración y no se admite más que 
lo que les conviene. La incultura y la cobardía señorean en las Cáma- 
ras, donde se deja al Gobierno hacer las leyes que ellas debieran ha- 
cer, y así hácese todo por Reales órdenes y decretos. 

Em. Pardo Bazán : Estudio sobre el darwinistno. Los Poetas épi- 
cocristianos, Dante, Tasso, Milton; 2." serie, Hojeda, Klopstok, Cha- 
teaubriand (en La Ciencia Cristiana) ; Madrid, 1895 (2.^ ed.). Estudio 
crítico de las obras del P. Feijóo, premiado por la LPfíiversidúd de 
Oviedo en i8'¡^g. Pascual Lopes, autobiografía de un estudiante de 
Medicina (en Rev. Esp., 1879, ts. XLVIII-LXX) ; Madrid, 1879, 
1889. El Ri:;o del Nazareno (en Rev. Esp., 1880, t. LXXVII). Jaime, 
poetna, Madrid, 1881. Un viaje de novios, 1881. Sa>i Francisco de 
Asís y la poesía (en Rev. Esp., 1881, t. LXXXII). San Francisco de 
Asís, dos vols., Madrid, 1882, 1903. La Tribuna, 1883. La Cuestión 
palpitante artículos de estética y crítica literaria con prólogo de "Cla- 
rín^', 1883, 1891, y antes en El Imparcial. Contestóle Francisco Díaz 
y Carmona con La Novela naturalista en La Ciencia Cristiana (1884- 
8), y Valera. Bucólica, nov. (en Rev. Esp., 1884, ts. XCVIII-XOX). 
El Cisne de Vilamorta, 1885. La Datna joven. Bucólica, etc., Barce- 
lona, 1885. Fortuna española de Heine (en Rev. Esp., 1886, t. XC). 
Los Pacos de Ulloa (con Apuntes autobiográficos), dos vols., Ma- 
drid, 1886, 1892. La Revolución y la novela en Rusia, tres vols., ibid., 



S. XIX, 1879. EMILIA PARDO BAZÁN 283 

1887, 1893. La Leyenda de la Pastoriza, La Coruña, 1887. El Príncipe 
amado, cuento. Literatura y otras hierbas (en Rev. Esp., 1887, 
t. CXVII). La Madre Naturaleza, Barcelona, 1887. Mi romería, 
epístolas (en El Impardal) ; Madrid, 1888, 1893. ^^ ^^ tierra, ibid., 

1888, 1893. La Pedagogía en la literatura del Renacimiento, confer.^ 

1889, Insolación, historia amorosa, 1889. Al pie de la torre Eiffel, 
1889, 1899. Morriña, 1889. Mvrrión y boina, 1889. Propiedad y fami- 
lia, 1889. Una cristiana, 1890. La Prueba, 1890. Nuevo teatro crítico^ 
1891-1893. Liñs Colotna, 1891. Cuentos escogidos, Valencia, 1891. 
La Piedra angular, Madrid, 1891. Cuentos de Marineda, 1892. Inso- 
lación y Morriña, 1892. Polémicas y estudios literarios, 1892. Cuentos 
nuevos, 1894. Adán y Eva, Doña Milagros, 1894. Arco iris, cuentos, 
1895. Por la España pintoresca, 1895. Novelas cortas, 1896. Hombres 
y mujeres de antaño, 1896. Vida contem.poránea, 1896. Adán y Eva y 
Memorias de un solterón, 1896. El Tesoro de Gastón, 1897. Un salu- 
do de las brujas, 1898, 1909. El Vestido de boda, monóL, 1898. Cuen- 
tos de amor, 1898. Cuentos sacro profanos, 1899. La España de ayer 
y la de hoy, confer., 1899. Un destripador de antaño, 1900, 1913. Cua- 
renta días en la Exposición, 1900. En tranzna, cuentos dratnáticos, 
1901. De siglo á siglo (1896-1901), 1902. Cuentos de Navidad y Reyes, 
etcétera, 1902. Por la Europa católica, 1902. Misterio, 1903. La Suer- 
te, dial, dram,, 1904. Discurso á la memoria del poeta I. M. Gabriel y 
Galán, Salamanca, 1905. La Quimera, Madrid, 1905. Verdad, dr. (sil- 
bado), 1906. Cuesta abajo, com. (id., 1906). Lecciones de literatura, 
1906. Novelas ejemplares, 1906. La Dama joven y Bucólica, 1907. El 
Fondo del alnta, cuentos, 1907. Retratos y apuntes literarios, 1908. La 
Sirena negra, 1908. Teatro, 1909. Sud-exprés, 1909. La Literatura 
francesa moderna, dos vols., 1910. Dulce dueño, 1911. Belcebú, nove- 
lan cortas, 1912. Cuentos trágicos, 1912. La Cocina española antigua,. 
1913. Hernán Cortés y sus hazañas, 1914. Porvenir de l-a liter, des- 
pués de la guerra, confer., 1917. En Esp. Mod. : Morrión y boina, 
1889 (En.). La Leyenda de José y la de Alej, Magno por F. Guillen 
Robles, 1889 (En.). La Cuestión académica, 1889 (Febr.). Mezclilla 
por "Clarín^', 1889 (Febr.). De la poesía gallega, por el Marqués de 
Figueroa, 1889 (Febr.). La Eloisa portuguesa (Sor Mariana Alco- 
furado), 1889 (Jun.), Estudios sobre España, por Jorge Huneeus 
Gana, 1889 (Jun.). Cartas sobre la Exposición, 1889 (Jul.-Oct.). Un 
destripador de antaño, 1890 (En.). Ultimes modas literarias, i8go 
(Febr.). Travesura pontificia, 1890 (Marzo). Poesías del Duque de 
Rivas, 1890 (Marzo). La Mujer española, 1890 (Mayo-Ag.). Dos ci- 
dianistas extranjeros, 1890 (Nov.). Planta montes, 1890 (Dic). Lar 
Tapias del camposanto, 1891 (En.). Edm. Goncourt y su hermano, 
1891 (Marzo). Teoría del consuelo, 1892 (En.). El Dr. Pascual, por 
E. Zola, 1893 (Set.). Adán y Eva, 1894 (En.-Mayo). Los Poetas épi- 
cos cristianos, 1894 (Nov.-Dic). Los Tres arcos de Cirilo, 1895 (En.- 
Febr.). Un drama, 1895 (Mayo-Jul.), Un viaje por España, 189S 



286 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

(Nov.). Adán y Eva (Ciclo), Memorias de un solterón, 1896 (En.- 
Mayo). El Saludo de las brujas, 1897 (En.-Jun.). Escritores france- 
ses contemp. Eduardo Rod, 1897-98 (Dic.-En.). El Niño de Gusmán, 
1899 (En.-Marzo). La Liter, tnod. en Francia, 1899-1909 (ts. CXXXII- 
CCXLI). Filosofía de la longevidad, 1901 (Jul.). Consúltense: Andrés 
González Blanco, Los Pasos de UUoa, en La Lectura (1908, Ener.- 
Febr.) ; ídem, Hisíor. de la novela en España, Madrid, 1909; H. Ke- 
ller-Jordán, Enu P. Basan, 1905 (en Beilage c^ir Allgemeinen Zeitung, 
nr. 129, 419-422) ; G. Martínez Sierra, La Feminidad de E. P, B., 
1905 (en Nuestro tiempo, V^, 317-324). 

77. Año iSyg. José Ortega Munilla (n. 1856-), de Cár- 
denas (Cuba), en España desde niño, por seud. Beltenehrós^ 
Boulevardier y Pctrus fecit^ redactor de La Iberia^ El Par- 
lamento, Los Debates^ El Imparcial (1879) y su director por 
muchos años, fué incansable trabajador, de alma siempre 
moza, gran periodista, gran conocedor de la politica en sus 
artículos de fondo y ameno cronista de los acontecimientos 
del día en estilo literario, bien colorido, que tiende á dar la 
sensación de las cosas, no contento con anunciarlas periodís- 
tica y escuetamente. Ganoso de romper una lanza, ó algimas 
docenas, si se terciase, por el naturalismo, á la sazón boyante, 
escribió, demasiado á vuela pluma, relaciones, cuentos y nove- 
las de genial novedad, con talento y rica fantasía, aunque so- 
brepujando los arrestos á las facultades del escritor y mirando 
la realidad como con vidrios de aumento, según su tempera- 
mento ardiente y romántico, derrochó no poco fárrago retórico 
en tono y metáforas, con ciertos pujos de filosofía entreverada 
de pueriles candideces, poco realismo natural y sentido y más 
de postizo y funambulesco en estilo y lenguaje que de pictó- 
rico y propio. 

Ceferino Falencia (n. 1859-), de Fuente de Pedro N^- 
harro (Cuenca), empresario del Español (1885-1908). casado 
con la actriz María Tubau, poeta no vulgar y versificador in- 
tachable, pero, sobre todo, de esmerado gusto; compuso para 
el teatro obras de corte ayalesco, como Niei'es (1893), aunque 
es de argumiento antipático y feo, por suplir con osadías la 
falta de grandezas reales. Mostróse buen observador en Ca- 
rrera de obstáculos (1880), El Guardián de la casa (1881), Ca- 
riños que matan (1882), La Charra (1884), Com)ediantes y to- 
reros en la Vicaría (1897), etc. 



S. XIX, 1879. JOSÉ ORTEGA MUNILLA 287 

José de Siles, escritor culto y muy leído, fecundo poeta 
y novelista, fallecido poco ha, redactor de El Pueblo y La Epo- 
£0^ director de El Mundo Artístico (1889). 

78. Félix Rossell (en Rev. Esp., Marzo 1879) : "La Cigarra (de 
Ortega Munilla) es una novela interesante por su asunto y verdadera- 
rrtente deliciosa por la forma..., por el fácil artificio del diálogo y por 
la belleza y gracia de las descripciones." ídem (ibid.. Agosto) : "Si en 
aquélla (La Cigarra) dio indicio de ser un cumplido y correcto escri- 
tor, en ésta {Lucio Tréllea) ha probado sus excelentes dotes de nove- 
lista y dado muestras de su florida imaginación y fecunda fantasía...: 
pinta en esta obra con vivos colores escenas de la vida madrileña."' 
J. Valera: "Sus obras descriptivas podrán leerse siempre con agrado." 
ídem: "'Ha pintado en Panza al trote, no una regocijada fiesta cam- 
pestre, sino una horrible danza macabra; la pintura tristísima de los 
vicios, de las miserias y de cuantos males afligen al hombre." Clarín, 
Sermón perdido, 1885, págs. 237-8: "Diré dos palabras de Ortega 
Munilla, de cuyos buenos comienzos fui yo uno de los más vocingleros 
heraldos. Y no me pesa. Insisto en creer que Ortega podría ser, con 
-el tiempo, todo un novelista notable, si tomase más en serio la voca- 
ción. ¿Qué necesita para ello? Varias cosas: estudiar mucho más, 
imitar mucho menos y no escribir á destajo. ¿Quién le ha metido á 
revistero de semana? (Ya sé quién; pero lo pregunto retóricamente.) 
El no sirve para eso; su estilo, que se hace churrigueresco en esa 
"Agenda" hebdomadaria, había nacido para ser gala de nuestras le- 
tras, si lo limitaban y contenían ; pero Ortega, en vez de aprovechar 
aquella delicadeza de sentido que tenía en la pluma, la consintió en 
•degenerar en enfermizo prurito, y ahora no cabe alabarle sincera- 
mente como futuro artista de la palabra, cual yo lo hice en otro tiem- 
po con mucho gusto y muy convencido. Hoy ha pasado á la categoría 
de los lugares comunes el decir que Ortega "se está echando á perder", 
y hasta en el éxito de sus novelas se conoce este menosprecio de la 
opinión, injusto en gran parte, sobre todo precipitado. Compárese la 
acogida que tuvo La Cigarra con la que mereció El Fondo del tonel, 
de que no ha hablado nadie. Yo vería con mucho gusto al autor de Sor 
Lucila abandonar géneros que no son para él, para volver al punto 
de partida, que era un amanecer del día claro. (Todo se pega, menos 
la hermosura.)" Andrés González Blanco, Hist, nov., pág. 661: "Fué 
«n los tiempos de pugna, en que el naturalismo libraba sus batallas en 
España, un adalid denodado, más generoso que certero en su punte- 
ría y con más arrojo que tesón en defender las posiciones ocupadas 
y arrojar al enemigo de las suyas. Escribió un sinnúmero de novelas, 
muy leídas, muy compradas por el público, que conocía la firma como 
director de la hoja literaria de Los Lunes de ''El hríparcial" \ pero 
poco halagadas por la crítica, que veía en ellas (y con razón) mucho 



288 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

dislocamiento á través de mucha genialidad, mucho prurito de ori- 
ginalidad sintética y novedad en las metáforas; todo esto en medio 
de un fárrago retórico que ahogaba al lector." J. Ortega Manilla: La 
Cigarra, relación contemporánea, Madrid, 1879, 1880; Sevilla, 1882. 
Lucio Tréllez, reí, cont., Madrid, 1879, 1890. Sor Lucila, reí. cont., 
continuación de La Cigarra, ibid., 1880. El Tren directo, reí. cont., 
1880. Don Juan Solo, 1880, Viñetas del Sardinero, relaciones, ibid., 
1880. Panza al trote, 1880, 1883. El Salterio, cuentos y apuntes, Sevi- 
lla, 1881. El Fondo del tonel, reí. cont., Madrid, i88r, dos vols. El 
Fauno y la driada, cuentos, Sevilla, 1882. Pruebas de imprenta, cuen- 
tos y artículos, Madrid, 1883. Cleopatra Pérez, reí. cont., ibid., 1884. 
Orgía de hambre, nov., ibid, 1884. Los Lunes de "El Imparcial", cróni- 
cas, ibid., 1884. Mares y Montañas, ibid., 1887. Idilio liígubre, nov., Bar- 
celona, 1887. Viajes de un cronista, Ivl^adrid, 1892. La Viva y la nwerta, 
páginas infantiles, ibid., 1895. Fifina, cuentos y esbozos, Barcelona 
(1897). Tremielga, cuentos, Madrid, 1900. Discurso en la Acad., ibid., 
1902. Frateretto, cuento, París, 1914. Doro en el nwntc, 1915. El Paño 
pardo, nov., Madrid, 1916. La Calandria, Rey^ de Morelia, 1917. Es- 
trazilla, nov., 1917. Estrazilla, dr., 1917. La Señorita de Cisniega, nov., 
Barcelona, 1918. En la Rev. España: Crónica de teatros (1878, to- 
mo LXIV). El Año teatral (1879, t. LXX). Cleopatra Pérez, relac. 
contemp, (1884, t. XCIX). Doro en el monte (en La Lectura, 1917). 
Consúltese J. V^alera, La Labor Uter. de Ortega Munilla, en el t. II 
de sus Obras. 

Obras de Cef. Falencia: El Cura de S. Antonio (1879). Carrera 
de obstáculos (1880). El Guardián de la casa (1881). El Desquite (1881). 
Cariños que niatan (1882). La Charra (1884). España, zarz. (1890). 
Nieves (1894). Comediantes y toreros en la Vicaría (1897). Pepita 
Tudó (1901). Las Alegres comadres (1907). La Nube (1908), Al amor 
de la lumbre (1910). La Mala estrella (1910). La Bella Pinguito (1915)» 
Monólogos: ¡Qué vergüenza! (1885). Decíamos ayer (1893). •^'' ^^~ 
vicia (1897). Más de 30 arreglos ó traducciones firmadas por Pedro 
Gil y Pedro Fernández. 

José de Siles: Lamentaciones, poesías, 1879. Kristián, poema dra* 
mático, 1879. Imago, poema, 1882. El Diario de un poeta, poema, 
1885, Bellas Artes, 1887. Historias de amor, 1887. La Seductora, nov., 
1887. Un Joven sensible, 1888. Gran espectáculo, 1889. Juana Placer, 
1889. La Vida pobre, i88f>. Sonetos populares, 1891. El Asesino de 
Lázaro, 1892. La Hija del fango, 1893. Relatos trágicos (con C. Rubio 
y J, Comas), 1893. La Lira nueva, traducciones, 1895. Boda buena y 
boda mala, 1895. Los Mil y un cuentos, 1896-97, cinco vols. Las Prir 
meras flores (1871-79), poesías, 1898. Noches de insomnio, poesías 
(1880), 1898. El Demonio moderno, com., 1901. Certamen de flores, 
T902. Los Fantasmas del mundo, poemas, 1903. La Niña del franle, 

1904. El Drama del Calvario, ley., 1905. El Lobo y la oveja, cuentos, 

1905. La Casa de la alegría, cuentos, 1905. La Novia de Luzbel, cuen- 



S. XIX^ 1879. LUCIO VICENTE LÓPEZ 289 

ios, 1905. Acuarelas de redondel, 1905. El Cincel y la paleta, 1905. 
El Paraíso de los pobres, cuentos, 1905. El Carnaval eterno, sátiras, 
J905. El Calavera, com., 1909. La Chusma, 1910. El Barón de chicha y 
nabo. La M.usa retozona, poesías cómicas, satíricas y picarescas. 

79. Año 1879. Lucio Vicente López (i 848-1 894), nació 
en Montevideo, donde se hallaba su padre Vicente Fidel López, 
perseguido por la tiranía. Como él y su abuelo Vicente López 
y Planes, fué Lucio político, escritor y, además, secretario de 
Juan M.' Gutiérrez. Graduado en Buenos Aires (1872), terció 
en las luchas parlamentarias de 1876 á 1880, enseñó Historia 
y escribió la de la época colonial de la Argentina. De su viaje 
á Europa (1880) salieron los Recuerdos de un viaje, obra ame- 
na y sinceramente escrita. Fundó Snd América, donde publicó 
la celebrada novela, ya casi naturalista, La Gran aldea (1884), 
que recuerda algo el humorismo de Dickens. Enseñó Derecho, 
fué ministro del Interior (1893) y murió en duelo. 

Alberto del Solar (n. 1860-), chileno, secretario de la 
Embajada extraordinaria en INTadrid (1884), diplomático y mi- 
litar, escritor afluente, fácil y de remirada forma, publicó obras 
dramáticas algo echegarayesoas, poesías un poco á la antigua y 
estudios filológicos é históricos. El drama Chacabuco está re- 
ciamente trazado. Rastaquoiiere son cuadros de costumbres 
parisienses, vistos por un nuevo don Frutos de Belchite, que 
por serlo de AiTuérica, con su afán de aparentar, se deja coger 
en las redes inocentermente. 

Alberto Navarro Viola (i 856- i 885), poeta argentino 
que dijo: "¡La vida es el placer de recordarla!" Sincero, fo- 
goso y musical, melancólico á veces ; las más, valiente polemis- 
ta, que más bien que adróirar y sentir, hacía pensar, en su pri- 
mera época didáctica, pero que poco á poco fué haciéndose más 
soñador poeta y menos pensador maestro. Tradujo bastante y 
fundó el Anuario Bibliográfico (1879-1887), nueve vols., don- 
de mostró sus dotes de crítico. 

80. Martín García Mérou, Recuerdos Liter., 1915, pág. 355: "Lu- 
cio V. López, literato esclarecido, poeta en su juventud, periodista 
punzante, que maneja la sátira con una habilidad temible y abruma- 
dora... Es el que ha penetrado más á fondo y ha permanecido más 
tiempo en la literatura... El brillo incomparable de su espíritu, nu- 

TOMO IX. — iq 



ago SEXSUNDO período de la época realista (1870-1887) 

trido de savia y de vigor, lleno de fresca robustez y de frondosidad 
lozana... ¡Qué talento admirable de historiador y literato... La belleza 
elocuente de su estilo, la intensidad de su fondo y el magnífico des- 
arrollo de sus temas, variados é interesantes (Recuerdos de viaje). Es 
el libro de un escritor brillante y de un pensador concienzudo." Alva- 
ro Melián Lafinur, Introd. á Escrit. liter. de Avellaneda, 1915: "En 
cuanto á Lucio López, con la admirable aptitud del retrato y la cari- 
catura á lo Dickens se destaca por la intención mordente y la ele- 
gancia sutil." Lecciones de historia argentina, B. Aires, 1879. Recuer- 
dos de viaje, ibid., 1881, 1915. La Gran Aldea, nov., ibid. , 1884, 1903. 

Alb. Solar: Juvenilia, versos, Valparaíso, 1879. Diario de Campa- 
ña (1879-81), París, 1886. De Castilla á Andalucía, ibid., 1886. Hniin- 
cahual, nov., ibid., 1888. Suerte de la lengna castellana, B. Aires, 1889. 
Valhuenismos y valbuenadas. Miscelánea. Rastaquouére, Buenos Aires, 
1890. Contra la marea, nov., ibid., 1894. El Mar en la leyenda y en el 
arte, confer., B. Aires, 1897. La Esfinge de plata, boceto de ópera. El 
Faro, dr., París, 1902 ; B. Aires, 1903. El Dr. Moris, com., B. Aires , 
1903. La Musa del taller, com., 1906. Chacabuco, dr., 1907. Un drama 
intimo, com., 1907. El Océano y El Firmamento, poemas, B. Aires, 
190S. Obras completas, París, 191 1, 10 vols., con pról. de Cario Alorla 
Vicuña. 

Martín García Mérou, Recuerdos Liter., 1915, pág. 138: "No es 
esta faz tierna y melódica la que caracteriza mejor el talento de Na- 
varro Viola. Era un combatiente valeroso y hacía servir el verso 
como arma polémica. Su modalidad literaria se diseña mejor en el 
Eduardo, que sacude los cascabeles de la musa rabelaisiana, en la pá- 
lida figura de Liana, en las profundidades del Lago dormido .. La 
rotundidad de esta estrofa, el timbre del verso, lleno de lirismo y de 
fuego se sostienen en todo el resto del canto (la visión del Dante)... 
Una tendencia digna de encomio: la de buscar la idea..., desechando 
la forma hueca. Pero esa tendencia, loable en todos los casos, le obliga 
á vestir algunas veces con paño burdo su pensamiento. Sus rimas sue- 
len ser millonarias; pero se presentan en ocasiones con trajes abiga- 
rrados y extraños, con un lujo chillón y de mal gusto. Su vocabulario 
es extenso; pero en él tienen cabida muchas expresiones poco á pro- 
pósito para ser empleadas en verso." "Navarro Viola, ha dicho Joa- 
quín Castellanos, no canta sus impresiones, las estudia ; no llora sus 
pesares, los analiza, los discute ; si celebra el amor, parece entrete- 
nerse en desmenuzar todos los componentes que le presta la imagina- 
ción y el sentimiento. De aquí que sus composiciones no nos hagan 
admirar ni sentir; nos hacen pensar. Yo encuentro un fondo de inde- 
finible belleza en esos cantos que tienen por sujetos sensaciones é ideas 
que viven en el mundo de las abstracciones ; yo encuentro poesía en 
ese esfuerzo visible de una inteligencia para exteriorizar, por medio 
de la palabra amasada en el molde del verso, lo que hay de más ínti- 
mo en el corazón y de más vago en el pensamiento, diseñando algu- 



S. XIX, 1879. ANTONIO RUBIO Y LLUCH 29 1 

nos cuadros de ese drama eterno que se desarrolla dentro de nosotros 
y cuyos personajes son los elennentos diversos que componen nuestro 
ser moral..." Sin poder aceptarse este juicio al pie de la letra, él tiene 
mucho de exacto y explica la poesía de Navarro Viola durante la pri- 
mera época de su vida. Pero, poco á poco, él pugnaba por emancipar- 
se de la tendencia docente... Los Nocturnos y Baladas pertenecen á 
ese período... I Qué suavidad melancólica!" Versos, B. Aires, 1882, 
dos vols. 

81. 'Año 187^. Antonio Rubio y Lluch (n. 1856-), de Valladolid, 
hijo de Joaquín Rubio y Ors, catedrático de la Universidad de Bar- 
celona, colaborador de muchos periódicos catalanes y americanos, 
condiscípulo y seguidor de M, Pelayo, hondo investigador de la his- 
toria de Cataluña y excelente crítico literario, publicó varias obras 
en catalán, sobre todo magníficos estudios en Anuaris del Institut 
dfEstudis Catalans^ acerca de los catalanes en Oriente, asunto princi- 
pal de sus trabajos, y el importante libro Docnments per I' Historia 
de la Cultura Catalana Mig-eval, Barcelona, 1908. En castellano: Es- 
tudio críticohiográfico sobre Anaa'eonte y la colección anacreóntica 
y su influencia en la literatura antigua y moderna, Barcelona, 1879. 
Estudios sobre los historiadores griegos acerca de la expedición cata-' 
lana á Oriente^ 1881 (en Rev. Cieñe. H-ist, Barc). El Sentimiento del 
honor en el teatro de Calderón, 1882. La Expedición y doMinación de los 
Catalanes juzgadas por los griegos, 1883 (en Mentor. Acad. B, Letr. 
Barc). Nicéforo Gregoras y la exped. de los catalanes en Oriente, 
1885 (en Museo Balear, ep. II, t. II). Biblioteca infantil históricobio- 
gráfica, 1885, dos vols. Los Navarros en Grecia y el Ducado catalán 
de Atenas en la época de su invasión, 1886. La Montálves {Correo de 
las Aldeas, de Bogotá, 1888). D. Miguel Antonio Caro (en La España 
Moderna, 1889-91). Homenaje á D. Miguel A, Caro (en La Nación, de 
Bogotá, 1889. El Duque de Almenara Alia y el Marqués de Villel (en 
el Correo de las Aldeas, 1889). Sobre un poeta español dcsconoóido 
(en el Correo de las Aldeas, 1889). D. Antonio de Trueba (en La Na- 
ción, de Bogotá, 1889). Las Poesías de D. Rafael Núñcz (en El Por- 
venir, de Cartagena, 1890). Revista literaria (en el Correo de las Al- 
deas, 1890). Comentarios á las cartas americanas de Valera (en el 
Correo de las Aldeas, 1890). Dos libros de Menéndez y Pelayo (en 
La Nación, de Bogotá, 1890). Recuerdos de Madrid (en La Defensa 
CatóUca, de Bogotá, 1892). Del americanismo en la poesía (en Anales 
de la Instrucción pública de Colombia, 1892). Historia de las ideas 
estéticas en España (en La Defensa Católica, de Bogotá, 1892), Can-> 
tos poéticos del argentino D, Caliixto Oyuela (en La Defensa Católica, 
de Bogotá, 1892). D. José Joaquín Ortiz (en La Defensa Católica, de 
Bogotá, 1892). Recuerdos del Centenario colombiano en Madrid (en 
Colombia Cristiana, de Bogotá, 1892). La Antología de poetas Ivispano- 
americanos de la Academia Española (en la Unión Católica, de Costa 



292 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Eica, 1892). Novelas griegas por Demetrio Bikelas, Jorge Drosinis, 
Argyros Eftaliotis, Constante Palomas y G. M. Vizyenos, traducidas 
del original, Barcelona, 1893. La Literatura colombiana juzgada por 
Mencndez Pelayo (en Telegrama, de Bogotá, 1894). Poesías de Anto- 
nio Gómez Res trepo (en la Unión Católica, de San José de Costa 
Rica, 1894). Don Juan León Mera (en La Vanguardia, de Barcelona, 
1895). La Lengua y la ciilt, cataL en Grecia en el s. xiv (en Honien. 
á M. Pelayo, 1899). Necesidad de la fraternidad literaria hispanoame- 
r-.cana {Mercurio, 1903). Sobre la novela Resurrección de D. José 
Rivas Groot (en el Correo Nacional, de Bogotá, 1903). Impresiones 
sugeridas por el Quijote, Barcelona, 1905. Menéndez y Pelayo román^ 
tico (en Ateneo, 1906). Discurso sobre don Manuel Milá y Fontanals, 
Barcelona, 1908. La Acrópolis de Atenas en la época catalana, disc, 
T908. Consideraciones sobre la escuela seglar apologética catalana 
contemporánea de Palmes (en La Gaceta de Cataluña, de Barcelona, 
iqio). Menéndez Pelayo y las letras hispanoamericanas (en Mercu- 
rio, 1912). Algunas indicaciones sobre los educadores intelectuales y 
las ideas filosóficas de Mencndez y Pelayo (en la Revista de Archivos, 
1912). Discurso cu elogio del Dr, D. Marcelino Menéndez y Pelayo, 
Barcelona, 1913. 

José M.* Manrique (1846-1907), de Caracas (Venezuela), diputa- 
do y ministro, fundador de la Academia Venezolana, dióse á conocer 
desde 1872 con el seudónimo Nemo, y publicó artículos filosófico- 
itijorales, cuadros de oostunibres, novelas, leyendas, cuentos y críticas, 
á veces con el seud. de IValter IVilliam; finalmente, dramas como 
Los dos diamantes, El Divorcio, Un problema social. Fué redactor de 
El Voto Popular, La Tertulia y La Opinión Nacional, donde sostuvo 
larga polémica con el poeta Guaícaipuro Pardo sobre la Idea y la 
Forma en literatura. Literato bastante afrancesado en asuntos, con 
poco americanismo y sobresalió en los cuentos. Como novelista es 
poco humano y sobrado moralizador, á lo Sáez de Melgar y Angela 
Grassi. J. Valera, Ecos Argentinos, 1901, pág. 208: "No tiene (Man- 
rique) los gustos novísimos; no es imitador de Ibsen, ni de Tolstoi, 
ni de D'Annunzio, ni de Bourget. Se parece más á lo que por aquí co- 
nocemos. No hay en él amaneramientos ni extrañezas, como en Rey- 
Íes, y algunos de sus cuentos, sencilla y naturalmente contados, divier- 
ten ó interesan y prueban la buena disposición del autor para este 
género de escritos... En estos cuentos del señor Manrique, mucho de 
lo que pasa pasa en Francia y entre personajes franceses, y cuando 
no pasa en Francia ni son franceses los personajes, éstos sienten, 
hablan y hacen lo que hacen como si lo fueran. De todo esto tiene 
que resultar que carezca el libro de originalidad americana, que no 
sea libro francés porque está escrito en castellano y que, como libro 
castellano, valga míenos que otros, compuestos acaso por escritores de 
muy inferior ingenio, pero que escriben con lenguaje y estilo más 
peculiares y propios de nuestra casta ó raza." J. M. Manrique: Los 



S. XIX, 1879. RICARDO MONNER Y SANS 298 

dos avaros, nov., Caracas, 1879. Los dos diamantes, ensayo dram., 
ibid., 1879. Un problema social, dr., 1880. La Voz del alma, estudio 
psicológico, Curazao, 1882. Discurso en la Academia Venezolana, 
1884. El Divorcio, dr., 1885. Discurso en la Acad., 1886. Discurso en 
la Acad., 1889. Biografía del Dr. José Manuel de los Ríos, Caracas, 
1891. Entretenimientos dramáticos. Curazao, 1892. Colección de cuen- 
tos (35), París, 1897. Discurso en la Acad. ]Sfac. de Ui Historia, Ca- 
racas, 1906. Las novelas Eugenia, Preocupaciones vencidas, Abnega- 
ción de una esposa, de personajes abstractos, poco humanos; salieron 
en periódicos. 

Ricardo Monner y Sans (n. 1853-), de Barcelona, donde fué di- 
rector de Ambos Mundos, partióse á Buenos Aires y allí dirigió Ca- 
taluña Aragón, Valencia y Baleares (1901). Es en la Argentina de 
los escritores que más han contribuido á la difusión de la cultura y 
á la afición de los estudios. Polígrafo de vasta erudición y sano crite- 
rio, publicó, sin tregua ni descanso, poesías, biografías, estudios crí- 
ticos, filológicos, obras didácticas y piezas teatrales. R. Monner Sans. 
Verso : Fe y Amor^ colección de poesías, con un prólogo de don José 
Selgas. Edición costeada por S. M. D. Alfonso XII, 1879. Las Justi- 
cias del Rey Santo, tradición toledana, 1883. El Juramento de Theo- 
longo, romance, 1885. La Huérfana, comledia infantil, 1886, 1894. Ora- 
ciones, rinuas y cantares, 1887. Más rimas, colección de poesías, 1888. 
A histórico pasado^ risueño porvenir, poema argentino, 1891. Dos ma- 
dres, apropósito líricodramático, 1897. Desde la falda, colección de 
poesías, 1912. Mis dos banderas, poema hispanoargentino 1912. Prosa : 
Cuentos incoloros, 1881. Cuatro palabras sobre la cuestión naviera, 
1883. El Reino de Hawaii, 1883. Liberia^ 1884. La República de Oran- 
ge, 1886. Discurso sobre la importancia de la Geografía, 1887. Crespo, 
apuntes biográficos, 1887. La Baronesa de JVilson^ 1888. Breves no-' 
ticias sobre la novela española, 1889. Ahruanaque histórico argentino, 
.•891 y 1892. Ciencia Española, notas, 1891. Dr. Andrés Lamas, 1891. 
El Lector argentino, primero y segundo libro de lectura para las es- 
cuelas, dos tomos, 1892. Pinceladas históricas (Misiones guaraníticas, 
1607-1800), 1892. Los Donmúcos y Colón, 1892. Gramática de la Len- 
gua castellana (nueve ediciones), tres tomos, 1892, primera edición. 
Los Catalanes en la defensa y reconquista de Buenos Aires (1806-1807), 
1893. Efemérides argentinas, notas históricas, i8io-p2, 1893. La Es- 
paña de hoy^ recuerdos y estadísticas, 1893. De algunos catalanes 
ilustres en el Río de In Plata, 1893. Desvestirse, pasatiempo lexico- 
gráfico, 1895. Lecciones de Geografía física y política de la Repúbli- 
ca Argentina, 1896. Minucias lexicográficas. Tata, tambo, Poncho, 
Chiripá, etc., 1896. Apuntes é ideas sobre educación, 1896. Gramática 
elemental, 1898. Cuentos, 1898. España y Norteamérica, 1898. La Re- 
ligión en el idioma, ensayo paremiológico, 1899. La Dama en el si- 
glo XVII, disc, 1899. La Argentina y Cataluña, 1900. Cristóbal Co-, 
lón, rectificaciones é hipótesis 1901. Notas al castellano en la Argén- 



294 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA C187O-1887) 

tina, 1903. Ruidos, gritos y voces especiales de algunos anim<iles, 1904. 
Hilemos^ disquisición paremiológica, 1906, El Neologismo, 1906. Tea- 
tro infantil, monólogos, diálogos y comedias, 1906, 1913. Cómo deben 
escribirse las cartas, 1908. Importancia y necesidad de los estudios li- 
terarios, 1908, Desastres, 1909. Amor, monólogos y diálogos para jó- 
venes, 1909. ¿Petrarca plagiario?, 1910, Ensayos dramáticos, 1910. 
Conversaciones sobre literatura preceptiva, 191 1. Un novelista español: 
Pío Baraja, 1912. Un crítico español en Alemania: Dr. Pedro de Mági- 
ca, 1912. Enseñanza del caslellano, 1913. El Amor de los extranjeros á 
la patria argentina, 1913. Guillen de Castro, critica literaria, 1913. 
Nieves, novelita, 1914. Labor de confraternidad, conferencias en Es- 
paña, 1914. Impresiones de viaje, conferencia en Buenos Aires, 1914. 
Don Juan Ruiz de Alarcón, 1915. El Siglo xviii, 1915. De Gramática 
y de lenguaje, 1915. Ensayo de Antología cervantina, 1916. Don José 
Selgas, 1916. Las Mujeres de Alarcón, conf., 1916. Doña Blanca de los 
Ríos, 1917. El Castellano en la Argentina, conf., 1917. A la guerra y 
¡de la guerra! (con seud. Vargas Ponte), boc. dram., 1918. 

r 

82. Año i8yp. David Acebal y Rocha^ibeau publicó Pincehdas 
poéticas, ó sea colección de poesías nwrales, Madrid, 1879. — Francis- 
co T. Agosta estrenó Todos muertos y ninguno. Habana, 1879, — Agui" 
naldo poético, Matanzas, 1879. — ^Jacinto Albistur, diplomático, maes- 
tro en Montevideo (1889), donde dirigía, había diez y siete años, El 
Siglo, publicó Algunas poesías, Montevideo, 1879. — Álbum de la risa... 
por M F. el Flaco, Madrid, 1879. — Manuel Alhama recopiló Noches 
de invierno, novelas, Madrid, 1879. — Antonio Almagro y Cárdenas 
(n. 1856-), catedrático de árabe y hebreo en Salamanca y Granada, 
donde dirigió La Estrella de Occidente, publicó Estudio sobre las 
Inscripciones Árabes de Granada, ibid., 1879. Museo granadino de an< 
tigüedades arqueológicas, ibid., 1886. Biografía del Dr. D. Francisco 
J. Simonet, 1905. — Luís Almeyda, de Matanzas (Cuba), publicó Poe- 
sías, Habana 1879. — Antigüedades peruanas, tres relaciones, por el 
Ministerio de Fomiento, Madrid, 1879. — Anuario bibliográfico de la 
Rep. Argentina, Buenos Aires, desde 1879. — Camilo de Arana publi- 
có Derrotero del Archipiélago Filipino^ Madrid, 1879. — Francisco 
Arechavala, poeta regional vascongado, publicó Horas tristes y ale- 
gres, Madrid, 1879. Un ángel más, poema, ibid., 1880. Carmelina, poe- 
ma, 1S81. Aires del Norte, poesías, 1882; Bilbao, 1899 (t. XL Bibl. 
base), con no pocas huellas populares. Vivir para reír, 1885. Estaca- 
zos y bombos, 1885. Mazapán y jalea, 1885. Bolas de nieve, 1886. 
Palmas y ramos, 1886. Rosquillas del Santo, 1886. — Pedro Ricardo 
(f 1910) y Alfredo Armenteros y Ovando, hermanos, cubanos: Re- 
cuerdo de familia, poesías, correspondencia, etc.. Habana, 1879. — Ar- 
pas amigas, poesías de varios. Habana, 1879-80. — ^JosÉ Arrufat y 
Herrero, de la Habana, pintor, publicó Moral y filosofía espiritista, 
artíe. y poes., Barcelona, 1879. — Julia Asensi, colaboradora de El 



S XIX, 1879. JUAN NEPOMUCENO CASCALLANÓ 2g5 

Bazar (1847-75), ^^ Familia (1875), Barcelona Cárnica (1894-96), 
Revista Malacitana, etc.; publicó El Libro de la caridad, 1879. Acuér- 
date de mí, melodía para canto y piano, Madrid, 1879. Tres amigas, 
novela, 1880. El Amor y la sotana, novela, 1880. Leyendas y tra- 
diciones^ en prosa y verso^ 1883. Novelas cortas, 1889. Herencia de 
sangre, poema, 1892. Auras de otoño, cuentos para niños^ i897- Brisas 
de primavera, id. 1897. Victoria y otros cuentos, Boston, 1905. Cuen- 
tos para niños y niñas, 1907. Los Molinos de Levante y otras narra- 
ciones, 1915. La Vocación, nov. — Gumersindo Azcárate (1840-1917). 
leonés, poütico, republicano krausista, positivista, una de las gran- 
des figuras de la Institución Libre de Enseñanza, catedrático de la 
Central desde 1872, redactor de La Voz del Siglo (1869), publicó 
obras políticas y Ensayo sobre la historia del derecho de propiedad, 
Madrid, 1879-83. El Régimen parlamentario en la práctica, 1885. 
Carácter científico de la Historia de España, 1910 (disc. recep. Acad. 
Hist.). — ^JosÉ M. Baldo publicó Cuadros de costumbres murcianas (de 
varios). Murcia 1879 (véase José Marín Baldo en 1866). — ^Antonio 
Batres Jáuregui (n. 1847-), de Guatemala, publicó Literatura ameri- 
cana, col. de artíc, Guatemala, 1879. Vicios de lenguaje y provincia- 
lismos de Guatemala^ ibid., 1892. Los Indios, su historia y su civili- 
sación, ibid., 1894. Mem'orias de antaño, San Francisco, 1896. Lite- 
ratos guatemaltecos, Guatemala, 1896. El Castellano en América, 
ibid., 1904. La América Central ante la Historia, 1916. — ^^Gerardo 
Blanco publicó ¡Suicida!, novela, Barcelona, 1879. El Arte de hacer 
milagros, crónica curiosísima de las diferentes supercherías que, fue- 
ra del seno de la Iglesia Católica, se han cometido y\ comenten, ibid., 
1879. Las M'ujeres de Paul de Kock, ibid., 1880. La Cortina descorri- 
da, cuadros de coistumbres teatrales, Valparaíso 1884. La Luna de 
miel..., cuadros al vivo, ibid., 1885. — ^Joaquín Botet y Sisó publicó 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Emporium, 
Madrid, 1879. Discurso Real Academia de Buenas Letras de Bar- 
celona, Gerona, 1908. — Carlos Buil publicó Agravio y satisfacción, 
leyenda, Madrid, 1879. — Consolación Caballero Infante de Anderi- 
ca publicó Poesías, Sevilla, 1879. — J. G. de Cabiedes publicó Cruz y 
corona, drama histórico, Madrid, 1879. — Don fray Tomás Cámara 
(1847-1904), de Torrecilla de Cameros (Logroño), agustino (1863), 
primer director de la Rev. Agustiniana, gran promovedor de los es- 
tudios en su Orden y obispo de Salamanca (1885), publicó Contesta- 
ción á la "Historia del conflicto entre la Religión y la Ciencia''^ de 
Juan Guillermo Draper, Valladolid, 1879 1880, 1883. Vida y escritos 
del B. Alonso de Orozco, ibid., 1882. Conferencias acerca de las rela- 
ciones sobre la libertad humana y la fe católica, dos vols., Madrid, 
1884-85. Vida de S. Juan de Sahagún, Salamanca, 1891. María, Madre 
del Buen Consejo, ibid., 1893. La V. Sacramento, Vizcondesa de Jor- 
balán^ ibid., 1902, dos vols.; M]adrid, 1908. Pastorales, artículos, di.«- 
cursos y obras piadosas. — Juan Nepomuceno Cascallana y Ordóñez, 



2^6 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

obispo de Málaga, compuso Sennones, Madrid, 1879-81, tres vols. — 
Las Castañuelas, estudio jocoso, dedicado á todos los boleros y dan^ 
cantes, por uno de tantos, Madrid, 1879, 2.* ed. — Aurell\ Castillo 
DE González (n. 1842)^ de Puerto Príncipe, residente en la Habana 
(í9J4), buena fabulista, de terso y conceptuoso estilo, publicó Fábu- 
las, 'Cádiz, 1879; Habana 1910. Adiós á Víctor Hiigo, poesía, 1885. 
Biografía de la Avellaneda, 1887. Un paseo por Europa, 1891. Pom- 
pcya, dr., 1891. Un pasco por America^ 1895. Trozos guerreros y apo- 
teosis, poesías, 1903. Cuentos, 1912. Lalá, cuento^ 1912. Ignacio Agrá- 
m(mte en la vida privada, 1912. Escritos de..., Habana, 1913-14, cin- 
co vols. — El PADRE Castillo publicó Poesías varias, Madrid, 1879. — 
Atanasíli Céspedes y Monroy publicó La Hermosa malagueña, Ma- 
drid, 1879. — Ramón Cobo Sampedro presbítero, publicó Ambrosio de 
Morales, apuntes biográficos, Córdoba, 1879. Pabla de Céspedes, apun- 
tes biográficos, ibid., 1881. — ^Vicente Colorado y Martínez (1850- 
1904), de Valladolid, archivero, director de la Rev. Ilustrada, grande 
amigo de Campoamor, publicó Glorias militares y literarias del rei- 
nado de Felipe II poema, Madrid, 1879. Fundamentos de la sociolo^ 
gía, 1883. Muerto y vivo, 1885 (en Rev. Esp., t. CHI). Besos y mor- 
discos, poesías, 1887. La Literatura española en 1886, 1887 (en Rev. 
Esp.^ t. XCIV). De carne y hueso, com. H\Ombres y bestias, prosa, 
1887. Pasión, nov., 1889. Día de prueba, dr, (con F. F. Villegas), 1894. 
Padre nuestro, 1895. Francisca de Rimini, epis. dr., 1897. Teatro, con 
carta de Alarcón y crítica de Cañete, 1897. El Acta, com. Rinconete 
y Cortadillo, com., 1901. Consúltese Rev. Arch., 1904 (t. H). — Urba- 
no Cortés publicó Levantar muertos, poema chiquito, Sevilla, 1879, 
2.* ed. — El Crisol de centenares de libros, folletos, periódicos, ál- 
bums..., Miadrid, 1879. — Vicente de la Cruz (n. 1848-), madrileño, 
abogado, cronista de Madrid, director de La República Española 
(1896), publicó Patria, cuadro heroico, Madrid, 1879. Historia gene- 
ral de la pintura...^ ibid., 1887. El Coloso de los mares, poema, 1890. 
Más pequeneces, el jesuíta, nov. 1891. La Reconquista española y el 
descubrimiento de América, poema, 1892. La República y sus hom- 
bres, 1894. — Nuevo tesoro de chistes, máximas^ proverbios, reflexio- 
nes morales, historias, cuentos y leyendas, Nueva York, 1879. — Augusto 
Danvila Jaldero publicó Las Noches egipcias, leyendas, Madrid, 1879. 
Reseña crít. de las obras de José Ribera, el Spagnoleto, 1888. — 'Al- 
berto Díaz de la Quintana, por seud, Ximeno Ximénes, médico y 
periodista, que en 1891 estaba en Buenos Aires dirigiendo periódicos 
profesionales, publicó En Murcia, bocetos dramúticos, 1879. Después 
de la muerte, poema. Habana, 1882 (2.^ ed.). Lu:s, ibid., 1882. Al des- 
nudo, artículos y poesías, 1884. El Niño del obrero : apuntes de higie- 
ne y educación, 1887. Siluetas filipinas, Madrid, 1887 (4.^ ed., que 
todas son una misma). Estrenó En Vuelta Abajo ^ boc, Habana, 1882. 
A galope tendido, jug., 1906. La Noria, 1909. Mmera el presidente, 
1909. El Choque del cometa, 1910. — ^Manuel M." Díaz Rubio y Car- 



S. XIX, 1879. ENRIQUE HERNÁNDEZ MIYAÍIES 297 

MONA por seud. El Misántropo, publicó Primera gramática española 
razonada, Toledo, 1879, 1884; Madrid, i888. Complemento al estudio 
de la gramática española, Madrid^ 1892, tres vols. — ^Pedro Díaz Cas- 
sou (1843-1902), de Murcia, abogado, publicó Memoria sobre los rie- 
gos del Segura, Murcia 1879. La Huerta de Murcia (solos 13 cua- 
dernos), Madrid, 1887-88. Ordenanzas y costumbres de la Huerta 
de Murcia, con estudio de Francisco Silvela, Madrid 1889. Historia 
y leyendas de Miurcia, Murcia, 1892. La Literatura Panocha, Madrid, 
1895, 1900. Serie de los obispos de Cartagena, ibid.^ 1895. Pasionaria 
murciana, la Cuaresma y la Semana Santa en Murcia, costumbres, ro- 
mancero...^ ibid., 1897. El Cancionero Panocho, coplas, cantares, ro~ 
manees de la huerta de Murcia, ibid., 1900. — Federico Díez de Te- 
jada (■{■ 1901), sevillano, archivero, redactor de La Época y la Ga- 
ceta de Madrid^ publicó Historia de la Restauración, Madrid, 1879 
(sólo el t. I). — José de Jesús Domínguez, poeta puertorriqueño, por 
seud. Gerardo Alcides, publicó sus poesías en Mayagüez, 1879 y 
Odas Elegiacas, Mayagüez 1883. — ^Jcax Abel Echeverría (n. 1853-), 
ecuatoriano, publicó Nueva lira ecuatoriana. Colección de poesías..., 
Latacunga, 1879; de malos poetas, como Piedrahita, Riofrío, Carva- 
jal, Córdova, etc. (no repite los de la Lira, de Molestina). — Camilo 
Enrique Estruch publicó Delirios de un criminal^ Madrid, 1879. — 
Galería humorística. Colección de cuentos, ocurrencias, disparates, 
chistes..., Madrid dos vols (1879). — Manuel Gallegos Naranjo pu- 
blicó Parnaso Ecuatoriano, con apunta^micntos biográficos de los 
poetas... desde el siglo^ xviii hasta el año de 18 jg, Quito, 1879. Pu- 
blicó, además sus poesías en 1888. — Felipe Garza y Martínez, bur- 
galés, publicó Horas poéticas, Baeza, 1879. — Francisco González 
Santos estrenó Debajo de una mala capa, Habana 1879. — Pedro 
Groizard escribió mucho en El Diario de Manila, siendo allí emplea- 
do, y usó el seud. Pedro de ¡a Ermita. Publicó Cuentos para niños, 
Mjadrid, 1879^ 1880, 1881, 1892 (?). Cuentos y leyendas, ibid., 1881. 
Narraciones 1883. Ellas... y ellos, semblanzas (con Ant. 'Chapuli Na- 
varro), Manila, 1884. Hojas de mi cartera, episodios de la guerra de 
Filipinas, ibid., 1897. Sari-Sari, quisicosas filipinas, 1898. — El Gua^ 
dalentin, álbum poético, Lorca, 1879. — José Guardia publicó en la 
Rev. de España: A ti, soneto (1880, t. LXXIV). A una nmjer, id. 
(1880, t. LXXIV). Filosofía, id. (1880, t. LXXIII). Ante un cadáver. 
id. (1879, t. LXVI). — César C. Guzmán (n. 1840-), de Guaduas (Co- 
lombia)^ publicó Historia general de América, París, 1879, 1888. — 
Jacinto Hermua y Sánchez (n. 1842-), madrileño, comisario de 
Guerra, redactor de La Reforma Política y Militar, La República 
Ibérica, La Lucha^ La Concordia (Guadalajara), La Corresp. Mili- 
tar, Bolet, de Adyn. Milit., El Resumen, La Ilustr. Nacional, La Pu- 
blicidad (Barcelona), etc., publicó Cervantes, adnuinistrador mdlitar, 
Madrid, 1879. Donde menos se piensa... ó la hija del tío Juan y me- 
dio, Burgos, 1897. — Enrique Hernández Miyares (1854-1914), de 



ígS SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALIfítA (187O-I887) 

Santiago de Cuba, comúnmente mediano poeta y de transición entre 
Ctiba la colonial y Cuba libre con sus dos sonetos A un machete 
(1892) y La Más fertnosa (1903), que se tiene por el mejor escrito 
en la isla. Obras completas, t. 1, poesías, Habana, 1915; t. II, prosas, 
1916. — iJosÉ Hernández y González publicó Revista de pobres, par< 
sillo filosófico, Madrid, 1879. El Arte de ser feliz, 1910. — Pablo Her- 
nández Lapido, cubano, por seud. Dilio, publicó Un ramo de sensitivas, 
poesías, Habana 1879. — Federico Leal publicó De orden del rey, 
leyenda, Madrid, 1879. Una aldeana, 1887. — El Libro de la caridad 
dedicado por los poetas..., inundaciones en las provincias de Levante, 
Madrid, 1879. — Eduardo López Carrafa {•\ 1879), coronel, fundador 
del Ateneo militar de Madrid, publicó Escenas cónvicas de l<i vida 
militar, Madrid 1879. — 'Fray Raimundo Lozano, agustino, publicó 
Santa Mónica y su familia, Manila, 1879. Viaje á China, ibid., 1879 
(obra chavacana). — Fray Patricio Marcellón de S. José, agustino, 
publicó con^o de anónimio Provincia de S. Nicolás de Tolentino de 
Agustinos, Manila, 1879. — Francisco Martín Arrúe (1850-1915), de 
Burgos, general (1908) del arma de Infantería, catedrático en la 
Escuela de Toledo colaborador de La Ilustr. Esp. (1897-99), Nuevo 
Mundo, etc., novelista bien enterado del naturalismo y de la sociedad 
que describe, discreto y que no incurre en faltas de mucho bulto, pu- 
blicó Campañas del Duque de Alba, Toledo, 1879 dos vols, Soledad, 
nov., 1884. Ca Cuerda de cáñ-anio, nov., 1885 (2.* ed.). Historia del 
Alcázar de Toledo (con Eug. de Olavarría y Huarte), Madrid, 1889. 
Guerra de Crimea, ibid., 1889; otro tomo, Barcelona, 1893. Un ma- 
trimonio por amor, nov,, ibid., 1893, 1904. Curso de historia militar, 
Toledo, 1897. Guerra hispan o marroquí (1859-60), Madrid, 1915. La 
Conquista de Toledo, Las Campañas de Pedro Navarro. Los Prisio- 
neros de Rocroy. Consúltese Disc. Acad. Hist., 27 Mayo 191 7. — 'Be- 
nigno T. Martínez, argentino (?), publicó Compendio de Historia de 
la Rep. Argentina, B. Aires, 1879. La Argentina, ensayos literarios 
sobre los vates contemporáneos de ambas márgenes del Plata. Apun- 
tes histór. sobre la Provincia de Entre Ríos, Uruguay, 1881. El Para- 
guay^ B. Aires, 1882, Estado social y político de la Europa al finali- 
zar el siglo XV, 1883. Los Oradores del Congreso Pedag. Internac. de 
B. Aires, 1883. Memoria acerca de la conquista y fundación de los 
pueblos de Entre Ríos, 1884. El Lirismo brasileño, 1884. Misión ciz'i- 
li-zadora de los españoles en la conquista de América. Diccionario 
biobiblio gráfico de los escritores en prosa y verso del habla caste- 
llana. — ^Camilo Martínez Parra publicó El Dos de Mayo, obra tea- 
tral en 15 escenas, Manila, 1879. — 'El padre Tomás Mas y Penas 
(1834-1913), jesuíta de Reus, publicó Cartas edificantes de las Mi- 
sianes de la C. de Jesús en la isla de Mindanao, Manila, 1879-82. — 
R. Mayorga Rivas publicó Guirnalda salvadoreña, San Salvador, 
1879. — Braulio Mellado Pérez de Meca (1833-1897), de Lorca, di- 
rector de Lorca Literaria (1887), publicó Fábulas en verso, Lorca, 



§. XIX, 1879. JOSÉ A, REBOLLEDO ¿99 

1879 1886. — Joaquín Mesa, cubano, publicó Cantos á Oselia, Haba- 
na, 1879. — Mariano M. Mingot publicó El Rofnancero de la Santa 
Fas, Alicante, 1879. — Policarpo Mingóte y Tarazona (n. 1847-), ca- 
tedrático de Instituto, colaborador de la Rev. Contemp, (1897-99), 
publicó Guía del viajero en León y su provincia, León, 1879, 1900. 
¡/'orones ilustres de la provincia de León, ibid., 1880. — Dionisio Mo- 
nedero Y Ordóñez, de Melgar de Fernaniiental, publicó Guerra de 
África, El Cid Campeador, en verso 1879. Reconquista de Oran, en 
verso, 1881. De todo un poco, versos, 1883. Episodios militares del 
ejército de África, Burgos, 1893. Conferencias patrióticas^ — ^José Ma- 
ría MoNGE, de Puerto Rico, publicó Poesía y prosa, Nueva York (s. a.). 
Poetas portorriqueños^ 1879. Viaje por Italia, Mayagüez, 1887. — ^JosÉ 
Moreno Fuentes (i 835- 1892), gaditano, pintor, publicó El Genio de 
las Bellas Artes, Madrid, 1879. Una empresa misteriosa en el mar de 
las Antillas, 1881. La Venganza de un esclavo, 1882. Las Locuras de 
Cupido, 1883. El Fantasma del mar Atlántico, 1883. Silvestre y Sim- 
plicia, 1884. Antes victihíia que verdugo, dr. Pedro Cubas, com,. Cosas 
del amor, com, — Notas perdidas, colección de poetas arecibeños (Puerto 
Rico), 1879. — Leandro Tomás Pastor (-j- 1903), cónsul de Cayo Hue- 
so, director de la Gaceta del Ejército (1S64-65), El Soldado Esp. 
(1866), estrenó ¡Lucrecia!, zarzuela^ i879- — ^Ana M.^ Paulín y de la 
Peña (f 1894), baronesa de Cortes, por seud. María de la Peña, tra- 
dujo obras francesas é italianas y publicó Mes de Mayo consagrado á 
la Sfna. Virgen, Madrid 1879, 1880, 1882, Pensamientos de S. Teresa 
de Jesús, 1882. La Reina del Cielo, 1885. — Pío A. de Pazos y Vela- 
Hidalgo publicó Joló... desde su descubrimiento por los españoles en 
1578, Burgos, 1879. Héroes de Filipinas, Santander, 1888. — A, Pe- 
DROSO DE Arriaza pubUcó Los Misterios de la H\abana, nov., Barce- 
lona, 1879 dos vols. ; Habana, 1916. — Camilo Placer Bouzo (1859- 
1887), de Orense, abogado, por seud. Mr. Whig, escribió en Heraldo 
Gallego, recogió tradiciones gallegas y asturianas y contribuyó á fun- 
dar la Ilustración Gallega y Asturiana^ Madrid, 1879-81, tres vols., 
que dirigió con Manuel Murguía; fundó y fué redactor de otros pe- 
riódicos, sobre todo de El Diario de la Tarde y El Resumen. Escribió 
el folleto La Izquierda dinástica. Juvenilia, La Coruña, 1893 (Bibl. 
Gall.). — Poetas puertorriqueños, producciones en verso, escogidas... 
por varios, Mayagüez, 1879 (de 36 poetas). — José Ángel Porras (na- 
cido en 1859-), de Sincelejo (Colombia), diputado y catedrático, pu- 
blicó Voces del alma, poesías. Melodías, poesías. Los Prosadores co- 
lombianos, con notas críticas y literarias. — ^Liborio C. Porset publicó 
Alfilerazos, epigramas y letrillas, Madrid, 1879. — José Pulido y Es- 
pinosa, presbítero, publicó, entre otras obras piadosas El Libro, co- 
mentarios al Kempis, Madrid, 1879. — Carlos Rafael (1845-1898), de 
Regla (Cuba)^ publicó Horas de soledad, poesías, Habana, 1879. Pascu- 
jeras, poes., i88i. — José A. Rebolledo publicó Los Héroes de la Ci- 
vilización, ensayo histórico crítico, Madrid, 1879. — Tres relaciones de 



3oO SEGUNDO período DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

antigüedades peruanas, Madrid^ 1879. — Pedro Rivas publicó Efeméri- 
des americanas, Rosario, 1879; Barcelona, 1884. — Blanca Rosa Ro- 
DÓN publicó Sueños engañosos, nov., 1879, Flores y espinas, nov., 
1879. — Tirso Rodrigáñez publicó El Imperio de Marruecos (con Ma- 
nuel G. Llana), Madrid, 1879. — Ángel Rodríguez Chaves (1847-1909), 
madrileño, por seud. Achares^ El Ldo. Baches, Siebel, en las revistas 
taurinas de La Iberia, etc., colaborador de EL Liberal, publicó Recuera 
dos del Madrid viejo, leyendas, Madrid 1879. La Corte de los Feli- 
pes, 1892. Páginas en prosa. Cuentos de varias épocas, Barcelona. — 
Ricardo Rodríglíez Blanco publicó Apuntes históricos de la S. Igle- 
sia Catedral, ciudad y antigua diócesis de Ti'iy, Santiago 1879. — 
Francisco Ruiz Estevez (n. 1859-), de Sanlúcar de Barrameda, poeta 
clásico, después romántico y realista, compuso poesías desde los quin- 
ce de su edad; además Amor fraternal, comedia; Tras el pecado la 
penitencia, drama, y la novela María. Dirigió El Arte Andaluz (1891). 
Lágrimas, poesías, Sevilla, 1879. — Joaquín Ruiz Jiménez, juriscon- 
sulto^ director en Jaén de La Semana (1878) y El Eco de la Provin- 
cia (1883); en Madrid, de La Regencia, hasta 1889; colaborador del 
Diario Universal (1903), El Imparcial (1903), etc., publicó Apuntes 
para la historia de la provincia de Ja-cn, ibid., 1879. Bocetos históricos, 
ibid., 1880. — (Eí)UARDo SÁEZ DE Hermua (1859-1898), madrileño, por 
seud. Mkcachis y Augusto Marnaz, caricaturista y escritor estrenó 
Madem-oisclle, jug. (con Ant. Liminiana), 1890. El Castañar (con id.), 
1892. Colección Mecachis, historietas, 1901. — José Sánchez de Néira 
(f 1898), director de La Lidia, publicó El Toreo, Gran Diccionario 
iaiiromáquico, Madrid, 1879-80, dos vols. Los Toreros de antaño y los 
de hogaño, ibid., 1884. Gran Diccionario taurómaco, Madrid, 1896-97. 
— Rafael Eugenio Sánchez (n. 1847-), de Jerez, por seud. San Roi- 
fael, redactor de La Iberia, La Moda Elegante, La Corresp. Militar 
(hasta 1897), director de El Correo MHlitar (1897), publicó Poesías 
intimas, Madrid, 1879. — Vicente Sancho del Castillo {Pedro Roca) 
publicó La Sociedad de París, tres bocetos, Madrid, 1879. Como me lo 
contaron te lo cuento, ibid., 1887. María en el Calvario, poema, 1889. 
La Cruz, ibid., 1893. Osius, evéqne de Cordoue, Namur, 1898. — M. 
Leónidas Scarpetta publicó Diccionario biográfico de los Campeo- 
nes de la Libertad de N. Granada, Venezuela, Ecuador i Perú (con 
Saturnino Vergara), Bogotá, 1879 (1643 biografías). — José Serra y 
Campdelacreu publicó El Archivo nmnicipal de Vich, su. hist., su 
contenido..., Vich, 1879. — Agustín Sierra y Enríquez publicó La 
Lira del Guadiana, colección de poesías. Ciudad Real, 1879. — Emilio 
A. Soulere publicó Historia de la insurrección^ y guerra de Cuba 
(1869-79), Barcelona 1879-80, dos vols. — José M.* Tarrago publicó 
El Clown verde, nov., Madrid, 1879. — Semblanzas ó recaditos al oído 
de los poetas y autores dramáticos, por el Tío Volandas, poesías Ma- 
drid, 1879. El Pif, puf, guasas y formalidades en verso por el Tío Vo- 
landas, 1879. — 'C. Tejedor publicó Bosquejo histórico acerca del doc- 



S. XIX, 1880. MANUEL JOSÉ OTHÓN 30I 

tor Carlos Tejedor y la conjuración de Maza en iS^p^ B. Aires, 1879. 
La Defensa de B. Aires (1878-80), ibid., 1881. — Federico Trujillo y 
MoNAGAs publicó Cánticos de un canario, poesías, Madrid, 1879. — ^Mi-^ 
GUEL Ulloa estrenó Engañar con la verdad, com.. Habana, 1879. Vol- 
verse la tortilla, zarz., 1880. El Fruto de la deshonra, dr., 1880. Entre 
la muerte y l-a vida^ dr., 1881. La Causa de las mujeres, dr. Las Alas 
de la muerte, dr. El Regalo de bodas, com. La Marquesita, zarz. La 
Flor silvestre, zarz. Poesías, México, 1884. — Francisco Utrilla y 
Calvo publicó Lucha de ideales, novela, Madrid, 1897. La Fuerza de 
un librejo, novela, 1888. Morriones, sotanas y boinas, novela, 1897. 
La Moral en el nudo gordiano {Rev, España, 1879, t. LXVI). — Can- 
ciones Cubanas desde la Bayamesa hasta las más UPúdernas, recopila- 
das por L. R. V., Madrid, 1879; Habana, 1880. — Aniceto Valdivia 
(n. 1859-), de Sancti Spiritus (Cuba)^ por seud. Condc-Kostia, minis- 
tro en Noruega (191 1), redactor de La Lucha, de la Habana, publicó 
Ultratumba, pequeño poema, Madrid^ 1879. Scndu de abrojos, dr., 
1880. La Ley suprema, dr., 1882. La Muralla de hielo, dr. Expropia- 
ción por fuerza, com. Yo pecador^ com. Lo de sicukpre, dr. La Insti- 
tutriz, com. Poemas de Víctor Hugo, trad., 1883. Traducción... de 
"Yámbicos^' y de "Lázaro'' de Augusto Barbier, 1884. Idilios de Víc- 
tor Mugo, 1886. Poesías (Rev. España^ 1883, t. XCHI). Pequeños poe- 
mas: I, Melancolía, Habana, 1904; H, Los Vendedores del templo, 
1904. "Valdivia es un diabólico impresionista en prosa; en verso se 
torna una especie de Núñez de Arce resonante y numeroso" (P. Hen- 
ríquez Ureña). "Tiene tanta imaginación y ésta tan llena de formas 
y colores, que fácilmlente hubiera dado en cualquier parte en el estilo 
empenachado y estrellado de lentejuelas que usa constantemente; ade- 
más lo hostiga y fascina el demonio de la originalidad" (E. J. Varo- 
na). — Leopoldo Vázquez y Rodríguez, por seud. Tris-Tras, redactor 
taurino de La Lidia, estrenó Revista de 1878 (1879). Publicó Vocabu- 
lario taurótftaco, Madrid, 1880. Cuentos y anécdotas de toros y toreros, 
1913. — Arturo Víala publicó Escritores ilustres madrileños, Madrid, 
1879. — Gabriel Zéndegui, habanero, periodista residente en Londres 
(1914), publicó El Bombero, nov., Guanabacoa, 1879. Caín (de Byron), 
en verso. Versos, Londres, 191 3I. — (Jacobo Zobel de Zangróniz publicó 
Estudio histórico de la moneda antigua española desde su origen has- 
ta el Imperio Romano, Madrid, 1879-80, dos vols. 

83. 'Año 1880. M/ANUEL José Othón (i 858- i 906), de San 
Luis de Potosí (Méjico), vivió comiinmente desempeñando el 
cargo de juez de paz en pequeños lugares del Norte de la Re- 
pública, pasando á ratos largas temporadas en ranchos de 
Coahuila. Colaboró en Revista Azul, Rev. Mod., El Mundo 
Liter. Ilustrado y El Mundo Ilustrado. En sus últimos días, 
andando de caza y, como siempre, escudriñando con ojo de 



302 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (1870-1887) 

artista su amada naturaleza, en cuya fervorosa adoración ha- 
bía pasado la vida, quiso ésta galardonarle, haciéndole desai- 
brir una mina de plata. Poco apegado, como era, al dinero, co- 
menzó á bajar con más frecuencia á la ciudad y á despilfarrar- 
lo, dejándose arrastrar de los placeres y de la vida bohemia, 
de donde le acaeció adolecer de la enfermedad que presto le 
llevó al sepulcro. 

Falsamente se le ha clasificado de poeta bucólico : ni á los 
pastores canta, postizos, á la antigua usanza literaria, ó verda- 
deros y presentes; antes bien, diríase poeta solitario, que nin- 
guna cuenta tiene con los mortales. La naturaleza, con sus llanos 
y sierras, sus ríos y volcanes y las aves y alimañas que allí ha- 
bitan, es lo único que canta este poeta contemplativo y solo, 
en metros castizos y en castizo lenguaje, con estilo sobrio y 
denso; con pincel, ya grueso, á fuertes brochazos, ya fino á 
líneas delicadas, siempre empapado en la más rica paleta, de 
colores apagados ó brillantes, claros lí oscuros, variadísima- 
irkente matizados. No describe, como otros americanos, ento- 
nando himnos para dejar suspensos y maravillados á los lec- 
tores, sino con serenidad objetiva de quien canta para sí, cual 
fiel amante del universo, con quien dijérase solitaria y desin- 
teresadamente desposado. Su espíritu lírico le da calor á la obje- 
tiva serenidad, con hondo sabor melancólico, cual de perfecto 
mejicano, que tiene algo de adoración panteísta vaga y soña- 
dora. 

Martín García Mérou (i 862- i 905), de Buenos irires, 
donde se graduó en Derecho, fué desde joven diplomático, mi- 
nistro plenipotenciario en varias Repúblicas americanas y des- 
pués de serilo en los Estados Unidos ocupó el Ministerio de 
'Agricultura durante la segunda presidencia de Roca; final- 
mente, la Legación argentina en Berlín, donde falleció. Cultivó 
la crónica literaria, la crítica, los estudios políticos y sociales. 
Fué imparcial y acaso demasiado benévolo en sus críticas lite- 
rarias, debido á la nobleza y caballerosidad de su índole y finu- 
la de su trato; pero perspicaz, anecdótico, ameno, pintoresco 
en los rasgos críticos y ganoso de favorecer todo linaje de 
cultura. Sus obras de crónica y crítica reflejan agudamente e1 
movimiento intelectual argentino de "la generación de 1880". 



S. XHX, 1879. ELIAS REGULES 3o3 

Prosista natural, nada afectado, correcto, pudoroso y severo; 
buen poeta, premiado en el certamen del Colegio Nacional. 

Eduardo Gutiérrez, argentino, periodista y novelista 
imitador de Eugenio Sué, aficionado á lo terrorífico, escribió 
literatura folletinesca, policíaca y seudogauchesca, realista por 
el asunto, romántica por el corte y manera, sin cuidar el estilo 
pedestre y en lenguaje porteño. Fué el paso del romanticismo 
al naturalismo, hacia 1880, volviendo al arte nacional de Hi- 
dalgo y demás escritores gauchescos, bien que más desmañada- 
mente. Tuvo este mérito y otro no menor, el de haber llevado, 
por casualidad, al teatro, el mismo género nacionad, cuando 
en el Politeama, de Buenos Aires, hizo que la compañía de 
circo de los hermanos Cario pusiese en pantomimia, en 1884, 
su mejor novela, Juan Moreira, ó sea las aventuras de un 
gaucho mnlo^ así llamado, que gustó mucho á la gente menuda 
y se repitió en todas partes. Poco después apartáronse de aque- 
lla compañía los hermanos uruguayos Podestá, verdaderos 
fundadores del teatro criollo, que representaron Juan Moreira 
en Montevideo (Octubre de 1889), añadiendo Regules el peri- 
cón y música Antonio Podestá. En la Argentina representaron 
Martín Fierro, de Hernández, acomjodado al teatro por Re- 
gules; El Entenao, del mismo Regules; Julián Jiménez^ del 
uruguayo Abdón Aróstegui. En Montevideo, Orosman Mo- 
ratorio fué el primero en llevar á las tablas el género criollo 
con el drama Juan Soldado; después, Elias Regules hizo re- 
presentar Los Guachitos. Alsí nació en la pantomima de un 
circo el teatro criollo argentino y uruguayo, gauchesco ó seu- 
dogauchesco, parecido al arte flamenco y cante hondo anda- 
luz. La clase baja porteña, con su habla y sus maneras, subió á 
las tablas, como en el género chico la chulapería de nuestros 
barrios bajos. Fué el arte regional del Plata. 

Elias Regules (n, 1860-), montevideano, gaucho y mé- 
dico, catedrático de su Facultad en la Universidad, presidente 
de la Sociedad criolla, destinada á mantener usanzas viejas, 
que ha defendido contra los que gritan que el gaucho se va; 
poeta espontánea y frescamente campesino en sus descripcio- 
nes, popular y campero en sus escritos y hasta en su propia ves- 
timenta, es el mejor de todos los seguidores de Hidalgo por la 



304 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA {187O-1887) 

frescura y el sentimiento, bien que en tono erudito. Sobresalió 
en Mi tapera. El Entenao^ drama que sólo son cuadros de cos- 
tumbres. 



84. Alf. Reyes: "En la paz de las aldeas gustaba Othon de pa- 
sar la vida, donde es más fácil salir al campo... Desvestido el ánimo 
de todo sentimiento efímero, vuelve á su profundidad sustantiva, toma 
allí lo esencial, lo desinteresado, que es á la vez superfluo de las 
imágenes del mundo y vuelca sinceramente sobre el espectáculo de la 
naturaleza el tesoro de sus mJás hondas actividades: la religión, el 
deber, el gusto ó el dolor de la vida. La existencia de Manuel José, 
por otra parte, según era su descuido por las cosas exteriores y se- 
gún era su hábito de ensimisraanifiento y de éxtasis, parece más desli- 
gada aún de la realidad accesoria por aquel maravilloso don de olvido 
que le conocimos todos y es ya proverbial, á cuya merced el poeta 
pasó por la tierra como un personaje de capricho, con el despilfarro 
de un desdeñoso, con la torpeza de un inocente, con la grande y do- 
minadora sencillez de un hombre justo. Todo lo cual le permitía, re- 
traído á sus soledades rústicas, conservar, en tiemipos de escepticis- 
mo, la crencia tradicional con igual facilidad y pureza comió la aprendió 
en el libro doméstico, en la casa y en la escuela. Y así su labor poéti- 
ca nacida de fuentes tan serenas, hija toda de los sentimientos más 
fundamentales del espíritu, es casta y benigna, salobre como campesina 
madrugadora, firme como labrador envejecido sobre la reja, santa y 
profunda como un himno á Dios en el más escondido rincón de al- 
guna selva." Alfonso Reyes, Rubén Darío en México, 1916: "A veces 
llegaba de la provincia M. J. Othón con el dulce fardo de sus bu- 
cólicas á cuestas: lejano, distraído, extático. Othón ha miuerto y es- 
pera el día de su consagración definitiva. Es el clásico. En la historia 
de la poesía española es, al mismo tiertjpo, una voz conocida y nueva. 
Su verso tiene, junto á las reminiscencias de fray Luis, ecos de Bau- 
delaire. Aprendió en los maestros definitivos, no en los vanos dioses 
de la hora ; hizo, como quería Chenier^ versos antiguos con pensa- 
mientos nuevos. Ñervo incurrió en el pecadillo de censurar el uso 
de los "metros viejos" en Othon. Era un duelo entre el alejandrino 
modernista y el endecasílabo vetusto. Othon se defendía oponiendo, á 
su vez, que el alejandrino castellano es tan viejo como Berceo." F. 
García Godoy, La Liter. Atner., 1915, pág. 126: "Los hermosos so- 
netos de Noche rústica de Walpurgis, vasta sinfonía donde, á cada 
instante, se siente la intensa vibración de un alma saturada de divino 
anior por la Naturaleza, donde esplende de continuo, con cierto vago 
colorido clásico, sin complicados arabescos, armoniosa y bella, una 
visión amplia y sugerente de lo que en determinados momentos, pro- 
duce en ciertos espíritus la contemplación de las múltiples bellezas 
de la campiña solitaria, apacible, poblada de misteriosos ruinores. Hay 



S. XIX, 1880. MARTÍN GARCÍA MÉROU 3o5 

en Othon cierto género de panteísmo místico, que, aun bebiendo de 
continuo en el raudal inagotable de las cosas miríficas del mundo na- 
tural, aun tendiendo, en ocasiones^ á compenetrarse con ellas, con- 
serva siempre el rescoldo de ciertas creencias religiosas, flores místi- 
cas que aún no ha destruido el cierzo de dolorosos escepticismos. Hay 
muchas bellezas en estos sonetos... 

Intempesta Nox: 
"Xoche profunda, noche de la selva, 
"de quimeras poblada y de rumores, 
"sumérgenos en ti, que nos envuelva 
"el rey de tus fantásticos imperios 
"en la clámide azul de sus vapores 
"y en el sagrado horror de sus misterios." 

"...Noble y melancólico poeta que vivió esparciendo en ritmos vibran- 
íes y bellos las más puras palpitaciones de su corazón noble y gene- 
roso." M. J. Othon: Poesías, San Luis de Potosí, 1880. Después de la 
muerte, dr., ibid., 1884; Méjico 1885. Lo que hay detrás de la dicha, 
dr., 1886. Poemas rústicos (1890-1902), Méjico, 1902. El Ultimo capí- 
tulo, ensayo dr., San Luis, igoS. Noche rústica de las Walpurgis, 
poema, Méjico, 1907. El Himno de los bosques, San Luis, 1908. I>ejó 
escritos la novela La Gleba, los dramas Herida en el corazón, La 
Sombra del hogar La Cadena de flores y Victoriosa; un arreglo de 
Macbeth, el monólogo Viniendo de picos pardos y Vida montaraz (au- 
tobiografía). Publicó en El Mundo Ilustrado, en 1903, Cuentos de es- 
pantos. Eln Esp. Mod., Surgite (1903, Abr.). Consúltense: José López 
Portillo y Rojas, Elogio de M. J. O., Méjico, 1907; Alfonso Reyes, 
Los Poemas rúst. de..., confer., en Conferencias del Ateneo, Míéjico, 
r9io; Jenaro Estrada Poetas Nuevos, 1916, donde se citan los demás 
artículos que de él tratan. 

Alvaro Melián Lafinur, Introd. á Escrit. liter., de Avellaneda, 
1915 : "La (prosa) de García Mérou (presenta) distinción y soltura." 
Ríe. Monner Sans, Pról. á Recuerd. Liter., 1915: "Sus obras de cró- 
nica y crítica literaria reflejan agudamente el movimiento intelec- 
tual argentino de "la generación del 89"; su obra, por su contenido y 
por su forma es uno de los exp)onentes más considerables de la men- 
talidad nacional. Además de su valor histórico ó representativo, vale 
por sus excelentes cualidades intrínsecas... García Míérou es bona- 
chón, correcto y pudoroso, y porque es esto último, no brota de su plu- 
ma concepto atrevido; porque es correcto, su estilo es siempre noble 
y severo^ y porque es bonachón, reparte aplausos y prodiga alaban- 
zas, no siempre en arn^onía con las severas reglas del arte literario. 
La crítica de nuestro autor tiene puntos de contacto con la del céle- 
bre Guyau : para ambos criticar es admirar, y quien admira, cree, y 
quien cree, ama. García Mérou nos hace simpatizar con sus amigos." 



3o6 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REAI.ISTA (187O-I887) 

Miguel Cañé (en Recuerdos Liter. de Mérou, I9i5_ pág. 350) : "El 
Alma de Don Juan podría llamarse, como todos los artíciílos del li- 
bro {Estud. Liter.), "sinfonía sobre viejos temas". No es una crítica, 
no es un estudio, es un pretexto de estilo... Por lo demás, aplaudo la 
reacción contra el galicismo á oiürance^ porque la resultante será un 
estilo con la marcha ligera del francés y la sonora riqueza del espa- 
ñol. Los cuentos... Sinfonía siempre... Mujeres y autores no me gus- 
ta; el estilo es flojo, no está castigado... No hay plan ni objeto... 
Todos sus trabajos son ejercicios... Baje medio tono á su estilo. El 
rryímdo intelectual marcha á la sencillez. Que todo no sea reflejo de 
lecturas." M. García Mérou: Poesías, 1880. Nuevas poesías, 1881. 
Reflejos, 1881. Varias poesías, 1882, juntas todas después en un tomo: 
Poesías (1879-85) 1885. Impresiones de viaje, 1884. Estudios litera- 
rios, 1884. Lavinia, poema, 1884. Libros y Autores, 1886. Atahualpa, 
poema, 1886. Perfiles y miniaturas^ 1889. Juan B. Alberdi, 1890, 1915. 
Recuerdos literarios, 1891, 1915. Cuadros épicos, 1891. Confidencias 
literarias, 1894. Ensayo sobre Echeverría, 1894. Estudios americanos, 
:90o. Historia de la diplomacia americana, dos vols., 1904. El Brasil 
intelectual, 1905. 

Otras obras de Eduardo Gutiérrez: Juan Cuello (1892), Santos 
Vega, Una amistad hasta la muerte. Pastor Luna, El Mataco (1890), 
Juan sin patria. El Chacho, Los Montoneros, El Rastreador, D. Juan 
Manuel de Rosas (1892), La Muerte de un héroe, Hormiga negra 
(1892). Imprimiéronse en Montevideo (s. a.) y en Barcelona 1892. 
Buenos Aires, epopeya de 1880, 1890. 

Vent. García Calderón, La Liter. Urug., 1917, pág. 55 : "Las (co- 
sas) de la tierra, "cosas chicas para el mSundo; pero grandes para 
"mí" como dice (Regules) en la más fam|osa de sus poesías, Mi tape- 
ra, son el gaucho rumboso y pendenciero, la china que canta décimas 
tristes y baila pericones alegres, el paisaje con claros rumores de 
alquería y siempre, en el horizonte escampado, una guitarra que llora. 
Monotonía y melancolía son cualidades y defectos del género, como 
el encanto de la tierra descrita. Ya se advertían en los predecesores 
argentinos del autor que estudiamos : Santos Vega ó el autor de Mar- 
tin Fierro y en los poetas criollos del LTruguay contemporáneos de 
Regules, Antonio de Lussich, Alcides Dte-María y Orosmán Mora- 
torio. Moldeada en la copla española, fácil y aguda como ella, no tie- 
ne, sin embargo, la de Regules su obsesión de celos agarenos y de pu- 
ñales. 'Siempre se advierte aquí la encantadora languidez de Amé- 
rica. Hallazgos de delicadeza rústica : "el arroyo que corre asustado 
"como huyendo de una pena" ó los dos ranchos que se miran "á tra- 
"vés de un arroyito" no parecen inventados por el escritor sino es- 
pontánea creación de un pueblo tierno y enamorado. Y escribiendo 
cosas de sus paisanos y para ellos, muy pocas veces emplea, sin em- 
bargo, la jerga oscura del gaucho, originalidad que ya observó en 
Regules el argentino Leguizamón. "Sólo usa, dice éste, el lenguaje 



S. XIX. 1880. JUAN PÉREZ ZÚÑIGA Soy 

'castellano matizado de tal ó cual modismo criollo, sin que por ello 
"pierda de sustancial el tema que desarrolla, generalmente en déci- 
"mas, ajustándose así á la formja favorita del trovador campestre." 
SI cuando quiere imita á maravilla el lenguaje rústico, como en la 
payada "entre dos gauchos", el tono frecuente y más feliz es esta 
copla, que, por inspirarse también en la vieja simplicidad española, 
tiene, á veces, parecido con los cantares de Jiménez... De la misma 
vena encantadora son muchos de los Versos crioilos, donde reúne sus 
mejores canciones populares. Las sabe el gaucho de memoria ; las 
sabe ignorando muchas veces el nombre del poeta que les dio vida, 
y así ha de perdurar su gloria oscura envidiable como la de los au- 
tores de romanceros ó coplas, cuyo nombre se extingue y se disipa, 
cuando la gracia silvestre de las estrofas sin dueño sigue uniendo 
parejas y concertando amores." Amadeo Almada, Vidas y obras, 
1912, pág. 36: "Elias Regules, el desposado con la musa gaucha^ cuya 
fresca y espontánea poesía tiene por símbolo á un paisanito pizpireta 
y quebrallón cantando guitarra en mano y frente á la tapera aban- 
donada sus décimas quejumbrosas, diciendo chicoleos pintorescos y 
harto expresivos á las muchachas campuzas que pasan muy almido- 
nadas con el sabroso amargo en la mano y el relampagueo de sus pro- 
mesas en los ojos lánguidos y oscuros, y entreteniendo las largas mar- 
chas solas y melancólicas con el silbar de sentidas vidalitas ó con el 
contar una tras otra en bellas décimas las "leguas que hay acostadas 
"á lo largo del camino" y que parecen sacudir por un segundo sus 
testas polvorientas y cansadas, al sentirse heridas por los cascos del 
redomón cubierto de sudor y espuma, pero siembre inquieto y alti- 
vo." Versos criollos^ Montevideo, 1915 (5.^ ed. aumentada). Consúl- 
tese Man. Gálvez, La Vida mtUtiple, pág. 274. 

85. ^ño 1880. Juan Pérez Zúñiga (n. 1860-), madrileño 
de la calle de Toledo, por seiid. Siirsiim Corda y Perfecto 
Bombasí, ganóse el primer dinero tocando el violin en las or- 
questas y dando lecciones ; cursó Leyes hasta obtener el título 
de abogado; comenzó á escribir en el Madrid Cómico^ en 1880, 
y después ha colaborado en infinidad de periódicos. Hoy lleva 
publicados 34 libros, 25 comedias y varias obras musicales. Es 
jefe de Negociado de primera clase en Hacienda y redactor 
del Heraldo de Madrid. Escritor festivo, gran pintor á brocha 
gorda, de tipos y costunlbres madrileñas, bastante caricatures- 
co y abufonado en sus chistes; fino español en todo, ha pre- 
senciado las modas modernistas venidas de allende como quien 
oye llover. Como cronista es gracioso; como autor cómico lo 
ha hecho bastante mal, y así, casi siempre le han chillado en el 



3o8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

teatro. Tienen sus chistes no poco de grotesco y menudea esas 
salidas de tono que gustan al público en revistas ligeras y pe- 
riódicos ; pero que en libros cansan y en las tablas hacen me- 
near los pies. 

Eduardo Acevedo Díaz (n. 185 1-), de Montevideo, cate- 
drático, periodista, jurisconsulto, senador y diplomático, es- 
cribió de historia y jurisprudencia; pero fué, sobre todo, nove- 
lista notable, que contó novelescamente las guerras de Inde- 
pendencia y la vida presente de la pampa y el pago, distinguién- 
dose en las descripciones más que en el diálogo, en las costum- 
bres más que en los afectos y caracteres. Fué en demasía obje- 
tivo y frío, realista en descripciones y episodios, tan sólo ro- 
inántico en metáforas y plan, no en lo sentimental y subjetivo. 
Hanle comiTarado con los hermanos Goncourt ; pero no alcanza 
á fundir el espíritu novelesco con el histórico. Dirigió, desde 
1895, El Nacional^ gran diario de Montevideo. El Combate de 
la Trapera es un cuento magistral. 

Juan de Dios Uribe, colombiano, fallecido á fines de si- 
glo, periodista, rebelde con Vargas Vila, su amigo; redactor 
en Colorríbia de La Batalla; en Caracas, de Los Refractarios : 
en Quito, ayudador de la política radical del general Alfaro 
en El Somatén y otros periódicos; político y errante perpetuo, 
en Quito, Venezuela (1888-90), Caracas (1890-92); escritor 
de amplios párrafos á lo Montalvo y violento como él en la 
polémica; publicó un Juicio crítico de las poesías de Diógenes 
Al Arrieto^ Caracas, 1883. Sobre el Yunque, obras completas^ 
publicadas^ ordenadas y anotadas por "Ant. José Restrepo, Bc^- 
gotá, 191 3, 'Cuatro vols. 

Miguel Sánchez Pesquera (n. 185 1-), de Cumaná (Ve- 
nezuela), estudió Leyes en Madrid y cantó primero el amor; 
pero después imitó á Heine en el género dramático y anecdó- 
tico con moraleja, como en La Tumba del marino. El Ultimo 
pensamiento de Weber es muy popular en su tierra. Remedó, 
no sin gracia, la poesía mística de la Biblia; fué lírico subje- 
tivo, algo triste, á lo Bécquer, hizo poesías románticas y sone- 
tos parnasianos. Tradujo El laclado profeta del Korassan, leyen- 
da del poema Lalla Rookh, de Tomás Moore. Primeras poesías 
(1870-80), Madrid, 1880. Sonetos^ con estudio de Julio Calcaño. 



S. XIX^ 1880. JUAN PÉREZ ZÚÑIGA 309 

Rafael Fragueiro (1864-1914), uruguayo, derrochó su 
gran numen poético precoz desde niño arrebatada y desordena- 
damente; siguió, siempre niño, afectando romanticismos algo 
de pega. Escribia, á los diez y siete de su edad, con la amargu- 
ra y dolor de Heine, y compuso, á los diez y seis, la tragedia 
infantil Lucrecia Romana^ estrenada en 1880. Sentimental á 
lo Macias, lloró ficticios amores no correspondidos en musi- 
cales versos, tristes é irónicos, rmelancólicos y lúgubres, valien- 
tes, sobrios y de los mejores que en este genero sentimental se 
han escrito en su tierra. Pero apenas enamorado de veras y 
casado enmudeció, comió es de esperar de todo lo ficticio; 
hízose burgués barrigón, explicó Retórica y tradujo novelas : 
aunque á veces con el mismo postizo estro que antes, hizo poe- 
sías de un decadentismo sonoro, enfermizo y raro, por empare- 
jar con la moda. El Alegretto becqueriano vale más que el 
Idilio en sextillas, imitación de Núñez de Arce, y los Recuerdos 
viejos (1887) más que el sonoroso y parnasiano poema en 95 
décimas Los Buitres (1891). 

Miguel Mir (1841-1912), de Palma de Mallorca, estuvo 
desde los diez y siete de su edad en la Compañía de Jesús hasta 
1887; hizo un viaje á Inglaterra, fué académico (1886) y su 
bibliotecario. Imitó galanamente á los antiguos clásicos caste- 
llanos en sus primeras obras y escribió más tarde dos muy cum- 
plidas historias : la de Santa Teresa y la de la vida interna de la 
Compañía, macizamente documentadas, aunque, por haberlas 
escrito en sus últimos años, se muestre desmayado y flojo en 
el estilo y poco sobresaliente en el lenguaje. 

86. Pérez Zúñiga fué director de El Donángo (1897) y colabo- 
rador de Madrid Cómico, Blanco y Negro, La Ilustr. Esp., Barcelona 
Cómica, El Gato Negro ^ Nuevo Mundo, Miscelánea, Vida Gahnte, 
La Gran Via, El Día, La Lidia, Actualidades (1902-03), Pluma y Lá- 
piz (1903), ABC (1903), Gran Vida (1903), Iris (1903), Los Madriles 
(1903), Calínez (1904), Heraldo, etc. Pérez Zúñiga, El Liberal, 10 
Marzo 1914: "Hago versos porque sí | mas confieso mi pecado: | los 
modelos que he estudiado | que me los claven aquí; | que al que es- 
cribe sin cesar ¡ y es autor y periodista, | y abogado y violinista, j y 
empleado en Ultramar, | no le es posible, aunque quiera, | buscar 
libros y aprender ; ! ni aun tiene el tiempo de ver | á su familia siquie- 
ra." En carta al autor: "¿Ideal artístico...? Sencillamente propor- 
cionar al público momentos de solaz. Claro es que yo no nue hubiera 



3 10 SEGUXDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA ( 1 870- 1 887) 

creído capacitado para eso que si es fácil de intentar es difícil de 
conseguir, á no ser porque me dijeron personas tan autorizadas como 
sinceras, que podría cultivar la nota cómica con buen éxito. Aunque 
he ganado mucho dinero con la pluma, comencé á escribir sin ánimo 
alguno de lucro y desconfiando del mérito de mis trabajos. Nunca 
pretendí realizar un ideal serio y elevado en mis obras literarias. Los 
millares de artículos y poesías que he publicado y los libros y las 
comedias que he impreso no han tenido más objeto que provocar la 
riia de mis lectores y alegrarles un poco la vida, muy amarga de 
suyo. Si algunas veces se mte ha ocurrido algo satírico ó filosófico de 
más o menos miga dentro del fin frivolo de mis producciones, lo he 
considerado como un apreciable hallazgo imprevisto y me ha satisfe- 
cho sobremanera. Siento lo trágico y lo apasionado como el que más; 
pero no he dado rienda suelta á estas expansiones espirituales más 
que en la intimidad. En seguida he manifestado mi gesto cómico y 
me he dedicado á satisfacer la demanda de humorismo que se me ha 
hecho, realizando así el único ideal artístico que me guía en mi labor 
continua : proporcionar ameno entretenimiento á mis benévolos lec- 
tores." Obras : Cosas ^ poesías y artículos, prólogo de Taboada, 1884. 
Desafinaciones, poesías, prólogo de Vital Aza, 1888. Gárgaras poéticas, 
poesías, prólogo de Sinesio Delgado, 1889. Guasa viva, prólogo de 
Clarín y epílogo de Luceño 1892. Pampiroladas, poesías, 1892. Pirue- 
tas, poesías y artículos, 1894. Zuñigadas, poesías, 1894. La Romería del 
balcón ó El Alqimnista, zarz. (con otros, por seud. de todos, Artagnán), 
1894. Cosquillas, verso y prosa, prólogo de Peña y Goñi, 1895. Cocina 
cómica, recetas y otras cosas, 1897. Paella festiva, versos, 1897. Con- 
fetti, menudencias en verso, 1899. Galimatías, artículos cómicos, 1900. 
Guía cómica de San Sebastián, 1900. Música ratonera, poesías esco- 
gidas, 1901. Viajes morrocotudos (en cuatro jornadas, 5." ed.), 1901 y 

1902. Camelarlo Zaragatono, 1903. Amantes célebres puestos en solfa, 

1903. Tipos raros, artículos festivos, 1904. Doña Tecla en Pomotú, 
aventuras novelescas, 1904. Sin pies ni cabeza, artículos y poesías, 1904. 
Villapelona de Abajo, cuentos breves, 1905. Seis días fuera del mimdo, 
viaje involuntario, 1905. Cuentos embolados (festivos, por supuesto), 
1905. Chapucerías, poesías cómicas, 1906. Buen humor, artículos cómi- 
cos, 1907. Coplas de sacristía, versos humorísticos, 1907. Pura brofna, 
artículos amenos, 1908. Alma guasona, prosa festiva, 191 1. Cuatro cuen- 
tos y un cabo, prosa festiva, 1912. Historia cómica de España (en co- 
laboración con Taboada Delgado, Aza, Luceño, Ramos, Palacio, Pa- 
rellada, Estrañi, Cuenca, Tapia, Bonnat, Zadig y Belda), 1913. Atnan- 
tes célebres^ segunda edición, ilustrada, 1913. La Soledad y el coco- 
drilo, cuentos, 1913. Obras teatrales: La Manía de papá, juguete có- 
mico, 1881. ¡Felicidades!, jug. cóm., 1886. El Señor Castaño^ zarz., 
1887. ¡Viva la Pepa!, zarz., 1887. El Quinto cielo, zarz., i888. El 
Pasmo de Cecilia, zarz., 1888. A las dos de la mañana, zarz., 1888. 
Los Tíos, zarz. 1889. El Traje de gala, zarz., 1889. La>s Goteras, zarz.. 




ESCRITORES URUGUAYOS 

{El Parnaso Oriental, igoS.) 



S. XIX_, 1880. MIGUEL SÁNCHEZ PESQUERA 3ll 

1S90. La Lucha por la existencia, zarz., 1891. El Salvavidas, jug. có- 
rmco, 1892. La India brava, zarz.^ 1894. El Mártir de les veladas, mo- 
rjólogo, 1895. El Gabán de pieles, jug. cóm., 1899. La Chica de la por- 
tera, pasillo. La Gente del patio^ zarz., 1899. La Mallorquina, zarz., 
1900. La Gloria, jug. cóm., 1900. El Portal de Belén, entr., 1908. El 
Cuarto alegre, zarz. 1908. El néctar de los dioses, opereta, 1909. Bron^ 
quitis aguda, pieza cómica, 191 1. Descanso dominical, pas, cóm., 1912. 
Muerte y dulzura ó el merengue triste, sain.^ 1915- Los de la burra 
(con L'Hotellerie), 1915. 

Raúl Montero Bustamante, El Uruguay á través de un siglo, 
pág. 432 : "La escuela nacional creada por Acevedo Díaz y encami- 
nada á cultivar el color local y el pasado histórico... Asi como Maga- 
riños Clervantes adaptó el sentimiento romántico á la descripción de 
la naturaleza y de los caracteres campesinos, Acevedo Díaz aplicó 
al mismo objeto el procedimiento de la escuela naturalista en boga 
en el último tercio del siglo pasado. Sus novelas Brcnda, Ismael, Na- 
tiva, Grito de gloria y Soledad son descripciones animadas y pinto- 
rescas del ambiente nacional. El pincel un poco huraño y el lenguaje 
rebelde agregan á estas creaciones cierta viril crudeza, que no ha 
reaparecido, por cierto, en las obras posteriores de este autor." B. 
Fernández Medina, Uruguay, 1895, pág. 16: "No es la imaginación 
la cualidad sobresaliente en Acevedo Díaz, sino el estilo pintoresco 
y abundante pero que, para ser verdaderamente hennoso, tendría que 
curarse de cierto conceptismo de mal gusto y de muchos pecados de 
gongorismo ó culteranismo, que, lejos de ser poesía y adorno del 
lenguaje, lo falsean y amaneran. El temjperamento de Acevedo Díaz 
no le permitirá nunca sentir la campaña tal cual fué en las épocas 
pasadas de su preferencia y tal cual es en la presente, ni forjar accio- 
res muy humanas y reales; pero en ese miundo que ha llegado á do- 
minar del gauchaje alzado en armas para independizar el suelo na- 
tivo, podrá representar escenas tan magistrales como la del Combate 
de la tapera, cuento que va en esta colección como una sinfonía sal- 
vaje bélica y amorosa, y en el cual hay hasta sobriedad excepcional 
en el autor, y podrá crear tipos inolvidables, como la china Sinforosa 
de Ysmael, ejem/plar de la virago indígena, que pelea al lado del 
hombre, más valiente y más feroz á veces que él, sin dejar de ser muy 
mujer por otros sentimientos y cualidades." Ed. Acevedo: Nativa, 
Montevideo, 18S0, 1894. Brenda, 1884. Ismael, 1888. Grito de gloria, 
1893. Soledad, 1894, El Combate de la tapera. Lanza y sable. Miné, 
1910. Roma, 1910, 1915. Notas y apuntes (1828-1903) de historia, 
dos vols., 1903. Attigas, tres vols. El Mito del Plata, 1916. Manual de 
Historia Uruguaya, t. I, 1916. 

Gonzalo Picón-Pebres, La Liter. Venez., 1906, pág. 308: "En M. 
Sánchez Pesquera la inspiración suj>era al arte... me refiero á sus 
Primeras poesías, donde el fresco arroyo lírico es un cantor dulce y 
amable de cosas admirablemente bellas de la vida, sin que se agote 



312 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1S87) 

el caudal de sus aguas cristalinas, siempre abrillantadas por el sol. 
En sus Prim. poes. es incorrecto algunas veces, desordenado y hasta 
ialso de luz y colorido; pero se sostiene fuertemiente en las alturas 
con la potencia de sus alas, y es muy raro que rompa la melodía de 
los versos, que es lo que en él más sobresale. Abunda en ideas origi- 
nales; su adjetivación es brillante y la combinación de los acentos 
rítmicos la maneja con sabiduría. La cuerda que mejor vibra en su 
arpa es la cuerda del amor, del amor apasionado, ardiente... En oca- 
siones tiene el sabor del romanticismo acomodaticio de escuela; pero, 
en lo general, revela verdadero sentimiento y una ternura no fingi- 
da que deleita. S. P., en sus composiciones posteriores, es más refle- 
xivo más cuidadoso de la forma, más correcto; pero no tiene la ins- 
piración que en las primeras, siempre elevada y vigorosa.'' 

B. Fernández Medina, Uruguay, 1895, pág. 69: "A los diez y siete 
había publicado una pequeña colección de poesías y dado al teatro una 
comedia. Después ha seguido produciendo poesías, artículos, novelas y 
obras dramáticas; pero no se han confirmado las esperanzas inspiradas 
por sus precoces comienzos. Uno de nuestros jóvenes críticos, Adolfo 
Sienra, ha caracterizado á Fragueiro en los siguientes párrafos : "Es 
''más bien un temperamento poético que uii poeta. Naturaleza inquie- 
"ta y febriciente, no ve sino la superficie, la epidermis de las cosas. 
"No siente ni piensa abiertamente por sí mismo. Un pedazo de cielo, 
"un árbol, un paisaje, son en él un reflejo convencional ó una com- 
''binación de impresiones imaginadas. Las ideas no brotan en su es- 
"píritu instintivamente^ libres, con espontaneidad, como en tierra 
"pródiga y exuberante que les fuera propicia: son polen disperso 
"que ha caído en un ovario extraño, al cual ha fecundizado á fuerza 
"de calor artificial, desfigurando el fruto. Aun dentro de la verosi- 
''militud, suele Fragueira sentirse constreñido. Los dominios de lo fan- 
"tástico, sin límites ni obstáculos, son su dominio, su retina no quie- 
''re la fiesta en paz con la naturaleza. Lo reglamentado y ordenado 
"choca con sus hábitos de inexperta independencia. La asimilación 
"es gran parte de su talento y la volubilidad, su guía." Personalmen- 
te, Fragueiro es como sus obras. Su espíritu ha llegado á aletear en 
un misticismo algo extravagante ; pero la fe sincera ha sido siempre 
cualidad persistente en él. Habla y escribe en cinco ó seis idiomas y, 
como Zorrilla, declama notablemente. Ahora vive en Buenos Aires, 
donde ha publicado recientemente una mala novela original y algu- 
nas traducciones del francés y del inglés." Raúl Montero Bustamante, 
El Uruguay á través de un siglo, pág. 429 : "R. F., un temperamento 
raro y complejo, siguió las aguas de Zorrilla S. Martín, cultivando 
la poesía lúgubre del autor del Libro de los Cantares y, en general, 
no fué raro ver á todos aquellos poetas que hasta el día anterior co- 
piaban cuidadosamente la manera de Núñez de Arce ó Campoamor, 
escribir rimas tristes ó irónicas, donde asomaba la hiél del maestro de 



S. XIX, 1880. MIGUEL MIR 3l3 

Dusseldorf" (Heine). Consúltese Roxlo, Hist. crtt. liter. urug., t. IV, 
págs. 59-76. 

Literariamente es floja y pesada la Historia inferna doc. de la 
C. de Jesús del padre Mir; pero la argumentación de sus proposicio- 
nes es irrebatible, por más que se empeñen el anónimo F. Vensel Pron- 
ta, Defensa de la Compañía de Jesús..., Barcelona, 1913; el padre 
Ruiz Amado en su D. M. Mir y su historia, ibid., 1914, y finalmente, 
la Academia de la Historia, presidida por el padre Fita, cuando en 
el informe de 10 de Marzo de 1914, escribió que "la clave de tan 
-desleída labor radica en los dos opúsculos, que, personalísimos y aje- 
nos al fondo del tema que en el título de la obra se promulga, abren 
y cierran la afanosa tarea del escritor", el cual "pone inhábilmente 
de manifiesto sus móviles, muy humanos, pero poco en consonancia 
con los progresos de la ciencia histórica", de modo que en la obra 
^'no se obedece á ninguno de los preceptos narrativos, críticos, demos- 
trativos y filosóficos de una verdadera historia". Este informe es 
parcialísimo á todas luces. El padre Mir tenía inquina á la Com- 
pañía por lo mucho que en ella le hicieron sufrir, y tiende en su obra 
á demostrar sus defectos internos desde su establecimiento ; pero la 
demostración es contundente y documentada con los mismos docu- 
mentos publicados por los Padres. No hay insulto en ella ni apostro- 
fes ni desahogos de ninguna clase ; el vigor de las pruebas está ves- 
tido con una serenidad de forma rayana en indiferencia. Los perso- 
najes todos de la iQuria Romana, fuera de los afectos á la Compañía, 
á quienes comunicó la obra antes de publicarse, le dijeron que nada 
contenía de censurable, sino que se condenaría por respeto á la Com- 
pañía. Del hecho puedo dar fe como quien estuvo enterado de cuanto 
en este negocio pase. Las historias todas de la Compañía son perpe- 
tuos panegíricos; no puede escribirse su historia crítica como ya lo 
avisó el padre Mir y se vio por la que él escribió, verídica, docum/en- 
íada, imparcial y serena en la forma; en el fondo, aplastante. Es in- 
creíble lo que trabajaron los Padres para secuestrar le edición de toda 
la obra. Bien sé que mí opinión parecerá no menos parcial á los ami- 
gos de la Compañía y que con expresarla aquí me malquistaré con 
ellos; pero, contra mi interés particular, debo decir lo que siento. El 
lector juzgará de por sí, ya que la obra, aunque indigesta de leer, es 
trasparente y clara para todo el que sólo desee conocer la verdad. 
Escribió el padre Mir varios prólogos en ediciones de escritores clá- 
sicos. Vida de la Condesa de Bornos, Madrid, 1880. Harmonía entre 
la Ciencia y la Fe, ibid., 1881^ 1885, 1892. Causas de l-a grandeza de la 
lengua castellana (disc. rec. Acad. Esp.), ibid., 1886. Discurso sobre 
el Jubileo sacerdotal de León XHI, Zaragoza, 1888. Noticia histórica 
del 2.° Congreso Católico español, ibid., 1891. B. Leonardo de Argen- 
sola, Zaragoza, 1891. Influencia de les aragoneses en el Descubri- 
miento de América^ Palma de Mallorca, 1892. Historia de la Pasión 
de Jesucristo, 1893, 1909- Los Jesuítas de puertas adentro ó un barrido 



314 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\L1STA (187O-18S7) 

hacia fuera cu la Conupañía de Jesús, Madrid, 1896. Curiosidades de 
mística parda (anónimo), id,, 1897. Espíritu de S, Teresa^ ibid., 1898. 
Manual del cristiano, Devocionario, París, 1900. Al pie del altar. De- 
vocionario clásico poético, Madrid, 1902. Historia interna documentada 
de la Compañía de Jesús, Madrid^ 1906, dos vols. ; pero no salió hasta 
1913, m(udada la cubierta. ¿Se puede hablar de los Jesuítas f Carta 
abierta al cardenal Merry del Val, ibid. 1907. S. Teresa de Jesús, su 
vida, su espíritu, sus fundaciones, ibid., 1912, dos vols.; falta el 3." de 
Documentos, prestados muchos por otros sacerdotes y religiosos, que, 
al morir don Miguel, se llevó su hermano el padre Juan Mir, jesuíta.. 
Romancero eucarístico (inédito). Consúltense: F. Viñals y Torrero, 
El P. Miguel Mir^ Madrid, 1915; Ramón Ruiz Amado, D. M, Mir y 
su Historia... de la Compañía^ 1914; G. Cirot (en Brdlct. Hisp., 1914, 
XVI, 98-116); M. Pelayo, Heterodoxos, III pág. 825. 

87. Año 1S80. Juan Menéndez Pidal (1861-1915), madrileño, 
archivero, director de La Unión Católica (1895)^ colaborador de La 
Ilustr. Esp., Rev. Archiv. (1897-99), que después dirigió; diputado; 
escribió leyendas, biografías históricas nioiy eruditas y algunas pre- 
ciosas poesías. Fué escritor esmerado y de fino gusto, y macizo y 
Aasto erudito. El Conde de Muñazan, leyenda en verso Burgos,. 
1880. Don Ñuño de Rondaliegos, Pabla en la qual es relatado de cómo 
el buen cauallero Don Ñuño topó con la Cueste al tornar de ¡a guerra 
é guando se iua á los palacios de su bien amkida Dosinda para la re- 
querir d'am-ores c se casar con ella, Madrid, 1881. Colección de viejos 
romances que cantan los asturianos en la danza prima, esfoyazas y 
filandones, recogidos de boca del pueblo, anotados y precedidos de un 
prólogo, Madrid, 1885. Alalá, versos, Madrid, 1890. Leyendas del úl- 
timo Rey godo {La Casa de Hércules^ Don Rodrigo y la Cava, I^a 
Penitencia), Madrid, 1906. Noticias acerca de la Orden militar de 
Santa María de España, instituida por Alfonso X, Madrid, 1907. San 
Pedro de Cárdena, restos y memorias del antiguo mmiasterio París, 
1908. El Bufón de Carlos V, don Francesillo de Zúñiga, Madrid, 1909. 
Poesías, Madrid, 1913. Biografía de D. Luis Zapata^ autor del Cario 
famoso (disc. recep. Acad. Esp.), Madrid, 1915. 

Federico Baraibar y Ztjmárraga (1851-1918), de Vitoria, en cuya 
Instituto fué catedrático de Latín (1876), gran helenista y filólogo, 
tradujo del griego las obras más dificultosas con fidelidad, y con estu- 
dios críticos, y recogió y estudió el vocabulario alavés con gran acierto. 
Las Nubes, de Aristófanes, trad., Vitoria, 1874. Comedias de Aristó- 
fanes, tres vols., Madrid, 1880-81. Antigüedades de ¡ruña, Vitoria,^ 
1883. Historia de las expediciones de Alejandro, por Arriano, Ma- 
drid, 1883. El Cícople, de Eurípides, Vitoria, 1883, Gramática latina 
dos vols., Vitoria, 1883-84. Anacreonte, ep verso, Madrid, 1884. La 
Odisea, en verso, ibid., 1886 dos vols. ; 1914. Traducciones del hebreo, 
griego, latín, eúskaro, portugués, catalán, gallego, italiano, francés y 



S. XIX, 1880. R.\FAEL DE UREÑA Y SEMENJAUD 3l5 

provenzal, Vitoria, 1886. Obras co-mpletas de Luciano^ cuatro vols., 
Madrid 1889. Alejandro Manzoni, tragedias, poesías y obras varias, 
dos vols. ibid., 189 1. Tratado de la cantidad en las palabras latinas, 
Vitoria, '1891. Vocabulario de palabras usadas en Álava, Madrid, 
1903. Palabras alavesas (disc), Bilbao, 1905. Epigrafía arm^entiense, 
Madrid, 1906. Palabras alavesas cuyas corresp. etiniplóg. vascas no 
figuran en los diccionarios cuskéricos, París, 1907. Nombres vulgares 
de ani}n>ales y plantas, usados en Álava, 1908. Mmseo incipiente, Ma- 
drid, 1912. Curso de lengua castellana, Vitoria, 1913. 

Estanislao Jaime Labayru y Goicoechea, nacido (1845) en Ba- 
tano-as (Filipinas), presbítero, fallecido poco ha en Bilbao^ donde vi- 
vió y escribió la mejor y más cumlplida historia de Bizcaya. Estudios 
y hechos de la vida de... Fr. Juan de Zumárraga, Bilbao, 1880, 1896. 
Galería de Bascongados ilustres en religión, ibid.^ 1883. Historia ge- 
neral del señorío de Bizcaya, ibid., 1895-1901, seis vols. Compendio de 
¡a historia de Bizcaya, ibid., 1898-99^ dos vols (ts. XXVIII y XXXI 
de la Bibl. base). 

Pedro Goyena, nacido (1843) en Buenos Aires, profesor de Filo- 
sofía, Literatura y Derecho roniano, de estilo claro, fluido y natural, 
elegantemente sencillo y serenamente rítmico, bien que algo descolo- 
rido y frío, publicó artículos críticos en La Rev. Argentina, que diri- 
gió desde 1870, por ejemplo sobre Fr. Ventura Martínez^ sobre Don 
Félix Frías al frente de sus obras. Orador parlamentario desde 1880, 
fundador, con Estrada, de La Unión (1882), donde se dio á conocer 
com'o polemista brillante. Mi corazón no sabía... ^ 1908. Crítica litercí- 
ria. B. Aires, 1917. Alvaro Melián Lafinur, Lntrod. á Escrit. liter., de 
Avellaneda, 1915: "Goyena se distingue por la fluidez, la construcción 
perfecta y la limpieza de su frase; pero se diluye perdiendo en inten- 
sidad, por el hábito docente de ser explícito en demasía." 

Domingo Figarola Caneda (n. 1852-), habanero, director funda- 
dor de la Biblioteca Nacional de la Habana y de su Revista (1909), 
muy erudito y crítico, fundador y director de El Mercurio (1876-77), 
El Argumento (1883), La Ilustración Cubana (Barcelona^ 1885-87), 
La Rep. Cubana (París^ 1896-97), colaboró en el Dicción. Biográfico 
Cubano, de Calcagno (1878-86), ordenó las Obras de Rosa Krugcr 
(1883), publicó las Poesías de Julia Pérez de Montes de Oca (1887), 
Los Negros, de Ant. Bachiller y Morales (1887), las Seis conferencias 
de E. J. Varona (1887) y Dos ameres, de Cirilo Villaverde (1887). 
Bufos cubanos de Salas, biografía de D. Saturnino Valverde^ Haba- 
na, 1880. Bibliografía de R. M. Merchán, 2.' ed. aum., 1905. El Doctor 
Ramón Meza y Suárez Inclán, 1909. El Retrato de Plácido, 1909. 
Cartografía cubana del British Museum, 2.' ed., 1910. Escudos pri' 
mitivos de Cuba, 1913. Memorias inéditas de la Avellaneda, 1914- ^^- 
lanés y Plácido, 1914. Bibliografía de Luz y Caballero, 1914-15 (en 
Rev. Pac. Letras, 1916) ; Habana, 1915-16 (2.' ed, aiunent.). 

Rafael de Ureña y Smenj.\ud (n. 1852-) de Valladolid, decano de 



3l6 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-1887) 

la Facultad de Derecho en la Central, historiador muy erudito del 
Derecho español, publicó Nacimiento y muerte de los Estados hispano- 
musulmanes, Oviedo, 1880. La Influencia semita en el Derecho me- 
dioeval de España, Madrid, 1898. Historia de la literatura jurídica 
española^ ibid., 1906; t. II, con los Estudios de literatura jurídica. 
Las Ediciones de los Fueros y Observancias del Reino de Aragón an- 
teriores á la Comipilación de 1547, ibid., 1900. La Legislación gótico- 
hispana, ibid., 1905. El Fuero de Usagre, ibid., 1907 (con A. Bonilla). 
Una edic. inédita de las Leges Gothoruní Regum preparada por Diego 
y Ant. de Covarruhias, ibid., 1909. El Fuero de Zorita de los Canes..., 
t, XLIV del Memorial hist. esp., ibid., 191 1. Las Ediciones del Fuero 
de Cuenca, 1917 (disc. Acad. Hist.). 

Eduardo de Hinojosa y Naveros (n. 1852-), historiador nrny eru- 
dito del Derecho y académico de la Española, no se sabe por qué, publi- 
có Historia del Derecho romano, Madrid, 1880-85, dos vols. Historia 
general del Derecho español (sin acabar), ibid., 1887. Elogio de fray 
Francisco de Vitoria, 1889 (disc. rec. Acad. Hist.). Influencia que tu- 
vieron en el Derecho público de su patria... los filósofos y teólogos es- 
pañoles, 1890. Historia... de la monarquía visigoda (con Aur. Fernán- 
dez Guerra, sin acabar), 1896. Estudios sobre la historia del Derecho 
español. 1903. La Servidumbre de la gleba en Aragón, 1904 (en Esp. 
Mod., Oct.). El Código de Hammurabí, 1904 (ibid., Dic). Relaciones 
■¿ntre la poesía y el Derecho, 1904 (disc. rec. Acad. Esp.). El Régimen 
señorial y la cuestión agraria en Catahiña durante la Edad Media, 
1905. El Elemento germánico en el Derecho español, 1915. 

88. Año 1880. Victoriano Agüero (1854-1911), mejicano, mtiy 
erudito y crítico notable, publicó Escritores mexicanos contemporá- 
neos, México, t88o. Biblioteca de Autores Mexicanos, IMéxico^ 1896- 
1910, 78 vols. Obras publicadas: Agüero (Victoriano), "Obras litera- 
rias", artículos sueltos un tomo con retrato. Alonan (Lucas), "Diser- 
taciones sobre la historia de Méjico", cuatro tomos, con retratos, lá- 
minas, mapas y planos plegados. "Historia de Méjico", t. I, un tomo. 
Altamirano (Ignacio M.), "Rimas", artículos literarios, un tomo, con 
retrato. Baranda (Joaquín) "Discursos, artículos literarios. Biogra- 
fía del doctor don Manuel Campos, La Cuestión de Belice", un tomo, 
con retrato. Calderón (Fernando), "Poesías y teatro", un tomo, con re- 
trato. Castillo (Florencio M. del) "Novelas cortas", un tomo, con re- 
trato. Ceniceros y Villarreal (Rafael), "Cuentos cortos", un tomo. 
"Novelas", un tomo, con retrato. Contó (José Bernardo de), "Opúscu- 
los varios", un tomo, con retrato. Cuevas (José de Jesús), "Discursos 
religiosos", un tomo, con retrato. Chavero (Alfredo), "Escritos diver- 
sos'-, un tomo, con retrato. Delgado (Rafael), "Cuentos y notas", un 
tomo, con retrato. "Los Parientes ricos", un tomo. Díaz Covarrubias 
(Juan), "Gil Gómez el Insurgente" (novela histórica), un tomo, con 
retrato. Domínguez (Manuel) "Leyendas históricas", un tomo. "Epi- 



S. XIX, 1880. BERNARDO BARREIRO 3 17 

sodios históricos de la guerra de la Independencia, relatados por va- 
rios autores", dos tomos. Fernández Ramírez (José), "Opúsculos his- 
tóricos", un tomo. "Adiciones á la biblioteca de Beristain", opúsculos 
históricos, dos tomos. "Memorias para servir á la Historia del se- 
gundo Imperio Mexicano"^ dos tomos. García Icasbalceta (J.). 
"Opúsculos varios", seis tomos. "Biografías", tres tomos. "Biogra- 
fía de don fray Juan de Zumárraga", un tomío. Gorostisa (Manuel E. 
de), "Teatro", cuatro tomos, con dos retratos. López Portillo y Rojas 
{].), "Novelas cortas", dos tomos. "La Parcela", novela, un tomo, 
con retrato. "Los Precursores", novela, un tomo. Maldonado (Al- 
fonso M.), "'Cuentos y narraciones", dos tomos. "Niobles y ple- 
beyos", novela histórica, un tomo. Moreno (Silvestre), "Opúscu- 
los varios", tomo I; un tomo, con retrato. Navarreie (fray Ma- 
nuel de), "Poesías", un tomo, con retrato. "Novelas cortas", por 
varios autores, das tomos. Payno (Manuel), "N.ovelas cortas", un 
lomo, con retrato. Peña (Rafael Ángel de la), "Discursos. Artículos 
literarios. Ensayos de crítica etc.", un tomo, con retrato. Peón y 
Contreras (José), "Romances históricos y dramáticos. Pequeños dra- 
mas. Colombinas. Ecos", un tom/o. "Teatro", dos tomos, con retrato. 
Pérez Solazar (Ignacio), "Poesías", un tomo, con retrato. Ponce 
y Pont (Bernardo), "Prosa y verso", un tomo, con retrato. Ramírez 
Aparicio (Manuel), "Los Conventos suprimidos en México", dos to- 
mos, con retrato. i?ez'///o (Manuel G.), "Biografías" (artistas), un tomo, 
con 13 retratos. Roa Barcena (J. María), "Cuentos originales y tra- 
ducidos", un tomo. "Recuerdos de la invasión norteamericana", 1846- 
1848, dos tomos. "Biografías", un tomo. "Ensayo de una historia 
anecdótica de México en los tierrupos anteriores á la conquista de 
México" (historiadores), un tomo. "Novelas cortas" un tomo. "Ro- 
mancero de la guerra de la Independencia", por varios autores, dos 
tomos. Sierra (José), "Un año en el hospital de San Lázaro", novela, 
dos tomos. Velázquez Primo (F.), "Diescubrimiento y conquista de San 
Luis de Potosí. Los Cabezas Chatas de Guadalcázar. Introducción 
á la historia de San Luis de Potosí. Bibliografía científica potosina", 
un tomo, con retrato. Villaseñor y Vülaseñor (Alejandro) "Estudios 
históricos", dos tomos, con retrato. "Biografías de los héroes y cau- 
dillos de la Independencia", dos tomos. — iDomingo Alcalde Prieto pu- 
blicó La Felicidad humana cuadro de costumbres, Madrid, 1880. C^ia- 
dros de famÁlia, Valladolid, 1890.— José Alú Fernández (-j- 1900?), 
español, por anagrama Fernando Jules Zea, publicó La Isla, décimas 
cubanas de varios, Matanzas, 1880. — Miguel Atrián y Salas (f 1897), 
por seud. Matrina, catedrático en Teruel, redactor de la Rev. del Tu- 
na, publicó Ligero ensayo épico sobre los orígenes de Teruel, ibid., 
1880. Juicio crítico del libro de Moneada "EiXpedición de catalanes y 
aragoneses", ibid., 1885. — Bernardo Barreiko (n. 1850-), arqueólogo, 
historiador y poeta, de Santiago de Galicia, archivero de Santiago, di- 
rector de Galicia Diplotttática (1883), publicó Leyendas de Galicia y 



3l8 SEGUNDO PERÍODO DE LA ÉPOCA REALISTA (187O-1887) 

Otras leyendas. Historia de la Iglesia en las cinco diócesis de Galicia. 
Historia de Santiago, 1885. Brujos y astrólogos de In Inquisición de 
Galicia y el famoso libro de S. Cipriano, 1886. Los Blasones de Galicia. 
Cartas á los Centros Gallegos de América, 1886. Testimonio de la anti- 
gua capitalidad de Galicia, Cronicón Iriense. Guía histórica, artística... 
de Santiago, 1886. Llegada del Apóstol Santiago á España. Los Chu^ 
rruchaos, 1887. — Antonio Barreras publicó El Espadachín, narrac- 
hist. del motín de Madrid de 1/66, Madrid, 1880. El Sacristán de San 
Torcuato, episodio de la guerra de sucesión, 1880. Negro y blanco, jug. 
(con Manuel Silvela, Velisla), 1881. — 'Constantino Becchi, poeta 
montevideano sentimental y tierno, escribió poesías desde 1880, como 
Al sol de la libertad, canto. A Juan Carlos Gómez, elegía. Ecos de un 
himno. La Leyenda de un ángel, Montevideo, 1887. — Biografía uni- 
versal. Galería de hombres célebres. Cuadros bosquejados por varios 
autores, 2.* ed. aumentada, ilustrada con 160 grabados, Barcelona, 
1880. — Ramiro Blanco (n. 1857-), médico gijonés, director en Cádiz 
de la Rev, Artíst. y Literaria (1895), colaborador de La Niñez (1879- 
83), Los Niños (1883-86) Barcelona Cómica (1894), El Mundo de los 
Niños (1891), Rev, Contempor. (1897-99), Diario de la Marina (1903), 
publicó Ser algo, nov., 1880. El Cercado ajeno, 18S2. Las Mujeres de 
lance, 1884. Fábulas, Cádiz, 1884. Estaba escrito, 1885. La Muerte en 
un beso^ 1887. Un secreto de am..or, nov., 1889. Historia de doce timos, 
1902. Cuentos plácidos. Tanda de cuentos, 1909. En la Rev. España: 
El Estudiante de Medicina en la época de Calderón (1881, t. LXXXII). 
El Iberismo en la literatura moderna de España y Portugal (ibid., 
1881, t. LXXXIII). Fuerza y hermosura, cuento (1883, t. XC). Obras 
teatrales ligeras: El Pecado de Adán (1889), Con permiso del marido 
(1889), La Guerrilla, Los Prinúos de mi mujer (1891), Don Juanita 
(1891), La de Málaga. — Boletín histórico, por J. Villaamil, E. Hino- 
josa A. Allende Salazar y M. Gesta y Leceta, Madrid, 1880-86, seis 
vols. — Vicente Doroteo Bordanova (1836-1897) publicó Un sueño, 
leyenda, Madrid, 1880. — Pedro Borrajo y Herrera (con Hermene- 
gildo Giner de los Ríos) publicó El Colegio de Bolonia, Madrid, 1880. 
— Saturnino Bracho, cubano de la raza de color, estrenó Un día de 
Reyes, jug.. Habana, 1880. — Manuel Briceño (1849-1885), de Bogo- 
tá (Colombia), general de la República ardiente orador y periodista, 
publicó Los Comuneros, historia de la insurrección de 1781, Bogotá, 
1880. Los Ilustres, páginas de la historia de Venezuela, ibid., 1884 
(contra Guzmán Blanco). — Matías Colandrelli, italiano residente en 
la Argentina publicó Diccionario filológico comparado de la 1. cast. 
(sin acabar), Buenos Aires, 1880-1917, 11 vols. Informaciones grama- 
ticales y filológicas, 1917. — Rafael Carratalá, dramático alicantino, 
publicó Los Nihilistas^ 1880. E.vtratónico fuerte, 1887. — Joaquín D. 
Casasús (n. 1858-), ya fallecido, mejicano, abogado y economista, po- 
lítico y poeta, tradujo á 'Catulo, Tibulo^ Ovidio, Juvenal, Leconte de 
Lisie, Coppée, Heredia, etc., y publicó la hermosa y fidelísima tra- 



S. XIX, I»»0. FRANCISCO FERNANDEZ RODELLA i'q 

ducción de Horacio justamente alabada por Balbino Dávalos en su 
Ensayo de crítica literaria, México, 1901. Musa antigua, poesías, Mé- 
xico 1911. — Blas Causera y Carrión, presbítero publicó Glorias del 
£lero, Madrid, 1880, dos vols. — Colección de Escritores castellanos, 
i6o vols., Madrid, 1880-1915. — Antonio Comellas y Cluet (1832- 
1884), de Berga (Barcelona), presbítero, publicó Demostración de la 
.armonía entre la religión católica y la ciencia, Barcelona, 1880, contra 
Draper. Introducción á la Filosofía, ó sea doctrina sobre la dirección 
al ideal de la Ciencia, Barcelona, 1883. "A mi entender, es un pensador 
de primera fuerza, y desde Balmes acá no hemjos visto en España 
nada semejante" (M. Pelayo, en carta á Laverde, de aquel año). — 
José iGucala y Boix, presbítero, publicó Lección de piano, com^edia, 
Madrid, 1880. El Ángel de la familia, comedia, 1881 — Manuel Curros 
Enríquk (1851-1908), famoso poeta gallego de los Aires d'a miña té- 
rra, traducidos al castellano por Constantino Llombart, Madrid, 1892; 
escribió en El Imparcial; empleado en Hacienda en Orense (1878) ; 
cesante (1883), vino á Madrid como em-pleado en el Ayuntamiento; 
fué redactor de El País (1886), partió á la Habana (1893), donde fundó 
Tierra Gallega; fué redactor del Diario de la Marina; volvió enfermo 
á Galicia y fué coronado (1904) ; vuelto á la Habana, falleció. En cas- 
tellano está el tomo H de sus Obras completas: El Maestre de Santia- 
go (1892), El P. Feijóo, Poesías escogidas, Madrid, 1909; el tomb HI, 
Cartas del Norte, La Condesia, Poesías escogidas, Madrid, 1910, y el 
tomo IV, Panlagua y Compañía {Agencia de sangre), El Ultimo papel. 
Hijos ilustres de Galicia, Artículos escogidos, Madrid, 1911-12. Escri- 
bió la Vida de Eduardo Chao, 1893. — Filomena Dato Murnay, gallega, 
colaboradora de Galicia Recreativa (1890-92), Barcelona Cómica (1895- 
96), etc., publicó Penumbras, poesías, Madrid, 1880. Romwices y can- 
cares, 1895. Fe, poesías, 191X. — Galería humorística, colección escogi- 
da de cuentos, ocurrencias, disparates, chistes... recogidos por un Dió- 
genes moderno, Madrid, 1880. Tontos y locos. Simplezas y agudezas 
coleccionadas por un Diógenes moderno, 1882. — Lope Doménech y 
Bustamante publicó Recuerdos históricos de Ciudad Rodrigo ó leyen- 
das tradicionales mirobrigenses. Ciudad Rodrigo, 1880. — Demetrio 
Duque y Merino (•]■ 1903), novelista de Santander, redactor en Ma- 
drid de El Fomento (1863), director en Reinosa de El Ebro (18S8), 
publicó El Argumento de Am-adis de Gaula (Rev. España, 1880, 
t. LXXni). Nuevas antigüedades recién- descubiertas en Julióbriga..., 
por N. N. Duque y Merino (ibid., 1885, t. CXV). Contando cuentos y 
asando castañas, costumbres campurrianas de antaño, Madrid, 1897. 
— Escritoras españolas contemporáneas, Madrid, 1880, con poesías de 
muchas de ellas. — Rafael Espejo del Rosal publicó Diccionario gene- 
ral de veterinaria, Madrid, 1880-1905, cuatro vols. — Euskal-Erria, rev. 
vascongada, San Sebastián, desde 1880. fundada por José Mánterola, 
dirigida después por Antonio Arzac y Alberdi ; muy erudita en asun- 
tos regionales. — Francisco Fernández Rodella (f 1884), oriundo de 



320 SEGU:^DO PERÍODO DE LA ÉPOCA RE.\LISTA (187O-188/) 

Burdeos, cónsul chileno en París, director del Diario Oficial, de San- 
tiago, por seud. Fcrtién Allcdor, publicó La Cartera del Doctor, bosque- 
jos higiénicos, Santiago, 1880. El Kaleidoscopio, crónicas del si- 
(,1o XVI, ibid., 1882. — Flora poética nacional. Habana, 1880. — Carlos 
María Fridrich publicó Ernesto Villamarín, novela, Madrid, 1880. 
— Alberto García Ferreiro (1862-1902), de Orense, poeta regional, 
abogado, fundador y director de La Defensa de Galicia (1893), La 
Ph'ma, La Semana; colaborador de la Rev. Cristiana (1898), estrenó 
Luchar por la patria, Santiago, 1875. Publicó Gritos del alnuí, poe- 
sías, Santiago, 1880. Volvoretas. Chorimas y otras poesías gallegas. 
— FÉLIX García, asturiano, estrenó Uno como los demás, com.. Ha- 
bana, 1880. — ^JosÉ García Corso publicó Fruto de ratos perdidos, Ma- 
nila, 1880. — Joaquín Gimbao publicó Los Amantes de Teruel, poema- 
leyenda, Teruel, 1880. — Fray Eusebio Gómez Platero publicó Catá- 
logo biográfico de los religiosos franciscanos de la Prozñncia de San 
Gregorio de Filipinas desde 1577, Manila, 1S80. — Manuel M/ Gómez 
estrenó La Herencia de un loco, dr., Cochabamba, 1880. — Antonio 
González estrenó Los Dramaturgos del día, com., Matanzas, 1880. — 
|UAN Gorgues y Lerma publicó Lluvia de refranes, Madrid, 1880, 
1885 (en El Día). — Guillermo Graell, redactor de El Popular, publi- 
có La Escuela del gran mundo, novela, Madrid, 1880. — 'Carlos Graux 
publicó Essai sur les origines du fonds grec de l'Escurial, París, 1880. 
Su Correspondance d'Espagne, en Rev, Hisp., 1905. — Carlos Groizard 
Y Coronado, extremeño, colaborador de Barcelona Cómica (1894) y 
del Bolet. Acad. Hist., publicó Mesa revuelta, Madrid, 1880. Cuarti- 
llas, ibid., 1886. Más cuartillas, cuentos y artículos de crítica, Salaman- 
ca, 1902. Don Pedro López de Miranda, Cáceres, 1905 (y en Rev. 
Extrem.). — Martín Guerra (n. 1840-), de Tunja (Colomjbia), escritor 
humorístico y ligero, estrenó varias piezas y publicó Mi cartera, Tuur 
ja, 1880. Ensayos literarios, ibid., 1888. El Otro mundo, cuento, Bogo- 
tá, 1894. — Ramón Guerrero Vergara publicó Los Descubridores del 
Estrtcho de Magallanes...,